Zalacaín el aventurero; Pío Baroja

Literatura española. Generación del 98. Novela de aventuras. Tierra Vasca. Argumento

  • Enviado por: Mister Indirectas
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas
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Resumen y Comentario de Zalacaín el Aventurero

  • El libro empieza con una descripción muy detallada, y sobretodo sentimental de la villa de Urbía, digo sentimental, porque hay ciertos aspectos, en los que si el autor no hubiera vivido en ese lugar, no hubiera sido capaz de plasmar:

    • Durante el invierno, en las horas de sol, algunos viejos de la vecindad, con traje de casa y zapatillas, pasean por la cornisa, y al llegar marzo o abril contemplan los progresos de los hermosos perales y melocotoneros de las huertas.

    • Los habitantes del interior sienten una obscura y mal explicada antipatía por sus convecinos de extramuros.

    • Urbía ofrece aspectos varios: desde lejos y viniendo desde la carretera al anochecer tiene la apariencia de un castillo feudal; en cambio desde el puente y en un día de sol, parece una diminuta Florencia, asentada en las orillas de un riachuelo: este último párrafo implica que el autor quiere mucho a su ciudad.

    • El almacén de Azpillaga, donde se encuentra de todo, debe de dar a los aldeanos la impresión de una caja de Pandora, de un mundo inexplorado y lleno de maravillas. Pandora fue, según la mitología griega, la primera mujer de la Tierra. Por curiosidad abrió una caja en que estaban encerrados todos los males, entonces se esparcieron por toda la Tierra.

  • Martín vivía en un caserío con su madre y su hermana, cerca de la casa de los Ohando, nadie se ocupaba de Martín, no iba a la escuela, era un chico solitario, aunque siempre que se acercaba a los otros chicos despertaba curiosidad, debido a que huroneaba por todas partes. Martín un día, andando por encima de la muralla, un chico le señaló como a un ladrón, y desde ahí surgió la enemistad persistente hasta el último día de su vida con Carlos Ohando; con el cual se peleó ganando el joven Zalacaín. La madre de Martín obligó a este a que fuera a la casa de los Ohando a pedir disculpas, esté se negó. Al saber de este hecho, el tío-abuelo de Martín: Miguel de Tellagorri, empezó a preocuparse por el chico, le tomó bajo su protección y comenzó a iniciarle en su vida: este acto de que su tío le iniciara en su vida, forjará la verdadera personalidad de Martín, en lo que va a ser todo el resto de su vida. Hasta tal punto, que Martín siempre hará lo que su tío lo diga, aun después de muerto.

TELLAGORRI: individualista convencido: tenía el individualismo del vasco reforzado y calafateado por el individualismo de los Tellagorri, solía decir: “Cada cual que conserve lo que tenga y robe lo que pueda”. Ésta era la más social de sus teorías.

No necesitaba a nadie para vivir. Él se hacía la ropa, él se afeitaba y se cortaba el pelo, se fabricaba sus propias zapatillas, y no necesitaba de nadie. Así al menos aseguraba él.

Pienso que por necesitar alguien debía de necesitar este viejo hurón, aunque no le gustara reconocerlo, porque su orgullo estaba delante de todo lo demás.

Tellagorri era un sabio, nadie como él se conocía tan bien la comarca.

Tellagorri también decía: “Yo le saludo con más respeto a un perro de aguas que al señor párroco”. La tal frase escandalizó al pueblo; había gente que comenzaba a creer que Tellagorri y Voltaire (filósofo ilustrado francés del XVIII, que con su diccionario filosófico empezó la Crítica a la Iglesia, al puesto privilegiado, pro elaborar las doctrinas por medio de la fé y no por el método científico)

Pienso que el personaje puede estar más que influido en Voltaire, porque a pesar de ser medianamente un personaje principal, influye mucho en los acontecimiento venideros del relato, al igual que voltaire lo hizo en el s. XVIII, que influyó a la historia.

  • Como todo héroe, Miguel de Tellagorri, tenía su antihéroe: Pichía.

Pichía era digno compinche de Tellagorri, pues le servía de contraste: Tellagorri era flaco, Pichía gordo; Tellagorri vestía de obscuro, Pichía, quizá para poner más en evidencia su volumen, de claro; Tellagorri pasaba por pobre, Pichía era rico; Tellagorri era liberal, Pichía carlista: Tellagorri no pisaba la Iglesia, Pichía siempre estaba en ella: pero a pesar de tantas divergencias, Tellagorri y Pichía se sentían almas gemelas que fraternizaban ante un vaso de buen vino.

  • La primera conversación entre Martín y Catalina de Ohando en la cuál se encendió la llama del amor entre los jóvenes fue bastante graciosa en el sentido que se observa la picardía del joven Zalacaín, también puede ser por culpa de si tío-abuelo, que también debía de ser un pícaro:

-¿Cómo te llamas?

-Martín. ¿Y tú?

-Yo, Linda

-Así se llamaba la perra del médico- dijo, poco galantemente, Martín.

Así empezó una relación llena de obstáculos, y aventuras, entre los dos jóvenes.

  • Martín, pronto conoció, al llegar el circo a Urbía, a otra de las mujeres importantes en su vida: Linda. Que también sucumbió ante los encantos del joven pícaro. Pero este encuentro no fue muy agradable, porque en un show, Linda estaba con un oso, y al correr la chica peligro, alguien disparó, y un trozo de barrote de la jaula, por lo que la madre murió, dejando al joven Martín y a La Ignacia huérfanos. A la muerte de su madre, Tellagorri recogió a sus sobrinos y se los llevó a su casa.

Da la impresión de que éste, deseaba tanto tener a alguien en si vida, que no le importó lo más mínimo que fueran estos dos chicos, sangre de su sangre.

  • Martín a los 16 años ya se ganaba la vida y estaba en sus glorias, además de que podía permitirse el vestir bien. Martín se estaba haciendo un hombretón, alto, fuerte, decidido. Abusaba un poco de su fuerza y de su valor, pero nunca atacaba a los débiles. Se distinguía también como jugador de pelota y era uno de los primeros en el frontón. La Ignacia entró en la posada de Alcalde, de niñera, y hasta los 14 años trabajó allí.

Tellagorri decía que Martín daría mucho de qué hablar, puesto que un antepasado suyo: López de Zalacaín, también dio mucho de que hablar. Tellagorri pronto empezó a estar mal, y cada vez se debilitaba más, por la bebida, y sus sobrinos se la suprimieron, y con el tratamiento iba estando mejor, y salió a dar una vuelta, pero cogió una pleuresía ( inflamación de las membranas pulmonares), y antes d e morir le dijo a Zalacaín:

“Eres fuerte y valiente y eres buen chico. No abandones a tu hermana. Por ahora, lo mejor que puedes hacer es llevarla a casa de Ohando. Es un poco coqueta; pero Catalina la tomará. No le olvides tampoco a Marquesch; es viejo, pero ha cumplido.

Ahora te voy a decir una cosa, y es que antes de poco habrá guerra. Tu eres valiente, Martín; tú no tendrás miedo de las balas. Vete a la guerra, pero no de soldado. Ni con los blancos ni con los negros. ¡Al comercio Martín! ¡Al comercio! Venderás a los liberales y a los carlistas, harás tu pacotilla y te casarás con la chica de Ohando. Si tenéis un chico, llamadle como yo: Miguel o José Miguel.

Dile a Arcale donde tengo el tabaco y las setas. Ahora acércate más. Cuando yo muera, registra mi jergón, y encontrarás en esta punta de la izquierda un calcetín con unas monedas de oro. Ya te he dicho: no quiero que las emplees en tierras, sino en géneros de comercio.”

  • Tal y como su tío tenia a su opuesto, Martín debía de tener al suyo, y éste era

El Cacho:

El uno, la serenidad y la inteligencia del montañés; el otro, el furor y el brío ribereño. El Cacho ponía de su parte su nerviosidad, su furia, su violencia en echar la pelota baja y arrinconada; Zalacaín se fiaba en su serenidad, en su buena vista y en la fuerza de su brazo, que le permitía coger la pelota y lanzarla a lo lejos. En definitiva: La montaña contra la llanura.

El odio entre Martín y Carlos, aumentó, desde el momento en el que éste quiso conquistar a La Ignacia, pero martín entró en acción, porque sabía que Carlos solo la quería para casarse con ella y luego desprestigiarla, pero martín la convenció de que se casara con el panadero Bautista Urbide, buena migo de Zalacaín. Por lo que la muchacha y el panadero al fin se casaron. A pesar de la rabia de Carlos, que aprovechó a que la Ignacia se quedara sola para insultarla y echarla en cara su falsedad y coquetería. Bautista y La Ignacia fueron a vivir a Zaro, un pueblecillo del país vascofrancés.

Carlos intentó vengarse de Martín cuando este iba por las noches a visitar a su hermana, le disparó con un fusil, pero solo le hirió en el brazo; ante esta situación, doña Águeda, envió a su hijo a Oñate y se dedicó a vigilar a su hija.

Aquí acaba el libro primero, en el que asi resumidamente relata, la mala infancia, llena de obstáculos que llevó Martín, y que a pesar de todo, hizo lo que su tío le había ordenado.

Y empieza el libro segundo, el cuál relata casi todas las aventuras de este pequeño pícaro.

  • Martín, se escapó para verla, y esta la dijo que su madre se la quería llevar pero no sabía dónde, y se prometieron escribir, porque Martín se iba a la guerra, a iniciarse en el contrabando con su socio Capistun el Americano.

  • Un proverbio vasco dice: << El buen valor asusta a la mala suerte>>. Y esto es verdad a veces…, cuando se tiene buena suerte.

  • Para Martín, como ya dije antes: la consigna de Tellagorri era la norma de su vida. Por lo que empezó a comerciar entre los dos bandos, ganando bastante dinero, aunque corriendo también peligros.

Martín, Bautista, y Capistun se encontraron con el cura, que controlaba todo lo que es el comercio.

  • El cura era un hombre regordete, más bajo que alto, de tipo insignificante, de unos treinta y tantos años. Lo único que le daba carácter era la mirada, amenazadora, oblicua y dura. Llevaba este la boina negra inclinada sobre la frente, como si temiera que le mirasen a los ojos; gastaba barba ya ruda y crecida, el pelo corto, un pañuelo en el pelo, un chaquetón negro con todos los botones abrochados y un garrote entre las piernas. Tenía algo de esa personalidad enigmática de los seres sanguinarios, de los asesinos y de los verdugos; su fama de cruel y de bárbaro se extendía por toda España. Él lo sabía, y, probablemente, estaba orgulloso del terror que causaba su nombre. En el fondo era un pobre diablo histérico, enfermo, convencido de su misión providencial. Nacido, según se decía, en el arroyo, en Elduayen, había llegado a ordenarse y a tener un curato en un pueblecito próximo a Tolosa. Un día estaba celebrando misa, cuando fueron a prenderle. Pretextó el Cura el ir a quitarse los hábitos, y se tiró por una ventana y huyó y empezó a organizar su partida.

Creo que aquí Pío Baroja, quiere transmitir, que él, al llevar en su infancia, tan arraigado el carlismo por parte de su padre, pues lo que hizo, fue crear este personaje un tanto reivindicativo con la Iglesia, y con las personas importantes de la época, que a costa de todo, pretendían hacerse con el poder fuera como fuese.

Se encontraron al cura, y éste les pregunto que quienes eran, qué hacían, y les dijo que si no era verdad que llevaban arma a Bayona, que los fusilarían., pero el cura se molestó por no haberles intimidado. Asi que como se quedó con ellos en la posada, al tercer día partieron, y al llevar un rato, el cura ordenó el alto al coche en el que iban todos, y los quería llevar de nuevo a la posada; también había mujeres, por lo que estaban aterradas por los procedimientos del cura con las mujeres: que solía desnudarlas de medio cuerpo para arriba, les untaba con miel el pecho y la espalda, y las emplumaba; a otras les cortaba el pelo o lo untaba de brea( parecido al alquitrán) y luego se lo pegaba a la espalda.

Para ser un mensajero de Dios, estaba muy puesto en el tema de los castigos,

Sobretodo a las mujeres. Aquí puede que Baroja nos indique que la gente puede tener un empleo, pero se le puede subir a la cabeza el cargo, y usar su poder para temas completamente distintos, que el de enseñar y predicar la palabra de Dios.

Martín, Bautista, el extranjero, y las señoritas Briones consiguieron escapar, no sin antes Martín llevarse su herida de guerra.

Fueron a un pueblo cercano, y Martín se pasó 4 días en cama con fiebre altísima, siempre cuidado por la señorita Rosa Briones

La tercera y última mujer importante en la vida de Martín, otra que sucumbió antes los aires de héroe que se daba el joven. La cual le cuidó como a un rey, porque en el fondo, estaba enamorada de él.

Rosa, y Martín estuvieron tonteando, porque ella le preguntaba sobre los ojos de Catalina y éste le respondía con que los ojos de su amada no eran tan hermosos como los de Rosa. Por lo que a este le brillaban más los ojos por el chico.

La despedida entre Martín y Rosa fue una acumulación de promesas de que Martín iría a verlas.

Esta frase me llamó la atención, más que anda porque implica que a Baroja, no le gustaba nada la guerra carlista, por lo que él era liberal:

La guerra carlista, seguía como una enfermedad crónica sin resolverse.

Martín dijo que la guerra acababa pronto, y aunque nadie le creyó, pienso que influido por su tío, tenía la convicción de que la guerra acabaría pronto, bien o mal, pero pronto.

Estando en la taberna, Capistun, Martín y Bautista, el tabernero propuso que si alguno de los 3 quería hacer un trabajillo difícil, y Martín, antes el rechazo de sus dos compañeros aceptó el encargo, porque se pagaba muy bien.

Capistun estaba tranquilo, pensaba retirarse a vivir a su país; Bautista, con las ganancias del contrabando, había extendido sus tierras. De los tres, Zalacaín no estaba contento. Si no le hubiese retenido el pensamiento de encontrar a Catalina, se hubiera ido a América. Llevaba más de un año sin saber nada de su novia.: en Urbía se ignoraba su paradero; se decía que doña Águeda había muerto, pero no se hallaba confirmada la noticia

La misión de Martín era adentrarse en el campo carlista para volver con las letras firmadas, por lo que este se llevaba un 20 por ciento. ..

No se como lo hacía, pero Martín siempre salía bien parado en sus aventuras, consiguió las firmas sin ningún esfuerzo, solo 3 días de viaje, se lo firmaron y tuvo que esperan en Estella hasta que le dieran una respuesta a las firmas. Consiguió las firmas haciéndose pasar por Martín Tellagorri, en vez de Zalacaín, que era su apellido.

Bautista y el, esperaron unos días en Estella, y sabían que corrían peligro, porque Bautista y el se separaron para coger más información. El Cacho y Carlos Ohando andaban en Estella, se habían alistado en las filas carlistas, pero para Martín no habían acabado las sorpresas: su amada Catalina estaba recluida en el convento de Estella, por lo que Martín ideó un plan de fuga y ella aceptó, porque aunque transcurridos, varios años, se seguían amando.

Ese día Martín durmió en la cárcel, según cuentan es por soplar, pero seguro que fue o Carlos o El Cacho que lo vieron y se inventaron una mala excusa, la cual no les valió para mucho, porque Martín no tardó en escaparse, dado que pidió unas mantas, que aunque tuvo que pagarlas le sirvieron para hacer una cuerda de unos 12 metros y escaparse. Llegó al convento con el coche y preguntó por la hermana Catalina, y le entregó una carta escrita por él haciéndose pasar por su hermano, diciendo que estaba muy enfermo, asi que Catalina subió al coche acompañada de la madre superiora, que pronto se dio cuenta de que todo era una farsa para que Catalina escapara. El coche fue parado pro cuatro hombres, y como Martín llevaba el uniforme carlista que se había puesta, pues pasaron por inadvertidos hasta que la monja empezó a gritar que estaban siendo secuestradas, por lo que Martín y Bautista tuvieron que luchar contra los hombres y coger el coche y huir. Martín salió herido, y en una posada, un médico le reconoció y le dijo que fueran a Logroño, y le preguntó que si conocían a alguien, y dijo que conocía a la señora Briones y a su hija. Martín se fue a comer con los Briones dejando a sus acompañantes en la taberna.

Martín era mirado por Rosa de una manera especial, que hasta este se olvidó de que le esperaba Catalina.

Martín volvió la taberna pero allí ya no quedaba nadie, y fue preguntando en los hoteles, pero no le decían nada, hasta este llegó a pensar que si no fuera por catalina, era capaz de quedarse allí y ver si Rosita Briones estaba de verdad por él. , pero pronto llegó un sirviente y le dijo a Martín que una amiga de su infancia le esperaba, con lo cual Martín estaba aun más confuso, porque ninguna amiga de su infancia tenía criados, hasta que llegó a la casa y vio que le esperaba Linda. Está, no se sabe si fue en un acto de amor por Martín, o porque no le hacía mucha ilusión convertirse en marques, insistió en que Martín se quedara. De conocer Martín la Odisea, es posible que hubiese tenido la pretensión de comparar a Linda con la hechicera Circe, y a sí mismo como Ulises; pero como no había leído el poema de Homero, no se le ocurrió tal comparación.

Si Martín lo hubiese leído, yo creo, que hubiera salido pitando de esa casa, por miedo a que tardara siglos en recuperar a su amada.

Aunque con Linda, también se le olvidaba Catalina; hasta que un día paseando por Logroño se encontró con Bautista y hablar con él, se sintió fuera de la influencia del hechizo de Linda y comenzó a hacer indagaciones con una actividad extraordinaria.

Pero por más que Martín y Bautista preguntaron en todas las casas, no encontraron a Catalina.

Aquí empieza el libro tercero, con el encuentro de Catalina, que al principio no le perdonaba por haberla dejado sola, pero luego le sigue amando. En estas últimas páginas ocurren los últimos momentos de la vida del protagonista.

Martín y Bautista se presentaron inmediatamente en Zaro, para ver a sus respectivas amadas. Se preparó la boda entre Martín y Catalina, y que paz se disfrutaba allí mientras se mataban en España…

No se deja claro si martín se casa con Catalina porque verdaderamente la ama, o si por el contrario, ama a alguna de las anteriores, pero sigue el consejo de su difunto tío. Lo que cuenta es que se casan y al poco tiempo Catalina queda embarazada, pero Martín y Bautista dejan solas a las dos mujeres y se van a España. Catalina tuvo un hijo, al que llamó José Miguel, recordando Martín la recomendación del viejo Tellagorri.

Yo creo que el viejo Tellagorri le hizo prometer a Martín, que llamaría a su hijo como él, más que nada porque el viejo pensaba que si se hablaba de Martín, también entraría la frase: llamó a su hijo como a su tío abuelo…y eso le haría permanecer en la gloria, porque en el fondo, todos queremos que después de muertos, se nos recuerde.

Cuando llegó Martín a Urbía vio que la casa de Catalina estaba destruida, con los techos atravesados por granadas, las puertas y las ventanas cerradas herméticamente. Ofrecía el hermosos caserón un aspecto lamentable; en la huerta, abandonada, las lilas mostraban sus ramas rotas, y una de las más grandes, de un magnífico tilo, desgajada, llegaba hasta el suelo. Los rosales trepadores, antes tan lozanos, se veían marchitos.

Subió Martín por su calle a ver la casa en donde nació. Entró Martín en el caserío Zalacaín. El tejado no existía; solo quedaba un rincón de la antigua cocina con cubierta. Bajo este techo, entre los escombros, había un hombre sentado, era el extranjero, que por tercera vez, volvía a encontrarse con martín, estuvieron hablando, y a la partida de Martín se dijeron que seguro que volvían a encontrarse.

De vuelta a Zaro, un general le preguntó a Martín que si le importaba alistarse en sus filas y éste le dijo que no le importaba, más que nada porque martín buscaba la aventura. Pero cuando le dio la mala noticia a Catalina de que se iba, esta empezó a decirle que le matarían, que no fuera por su hijo, por ella, que ella había renunciado a todo en la vida por él, no tiene ni madre, ni hermano, que no fuera a dejarla viuda, que ya quedan pocos días de guerra y no quería arriesgarse a que le pasara algo al final. Martín la puso como excusa que él quería que andado el tiempo, pudieran decir de su hijo: “este es el hijo de Zalacaín, que dio su palabra y no la cumplió por miedo; no, si dicen algo, que digan: Éste es Miguel Zalacaín, el hijo de martín Zalacaín, tan valiente como su padre…No. Más valiente aún que su padre”.

A Martín también le importaba mucho la gloria, signo tal vez de la prosperidad que quería Baroja para él, que quedaría plasmada en estas frases.

La despedida entre Martín y Catalina, creo que son los diálogos mas apasionantes de la historia, porque se pone de manifiesto el verdadero amor de Catalina y la ambición de Martín.

Después de esto Martín se reencontró con Catalina, pero porque les llegaron noticias de que Carlos estaba muy enfermo y fueron a visitarlo, pero en el camino se volvió a encontrar con el extranjero, y los 3 estuvieron hablando durante horas de sus batallitas.

Al ver a Carlos Catalina corrió hacia el, pero este la rechazó, por lo que Martín le cogió del cuello y le dijo que pidiera perdón a su hermana, pero el Cacho , por la rabia,

levantó su fusil, apuntó; se oyó una detonación, y Martín, herido en la espalda, vaciló, soltó a Ohando y cayó en la tierra.

Carlos se levantó y quedó mirando a su adversario. Catalina se lanzó sobre el cuerpo de su marido y trató de incorporarle. Era inútil.

Martín tomó la mano de su mujer y, con un esfuerzo último, se la llevó a los labios.

-¡Adios! - murmuró débilmente. Se le nublaron los ojos y quedó muerto.

A lo lejos, un clarín guerrero hacía temblar el aire de Roncesvalles.

Así se habían estremecido aquellos montes con el cuerno de Rolando.

Así, hacía cerca de 500 años, había matado, también a traición, Velche de Micoalde, deudo de los Ohando, a Martín López de Zalacaín.

En el entierro los amigos no cabían en la casa.

Meses después, Carlos Ohando entró en San Ignacio de Loyola; el Cacho estuvo en el hospital, en donde le cortaron una pierna, y luego fue enviado a un presidio francés; y Catalina, con su hijo, marcharon a Zaro, a vivir al lado de la Ignacia y de Bautista.

En el cementerio de Zaro hay una tumba de piedra, y en la misma cruz, escrito con letras negras, dice en vasco:

AQUÍ YACE

MARTÍN ZALACAÍN

MUERTO A LOS

24 AÑOS

EL 29 DE FEBRERO DE 1876

Resulta significativo que Martín muera justamente al día siguiente de que Don Carlos abandonara España por el paso fronterizo de Valcarlos, acto que puso fin a la guerra carlista. La muerte de Zalacaín se sitúa, pues, en el primer día de paz oficiosa.

Una tarde de verano, muchos, muchos años después de la guerra, se vio entrar en el mismo día en el cementerio de Zaro a tres viejecitas, vestidas de luto.

Una de ellas era Linda; se acercó a la tumba y depositó una rosa negra.

La otra era la señorita de Briones, que dejó una rosa roja.

Y Catalina, la tercera, que iba todos los días al cementerio, vio las dos rosas y las respetó, añadiendo una rosa blanca.

Y las tres rosas duraron mucho tiempo lozanas en la tumba de Zalacaín

La muerte de Zalacaín fue al fin y al cabo esperada por su mujer. Ella no quería, pero sabía que podría pasar; de Carlos Ohando y su relación con su hermana no se sabe nada más, aunque desde aquel hecho seguro que fue nula. La muerte de Zalacaín significa aquí o puede significar que a veces hay que sacrificarse por lo que uno quiere.

Y lo que resulta sorprendente y emotivo, es que los 3 amores de Zalacaín, vayan a verlo el mismo día, eso debe ser de que al fin y al cabo el chico no era tan malo, puesto que dejó huella en tres corazones.