Política y Administración Pública


Sociedad y Comunidad


UNIVERSIDAD NACIONAL DEL NORDESTE

FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS SOCIALES Y POLÍTICAS

“MAESTRIA EN CIENCIAS POLÍTICAS”

“SOCIEDAD O COMUNIDAD”

MATERIA: “ELEMENTOS DE TEORIA POLÍTICA”

AÑO ACADEMICO 2004.-

1.- INTRODUCCIÓN:

El presente trabajo tiene por objeto analizar una de las consecuencias que se produjeron en las sociedades francesa, prusiana e inglesa, luego de sucesos políticos y económicos que desencadenaron en la formación de los Estados Nacionales.

Cada uno de estos estados vivieron en forma diferente la transformación en su comunidad, pero todos apuntaron al mejoramiento de la misma.

Es por ello que se valieron de un cambio en el área educativa, que acompañaba a los procesos políticos y económicos y que tuvieron como finalidad lograr una mejor condición en la calidad de vida de la población.

El individuo era considerado ya un ciudadano y por ello el estado debía garantizar su educación e inserción en la comunidad. Para ello se ocupó de que la educación fuera pública y que todos pudieran tener acceso a la misma, a pesar de la fragmentación que todavía existía en la sociedad y que paulatinamente fue dejada de lado.

Los primeros reclamos provenían de la burguesía, ya que ellos detentaban el poder económico en eso países y luego se trasladó a toda la sociedad.

Como consecuencia de estos reclamos el Estado tuvo que hacerse cargo de la educación y diagramar un sistema educativo que abarcase a todos los ciudadanos, ya que de esa manera se aseguraría la capacitación de los mismos y que luego serían volcados estos conocimientos en la sociedad, ya sea como mano de obra especializada o a través del desarrollo científico, permitiendo de esa manera el progreso del Estado.

2.- DESARROLLO:

En el concepto clásico de Estado Liberal, la sociedad se consideraba como un sistema autorregulado, que era capaz de producir el mejor de los órdenes posibles con la finalidad de que el Estado, por un lado, no interfiriera en su funcionamiento y por el otro, que garantizara las mínimas condiciones de libertad y seguridad, que se consiguieron a través de la proclamación de los derechos individuales, el principio de legalidad y la división de poderes.

El modo de relación del Estado con la sociedad era fundamentalmente a través de la legislación, mientras que la sociedad ascendía al Estado por medio del sufragio.

Esta distinción entre Estado y sociedad se hacía precisamente, porque la ruptura del Antiguo Régimen había otorgado a la sociedad su emancipación respecto del Estado absolutista y había conseguido fijar los límites de acción del Estado.

Este Estado, que desde el siglo XVII había procurado fundamentarse sobre los criterios racionales y no teológicos, debía garantizar la libertad religiosa e impuso a la Iglesia su definición como asociación social separada del Estado y en ningún caso investida de atribuciones generales para la sociedad entera.

Este tipo de Estado liberal se ha definido como Estado Nacional, que en el Siglo XIX la historia europea se caracterizó por la tendencia de los Estados y Naciones a adecuarse a este modelo.

El concepto de Nación alude a ciertos elementos comunes de la sociedad, tales como la comunidad territorial, de lengua y de cultura, pero esa unidad no hace referencia a los distintos grados de participación de los individuos en los bienes culturales y materiales de la sociedad.

Al no definirse a la “burguesía”, que era el grupo que accede al poder precisamente con la ruptura del Estado absolutista, como clase social, ni proclamarse el carácter clasista de la sociedad, el concepto de nación se equipara al de sociedad.

La Nación se concibe como una unidad indivisible, si bien integrada por una suma de individualidades; sus únicos componentes reconocidos eran los individuos, considerados como “universalidad de los ciudadanos”.

El concepto de Nación supone en sus inicios una idea de homogeneidad e igualdad.

La necesidad de hacer coincidir Estado y Nación bajo el concepto genérico de Estado Nacional propició una serie de medidas estatales conducentes a la construcción nacional. El Estado asume un papel activo que se acrecienta sobre todo después de la segunda mitad del siglo XIX.

Es por ello que a esta época, Eric Hobsbawm la caracteriza como el período de “fabricación” de naciones. Fabricación que incluía desde sus instrumentos coercitivos (ejército nacional) hasta los más simulados (educación nacional) y que se puso al servicio de la homogenización de la sociedad civil.

Desde todas sus instituciones, el Estado emanaba nacionalismo. La intervención del Estado en todos los aspectos estaba destinada a mejorar las condiciones de vida de la sociedad o lo que era mejor el fomento y defensa de ciertas actividades económicas, aun en aquellos países de mayor retraso industrial, abarcando también a la instrucción pública (tomando medidas como la obligatoriedad escolar). Es por ello que la instrucción pública se convirtió en el agente nacionalizador más adecuado.

A pesar de todo ello, la Nación, que debía integrarse no sólo como unidad cultural, sino también como mercado nacional, cuyo progreso estaba bajo una autoridad colectiva, es decir, la del Estado.

Conforme se inició el proceso de industrialización y con el fin de estimularlo, muchos estados europeos promovieron la educación técnica. El objetivo del estado era conseguir el progreso industrial.

Es por ello que en algunas de las sociedades retrasadas, el Estado procuró, a través de la educación, adecuar la misma a las necesidades de capital humano y de ahí que los países que siguieron a Inglaterra en su industrialización hicieron más en ese sentido que los propios ingleses. En el inicio de la industrialización en Inglaterra prevaleció la cualificación de los trabajadores en el mismo lugar de trabajo (on the job training), frente a una enseñanza técnica escolar que permanecía subdesarrollada.

A través de la perspectiva Marxista, se criticó el concepto clásico de Estado Liberal, considerándose al Estado, no como un sistema distinto de la sociedad, sino como un instrumento de la clase dominante para ejercer su poder sobre las demás clases sociales.

Es por ello que se negó el carácter unitario de la sociedad y se introdujo el concepto de clases sociales, entendiéndose al Estado desde la dinámica de la lucha de clases, como un aparato de la clase dominante.

Ante esta situación, para Marx, y por medio de su idea de sociedad comunista sin clases, el Estado tiene lógicamente que desaparecer.

En la perspectiva socialdemócrata, que surgió como revisión al socialismo marxista, se consideró al Estado como instrumento de dominación de clases, lo que le concedió cierta capacidad para conseguir constantes mejoras para las clases trabajadoras (socialismo de Estado). Ello implicaba conceder al Estado cierta autonomía frente a la sociedad y más concretamente frente a la clase dominante.

Esta autonomía del Estado la reconocen algunas tendencias neomarxistas, que no se identifican con la socialdemocracia. Es por ello que la corriente iniciada a partir de Gramsci, al desarrollar el concepto de hegemonía, concede al Estado la posibilidad de representar intereses nacionales y cohesionar a distintos grupos sociales en torno a un proyecto político.

El poder que se confiere al Estado le permite la selección de determinadas finalidades y la adopción de medidas destinadas a su consecución.

A través de la educación, como actividad promovida por el Estado, se promovió no sólo a la integración nacional, sino también al fomento de la economía o a posibilitar la movilidad o el control social.

No debemos olvidar que el Estado Absolutista del siglo XVIII, se atribuía la representación de la sociedad y se concebía como cuerpo social y económico que desde sí mismo promovía el progreso. Es por ello que la separación entre Estado y Sociedad no aparecía como objetivo de la política del gobierno ilustrado.

El Estado era mucho más que una instancia de autoridad y poder, ya que asumía la instancia educadora.

La ruptura que existió entre el Estado Absolutista y la sociedad , no implicaba la prescindencia del estado.

Es por ello que el Estado Liberal se atribuyó la misión de ofrecer a todos los individuos los medios para hacer efectiva la libertad de impartir como de recibir enseñanza. Por medio de esta misión, el Estado se ocupó de extender la educación a todos y a garantizar el derecho a la educación, sin que ello significase en muchos casos la declaración de la obligatoriedad escolar. Esta declaración de la obligatoriedad es una de las formas de intervención del estado en materia educativa.

En este aspecto el fundamento teórico que el liberalismo alemán de principios de siglo XIX dio a tal intervencionismo del estado en asuntos de educación, utilizando el concepto de KULTURSTAAT, era el de entender la libertad de educación y la cultura, no sólo como libertad respecto del Estado, sino también como libertad por medio del estado. Con ello el Estado actúa al servicio de la cultura y no al revés. El Estado interviene únicamente para auspiciar y servir al libre desarrollo de la cultura. Esta es la postura que defiende Wilhelm von Humboldt al organizar el sistema educativo estatal prusiano durante los años 1809-1810, a pesar de haber sido él un ferviente opositor del intervencionismo estatal, según se traduce de su famoso escrito “Ideas para un ensayo de determinación de los límites que circunscriben la acción del Estado”.

Humboldt aspiraba a mover desde el Estado a las fuerzas nacionales para que llegara el momento en que éstas asumieran toda la gestión del sistema educativo, ocupándose en adelante el Estado solamente de las relaciones entre la educación y los otros sectores de la administración.

A diferencia de la Francia Revolucionaria, el estado prusiano, como “Estado Cultural”, inicia su reforma desde arriba. Los reformadores, que en la mayoría de los casos procedían de la aristocracia, agruparon a la burguesía y al campesinado, en una sociedad en la que iban a ser las fuerzas protagonistas del cambio.

Estas intenciones no tuvieron éxito en lo inmediato, debido a las reacciones conservadoras emanadas del Congreso de Viena. Dieron paulatinamente sus frutos recién durante el siglo XIX.

Tres fueron las premisas a las que estuvieron sujetos los prusianos: “el individuo, la Patria alemana y la Humanidad”.

En Alemania como en el resto de los países ilustrados, se pensaba que las luces no debían derramarse sobre todos por igual. Cada estamento debía conformarse con las luces que bastaban para realizar eficazmente las funciones que la sociedad burguesa les confiaba. En este contexto, Prusia, el más poderoso de los estados alemanes, inicia una época de reformas que polariza la atención del resto de los estados germánicos.

La estructura social a principios del siglo XIX se caracteriza por la supervivencia de un feudalismo tardío con una fuerte estratificación estamental: campesinos, burgueses y nobleza.

La mayoría de la población era campesina y analfabeta, predominando en las ciudades los artesanos agrupados en gremios. Junto a esa capa burguesa surge y se consolida la burguesía comerciante y manufacturera. Dentro de la misma se fortalece el funcionariado y el bajo clero, pastores y teólogos, que ejercen funciones de preceptores en las casas de la nobleza e incluso en las casas de la alta burguesía naciente.

Por su parte, la Nobleza, ocupa los altos cargos de la Corte, del Ejército y de la Administración. Es por ello que las familias aristocráticas son las que detentan las mayores posesiones territoriales.

Los políticos reformadores prusianos estuvieron a la cabeza del movimiento hacia el despertar de un sentimiento nacional alemán. Constituyeron una vanguardia progresista reclutada entre aristócratas liberales e intelectuales burgueses, junto a ellos se agrupó parte del funcionariado, del ejército y del estamento docente.

Estos políticos levantaron una nueva monarquía, sobre la vieja monarquía prusiana aniquilada por Napoleón a fines de la primera década del 1800, que se caracterizaba como un estado cultural.

Algunos reformadores reconocieron a la fuerza de la burguesía y la creciente presencia de las masas populares como cauces de desarrollo social, pero no renunciaron a orientarlos a través de una monarquía ilustrada. Para algunos reformadores prusianos Francia era un país revolucionario demasiado radical, cuyos presupuestos ideológicos habían sido desacreditados por el Imperio Napoleónico. Es por ello que buscaron ejemplo en Inglaterra como muestra eficiente del paso social del feudalismo hacia el capitalismo.

Los reformadores prusianos liberaron a los campesinos de la dependencia hereditaria, que había sido una forma de posesión corporal; dieron a la burguesía libertad de adquisición de tierras, la libertad de administración municipal, la libertad religiosa, la reforma escolar y la libertad de asociación, la concepción del ejército como nación en armas, la eficacia y el centralismo de la administración.

A través de la educación pública - que como tal se dirige al ciudadano o súbito, a diferencia de la privada que se dirige al hombre - se tiene como finalidad, no el cultivar una determinada virtud o un modo de ser, sino el buscar el equilibrio de todos, pues no hay nada que pueda fomentar mejor la tranquilidad, que es lo que persiguen con más recelo todos los estados. Para poder lograr esto se sirven de ideas y concepciones de la Ilustración, el Filantropismo y el Neohumanismo, viendo en lo helénico la encarnación de la idea de Humanidad. En base a esto se habría dicho “Que cada cual sea griego a su manera, pero que sea griego”. No se trataba de copia al hombre helénico, sino de fomentar la autorrealización de ese ideal en una forma nueva, en un sentido nacional nuevo de acuerdo con las nuevas circunstancias. Estas circunstancias son sobre todo el emergente sentimiento nacionalista y la filosofía idealista.

Con estos ideales, el aprendizaje de un oficio, o la preparación para una actividad administrativa o para una función social, ha de adquirirse después de haber recibido una formación general. La meta de esta formación o cultura general es el desarrollo de las capacidades racionales, emocionales y estéticas.

La formación general es la preparación para ser capaz de organizar el aprendizaje propio de las actividades futuras que el hombre se propone desempeñar.

Con estas ideas Humboldt, que tuvo a su cargo la Sección de Educación del Ministerio del Interior, tuvo que establecer dos niveles para la puesta en práctica del sistema educativo: el de formación general (el nivel elemental y el gimnasio) y el universitario.

El primer nivel debía proporcionar una formación general común a todos los ciudadanos, sea cual fuere la misión o trabajo que están llamados a desempeñar en la sociedad. En el segundo nivel se tiene clara la orientación propedéutica hacia el estudio universitario. Los dos niveles de formación general son niveles de enseñanzas, en cuanto al nivel universitario es un nivel de estudio. A través de la formación general, el alumno debe ser enseñado hasta ser puesto en condiciones de acceder o bien a la preparación para una profesión que le permita, conciente de su dignidad ciudadana, una función social, o bien al estudio universitario concebido como una actividad donde la investigación y organización de la ciencia es la tarea fundamental.

El Estado Prusiano se definía como un “Estado Cultural”, es decir que el estado consideraba como misión suya intentar desde sí mismo la emancipación de la sociedad. Respecto de la educación , el estado consideraba como su función inalterable la de impulsar la acción desde la sociedad, pero no sustituirla.

Tributario de las ideas del Neohumanisno, Herder sostiene: “Existen decididamente ciertos conocimientos que tienen que ser generales, y aún más cierta formación del modo de pensar y del carácter, que no deben faltar a nadie. Sólo se puede ser un buen artesano, comerciante, soldado o negociante si, independientemente de la propia profesión, se es, de acuerdo con el propio estado, un hombre y ciudadano probo, honrado, ilustrado. Si la escuela le da esta formación general el hombre tendrá una peculiar capacidad de adquirir más fácilmente su profesión, como ocurre tantas veces en la vida”.

Desde la segunda mitad del siglo XVIII se venía insistiendo en que el hombre debe definirse por su capacidad de decidir personalmente en libertad, independientemente de la tradición o de las opiniones de la sociedad o de algunos sectores de la misma. Con ello la perfección del hombre culmina en la perfección del ciudadano. Es por ello que a través de la escuela elemental no se trataba de conseguir dos metas independientes, sino que a través de esta doble meta se cristalizaría la formación del hombre como ciudadano. Por eso era pensamiento de Humboldt que estas metas no se alcanzarían solamente a través de la escuela elemental, sino por medio de un sistema que sea único y contínuo desde la escuela elemental a la universidad.

Cada uno de estos niveles debe esencialmente servir a un único proceso de formación que tiene como polos el hombre consciente de su dignidad humana y el hombre consciente de su pertenencia a una comunidad social, y a través de la individual nacional, consciente de su pertenencia a la Humanidad. Estas eran las influencias de la Ilustración, del Neohumanismo y del Nacionalismo emergente.

Con este criterio y frente a las tradicionales escuelas de erudicción estamentales, los reformistas trataron de buscar contenidos formativos entre aquellas disciplinas susceptibles de ser enseñadas y aprendidas desde el punto de vista de su relación con el despliegue de la “pura humanidad del hombre”. Esto significa que los contenidos escogidos no lo son por su relación con actividades profesionales o meramente científicas, o con cualquier otro interés o situación, sino que se ordenan al fomento del objetivo de llegar a ser hombre en el desarrollo armónico y proporcionado de todas las fuerzas.

La culminación de la etapa formativa del hombre esta representada por la Universidad, la que en el Siglo XVIII había llegado a tal grado de descomposición, que el mismo Humboldt eludía ese nombre por el de “establecimientos científicos superiores”.

La Real Universidad Federico Guillermo de Berlín, ha sido de vital importancia en el desarrollo de la idea europea de Universidad. La universidad prusiana era una comunidad de investigación y estudio en “soledad y libertad”, ya que esas eras las aspiraciones neohumanístas de cultivo del hombre formado antes que del hombre útil.

Esta era una casa de investigación, ya que se sostenía que la ciencia debería ser tratada como un problema nunca todavía resuelto y por ese debería permanecer en estado de “investigación”.

Con todo ello se puede decir que el Estado Prusiano se preocupó por atender las nuevas necesidades de la sociedad, que a través de la educación pública, ha servido para posicionarlo de tal manera en la Europa Continental, y procedió a la creación de nuevas profesiones como la Cirugía, la Minería, la Construcción, la Veterinaria, etc., lo que permitió ser tomada como ejemplo por otros estados de ese continente.

En Francia por su parte, se sostuvo que frente a la tradicional vinculación de la educación a la iglesia, proclaman que la educación ha de preparar al ciudadano para una sociedad civil, con una moral laica que respete la libertad de conciencia, que oriente a los niños hacia actividades profesionales, lo que a su vez exige una alfabetización universal y gratuita.

Antes de la Revolución se reivindica “para la Nación una educación que no dependa sino del Estado, porque a él le corresponde esencialmente”. Esos postulados dieron un vuelco , ya que el horizonte educativo de la burguesía ascendente estaba dibujado con límites muy precisos, ya que se sostenía que “Es conveniente que el pueblo sea guiado, no que se le instruya, no es digno de ello” sostenía Voltaire. Otros revolucionarios sostenían que “el bien de la sociedad exige que los conocimientos del pueblo no vayan más allá de sus ocupaciones” o por ejemplo lo que decía Rousseau “El pobre no tiene necesidad de educación; la de su estado es suficiente”.

En el período revolucionario el Estado está decidido a tomar las riendas de la educación de la nación. Es por ello que hasta la jerarquía eclesiástica, a través del Obispo de Autun, hayan defendido el sistema educativo estatal, al sostener “la educación entendida como un producto de la sociedad y fuente de bienes para la sociedad y fuente igualmente fecunda de bienes para el individuo”.

Todos coincidían en que la educación debería ser el instrumento por excelencia para forjar la unidad de todos los ciudadanos en torno a los principios de libertad, igualdad política y fraternidad.

Los revolucionarios trataron de imponer sus ideas, pero fracasaron en su empeño, pero por lo menos tienen el mérito de haber planteado y discutido ampliamente la mayor parte de las cuestiones que estarán presentes en la política educativa del siglo XIX. El debate se produjo entre los partidarios de una educación fundamentalmente para la burguesía, la fuerza principal que desencadenó la Revolución, y los partidarios de una educación auténticamente popular, nacional y única que exigía el llevar a sus últimas consecuencias los planteamientos revolucionarios. Estos planteos estuvieron demasiado mezclados con los planteamientos políticos defendidos y fatalmente vinculados al destino de los mismos.

La Revolución no fue más que una querella entre las clases superiores, sostenía Considerant. La mayoría de los Miembros de la Asamblea Nacional y de la Asamblea Legislativa eran profesionales de clase media, algunos aristócratas con veleidades liberales y algún eclesiástico progresivo. El Tercer estado era la burguesía, pero la burguesía no es el pueblo. Aspiraba a poner las bases de una monarquía constitucional de corte liberal ilustrada, ya que estaba impregnadas de ideas de la ilustración: las luces, el bienestar, la naturaleza, el progreso, la lucha contra la tiranía y el fomento de la instrucción como condición de la libertad.

Los efectos de la Revolución Francesa en Europa han sido enormes, ya que se consagró la idea de la educación estatal; se discutió y en ciertos períodos se consiguió, la disolución del monopolio de la Iglesia, acelerando la desacralización de la sociedad. Se incrementó la politización de los problemas educativos, al plantear como fin del sistema la formación de ciudadanos; se alteraron profundamente los horizontes culturales al ser declarada la educación como un derecho de todos los ciudadanos.

Con la llegada al poder de Napoleón Bonaparte, la política supuso una involución en cuanto a la emancipación de la sociedad frente al Estado, porque el Estado se atribuyó plenamente la función educadora, ya que la concibió como un instrumento del Gobierno. Napoleón Bonaparte decía “Enseñar es una función del Estado, ya que ella es una necesidad de la sociedad”. Esto significa un retroceso respecto de las ideas de Estado y de enseñanza laica que había propuesto la Revolución Francesa.

En 1806 Napoleón decide la creación de un cuerpo docente responsable de la educación en Francia, para tener un medio de dirigir las opiniones políticas y morales. Para la erección de esta orden laica a la que va a llamar Universidad, Napoleón se inspiró en los jesuitas.. Su Universidad, que nace de las leyes y decretos napoleónicos, es una corporación estatal que monopoliza el derecho de enseñar. Para él la educación es un instrumento de su política: “No habrá un estado político firme si no hay un cuerpo docente con principios fijos”.

En Mayo de 1804 los franceses en un plebiscito confiaban el Gobierno de la República a un Emperador hereditario. Este flamante Emperador de los franceses, entre los acuciantes problemas de la política exterior, sus designios de desembarco en Inglaterra y sus enfados por la derrota de Trafalgar, tenía aún tiempo para perfilar sus ideas acerca de la Universidad Imperial.

Frente al Estado Cultural Prusiano que asume como misión despertar las fuerzas espirituales y culturales del pueblo, frente a ese Estado “maestro”, está la concepción Napoleónica del estado organizador y jefe de la escuela puesta a su servicio. No es tanto una educación como servicio al ciudadano cuanto una educación como servicio al Estado.

Al referirse a su Proyecto, Napoleón sostenía “En tanto no se enseñe ya desde la infancia si hay que ser republicano o monárquico, católico o religioso, el Estado no formará una Nación... El establecimiento de un cuerpo docente es el único medio de salvar a la instrucción pública de una rutina total”. Lo que Napoleón entendía por “un cuerpo docente” es lo que se llamó “Universidad Imperial”, una corporación civil, laica y pública, responsable de la instrucción a todos los niveles. Por su parte Fontanes defendía a la Universidad diciendo “Después de una Revolución, saliendo de una anarquía y ante partidos hostiles, es necesario, en la enseñanza como en todas las cosas, una unidad de puntos de vista y de gobierno. Francia tiene necesidad, al menos durante algún tiempo, de una sola Universidad, y la Universidad de un solo Jefe”.

La Universidad Napoleónica estaba estructurada de tal forma que la misma dependía directamente del Gran Maestre, como Jefe Supremo de la Universidad, siendo directamente nombrado por el Emperador y ante quien debía rendir cuentas. El Gran Maestre estaba asistido en sus funciones por el Canciller y el Tesorero. La Universidad se organizaba en Academias, al frente de cada una de las cuales había un Rector. Estos eran nombrados por el Gran Maestre por cinco años.

Para no enfrentarse directamente con la Iglesia Católica, el Rector Fontanes daba precisas instrucciones a los prefectos diciendo “Es a los Obispos a quien corresponde la vigilancia de las costumbres y la conservación de las ideas religiosas, base de toda moral. El Soberano ha reconocido el principio cuando ha querido que todas las escuelas de la Universidad tomasen como base de su enseñanza la religión católica. Los Obispos y los curas son los vigilantes por naturaleza”. Pero toda esta propuesta quedo perturbada por las tormentosas relaciones entre Napoleón y el Papa..

A lo largo del siglo XIX se produciría en Francia, una lucha contra el monopolio napoleónico, así como a favor de la enseñanza laica, aspectos que se conseguirían con las leyes de 1880.

Los rápidos progresos industriales en Alemania y el prestigio que tenían sus instituciones educativas y de formación técnica, sirvieron para que Inglaterra impulsara la instrucción pública como forma de alcanzar dichos progresos industriales. Este proceso se inició a partir de 1840 y se aceleró a partir de 1880.

Las revoluciones que barrieron la Europa de 1830 y pusieron fin a la era represiva de la “diplomacia del Congreso”, produjeron sacudidas en Gran Bretaña y llevaron a la elección de un gobierno liberal en 1830 al verse obligada la aristocracia a compartir el poder con las clases industriales y comerciales en alza. El nuevo partido liberal propuso el primer proyecto de Ley de Reforma en 1832, disponiendo la concesión de los derechos políticos a los propietarios varones de fincas cuya capacidad de renta anual fuera al menos de diez libras.

Entre 1830 y 1837, Guillermo IV se vio obligado a ampliar la Cámara con títulos de nobleza recién creados a fin de darle un carácter más liberal y conseguir de esa manera que fuera aprobado la Ley de Reforma presentada. Como consecuencia la estructura de la clase inglesa empezó a cambiar con la aparición de un estrato comercial de nobles procedentes de los grandes banqueros comerciantes, miembros de la clase media alta que estaba creciendo en número e influencia en las regiones industriales en desarrollo y reforzados por una clase media baja compuesta de pequeños comerciantes al por menor, fabricantes y hombres de negocios. Este nuevo estrato social se vio constantemente aumentado al crearse nuevas ocupaciones de tipo burocrático en el sistema urbano-industrial. Los radicales ingleses no estaban satisfechos con la marcha de estas reformas y redactaron la famosa Carta del Pueblo que incluía estas seis demandas: sufragio de los varones adultos, elegibilidad de los no propietarios al parlamento, salarios para los miembros de este cuerpo, votaciones secretas, electorados de igual tamaño y parlamentos elegidos anualmente, ya que estaba en vigencia un parlamento oligárquico no representativo. La presión ejercida por esta clase de “cuello blanco” no podía seguir siendo ignorada y en el año 1867 el Gobierno de Disraelí dio derechos políticos a la clase media baja urbana.

La vorágine de la Comuna de París de 1871 y el reto industrial de Prusia, llevaron a más reformas, con la votación secreta en 1872 y la extensión de los derechos políticos a los agricultores y mineros varones en 1884.

En esta época las instituciones educativas existentes de escuela preparatoria, escuela de gramática y universidad siguieron siendo utilizadas tanto por las clases medias como por la aristocracia de la primera parte del siglo XIX, aunque fueron modificadas y aumentaron al serles impuestos cambios como consecuencia de las presiones externas recibidas.

En la primera parte del siglo, la mayoría de las escuelas históricas tenían mala fama, como por ejemplo la Escuela de Rugby, donde los muchachos de la clase media estaban empezando a entrar en masa en las escuelas de gramática. Las reformas propuestas por Thomas Arnold se sintieron en la oposición que hizo a la tradición del maltrato ritual de los más jóvenes por parte de los mayores y de los maestros.

En las décadas centrales del siglo las escuelas de gramática siguieron siendo dominantes, exclusivistas y caras y su educación estaba muy alejada de las necesidades de una sociedad en proceso de industrialización y urbanización. ETON, OXFORD Y CAMBRIDGE estaban bastante atrasadas, en marcado contraste con el desarrollo progresivo de EDIMBURGO y GLASGOW y las más recientes de LONDRES y DURHAM.

En Inglaterra era tan lento el progreso de la educación popular que hubo que esperar hasta el término del siglo XIX para que entrase en funcionamiento un sistema de escuela elemental básico con sólo disposiciones mínimas en cuanto a movilidad académica, mediante becas, hacia las escuelas de la clase media que llevaban a las ocupaciones avanzadas y profesionales.

El problema fundamental de la burguesía en Europa era su incapacidad para aceptar que los trabajadores merecían igualmente el acceso a las posibilidades de una vida buena. El crecimiento de la clase trabajadora creó problemas a una escala nunca conocida hasta entonces. La fuerza laboral se trasladaba del sector rural al urbano. La gran masa de la nueva clase de trabajadores urbanos dependía de la industria para su sustento y se encontraba fuera de las disposiciones legales para los pobres pensadas en principio como caridad parroquial a pequeña escala.

La educación popular fue proporcionada en gran parte según el modelo mutuo por un sistema voluntario, dominado por dos grupos, la Gran Sociedad Nacional y la Sociedad de Escuelas Británicas y Extrajeras. A partir de 1833 en que el Gobierno invierte en la educación popular, al dar asistencia financiera para la construcción de escuelas. Desde ese momento la educación pública fue regulada cada vez más por el gobierno..

A mediados de siglo estaba claro que la intervención estatal era cada vez más necesaria, a pesar de los esfuerzos de la Iglesia Anglicana que seguía reclamando para sí la educación popular e, incapaz de proporcionar escuelas suficientes, procuraban al menos llenar con su personal y controlar todos los colegios de preparación.

Ante esta situación el gobierno tuvo que luchar contra los que se oponían a las reformas en el campo de la educación, siendo un ejemplo de ello el testimonio que había presentado un Inspector en Jefe de que “si era acertado dar a un muchacho de la clase trabajadora con talento una beca para la universidad y así separarlo de su condición social y colocarlo en otra que no le es propia”.

La década de 1840 fue un período de verdadero progreso en la educación popular inglesa, iniciado por la creación en 1839 por parte del Parlamento del Comité del Consejo Privado sobre educación, con James Kay como su primer secretario, y una concesión de 500 mil libras. Este esquema se desarrollo bien y en la década siguiente la Iglesia de Inglaterra fundó colegios de maestros destinados a proporcionar mas preparación profesional y la reina puso becas a disposición de aquellos maestros-alumnos que hubiesen completado con éxito su aprendizaje.

Pero no hay que olvidar la cuestión religiosa entre anglicanos y disidentes, especialmente porque los católicos, como la mayoría de los anglicanos consideraban a las escuelas estatales ateas, mientras los inconformistas temían el dominio anglicano.

En las últimas dos décadas del siglo la educación para todas las clases se había convertido en un aspecto esencial de la actividad gubernamental.

3.- CONCLUSIÓN:

En base a todas las consideraciones expuestas en el trabajo, considero que la actuación que le cupo al estado, fue de tal manera que pudo lograr un desarrollo técnico, científico, económico y político del mismo.

Por supuesto que las diferencias existentes entre uno y otro estado, estaban dadas por las características políticas de sus gobiernos y la prioridad que los mismos pusieron en la educación. No obstante ello, estos estados lograron a través de la educación de los ciudadanos el fortalecimiento de sus economías, capacitándolos para todo tipo de tareas, ya que de esa manera el estado cumplía con su obligación y que era el de otorgar a los ciudadanos los nuevos derechos por los que habían luchado.

Sin lugar a dudas el haber apostado a un cambio en la educación, produjo los beneficios de los cuales se valió el gobierno para lograr un despegue en materia económica y política.

El estado se hizo cargo de la educación en la mayoría de los niveles, y de esa manera lograba que los ciudadanos se vayan capacitando no sólo en la parte manual, sino también en la parte técnica y aquellos que accedían a los niveles superiores, en algunos casos se los preparaba para la conducción política de la nación.




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Enviado por:Joelbar
Idioma: castellano
País: Argentina

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