Visión filosófica sobre la Ilustración

Historia. Visión filosófica. Kant. Ilustración. Revolución francesa. Razón. Libertad

  • Enviado por: Sergio Diaz
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 3 páginas
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1.- ¿ Qué es la Ilustración para Kant y cuales son las implicancias de estas en el desarrollo de la Revolución Francesa?:

Para Kant, la ilustración es “la liberación del hombre de su culpable incapacidad”, incapaz en el sentido de imposibilidad de servise de su inteligencia sin la guía de otro; culpable, porque su causa no reside en la falta de inteligencia, sino de decisión y valor para servirse por si mismo de ella sin tutela de otro. En otras palabras, la Ilustración para Kant es la liberación del hombre de la tutela de otro, pero no en sentido físico, sino, en sentido de pensar libre y autónomamente (incapacidad), para lo cual, necesita valor y decisión, es aquí donde adquiere, según Kant, caracteres de culpabilidad; culpabilidad de no ser lo suficientemente decidido y valiente para dejar de depender de otro. Así lo expresa al decir: “¡Sapere aude!, ¡ten valor de servirte de tu propia razón¡: he aquí el lema de la Ilustración”.

De esta “dependencia de otro” antes mencionada, es que Kant establece que tanto la pereza como la cobardía (tomadas, a mi juicio, estas como antónimo de decisión y valor), son causas de que una gran parte de la humanidad continúe a gusto en lo que él denomina “estado de pupilo”, es decir, que dependan de otro y esto ser cómodo a pesar de que la naturaleza nos libero hace ya tiempo; así da ejemplos como que si tengo un libro a mi disposición el me proveerá de inteligencia, todo lo cual, lo resume en la frase: “Si, puedo pagar no me hace falta pensar: ya habrá otros que tomen a su cargo, en mi nombre, tan fastidiosa tarea”.

Por otra parte, plantea que “los tutores” cuidan de que los hombres no salgan “del camino trillado donde se metieron”, mostrándoles, los peligros que les amenazarían de salir de esa franja; pero, plantea, que estos peligros no son tan graves y que con una cuantas caídas aprenderemos a caminar solos, ante esto, es difícil, plantea, para cada hombre en particular salir de esa incapacidad convertida casi en una segunda naturaleza; segunda naturaleza entendida, a mi juicio, como esa primera naturaleza que nos apresaba, nada más que ahora, era de otra forma. Además, plantea que era difícil que salieran de esa franja dado que nunca se le permitió al hombre emprender esa aventura o empresa, y, por este motivo, pocos son los que, con propio esfuerzo de su espíritu, han logrado superar esa incapacidad y proseguir, sin embargo, con paso firme.

Ahora bien, “¡Sapere aude!, ¡ten valor de servirte de tu propia razón¡: he aquí el lema de la Ilustración”, con esta frase, Kant quiere expresar que para que la Ilustración se lleve a cabo sólo necesita una cosa, la libertad; y la más inocente de estas, es decir, libertad de hacer uso público de su razón íntegramente; uso público el cual, debe estar permitido a todos y que es el único elemento que puede, según Kant, llevar la Ilustración a los hombres. El uso publico, aclara Kant, pude entenderse como aquel que se realiza en calidad de “maestro”, dirigido al mundo de lectores. Pero, a la vez, establece que existen ciertos “intereses públicos”, en virtud de los cuales, no cabe razonar, sino que hay que obedecer, dado que, estos “intereses públicos” propenden hacia el bien de la colectividad o fines públicos, existiendo en ellos un cierto grado necesario de “automatismo”.

El concepto de “maestro” y de “intereses públicos” anteriormente esgrimidos, lo podemos explicar con el siguiente ejemplo que el mismo Kant plantea: “el ciudadano no se puede negar a contribuir con los impuestos (intereses públicos) que le corresponden; y hasta una critica indiscreta de esos impuestos, cuando tiene que pagarlos, puede ser castigada de escandalosa (pues podría provocar la resistencia general). Pero ese mismo sujeto actúa sin prejuicio de su deber de ciudadano si, en calidad de experto (maestro), expresa públicamente su pensamiento sobre a inadecuación o injusticias de las gabelas”. De esto se deviene, y así lo plantea Kant, que el uso público de la razón posee la prerrogativa de libertad ilimitada para cada hombre servirse de la misma en libertad.

Ahora bien, podemos plantear que si la Ilustración le da al hombre libertad de razonar, surge la pregunta: ¿podrá el hombre negar esta prerrogativa de razonar?. Ante esto, Kant plantea que un hombre, por lo que incumbe a su propia persona, pero sólo por un cierto tiempo, puede eludir la ilustración en aquellas materias a cuyo conocimiento está obligado, pero que la simple y pura renuncia, aunque sea por su propia persona, y no por la posteridad, significa violar o destruir los sagrados derechos del hombre; incluso más, plantea que “lo que ni un pueblo puede acordar por y para si mismo, menos podrá hacerlo un monarca en nombre de aquel, porque toda su autoridad legisladora descansa precisamente en que asume la voluntad entera del pueblo en la suya propia”

Con todo, podemos decir, que para Kant la Ilustración es, en una palabra, “libertad”, es decir, el uso público, libre y digno de la razón que por derecho propio le pertenece a todo hombre; una libertad de pensamiento y más aún de expresión de los mismos, por lo cual, puede el hombre criticar la voluntad del soberano o de su entorno, pero “tutelado” con la calidad de “maestro”, es decir, “experto”; pero ¿a qué se refiere Kant con el concepto maestro?. A mi juicio, Kant se refiere a maestro a todo hombre que, en uso de su razón y por el sólo hecho de tener esta, puede criticar su entorno no siendo coercionado por ningún tipo de presiones; en otras palabras, ser maestro es ser hombre, pero hombre en pleno uso libre de su razón y no coercionado por otros hombres o tutores, ni menos aún, por esa extraña comodidad de no tener la necesidad de razonar o hacer uso de esa razón y conformarse con que otros hagan, “en mi nombre, tan fastidiosa tarea”. Pero Kant no plantea un “libertinaje”, por decirlo de alguna manera, sino que plantea que el hombre es libre de usar su razón en un alcance público, pero en relación a lo que él llama “intereses públicos”, ante lo cual, “no cabe razonar, sino que hay que obedecer”, es decir, hace una distinción en cuanto a lo que es, por decir así, el Estado, con lo cual, y en cuanto a este hay que obedecer; analogía paradójica a lo que plantea Maquiavelo al plantear: “Cuando se trata de la Patria y del Estado, todo es licito, sin consideración alguna a lo justo o a lo injusto, a lo piadoso ni a lo cruel, a lo laudable ni a lo ignominioso...”. Todavía más, y en referencia a esta “seudolibertad” que posee el hombre, y en directa contradicción paradójica con Maquiavelo, plantea, que “el criterio de un Jefe de Estado que favorece esta libertad (a mi juicio, “seudolibertad”), va todavía más lejos y comprende que tampoco en lo que respecta a la legislación hay peligro (peligro en cuanto a sublevación), porque los súbditos hagan uso público de su razón, y expongan libremente al mundo sus ideas sobre una mejor disposición de aquella, haciendo un franca critica de lo existente; también en esto disponemos de un brillante ejemplo, pues ningún monarca se anticipo al que nosotros veneramos”

De lo anterior, la influencia o relación que tiene este pensamiento de Immanuel Kant con la Revolución Francesa, queda en evidencia con todo lo anteriormente esgrimido, dado que, en esta revolución, podemos observar como características la presencia de un poder o gobierno monárquico, una no-capacidad de razonar libremente dado que si lo hacías eras ejecutado en la guillotina, es decir, la no-tolerancia con los que piensan o “razonan” diferentes, todo lo cual, sumado a otros hechos, influencias y dan fuerza al movimiento revolucionario acaecido en Francia en 1786. Esto es así, si pensamos que el gobierno monárquico no toleraba la diferencia de opinión o una disconformidad con el soberano, incluso dando orden a arresto con sólo la frase, en el documento que mandaba el arresto o más conocida como la “carta sellada”, que “tal era la voluntad del soberano”

Finalmente, y para concluir el desarrollo de esta pregunta, transcribo el siguiente párrafo escrito por Kant: “pero sólo aquel que, esclarecido, no te las sombras, pero dispone de un poderoso y disciplinado ejército para garantizar la tranquilidad pública, puede decir lo que no osaría un Estado libre: ¡razonad todo lo queráis y sobre lo que queraís, pero obedeced!...”.

Guía de Inmanuel Kant, pag. 167.

Guía de Inmanuel Kant, pag. 168.

Guía de Inmanuel Kant, pag. 168.

Guía de Inmanuel Kant, pag. 168.

Guía de Inmanuel Kant, pag. 172.

Guía N°1 de Derecho Constitucional, prof. Jaime Casanova, 2003. Referencia a el libro “El Príncipe”.

Guía de Inmanuel Kant, pag. 173.

Historia Ilustrada del Mundo, “la Revolución Francesa”, pag. 454, Editorial Lord Cochrane,1978.

Guía de Inmanuel Kant, pag. 173 - 174.

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