La verdad sobre el caso Savolta; Eduardo Mendoza

Literatura española contemporánea. Narrativa. Novela histórica. Argumento. Personajes. Ambiente social de Barcelona

  • Enviado por: Winners
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
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Comentario literario:

Fragmento de La verdad sobre el caso Savolta

El texto que a continuación se presenta, La verdad sobre el caso Savolta fue escrito por Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), novelista que destaca por una hábil construcción del relato a partir de la crónica crítica y novelada de la realidad, tratada con humor y sarcasmo. Su obra está inscrita en el marco de la literatura de acción. Sus principales obras son, aparte de ésta, El misterio de la cripta embrujada (1979), El laberinto de las aceitunas (1982), y La ciudad de los prodigios (1986). El medio de publicación de esta obra, fue mediante la editorial Seix Barral. La novela, al igual que todas las obras del autor, se enmarca en el género literario novela de acción, aunque concretamente, en este fragmento, predomine mayoritariamente la descripción. Al igual que predomina la descripción, la intención del autor es pintar con palabras, es decir, describir el lugar donde sucederá la acción, para conseguir una mayor recreación del lector en la obra. Pero esta descripción es satírica con el personaje, y tétrica del despacho. El punto de vista del autor es interno, pero sin especificar, en este fragmento, si es personaje secundario, o protagonista, aunque parece ser un secundario, cosa que descubrimos en la última frase. Esta obra va destinada a un público al que le guste la novela de acción del siglo XX. Aparecen en el texto, algunos indicios que sin saber la fecha de la obra, nos indican que pertenece al siglo XX, estos indicios se aprecian al encontrar algunos objetos modernos en el sitio de la escena: “archivadores” o “persianas”, todos inventos del siglo nombrado. La función lingüística predominante es la referencial, dado que el autor hace referencia a cómo eran su jefe y su despacho.

Continuando por el comentario del contenido, apreciamos que éste es descriptivo, pero con una relato de la descripción crítico y despiadado, pero sobretodo: intencionado. La estructura externa de este escrito, se divide en dos partes: la descripción del personaje, físicamente y caracterológicamente; y la descripción del despacho, de su recibidor, de su sala, de su gabinete y de su trastero. Por coherencia, las dos descripciones se realizan en párrafos diferentes. La descripción del personaje, “Cortabanyes”, se divide en la prosopografía, es decir, el relato de la parte física y externa de una persona; y la etopeya, la descripción centrada en los aspectos psicológicos o del carácter. El producto de la adicción de la prosopografía, que aparece en la mayoría del primer párrafo; y de la etopeya, que únicamente se presenta en la última línea de este párrafo, da lugar al relato de la descripción que realiza Mendoza. A partir de ciertas palabras como “gabinete” o “pasante”, podemos deducir que el protagonista trabaja en el mundo de la abogacía, es decir, él es abogado. Si nos fijamos en los nombres de los personajes: “Cortabanyes”, el abogado, “Sierramadriles”, el pasante y “Doloretas”, y los traducimos aproximadamente al castellano, dado que al situarse la obra un la ciudad catalana de Barcelona, están en catalán, apreciaríamos que estos nombres son burlescos y despectivos, lo cual, todavía satiriza más el texto. Por lo tanto, deducimos que el autor los ha escogido deliberadamente. Dejando de banda la primera parte de este escrito, y centrándonos en la representación del despacho, cabe explicar que el autor, Mendoza, perpetra una descripción en orden lógico del despacho, ya que la realiza según uno pueda entrar y mirarlo en directo, siguiendo el orden normal en que se estructura un despacho, entrando por la puerta principal. Por lo tanto, podemos afirmar que el autor realiza un relato conexo entre sus partes, dado que sigue las normas de coherencia, es decir, se repiten algunos elementos básicos, la información (o en este caso descripción) avanza, y no se aprecian contradicciones; y por las que entendemos sin menor problema este texto. El contenido que destaca en este escrito es el ideológico, pero sin mayor ideología que la del típico trabajador que odia a su jefe y, por lo tanto, habla mal de él a sus espaldas. Esta ideología aparece en la cruda descripción del protagonista y su despacho. Por lo tanto, deducimos que la actitud del personaje es sarcástica y despectiva, y que éste goza de un punto de vista imparcial. En lo que se refiere al carácter del protagonista, reparamos en éste, al final del primer párrafo: “era holgazán, moroso y chapucero”. Coherentemente, al ser el autor el personaje secundario, su punto de vista y actitud coincide con la de este personaje.

Prolongando el comentario por el análisis forma, observamos, tal y como ya se ha referenciado, que la estructura externa está fragmentada en dos partes, sincronizadas con la estructura interna. En consonancia con la actitud del autor, aparecen en el texto aparecen expresiones peyorativas e irónicas, como: “una papada tersa se unía con los bordes del chaleco”, o “al hablar producía instantáneas burbujas de saliva”. Por lo tanto, éste sería un recurso literario. Otros recursos que aparecen son la hipérbole y la ironía, que se repite, al describir las persianas de los archivadores: “el trastero estaba lleno de archivadores y armaritos con puertas de persiana que corrían de arriba abajo y se plegaban con iniciativa propia, con estrépito de trallazo”. Al mismo tiempo, también aparecen más recursos literarios, típicos de la descripción, son las imágenes: “sus manos eran delicadas”, la comparación: “cogía la pluma o el lápiz con los cinco de deditos, como un niño agarra el chupete”. En el nivel léxico-semántico, aparecen palabras como “yelmos”, “arcabuces” y “tizonas”, pertenecientes al campo semántico de las armas antiguas. Estas palabras, asimismo, son arcaísmos, dado que actualmente no se utilizan, y el objeto al que simbolizan, ha desaparecido del uso corriente de la sociedad. En este nivel, también cabe destacar los adjetivos calificativos y los sustantivos con uso atributivo. En el nivel morfosintáctico, apreciamos algún diminutivo de utilización sarcástica: “deditos”. Prosiguiendo con el mismo nivel, observamos que, en el uso de los signos de puntuación, concretamente, la coma no está muy utilizada, solamente lo justo, de ahí deducimos que éste, no es un texto muy pausado, sino más directo, y de esta manera, el autor consigue que su descripción tenga más fuerza para impresionar al lector. En este fragmento predominan las oraciones compuestas, característico de las descripciones literarias, como lo es ésta. Igualmente, predominan también las oraciones atributivas, otro elemento de este tipo de descripciones. El tiempo verbal preponderante en todo el escrito son los pretéritos imperfectos de indicativo, es decir, tiempos imperfectivos que manifiestan que la acción no está acabada. La estilística empleada en este texto, está basada en el uso de un lenguaje con expresiones y palabras cultas, ricas y cuidadas, como “amoratadas”, “rosáceas” o “circundada”. Pero, por lo contrario, también aparecen palabras propias del lenguaje coloquial: “holgazán” o “chapucero”. Por lo que respecta al tono y carácter, cabe nombrar que el autor se mantiene a lo extendido del relato irónico, satírico y burlesco.

En consecuencia, habiendo situado, analizado el contenido y la forma del texto, podemos concluir afirmando que Eduardo Mendoza, ha conseguido una perfecta descripción del personaje principal, “Cotabanyes”, dentro de lo que él parece que se propuso realizar, es decir, satirizar sobre este personaje; y otra, también perfecta descripción del lugar de trabajo. Este retrato parece mostrar la maléfica visión que tenía el narrador, desde el punto interno de personaje secundario, con una soberbia descripción, que expresa lo más infame de lo descrito. También cabe destacar la intención que tenía el autor, deponiendo para el final lo que daba a entender el porqué de la burla del personaje hacia lo descrito. Asimismo mantenía en vilo al lector, y generaba un creciente interés en él. La despiadada descripción podemos deducir que se genera por el prisma de visión que domina el pensamiento del personaje que describe, limitándola a narrar las peores cualidades del protagonista y su despacho, desechando las buenas, para generar ese ambiente tétrico del lugar. Conjuntamente, también podemos interpretar, que el personaje se adecua al espacio de trabajo, dando a expresar que su holgazanería y su desechable aspecto, por ejemplo, dan lugar a un también desechable modo de vida y de trabajo. Por consiguiente, apreciamos que la faceta de la gente que describe el autor, es íntegramente cierta, y ajustable a la sociedad, ya que todos tendemos a apreciar la realidad a nuestro antojo, y hablamos sobre alguien o algún sitio, describiéndolo a nuestra simpatía o antipatía, o según nos interese. En conclusión, en mi opinión, este fragmento de La verdad sobre el caso Savolta transmite una de las destacadas facetas del ser humano: el desprecio hacia lo que no nos es de nuestro agrado. Asimismo, también expresa esta faceta con una gran originalidad y corrección, dado que el relato provoca la risa irónica en el lector. En lo que se refiere a la utilidad, actualidad y perdurabilidad del escrito comentado, cabe destacar que tiene una utilidad para el buen y aficionado lector; una actualidad y perdurabilidad intachables, dado que siguen sucediendo situaciones y puntos de vista como éstos. En fin, se aconseja la lectura de la novela a todo lector que quiera disfrutar de una novela de acción con elementos divertidos como el texto comentado, ya que se adecua a sus preferencias.