Historia


Cosmología y cosmogonía amerindia


LOS DIOSES.

La religión formaba parte de cada instante de la vida de un azteca. Las conquistas se hacían en nombre de Huitzilopochi, el dios tutelar mexicano.

La vida estaba regida por un calendario y los diversos dioses presidían cada festividad y cada actividad. Los ascensos sociales eran sancionados mediante una ceremonia religiosa, y la religión influía en las leyes y las costumbres. Cada dios mexica era uno y múltiple, casi siempre con cuatro advocaciones. Además, cada dios era dual en diversos aspectos: bueno y malo, joven y viejo, masculino y femenino, etc., a lo cual se suma que cada aspecto podía llevar también un nombre diferente.

De carácter politeísta, el panteón azteca abarcaba una abundante jerarquía de dioses. Tezcatlipoca era una de las deidades principales y representante del principio de dualidad. Portaba un espejo (su nombre significa espejo humeante), en el que se reflejaban los hechos de la humanidad. Divinidad aérea, representaba el aliento vital y la tempestad y llegó a asociarse posteriormente con la fortuna individual y con el destino de la nación azteca. Pero también tenía poderes destructivos y, como tal, recibía los apodos de Nezahualpilli (jefe hambriento) y Yaotzin (el enemigo). La fiesta más importante consagrada a Tezcatlipoca era el Tóxcatl, que se celebraba en el mes quinto. En esa ocasión se le sacrificaba un joven honrado como representación del dios en la tierra, guarnecido con todos sus atributos, entre ellos un silbato, con el que producía un sonido semejante al del viento nocturno por los caminos.

Considerado como padre de los toltecas, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, aparece enfrentado a Tezcatlipoca quien, según la leyenda, le hizo beber varios tragos de pulque (bebida alcohólica que se obtiene haciendo fermentar el aguamiel o jugo extraído del maguey, una variedad del agave), supuestamente beneficioso para su salud, pero Quetzalcóatl, avergonzado por haber perdido su entereza, se ocultó y finalmente desapareció, prometiendo que volvería. Está relacionado con la enseñanza de las artes y, por tanto, actúa como introductor de la civilización. Sus devotos, para venerarlo, se sacaban sangre de las venas que están debajo de la lengua o detrás de la oreja y untaban con ella la boca de los ídolos. La efusión de sangre sustituía el sacrificio directo. Huitzilopochtli, dios de la guerra, representaba los dardos y lanzas del guerrero, la sabiduría y el poder, símbolos que lo identifican con la serpiente. Pero además su nombre alude al colibrí, precursor del verano, la estación de los relámpagos y la fertilidad. Se le honraba en el décimoquinto mes azteca, en una ceremonia muy semejante al Tóxcatl de Tezcatlipoca, el Panquetzaliztli, en la que el sacerdote atravesaba con una flecha una masa preparada con sangre de personas sacrificadas para tal ocasión.

Otro de los dioses importantes era Tláloc, dios de la lluvia, casado con Chalchiuhtlicue (la de faldas de jade), a la que se solía representar con la imagen de una rana, y con la que tuvo muchos hijos: los tlálocs o nubes. Vivía en un paraíso de aguas llamado Tlalocan, donde iban los que habían muerto en inundaciones, fulminados por un rayo o enfermos de hidropesía, que allí disfrutaban de una felicidad eterna. Le ofrecían niños y doncellas en sacrificio. Los campesinos, en previsión de sequías, hacían fabricar ídolos a imagen de Tláloc y los veneraban ofrendándoles maíz y pulque. Relacionados con la agricultura, había un grupo de dioses, entre ellos cintéotl, a los que se identificaba con partes de la planta del maíz. La diosa principal del grupo era Chicomecoátl, otra forma de la deidad del agua, chalchiuhtlicue. Su festival, el Xalaquia, se celebraba entre junio y julio, cuando la planta del maíz había madurado completamente.

Xolotl representaba las formas ascendentes y descendentes del fuego: el de las llamas y el caído del cielo. Dios monstruoso, aparece representado con las cuencas de los ojos vacías porque, según la leyenda, al sacrificarse los dioses para dar vida al nuevo Sol, se puso tan triste y lloró tanto que los ojos se le cayeron de las órbitas. Tlazolteotl, diosa de la inmundicia, la lujuria y el deseo, absolvía a los fieles de sus faltas o pecados; representaba a la basura, el abono y, por tanto, a la fecundidad de la tierra. Mictlantecuhtli (señor del infierno), era el dios de las tinieblas y la muerte. Vivía en una región llamada Tlalxicco, el Ombligo de la Tierra; a este lugar iban los muertos que no merecían ninguno de los diversos grados de cielos, y su castigo era el tedio.

También presente en la mitología maya, las almas, que salían de la boca de los muertos, llevaban jabalinas para afrontar varias pruebas antes de llegar a su morada e iban acompañadas por la sombra de su perro favorito: paso entre dos peñas peligrosas, batalla con una serpiente, enfrentamiento con un caimán, travesía por ocho desiertos y ocho montañas, superación de un torbellino capaz de hender las rocas más sólidas, además de una serie de demonios que le impiden el paso.

Como contraste con esta visión heroica de la travesía después de la muerte, el dios Omacahtl simbolizaba el regocijo y el espíritu festivo. Especie de Dioniso azteca, se representaba como un gordo, en blanco y negro, tocado con una diadema de papel de la que colgaban papeles de colores. Festejado sobre todo por los ricos, a través de orgías y banquetes, Omacahtl castigaba los errores en el culto con indigestiones o mareos, lo que habla de la necesidad de un mito para regular las reglas de urbanidad y el comportamiento en la mesa.

Los astros también tuvieron sus dioses específicos, pero estos eran únicamente aspectos de deidaes más importantes. La tierra y la Muerte estaban debidamente representadas en el panteón.

Además, innumerables advocaciones de los dioses principales gobernaban los oficios, las fuerzas de la naturaleza y cualquier acontecimiento de la vida azteca

COSMOGONIA Y EDADES DEL COSMOS

Ometecuhtli y Omecíhuatl eran la pareja creadora de la especie humana. Representantes de la dualidad de la generación, equivalían respectivamente al cielo, lo masculino, y la tierra, lo femenino, y ocupaban el primer lugar en el calendario. Los aztecas creían que cuatro mundos o soles habían precedido al actual. Como en muchas otras mitologías y concepciones religiosas, entre los aztecas existía la idea de la sucesión de distintas eras o mundos, interrumpidos y transformados a través de cataclismos.

El primer Sol se llamaba Nahui-Oceloti (Cuatro-Ocelote o Jaguar), porque el mundo, habitado por gigantes, había sido destruido, tres veces cincuenta y dos años, por los jaguares, que los aztecas consideraban nahuali o máscara zoomorfa del dios Tezcatlipoca, dios del frío y de la noche.

El segundo Sol, Nahui-Ehécati (Cuatro-Viento), desapareció después de siete veces cincuenta y dos años al desatarse un gran huracán, manifestación de Quetzalcóatl, que transformó a los sobrevivientes en monos.

Durante el tercer Sol, Nahuiquiahuitl, al cabo de seis veces cincuenta y dos años, cayó una lluvia de fuego, manifestación de Tiáloc, dios del trueno y el relámpago, de largos dientes y ojos enormes, y de Quiahuitl, la lluvia; todos eran niños, y los sobrevivientes se transformaron en pájaros.

El cuarto Sol, Nahui-Ati (Cuatro-Agua), acabó con un terrible diluvio, después de tres veces cincuenta y dos años y del que sólo sobrevivieron un hombre y una mujer, que se refugiaron bajo un enorme ciprés (en realidad, ahuehuete). Tezcatlipoca, en castigo por su desobediencia, los convirtió en perros, cortándoles la cabeza y colocándosela en el trasero. Cada uno de estos soles corresponde a un punto cardinal: Norte, Oeste, Sur y Este, respectivamente.

El Sol actual es el quinto y se llama Nahui-Ollin (Cuatro-Movimiento), porque está destinado a desaparecer por la fuerza de un movimiento o temblor de tierra, momento en el que aparecerán los monstruos del Oeste, tzitzime, con apariencia de esqueletos, y matarán a toda la gente. Quetzalcóatl, junto con su hermano gemelo, Xoloti, creó la humanidad actual, dando vida a los huesos de los viejos muertos con su propia sangre. El Sol presente se sitúa en el centro, quinto punto cardinal y se atribuye a Huehuetéotl, dios del fuego, porque el fuego del hogar se encuentra en el centro de la casa.

EL CALENDARIO AZTECA.

El Calendario Azteca o Piedra del Sol, probablemente es el monolito más antiguo que se conserva de la cultura prehispánica, cuya fecha de construcción fue alrededor del año 1479. Los motivos escultóricos que cubren su superficie parecen ser un resumen de la compleja cosmogonía azteca.

Se trata de una roca de basalto olivino, de unas 25 toneladas y 3.58 metros de diámetro, tallada, según algunos arqueólogos, a finales del siglo XV. Fue hallada en el zócalo de la ciudad de México el 17 de diciembre de1790, con motivo de las obras que se llevaron a cabo para el nuevo empedrado de dicha plaza. En principio fue colocada en una de las torres de la catedral; más tarde, en 1885, pasó al Museo Nacional en el centro de la ciudad y finalmente, en 1964, al recién inaugurado Museo Nacional de Antropología, en cuya sala Mexica se encuentra en la actualidad. Los numerosos motivos allí esculpidos parecen relacionarse con la astronomía, la cronología y la cosmogonía de los antiguos mexicanos. La piedra representa una decoración en círculos concéntricos que de interior a exterior parece representar: en el centro el rostro de Tonatiuh (dios del Sol) con adornos de jade y cuchillo de sacrificio en la boca; enmarcando el rostro del Sol está la presencia del símbolo ollín (movimiento), en donde casa aspa tiene cuadretes con representación de los cuatro Soles o edades anteriores, que en conjunto con las garras, el rostro central y los rayos conforman el símbolo del quinto Sol, el Sol del hombre nahua (Nahui-Ollín) nacido en Teotihuacán. A continuación se encuentra el círculo de los veinte días, que se corresponde con la representación de un mes (el calendario náhuatl constaba de 18 meses, de 20 días cada uno, lo que suma un total de 360 días más 5 días nemontemi o aciagos), el círculo comienza por la parte superior y de manera inversa a las manecillas del reloj se representan 20 glifos, que simbolizan a cada uno de los días. Junto a éste se encuentra el círculo con los cuatro rumbos del Universo y los rayos solares. Delimitando toda la representación del disco solar están dos serpientes de fuego, cuyas colas se encuentran en la parte superior, lugar donde está representado el glifo 13, que para algunos se relaciona tanto con el año del surgimiento del quinto Sol, como con la fecha de la construcción del monolito.

El calendario regulaba las fiestas y determinaba las influencias fastas y nefastas que se concertaban en un día determinado. Se procuraba emprender las acciones en días favorables, por lo que los “lectores del destino” eran consultados frecuentemente. Los niños solían recibir como nombre el del día de su nacimiento. Si la influencia era mala, se trataba de contrarrestarla retrasando la ceremonia a un día favorable. Los “lectores del destino” disponían de libros en los que estaban registrados los días y sus características

Cosmología y cosmogonía amerindia

Piedra del Sol

Este inmenso monolito se conserva en la sala mexica del Museo Nacional de Antropología de la ciudad de México desde el 27 de junio de 1964. Para transportarlo hasta allí desde el Zócalo se emplearon 30 días y una enorme plataforma. En su superficie está tallado el compendio de los conocimientos astronómicos y cosmogónicos de la civilización maya.

LA EXPLICACION DEL MUNDO.

La tierra era el centro del mundo. Por encima de ella había trece cielos en los que moraban los dioses y los astros y, por debajo, el Inframundo se componía de nueve pisos en los que habitaban diversas fuerzas, gobernadas por Mictlantecuhtli (“Señor del lugar de los muertos”) desde el piso inferior. El Sol salía por el este e iba ascendiendo por los distintos pisos hasta llegar al cenit o mediodía. Entonces comenzaba a bajar para adentrarse en el Inframundo, al oeste. Mientras iba haciendo su recorrido por los nueve pisos, la noche se apoderaba de la Tierra.

Los mitos mexica explican las fuerzas de la naturaleza, el devenir de los días y las noches y justifican el domino azteca.

Es muy importante la creación del Quinto Sol. Antes, el mundo había sido creado cuatro veces, y las cuatro había sido destruido por cataclismos. Los dioses decidieron probar de nuevo y se reunieron en Teotihuacán. Allí, uno se arrojó al fuego y se convirtió en Sol. Otro hizo otro tanto y fue la luna y, finalmente, todos los dioses hubieron de sacrificarse para que los astros se movieran y hubiera días y noches. De este sacrificio de los dioses se derivaba la obligación que tenían todos los hombres de proporcionar alimento al Sol con su sangre. El objetivo del sacrificio humano era ofrendar el corazón de la víctima para, de esta manera, hacer posible la continuación del mundo.

El mito que se escenifica en el Templo Mayor es una explicación de la sucesión de los días y las noches que guarda cierta semejanza con el mito de Osiris en Egipto. Coatlicue (“La de la falda de serpientes”), diosa terrestre, concibió sin ayuda de varón, lo que enojó a su hija Coyolxauhqui (“La de los cascabeles en la cara”) y a sus 400 hermanos, los Huitznahua (“del sur”). Se pusieron de acuerdo para matar a la madre, pero en el momento decisivo, nació Huitzilopochtli, armado completamente, y los mató a todos. De ahí que Huitzilopochtli sea el Sol naciente que “mata” a la Luna (Coyolxauhqui) y a las Estrellas (los Innumerables del sur).

Otros mitos relatan la invención de técnicas, el descubrimiento del maíz, u otorgan el patrocinio de los dioses a actividades concretas.

LA CREACION DEL SOL, LA LUNA Y LAS ESTRELLAS.

Según cuenta una leyenda azteca, los dioses se reunieron en la ciudad de Teotihuacán, cuando desapareció el sol que precedió al actual y decidieron que uno de ellos debía morir para convertirse en el nuevo sol.

Sólo dos dioses se ofrecieron voluntarios: Tecuciztécatl, rico y poderoso, y Nanahuatzin, una pequeña deidad pobre y enferma de bubas. Luego, los aspirantes se retiraron a dos altísimos edificios -las pirámides del sol y de la luna- e hicieron penitencia durante cuatro días. Tecuciztécatl, dueño de inmensas riquezas, ofrecía hermosas plumas, bolas de oro macizo y preciosas agujas hechas de coral. Nanahuatzin, carente de recursos económicos, presentaba manojos de cañas, pelotas de hierba y espinas de cactos teñidas con su propia sangre.

Al quinto día, las deidades encendieron un gran fuego para que los candidatos se arrojaran a él. Tecuciztécatl intentó el salto tres veces, pero siempre se detuvo en el momento en el último momento lleno de miedo. Nanahuatzin, en cambio, no titubeó. Cerró los ojos y se lanzó sin dudar a la hoguera. Al ver el valeroso acto, el dios rico, avergonzado de su cobardía, se lanzó también al fuego. Hubo una larga y angustiosa espera. Al fin, salió el sol por el oriente e instantes después la luna, que brillaba tanto o más que él. Un dios, enfadado por la osadía de Tecuciztécatl, cogió un conejo y se lo arrojó a la cara, dejándole una marca que aún hoy conserva.

A pesar de ello, el sol no se movía y las divinidades tuvieron que darse muerte para alimentarle con la energía vital encerrada en la sangre, proporcionando al astro la fuerza necesaria para emprender su recorrido diario.

Así nacieron el Sol, la Luna y las Estrellas….

LA NATURALEZA Y LA CIENCIA.

Las artes son un buen ejemplo de los conocimientos físicos de los mexicanos, sobretodo la orfebrería. Los mexica fueron grandes observadores de la naturaleza y dedicaron hombres especialmente a esta tareas, muy ligadas a la religión. Los libros registran los conocimientos y servían para su transmisión.

La astronomía fue una de sus disciplinas predilectas. Existía una gran tradición y el complejo calendario mesoamericano había sido elaborado a partir de observaciones muy precisas que permitieron determinar con exactitud las revoluciones sinódicas del Sol, la Luna y planetas como Venus y seguramente Marte. La observación de los cielos prestó atención a las estrellas y las agrupó en constelaciones que no coinciden con las nuestras. Entre ellas destacan los Mastelejos (en náhuatl, Mamalhuaztli, los palos con los que se hacía el fuego), cerca de las Cabrillas. Su aparición en el cielo nocturno el día de la celebración del Fuego Nuevo garantizaba la existencia del mundo durante otros 52 años. En ese momento, se sacrificaba a la víctima y se encendía en su pecho el fuego que alumbraría el nuevo siglo, procediéndose a su reparto por toda la región.

Conocieron también los cometas, que ellos llamaban “estrellas que humean” y determinaron la frecuencia de los eclipses de Sol y de Luna.

La observación del cielo se extendió también a la meteorología. Asociaron las lluvias con las nubes y consideraron que la aparición del Arco Iris era un signo de calma. Sabían en qué momentos eran posibles las heladas y establecieron las características de los vientos dominantes.

Cada fenómeno tenía asociado un dios o un aspecto de una divinidad importante, como ocurría con las lluvias (Tlaloc) y los vientos (Quetzalcóatl Ehecatl).

La medicina y la herbolaria son las disciplinas en las que más destacaron. La magia estuvo muy ligada a la medicina, pero bajo los ritos se ocultaban sólidos conocimientos. Las enfermedades se atribuían a la acción de fuerzas maléficas manejadas por brujos; por eso la curación correspondían a un hechicero, el ticitl, que recetaba hierbas medicinales, sangrías, tisanas y baños, sobretodo, a vapor.

A su vez, los cadáveres de los, difuntos eran cremados o enterrados según la causa de su deceso. Al parecer sólo eran depositados en tumbas subterráneas los fallecidos por ahogamiento, quemados por rayos, los leprosos, gotosos y las mujeres muertas en el parto. Algunas veces eran sepultados junto a servidores y mujeres que, por voluntad propia, solicitaban acompañar al muerto.

Los cadáveres a cremar, ricamente vestidos y con un pedazo de jade en la boca, eran envueltos, con las pierna atadas al mentón en telas amarradas por fuertes sogas. Enseguida se colocaban sobre una hoguera. Recogían las cenizas y el jade, guardándolas en un jarrón que, más tarde, depositaban en un hoyo abierto dentro de la casa. Las de los soberanos se conservan en el templo de Huitzilopochtli.

Quienes llegaban a ancianos disfrutaban de una vida tranquila en medio del respeto u cariño de todos. Les estaba permitido embriagarse en público. Sus comidas, vestimentas y demás necesidades eran proporcionadas por el calpulli. Se les consideraba como una fuente de conocimientos y experiencias, solicitándoseles, permanentemente, consejos. En las fiestas constituían los principales oradores.

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE.

EL CIELO: PREMIO PARA LOS GUERREROS

MUERTOS EN COMBATE.

Un lugar donde se iban las ánimas de los difuntos era el cielo, donde vive el sol.

Los que se van al cielo son los que mataban en las guerras y los cautivos que habían muerto en poder de sus enemigos: unos morían acuchillados, otros quemados vivos, otros acañavereados, otros aporreados con palos de pino, otros peleando con ellos, otros atábanle teas por todo el cuerpo y poníanlos al fuego, y así se quemaban.

Todos estos dizque están en un llano y que a la hora que sale el sol, alzaban voces y daban grito golpeando las rodelas, y el que tiene rodela horadada de saetas por los agujeros de la rodela mira al sol, y el que no tiene rodela horadada de saetas no pude mirar al sol.

Y en el cielo hay arboleda y bosque de diversos árboles; y las ofrendas que les daban en este mundo los vivos, iban su presencia y allí los recibían.

Y después de cuatro años pasados las ánimas de estos difuntos, se tornaban en diversos géneros de aves de pluma rica, y color, y andaban chupando todas las flores así en el cielo como en este mundo, como los zinzones lo hacen.

EL PARAÍSO: DESTINO PARA LOS DIFUNTOS

SELECCIONADOS.

La otra parte don decían que se iban las ánimas de los difuntos es el paraíso terrenal, que se nombra Tlalocan, en el cual hay muchos regocijos y refrigerios, sin pena ninguna, nunca jamás faltan las mazorcas de maíz verdes, y calabazas y ramitas de bledos, y ají verde y jitomates, y frijoles verdes en vaina, y flores.

Y allí viven unos dioses que se llaman Tlaloque, los cuales se parecen a los ministros de lo ídolos que traen cabellos largos.

Y los que van allá son los que matan los rayos o se ahogan en el agua, y lo leprosos, bubosos y sarnosos, gotosos e hidrópicos.

EL INFIERNO: ÚLTIMA MORADA DE QUIENES FALLECÍAN

POR ENFERMEDAD.

Lo que dijeron y supusieron los naturales antiguos y señores de esta tierra, de los difuntos que se morían es: que las ánimas de los difuntos iban a una de tres partes: la una es el infierno, donde estaba y vivía un diablo que se decía Mictlantecutli, y por otro nombre Tzontémoc, y una diosa que se decía Mictecacíhuatl que era mujer de Mictlantecutli.

Y la ánimas de los difuntos que iban al infierno, son los que morían de enfermedad, ahora fuesen señores o principales, o, gente baja…

INTRODUCCIÓN.

Los Aztecas o Mexicas, es el nombre de los miembros de un pueblo que dominó el centro y sur del actual México, en Mesoamérica, desde el siglo XIV hasta el siglo XVI y que es famoso por haber establecido un vasto imperio altamente organizado, destruido por los conquistadores españoles y sus aliados tlaxcaltecas.

Algunas versiones señalan que el nombre de `azteca' proviene de un lugar mítico, situado posiblemente al norte de lo que hoy en día es México, llamado Aztlán; más tarde se autodenominaron mexicas.

Su origen se encuentra tras la caída de la civilización tolteca que había florecido principalmente en Tula entre los siglos X y XI, momento en el cual oleadas de inmigraciones inundaron la meseta central de México, alrededor del lago de Texcoco. Debido a su tardía aparición en el lugar, los aztecas-mexicas se vieron obligados a ocupar la zona pantanosa situada al oeste del lago. Estaban rodeados por enemigos poderosos que les exigían tributos, y la única tierra seca que ocupaban eran los islotes del lago de Texcoco, rodeados de ciénagas.

El hecho de que, desde una base tan poco esperanzadora, los aztecas fueran capaces de consolidar un imperio poderoso en sólo dos siglos, se debió en parte a su creencia en una leyenda, según la cual fundarían una gran civilización en una zona pantanosa en la que vieran un nopal (cactus) sobre una roca y sobre él un águila devorando una serpiente. Los sacerdotes afirmaron haber visto todo eso al llegar a esta zona; como reflejo de la continuidad de esa tradición, hoy en día esa imagen representa el símbolo oficial de México que aparece, entre otros, en los billetes y monedas.

Al aumentar en número, los aztecas establecieron organizaciones civiles y militares superiores. En 1325 fundaron la ciudad de Tenochtitlán (ubicada donde se encuentra la actual ciudad de México, capital del país).

ÍNDICE.

INTRODUCCCIÓN 4

LA EXPLICACIÓN DEL MUNDO 5

LA CREACIÓN DEL SOL, LA LUNA Y LAS ESTRELLAS 5

COSMOGONÍA Y EDADES DEL COSMOS 7

EL CALENDARIO AZTECA 8

LOS DIOSES 10

LA NATURALEZA Y LA CIENCIA 13

LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE 15

BIBLIOGRAFÍA 17

BIBLIOGRAFÍA.

  • ARCHIVOS BIBLIOTECA NACIONAL

  • BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE CHILE

  • MUSEO DE ARTE PRECOLOMBINO

  • ENCICLOPEDIA ENCARTA 98

  • ENCICLOPEDIA MONITOR




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Enviado por:Rodrigo Salgado
Idioma: castellano
País: México

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