Literatura


Relato de un naúfrago; Gabriel García Márquez


RELATO DE UN NÁUFRAGO

Capítulo 1:

Empieza la historia. Luis Alejandro Velasco i el resto de la tripulación navegan a bordo del destructor A.R.C. Caldas. Se dirigen, por último viaje, a Colombia. Aun estan en Mobile. Con la conversación que tubo con Luís Rengifo se puede decir que es un lobo de mar. Dice que el día que él se maree, ese día se mareará el mar.

Capítulo 2:

Luís empieza a tener temores.

Es un barco lobo porque hundió un submarino alemán durante la guerra, en el mismo mar Caribe.

Hace mal tiempo, hay mucho oleaje. El cabo Miguel Ortega está muy mareado y no se encuentra muy bien. El 27 de febrero empezó el baile. Durante todo el día el Caldas no se había movido tanto como en la noche. Se ordenó pasar todo el personal a babor. Continua el mal tiempo. Con fuertes olas, una de estas le arrastra y cae al mar, a cien metros del buque. Otros compañeros suyos también han caído.

Capítulo 3:

Intenta salvar a sus compañeros pero no lo consigue. Desde la cresta de una nueva ola gigantesca ve al destructor que se va muy lejos debido al tremendo oleaje. Solo han transcurrido diez minutos desde que miró la hora arriba, en el destructor, hasta ahora, en el mar. Se da cuenta de que lo que le queda encima, a parte de la vestimenta y los zapatos, su reloj, un anillo de oro de Cartagena, su cadena con la medalla de la Virgen del Carmen, las llaves de su armario del destructor y tres tarjetas de un almacén de Mobile. No cuenta ni con agua ni comida. Y para postres, hace un sol abrasador y se siente completamente solo en el inmenso mar.

Capítulo 4:

Pasa una larga noche en la balsa con muchos temores a las criaturas que guarda el mar. No duerme en toda la noche. El día, 28 de febrero, le transcurre rápido. Al mediodía, oye a un avión en el cielo. Se quita la camisa y hace señales, pero es un avión de los grandes que van a alturas grandiosas.

Capítulo 5:

Ya llevaba 24h en la balsa. Empezaba a sentir sed. Se olvidó de la sed gracias al ruido de otro avión, más cercano. Venía directamente hacia la balsa, pero pasó de largo. Al menos ahora sabía donde se situaba la tierra (de donde habían venido todos los aviones).

Al cabo de un rato pasó otro avión. Éste era de los guardacostas. De él veía un hombre con unos binóculos. ¡Me habían visto! A los cinco minutos volvió a pasar, descendió pero luego volvió a coger altura y se marchó. Cuando estaba sentado en la borda esperando el avión, dio un salto y sé cayó en el centro de la balsa. Después vio la aleta de un tiburón. Todos los que estaban merodeando cerca de la balsa no se marcharon hasta el anochecer. Cada día vendrían los tiburones un poco más tarde de las cinco y se marcharían en la oscuridad. En la segunda noche en el mar tenía hambre y sed. Llevaba dos días sin comer ni beber, y sin tampoco dormir. Empezó a remar a las diez de la noche, con la vista fija en la Osa Menor, hasta casi las dos no paró de remar. Tenía más sed. En la cubierta del destructor vio sentado a un compañero suyo, Jaime Manjarrés señalándole la dirección del puerto y luego sentado delante de él en el comedor del destructor. Era un sueño. Empezaron a conversar hasta que vino la ola gigantesca.

Capítulo 6:

Al cuarto día tomó un poco de agua salada. Los tiburones seguían llegando a la cinco. Continuaba conversando con Jaime Manjarrés por las noches. A la madrugada del quinto día Jaime le señaló un barco que se dirigía a ellos. A los veinte minutos las luces del barco habían desaparecido.

Sentía deseos de morir. Ahora no tenía tanto miedo al mar como a la tierra. El dolor de la rodilla con el contacto con el agua salada le dio una nueva noción de vida.

Siete gaviotas volaban sobre la balsa. Una pequeña se paró en la balsa.

Capítulo 7:

Mató a la pequeña gaviota, intentó comérsela pero no pudo, la arrojó al agua con los tiburones. A la noche de este quinto día no apareció Jaime pero si que apareció la luna. En la sexta mañana en el mar pensó en su familia.

Para saciar el hambre empezó a masticar las tarjetas que tenía. Seguramente, gracias a las tarjetas, esa noche pudo dormir.

Vio por tercera vez a las siete gaviotas, pero eso le hizo pensar que estaban perdidas en el mar buscando la tierra.

Capítulo 8:

Intentó agarrar con la mano algún pez, pero fue inútil. Un tiburón dio un coletazo a la balsa y esta se hundió en la espuma. Viendo un resplandor metálico agarró un remo y empezó a golpear el pez que se había metido en la balsa. Intentó desgarrarle las escamas para poder comer carne pero era inútil ya que un pez tan grande como aquél tenía una capa dura antes de llegar a encontrar la carne. Lo consiguió y se comió un bocado del pez. Como al segundo bocado se sintió lleno decidió guardar la presa para otro momento. Pero un tiburón se la arrebató y él le descargó un fuerte golpe con uno de los remos. Pero éste se tragó la mitad del remo.

Capítulo 9:

Por la noche hacía muy mal tiempo. El oleaje era más fuerte que el día del accidente. Una ola gigantesca le tiró al agua. Se volvió a subir a la balsa, aunque perdió los dos remos que le quedaban enteros y se quedó con el que tenía solo la mitad por culpa del tiburón. Para no caerse de nuevo al mar, soltó el cinturón y se amarró a los cabos del enjaretado. La embarcación volvió a dar otra vuelta de campana. Cuando se dio cuenta, estaba debajo del agua y se estaba ahogando por culpa del cinturón que no le dejaba ir a la superficie. Hasta que pudo aflojar la hebilla i subir a la superficie. Al amanecer del octavo día, hacía una mañana tempestuosa. Volvió a tomar agua de mar. Ya se había aclarado el día. Vio a una gaviota volar por encima la balsa. Más tarde volaban grupos de gaviotas sobre la balsa. Ésta había cogido velocidad y navegaba en línea recta. El agua empezó a cambiar a un verde oscuro.

Capítulo 10:

Estuvo acompañado por la vieja gaviota durante toda la noche, ésta reposaba en la balsa. Hasta que a la mañana de mi noveno día no se marchó con una bandada de ellas. En el noveno día, a unos cinco metros de la balsa, vio una tortuga amarilla. Más tarde encontró una misteriosa raíz y se la comió. Por la noche sintió que se moría.

Capítulo 11:

En el noveno día tubo alucinaciones sobre el destructor. Le dolía la rodilla herida. En el azul intenso del cielo vio la tierra, a dos kilómetros. Empezó a remar con todas sus pocas fuerzas, después se tiró al agua buscando la tierra prometida, la cual había perdido de vista.

Capítulo 12:

Después de nadar quince minutos la vio, y al cabo de diez minutos más consiguió estar en ella, pisándola por fin. Transcurridos diez minutos después de estar en tierra intentó comerse un coco, pero era demasiado duro. Por un camino que había llegó una muchacha negra con un perro. Le pidió ayuda, pero ésta, huyó asustada. Al cabo de un rato se acercó el mismo perro, un burro y un hombre. También le pidió ayuda, éste reaccionó diferente, pero un poco negativamente, le dijo que ahora volvería. Cuando ya se iba le preguntó a qué país estaba, el otro le respondió lo que menos esperaba: Colombia.

Capítulo 13:

Cuando regresó con aquella muchacha negra de antes, que era su mujer, le llevaron a San Juan, al que se unió mucha gente para acompañarlo. Le dieron agua con azúcar para superar el viaje. A la media noche le instalaron en una casa. La gente hacía cola para verle.

El primer médico que le vio le dijo que una avioneta ya estaba de camino para llevárselo a Cartagena con su familia.

Capítulo 14:

Al llegar a Cartagena le instalaron en un hospital para curarle las heridas y recuperarse con totalidad. El hospital estaba lleno de guardias para protegerlo. Su familia lo recibió con los brazos más abiertos que nunca. Los reporteros estaban ansiosos para entrevistarle. Incluso uno se hizo pasar como médico para que le dejaran pasar a verle, le hizo dibujar un buque i una casa de campo. Al día siguiente estos dibujos firmados por Luís estaban en la portada de una revista.




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Enviado por:Nikia
Idioma: castellano
País: España

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