África

Geografía africana. Etnias. Historia. Entorno natural. Clima. Flora. Fauna. Lengua. Religión. Cultura. Economía

  • Enviado por: Carlos Vázquez López
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 24 páginas

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África

INDICE

-INTRODUCCIÓN

-ENTORNO NATURAL

!Historia geológica

!Regiones físicas

!Drenaje y recursos

!Cima

!Flora

!Fauna

!Recursos minerales

-ETNIAS

!Lenguas

!Religión

!Cultura

-DESARROLLO ECONÓMICO

!Agricultura

!Bosques y pesca

!Mineria

!Manufactura

!Energia

!Transportes

!Comercio

HISTORIA

!Comienzo del imperialismo Europeo

!Rutas comerciales

!El comercio de esclavos

!La expansión Británica

!La política Europea

!La resistencia Africana

INTRODUCCIÓN

África es el tercer continente más grande de la Tierra, con islas adyacentes, que ocupa una superficie de unos 30.330.000 km2, el 22% del total de la masa terrestre. A mediados de la década de 1980 cerca del 11% de la población mundial, alrededor de 550 millones de personas, vivían en África.

A un lado y otro del ecuador, África se extiende unos 8.050 km desde su punto más septentrional, cabo Blanco en Túnez, a su extremo más meridional, cabo Agujas en Suráfrica. La anchura máxima del continente, medida desde la punta de cabo Verde en Senegal, al oeste, hasta Ras Hafun en Somalia, al este, es de 7.560 km. El pico más elevado del continente es el monte Kilimanjaro (5.895 m), con nieves perpetuas, en Tanzania, y el punto más bajo es el lago Assale (153 m por debajo del nivel del mar) en Yibuti (o Djibouti). África presenta una línea costera regular, con pocos entrantes. La longitud total de su litoral (30.490 km), en proporción con su área, es menor que en cualquier otro continente.

Las principales islas de África, con una superficie conjunta de 621.600 km2, son Madagascar, Zanzíbar, Pemba, las islas Mauricio, Reunión (departamento en ultramar de Francia), Seychelles y Comores en el océano Índico; Santo Tomé y Príncipe y Bioko en el golfo de Guinea; Santa Elena (dependencia británica), Ascensión (dependencia británica), y las islas Bijagós en el Atlántico sur; y las islas de Cabo Verde, Canarias (España) y Madeira (Portugal) en el Atlántico norte.

África

Casa con techo de paja en Kenia

Las casas circulares con techo de paja son frecuentes en muchos lugares de África. En la fotografía, los habitantes de Amboseli, una aldea de Kenia, dan los últimos retoques a una nueva vivienda. Para construir estas casas el techo de paja debe ser sujetado en capas a la estructura de madera. El suelo del interior está hecho de lodo seco.

África

África

Las fuerzas tectónicas que separaron África de Sudamérica hace 150 millones de años crearon un continente cuyo principal rasgo topográfico es una vasta y ondulada meseta. Los científicos han encontrado en África microorganismos fósiles de hace 3.200 millones de años, la evidencia de una de las primeras formas de vida en la Tierra.

África

Cráter Ngorongoro, Tanzania

Gracias a una densidad de población relativamente baja, Tanzania ha conservado una gran parte de su fauna y alberga algunas de las reservas de animales salvajes más famosas del mundo, como el cráter Ngorongoro, en la fotografía de arriba, y los parques nacionales de Serengeti y Selous. Ngorongoro, que comprende un enorme cráter volcánico extinto situado al noreste de Tanzania, proporciona no sólo un refugio seguro a la fauna salvaje sino también un área de estudio única para los científicos, en especial geneticistas, debido a que sus poblaciones de animales salvajes están aisladas de las del resto del país por las paredes del cráter. El cráter se ubica dentro de la Zona de Conservación Ngorongoro, Patrimonio de la Humanidad, que también incluye la garganta Olduvai, donde se han encontrado restos de algunos de los primeros antepasados del hombre.

África
Parque nacional de Serengeti, Tanzania

La fauna africana, en otros tiempos abundante, está bajo la creciente amenaza de su eliminación debido a la rápida expansión de las poblaciones en busca de terrenos agrícolas, a los cazadores furtivos y a las guerras. En muchos países ni siquiera las reservas de fauna creadas para protegerlos ofrecen ya un refugio seguro a las agresiones, especialmente de los cazadores furtivos, y un número cada vez mayor de especies están en peligro de extinción, en especial los rinocerontes blanco y negro, el gorila de montaña y el elefante. Establecido en 1941, el Serengeti, parte del Patrimonio de la Humanidad, es una de las reservas más grandes del continente, con unos 14.763 km2 en los que predominan las praderas abiertas y onduladas. También es el único de los santuarios de la fauna africana donde tienen lugar las migraciones estacionales de los animales de las llanuras, como en el caso de las cebras que aparecen en la fotografía.

ENTORNO NATURAL

Excepto la costa norte y los montes Atlas al noroeste, el territorio de África es una vasta y ondulada meseta, desfigurada por varias grandes cuencas en forma de plato.

Historia geológica

Un inmenso escudo continental de rocas precámbricas, emparentado por su edad e historia con las cordilleras brasileñas de Sudamérica, se extiende al sur de la cordillera de los Atlas hasta el cabo de Buena Esperanza (Suráfrica). Al este, el escudo abarca dos masas continentales, la península Arábiga y Madagascar, que se separaron de África durante el periodo terciario (véase Tectónica de placas). Entre estas antiguas rocas se han encontrado algunos de los primeros rastros de vida en la Tierra (microorganismos fósiles de 3.200 millones de años). Geológicamente, los montes Atlas del norte de África son parte de Europa, ya que fueron originados por las mismas fuerzas que crearon las cordilleras alpinas de Europa central y meridional.

Las fuerzas tectónicas que separaron África y Sudamérica durante la división del continente de Gondwana, hace 150 millones de años (véase Jurásico), han seguido activas durante épocas más cercanas, al formarse el valle del Rift en África oriental durante el terciario y desencadenar las erupciones de los montes volcánicos Kenia y Kilimanjaro.

Regiones físicas

África puede dividirse en tres importantes regiones: la meseta septentrional, las meseta central y meridional y las montañas del este. En general, la altura del continente se incrementa de noroeste a sureste, con una media de unos 560 m. Las franjas costeras bajas, con la excepción de la costa mediterránea y la costa de Guinea, son, por lo común, estrechas y se elevan bruscamente hacia la meseta.

Un rasgo excepcional de la meseta septentrional es el Sahara, el gran desierto que abarca más de una cuarta parte de África. En los márgenes de la meseta meridional existen varias regiones montañosas. Al noroeste se encuentran los montes Atlas, una cadena de picos escarpados unidos por mesetas altas, que se extienden de Marruecos a Túnez. Otras elevaciones importantes son la región de Futa Yallon, al suroeste de esta meseta, y el macizo Adamawa y la cordillera de Camerún al sur. La cuenca del lago Chad se halla próxima al centro de la meseta septentrional.

La meseta central y meridional está a una altura considerablemente mayor que la meseta septentrional e incluye la parte central de África occidental y meridional. Engloba varias depresiones importantes, especialmente la cuenca del río Congo y el desierto de Kalahari. Otros elementos al sur de la meseta, con una altitud media de más de 900 m, son las montañas Drakensberg, que se extienden a lo largo de 1.100 km por la costa del sureste, y, en el extremo sur, el Karroo, una meseta árida que abarca 259.000 km2.

Las montañas orientales, la parte más alta del continente, están cerca de la costa oriental y se prolongan desde el mar Rojo hasta el río Zambezi (o Zambeze). La región tiene una altitud media superior a los 1.500 m, aunque en la meseta etíope aumenta de forma escalonada hasta los 3.000 m; el Ras Dashan (4.620 m), al norte de Etiopía, es el pico más alto de la meseta. Al sur de ésta existen varios picos volcánicos elevados, como el monte Kilimanjaro, el Kenya y el Elgon. Un elemento topográfico característico de las montañas orientales es el valle del Rift, un vasto sistema de fallas geológicas que atraviesa la región de norte a sur. Al oeste del valle del Rift se halla la cordillera Ruwenzori, que alcanza una elevación máxima de 5.119 m. La orografía de la isla de Madagascar se reduce a una accidentada cordillera central que se extiende en dirección norte-sur cerca de la costa oriental.

África
Debido a que el continente africano no estuvo cubierto por el mar durante millones de años, los suelos se han desarrollado independientemente, sobre todo a causa de alteraciones meteorológicas. Pocos suelos se han beneficiado de la tierra transportada por ríos o corrientes oceánicas. En su mayor parte, los suelos africanos sufren un drenaje irregular y no poseen mantos acuíferos definidos. La mayoría son casi áridos debido a la lixiviación mineral que producen las fuertes lluvias y a las altas temperaturas. Los terrenos desérticos (aridisoles y entisoles), que contienen poca materia orgánica, también comprenden grandes extensiones. Algunos de los suelos más fértiles son los molisoles, también conocidos como chernozems o tierras negras, en África oriental, y los alfisoles y los podosoles en las zonas del sur y del oeste de África.

Desierto del Sahara

El del Sahara es el desierto más extenso del mundo: situado en el norte de África, se adentra 1.610 km. en el continente y tiene una anchura de 5.150 km. desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo. Su superficie total es superior a los 9 millones de kilómetros cuadrados, de los que sólo 207.200 son oásis parcialmente fértiles.

Drenaje y recursos

Existen seis importantes redes de drenaje en África. Con la excepción de la cuenca del lago Chad, todas tienen salida al mar y están cortadas por abruptas cataratas o rápidos que impiden la navegación. El río Nilo, con una longitud de 6.650 km, drena el noreste de África y es el río más largo del mundo. Este río, que nace de la confluencia del Nilo Azul (que a su vez brota del lago Tana, en Etiopía) y del Nilo Blanco (que nace en el lago Victoria), fluye hacia el oeste y el norte antes de desembocar en el mar Mediterráneo. El río Congo, de 4.670 km de longitud, drena gran parte de África central. Nace en Zambia y fluye hacia el norte, el oeste y el sur para desembocar en el océano Atlántico. El tercer río más largo, el río Níger, en África occidental, tiene 4.180 km de longitud; sólo es navegable en su parte superior durante las estaciones de lluvia. El Níger nace en las montañas de Futa Yallon y fluye en dirección norte y este antes de girar hacia el sur y desembocar en el golfo de Guinea. El río Zambezi, de 3.540 km de longitud, nace en Zambia, en el sureste de África y fluye hacia el sur y el este para desembocar en el océano Índico. Varias cataratas cortan el Zambezi; las más espectaculares son las cataratas Victoria. El río Orange, con su afluente, el Vaal, drena África del Sur; tiene una longitud de 2.100 km, nace en los montes Drakensberg y fluye hacia el océano Atlántico. El lago Chad, un lago poco profundo de agua dulce con una profundidad media de sólo 1,2 m, es alimentado por los ríos cercanos y forma parte de una de las cuencas de drenaje más grandes del continente.

Las profundas fosas tectónicas de las montañas orientales contienen gran número de lagos. Este sistema lacustre ecuatorial incluye los lagos Turkana (también llamado Rodolfo), Alberto, Tanganica y Malawi. El lago Victoria, el más grande de África y el tercero del mundo, no es, sin embargo, parte de este sistema; abarca una depresión poco profunda en las montañas orientales.

Conseguir un control efectivo de suministro de agua es un problema importante en África. Enormes áreas cuentan con precipitaciones en forma de lluvia muy escasas e irregulares, por lo que deben almacenar agua en caso de que se produzcan precipitaciones insuficientes o tardías. Otras áreas poseen demasiada agua: existen grandes pantanos y sufren inundaciones periódicas. Recientemente, se han construido numerosas presas y depósitos con el fin de regular el caudal de los ríos y encauzar el agua para crear regadíos y centrales hidroeléctricas. Los numerosos ríos y las abruptas cataratas de las vías fluviales sugieren que África posee el 40% del total de la potencia hidroeléctrica mundial.

Clima

En general, el clima de África es más uniforme que el de cualquier otro continente. Esto es a causa de la posición del continente en la zona tropical, el impacto de las corrientes oceánicas frías y la ausencia de cadenas montañosas que sirvan de barrera climática.

Se pueden distinguir siete zonas climáticas. El centro del continente y la costa oriental de Madagascar presenta un clima caracterizado por lluvias abundantes (1.800 mm anuales) y temperaturas elevadas (26,7 ºC) que permiten el desarrollo de un bosque tropical. Al oeste, el clima de la costa de Guinea se parece al clima ecuatorial excepto en que las precipitaciones se concentran en una estación, aunque en ningún mes faltan lluvias.

Al norte y al sur, el clima propio de bosque tropical es sustituido por una zona de clima tropical que permite una vegetación de sabana, que abarca una quinta parte de África. Se caracteriza por una estación húmeda durante los meses de verano y una estación seca en los meses de invierno. El total de las precipitaciones de lluvia anuales varía desde los 500 mm a más de 1.550 mm. Lejos del ecuador, al norte y al sur, la zona climática propia de la sabana da paso a otra que sólo permite el desarrollo de una vegetación de estepa seca. La media de las precipitaciones anuales oscila entre los 250 y los 500 mm y se concentra en una estación.

África tiene un área de clima árido o desértico más grande que cualquier otro continente, con la excepción de Australia. Cada una de estas zonas (el Sahara al norte, el Horn al este y los desiertos Kalahari y Namibia al sureste) recibe unas precipitaciones anuales inferiores a los 250 mm. En el Sahara, la oscilación térmica diaria y estacional es grande; la temperatura media en julio supera los 32,2 °C y durante la estación fría la temperatura nocturna a menudo desciende por debajo de los cero grados.

África
Hay zonas de clima mediterráneo en los extremos noroeste y suroeste de África. Estas regiones se caracterizan por unos inviernos moderados y húmedos y unos veranos cálidos y secos. En las montañas de África oriental, en especial en Kenia y Uganda, las precipitaciones de lluvia se distribuyen a lo largo del año y las temperaturas son uniformes. El clima en las altas mesetas de África meridional es templado.

África: mapa climático

África tiene el clima más uniforme de todos los continentes. La ausencia de cadenas montañosas importantes, las corrientes oceánicas frías y su situación en la zona tropical, contribuyen a la uniformidad general del clima. También hay grandes regiones áridas, como los desiertos de Sahara, Horn, Namibia y Kalahari, cuyas precipitaciones anuales oscilan entre 250 y 500 mm.

Flora

La flora africana se puede clasificar de acuerdo con las precipitaciones y las zonas climáticas. La zona tropical, donde la media de precipitaciones anuales supera los 1.270 mm, está cubierta por una densa capa de arbustos, helechos y musgo, sobre la cual se alzan numerosos árboles, tanto perennifolios como caducifolios, destacando las palmeras de aceite. La zona de bosque de montaña, con unas precipitaciones ligeramente inferiores a las de la selva ecuatorial, se extiende por las montañas de Camerún, Angola y regiones de África oriental. Aquí, los arbustos que cubren el suelo dan paso a palmeras de aceite, árboles caducifolios y coníferas. La zona de bosque de sabana, con precipitaciones anuales que oscilan entre los 890 y los 1.400 mm, cubre grandes áreas con un manto de hierba y arbustos ignífugos, sobre la que se alzan árboles caducifolios y leguminosos, también ignífugos. La superficie ocupada por la pradera de sabana, donde se registran unas precipitaciones anuales entre 500 y 890 mm, está cubierta por hierba baja y arbustos, además de pequeños y aislados árboles de hoja caduca. En la zona de vegetación esteparia de espino, con precipitaciones anuales de 300 a 510 mm, predomina un manto herbáceo aún más fino junto con árboles carnosos y semicarnosos dispersos. En el espacio dominado por la maleza subdesértica, que registra unas precipitaciones anuales que oscilan entre los 130 y 300 mm, prevalece una formación herbácea con arbustos pequeños y dispersos. La zona de vegetación desértica, en áreas con precipitaciones anuales inferiores a los 130 mm, cuenta con una vegetación muy escasa y dispersa o ninguna en absoluto.

Fauna

África presenta dos zonas diferenciadas de fauna: la zona del norte y noroeste, que incluye el Sahara; y la zona etíope, que incluye toda el África subsahariana. La zona norte y noroeste se caracteriza por una fauna parecida a la de Eurasia; abundan ovejas, cabras, caballos y camellos. El arruí, el ciervo rojo africano, y dos tipos de íbice son originarios de la costa septentrional africana. Los zorros del desierto habitan en el Sahara junto a liebres, gacelas y los jerbos, un pequeño roedor saltador. La zona etíope es famosa por su gran variedad de animales y aves típicas. Bosques y praderas están pobladas por numerosas especies de antílopes y ciervos, cebras, jirafas, búfalos, elefantes africanos, rinocerontes, además del babuino y otros monos. Entre los animales carnívoros se encuentran el león, el leopardo, el guepardo, la hiena, el chacal y la mangosta. El gorila, el simio más grande del mundo, habita en los bosques húmedos del África ecuatorial, así como monos, ardillas voladoras, murciélagos y lemures.

África
La mayoría de las aves pertenece a los grupos del Viejo Mundo. La gallina de Guinea es la principal ave de caza. Las aves acuáticas, en especial los pelícanos, garzas gigantes, flamencos, cigüeñas y garcetas, se reúnen en gran número. El ibis es frecuente en la región del Nilo, y el avestruz en África meridional y septentrional. Los reptiles son de origen europeo en su mayoría e incluyen a lagartos, cocodrilos y tortugas. En toda la zona etíope se puede encontrar gran variedad de serpientes venenosas, como la mamba. Entre las serpientes constrictoras destacan las pitones, principalmente en África occidental; la boa constrictor sólo habita en Madagascar. Abundan los peces de agua dulce, con más de 2.000 especies conocidas, así como insectos destructivos, en especial mosquitos, hormigas guerreras, termitas, langostas y moscas tsetsé. Estas últimas transmiten la enfermedad del sueño a humanos y animales (cuando afecta a estos últimos la enfermedad se llama `nagana').

Elefantes africanos

Los elefantes africanos habitan en las regiones herbosas situadas al sur del desierto del Sahara. Los elefantes macho miden 3,4 metros y pesan alrededor de 5,4 t, mientras que las hembras miden 2,8 m y pesan aproximadamente 3,6 t. No tienen glándulas sudoríparas por lo que se revuelcan en charcas y ríos para enfriarse. El barro que se seca en su piel les protege del sol.

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Manada de leones

Esta manada de leones vive en la región de sabana de Masai Mara, en Kenia, África. Las praderas se adaptan perfectamente a las necesidades de estos carnívoros. En la actualidad África protege a muchos felinos grandes en cotos de caza.

Recursos minerales

África es muy rica en recursos minerales; posee la mayoría de los minerales conocidos, muchos de los cuales se encuentran en cantidades importantes, aunque su distribución geográfica es irregular. Hay grandes yacimientos de combustibles fósiles como el carbón, petróleo y gas natural. África tiene algunas de las más grandes reservas mundiales de oro, diamantes, cobre, bauxita, manganeso, níquel, platino, cobalto, radio, germanio, litio, titanio y fosfatos. Otros importantes recursos naturales son el mineral de hierro, el cromo, el estaño, el cinc, el plomo, el torio, el circonio, el vanadio, el antimonio y el berilio. También hay cantidades explotables de arcillas, mica, azufre, sal, natrón, grafito, piedra, caliza y yeso.

ETNIAS

Lenguas

Se hablan más de mil lenguas en África. Aunque más de 50 superan los 500.000 parlantes cada una, relativamente pocas personas hablan la mayoría de estas lenguas. Además del árabe, las más habladas son el swahili y el hausa. Las principales familias o grupos lingüísticos son: el congo-kordofaniano y el nilo-sahariano, los dos grupos más amplios con más de 160 millones de hablantes cada uno; el hamito-semítico, o afro-asiático, que se concentra en el norte y noroeste de África; y el de las leguas khoisán, que hablan los san y khoikhoi de África del Sur. Muchos africanos, en especial aquellos del África subsahariana, son bilingües: hablan su idioma nativo al igual que el que llevaron los primeros gobiernos coloniales europeos.

Religión

El cristianismo, la religión más difundida, fue introducido en África del Norte en el siglo I y se extendió al Sudán y las regiones etíopes en el siglo IV. El cristianismo sobrevivió en Etiopía gracias a la Iglesia Copta, pero en otras zonas fue sustituido por el islam. Fue reintroducido y se extendió por el África tropical con el desarrollo de la expansión europea en ultramar a partir del siglo XV. Hoy, los grupos protestantes y católicos están representados por igual en todo el continente.

El islam, la segunda religión más difundida de África, fue introducido en todo el norte de África en el siglo VII y durante los siglos siguientes se extendió por la costa oriental y las praderas del África occidental. A lo largo del siglo XX el islam se introdujo en las restantes zonas del continente. La más antigua escuela jurídica musulmana, denominada maliki, prevalece en la mayor parte del África musulmana, excepto en Egipto, el Horn y la costa este africana.

Cerca del 15% de los pueblos africanos practican religiones animistas o locales. Aunque existe una gran variedad, tienden a tener un único dios o creador y varios espíritus subordinados -espíritus de la naturaleza que habitan en los árboles, el agua, los animales y cualquier otro elemento o fenómeno natural- y espíritus ancestrales, como los fundadores de la familia, el linaje o el clan -que influyen en la vida diaria. Véase Religión: Religiones primitivas.

Ciertos movimientos religiosos animistas mezclan ritos ortodoxos cristianos con creencias religiosas tribales. Guiados por sus propios profetas, estos grupos se han extendido por toda África, aunque parecen más difundidos y poderosos en África central y África del Sur.

Existen pequeñas comunidades judías en el norte y en el sur de África, y los cultos hindúes, budistas y taoístas están extendidos por África oriental y meridional.

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Danza funeraria dogon

Vestidos con elaborados tocados de madera, los miembros de la tribu dogon de Malí saltan como parte de una danza funeraria. La danza y el sonido de los tambores continúan siendo parte de las ceremonias religiosas tradicionales; cerca del 15% de los pueblos africanos practican religiones autóctonas.

Cultura

Gran parte de la actividad cultural africana se centra en la familia y el grupo étnico. Arte, música y literatura oral sirven para reforzar las estructuras religiosas y sociales existentes. La minoría occidentalizada, bajo la influencia de la cultura europea y el cristianismo, rechazó en principio la cultura tradicional africana, pero con el auge del nacionalismo africano ha tenido lugar un resurgimiento cultural. Los gobiernos de la mayoría de las naciones africanas subvencionan compañías nacionales de danza y música, museos y, en menor grado, a artistas y escritores.


África

África
Esta máscara bundu es utilizada por las jóvenes de la sociedad Sandé de Sierra Leona, África. La sociedad Sandé es responsable de la educación de las mujeres mendé. Este tipo de máscara, llevada durante la ceremonia de iniciación, está hecha con madera muy pulida y representa los más deseables aspectos de la belleza femenina.


Kwanzaa (África)

Gracias al festival de Kwanzaa se conservan las artes, costumbres y tradiciones de varias regiones africanas. Dura siete días, del 26 de diciembre al 1 de enero.





DESARROLLO ECONÓMICO

La gran mayoría de los africanos han sido tradicionalmente agricultores y pastores, ya que cultivaban cosechas y criaban ganado para subsistir. Existían pocos mercados, y normalmente los intercambios comerciales tenían lugar entre familiares y amigos. La manufactura y la artesanía eran consideradas actividades secundarias. Algunos estados crearon sistemas de comercio a larga distancia; estos países desarrollaron complejos servicios de intercambio así como una industria especializada y redes de comunicación y elaboraron estructuras gubernamentales que mantuvieran el flujo comercial.

La colonización europea aumentó la demanda exterior de ciertos productos agrícolas y minerales y la migración interior de trabajadores, se construyeron sistemas de comunicación nuevos y seguros, se introdujeron cultivos y tecnología europea y se desarrolló un moderno sistema de economía de intercambio. La industria y artesanía local -tejidos y fabricación de acero, por ejemplo- era socavada frecuentemente por los productos europeos, mejores y más baratos. El desarrollo de las industrias de procesado, así como de los puertos y centros administrativos de industrias de consumo creció rápidamente para satisfacer las nuevas necesidades. Una característica de la economía africana es la coexistencia de la economía de subsistencia con la economía de intercambio moderna. El crecimiento futuro depende de la disponibilidad de fondos de inversión, la demanda mundial de materias primas, la disponibilidad de fuentes de energía y la magnitud del comercio local.

Agricultura

A pesar de la expansión del comercio y la industria, la mayoría de los africanos siguen siendo agricultores y pastores. Al norte y noroeste de África se cultivan cereales como el maíz, la avena, el trigo y la cebada, además de dátiles, olivo y cítricos junto con una gran variedad de vegetales. Se cría fundamentalmente ganado caprino y ovino. En la región del Sahara, los pastores nómadas crían camellos, y algunos agricultores, en los oasis, cultivan dátiles y cereales. A sur del Sahara, la agricultura itinerante -un método que consiste en quemar, acondicionar y despejar para cultivar pequeñas áreas de terreno, en las que más tarde se permitirá que crezcan los arbustos de nuevo- ha dejado paso a la agricultura sedentaria en la mayoría de las zonas. Los cereales son el cultivo principal, aunque también se cultiva arroz, batata, mandioca, kimbombó y banana como productos de subsistencia. En más de un tercio del continente no se puede criar ganado debido a las plagas de moscas tsetse. Fuera de estas áreas y de los bosques espesos, se cría ganado en grandes cantidades, pero rara vez con propósitos comerciales; la industria lechera es escasa y se sitúa ante todo alrededor de los centros urbanos del África oriental y meridional.

Aunque cerca del 60% de toda la tierra cultivada está destinada a la agricultura de subsistencia, la agricultura comercial o el cultivo comercial se desarrolla en todo el continente. Los artículos alimentarios se destinan a los mercados locales, pero el café, el algodón, el cacao, el maní, el aceite de palma y el tabaco son exportados. África produce y exporta más de la mitad de la producción mundial de cacao, maní (cacahuete), clavo y pita. Las granjas y plantaciones propiedad de europeos, situadas sobre todo en África oriental y meridional, producen cítricos, tabaco y otros productos alimentarios destinados a la exportación.


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Puerta de granero de los dogon de Malí

Los dogon de Malí son conocidos por sus elaboradas tallas en madera. Esta pieza es la puerta de un granero. Las estilizadas imágenes de figuras humanas y animales son símbolos que protegen el grano almacenado. En la creencia de que el árbol del que proviene la madera alberga un espíritu que debe mantenerse satisfecho, los dogon realizan el acto de la talla como un ritual.


Bosques y pesca

Aunque una cuarta parte de África está cubierta de bosques, gran parte de la madera sólo tiene valor como combustible local. Gabón es el mayor productor de ocumel, un derivado de la madera usado en la elaboración de contrachapado (madera en chapa o triplay); Costa de Marfil, Liberia, Ghana y Nigeria son los mayores exportadores de madera dura. La pesca interior se concentra en los lagos del valle del Rift y en el creciente número de piscifactorías. La pesca marítima es muy abundante y se destina al consumo local, si bien tiene importancia comercial en Marruecos, Namibia y Suráfrica.

Minería

La minería proporciona el mayor volumen de ingresos por exportaciones de África; las industrias de extracción minera son el sector más desarrollado en buena parte de las economías africanas. Aproximadamente la mitad de dichos ingresos proceden de Suráfrica; gran parte de éstos se derivan de la minería de oro y diamantes. Otros países productores de minerales son Libia (petróleo), Nigeria (petróleo, gas natural, carbón, estaño), Argelia (petróleo, gas natural, mineral de hierro) y Zambia (cobre, cobalto, carbón, plomo, cinc). También hay petróleo en la costa oeste africana, en la cuenca del Gabón, en la República Popular del Congo, en Zaire y en Angola. Cerca de un tercio de la producción de uranio mundial se extrae de África, sobre todo en Suráfrica, Níger, Zaire, la República Centroafricana y Gabón. La reserva de radio más grande del mundo se encuentra en Zaire. El 20% de las reservas mundiales de cobre se concentra en Zambia, Zaire, Suráfrica y Zimbabwe. Zaire también produce alrededor del 90% del cobalto mundial y Sierra Leona tiene la mayor reserva conocida de titanio. África produce alrededor de las tres cuartas partes del oro mundial; Suráfrica, seguida por Zimbabwe, Zaire y Ghana, son los mayores productores. Las minas de Suráfrica y Zaire producen prácticamente la totalidad de las gemas y diamantes industriales del mundo. En todo el continente hay mineral de hierro. La mayoría de la riqueza mineral africana ha sido o es explotada por grandes empresas multinacionales. En años recientes, los gobiernos africanos se han convertido gradualmente en importantes accionistas de las operaciones realizadas en sus propios países.

Manufactura

La extracción de minerales y petróleo está creando industrias de procesado, como refinerías y fundiciones, que están ubicadas en la mayoría de los países ricos en minería con recursos energéticos adecuados. Suráfrica posee la mayor parte de la manufactura de África. La industria pesada, así como la producción de metal, la fabricación de maquinaria y transportes, se concentran en Suráfrica. También se han desarrollado notables centros industriales en Zimbabwe, Egipto y Argelia. Las industrias relacionadas con la minería están bien implantadas en Zaire y Zambia; Kenia, Nigeria, y Costa de Marfil han desarrollado sobre todo industria ligera, textil y de materiales de construcción. En gran parte de África la manufactura se limita a la fabricación o ensamblado de bienes de consumo como zapatos, bicicletas, textiles, alimentos y bebidas. A menudo tales industrias están limitadas al mercado de consumo, relativamente pequeño.

Energía

África
Nigeria, Libia, Argelia y Angola son los mayores productores mundiales de petróleo. La exportación de gas natural se centra en Argelia. La producción de carbón se concentra en Zimbabwe y Suráfrica; el mayor volumen se destina al consumo interno de ambos países. El resto de África debe importar combustible. Aunque África posee cerca del 40% del potencial hidroeléctrico mundial, sólo se ha desarrollado una cantidad proporcionalmente pequeña debido a los altos costos de producción y a que las localizaciones son inaccesibles y están a gran distancia de los mercados. Sin embargo, desde 1960 se han construido varias centrales hidroeléctricas importantes; por ejemplo, la gran presa de Asuán, en el río Nilo, la presa del Volta, en el río Volta, y las presas de Kariba y Cabora Bassa, en el río Zambezi.


Arco de la presa de Kariba

La alta pared de hormigón de la presa de Kariba recorre la frontera entre Zambia y Zimbabwe. Las instalaciones controlan las inundaciones y producen energía hidroeléctrica utilizada por ambos países. Una carretera pública recorre el borde de la presa, situada entre el embalse del lago Kariba y la caída hacia el río Zambeze. La característica forma de arco dota de gran solidez a la presa porque distribuye la presión uniformemente por toda su estructura.


Transportes

El desarrollo económico de casi todas las naciones africanas ha sido obstaculizado por unos sistemas de transporte inadecuados. Gran parte de los países cuentan con unas redes de carreteras que con frecuencia están en mal estado y son intransitables durante las estaciones de lluvia. Las redes de carreteras unen normalmente el interior del país con la costa; en muy pocos casos ponen en contacto países vecinos. Aunque la mayor parte de las naciones africanas mantienen líneas aéreas, el ferrocarril y los transportes marítimos están poco desarrollados fuera de Suráfrica.

Comercio

Los sectores comerciales de buena parte de los países africanos dependen mucho de uno o unos pocos artículos de consumo. Los países africanos comercian en su mayoría con naciones industrializadas, que precisan materias primas y venden bienes de consumo o industriales. El comercio entre los estados africanos está limitado por la competitiva, más que complementaria, naturaleza de productos, las barreras comerciales y la diversidad de monedas. La mayoría de las antiguas colonias inglesas mantienen unas cómodas relaciones comerciales con Gran Bretaña y guardan sus reservas monetarias en Londres. Las antiguas colonias francesas mantienen lazos aún más estrechos con Francia y la mayoría son miembros de la zona Franca francesa. Además, casi todos los países africanos tienen relaciones económicas con la Unión Europea y se benefician de reducciones arancelarias (de aduanas). Pocos sistemas económicos han surgido entre los países africanos. Los más duraderos y prósperos son la Comunidad Económica de Estados Áfricanos del oeste y la Comunidad Económica de Estados Centroafricanos. La Organización para la Unidad Africana también promueve el comercio entre los países africanos y el desarrollo económico.

HISTORIA

Hace unos cinco millones de años un tipo de homínido, antepasado cercano de los hombres de hoy en día, habitaba el sur y el este de África. Hace más de 1,5 millones de años este homínido fabricante de herramientas evoluciónó hacia formas más avanzadas: el Homo habilis y el Homo erectus. El primer hombre que existió en África, el Homo sapiens, data de hace más de 200.000 años. Cazador y recolector, capaz de realizar toscas herramientas de piedra, el Homo sapiens se asociaba con otros de su especie para formar grupos nómadas; finalmente estos pueblos bosquimanos nómadas se extendieron por todo el continente africano. El proceso de diferenciación racial data del año 10.000 a.C. La creciente población negroide, que dominaba la domesticación de animales y la agricultura, expulsó a los grupos bosquimanos hacia las zonas más inhóspitas. En el siglo I, el pueblo bantú, uno de estos grupos dominantes, comenzó una migración que duró 2.000 años y pobló la mayor parte de África central y meridional. Las sociedades negroides dependían de la agricultura de subsistencia o, en las sabanas, del pastoreo. La organización política era, en general, local, aunque más tarde se desarrollarían reinos en África occidental y central.

La primera gran civilización africana comenzó en el valle del Nilo en el 5000 a.C. aproximadamente. Estos asentamientos, que dependían de la agricultura, se beneficiaron de las crecidas del Nilo como fuente de regadío y nuevos terrenos. La necesidad de controlar la corriente del Nilo produjo finalmente una compleja y bien estructurada nación, con elaborados sistemas políticos y religiosos. El reino de Egipto se desarrolló e influyó en las sociedades mediterráneas y africanas durante miles de años. La fabricación de utensilios de hierro se extendió hacia el sur, desde Egipto, alrededor del año 800 a.C. Las ideas de monarquía real y de organización estatal también fueron exportadas, en particular a zonas vecinas como Kush y Punt. El reino cusita del este, Meroë, fue reemplazado en el siglo IV por Aksum, que se transformó en Etiopía.

Durante un periodo que transcurrió entre finales del siglo III a.C. y principios del siglo I, Roma conquistó Egipto, Cartago y otras áreas del norte de África, que se convirtieron en los graneros del Imperio Romano. El Imperio fue dividido en dos partes en el siglo IV. Todos los territorios al oeste de Libia siguieron perteneciendo al Imperio de Occidente, controlado por Roma, y los territorios al este, incluido Egipto, pasaron a formar parte del Imperio bizantino, gobernado desde Constantinopla. En esta época la mayoría de la población se había convertido al cristianismo. En el siglo V los vándalos, una tribu gérmánica, conquistaron gran parte del norte de África. Los reyes vándalos gobernaron hasta el siglo VI, cuando fueron derrotados por las fuerzas bizantinas y el área fue absorbida por el Imperio de Oriente.

África
Pirámides cusitas

Los cusitas, un pueblo del antiguo Sudán, construyeron estas pirámides para albergar los cuerpos de los reyes fallecidos. Están situadas en Meroë, el último estado cusita importante. La civilización de Kush o Cus tuvo su periodo de esplendor entre el año 1000 a.C. y el 350 a.C. Situado junto al río Nilo, el pueblo cusita recibió fuertes influencias de los antiguos egipcios, a quienes conquistaron y gobernaron durante cien años aproximadamente.

Comienzo del imperialismo europeo

El primer esfuerzo continuado de los europeos con respecto a África se desarrolló gracias al interés de Enrique el Navegante, príncipe de Portugal. Fueron enviadas numerosas expediciones después de 1434, cada una aumentando el conocimiento europeo sobre la costa sur, hasta que, en 1497-1498, Vasco da Gama rodeó el cabo de Buena Esperanza y llegó a la India.

Las expediciones portuguesas fueron impulsadas por varios motivos: el deseo de conocimiento y de llevar el cristianismo a los pueblos paganos, la búsqueda de aliados potenciales contra la amenaza musulmana y la esperanza de encontrar rutas de comercio lucrativas y fuentes de riqueza. Más tarde, dondequiera que portugueses, ingleses, franceses y holandeses pasaban, alteraban las estructuras vigentes de la vida comercial y política y cambiaban los sistemas económicos y religiosos.

Rutas comerciales

Los portugueses establecieron una cadena de colonias comerciales a lo largo de la costa africana occidental. El Mina, fundada en la Costa de Oro (actual Ghana) en 1482, fue la más importante; de hecho, fue la única en la Costa de Oro y las áreas de Congo y Luanda en donde el comercio fue realmente lucrativo. Oro, marfil, productos alimentarios y esclavos africanos se intercambiaron por armas de fuego, tejidos y alimentos. El comercio portugués atrajo a los rivales comerciales europeos, que en el siglo XVI crearon sus propios puestos e intentaron captar el comercio existente. En África occidental el nuevo comercio tuvo efectos profundos. Las antiguas rutas comerciales habían estado orientadas al norte a través del Sahara, sobre todo hacia el mundo musulmán. Ahora las rutas fueron reorganizadas hacia la costa y la importancia económica de los reinos de la sabana entró en decadencia, mientras que los reinos de la costa incrementaron su riqueza y poder. Pronto se entablaron luchas entre los pueblos costeros por el control de las rutas comerciales y para acceder a las nuevas armas de fuego traídas de Europa.

El comercio de esclavos

Con el auge del comercio de esclavos para las Américas, las guerras por el control del comercio africano se hicieron más intensas. Durante los cuatro siglos de trata de esclavos, un número incalculable de africanos fueron víctimas de este tráfico de vidas humanas. La mayoría fueron capturados por otros africanos e intercambiados por distintos artículos. El primer reino importante que se benefició del comercio de esclavos fue Benín, al oeste de la actual Nigeria, fundado en el siglo XV. Al final del siglo XVII había sido sustituido por los reinos de Dahomey y Oyo. A mediados del siglo XVIII, el pueblo ashanti comenzó su auge como el mayor poder del África occidental. Bajo el asantehene `rey' Osei Kojo (que reinó entre 1764-77), los ejércitos ashanti comenzaron a presionar en dirección sur hacia las estaciones o puestos comerciales europeos de la Costa de Oro. Aunque no pudieron limpiar la ruta de intermediarios, se aseguraron un abastecimiento estable de armas de fuego, que usaron para expandirse hacia el norte y disputar sus fronteras orientales con Dahomey. Más al este, el reino yoruba de Oyo se debilitaba a finales del siglo XVIII, lo que provocó la guerra civil y la intervención de las fuerzas fulani desde el norte y un incremento en la cantidad de esclavos disponibles para el comercio. En el año 1835 aproximadamente, la capital imperial, Old Oyo, fue abandonada, pero en la batalla de Oshogbo (c. 1840) los fulani fueron expulsados. Las guerras civiles se extendieron hasta 1893, cuando el poder yoruba se dividió en varios reinos competidores.

Durante la última parte del siglo XVIII, la opinión pública en Gran Bretaña se volvió en contra del comercio de esclavos. Debido a la decisión de Mansfield de 1772, que liberaba a los esclavos en Gran Bretaña, se planteó la posibilidad de crear una colonia africana de antiguos esclavos. El primer intento (1787-90), en la bahía de San Jorge (actualmente Sierra Leona), fracasó; los abolicionistas lo intentaron una segunda vez y en 1792 fundaron Freetown en la misma zona. Cuando los británicos declararon ilegal el comercio de esclavos para los ciudadanos británicos en 1807, consideraron que Freetown era la base adecuada para las operaciones navales contra tal comercio y, en 1808, Sierra Leona fue convertida en una colonia de la Corona. El ejemplo de Sierra Leona atrajo a los estadounidenses, interesados en la colonización del África negra, y a principios de 1822 la Sociedad de Colonización Estadounidense logró establecer su colonia, Liberia, en las cercanías de cabo Mesurado.

La expansión británica

El deseo británico de acabar con el comercio de esclavos se basó en los intentos de reorganizar el comercio africano hacia otras exportaciones (como el aceite de palma), en aumentar la actividad misionera y en imponer la jurisdicción del gobierno británico sobre propiedades que habían pertenecido a comerciantes británicos. Tales acciones involucraron con frecuencia a Gran Bretaña, por descuido, en luchas con los reinos africanos y condujeron a que asumiera la soberanía de ciertos territorios africanos. En 1821, el gobierno británico tomó el control de una serie de fuertes en la Costa de Oro. Debido a una serie de malentendidos, la primera de varias guerras entre los ashanti y los británicos ocurrió entre 1823 y 1826; estos conflictos se sucederían intermitentemente hasta fin de siglo. Aunque el gobierno británico renunció al control de los fuertes en 1828, volvió a asumir la jurisdicción en 1843. En cambio, la autoridad británica sobre los ashanti no quedó firmemente establecida hasta 1900. En el delta del Níger, la abolición británica de la esclavitud obligó a sustituir la trata de esclavos por el comercio de aceite de palma; para ello, Gran Bretaña precisaba un puerto cercano. Además, los británicos estaban ansiosos por eliminar a los intermediarios de los reinos del delta, tales como Calabar, Bonny y Brass. En 1852 los británicos obligaron al gobernante de Lagos a aceptar su protección y así, en 1861, Lagos fue convertido en una colonia de la Corona.

La política europea

A medida que crecía el interés europeo por África, las dificultades de sus gobiernos se incrementaban. Los franceses comenzaron la conquista de Argelia y Senegal a partir de 1830, pero la ocupación sistemática del África tropical no comenzó hasta la segunda mitad del siglo. Al penetrar al interior de África, ciudadanos y administradores europeos encontraron resistencia por parte de los pueblos dominantes y fueron bienvenidos por los pueblos subordinados que buscaban aliados o protectores. Desde 1880 a 1905, aproximadamente, buena parte de África fue dividida entre Bélgica, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Portugal. En 1876 el rey Leopoldo II de Bélgica estableció la Asociación Internacional del Congo, una compañía privada, para explorar y colonizar la región. Su principal agente en esta tarea fue sir Henry M. Stanley. En 1884 la intensa rivalidad de las potencias europeas, deseosas de conseguir más territorios africanos, y las mal definidas fronteras de sus diversas posesiones amenazaron las relaciones internacionales. Entonces se convocó una conferencia a la que las naciones de Europa, junto con Estados Unidos, enviaron delegados.

En la Conferencia de Berlín (1884-85) las potencias definieron sus zonas de influencia y establecieron reglas con vistas a la futura ocupación de la costa de África y para ordenar la navegación en los ríos Congo y Níger. Entre las importantes disposiciones del Acta de Berlín había una que obligaba a las potencias que adquirieran un nuevo territorio en África, o asumieran un protectorado sobre cualquier parte del continente, a notificarlo al resto de las potencias signatarias. Durante los quince años siguientes se negociaron numerosos tratados entre las naciones europeas para ejecutar y modificar las disposiciones de la conferencia. Gran Bretaña firmó en 1890 dos tratados de este tipo. El primero, con Alemania, demarcaba las zonas de influencia de las dos potencias en África. El segundo tratado, con Francia, reconocía los intereses británicos en la región comprendida entre el lago Chad y el río Niger y admitía la influencia francesa en el Sahara. Otros acuerdos, en especial los que firmaron Gran Bretaña e Italia en 1891, Francia y Alemania en 1894 y Gran Bretaña y Francia en 1899, clarificaron aún más las fronteras entre las posesiones africanas de Europa.

La resistencia africana

Ningún reino africano había sido invitado a la Conferencia de Berlín y ninguno firmó estos acuerdos. Siempre que fue posible, los africanos se opusieron a las decisiones tomadas en Europa en el momento de ser aplicadas en suelo africano. Los franceses afrontaron una revuelta en Argelia en 1870 y la resistencia a sus esfuerzos por controlar el Sahara (1881-1905). En el Sudán occidental, el gobernante mandinka Samory Toure y Ahmadu, el hijo y sucesor de AlHajj Umar, del reino tukolor, intentaron mantener su independencia. Sin embargo, ambos fueron derrotados por los franceses (Ahmadu en 1893 y Samory cinco años más tarde). Dahomey fue ocupado por las fuerzas francesas en 1892, y la región de Wadai fue la última en caer bajo la dominación francesa, en 1900. Los administradores británicos encontraron una resistencia similar por parte de los bóers en Suráfrica durante los periodos 1880-81 y 1899-1902. Los colonos británicos y bóers conquistaron el país de Matabele en 1893, y tres años más tarde los matabele (ndebele) y sus subordinados, los shona, se revelaron. Estallaron revueltas en Ashantiland en 1893-94, 1895-96 y 1900, y en Sierra Leona en 1897. Los reinos fulani de Mausa se resistieron a la conquista británica (1901-03). Sokoto se sublevó en 1906. Los alemanes se enfrentaron a la insurrección herero (1904-08) de África del Suroeste y a la revuelta de la tribu maji maji (1905-07) en Tanganica. Sólo los etíopes, bajo el emperador Menelik II (que reinó de 1889 a 1911), tuvieron éxito en su resistencia a la conquista europea, al aniquilar una fuerza expedicionaria italiana en la batalla de Adua (Aduwa) en 1896.