Don Quijote de la Mancha; Miguel de Cervantes

Siglo de Oro de la literatura española. Novela renacentista. Segunda parte

  • Enviado por: A New Hope
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 5 páginas
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Crítica de cinco capítulos de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha.

CAPÍTULO 10 Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la señora Dulcinea, de otros sucesos tan ridículos como verdaderos.

Este capítulo trata de lo que tuvo que inventarse Sancho para hacerle creer a su señor que unas simples labradoras eran Dulcinea y sus princesas. Aquí se observa una faceta interesada de Sancho, ya que cansado de que le envíe de mensajero y reciba muchos palos por las locuras de su señor, se inventada todo el bulo, cree que con la locura de su amo, éste se lo creerá al igual que confundió los molinos con gigantes en capítulos anteriores. Aunque en un principio no es así, es decir, Don Quijote no cree a Sancho y por una vez ve la realidad tal como es. Pero a causa de la influencia del escudero acaba creyendo que es verdad que están encantadas y que solo él no las puede ver como son.

Estos hechos hacen plantearse la bondad de Don Quijote, y como algunas veces, a causa de su locura se le puede engañar; es decir, en este capítulo ve las cosas tal como son, en cambio es Sancho quien le modifica la realidad, como si se hubieran cambiado los papeles, hay como un principio de “quijotización” de Sancho, como si Sancho fuera el que pierde los papeles.

A partir de aquí, el lector se vuelve a plantear una pregunta que Cervantes siempre la tiene presente, cual de ellos dice la verdad, ya que la verdad puede es muy relativa, y depende de cómo se mire o de cómo se piense, puede parecer una cosa u otra.

El capítulo es divertido y se observa claramente lo molesto que está Sancho de que le envíe a hacer recados lejos, y con el peligro de salir herido; a parte de la diferente visión de la realidad.

CAPÍTULO 23 De las admirables cosas que el extremado Don Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa.

En el capítulo 23, Don Quijote narra el que dice haber visto y vivido en el interior de la cueva de Montesinos, ante la negación de Sancho de que aquello hubiera pasado. En este capítulo, se manifiesta el realismo e idealismo que vuelven a intercambiar los protagonistas, el buen sentido de Sancho y la locura de Don Quijote. Como en la mayoría de las aventuras de Don Quijote, se enfrentan con la imaginación de éste y con la realidad y el sentido común del otro. Aquí se plantea una pregunta repetida muchas veces durante el libro, si Don Quijote miente o no; aquí Cervantes deja que la interpretación sea libre para el autor, aunque es muy posible que nos decantáramos por lo que dice Sancho, que todo a sido un sueño, y que Don Quijote ignora generalmente la verdad del mundo real y solo ve y cree en su fantasía.

En este capítulo también nos muestra diferentes facetas de Don Quijote; al entrar en la cueva, mientras lo va explicando, se siente emocionado y alegre, pero a medida que va explicando la historia y su escudero le va diciendo que seguramente todo aquello lo ha soñado, porque son cosas que había visto anteriormente, como las labradoras encantadas de Sancho; se muestra a un Quijote triste, que ve la realidad y no la quiere ver.

Así que, esta vez, Cervantes incluye un tema que en la época en que se escribió, no era muy estudiado, el subconsciente, ya que lo que sueña Don Quijote, son cosas que ha ido guardando en su subconsciente durante el viaje.

El capítulo es divertido, y se observa claramente el enfrentamiento de la verdad de Sancho y de Don Quijote, a parte de que al lector, le parece que lo que narra es la confusión de la realidad de la cueva con su imaginación y sus fantasías del sueño.

CAPÍTULO 29 De la famosa aventura del barco encantado.

En este capítulo, aparece otra vez la deformación de la realidad. Don quijote cree ver un castillo con una ciudad alrededor y una barca encantados comunicados por un río, sin hacer caso a las advertencias de Sancho que simplemente ve un simple molino y una barca de unos pescadores. Para no variar, Don Quijote y Sancho salen malparados de esta aventura como en muchas otras; mientras se acercan por el río encima de la barca a las aspas de los molinos, los molineros temiendo que se dieran contra los molinos y los pescadores temiendo por su barca, les hacen caer al río y los sacan de él. A Sancho le roban sus ropas y les hacen pagar cincuenta reales por la barca destrozada.

Otra vez, el autor explica las diferentes realidades que pueden tener las personas dependiendo de su forma de pensar, o de la cordura y locura de ambos. Sancho tiene miedo de lo que les pasará y ya se ve molido a palos, mientras que Don Quijote solo piensa en salvar al supuesto príncipe secuestrado que se encuentra en el castillo.

En este capítulo también quiere ridiculizar a los libros de caballerías, porque en estos nada sale por casualidad, siempre aparece un encantador o un mago que provoca algo, y el caballero andante tiene el deber de ir a ayudar a la víctima; por eso Don Quijote solo ve castillos encantados y príncipes o princesas secuestrados.

El capítulo está bien, aunque te hace un poco de pena que siempre salgan molidos y destrozados de sus aventuras, además de que se observa claramente el miedo de Sancho en contraposición a la valentía de Don Quijote.

CAPÍTULO 41 De la venida de Clavideño, con el fin desta dilatada aventura.

En el capítulo 41, aparece otra vez la deformación de la realidad causada por alguien para reírse de Don Quijote y Sancho. Unos duques les hacen creer que tienen un caballo mágico y que les hará volar por el cielo cerca del sol, la luna y las estrellas, y que si lo hacen ellos se salvaran del encantamiento echo por un mago malvado. Don Quijote enseguida les cree y se deja tapar los ojos mientras está encima del caballo, pero Sancho desconfía y tiene miedo, otra vez, de lo que le puede pasar, al final, después de mucho rogarle sube. Mientras están subidos los duques alzan las voces para dar impresión de lejanía. les empiezan a hacer viento mediante unos fuelles, les calientan los rostros con estopas ligeras y por último les hacen explosionar cohetes para dar fin al vuelo, solo por el simple hecho de reírse de ellos. Así que les hacen creer que todo aquello que les sucede es mágico. Se ve claramente, que en la sociedad donde viven, esas fantasías no son entendidas y los tratan como a unos locos, utilizándolos solamente para reírse de ellos y recordarles durante mucho tiempo.

El capítulo muestra como puede ser de mala la gente y de cómo se pueden aprovechar de dos personas no muy cuerdas. La deformación de la realidad es un tema que Cervantes ya trata en un capítulo anterior, el capítulo en que es precisamente sancho el que modifica la realidad; este tema, el de la verdad o realidad, siempre está presente y plantea la pregunta de quién es el que está más cuerdo o el que ve la realidad. Esto aparece cuando Sancho explica que mientras volaban se había quitado la venda de los ojos y había visto los paisajes del sol, y las personas diminutas en la tierra, algo que es imposible ya que no se han movido del suelo, así que se observa como a medida que va transcurriendo el tiempo Sancho también va viendo cosas que no son, y va volviéndose medio loco.

CAPÍTULO 48 De lo que le sucedió a Don Quijote con Doña Rodríguez, la dueña de la duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de memoria eterna.

En el capítulo 48, aparece una faceta cobarde de Don Quijote ante el extraño acontecimiento en su habitación con Doña Rodríguez. Después de llegar medio muerto y mientras se le están curando las heridas en la cama, cuando oye acercarse a alguien se levanta con miedo y al primer momento se cree que la señorita que se acerca quiere hacerle algo y la asusta. Su razonamiento es un poco de locos, ya que piensa que va a tener deseos y que no va a poder resistirse, y seguidamente le entra miedo por no serle fiel a su amor platónico, además no está seguro de si es alguien de carne y huesos o es un ente que viene de otro mundo. Cuando la mujer vuelve le da a entender que solo está encomendado a su señora Dulcinea, y que si es un fantasma o una alma en pena que le ha venido a buscar, que ara lo que sea para complacerle. Después descubre que es Doña Rodríguez, y se mete en la cama, más tranquilo, pero tapado hasta las orejas y con el miedo en el cuerpo. Es una faceta de Don Quijote desconocida para el lector, ya que en muchas ocasiones le han pasado cosas más peligrosas y nunca a tenido miedo, en cambio por el simple de estar mal herido y de una mujer, se espanta de una forma exagerada

Más tarde entran en la habitación con un fuerte golpe y se le cae la vela a Doña Rodríguez, y Don Quijote vuelve a experimentar un gran miedo al oír como alguien está azotando a Doña Rodríguez y que después no le toque a él. Y aunque después le pellizcan, en vez de defenderse, se acurruca entre las sabanas y se queda quieto. Así que, otra vez se vuelve a comportar de una forma cobarde y poco habitual a la de él.

Este capítulo es un tanto extraño, ya que no se sabe muy bien como termina y te deja con la duda de quién será o quién serán las personas que han entrado en la habitación con tanto alboroto, además del extraño comportamiento de Don Quijote, la cobardía y el miedo que siente ante un hecho poco peligroso en comparación a otros que le han sucedido.