Historia


Levantamiento del 2 de Mayo de 1808

Universidad Central de Venezuela

Facultad de Humanidades y Educación

Escuela de Historia

Catedra: Técnicas de Investigación Documental II

Alumno: Rainer Velásquez

Levantamiento del 2 de Mayo de 1808. Preludio de Libertad.

El 2 de Mayo de 1808 será un acontecimiento de suma importancia en la España de la Era Napoleónica. Este día será recordado por la rebelión popular protagonizada por factores de la sociedad civil y con escaso pero heroico apoyo de sectores militares. La principal característica de esta jornada, será la improvisación de armas en medio del levantamiento, siendo usadas herramientas de trabajos domésticos y artesanales, la participación activa de mujeres en el combate y la aparición de líderes espontáneos surgidos en el fervor de la refriega, siendo seguidos por su caracterización y entusiasmo patriótico.

El levantamiento del 2 de Mayo, surge como una iniciativa de los sectores civiles, inconformes y molestos con la presencia de las tropas imperiales de Francia en las principales plazas fuertes y cuarteles de España, pero principalmente, está influenciado por las Abdicaciones de Bayona y la determinación del pueblo español a no tolerar la presencia de los franceses en su territorio, también el Motín de Aranjuez había puesto su parte en este conflicto, pues este golpe de estado organizado contra el Primer Ministro Godoy por los fernandistas valiéndose de capitalizar el sentimiento colectivo de desprecio que el pueblo sentía por Godoy al haberle culpado de la situación general de España, había agregado inestabilidad política a la nación ya convulsa.

La represión brutal y en cierto modo ineficaz (a mediano plazo, ya veremos por qué) llevada a cabo por el Mariscal Joachim Murat, de la rebelión, provocó la expansión de la revuelta y la insurrección generalizada de la que se desencadenaría la Guerra de Independencia Española, que en esencia representa el principio de la decadencia del I Imperio Francés. Pero para entrar en materia de lleno, es útil hacer un recorrido por los hechos de fondo que nos llevan a la jornada del Dos de Mayo.

El Tratado de Fontainebleau, firmado entre el Reino de España y el I Imperio Francés, el 27 de Octubre de 1807, coloca a ambas naciones en calidad de Aliados en la Guerra contra el Reino Unido y su aliado el Reino de Portugal. Sin embargo las tropas imperiales de Francia ya habían entrado el 18 de Octubre de 1807 en España, iban vía Portugal al mando del General Andoche Junot. El Tratado contemplaba la ocupación militar de las fuerzas conjuntas de España y Francia sobre el territorio del Reino de Portugal, con fines de combatir a Inglaterra.

Para el 30 de Octubre de 1807, ya Lisboa estaba bajo la autoridad del General Junot, y bajo control francés. Esto no impidió que continuaran llegando desde territorios del Imperio, más tropas francesas y extranjeras al servicio de Napoleón y sus mariscales. Con varios pretextos los franceses continuaron ocupando España sin provocar mucha preocupación a la monarquía de esa nación, algunos llegaron como protección de la retaguardia del General Junot, luego otros para defender a los españoles de un supuesto ataque ingles liderado por Sir Arthur Wellesley Duque de Wellington, que se estaba orquestando desde la isla y finalmente llegarían otros con el pretexto de ir hacia la “Roca”, Gibraltar, la gran base británica. En total para inicios de 1808 hay cerca de 100.000 franceses acantonados en España.

Al principio son bien recibidos por la población, al considerarlos aliados de la nación y por creer que el Emperador va a ayudarles a librarse de Manuel Godoy, el Príncipe de la Paz, que es quien realmente gobierna España y un personaje más bien tolerado a regañadientes, que respetado por el pueblo.

Debido al aumento de las tropas francesas, y la toma de posiciones no contempladas en el Tratado, que incluye plazas fuertes y cuarteles, en vista del nombramiento del General Joachim Murat como Teniente General al mando de las tropas francesas en España y al conocimiento de la llegada de este a Madrid, Godoy sugiere el traslado de la Corte y los reyes a Aranjuez, quizá los últimos movimientos de sus aliados les habían hecho sentir suspicacia ante algún cambio de planes de última hora que no convenía en sus intereses ni entraba en lo originalmente planteado. El Rey se plantea abdicar y abandonar España, como la había hecho el regente de Portugal. Al conocer los nobles y sus empleados este plan de huida, se produce un altercado entre los seguidores de Fernando Príncipe de Asturias y los partidarios de Godoy, que termina en un tumulto auspiciado por los nobles y protagonizados por el pueblo, desde el 17 al 18 de Marzo de 1808.

El resultado del motín de Aranjuez terminara con la abdicación del Rey Carlos IV en favor de su hijo Fernando quien es proclamado Rey por voluntad popular, el pueblo había elegido su gobernante, aunque este era un golpe de Estado con aires de revolución y realmente propiciado por las élites españolas. Godoy está a punto de ser linchado después de haber sido hallado escondido el 19 de Marzo en una de sus residencias, pues el pueblo se dedica a saquear todas las pertenencias y posesiones del antiguo Primer Ministro, se salva por la intervención de Fernando, que a pesar de salvarlo no duda en apresarlo.

Fernando VII espera ser reconocido por Paris como el nuevo rey de España, en lugar de esto, el General Murat, Lugarteniente de Napoleón en España le anuncia que el Emperador no lo reconoce y que por el contrario, sigue considerando a Carlos IV como único Rey de España. La inestabilidad política es la excusa perfecta para la ocupación total de Madrid por las tropas de Murat el 23 de Marzo, y no duda en usar sus habilidades políticas y militares para hacerse con el poder en España. Sin embargo se ha formado una Junta de Gobierno como representación del Rey Fernando VII y se establecen en Madrid, pero el poder efectivo quedara en las manos del General Murat, que reducirá a la Junta a un mero papel de observadores pasivos de los acontecimientos, vigilados por el mismo.

El 20 de Abril, tras una comida con Napoleón, el Rey Fernando VII se entera por información del General Savary, que el Emperador ha decidido sustituir a los Borbones del trono de España por los Bonaparte. El 22 de Abril, Carlos IV y su esposa emprenden el viaje con destino a Bayona ante la petición de Napoleón. Godoy llegara el 26 de Abril a la mencionada localidad. Entre tanto en Madrid, Murat hacia uso de su poder, esto y el rumor que se corría, sobre la intención de los franceses de regresarle el poder a Carlos IV, había hecho crecer el recelo y animosidad contra los franceses por parte de la población de Madrid, que ya estaban dando señales de descontento abucheando a los franceses donde los vieran, ya fuese que se los encontraran en un lugar destacados o desfilando por una calle.

Para el 27 de Abril, Murat presento a la Junta de Gobierno una autorización de Carlos IV, solicitando el envío de sus hijos, María Luisa Reina de Etruria y el infante Francisco de Paula desde Madrid a Bayona, la Junta se negó, pero a instancias de una reunión sostenida con Murat la noche del 1 al 2 de Mayo y por la llegada de un emisario enviado por Fernando VII accedieron finalmente.

Los reyes padres llegarían el 30 de Abril a Bayona, las negociaciones se habían demorado debido a este retraso y la determinación de Napoleón de no usar la violencia para concretar sus planes con los reyes y los protagonistas del motín de Aranjuez. Napoleón sentía respeto y hasta simpatía solo por Carlos IV, suponemos que por eso se mantuvo bajo lineamientos de honor y consideración ante este, no sería así con Fernando VII, la Reina Madre y Godoy “el Príncipe de la Paz”. Evidencia de esto lo tenemos en los hechos históricos, pues para el momento de la reunión, el 1 de Mayo después de una comida en Bayona, con los cuatro protagonistas de los hechos de Aranjuez, Napoleón citó a Fernando VII y a los Reyes padres apoyados y escoltados por los franceses, para reunirse con él, a dicha reunión no llamo a Godoy. Una vez todos reunidos, obligo a Fernando VII a abdicar en favor de Carlos IV bajo amenazas y palabras nada sutiles. Luego de esta reunión escribiría a Talleryrand uno de sus más influyentes funcionarios imperiales; “El Rey de España es bueno, recto, franco y no imagina todo lo que pasa a su alrededor… El Príncipe de Asturias es muy tonto, muy malo, muy enemigo de Francia”. ¿Y la Reina? “su fisionomía es reflejo de su corazón y de su historia; con eso os digo todo. Es algo que supera todo lo que se pueda imaginar.” En cuanto al Príncipe de la Paz, “parece un toro1”.

Napoleón le da una rápida solución a esta encerrona diplomática en la que no se quería ver inmiscuido y de una vez sin pensárselo mucho le quita la Corona a Fernando VII y se la da a Carlos IV. A su vez Carlos IV abdica en favor de Napoleón teniendo asegurada en Francia una acomodada jubilación a cambio de su colaboración. “Así se vio consumada la expoliación más inicua que la historia moderna recuerda2”, juzga el General Marbot.

En una de sus jugadas políticas, Napoleón orden a José, su hermano, que renuncie al Trono de Nápoles por el de España y nombra a Joachim Murat Rey en su lugar. Murat que soñaba con el Reino de España, enfermara de despecho al saber esta resolución del Emperador unas semanas después, cuando se encuentra en medio del desastre militar de España.

Paralelo a los acontecimientos políticos de Bayona, en Madrid, la población, que como es natural no sabe jugar a la política ni finge tolerar lo intolerable, hace como era de esperarse, lo que sabe hacer y demuestran su descontento ante la cada vez más reforzada y numerosa ocupación francesa en el corazón de su ciudad y de los edificios militares y gubernamentales más importantes, gritándoles; franchutes, mosiús y gabachos. El rechazo es espontaneo y el ejército francés, no estaba dispuesto a tolerar las muestras de descontento que les obsequiaban los madrileños, en su mayoría mujeres, lo que produjo más de un altercado entre civiles y militares cuando estos últimos intentaban “meter en cintura” a los primeros. Este tipo de altercados es común en casos de ocupación forzosa o con planes de pacificación, y la experiencia así como la Historia nos dicen que lo último que hacen estas ocupaciones pacificadoras, es justamente eso, pacificar.

Los franceses no estaban acostumbrados a este tipo de resistencia pasiva, así que viéndose o sintiéndose ofendidos, no dudaban en usar su aventajada posición para defenderse o “mantener el orden”. Tantos fueron estos episodios que el General Murat ordeno a sus tropas asumir posiciones clave dentro de la ciudad. Tras varios encontronazos de cierta importancia, el General Fernando de La Vera, Gobernador Militar de Madrid se reúne con las autoridades francesas para obtener de ellos su palabra de lealtad y apego a los términos de la Alianza firmada entre los gobiernos de ambos bandos, a cambio del respeto y apego a los puntos del Tratado, el General de La Vera daría la orden a todas sus tropas en Madrid de permanecer en sus cuarteles a fin de evitar altercados con el ejército francés.

Todo esto no evitaría que el 1 de Mayo algunos madrileños intercambiaran insultos y uno que otro manotazo con sus huéspedes franceses. Murat, ya harto de toda esta intercalada de episodios ordena a sus tropas asumir verdadera actitud y posiciones de conquistadores y capturan los edificios y palacios de gobierno sometiendo incluso a los funcionarios civiles, militares y reales dentro de los mismos. Esto solo sirve para hacer más intolerable la situación ante la población de Madrid, que no escatima en esfuerzos a la hora de manifestar su descontento ante el ocupante francés.

Al anochecer de ese mismo 1 de Mayo, Murat somete a la Junta de Gobierno para conseguir el traslado de los hijos de Carlos IV a Bayona, un emisario de Fernando VII acabaría por facilitarle las cosas. El Mariscal francés hace arreglos para que en las primeras horas de la mañana del 2 de Mayo, se traslade a las personalidades reales fuera de Madrid. Todo parece estar saliéndole bien al hombre de confianza de Napoleón en Madrid.

El 2 de Mayo de 1808, a primera hora de la mañana, el pueblo estaba alerta y ya receloso ente las tropas francesas en las cercanías del Palacio Real. Corrían rumores sobre los planes del General Murat de llevarse a Francia a los hijos de Carlos IV. Los fernandistas se mantuvieron en los alrededores del Palacio observadores e inquietos ante cualquier movimiento francés. El Mariscal francés estaba en la plaza liderando la compañía militar que ocupaba las inmediaciones del Palacio. Llega un carruaje, Murat comienza a dar órdenes y a apurar a los soldados, a la salida de este primer carruaje le sigue la llegada de otro del mismo tamaño. Lo que no sabían aun los madrileños es que el primer carruaje que salió de la plaza del Palacio llevaba a María Luisa Ex-Reina de Etruria.

Un maestro cerrajero, de nombre José Blas de Molina, que tenía residencia en las cercanías del Palacio y estaba acostumbrado a los movimientos de entradas y salidas del edificio real y sabía bien identificar las situaciones que se presentaban en el Palacio cuando entraban o salían personalidades del mismo, acostumbrado como estaba a la dinámica del Palacio, fue el primero en sospechar la treta de los franceses y ante un descuido de Murat, se acerca velozmente al segundo carruaje que estaba detenido frente al Palacio Real, miro dentro y no vio personas a bordo, entonces volteo a mirar hacia el Palacio y vio a los soldados franceses llevando al Infante Francisco de Paula al carruaje.

Entonces grito; “traición, que nos lo llevan, nos ha quitado a nuestro rey y ahora quieren llevarse a todos los miembros de la familia real, muerte a los franceses”.

Los gritos de indignación no se hacen esperar, le gente parecía haber estado esperando largamente una excusa para gritarle a los franceses todo lo que tenían represado en la garganta y al fin tenían la oportunidad perfecta para hacerlo. A los gritos siguieron las piedras, tomates, botellas y trozos de todo lo que fuese posible arrojar sobre los soldados de Napoleón. Ante el cambio de clima, Murat grita varias órdenes rápidamente, al tiempo que ordena poner al Infante a resguardo. Al momento las tropas francesas están en posición de disparar sobre la población.

Al clamor de Blas de Molina, se unió el Teniente Coronel de Infantería Rodrigo López de Ayala y Varona, Oficial de Guardia y Mayordomo de la Semana en el Palacio, y grito a la población que se preparara y se armara con lo que fuese que tuviese a mano. Así más o manos organizados el pueblo se preparaba entre gritos y pedradas para tomar por asalto el Palacio. Murat, curtido de experiencia en estos casos, no tarda en intuir las intenciones de la población, así que ordena rápidamente a una pieza de Artillería de la que dispone para el momento, que se aposte en las puestas del Palacio. Las maniobras de los soldados y la breve vista del Infante en cautiverio aumentaron la rabia y los gritos del pueblo.

Al grito de los más caracterizados entre el gentío, se produjo un precario intento de asalto al Palacio, la orden de Murat no se hizo esperar, “ouvrir le feu”,grito el General francés,al instante el sonido ensordecedor del cañón rompió la alianza entre el I imperio Francés y el Reino de España. Al deseo de recuperar al Infante y evitar su traslado se unió el sentimiento de frustración y venganza por los caídos, el pueblo vuelve lanzarse sobre el Palacio y Murat ordena esta vez a los Guardias Imperiales alineados en tres filas abrir fuego de arcabuces en disciplinado orden marcial, disparan los de la primera línea y la metralla cae sobre el pueblo, se agachan para recargar y los de la segunda abren fuego, mas españoles caen en la Plaza Real, cuando la tercera fila abre fuego, los madrileños están cerca y ya determinados a expulsar a los franceses de toda España, el propio Murat desenvaina su sable de General y los Guardias Imperiales cargan a bayonetas.

En medio del fragor del combate algunos de los amotinados corren por las calles de Madrid gritando a voces lo que ocurre en los alrededores del Palacio Real. Los vecinos no lo piensan dos veces y se arman de lo que sea y salen a las calles a atacar a los soldados franceses. Ha comenzado el Levantamiento Popular del 2 de Mayo.

Murat ordena a sus tropas entrar en Madrid, ha enviado soldados a dar señales a sus compañeros acantonados en las afueras de la ciudad, la población entiende que la posesión del Palacio es tarea imposible y se aprestan a tomar posiciones en las puertas de la Capital para detener el avance del Ejercito Imperial. De esta necesidad surgen líderes espontáneos que organizan a la gente por barriadas, las mujeres se asoman a las ventanas con macetas, objetos pesados y recipientes con agua caliente para arrojarlos sobre los franceses, los hombres se aprestan con machetes, navajas, picos, palas, rastrillos, martillos y garrotes, las mujeres no se quedan atrás y salen de sus casas y talleres armadas con sartenes, palos, rodillos, agujas de tejer, cuchillos y tijeras grandes y alguna que otra así como los hombres, levantará las armas que los franceses heridos o muertos dejan caer al suelo. La situación ya es una revuelta generalizada en toda la ciudad.

El General Murat orden a sus hombres en el Palacio salir con él a combatir calle por calle, al mismo tiempo ordena a los oficiales que vienen entrando a la ciudad que se concentren alrededor de la ciudad de forma concéntrica y vallan barriendo a su paso con los rebeldes hasta concentrarse todos de nuevo en el centro de Madrid. En esta jornada sangrienta cientos de soldados franceses cayeron ante las masas del pueblo, que por supuesto tuvo más perdidas ente el paso de tropas profesionales y mejor equipados, pero someter Madrid no resulto ser el juego de niños que Murat esperaba, sin buen si estrategia no fue ineficiente de ninguna manera, tampoco dio los resultados rápidos que él esperaba.

No faltaron los degollamientos y puñaladas sobre los soldados franceses, por lo que el General Murat tuvo que aumentar el nivel de combate de sus tropas y ordeno a los mamelucos (cuerpo de mercenarios árabes, equipados y adiestrados) y a los lanceros imperiales, arremeter en sendas cargas contra la población civil. Cabe destacar que estas unidades de infantería y caballería pasadas siempre habían sido utilizadas en frentes militares contra tropas profesionales, por lo que su efectividad contra los civiles de Madrid es inútil comentar, salvo en el aspecto de la crueldad y brutalidad con la que estos disfrutaron el cumplimiento de su misión en aquella oportunidad. Arremetieron contra hombres, mujeres y ancianos por igual, atravesando, decapitando y destajando a su paso por entre las masas de los levantados contra los franceses. No hubo cuartel con la población de los barrios aledaños al Palacio.

Los militares españoles permanecieron pasivos durante la jornada, siguiendo órdenes del Capital General Francisco Javier Negrete, uno de los que el día anterior había dado su palabra de no permitir enfrentamientos entre ambos ejércitos.

En el Parque de Artillería de Monteleon, se encontraba el Capitán Luis Daoiz, prácticamente prisionero de una guarnición de 80 soldados franceses acantonados desde hace varios días en el castillo. La guarnición de Daoiz son cuatro oficiales, tres sub-oficiales y 10 soldados. Pedro Velarde otro Capitán y experto Artillero, al escuchar los primeros disparos salió de su cuartel y consiguió que un Coronel de voluntarios le entregara el mando de la 3º Compañía del 2º Batallón con 33 hombres y 2 oficiales, con esta guarnición se dirige Velarde a Monteleon. Una vez allí, consigue la rendición de la unidad francesa en el castillo, abiertas las puertas del Parque de armas, desarman a los franceses y los expulsan del Cuartel. Acto seguido, se produce una tensa conversación entra Daoiz y Velarde, el primero están entre obedecer las órdenes que tiene de no intervenir, el segundo le reprocha; “Es preciso batirnos; es preciso morir; vamos a batirnos con los franceses.”

Los dos capitanes se aprestan para la defensa del Parque de Artillería de Monteleon y así comenzara el un Capitulo heroico dentro de esta Epopeya encabezada por el pueblo de Madrid. Ambos hombre convienen que es mejor proveer de armas al pueblo y abrirles las puertas para que entren y se incorporen a la defensa del castillo.

El Capitán Luis Daoiz, se coloca frente a las puertas de Monteleon, con el están cuatro piezas de artillería provisionados de botes de metralla, también tiene a su mando un pequeño pelotón de fusileros para defender los cañones, por su lado el Capitán Pedro Velarde, ha distribuido a 120 hombres entre fusilero, artillero y paisanos, por secciones sobre los muros del Parque al mando de oficiales que dirijan las metrallas de fusiles. Cuando los primeros soldados franceses intentaron tomar por asalto el castillo, los cuatro cañones de las puertas de Monteleon sonaron, causando muchas bajas entre los franceses, un segundo asalto fue intentado pero esta vez los fusileros detuvieron a la infantería Imperial dando tiempo de recargar los cañones.

Daoiz no paraba de dar órdenes ni daba tregua a los franceses, Velarde supervisaba las acciones defensivas de los muros sección por sección en compañía del Teniente Jacinto Ruiz su segundo al mando, solo se detenían cuando lo veían necesario y eso para disparar. Otras dos cargas de infantería Imperial fueros eficazmente rechazadas por la defensa de Monteleon. En el Castillo, civiles y militares han formado un solo cuerpo de españoles decididos a ser libre de los franceses, entre los civiles hay muchas mujeres que sirven de enfermeras, artilleras, reemplazos de los muertos, llevando y trasportando municiones a peticiones de los combatientes, entre esas mujeres diligentes y heroicas se encuentra Clara del Rey, quien sirve transportando municiones y animando en todo momento a los hombres a no desmayar en el combate hasta vencer.

Tres horas de combate habían transcurrido, Murat al tanto de la situación envía al General Joseph LaGrange con tropas de caballería pesada e infantería reforzada con cuatro cañones, su objetivo es reducir las defensas de Monteleon y tomar el Parque de Artillería. LaGrange toma posiciones y envía a la caballería de primer asalto, son rechazados por completo por los fusiles de Velarde, cuando se encontraban en franca desbandada, los cañones de Daoiz terminaron de hacer el trabajo y de paso alcanzaron varias piezas de artillería francesa dejándolos inútiles. LaGrange ordena otro asalto de infantería y son igualmente repelidos y rechazados ante las murallas de Monteleon.

Tras horas de combate, escasean las municiones, y LaGrange ha reunido 2.000 Guardias Imperiales para el asalto final sobre Monteleon. Los españoles guardan las balas que les quedan y esperan la cercanía de las tropas francesas y de sus aliados extranjeros. Abren fuego los defensores y las bajas francesas son significativas, vuelven a disparar y continúan cayendo las tropas Imperiales que aun con todo, continuaran su avance frenético sobre sus camaradas muertos.

El Capitán Daoiz ya estaba herido en un muslo cuando los primero soldados enemigos se lanzan sobre las piezas de artillería en las puertas de Monteleon, Daoiz combatirá con su sable junto a sus hombres y los cañones, desde los muros se sigue disparando, la voz de Clara del Rey ya no se escucha, yace muerta junto a los cañones, la defensa de la puerta del Castillo es digna y heroica, pero después de un rato de combate y ante enemigos que lo superan en número, Daoiz es alcanzado por varias bayonetas francesas, aun así continua blandiendo su sable, unos soldados lo sacan de la zona de combate en el acto y lo llevan a su casa donde llega con vida, pero morirá horas después.

El Capitán Velarde continúa su defensa del cuartel, sabe que han caído las puertas, así que ordena concentrar fuego al centro del patio del fuerte, donde están los franceses y la Guardia Noble Polaca, primer cuerpo no francés en entrar en Monteleon. Otros tantos soldados imperiales caen ante el fuego patriota español. Velarde luchaba con su sable contra los invasores cuando un Oficial polaco frente a él le dispara con su pistola, Velarde muere allí mismo, el Teniente Ruiz lucha sin descanso matando e hiriendo enemigos cuando varios soldados franceses lo rodean y la causan sendas heridas, con todo Ruiz no morirá en el sitio de Monteleon, sino unos meses más tarde en su casa en Extremadura.

Murat había reprimido el levantamiento ahogándolo en sangre, ordeno asesinar a todos los detenidos que tuviesen en las manos objetos presumibles de ser usados como armas, familias enteras incluyendo niños y ancianos fueron brutalmente masacrados, los franceses se ensañan con los militares españoles capturados en calidad de prisioneros, mamelucosy Guardias Imperiales, van de calle en calle y de casa en casa matando indiscriminadamente, no conforme con la crueldad de sus tropas, el General Murat ordena que todos los que hayan sido capturados con armas el 2 de Mayo, sean fusilados para el día 3 del mismo mes. La orden se cumple a cabalidad y el pintor español Francisco de Goya no duda en retratar los hechos unos años después (específicamente en 1814) en su obra; Los fusilamientos de la montaña de Príncipe Pío.

Madrid fue sometida en un día, pero sería este un día que pesaría para siempre en el I Imperio Francés, de esta rebelión popular surgiría una espada que se clavaria en el costado del Imperio, causándole una herida de la que nunca se recuperara. El 2 de Mayo de 1808 es el germen de la Guerra de Independencia y el principio de la Revolución Española. Aunque para Carlos IV, la revolución no era precisamente lo que él quería para España, cabe suponer que el concepto que tenía el anterior Rey de este proceso social y político que llamamos Revolución, era uno que iba en detrimento de la Monarquía y la transformación del Estado, como había sido en el caso francés, el cual seguramente había tomado como referencia a su juicio.

Cuando Carlos IV fue informado de los eventos en Madrid manifestó; “… había reinado para la felicidad de mis súbditos y no quiero dejarles la guerra civil, la revuelta, las juntas populares y la revolución3”. Lo que no sabía el viejo Rey es que este pueblo español no tenía los conceptos republicanos de los franceses, ni eran contrarios a la Monarquía, luchaban con feroz tenacidad por su país, para verse libres y volver a tener en su Trono a un Rey español, luchaban contra los despreciados franceses no solo por el odio natural al ocupante, sino también por la aversión de los españoles profundamente católicos ante el ferviente anticleralismo de los soldados de la Revolución Francesa, los españoles protagonistas del levantamiento de Madrid y en general de toda España eran católicos y partidarios de la Monarquía, no republicanos, para que en España se comenzara a soñar con tiempos de Republica tendrían que pasar 65 años y sería un sueño efímero.

El grito de los sublevados era “Viva España. Viva el Rey”…, esta era una revolución completamente nueva, favorable a la Monarquía y la Independencia, pero sobre todo favorable a la Monarquía. El marco ideológico de la lucha independentista española esta resumido en un extracto del Manifiesto de la Junta Suprema del Reino a la Nación Española desde Sevilla, un año después del levantamiento de Madrid, el Manifiesto expresaba; “Una posición política nueva enteramente, inspiró formas y principios políticos absolutamente nuevos. Expeler a los franceses, y restituir a su libertad y a su trono a nuestro adorado rey y establecer bases sólidas y permanentes de un buen gobierno, son las máximas que dieron impulso a nuestra revolución, son las que la sostienen y dirigen, y aquel gobierno será mejor que más bien afiance y asegure estos tres votos de la nación española4”.

Sea cual fuese el trasfondo ideológico de estos hechos, es claro que su mayor aporte, fue el brindar a España los principios mínimos para la lucha por la independencia. El Levantamiento popular del 2 de Mayo de 1808 en Madrid, fue detonante, excusa y causa, para la insurrección general y hacer a un lado definitivamente aquella tolerancia amargamente dispensada de los españoles ante la ocupación de los franceses y que terminaría en la guerra formal declarada por el Reino de España contra el I Imperio Francés.

En la tarde del mismo 2 de Mayo, unos fugitivos de la represión francesa contra la población, llegaría a la Villa de Móstoles y harían de conocimiento público los hechos y sucesos de Madrid, ante esto, un importante Funcionario político llamado, Juan Pérez Villamil, Secretario del Almirantazgo y Fiscal del Supremo Consejo de Guerra, hizo firmar a los Alcaldes del pueblo un bando en que llamaba a todos los españoles a luchar contra los franceses comenzando por acudir en auxilio de la ciudad Capital. Esta era la primera acción Oficial contra los franceses en España. Lo que sigue, será la guerra que más daños le costó a Napoleón y más coyunturas abriría para los enemigos ingleses, mostrándoles como vencer al Imperio.

Como habíamos dicho líneas atrás, la espada española había herido de gravedad al I Imperio Francés, y este no se recuperaría nunca de aquella estocada independentista. El 2 de Mayo de 1808, esa jornada violentamente heroica, dignamente enfurecida y salvaje, despertaría de una vez y para siempre el deseo de todo un pueblo por la libertad y la emancipación. Pese a que no podemos negar que ese primer asalto de este combate, fue indiscutiblemente ganado por los franceses, que sometieron Madrid bajo su poder. Los madrileños a precio de sangre y fuego habían desenmascarado y puesto al descubierto las intenciones reales de los franceses, ante quienes la Monarquía mostraba un servilismo y sumisión propia de quienes no tienen la fuerza de voluntad y carácter necesarios para poner límites ante abusos en nombre de la buena fe. El pueblo hizo lo que el Rey no se atrevió a hacer. El levantamiento popular de Madrid, demostró que la necesidad de expulsar a los franceses del territorio español, no era solo cuestión de los madrileños, sino que era ya una Causa Nacional, un Deber Moral, era la Bandera de la Revolución, un sentimiento nacional y colectivo, cuya madre era la rebelión popular del 2 de Mayo. Ya tenían una Causa. Con esta determinación nacida en el Corazón de Madrid y en el corazón de los madrileños, los españoles soñaron con la Libertad.

Escribirá el Emperador Napoleón Bonaparte estando en el exilio, en Santa Elena; “Todas las circunstancias de mis desastres vienen a vincularse con este nudo fatal; la guerra de España destruyo mi reputación en Europa, enmaraño mis dificultades, abrió una escuela para los soldados ingleses. Fui yo quien formo al ejército británico en la península5”.

Anexo

El Abrumador Balance de la Guerra de España.

El número de soldados del Gran Ejercito muertos en el transcurso de la guerra de España alcanzaría la cifra de 110.000, según trabajos de Jean Houdaille, estadístico en el Ined (Instituto nacional de estudios demográficos de Francia). Sus dos estudios publicados en 1970 y 1972,6efectuados a partir de números de matrículas de soldados que sirvieron entre 1808 y 1815, permiten, en primer lugar, conocer el balance total de las bajas de los ejércitos imperiales: sobre los dos millones de soldados que fueron enrolados (franceses o anexos), 900.000 murieron en combate, bien en los hospitales, bien en cautividad. Una estimación muy delicada de hacer ya que el Imperio reclutaba mucho más allá de las fronteras naturales d Francia. Pero Jean Houdaille ha conseguido eliminar a esos soldados “extranjeros”. Por lo tanto, casi uno de cada dos hombres murió en el curso de esos doce años. Según el, contrariamente a muchos lugares comunes, la campaña más mortífera fue la de Alemania, en 1813, con 254.000 muertos, seguida por Rusia (243.000), y luego la de España con 110.000 decesos.

“La guerra de España, donde las tropas imperiales sufrieron sus primeros reveses, causo tanta más impresión a los espíritus cuanto que fue en curso de esta campaña donde hubo el mayor número de muertos en combate”, escribe Jean Houdalle. En efecto, 31.000 soldado murieron en el campo de batalla, por 7.000 en Rusia y 19.000 en Alemania. Hay dos razones para ello: en primer lugar la duración de este conflicto, incomparable con las otras campañas del Imperio, mucho más rápidas, y, por lo tanto, el número de confrontaciones con los ejércitos británicos, españoles y portugueses fue más elevado. También hay que tomar en cuenta el temible poder de fuego de los ingleses y su destructiva disciplina de tiro, ya que Wellington eligió librar combates defensivos procurando siempre tener sus tropas bien parapetadas.

La mortalidad en los hospitales es aún más elevada: 58.000 decesos debidos a las fiebres y a las fiebres y la inexistencia del servicio de salud en los ejércitos imperiales. Si sumamos las muertes en los hospitales a las bajas en combate (o sea, 89.000 muertos), se puede deducir, del balance total, las bajas causadas por la guerrilla. Estas serían entonces de 21.000 soldados franceses o extranjeros. Jean Houdaille señala por otro lado que “no todos los prisioneros murieron a causa de, los malos tratos sufridos en España, como afirman los manuales de historia un poco a la ligera”. Según él, “hubo 4.000 regresos de España, antes del fin de las hostilidades, de los que la cuarte parte fueron por evasión, y 19.000 entre Mayo y Septiembre de 1814”.

Por último, precisa que “las estimaciones de los contemporáneos son mucho más pesimistas”. “esta España que yo abandonaba y que en cinco años había devorado el equivalente de lo que todos los hielo de Rusia acababan de aniquilar en cinco semanas7”, escribe en efecto el General Thiébault. “Calculo que en trasncurso de los seis años que han transcurrido desde principios de 1808 hasta finales de 1813, los franceses han perdido en la Península Ibérica 200.000 hombres, muertos en combate o fallecidos en los hospitales, a los que hay que añadir los 60.000 perdidos por nuestros aliados de distintas naciones8”, escribe el General Marbot9.

Bibliografía.

  • MAYLE, Françoise, Napoleón y la Locura Española. EDAF. Paris 2007.

  • VOVELLE, Michel, CHUST, Manuel, SERRANO, José A. Escarapelas y Coronas. Las Revoluciones Continentales en América y Europa, 1776-1835. Editorial ALFA Caracas-Venezuela 1012.

  • PÉREZ-REVERTE, Arturo, Un Día de Cólera. Editorial Alfaguara. México 2008.

  • MARBOT, Jean-Baptiste, Barón de, Mémoires du Général barón de Marbot, 3 vols., Paris 1891.

  • THIÉBAULT, Paul Charles François Dieudonné, Général, barón, Mémoires du Général barón Thiébault, 5 vols., Paris, 1893-1895. Reedición, Paris, 2005.

1 Mayle Françoise. Napoleón y la Locura Española. Edaf. Paris, 2007, p. 52.

2 Mayle Françoise. Napoleón y la Locura Española. Edaf. Paris, 2007, p. 52. Marbot, op. Cit., p. 43.

3 Vovelle Michel, Chust Manuel y Serrano José A. Escarapelas y Coronas. Las revoluciones continentales en América y Europa, 1776-1835, pag 27. La cita presente en el mencionado trabajo de exposición y debate sobre las revoluciones independentistas, es una cita tomada de una fuente más antigua del historiador y eclesiástico Juan Antonio Llorente, Mémories pour servir à l´ historie de la révolution espagnole, publicada en francés en Paris, 1814-1816, la cita se encuentra en el Volumen 1, p 47.

4 La Junta Suprema del Reyno a la Nación Española. Sevilla, 28 de Octubre de 1809, p. 6.

5 Mayle Françoise. Napoleón y la Locura Española. Edaf. Paris, 2007, p. 9.

6 Jean Houdaille, “Le problème des pertes de guerre”, Revue d´ hidtoire moderne et contemporaine, 1970; y “Pertes de lármee de terre sous le premier Empire d´après les registres matricules”, Populations, Ined, vol. 27, nº I, pp. 27-50.

7 Thiébault, Memorias… cit., p. 1101.

8 Marbot, Memorias, cit., II, p. 484.

9 Mayle Françoise. Napoleón y la Locura Española. Edaf. Paris, 2007, págs. 257-259.




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Enviado por:Rainer Velasquez
Idioma: castellano
País: Venezuela

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