Ambición y negocios

Márketing. Mercadeo. Reingeniería. Estrategia empresarial. Plan ambicioso. Talento. Visionarios. Oportunidad de negocio

  • Enviado por: Margil
  • Idioma: castellano
  • País: República Dominicana República Dominicana
  • 11 páginas
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Introducción

Este trabajo esta dirigido a los que sueñan con alcanzar la grandeza en cualquier campo. Lo ofrecemos como un manual de lecciones derivadas de la vida de los grandes realizadores, pasados y presentes.

La ambición es cosa muy poderosa, capaz de impulsar un rápido ascenso o una caída desastrosa; y todos los que son impulsados por ella harían bien en examinar sus fines tan a fondo como hacen uso de los medios. ¿Adónde espera llegar, y lo llevará allá el rumbo que se ha trazado?

El libro ambición ofrece consejos para considerar las difíciles decisiones que toda persona ambiciosa tiene que tomar, para formular las tácticas comerciales decisivas de hoy y de mañana.

La Ambición Es La Raíz De Toda Realización

La gente siempre siente ambivalencia con respecto a la ambición. La consideramos peligrosa y sin embargo esencial. No aprobamos a los que abusan de ella, pero desechamos a los que no la sienten. Nos parece que tener muy poca es una falla y tenerla en exceso es un pecado. Sentimos que la ambición es combustible, una forma de energía que nos puede traer gloria inmortal pero puede también destruirnos para siempre, según como la usemos. Dicho sencillamente, la ambición es lo que nos hace mover. Ambición es el espíritu de lucha que nos impulsa a tratar de lograr algo que vale la pena.

Nuestras ideas se aplican por igual a aquellos que persiguen su particular ambición actuando por su propia cuenta y a lo que actúan como miembros de grandes organizaciones. En efecto, este libro es para todo el que se ponga realizar algo realmente excelente, en cualquier lugar o cualquier manera.

Hemos encontrado que las carreras de las personas de ambición siguen un camino previsible: el arco de la ambición. La curva del arco no es necesariamente la misma para todos los individuos. Para algunos, la curva asciende lenta mente. Los primeros sueños no son mas que eso: seños. Son personales, secretos y no se divulgan ni siquiera a la familia y los amigos. Luego a medida que la curva asciende, esos sueños proveen un trampolín para la acción.

Recordemos a Samuel Moore Walton. Sus seños empezaron desde que estaba en la escuela y vendía leche de las vacas que su familia, empobrecida por la depresión, criaba en su granja. Walton no abrió su primer almacén Wal-Mart hasta que tenia 44 años de edad.

Para otros la curva asciende con rapidez y la ambición lanza a los soñadores la luz, a veces al escenario mundial, a una edad muy temprana.

Michael S. Dell, fundador de Dell Computer Corporation, es un excelente ejemplo. A principio de la década de los de1980, siendo aún estudiante universitario, se dedico a construir computadores adaptados a las necesidades personales de sus clientes. Estos aumentaron grande mente en numero y entonces Dell abandonó la universidad. La compañía que fundó en 1984 para hacer computadores adaptados a esa demanda tuvo un gran éxito y en 1988 resolvió vender acciones al publico. A lo 31años de edad, Dell era un personaje multimillonario.

Los principios del libro no provienen de la psicología convencional (clínica o teórica) sino de la experiencia de la vida. Se derivan de nuestra larga observación de la gente ambiciosa, así del pasado como del presente, en todas las actividades de la vida.

Las ideas se aplican por igual a aquellos que persiguen su particular ambición actuando por su propia cuenta y a los que actúan como miembros de grandes organizaciones, este libro es para todo el que se proponga realizar algo verdaderamente excelente en cualquier lugar o de cualquier manera. Las ambiciones de las personas son como los sueños.

Todas las personas soñamos con la grandeza desde temprana edad. Nos imaginamos crecer para imaginarnos a nuestros modelos favoritos, sean nuestros padres, maestros o atletas. Los textos escolares nos fami­liarizan con los héroes mundiales, desde Abraham Lincoln hasta Nelson Mándela. Todo esto nutre el arbolito de la ambición que se sembró al nacer.

El libro traza los tres segmentos principales del arco:

  • El pri­mero cubre el ascenso de la ambición.

  • La segunda sección del arco abarca la cima de la ambición.

  • La tercera sección es la decadencia de la ambición.

La primera lección es que los realizadores de toda las épocas y en todos los campos el arte, los negocios, la política, la ciencia - se ven frente a los mismos retos para alcanzar alguna cosa grande. Lo que cambia es el contexto dentro del cual ocurren los cambios.

Podemos conjeturar que los realizadores surgen de un rico caldo de condiciones imprevisibles. Si las personas tienen talento y entrenamiento, si se encuentran en el lugar debido y en el momento preciso, y si cuentan con el motor interior que llamamos ambición, pueden alcanzar el éxito y conservarlo.

Con mucha frecuencia los grandes realizadores surgen de la oscuridad; y con igual frecuencia esa misma oscuridad galvaniza su ambición.

La ambición altera continuamente la condición humana, no siempre para el bien, pero más a menudo para el bien que para el mal. En la tabla de los elementos humanos la ambición es el catalizador que enciende a los realizadores audaces y convierte lo ordinario en extraordinario. En todos los campos, los que hacen que las cosas sucedan son movidos por el mismo deseo poderoso de cambiar el mundo y con él su propio destino.

Nosotros creemos que estos realizadores, y otros como ellos, tienen mucho que enseñarnos. En principio, sus retos no eran tan distintos de los afrontan hoy cualquier aspirante a la grandeza. Sin embargo, la persecución de ésta ha encontrado últimamente algo nuevo y sumamente importante. Tanto la ambición como la realización suben y bajan hoy con una rapidez sin precedentes.

Los pensadores del siglo XIX, como: Thomas Carlyle y el filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel, sostenían que los “héroes” dan forma a los acontecimientos. Y lo otros, como el ruso León Tolstoi, contestaban que los grandes hombres y mujeres son producto de su tiempo.

Ciertamente la ambición que se concentra en la ganancia personal hace poco por la sociedad y en el mejor de los casos apenas beneficia a un puñado de personas. La repetición en 1999 de la fiebre del oro de 1849 la manía de invertir por Internet es un caso más de sueños dirigidos a la satisfacción inmediata. Tememos que los soñadores sigan fundando compañías sin otro fin que volverlas a vender lo más pronto posible por sumas incomprensibles.

EL TALENTO ES UN BLANCO QUE NADIE MAS ACIERTA; EL GENIO DA EN UN BLANCO QUE LOS DEMAS NO VEN

¿Qué tenían en común Dhirubhai H. Ambani, Michael Dell, Judy George, Robert Jonson, Patrick J. McGovern y los hermanos Wright? Ojos para ver y fe para creer lo que otros no veían ni creían, la ambición de acariciar un sueño y atreverse a convertirlo en realidad.

Durante muchos siglos el vuelo del hombre fue una tentadora fantasía. Nuestros antepasados terrícolas tuvieron que contentarse con la imaginación hasta que lo real se hizo real, de modo que abundaban las fantasías, siendo entre ellas la más famosa el mito griego de Dédalo y su hijo Ícaro.

Dédalo, como recordará el lector, era un arquitecto que trabajaba para el rey Minos, el tirano de Creta. Cuando Dédalo terminó la construcción de un enorme palacio, el rey le ordenó agregarle un laberinto para tener encerrado a su monstruo favorito, el Minotauro, terrible devorador de hombres.

Dédalo obedeció las órdenes pero no podía aguantar al Minotauro. Le reveló a un enemigo del rey la manera como podría penetrar en el laberinto y dar muerte a la bestia. El rey se enteró y, furioso, encarceló a Dédalo y a su hijo.

¿Qué hacer?

Dédalo, el intrépido héroe de la leyenda griega, soñaba con volar a la libertad como una ave; pero no sólo soñaba sino que fabricó una alas de plumas pegadas con cera de abejas, y así él y su hijo se remontaron por los aires y se fugaron.

Lo que pasó después es la parte más conocida de la leyenda. Ícaro, desobedeciendo las advertencias de su padre, voló demasiado cerca del sol, la cera de las alas se derritió y el joven se mató. Pero hay más en la historia: mucho más. Dédalo sobrevivió, persiguió a Minos y logró hacerlo morir quemado en el agua caliente de su baño. Pero nos estamos desviando.

Leyendo esta leyenda, ella implica que una mentalidad creativa (Dédalo) puede realizar lo imposible (el vuelo del hombre) siempre que vea lo que otros no ven (cómo hacer unas alas) y que evite los peligros de la arrogancia (Ícaro).

Es una metáfora de la ambición.

Los hombres y mujeres afrontaron retos inmensos y triunfaron fomentando el mismo tipo de técnicas que hoy necesitamos para hacer frente a nuestros propios retos.

La teoría de la relatividad de Einsteín, por ejemplo, fue una concepción su generis que golpeó al mundo en 1905 como un aerolito intelectual. Terremotos como ése, sin embar­go, son raros. Más común es el uso que hace un Creador ambicioso de ideas ya existentes en alguna combinación novedosa.

La mejor visión es a veces la que vuelve la empresa a lo que funcionó en el pasado.

No menos creativo es el gerente capaz de ver por el otro extremo del telescopio y pensar que lo nuevo no es suficientemente bueno.

Los visionarios pusieron el grito en el cielo, lo cual no le impidió reformar la empresa, que andaba manga por hombro.

Los realizadores son perfectamente conscientes de ese poder y no hacer uso de él. Examinan un obstáculo y, o bien lo descartan, bien lo ven como una oportunidad. Encuentran la manera de actuar, bien sea haciéndole frente directamente, o dando un primer paso incrementar alrededor del obstáculo.

Schopenhauer, filósofo alemán del siglo XIX: “El talento es un blanco que nadie más acierta; el genio da en un blanco que los demás no ven”. En otras palabras, el genio está en la imaginación, en el sueño.

Schopenhauer fue un filósofo pesimista, cuyo concepto de la condición humana ha servido, irónicamente, para sostener el tipo de optimismo. Sostenía que el hombre tiene una visión distorsionada del mundo real porque lo ha revestido de con­ceptos irreales, inclusive espacio, tiempo y causa y efecto. Según él, somos desgraciados porque tratamos de vivir a la luz de conceptos que nada significan. Somos prisioneros de voluntades ciegas que buscan falsas metas.

SE NECESITA UN CARACTER FUERTE Y MUCHA FUERZA DE VOLUNTAD PARA CONSERVAR UN SUEÑO EN CIRCUNSTANCIAS ADVERSAS PERSEVERAR EN EL CAMINO

Desde luego, persistir en una actividad que vaya contra la realidad no lleva a ninguna parte. El rey Canuto, un danés que reinó en Inglaterra en el siglo XI, dio una famosa prueba de esto a los aduladores que le decían constantemente que él era el amo del mundo y podía hacer lo que quisiera. Un día Canuto se acercó a la orilla del Mar del Norte y en el tono más imperativo ordenó, y otra vez le desobedecieron. Por fin los cortesanos entendieron.

Los viejos alquimistas no fueron tan listos. Durante 300 años, a lo largo de toda la Edad Media y hasta ya entrado el Renacimiento, se pasaron la vida tratando de transmutar en oro los metales innobles. Nunca lo lograron, por supuesto.

Los grandes realizadores comprenden, como lo comprendió Mandela, aun que siempre hay maneras de avanzar uno su ambición, por modestas que puedan parecer. La única constante es no darse nunca por vencido.

Sus años de reclusión lo convirtieron en líder indiscutible y símbolo de la lucha por la libertad de los negros en su patria.

El optimismo engendra éxito porque mantiene la mente abierta a las oportunidades.

Los optimistas, en cambio, ven las contrariedades personales como temporales. El fracaso los deprime pero esperan sentirse bien a la mañana siguiente.

Los pesimistas también tienden a explicar sus fracasos en términos universales. Si fracasan en una área, lo abandonan todo. Si inician un nuevo negocio y se presentan pocos clientes, dudan de todo el modelo de los negocios. Los optimistas, por el contrario, tienden a aislar la causa de los sucesos adversos. Finalmente, los pesimistas interiorizan las causas o se culpan a sí mismos cuando las cosas no resultan bien. En consecuencia, sufren baja estimación de sí mismos y su confianza en sus propias capa jades disminuye. El caso de los optimistas es todo lo contrario:

Los realizadores comparten el apetito de aprender de los éxitos de otros y de sus propias equivocaciones.

Una razón para su confianza es que los que tienen éxito son con menos frecuencia genios natos que rescatadores de brillantes ideas. Todos comparten el insaciable apetito de aprender todo lo que quieren saber, bien sea de los éxitos de otras personas o de sus propias equivocaciones.

Una inclinación al aprendizaje vitalicio es tal vez crucial en el trabajo experimental de perseguir nuevas ideas y metas esquivas. Los que sobresalen en los negocios no son distintos. En los negocios, como en todos los campos, los que pretenden tener conocimientos superiores pueden impresionar por un tiempo a algunas personas; pero los que nunca dejan de aprender son los que siguen siempre adelante.

“No sé cómo, en el curso de los años el público se ha formado la idea de que Wal-Mart fue algo que yo me soñé de pronto siendo ya hombre de mediana edad escribió ya cerca del final de su vida, y que fue sólo esa gran idea lo que se convirtió en un éxito de la noche a la mañana... Como casi todos los éxitos “de la noche a la mañana”, tardó veinte años en producirse”.

Conclusión

En los negocios, como en cualquier otra actividad, la ambición es e espíritu de seguir siempre adelante y en ascenso, de luchar por algo que valga la pena alcanzar. Es la fuerza matriz que impulsa los grandes experimentos y riesgos, triunfos y fracasos. Y para los autores, James Champy y Nitin Noria, es la cualidad instintiva que diferencia el liderazgo de la simple gerencia.

Basándose en entrevistas originales con figuras sobresalientes en todas las actividades de la vida contemporánea, inclusive los negocios, la política, las ciencias y las artes, Champy y Noria conducen al lector en un viaje de descubrimiento, señalando los momentos decisivos o puntos de cambio en la evolución de los lideres que se debaten con criticas decisiones y dilemas éticos. A lo largo de estas paginas revelan algunas verdades relativas al liderazgo, tales como la capacidad de concebir un gran sueño y convertirlo en realidad, saber cuándo ha llegado el momento de darle un viraje a un negocio o dejarlo morir, y reconocer cuándo es ya hora de entregar a otros las riendas.

Esta obra de dos grandes pensadores del mundo actual de los negocios con seguridad retará e iluminará a muchos líderes de hoy.