Filosofía y Ciencia


Ilustración en la Comunidad valenciana


ILUSTRACIÓN EN EL PAÍS VALENCIANO

Movimiento intelectual caracterizado por la confianza del hom­bre en la capacidad de la razón natural para resolver los problemas de la vida humana. El concepto francés de ilustración ha creado muchas confusiones, pues. siendo un movimiento europeo con una serie de características universales. tomó en cada país notas propias. Situado cronológicamente a lo largo del siglo XVIII. es menester buscar sus raíces en la revolución científica del XVII: desde Galíleo a Newton pasando por Descartes, Pascal. Leibnitz y Locke, La actitud ante ese viraje de la ciencia es definitiva. El hombre ilustrado pretende controlar la naturaleza por medies de su razón. Para ello necesitará de la ciencia, que se preo­cupará esencialmente del mundo experi­mental, Sólo así entendemos por qué al hablar de la Ilustración en el País Valen­ciano debe hacerse una alusión a los novatores, hombres que se plantearon la necesidad de aceptar la ciencia moderna dentro de un rigor metodológíco o con autonomía respecto a los estudios teoló­gicos. En valencia. este movimiento reformista de los . novatores.. tomó una tri­ple dirección: ciencias. historia crítica,humanismo. En el campo científico son bastante conocidos los nombres de Juan Bautista Corachán Tomas Vicente Tosca. menos, el de Baltasar Iñigo. La inquietud. típica de los novatores. surgió en el País Valenciano con fuerza. Fruto de la actividad de José Zaragoza. estos hombres se reunían en Academias estrictamente científicas y hacían sus experimentos. Aunque Tosca publicó su Com­peridío .matematico, muchas de las obras del grupo quedaron inéditas. Mayáns la­mentará más tarde que no tuvieran contí­nuadores, pese a que dos de ellos —Co­rachán y Toscatuvieron genio de maes­tros.

En el aspecto de la crítica histórica el movimiento reformista tuvo una cabeza indiscutible: Manuel Martí, deán de Ali­cante. Después de varios años de estancia en Roma, donde colaboró en la edición de Collectio Conciliorum del cardenal Sáenz de Aguirre y de la Biblioteca Hispano vetus de Nicolás Antonio, regresó a Va­lencia y a su alrededor se formó un núcleo de historiadores: José Rodríguez, autor de la Biblioteca Valentina, José, Manuel Miñana. quien escribió de bello rustico `a/entino sobre la guerra de Sucesión en Valencia y una continuación de la Histo­rio latina del P. Mariana: el dominico Ja­cinto Segura, autor de una obra de meto­dología crítica titulada Norte Crítico, etc. También Martí fue el motor de los latinis­tas: Miñana, Gregorio Mayáns, Pérez Báyer, Cerdá Rico, José Joaquín Lor­ga... Ahora bien, el heredero de todas esas corrientes fue sin duda Gregorio Mayáns y Siscar. Amigo de Corachán y de Tosca, varias de cuyas obras editó, corresponsal e íntimo de Martí, Mayáns se constituyó, por su capacidad y forma­ción intelectual, en la cabeza visible de todo el movimiento ilustrado en Valen­cia. Seis años pasó en Madrid como bi­bliotecario real y, a su regreso —pese a estar retirado en su casa de Oliva—, fue el verdadero motor. Fundó la Academia Va­lenciana con el fin de publicar las obras reformistas, cuyo programa, expuesto en carta al ministro José Patiño, quedó mar­ginado por el Gobierno. La vida de la Academia Valenciana fue breve, pero la huella que dejó en el planteamiento de la historiografía valenciana fue definitiva, no tanto por la Academia cuanto por la actividad de su fundador. Mayáns editó Censura de Historias Fabulosas de Nico­lás Antonio, Obras Cronológicas del marqués de Mondéjar, A visos de Parnaso de Corachán, etc, aunque su programa de publicaciones quedó inacabado. La per­secución de que fue objeto por haber pu­blicado la Censuro de Historias Fabulo­sas le retuvo y no continuó su proyecto. No obstante, el fruto de su actividad inte­lectual fue considerable. Retirado en Oliva, como se ha dicho, ejerció a través de su correspondencia un magisterio per­manente que se extendió a toda España —Flórez y Burnel, entre otros, recibieron sus consejos y sus apuntes de trabajo— pero, sobre todo, a Valencia. Todos los intelectuales valencianos se preciaban de tener correspondencia con él y en su influencia fue decisiva en cuantas empre­sas culturales se proyectaron. Sin embar­go, la Ilustración valenciana tuvo tam­bién, además de Mayáns, figuras desta­cadas. las cuales, aunque sufrieron, y lo reconocían con gratitud, el influjo ma­yansiano, desarrollaron con entusiasmo y muchas veces con perfección actividades propias y personales. Algunos, más cer­canos o con menos personalidad, como el cronista Agustín Sales que evolucionó en su criticismo histórico al entrar en cono­cimiento del pensamiento de Mayáns. Otros, como José Teixidor, se propusie­ron estudiar los documentos originales de los archivos valencianos para cumplir uno de los aspectos más interesantes de los proyectos de su maestro. O Vicente Ximeno, quien, al redactar los Escritores del reino de Valencia, recurrió semanal­mente a los hermanos Mayáns para que le facilitaran noticias literarias que, dadas sus lecturas, poseían y que Ximeno agra­dece repetidas veces en su obra.

Para estudiar con mayor claridad el influjo mayansiano. debemos distinguir tres aspectos fundamentales: la historia, el pensamiento religioso y la reforma uni­versitaria. Los proyectos de Mayáns eran excesivamente ambiciosos para ser reali­zados por una sola persona. Aceptados por diversas personalidades, tomaron caminos lógicos en unos casos, inespera­dos en otros. Quizá la herencia más natu­ral sea la de Cerdá Rico. Jurista como Mayáns. recibió consejo y aliento. In­cluido en la plantilla de la real biblioteca, Cerdá continuará la empresa mayansiana de editar los humanistas españoles del siglo XVI: García Matamoros, Juan de Vergara, etc, y pretenderá, como hizo Mayáns, publicar las obras de Pedro Juan Núñez. Asimismo, Cerdá continuará las publicaciones de las obras históricas del marqués de Mondéjar iniciadas por su maestro, que se valió para ello de la Real Academia de la Historia de Lisboa y de la Academia Valenciana. En la misma línea de edición de historiadores críticos, hay que incluir la labor de Pérez Báyer, quien, mejor situado que otros valencianos —era el primer bibliotecario real y preceptor de los Infantes Reales— y con el favor de Carlos III, reeditó Ia Biblioteca Hispana de Nicolás Antonio. Nótese, en conse­cuencia. una clara tradición historiográfica. Desde Martí, serán los valencia­nos —Mayáns, Cerdá Rico, Pérez Báyer— quienes editen las obras de los grandes historiadores críticos del barroco espa­ñol. Intimamente relacionado con este grupo aparece Juan Bautista Muñoz, asis­tente a las tertulias en casa de Mayáns, de quien confiesa haber recibido el gusto por la historia y las buenas letras; Muñoz es amigo, a la vez, de Pérez Báyer. Y el preceptor de los Infantes Reales apoyó el traslado de Muñoz ala Corte con el rango de cosmógrafo mayor y, más tarde, cro­nista de Indias. Muñoz fue consciente de la importancia de su nuevo cargo y em­prendió la enorme tarea de organizar los documentos relacionados con el descu­brimiento y colonización de América, con lo que nació el Archivo de las Indias.

Y de su labor personal queda hoy testi­monio permanente en los documentos que forman el “El Fondo Muñoz “ de ¡a Real Academia de la Historia. Caso muy dis­tinto a los anteriores es el de Juan Andrés. Nacido en Planes e ingresado en la Com­pañía de Jesús. vivió algunos años. hasta el decreto de expulsión (1767), en Gandía. desde donde hacía frecuentes visitas a Mayáns en su retiro de Oliva. La expul­sión facilitó el contacto de Andrés con el movimiento cultural europeo. Sin perder su relación con el mundo intelectual es­pañol. Andrés pudo vislumbrar mayores horizontes. En esta perspectiva hay que situar su gran obra: Origen, progresos y estado actual de todo /o literatura, edi­tada en diez volúmenes (1784 — 1806). primer ensayo de una historia de la litera­tura comparada. La historiografía valen­ciana había cumplido así una importante trayectoria desde los orígenes del cristi­cismo en el reformismo de Martí y a ¡a plenitud de Juan Andrés, pasando por los ambiciosos proyectos mayansianos.

Junto a la actividad historiográfica se de­sarrolló también una intensa efervescen­cia religiosa. Efervescencia que no supo­ne. ni mucho menos, una actitud anticris­tiana, sino más bien reformista, en busca de un cristianismo más sincero. En pri­mer lugar, exigían la lectura de la Sagrada Escritura que deseaban se ampliara a to­dos los fieles. y. en consecuencia, la Bi­blia debía ser traducida a la lengua caste­llana: esta petición. disimulada en un principio. fue siendo una exigencia cada vez más clara, como en Vicente Blasco y Joaquín Lorenzo Villanueva. Junto a la Sagrada Escritura, los ilustrados valen­cianos buscaron el conocimiento de los Santos Padres como expresión del cris­tianismo primitivo y en clara contraposi­ción a la escolástica que consideraban excesivamente árida y abstrusa. Por otra parte. su actitud espiritual esta más cerca de la religiosidad íntima y anticeremonial de los humanistas del siglo XVI que de la fastuosidad barroca del culto de la con­trarreforma patrocinada por los jesuitas. Finalmente, sus preferencias se inclina­ron por el episcopalismo y. en conse­cuencia, fueron anticuriales. Los partida­rios de estas ideas recibieron el nombre de jansenistas. No defendían las cinco proposiciones condensadas por Inocen­cio X en la Bula Cum Ocasione (1651). si­no que se trataba de una actitud religiosa. uno de cuyos puntos mas importantes de union era su antijesuitismo. Aunque la última década del siglo XVIII especialmente a propósito del llamado cisma de Urquijo y de las Cortes de Cádiz es menester observar la génesis anterior. Y en este punto tiene especial importancia el grupo valenciano. De nuevo hay que partir de Mayans. Este inició una actividad variada en sus manifestaciones pero unitaria en su actitud íntima que tendrá am­plias repercusiones. A través de su co­rrespondencia y en sus Observaciones al Concordato de 1754 manifestó su regalismo. El conoció e hizo conocer la obra y el pensamiento del jansenista belga Van-Espen, defendió la jurisdicción epis­copal sobre los religiosos, facilitó el co­nocimiento de los hombres del llamado “Tiers Partí” , tanto franceses como ita­lianos: Bossuet, Fleury, Muratori, Ma­yáns fue, finalmente, quien manifestó el interés por los estudios bíblicos, pero también quien censuró con dureza a los jesuitas. Ahora bien, quienes llevaron to­das estas ideas a la práctica fueron los obispos que salieron de la Universidad de Valencia, Asencio Salas y, sobre todo, José Climent, ambos obispos de Barcelo­na. Climent pagó los gastos de edición de las Costumbres de los israelitas y cristia­nos de Fleury y entró en correspondencia con los jansenistas franceses. Felipe Ber­trán, obispo de Salamanca, inquisidor general y amigo de Ruda, tuvo un papel decisivo en la protección de los jansenis­tas de fines de siglo, como Tavira, o Vi­llanueva. entre otros.

Sin embargo. toda esta actividad de los ilustrados seria incomprensible sin la Universidad. Si bien la de Valencia cons­tituía el principal foco de conservaduris­mo, al final facilitó la salida de una gran generación de intelectuales progresistas. Si los planes de Mayáns no encontraron el eco que merecían entre el estamento pro­fesoral, su inquietud sí encontró el fervor de los espíritus jóvenes más selectos. Y, al final, al reforma ganó las estructuras. El movimiento reformista, patrocinado por los ministros ilustrados. Campoma­nes. Florídablanca, Ruda, entre otros, encontró en Vicente Blasco el rector ideal. El Plan de 1786. obra de Blasco, constituye el fruto más logrado del refor­mismo ilustrado. Allí se dieron cita la ac­titud regalista con el estudio de la Biblia, la apertura a la ciencia europea con la introducción de los libros médicos europeos y el estudio de ¡as lenguas clásicas. El espíritu moderno era evidente y no tardaría en producir sus frutos. El mismo Blasco sería uno de sus representantes. Pero quizá los hombres más característi­cos de la época sean ¡os hermanos Villa­nueva: Joaquín Lorenzo, editor de ¡a Bi­blia y escritor de libros de piedad. acu­sado de jansenista. se caracterizó sobre todo por ser representante valenciano en las Cortes de Cádiz y defensor del libera­¡isrno político: Jaime. hermano del ante­rior. fue historiador de grandes vuelos. liberal, defensor de la soberanía nacional. y. como su hermano, murió en el exilio en defensa de sus ideas. La ilustración va­lenciana había cubierto asi su singladura.




Descargar
Enviado por:Daniel Úbeda
Idioma: castellano
País: España

Te va a interesar