Literatura


Lazarillo de Tormes


El Lazarillo de Tormes.

Personajes.

Lenguaje y estilo.

Escenario y tiempo.

Sociedad y costumbres.

Creatividad.

CARACTERIZACIÓN GLOBAL

El año 1554, en las postrimerías del reinado de Carlos V, apareció con muy poca diferencia de tiempo, en las ciudades de Burgos, Alcalá y Amberes, una curiosa y breve obra narrativa que estaría destinada a producir un gran impacto. Su título era: "La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades". Desde entonces hasta ahora, su autor ha permanecido en el anonimato. Este genial escritor, posiblemente nunca imaginó que su novela marcaría un hito importante en la historia de la Literatura; menos que ella iba a ser analiza y discutida interminablemente.

La novela en cuestión cuenta la vida de un joven pícaro, de un vagabundo que pasa por el servicio de muchos amos. El mismo narra su vida cuando ya es un hombre adulto. La mayoría de los capítulos están centrados en cada uno de los amos que tuvo. La obra está dividida en siete "tratados" o capítulos. Los tres primeros y el quinto son los más extensos, más elaborados y de mayor relevancia. Los otros, aunque más breves, también son importantes y bien elaborados.

Todos los acontecimientos y todos los personajes que aparecen en esta obra están enfocados desde el punto de vista del pícaro, que es el narrador y el protagonista. Esto es fundamental para comprender el sentido de la obra. La clave de todo está en el último tratado.

MOTIVOS

En esta novela encontramos varios motivos que van configurando el acontecer narrado. Algunos aparecen en forma recurrente, y otros en forma aislada.

Podría afirmarse que el motivo dominante es el hambre. Desde su infancia, Lázaro recuerda que ha pasado necesidad, puesto que su padre tuvo que robar para sustentar a su familia. Luego, su madre, una vez viuda, tuvo que trasladarse a Salamanca y trabajar duramente. Allí encontró a Zayde, quien también roba para ayudar a su sustento. La penuria continúa con el ciego, quien le proporciona escasa comida; peor le sucede con el clérigo de Maqueda. A ambos tiene que hurtarles con mucho ingenio. Con el escudero también pasa hambre, pero lo disculpa, porque resultó buen amigo y no fue mezquino. Con el fraile de la Merced disfrutó de las amistades de su amo y con el buldero comió bien, no pasó necesidades, pero gracias al engaño. A esta altura de su vida, a Lázaro ya no le importa cómo se gane la vida. Con los otros amos, ya el hambre desaparece, incluso es invitado a la mesa del señor Arcipreste, la cual no sería muy franciscana, sobre todo en los días de fiesta.

Otro motivo es la avaricia, la mezquindad, que aparece en los tratados primero y segundo.

Habría que agregar el motivo de la soledad y desamparo. La madre, al verse sola y sin protección, se arrima al negro. Lázaro, a su vez, a pesar de estar primero con el ciego y después con el clérigo, se siente solo, ya que estos dos no se preocupan mayormente de él como ser humano, no le proporcionaban afecto. En cambio, su relación con el escudero será diferente.

Un cuarto motivo es la falta de sinceridad; esto es, la hipocresía, la falsedad, el engaño. El ciego engaña a la madre del niño al comprometerse a tratarlo como hijo; engaña a las mujeres que le encomiendan oraciones. El clérigo engaña con lo más sagrado de su sacerdocio: la misa, pues pone más atención al ruido de las monedas que a la liturgia misma. El escudero engaña a medio mundo con su caminar airoso y arrogante de gran señor. Culmina esto con el buldero, que engaña con milagros que no son tales, en CONNIVENCIA con el alguacil, quien es otro pillo.

El motivo del engaño, junto con el hambre, en nuestra opinión, son fundamentales en el desarrollo del acontecer novelesco, puesto que van a influir en el cambio de actitud de Lázaro frente a la vida y la moral. Al ver que todos mienten y engañan, Lázaro pierde la fe en los hombres, ve que cada persona busca su propio beneficio, sin importarle lo que pase con los demás. El hambre, la extrema necesidad, obligan a muchas personas a saltar por encima de las vallas de la moral. Por eso, cuando alcanzan una buena situación, no le preocupa nada más.

PERSONAJES

Uno de los grandes méritos de esta novela radica en la caracterización de los personajes y sus relaciones con el narrador-protagonista.

Se ha dicho que sólo los tres primeros tratados fueron definitivamente concluidos por el autor anónimo, porque en ellos los personajes están muy bien dibujados; en cambio, los cuatro restantes serían nada más que bocetos, estarían inconclusos, porque son muy breves. O también que los tres capítulos iniciales son más extensos y detallados, porque aluden a circunstancias que fueron más decisivas en la formación de Lázaro. Los personajes de los cuatro últimos, con la excepción del buldero, no necesitaban ser más extensos y elaborados.

Los personajes los podemos clasificar, de acuerdo a su caracterización, del siguiente modo:

1.- Personajes en relieve, de mucha importancia en es destino de Lázaro y en su formación:

El ciego.

El clérigo de Maqueda.

El escudero.

El buldero.

2.- Personajes sólo abocetados, pero que alguna importancia tuvieron en la vida del narrador-protagonista:

El Arcipreste de San Salvador.

El capellán.

La madre, Antona Pérez.

3.- Personajes incidentales, sólo mencionados de paso:

El padre, Tomé González

Zayde, el moro.

El fraile de la Merced.

La esposa de Lázaro y criada del Arcipreste.

El alguacil del cual fue ayudante.

Llama la atención que, salvo los padres y el moro, ninguno de estos personajes aparezca con nombre propio. Es posible que se deba a la intención del autor de presentar personajes pertenecientes a la tradición folclórica o bien porque quería mostrar tipo humanos más que personas.

  • Lázaro de Tormes: Es el eje de la obra, porque en torno a él gira toda la acción novelesca, salvo en el quinto tratado, en que es un mero espectador. Sin duda, es un personaje literario interesantísimo y de trascendencia posterior, cuya personalidad nos la revela él mismo casi sin querer. Comienza siendo (como todo niño) sano, ingenuo y franco, y se sorprende ante lo que va descubriendo a medida que crece. Es de natural alegre, espontáneo, ingenioso y magnánimo cuando advierte bondad, pero es vengativo cuando abusan de su debilidad. Su experiencia existencial es muy dura, adquirida con muchos golpes, en sentido literal y figurado; por lo general, se refiere a sus amos con cierta ironía, sin llegar al sarcasmo. Se venga cruelmente del malvado ciego, pero después se arrepiente y reconoce lo que éste le enseñó. Al final termina aprendiendo de todos sus amos y convirtiéndose también él en un hombre de moral bastante elástica y permisiva. Al igual que su madre, al final opta por "allegarse a los buenos"; es decir, a los que pueden ayudarlo, sin importarle las condiciones. Él también aspira ser alguien, y por eso, cuando reúne algún dinero, se compra un traje y una espada. En buenas cuentas, Lazarillo, el niño, al convertirse en Lázaro, el hombre, aplica todo lo aprendido de la sociedad en que se ha desenvuelto. El no tiene la culpa de carecer de un rígido código moral. Es una víctima de la moral social. El nombre de Lázaro provendría del episodio evangélico del rico Epulón, que arrojaba las sobras de su mesa a un pobre mendigo. También podría derivar de San Lázaro, el patrono de los leprosos. En todo caso, tanto el nombre como el personaje pertenecen a la tradición folclórica, la que se mantiene hasta hoy al designar con este apelativo a los guías de los ciegos.

  • El ciego: También pertenece a la tradición folclórica, pictórica y literaria. Por otra parte, era casi una costumbre en esos tiempos, que las familias muy pobres entregaran uno de sus hijos a un ciego. No hace mucho se descubrió en Toledo un documento, que es un contrato ante notario, mediante el cual un hombre le entrega su hijo (llamado justamente Lázaro) a un ciego para que le sirva como criado, a cambio de comida y ropa. Esta escritura está publicada en 1555; es decir, el año siguiente de la publicación de “El Lazarillo de Tormes”. El ciego que aparece en la novela es un hombre notable por muchos aspectos. En primer lugar está la habilidad extremada para sacar provecho a la credulidad de la gente, haciendo gala de una gama increíble de conocimientos y aptitudes. Por eso su mozo nos dice que él que “ganaba más en un mes que cien ciegos en un año”. Pero es hipócrita, falso y cruel. Promete tratar como hijo a Lázaro y lo golpea sin misericordia, a la vez que lo hace pasar hambre; finge que reza y no lo hace. Sus malos tratos son causa que de Lázaro comience a odiarlo, hasta llegar a un punto máximo, cuando lo hace chocar contra un poste de piedra. El proceso de aprendizaje del Lazarillo comienza con su cabezazo contra el toro de Salamanca, y termina con el cabezazo del ciego. Sin embargo, más tarde, Lázaro recordará muchas veces al anciano ciego, primero con rencor y después con gratitud, por haberle enseñado a vivir en un mundo tan hostil. Por eso declara con franqueza: “Después de Dios, él me dio industria para llegar al estado en que ahora estoy”.

  • El clérigo de Maqueda: La imagen del sacerdote que no cumple bien sus deberes con Dios y con sus hermanos estaba también en la tradición. El narrador-protagonista exagera los rasgos del sacerdote hasta el límite de lo inverosímil. Claro está que el sentido del humor y la gracia del relato disminuyen lo odioso de la situación. Hay que dejar en claro que en este amargo episodio no hay ataque a la fe católica ni a la Iglesia como institución. Aquí sólo se critica a un mal religioso.

  • El escudero: La mayoría de los lectores consideran el tratado tercero como el mejor de la obra. Este personaje, al comienzo, engaña a Lázaro y al lector. Por su traje, su talante y su andar pausado, lo creemos un gran señor, y después descubrimos que es pobre de solemnidad. Todo su actuar es apariencia. Está en esta triste situación por un exagerado y mal entendido concepto de la honra y del respeto que le deben los demás. Podría estar en su pueblo cultivando su propiedad, pero, como allá hay un señor que no lo saluda según el cree que debe hacerlo, prefiere estar en Toledo pasando dificultades. Hay en este episodio una evidente crítica a los hidalgos pobres. Lázaro pasa hambre con él, pero no lo odia; muy al contrario, termina encariñándose, porque es la primera persona que lo trata con afecto. Esta relación afectiva que se establece entre ambos actuantes es uno de los grandes aciertos del autor. Por eso resulta lógico que Lázaro confiese: “Tanta lástima haya Dios de mí como yo de él”. En el fondo, pese a su actitud fachosa, es un hombre bueno, afable, generoso, y hasta tiene sentido del humor. Comparte con su criado lo poco que logra conseguir. Su gran defecto es la sobreestimación de sí mismo. Cuando Lázaro ve fallida su esperanza de mejorar de vida, se siente naturalmente frustrado, no reniega de su amo, sino que se limita a lanzarle unas pullas por lo bajo y comentar socarronamente las intenciones galantes de éste. Como ya es un experto en conocer a las personas, Lázaro reconoce las virtudes y los defectos del escudero y concluye con esta afirmación: “Con todo, lo quería bien…, y antes le tenía lástima que enemistad”.

  • Luego, en orden de importancia, viene el buldero. También es un estafador muy hábil. No le importa valerse hasta de las cosas sagradas para obtener ganancias. Tampoco le importa darse la buena vida a costa de los demás. Naturalmente que sus estafas las hace con mucho ingenio, porque es un verdadero actor, más aun cuando se hace secundar por otro pillo como el alguacil. Es un personaje de tal vitalidad, que llena el escenario, opacando al protagonista. Lo notable está en que éste conduce el relato en forma tal, que da la sensación de que él no sabe lo que va a ocurrir cuando lo del milagro. En verdad, lo sabe muy bien, porque él narra desde el presente hacia el pasado; o sea, está rememorando los sucesos. Un acierto más del autor.

Los demás personajes, aunque brevemente tratados por el narrador, también han dado lugar a muchas interpretaciones.

A manera de ejemplo, el pintor de panderos es despachado en tres líneas. Allí Lázaro recuerda que no lo pasó bien, pero no nos dice por qué.

Finalmente, Lázaro recuerda a sus padres con cierta irónica benevolencia. Menciona sus pecadillos, pero da a entender que los cometieron por necesidad, y por eso los comprende y no los condena. Además, la vida le ha enseñado a ser indulgente. Recuerda las palabras que le dijo su madre cuando lo despidió: “Hijo, ya sé que no te veré más. Procura ser bueno y Dios te guíe”.

AMBIENTE.

En esta novela no se describe minuciosa y detalladamente el ambiente, como lo harán después los novelistas realistas del siglo XIX. Sin embargo, el narrador da los datos indispensables para que el lector ubique la acción en el tiempo en el tiempo y en el espacio. Para ello, siguiendo una antigua tradición que se remonta hasta el Poema del Cid, menciona lugares bien concretos y localizables en el mapa. En cuanto al tiempo, ocurre algo parecido. La materia narrada se inicia poco antes de un suceso histórico (la expedición contra los moros de Djerba, en 1520) y concluye poco después de otro (la entrada de Carlos V para celebrar cortes en 1539).

ESPACIO.

Lázaro nace en un molino (aceña) en el pueblo de Tejares, a orillas del río Tormes, cerca de Salamanca. Cuando su madre se queda sola, se va a vivir a esta última ciudad de una famosa universidad. Por eso la mujer se gana la vida cocinando para unos estudiantes. Con el ciego, Lázaro sale de allí rumbo a Toledo, ciudad de gran abolengo histórico y cultural. Para ello tiene que pasar por varios pueblos pequeños que aún subsisten y que conservan gran parte del aspecto que tenían entonces. En Almorox ocurre el episodio del racimo de uvas; siguen en Escalona, pueblo en que aún existen numerosas casas con soportales; es decir, corredores que dan a la calle, cuyo techo está sostenido por pilares de piedra. Contra uno de ellos hizo chocar Lázaro al ciego. De allí este huye a Torrijos y luego pasa a la “insigne ciudad de Toledo”, donde se establece. Aquí llega a la edad adulta, se casa y escribe su historia. Eso se advierte en el propio discurso, al usar repetidas veces el verbo “venir” y hacer alusiones a este lugar geográfico.

Al comienzo, el narrador-protagonista prefiere los lugares abiertos, pero después la mayoría de sus aventuras o peripecias ocurren en lugares cerrados. Indudablemente, una de las características de esta novela es el desplazamiento en el espacio por parte de su personaje principal. En otras novelas picarescas, el personaje se mueve en un ámbito geográfico mucho más amplio.

TIEMPO.

En cuanto al tiempo, encontramos referencias históricas y también algunos datos cronológicos. Según esto, Lázaro habría nacido alrededor de 1511; su padre muere en 1520. Ya hombre, se casa en Toledo el año 1539, en mismo año en que hubo cortes en la ciudad. Según estos datos, a los ocho o nueve años, el niño se traslado con su madre a Salamanca; a los doce es entregado al ciego. No nos dice cuánto tiempo estuvo con él, pero debe haber sido bastante, porque aprendió mucho y sufrió un cambio grande desde niño ingenuo a joven vengativo. Con el clérigo de Maqueda no se sabe cuánto tiempo permaneció, sólo queda claro que después del golpe estuvo tres días inconsciente y otros quince malherido. Con el escudero pasó pocos días, como declaran las vecinas en su defensa. Con el mercedario, menos aún. Con el buldero anduvo cuatro meses, y con el capellán, cuatro años. Con el pintor y el alguacil seguramente estuvo un período breve, pues no le ocurrió nada digno de ser contado, salvo el peligro de ser apaleado. Por el contexto, suponemos que estuvo bastante tiempo con el arcipreste, su protector.

CONTEXTO HISTÓRICO-CULTURAL.

Cuando se publicó esta novela, reinaba en España Carlos V, cuyos dominios se extendían por gran parte del mundo. Por lo mismo, esa nación era la primera potencia de la época. Se vivían momentos de grandeza y esplendor en política, artes, letras, ciencias y religión: era su Edad de Oro. Muchos de sus súbditos percibían claramente lo que eso significaba. Hombres de gran iniciativa, tenacidad y audacia pusieron todo su empeño en extender los límites de ese ya inmenso imperio.

Esto mismo se advierte en no pocas obras literarias de ese tiempo. En efecto, se escribieron numerosos poemas épicos en que se contaban las hazañas del emperador y de otros grandes personajes. El público leía con avidez las novelas de caballería, en las cuales aparecían personajes extraordinarios, capaces de protagonizar los hechos más inverosímiles. Por otra parte, por la influencia de las ideas platónicas y del Renacimiento italiano, también se escribieron poemas y novelas inspirados en la vida de los pastores, pero de unos pastores excesivamente idealizados y falsos, que viven y aman en un ambiente fantástico.

Lamentablemente, todo ese esplendor político y cultural no se afirmaba en una sólida base económica. Las mismas guerras para mantener el dominio e otros países o defender una postura religiosa, vaciaron las arcas fiscales. El oro que llegaba de América iba a parar a manos de los banqueros de Holanda, Alemania y Génova. La agricultura y la industria no prosperaban, porque la gente joven o se enrolaba en el ejército o se embarcaba para el Nuevo Mundo.

La sociedad española de la época era muy estratificada. Las clases sociales tenían diversos intereses. Primero estaban los nobles (condes y duques), después venían los hidalgos o caballeros de segunda clase, los letrados y demás profesionales, los artesanos y sirvientes; por último, una enorme cantidad de vagabundos y holgazanes llamados pícaros y, más abajo aún, los delincuentes. Este cuadro social era común a toda Europa, con la diferencia de que en España dio origen a una extensa literatura, inspirada en las clases más bajas.

En el aspecto religioso, España en ese tiempo produjo hombres de iglesia de extraordinaria importancia en el terreno de la Teología, Filosofía y Literatura. Hubo numerosos santos que a la vez fueron escritores. Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y San Ignacio de Loyola, entre otros. Por desgracia, al lado de figuras tan ilustres, hubo otros clérigos que le hicieron muy poco honor a su religión, pues llevaban una conducta totalmente reñida con su condición sacerdotal.

EL AUTOR.

Mucho se ha discutido en torno al verdadero autor de “El Lazarillo de Tormes”. Eruditos investigadores, con gran acopio de datos, la han adjudicado a distintos intelectuales del siglo XVI. Entre los propuestos figuran el sacerdote Juan de Ortega, de la orden de los Jerónimos, en cuya celda se encontró un manuscrito de la obra; el historiador y diplomático Diego Hurtado de Mendoza, quien estaba en Toledo cuando Carlos V realizó las cortes mencionadas en la novela, y el poeta e intelectual Sebastián de Horozco, quien se distinguió por sus críticas a los malos sacerdotes. Estos tres personajes estudiaron en Salamanca. También se sugiere el nombre de Lope de Rueda, célebre autor u director de comedias, quien en su juventud fue pregonero en Toledo. Por últimos, también se afirma que el libro fue escrito por un auténtico pícaro, lo cual es muy difícil por las muestras de cultura literaria que en él aparecen.

LA NOVELA PICARESCA.

Con “El Lazarillo de Tormes” se inicia la llamada novela picaresca. Es ésta una narrativa de tipo totalmente opuesto al de las novelas caballerescas y pastoriles. Se trata de obras realistas, satíricas y, en cierto modo, moralizantes. El protagonista es un vagabundo que pasa por el servicio de sucesivos amos. Como conoce la intimidad de aquellos a quienes sirve, descubre lo que hay detrás de las apariencias. Por eso adopta una actitud crítica y burlesca. El pícaro no es un delincuente, sino un revelador de los vicios de la sociedad. Denuncia la avaricia y la maldad de unos y la hipocresía de otros. El pícaro censura mediante la ironía y la burla, pero también sabe reconocer los méritos ajenos y las actitudes nobles: es un ser estoico, resistente a las desgracias; tiene sentido del humor, por eso se ríe de sus propios fracasos. En el fondo, es pesimista, porque nos da una imagen negativa del mundo y de la sociedad.

Después de “El Lazarillo” vinieron otras muchas novelas picarescas, constituyendo un género típicamente español. Esas otras novelas picarescas agregaron un elemento nuevo: unas largas reflexiones del tipo moralizante. El ejemplo típico es “El Guzmán de Alfarache”, de Mateo Alemán. Más tarde, la realidad se desfiguró hasta extremos caricaturescos. Es lo que ocurre en “El Buscón”, de Quevedo.

“El Lazarillo de Tormes”, es la historia de un pícaro narrado por él mismo. Para producir mayor credibilidad, el autor le da forma de carta, algo muy usado entonces por grandes personajes.

ESTILO Y LENGUAJE.

El lenguaje en que está escrita esta novela da la impresión de ser coloquial, cotidiano, pues abundan los arcaísmos y giros populares. No faltan las repeticiones, redundancias y ambigüedades propias del lenguaje hablado. Pero también encontramos sentencias muy notables, es decir, frases breves, ricas en connotaciones. Desde luego, el prólogo, pese a su concisión, es muy sustancioso.

Hallamos figuras retóricas muy originales y bien logradas. Hay paradojas, como las siguientes: al referirse al ciego dice “mi nuevo y viejo amo”; después del robo del vino “el dulce y amargo vino”; antítesis o contraposiciones de acciones: “cerrarse la puerta a mi consuelo y abrirse a mis trabajos” (sufrimientos); en casa del escudero “allí lloré mi trabajosa vida pasada y mi cercana muerte venidera”. Abundan también las hipérboles o exageraciones, como cuando dice que su primer amo “ganaba en un mes más que cien ciegos en un año”.

Del mismo modo, maneja con gran habilidad el humorismo: el racimo de uvas, el cortejo fúnebre, el falso milagro, etcétera, episodios inolvidables.

Un rasgo muy curioso es la adecuación del léxico a las circunstancias; o sea, el uso de ciertas palabras relacionadas con la situación en que se encuentra el personaje. Por ejemplo, cuando está con el clérigo, usa vocablos del léxico bíblico o litúrgico: “angélico calderero”, el arca es “paraíso panal”, en “dos credos” se come un pan, los panes son “oblados” (hostias). Esto es puro ingenio, no irreverencia.

También son admirables los cambios en el modo narrativo. Cuando conviene, es rápido, dinámico; cuando no, es lento, reposado, detallista.

En conclusión, el lenguaje y estilo de esta obra así como su técnica narrativa son admirables. De otro modo, ella no habría perdurado a lo largo de tantos siglos.

SIGNIFICACIÓN HISTÓRICO-LITERARIA.

Pese a su brevedad y su contenido aparentemente simple e intrascendente, esta novela tiene una gran importancia en la historia de la literatura. Desde luego, significó el comienzo de la novela picaresca, género que dio tantos frutos. Debemos agregar aquí que la primera novela publicada en la América hispana presenta características muy similares a la obra que nos ocupa, empezando por el título.

Dentro del ámbito de la narrativa europea, “El Lazarillo” tiene el mérito de haber introducido por primera vez el protagonista de humilde condición social. Hasta entonces, los héroes de las novelas habían sido grandes señores.




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Enviado por:Gaby
Idioma: castellano
País: España

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