Zapatistas

Ciencias sociales. Movimiento zapatista. Revoluciones. Sociedad. Zapatismo. Poder. Autonomía

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INTRODUCCION

La apuesta en la cual me involucro es demostrar y confirmar que la situación histórica que se desarrolla en las comunidades indígenas del Estado de Chiapas, Méjico, bien puede dilucidar y aclarar la crisis de validez, eficacia y legitimidad de un Derecho Heterónomo, es decir, sin negar las características propias del Derecho elaborado por el Estado-Nación de las democracias representativas.

Desde aquí, surge la necesidad de elaborar desde otra mirada, paradigmas que nos permitan replantearnos la elaboración de normas jurídicas que permitan avanzar en la dirección de un adecuado respeto y acatamiento del Derecho desde la misma sociedad civil, sin que sea el carácter heterónomo-coercitivo de la norma jurídica el que prime al momento de la creación-aplicación, ya sea para aprobar o reprobar una conducta al interior de una determinada sociedad.

Para desarrollar el presente trabajo me permitiré contextualizar en qué marco de relaciones nace o germina una práctica que considerábamos ya superada por las múltiples teorías contractualistas de la modernidad que tienen su corolario en la teoría de separación de poderes que se instaló en Occidente con la Revolución Francesa.

Donde quizás pueda encontrarse un antecedente de lo planteado es la Polis Griega, donde los ciudadanos concurrían a la elaboración de su Derecho, pero como bien sabemos, eran excluídas las personas que no tenían la calidad de ciudadanos, por ende, no es el antecedente al cual me remitiré.

En esta perspectiva es que considero válido detenerse a estudiar el fenómeno post-moderno de la Selva Lacandona, donde un grupo de Comunidades Indígenas reta a este Estado omnipotente y cuestiona el centro o núcleo ideológico de su Poder, desde el cual se determinan las conductas y las vidas de las personas. Su forma reviste a los ojos de una mirada superficial la idea de una lucha político-militar como cualquiera de los levantamientos que se dan de tiempo en tiempo en América Latina, pero si nos adentramos en la “selva” podemos ver que las raíces y desarrollo de este movimiento nos depara algunas sorpresas. Más, para que ello sea posible se hace necesario describir y ubicar este movimiento social allá por Enero de 1994, donde unos enmascarados se permitieron con la ocupación militar de algunos poblados del Estado de Chiapas, parar las celebraciones del gobierno mexicano por su ingreso al club de los países desarrollados, que fue la inclusión del estado de México al NAFTA, que creaba una zona de libre comercio junto a Canadá y Estados Unidos.

No pocos analistas quedaron descolocados con la aparición de este nuevo actor en el contexto de un México del Primer Mundo, el EZLN, también hay que decirlo, buena parte de los sectores de la Izquierda Tradicional del continente que observaron que este movimiento no cuadraba con los viejos esquemas. De ahí que muchos politólogos acuñaran el desafortunado concepto de “reformismo armado”, para catalogar el sorprendente programa de los alzados, por la desconcertante razón de que no quieren tomar el poder. Dicha afirmación fue repetida más o menos en los mismos términos este año, a propósito del levantamiento indígena del 22 de Enero de 2000 en Ecuador por el líder de la CONAIE, Antonio Vargas cuando expresaba que dicho movimiento no se proponía tomar el Poder y fue más lejos al decir que la palabra Poder en Quechua no existía. Estas afirmaciones no son formuladas aquí por vez primera, ya que hay por ahí textos en la línea anarquista que dicen que el objetivo de una dirección revolucionaria no es la toma del poder, puede ser necesario hacerlo en una etapa de la lucha, pero esto es una incidencia en pos de la emancipación y no otra cosa, por lo cual se reconoce la transitoriedad de dicha situación en función de la creación de una sociedad humana razonable. La propuesta de los pueblos originarios de Chiapas, dicha en otros términos y con otros objetivos generó varios tipos de respuestas en la izquierda latinoamericana y específicamente en el Foro de Sao Paulo desde 1994 a la fecha, donde se ha ignorado los tópicos instalados por este movimiento indígena. No es poco decir que en dicho Foro participan o se encuentran más de 100 partidos de la izquierda tradicional y donde tiene un papel preponderante el Partido de los Trabajadores de Brasil, que hace poco tiempo ganó las alcaldías de las ciudades más importantes de Brasil.

Cuestiona el movimiento zapatista, la idea para muchos, casi sinónima de revolución y toma del poder, como también la idea que el cambio social se hace desde arriba hacia abajo, e indirectamente, también cuestiona una idea de la Ilustración, quizás producto de sus prácticas comunitarias, que incluso podría atribuirsele a los jacobinos y es de que la sociedad es planificable o moldeable desde alguna instancia. Ello también se pensó con respecto a la naturaleza con la visión antropocéntrica instalada por el racionalismo. Todos sabemos a estas alturas las consecuencias de esta última idea y está por verse que viene respecto al fenómeno social.

Aquí surgen algunas interrogantes respecto a los zapatistas en cuanto a las revoluciones triunfantes del Siglo XX, donde ellos tienen una visión muy crítica y categórica del fracaso de la revolución (sólo en América Latina hubo cuatro de estas revoluciones) en tanto se demostraron incapaces en direccionar a la sociedad en el camino de la emancipación humana, que es la idea fundadora del marxismo ideológico e incluso del anarquismo, en definitiva, de todas las ideas que se desarrollan en el campo social en el Siglo XIX, que cuajaron en torno a la revolución, el poder y el socialismo en torno al movimiento obrero. Ellos vienen a decir que este fracaso no es aislado, sino que es la norma en todas las experiencias. Entonces lo que demuestra este Siglo es que es posible para las fuerzas revolucionarias derrocar a las clases dominantes, ello desde 1917 en adelante, donde se puede apartar a la clase dominante e incluso destruir al aparato del Estado y comenzar a construir uno nuevo. Pero a partir de allí, empiezan a surgir otro tipo de problemas, por ejemplo cómo construir una sociedad más justa que no sólo implique un reparto más equitativo de los bienes, sino avanzar en ese otro terreno, el de la emancipación de la humanidad. Ellos plantean de alguna manera y de forma-fondo bastante clara que el poder estatal ha demostrado escasa utilidad para promover el cambio social y ello se deba a que el núcleo de éste, es el ser humano y la propiedad de la tierra, de las fábricas, de los medios de producción, los cuales son medios para la consecución de este fin último. Por ende, la direccionalidad del cambio, en un proceso revolucionario, es la modificación de las relaciones entre y por las personas, por tanto es el cambio de las relaciones sociales en un sentido antropológico cultural, donde se incluyen las de géneros, de las relaciones políticas y económicas de una sociedad, al decir de un sociólogo de moda (Bordeaux).

Ahora esta idea-fuerza de “no toma del poder”, no surge de una idea romántica de las relaciones, sino que implica un profundo desprecio por una concepción y práctica del poder ya tradicional, surgido desde el occidente, desde una matriz patriarcal y colonizadora, que involucra, objetivamente, una concentración y acumulación de poder político y económico con un paralelo avasallamiento cultural y cuando es necesario, también militar, todo esto legitimado a través de cuerpos legales, más o menos avanzados, basados esencialmente en un moral preconvencional y/o convencional (Kölberg). En cambio los zapatistas, están por la construcción de “un nuevo poder”, basada en una concepción postconvencional de la moral(Kolberg), que presupone un desarrollo de la conciencia individual y social orientada

a entender el poder como responsabilidad y distribución social de este poder, con fundamento en la comunidad y en los intereses comunitarios, donde sus representantes expresan el mandato de estas comunidades y donde las organizaciones deben ser el lugar de ensayo de las nuevas relaciones y por lo tanto de una sociedad más justa e igualitaria, con valores cuestionadores y alternativos a la competencia, individualismo, exitismo y de la concentración de la propiedad privada. Logicamente, que desde esta concepción y práctica está surgiendo una nueva visión del Derecho y por ende una nueva forma de regular y acotar la conducta humana, sin olvidar, en el contexto de las comunidades zapatistas, que ellas reclaman su ciudadanía mexicana, pero con el respeto a su autonomia cultural y económica que pasa por la devolución de ciertos territorios y por otros factores que sería largo de analizar para este efecto. Es desde aquí, que los zapatistas se niegan a la posibilidad de la toma del poder, ya que consideran que no es buen negocio apoderarse de algo que está corrupto y en decadencia, con un imaginario surgido desde una visión verticalista del amo y el esclavo, que ha sido capaz de autorrenovarse, por un lado, por la concentración de capital y de cabezas pensantes en la dirección del amo y también por la incapacidad o negligencia de la mayoría de los líderes y vanguardias revolucionarias, surgidas hasta la fecha, de cuestionar y levantar una alternativa dónde no se confundan los medios con los fines, de modo que a la larga los esclavos quieren convertirse en amos, reciclando lo mismo que ha sido el motivo de su lucha. También se niegan a este poder, y se asumen como “puente”, en la meridiana claridad, que éste, es necesario ser transitado, para internalizar esta nueva cosmovisión, y en un proceso convertirla en práctica y acción que prepare y dote al ser humano de una nueva forma de ser y de hacer. El puente es la evolución y es la re-evolución de los propios seres que somos.

CULTURA ZAPATISTA: UNA NUEVA PROYECCION DEL DERECHO

Desde esta perspectiva qué se puede hacer con el poder estatal?, promulgar leyes, decretos, reglamentos, definir y delimitar los derechos de los individuos en general, pero lo que no puede hacerse desde lo estatal es dictar normas sobre solidaridad, fraternidad, de ayuda mutua, de cooperación.

Un sociólogo norteamericano, Manuel Wallenstein plantea una reflexión sobre el Estado: “los Estados pueden hacer las cosas un poco mejores o un poco peores para todos, pueden escoger entre ayudar a la gente común a vivir mejor o ayudar a los estratos superiores a prosperar aún más, pero eso es todo lo que los Estados pueden hacer. Sin duda esas cosas tienen mucha importancia a corto plazo, pero a largo plazo no importan en absoluto. Si queremos afectar de forma significativa la enorme transición del sistema mundial del capitalismo que estamos viviendo para que vaya en una dirección y no en otra, el Estado no es un vehículo principal de la acción, en realidad más bien es uno de los principales obstáculos”, extraído del texto “Después del Liberalismo”, por ende en el desarrollo de lo que sigue se extraen lo que son las coyunturas de toda índole, para así abordar una visión sistémica del mundo en que estamos. Un sistema mundo que lleva cinco siglos, donde Descartes, Maquiavello, Bruno, Copérnico, Hobbes entre otros, aportaron elementos para esta Modernidad, algunos sin saberlo y que llega a su fin, porque no da para más. Hoy entramos a un período sistémico de crisis, más allá de lo coyuntural y donde se abre la posibilidad de una transición hacia otra cosa, aspirando a que esa otra cosa sea una sociedad a escala humana donde sí se podrá influir, quizás no dirigir, planificar o moldear, pero sí influir. Lo que plantea el zapatismo es cuál es el lugar idóneo o el mejor lugar para las personas que aspiran a condiciones más dignas de vida para influir en esa dirección, es decir, cómo fomentar estas prácticas de la cooperación y la responsabilidad. Estamos hablando de creación desde lo social de relaciones humanas nuevas, por lo tanto, cuando nos enfrentamos a la creatividad humana esto es impredecible, lo que implica que no se puede predecir ni el cómo, cuándo y de qué manera los seres humanos van a crear cosas nuevas en un sentido emancipatorio, lo que sí se podrá por la experiencia acumulada es asegurar que es en los movimientos populares, sociales donde estas prácticas pueden y seguramente van a emerger.

Los movimientos sociales como ejes de la transformación social, política, cultural por sus prácticas hacia fuera y hacia adentro. Nosotros en la visión occidental que tenemos tendemos por la fuerza de la costumbre a mirar la parte pública de los movimientos y de las personas y no lo que hay de la puerta hacia adentro, de ahí la importancia de la construcción interna de los movimientos, idea resaltada también por el MST ( Movimiento de los Sin Tierra, Brasil) en el ámbito de la Educación, Salud, Trabajo,etc. Esta doble mirada, adentro y afuera parece fundamental para detectar que hay de nuevo y que hay de viejo en cada movimiento, esos son los elementos esenciales a tener en cuenta. Esto es lo que nos remite directamente al movimiento de Chiapas, del zapatismo y del poder. Porque una cosa que no hace el zapatismo es el dividir el afuera y el adentro, sino que hay un tránsito fluido y una búsqueda de coherencia entre el discurso público y la actitud pública por un lado y lo que se hace puertas adentro. Esta coherencia no es solamente ética, sino que de principios y estilos que se manejan. De allí la valoración que tiene el zapatismo del Poder y en qué medida suponen una ruptura radical con el paradigma tradicional de revolución.

Sobre el tema organizativo plantean algunos principios o ideas:

1º Que el poder no es para ellos, no aspiran a tomar el poder, no dicen que no hay que tomar el poder, ese es un matiz.

2º Que sea la sociedad civil organizada la que tome el poder, pero además plantean que no se pueden igualar Poder a Estado. Apelan a las prácticas comunitarias y más específicamente al quehacer al interior de las comunidades indígenas o a cualquier tipo de agrupación social que revista tal carácter, como por ejemplo las comunidades eclesiales de base que juegan un papel importante en algunos países, también se podría hacer referencia al MST (Movimiento de los Sin Tierra, Brasil) con sus asentamientos. Esta lógica comunitaria es de donde deriva la ruptura de esa cuestión binaria, polarizada, del Poder Aquí y del No Poder Allá. Lo que lleva en una idea muy propia de lo que hubiera defendido Paulo Freire “el poder no está allá, sino nosotros tenemos capacidad de poder” y tenemos los sujetos con capacidad colectiva de poder que desarrollarlas, empoderarnos (empowerment), esto necesariamente se reconoce en prácticas comunitarias. Puede ser fecundada por teorías y análisis de otro tipo, pero cuando un colectivo de seres humanos se convierte en comunidad o en asentamientos, está empoderándose, porque está ejerciendo su poder colectivo.

Además en esta misma dirección desarrollan cuatro tesis en lo esencial en el ámbito organizativo que clarifican el afuera y el adentro:

1º El mandar-obedeciendo, y es que, el que manda a su vez actúa obedeciendo a una instancia superior que es necesariamente colectiva.

2º Preguntando caminamos, con ello rompen con la lógica de la vanguardia clásica desarrollada por Lenin, Mao Tse tung, el Che, entre otros, que camina diciendo lo que hay o debe hacerse, es decir, desde el Partido emana la línea u orientación política. Al contrario, los zapatistas caminan preguntando, en donde se establece un diálogo horizontal con el sujeto social. En el caso de la vanguardia que orienta y en el peor de los casos, se relaciona con los sindicatos, con los movimientos de masas como correas transmisoras de la línea partidaria.

3º Entre todos lo sabemos todo, dicho sea de paso, esto ya había sido planteado en el Congreso Nacional Indígena de Méjico, que hicieron colectivos indígenas de otras etnias no chiapanecas en 1992, a propósito de los 500 años.

Un planteamiento profundamente anti-intelectualista en el sentido de que entre todos lo sabemos todo, intenta superar la tradicional división entre trabajo intelectual y manual, que es dramático en nosotros, los que estamos en la actividad social y política. Existe y ello no sólo es un legado de la división social del trabajo, sino que ha acompañado a la humanidad desde antes de la aparición del capitalismo, entre aquellos que tienen el dominio del saber y quiénes hacen; y

4º Caminar al paso del más lento, que es difícil de digerir para algunos pensamientos. Es de una raíz profundamente comunitaria y en su conjunto una serie de ideas anti-vanguardistas que apuestan a que si hay colectivos de militantes más organizados, más en la línea de Partido jueguen un papel distinto al de vanguardia y quizás debieran actuar más como dinamizadores y no en una relación de poder, de desigualdad hacia los movimientos.

En un ámbito paralelo destacan otros elementos, como el que dice que hay que esparcir el poder para que no dañe, es decir, mientras más difuminado esté, más saludables serán las consecuencias que de ello deriven. Conciben por lo tanto, a las organizaciones populares como espacios de encuentro que necesariamente deben ser lo más horizontal posible y por ende, lo menos jerárquicos posibles.

A esta serie de concepciones le agregan dos:

1º La organización como puente, como instrumento para ir y volver, para comunicarse unos con otros. El puente es generalmente bastante horizontal, porque un puente vertical no funcionaría. Esto implica que la organización no es un fin en si misma, sino un medio para...

Todos tenemos algún tipo de experiencia o conocimiento de organizaciones que se convirtieron en fines para sí, por ende todo lo demás terminaba resecándose a su lado.

2º Las organizaciones deben ser como el arco iris, donde quepan todos los colores sin que ninguno domine al otro. Tiene que ver con la idea de que entre todos lo sabemos todo y de que es posible en el campo popular hacer un mundo para todos o un mundo donde quepan muchos mundos, que coexistan todas, las unas al lado de las otras sin hegemonía, sin dominio y lo que es peor para nuestro pensamiento racional, sin necesidad imperiosa de síntesis. Ello, porque la síntesis, como concepto teórico implica la necesidad de marginación, porque algo se pierde o es subsumido por otras que terminan siendo hegemónicas.

La organización no como un tejido piramidal sino que circular, como un tejido autogestionado y autocreativo. Hoy ello se plasma en las comunidades de Chiapas y en el MST de Brasil que ya funciona con más de 1000 escuelas levantadas por ellos, las cuales funcionan y se recrean por sí solas. De este funcionamiento se nutren los nuevos actores que se involucran en el proceso del movimiento y que en el rodar es susceptible de perfeccionar, modificar, pero que ya está en movimiento. Las comunidades de los Altos de Chiapas cuando emigraban a la selva, lo hacían individualmente, pero una vez instalados en la selva recreaban la comunidad. Si bien las condiciones objetivas habían quedado atrás en términos de modificación de las conciencias de dichos sujetos, sin embargo, primaba lo sentido y vivido en otros espacios. De ahí este auto-aprendizaje que se denomina red auto-creativa.

Por último, trabajan el tema de la Autonomía que es definido por ellos como un elemento clave de cualquier proyecto social emancipador. De este conjunto de prácticas e ideas que han ido desgranando en estos años, nos plantea el repensar el imaginario que tenemos de una posible transición. En la concepción clásica la transición empieza un día después de la Toma del Palacio de Invierno, esto es una herencia directa de la Revolución Francesa, porque ella fue la primera Revolución Popular de la Humanidad, a tal punto fue la primera que tuvo que remitirse a un símbolo de 2500 años atrás, el gorro frigio, a la época de la Grecia Antigua, donde los Libertos se ponían un gorro de lana como símbolo de su Libertad. No había en los siglos anteriores imaginarios o símbolos que pudieran ser adoptados por los revolucionarios franceses. Esto fue un cambio gigantesco en las mentalidades, como lo fue en Hegel, Marx, Saint-Simon, Fourier hasta el día de hoy. El imaginario de la Toma de la Bastilla que se repite en todos los procesos posteriores es difícil de trabajar en otro sentido, porque las culturas nos pesan y a veces nos aplastan. Sin embargo, Marx en el Manifiesto Comunista cuando habla del proceso de transición del Feudalismo al Capitalismo, dice que en el seno de la sociedad feudal comenzaron a desarrollarse relaciones de producción y de vida de otro tipo, las burguesas. Estas nuevas formas de expresión cultural se conformarían en un proceso de varios siglos. A tal punto se desarrollaron estas formas y cultura burguesas que llegó un momento en que la sociedad feudal era una pequeña isla en un mar u océano de sociedad burguesa. Claro, una isla que controlaba resortes claves del Poder, que inhibía el cauce o desarrollo normal de esa otra sociedad, había que hacer saltar por los aires ese Poder feudal. Eso fue lo que se hizo con la Revolución Francesa y otras del período en cuestión. Con ello no se quiere decir que la transición a esa nueva sociedad necesariamente vaya o deba ser así, todo en esto en el sentido de lo expresado por los zapatistas en que la imagen de la transición, pasando por la toma del poder y construcción planificada de una sociedad nueva de arriba hacia abajo tiene que ser repensada. No se puede seguir haciendo al pie de la letra ese libreto y creen que esta crisis civilizatoria poco a poco ha ido encontrando nuevos senderos o cauces por donde fluir como las aguas que buscan nuevos derroteros cuando se les presentan obstáculos que les impiden avanzar hacia el mar. Un ejemplo de esa creencia son las comunidades indígenas de Chiapas, del Movimiento de los Sin Tierra, de las experiencias organizadas y no tan organizadas del trueque, puede haber en un plazo de tiempo una sociedad alternativa con sus agrovillas, sus asentamientos, cooperativas urbanas y rurales con medios de comunicación alternativos, etc., que tendrá que disputar en algún momento el poder a quién lo detente.

Aquí se instala la idea de territorialización como estrategia, porque las prácticas nuevas tienen que estar asentadas en un territorio, esa es una clave sobre la cual en alguna medida se debe funcionar y que no es la fábrica del burgués como creyó Marx - el ideólogo- donde planteaba que la expansión de éstas creaba ya las condiciones para una nueva sociedad. Ello puede ser por la idea bastante simplificada que tenía de la tecnología, donde la forma en que se expresan las relaciones del cómo producir lo decide el propietario del capital, mientras que en los espacios comunitarios la organización del trabajo la decide el colectivo, que puede ser el desastre de copiar la del burgués o ir cambiándola, cuestión que no será de un día para otro. Esta estrategia de transición de organización múltiple, diferente, debe ser eso, distintas modalidades para no reemplazar o ser pendulares a la que se considera antítesis. Aquí hay un fértil campo para la experimentación y la incertidumbre, donde la expresión puede ser una radio comunitaria como un campamento o un asentamiento, donde si se las mira con distancia son espacios autorregulados que buscan construirse al margen de la lógica del mercado, aunque negocien con él y estén vinculados con el mercado. Controlados y regulados por los propios protagonistas de esas experiencias con autonomía.

Creen que no hay transición alternativa al capitalismo sin que los oprimidos tengamos o construyamos una cosmovisión distinta a la de los opresores. Ello se justifica porque con la cultura de los que ejercen el Dominio no se llega a ningún lado. Piénsese en las relaciones hombre-mujer, ancianos-jóvenes, o la relación jerárquica dentro de las comunidades. No hay tránsito posible sin que se planteen estos tópicos y se reconoce que ello es difícil, más aún en esta lógica depredadora donde el hombre es el lobo del hombre.

REFLEXION FINAL

Ahora una reflexión en torno a lo expuesto es que no creemos que en las condiciones en que estamos hoy, a pesar de todo lo aprendido en este siglo que se va, con triunfos y fracasos de los cuales se puede aprender algo, donde quién creemos estuvo más cerca de esta Cosmovisión fue “El Che ”, porque se requiere una gran dosis de voluntad y dignidad en el acto de recrearnos, no sintetizable en programas, en consignas, en planteamientos estratégicos. Creo que algunos de los mensajes que transmite el Zapatismo en este sincretismo, donde se extraen elementos de la cultura judeo-cristiana occidental y se rescatan otros de la cosmovisión indígena, donde hay cuestiones para pensar y también sentirlas. Al decir de Galeano, un sujeto senti-pensante donde no sea requisito previo el tener las cosas claras, que por lo demás debe ser así, pero no sólo eso, sino que sentirlas, porque el Poder en su sentido más negativo es una forma de aplastar esos sentimientos múltiples que son los que enrriquecen la vida y nos pueden permitir el transitar por un camino distinto. En otras palabras, sin mística, sin deseo, sin entusiasmo, no es posible construir nada interesante, nada que sea capaz de involucrar a otros. Este es el punto de atracción de los Zapatistas como de los Sin Tierra, que no sólo demuestran que hay injusticia sino que demuestran que las cosas se pueden hacer de otra manera.

BIBLIOGAFIA

MARCOS, SUBCOMANDANTE Comunicados WEB EZLN

MARX, KARL Manifiesto Comunista

TOTORO, DAUNO Los Zapatistas Ed. Liberarte, Argentina

ZIBECHI, RAUL Los desafíos del Zapatismo Ed. Piedra Libre, Uruguay