Las galas del difunto; Ramón María del Valle Inclán

Literatura española contemporánea. Generación del 98 y modernismo. Esperpento. Esperpentización del mito de Don Juan. Teorías

  • Enviado por: Sasha
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La discusión sobre el eje temático sobre el cual se estructura la obra de Valle-Inclán Las galas del difunto es un tema que plantea una gran discusión. Existe un gran número de artículos de diferentes autores y críticos literarios acerca de este asunto, y la gran parte de ellos argumentan dos posturas que pueden tener cabida por sí solas o bien pueden coexistir:

La primera de ellas es la que concibe la obra como la esperpentización del mito de Don Juan, de tal manera que tras un personaje caricaturesco y ridículo como es Juanito Ventolera se pone de manifiesto la paupérrima situación de la sociedad de la época. Estas argumentaciones tienen su base en afirmaciones que dan fe del paralelismo entre las dos obras en cuestión, éstas asentadas, a su vez, en situaciones ocurridas casi idénticas entre ambas. Esta esperpentización del mito de Don Juan se fundamenta en la parodia que lleva a cabo Valle del propio personaje, en una de ámbito literario (o metaliteraria), y en una tercera parodia acerca de la forma de ver la vida que tiene nuestro personaje. Encontramos un sinfín de elementos estructurales de raíz donjuanesca que corroboran esta teoría que serán comentados detalladamente más adelante.

La segunda postura plantea Las galas del difunto como una crítica abierta hacia las guerras coloniales o anticolonialista. Esta crítica antimilitarista podría tener su significación en el hecho que Valle-Inclán pertenece a la llamada Generación del 98, que nace como toma de conciencia por el ridículo que hace el ejército español en su colonia de Cuba y su consiguiente pérdida; éstos intelectuales, entre los cuales podríamos destacar a Machado y Unamuno entre otros, critican duramente la política colonialista llevada a cabo por España, aunque paradójicamente la mayoría de ellos terminan por acatar una ideología afín a las posturas más conservadoras. No es este el caso de Valle-Inclán, que tras una primera etapa vital en la que demuestra una cierta simpatía hacia el fascismo de Mussolini (aunque por razones más estéticas que ideológicas), da un giro ideológico por completo y termina como revolucionario. De esta forma, este giro ideológico de Valle guarda un cierto paralelo con Antonio Machado, pero se sitúa en las antípodas del proceso ideológico de los autores noventayochistas, los cuales, como sabemos, en su madurez se hallan inscritos en posturas claramente conservadoras.

Centrándonos en los artículos referentes a Las galas del difunto anteriormente mencionados, podríamos distribuirlos dentro de las dos posturas anteriores, aunque puede que alguno de ellos esté a caballo entre las dos.

En primer lugar tenemos que hacer mención a Juan Bautista Avalle-Arce; éste considera Las galas del difunto como una esperpentización de la literatura en general, de tal manera que los héroes clásicos (en concreto Don Juan) reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. Pero esta esperpentización del mito no está construida sistemáticamente, sino que el paso de Don Juan Tenorio a Juanito Ventolera es un depurado proceso de desmitificación. Esta deformación desmesurada, pues, es fruto de un deliberado propósito de esperpentizar el mito.

Cercana a esta postura se encuentra la de Guillermo Díaz Plaja, que prolonga la teoría de Avalle-Arce hasta afirmar que la obra es una esquematización paródica del Don Juan Tenorio de Zorrilla; pero Díaz Plaja añade un nuevo matiz y considera que la degradación de la realidad social histórica por parte de Valle corresponde a una clara protesta noventayochista, reafirmando su nihilismo estético.

Manuel Bermejo Marcos también considera que Las galas del difunto no es otra cosa que la esperpentización del Don Juan de Zorrilla, ya que el héroe legendario se transforma en el antihéroe picaresco y despreciable, éste claramente proclamado con su propio nombre: Juanito(ridiculización de Juan) Ventolera(connotaciones de soberbia, vanidad y presunción). Aun así, la postura de Bermejo Marcos se acerca más a la de los que conciben dicha obra como una simple crítica hacia las guerras coloniales, porque él mismo afirma que la intención de Valle-Inclán es esperpentizar la época misma en que está escribiendo, la que se refiere al desastre del 98, la España de Primo de Rivera. Aunque esta guerra colonial que da relegada a un segundo plano, la escena político-militar queda habilísimamente trazada. Bermejo también declara la intención de Valle por “resucitar” el famoso mito literario, aunque ahora el contexto no son aquellos esplendorosos Siglos de Oro, sino una España fracturada y profundamente desahuciada.

Él también quiere demostrar que Valle no tan solo critica el desastre de Cuba; también critica la guerra de África.

Desde una posición un poco más alejada podemos apreciar la teoría de S.M.Greenfield, quien afirma que Valle-Inclán hace coincidir el mito de Don Juan hábilmente para denunciar lo que ya hemos comentado acerca de la campaña colonial española. Dentro de la degeneración del donjuanismo y un consiguiente heroísmo invertido, el esperpento se reduce a una subversión de lo heroico y a un triunfo de la mediocridad.

Austin Dias aboga por indicar que la parodia donjuanesca no es más que uno de los componentes temáticos de la escena inicial; se la encuentra mezclada con una crítica abierta de la guerra en Cuba y de la corrupción militar consecuente. Así pues, refleja una realidad histórica totalmente ajena al modelo romántico parodiado. La parodia se estructura en tres procesos estilísticos: la deformación física, la representación de las acciones estrafalarias y la dislocación ambiental, es decir, modificar la ubicación temporal y situarla en la época de Valle-Inclán. Esta parodia no es sistemática, sino que se basa en esquemas concretos y selecciona acciones o personajes concretos. Dias afirma que esta parodia es esquemática gracias a que Valle ha sabido captar la esencia del modelo romántico, y el resultado de dicho proceso es una creación literaria, porque ha conseguido dar a un conjunto de factores degenerados (literatura folletinesca) una alta categoría estética. En resumen, podemos considerar que la teoría de Dias ocupa una posición intermedia entre las dos posturas más radicales, ya que éste afirma que existe una evidente parodia del mito de Don Juan, pero siempre como vehiculización de una crítica antimilitarista, es decir, dentro de una circunstancia determinada.

En una postura totalmente antitética encontramos la teoría de Rodolfo Cardona, que conjuntamente con Anthony N. Zahareas afirma que no existe ningún paralelismo entre Juanito Ventolera y Don Juan, y que afirmarlo significa falsear las intenciones de Valle-Inclán. Dicha teoría parte del hecho que Valle, demostrando su compromiso con la realidad histórica de la España de su época, inicia una queja hacia la guerra de Cuba (para él un simple negocio) y hacia el estamento militar. La desvalorización del patriotismo y del heroísmo encarnan un hombre amoral como es Juanito Ventolera, símbolo de la degradación producida por la guerra en su estado puro. El propio Cardona, en una nueva valoración de la obra, acaba por afirmar que el contexto da pie al autor para evocar el Don Juan de Zorrilla, y que la carta constituye en la obra una vehiculización del Esperpento como técnica narrativa. Así pues, nos encontramos un contexto donjuanesco, pero no podemos dar fe de la existencia del mito de forma explícita. Cardona realiza una afirmación que resulta ser falsa, ya que dice que si nadie hubiera pensado en Don Juan Tenorio si el propio Valle-Inclán no lo hubiera mencionado directamente, y sin ser así podemos cerciorarnos que los paralelismos existentes entre ambas obras quedan patentes.

Las posturas de Juan Guerrero Zamora y Francisco Ruiz Ramón son semejantes, ya que ambos coinciden en decir que Valle-Inclán, con Las galas del difunto, construye una esperpentización de la realidad histórica, y mientras que el primero no menciona en ningún sentido el mito de Don Juan, Ruiz Ramón constata que Ortega y Gasset fue el primero en señalar la relación existente entre ambos, pero que bajo la esperpentización del mito se esconde la verdadera deformación de la sociedad en general. Añade que en la presentación de esa realidad está la raíz más sustantiva de la demolición valleinclanesca.

Clara Arranz Nicolás, entiende la obra como una dura crítica a las guerras coloniales, pero a su vez enmarcada dentro de una parodia del donjuanismo, que le da forma. Esta parodia de Don Juan es, a su vez, una parodia de la base histórica sobre la cual se vertebra el propio mito. La animalización o cosificación constituyen la deshumanización del héroe mítico, por la cual cosa el espectador nunca se sentirá identificado con él. Esta concepción de Don Juan como instrumento de esperpentización de la realidad también se ajusta a los presupuestos de Éliane Lavaud-Fage. Éste mantiene que el esperpento de Valle-Inclán remite al drama de Zorrilla, y que varios de los motivos de Las galas del difunto mantienen relación estrecha con los de Don Juan Tenorio.

En último lugar encontramos la teoría de Juan-Antonio Hormigón, asegurando que dentro del contexto de la historia de España, en este caso concreto la guerra de Cuba y la derrota de 1898, pero implícitamente aludiendo a las guerras coloniales y absurdas de Marruecos, se entabla una crítica a la guerra colonial; partiendo de un personaje cínico y amoral se denuncian todos los males del estamento militar de la sociedad española. Así pues, Juanito Ventolera encarna el feo rostro de una sociedad enferma, y no es más que un simple testimonio de lo que acontece.