Wolfgang Amadeus Mozart

Música clásica. Requiem

  • Enviado por: Miriam Arruego
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas
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El Réquiem de MOZART

En la época Romántica se desarrollaron ciertas leyendas en torno a la a la muerte y la última obra del músico de Salzburgo, que hoy conocemos como falsedades. El editor Nikolaus se sacaba el sombrero cuando se nombraba a Mozart y Kierkegaard quería fundar una secta que venerase exclusivamente al músico.

La leyenda en torno al Réquiem es el encargo hecho por un misterioso señor vestido de negro o gris (según las distintas versiones) que no revela su identidad y le pide a Mozart discreción y rapidez.

La verdadera historia es que este encargo no fue un total misterio, sino que fue hecho por el secretario (el intendente A. Leitgeb) enmascarado del conde Franz von Walsegg zu Stuppach, cuya esposa había muerto el 14 de Enero de 1791, y el cual tenía la vanidad de hacerse pasar por compositor, copiando las partituras de famosos músicos de su propio puño y letra y entregándolas después a la orquesta de su castillo de Stuppach.

El Réquiem sería el acertado homenaje que le rendiría a su joven esposa fallecida (tenía 21 años). Esta misa de difuntos fue interpretada como tal el 14 de Diciembre de 1793, en la Iglesia Parroquial de Neustadt, donde el conde dirigió la orquesta y el coro.

Se repitió en el aniversario de la muerte, el 14 de Febrero de 1794, en la Iglesia de Santa María Schutz del Semmering. Después no fue usada más veces, salvo una adaptación que se hizo para un quinteto de cuerda.

Mozart recibió este encargo en Julio de 1791 y su propia muerte el 5 de Diciembre del mismo año impidió que lo finalizase por completo. Ante esta circunstancia, su esposa (Constanze Weber) puso el Réquiem en manos de los alumnos de su esposo para que lo finalizasen de la mejor manera posible y pudiera cobrar el encargo hecho por el conde. Así, el 21 de Diciembre se hizo cargo del manuscrito J. L. Eybler, pero ante su incapacidad de terminarlo con éxito, la obra pasó a manos de F. X. Süssmayr, alumno que finalizó el Réquiem en la primera mitad del año 1792.

De las doce partes del Réquiem, Mozart había escrito íntegramente el Introitus con el Kyrie y las partes siguientes hasta el Lacrymosa, según el modo detallado de sus habituales preparaciones por la partitura, con todas las voces cantantes y con muchas partes de instrumentos en puntos importantes. El manuscrito se interrumpe en el octavo compás del Lacrymosa ( "Homo reus").

Mozart solía cantar los movimientos esbozados del Réquiem ante la presencia de su alumno Süssmayer. Según Hildesheimer, Mozart intentó ensayar el Réquiem junto a unos amigos 10 horas antes de su muerte, por lo que el final de su obra no debe de estar muy lejos de lo que el propio Mozart tenía previsto para ella.

Paumgartner dice que cuando Mozart terminaba una parte del Réquiem la tenían que cantar en seguida, y el maestro lo acompañaba todo al piano.

Süssmayer optó para el final de la pieza la repetición de la fuga del Kyrie hacia las palabras "cum sanctis" para así "dar a la obra mayor uniformidad". Esta era una práctica generalizada en este perídodo (ej. Mozart: Misa K.317).

Lo primero que hizo el discípulo fue recopiar el manuscrito para ocultar las marcas de las contaminaciones; completando luego las partes inconclusas siguiendo los apuntes e indicaciones dejadas por el maestro.

De la partitura original se hicieron dos copias:

1.- el manuscrito original se entrego al cliente

2.- la primera copia se envió a un editor de Leipzig, para que el Réquiem fuese publicado, lo cual cogió por sorpresa al supuesto autor de la obra, el conde Walsegg

3.- la segunda copia se conservó para copiar las partes. Se interpretó por primera vez a beneficio de la viuda, en los salones Jahn (Viena), por iniciativa de G. van Swieten, el 2 de Enero de 1793.

La misa de difuntos es distinta a las obras sacras de Mozart, como la misa en do menor. Entre estas obras sólo hay una pieza religiosa: el "Ave Verum" . Ambas misas permiten apreciar la influencia de J.S. Bach y de Haendel (ej. los temas fugados del "Kyrie" ).

El Réquiem de MOZART habla del amor salvador, de la esperanza en un mundo mejor. En todas las partes, por muy sombrías y tristes que puedan parecer, se convierten rápidamente en partes luminosas, llenas de esperanza y anhelo futuro, por encima de la duda y la condena al infierno.

Es la idea de la muerte entendida como "la verdadera y mejor amiga del hombre".

Esto se aprecia en diversas partes, como por ejemplo en el "CONFUTATIS", donde el contraste entre las voces graves y las agudas es tremenda, sobre todo en su carácter y ritmo.

En estos momentos del final de su vida, Mozart no perdió la serenidad ni su carácter bondadoso y amable. Sólo estuvo lleno de tristeza, lo cual le influyó tremendamente en el Réquiem.

Predomina la presencia de una instrumentación de cuerda y de viento que suena con una solemne tristeza. Este dramatismo fue importantísimo para la historia de la música (sin el Réquiem de Mozart, sería casi impensable la existencia de la gran misa de Beethoven).

Junto a la Misa en si menor de J.S. Bach, el Réquiem ha sido considerado como la primera obra religiosa de espíritu moderno.