Violencia: Snuff movies

Psicosociología. Parafilias. Vídeos. Reality-shows. Muerte en directo. Detalles. Conducta. Películas. Voayerismo. Experimentación. Secreto

  • Enviado por: Zinzan
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Este trabajo debía enfocarse hacia una de las ramas de la Violencia, yo he escogido el complejo mundo de las SNUFF MOVIES, complejo porque es un mundo tabú, que todo el mundo da por hecho que existe pero nadie sabe dónde, todo el mundo sabe dónde hallar información pero nadie la encuentra. Los propios webmastes de las mejores páginas de imágenes violentas y todo tipo de parafilias niegan en público su existencia y aunque reconocen que es posible, dicen que se negarían a publicar esas imágenes.

Lo que está claro es que la vida imita al arte, eso es tan innegable como inevitable es el hecho de que esa vida y ese arte se confundan, se entremezclen y se conviertan en un solo hecho, aunque sea para demostrar, como en tantas otras ocasiones, que hay ciertas experiencias extremas en las que, aún hoy, el hombre que se autodenomina civilizado no se puede resistir a encontrar un atractivo vetado por la mayoría de la sociedad.

Las SNUFF MOVIES son aquellas en las que se presencian asesinatos, torturas y todo tipo de vejaciones reales. Los reality-shows (cada vez menores en nuestra vida gracias a Dios), las secciones de sucesos de los telediarios y otros programas televisivos y otros muchos espectáculos relacionados con la muerte en directo (toros, peleas de animales entrenados, ejecuciones públicas emitidas para miles de telespectadores...) son una muestra de la atracción que despierta en muchas personas el contemplar a un ser vivo peleando por su vida o debatiéndose entre la vida y la muerte.

Por esto mismo no es raro que las películas SNUFF (verbo que en argot anglosajón significa tanto "morir" o "matar" como "trocear" o "descuartizar") hayan alcanzado, más que un éxito de público real (algo imposible por su particular naturaleza), sí cierta aureola o status mítico.

Resulta imposible reseñar ejemplos de SNUFF MOVIES por dos razones: la primera, porque su distribución es tan marginal que localizar una es prácticamente fruto de la casualidad (y de saber moverse por ambientes realmente marginales); la segunda razón es que, al fin y al cabo, la realización de películas snuff pertenece más al ámbito de la criminología que del cine y por lo tanto no están al alcance de muchos.

Sin embargo, hay otro modo de aproximarse al fenómeno de estas tremendas realizaciones que es dando un repaso a otras películas, que si bien no son de este tipo, han sido generadas directa o indirectamente por los incesantes rumores que comenzaron a circular a finales de los años setenta: Se hablaba de una red de tráfico de SNUFF en Colombia, que la mafia utilizaba para llevar a cabo sus particulares venganzas y, además, sacar dinero con ello. El grupo más descaradamente comercial dentro de éstos eran los títulos que, siempre dentro de la ficción, se distribuían al mismo tiempo que comenzaban a extender ellos mismos los mencionados rumores. Los títulos más conocidos eran dos, llamados ambos “SNUFF”. Ambos eran de la misma época, finales de los setenta, uno dirigido por T. Amazzo y otro por el matrimonio Michael y Roberta Findlay.

En el primero se filma con todo lujo de detalles el asesinato y posterior descuartizamiento de una actriz amateur a cargo de un grupo de cineastas psicópatas. En la segunda, una mujer en avanzado estado de gestación resulta brutalmente asesinada. En las dos hay truco, por supuesto: la sangre es artificial y nadie resultó dañado durante el rodaje. Pero la estética extremadamente cutre y las asombrosamente creíbles interpretaciones daban un tono documental a ambos filmes, que siempre dejaban lugar para la duda del espectador.

Por último de esta primera fase estaría “Last House on Dead Street”, una película de argumento muy similar, que narraba cómo unas aspirantes a actrices interpretaban sus primeras y últimas escenas para un grupo de desquiciados cineastas. Ninguna de ellas tiene el más mínimo valor cinematográfico, pero son un buen ejemplo de cómo algunos productores decidieron usar en su beneficio las alucinantes habladurías sobre ciertas películas de insoportable visionado.

Las películas “Mondo” sí están más cerca de lo que es una auténtica SNUFF. Sin llegar a traspasar la legalidad, pero sí rozando su frontera muchas veces, estas producciones proponen una visión siempre cruel y a veces exótica de un momento eternamente presente en la vida: la muerte. Partiendo de la profusión de detalles y el afán semidocumentalista, sus escenas son la inmensa mayoría de las veces impactantes y desagradables, relacionadas siempre con la muerte en todas sus formas, por muy explícitas o grotescas que éstas sean: imágenes de suicidios y ejecuciones, de autopsias, ritos caníbales, accidentes de todo tipo, enfermedades degenerativas... este género va aumentando progresivamente con cada nueva aportación que pueda surgir.

Un ejemplo de esta especie de documentales televisivos es la saga “Faces Of Death” (que ya va por la quinta entrega, alguna de las cuales ha sido estrenada en vídeo en España como Rostros De La Muerte, y pretende ser un listado de horrores y muertes violentísimas con presunción de ser estudios sociológicos). "Adiós África", "Mondo Cané" y "Atrocities" son algunos de los títulos punteros de este subgénero que aún sigue dando frutos, como las últimas y cada vez más fuertes secuelas de “Faces Of Death”, o “Men Behind The Sun”, antología de escenas de shock no aptas para todos los estómagos. La mayoría de los ejemplos de la sección “Mondo” están ambientados en la África profunda, justificando como costumbres tribales (sobre todo en lo concerniente al canibalismo) lo que no dejan de ser métodos para acentuar el morbo del espectador.

PELÍCULAS RELACIONADAS: Por último daré un pequeño repaso a algunas de las producciones cinematográficas, de mayor o menor calidad, que han pasado por la gran pantalla tratando el delicado tema de las SNUFF MOVIES de un modo u otro. “El Fotógrafo Del Pánico” (Peeping Tom, 1959) fue un ilustre precedente de todas ellas y también podría ser, porqué no, de las reales, cuando aún era inimaginable un fenómeno de estas características. En este excelente film de Michael Powell, un psicópata asesina bellas muchachas con una curiosa máquina de fotografiar que consigue captar el rostro de sus víctimas justo en el momento en el que están muriendo. Es un curioso thriller que ahonda en temas como la muerte, la mirada, el crimen y, por qué no, la cinefilia.

“Cuerpos Invadidos” (Videodrome) de 1982 es una de las primeras aportaciones al tema y el mayor de los delirios de David Cronenberg. En ella se cuenta cómo el personaje que interpreta James Wood descubre una cadena de televisión por cable que emite, además de películas de pornografía sadomasoquista, numerosas muestras de cine SNUFF. Todo ello son piezas de un complejísimo puzzle que, una vez resuelto, da lugar a una de las obras más fascinantes del fantástico de los ochenta.

Hardcore” (1979). Paul Schrader (guionista de Taxi Driver y La Ultima Tentación), dirigió este filme sobre un atribulado padre (George C. Scott) que desciende a los infiernos del cine porno para buscar a su hija y le toca presenciar -horrorizado- una snuff movie. La cinta, prohibida por la censura chilena, ha sido exhibida en el cable con el título “Vida de Perros”.

“Henry, Retrato de un Asesino” (Henry, Portrait of a Serial Killer, 1991) es, por otra parte, la película que con más crudeza ha reflejado en el cine el fenómeno de las películas con asesinatos reales. Aquí es Henry (Michael Rooker), un asesino en serie, y su compañero Otis (Tom Towles) los que entran en una casa y tras violar, torturar y asesinar a una familia entera, pueden rememorar sus actos criminales al haberlos grabado en vídeo casero (como han hecho posteriormente otros muchos asesinos). El que el resultado de esta improvisada y casera SNUFF, que ellos mismos han creado, sea ofrecida al espectador de “Henry...” sin ningún tipo de corte, tal y como Henry y Otis la están viendo da a esta terrible película de John McNaughton un morbo especial.

Una película surgida tras la estela del éxito de “Henry...” fue “Ocurrió Cerca de Su Casa” (C´est arrivez après de chez vous, 1992), una producción belga que retrata tan sólo con concesiones irónicas lo que es la jornada diaria de un psycho-killer, ofreciéndose en directo los diversos asesinatos del mismo.

PELÍCULAS RELACIONADAS RECIENTEMENTE: Las dos incursiones más recientes del cine en el tema de las SNUFF han sido “Testigo Mudo” (Mute Witness, 1995), de Anthony Waller y “Tesis” (1996), de Alejandro Amenábar. La primera, proyectada en el Festival de Sitges, es una película de EE.UU. rodada en Moscú y que cuenta cómo la actriz rusa Marina Sudina hace de una chica muda, experta en efectos especiales que presencia el rodaje de una película en la que se asesina salvajemente a una muchacha. La testigo comenzará a ser perseguida por la mafia rusa, responsable del rodaje.

Finalmente, la primera película de Amenábar es un thriller más clásico en la que una estudiante que está realizando una tesis doctoral sobre la violencia comienza a ser acosada por unos siniestros personajes que ruedan una SNUFF en los sótanos de su Facultad.

El director de su tesis será la primera víctima, y el film puede sentirse orgulloso de haber sido el primero que incluye una ilustración explícita sobre el tema en su cartel. La película es una obra clásica de suspense, con muchos cambios bruscos de guión, varios finales falsos, una labor de dirección muy recargada y un trabajo interpretativo excelente. Y poco más se sabe (o mejor dicho, se encuentra) sobre las SNUFF MOVIES, un tema que, probablemente por mucho tiempo, siga inexplorado y en el ámbito de la ilegalidad, donde los mitos se multiplican y los rumores se reproducen y exageran la realidad a velocidades vertiginosas. Porque por haberlos, hasta los hay que aseguran que en realidad las películas SNUFF no existen ¿?.

Esta es la crítica de Daniel Olave sobre Tesis, la llamó “SNUFF MOVIES, la leyenda negra”

El estreno de la película Tesis reflota el tema de este "género", películas supuestamente hechas con violaciones y crímenes reales. Hay quienes creen que existen de verdad, pero en su mítico origen partieron como un burdo ardid publicitario. Son la zona más oscura de la industria audiovisual. Se trata de siniestras e intrincadas redes criminales de tráfico de películas, realizadas al margen -incluso- de la más decadente industria del cine pornográfico. Parece demasiado espantoso para ser verdad. Pero hay quienes aseguran que existen, que tienen demanda; que circulan por ahí para satisfacer los bajos instintos de un público con gustos muy específicos. Y enfermos. Son las SNUFF MOVIES. Una suerte de mito contemporáneo que, lamentablemente, algunos aseguran que es cierto. Se trata de películas, registros en vídeo, de la tortura, el vejamen y posterior asesinato real de personas. A veces la protagonista es la víctima de un secuestro, cuya violación es filmada por los criminales y puede concluir con su muerte frente a la cámara. A veces, pueden ser filmes pornográficos sadomasoquistas, donde la actriz, que ha participado voluntariamente, no sabe que el clímax de su actuación será la más real de todas. Esta semana se estrenó Tesis (1996), [...] lleva a indagar sobre los filmes con escenas reales, y -por supuesto- a las llamadas SNUFF MOVIES.“

La historia de las SNUFF MOVIES tiene un peculiar antecedente. Se trata de una cinta exhibida en 1974 en algunos cines de la calle 42 de Nueva York, precisamente, con el título de “SNUFF”, la cual se suponía, tenía escenas reales de un crimen con mutilación. Así al menos fue la publicidad con que los distribuidores quisieron venderla. De hecho, la frase usada para promocionar la cinta era: "Filmada en Sudamérica, donde la vida es barata". El origen de la cinta estaba correcto. Y lo de barata, bueno, al menos la película original no costó mucho dinero.

Este caso se remonta al rodaje en Argentina a comienzos de 1970 de la cinta “Slaughter” (El Ángel de la Muerte), realizada por una pareja de productores norteamericanos expertos en hacer filmes de explotación sexual. Protagonizada por actores trasandinos, el filme mostraba a una secta que se dedicaba a realizar todo tipo de actos violentos y orgías.

Según dice el crítico argentino Diego Curubeto, en su libro “Cine Bizarro”: "si bien no tiene sentido analizar este engendro morboso como si se tratara de un Bergman, hay que reconocer que tiene algunos momentos de atractiva estética años '70 y un clima interesante en algunos momentos violentos. Otras partes son tan confusas que no llegan a entenderse, y la misma Roberta Findlay (productora) describió el guión como “realmente horrible y sin sentido" ”.

La leyenda estuvo completa cuando, años más tarde, se le agregó a la cinta unas escenas con la mutilación de una mujer, a la que le cortaban los dedos de una mano y le sacaban las tripas. Con unos efectos tan malos, que nadie que la viera podía dudar que eran de mentira. Luego se le cambió el título de “Slaughter” por “SNUFF”, y se hizo correr la voz de que el filme mostraba crímenes reales. La gente lo creyó, parece, porque se convirtió en un pequeño éxito. El morbo fue azuzado por artículos de prensa que aseguraban que las muertes mostradas eran de verdad. Y hasta se contrató a gente para que protestara frente a los cines donde se exhibía.

La taquilla de este híbrido cinematográfico inspiró a algún productor a rebautizar otros dos filmes con el título de “SNUFF”, uno de ellos venía de Brasil y otro de Alemania.

Desde entonces, el tema de la violencia real se ha mantenido en un subgénero de pseudodocumentales que explotan la morbosidad. Rosilyn T. Scott dirigió las dos partes del vídeo “Las Caras de la Muerte” (1983), que muestra una serie de escenas de ejecuciones, accidentes fatales, autopsias, suicidios y crueldad contra animales.

En todo caso, hay varias de estas secuencias que son totalmente falsas, sin embargo estos montajes no parecen molestar a un espectador ávido de emociones fuertes. Los productos de este corte continuaron y hay uno llamado “Traces of Death”, que incluye varias operaciones, a cada cual más fuerte. Como la intervención quirúrgica para cambiarle el sexo a un hombre, mutilación incluida. En Chile estos videos fueron editados y circulaban con bastante éxito hace unos años.

Pero el fantasma de un tráfico de verdaderas snuff sigue siendo una incógnita. Ha sido tema de varios filmes, de series de TV y hasta de cómic (manga como no, como por ejemplo “Acherontia Atropos”, de Milo Manara).

Un crítico chileno dice haber presenciado algunos pocos minutos de una cinta, donde unos tipos vestidos de payaso golpeaban salvajemente a un anciano amarrado a una cama. Cuenta que en el vídeo contenía sólo un fragmento, pero una de las personas que estaba con él aseguraba haber visto el final, donde la víctima era asesinada de una forma bastante poco agradable de describir. El testigo en cuestión dice no poder asegurar si el registro era verdadero, pero los golpes parecían reales.

Hace poco, la opinión pública chilena se vio estremecida con el caso reiterado de secuestros de muchachas en Maipú, las que luego de ser dejadas en libertad narraron que eran drogadas, sometidas a toda clase de vejaciones por parte de una pareja, y que todas estas sesiones eran grabadas en vídeo. Se sospechó que este material era enviado a Europa para su comercialización sin embargo nada se supo de esto, y ya ha pasado el tiempo.

En todo caso hay algunos conocedores del tema, que dudan totalmente de la existencia de este tipo de películas. El cineasta David Cronenberg, dijo:

"Todo el mundo cree que existen, pero la SNUFF MOVIES son un invento de unas personas que querían ganar dinero. Luego, este invento fue utilizado con motivos políticos por los grupos de represión antipornografía. Hay gente que ofreció públicamente 15 mil dólares a la persona que consiguiese una auténtica SNUFF, pero nadie apareció con ninguna copia, simplemente porque no existen". Ojalá tenga razón.

Con nombres y apellidos están Alberto Fuguet y Mike Patton; después de publicar si primer libro, Fuguet trabajó en el guión de una película titulada “Caída Libre”, que debía protagonizar su amigo Mike Patton, vocalista de “Faith No More”. Trataba sobre un hijo de chilenos criado en Estados Unidos, que llegaba a Chile, luego de participar en una SNUFF MOVIE. La cinta, que debía dirigir Leo Kocking, nunca se realizó.

Las películas de violencia tienen publico porque a la gente en general le gusta ver lo que pasa, es normal que haya algunas personas les guste dar un paso más en ver cosas y quieran ver lo que sucedería en situaciones límite en las que ellos no podrían estar nunca, así se podría decir que la parafilia llamada voayerismo estaría en todos nosotros, si esto fuera así, dejaría de ser una parafilia por ser una “enfermedad” de masas.

El VOAYERISMO proviene del francés voyeur (mirón) y define la búsqueda de excitación sexual mediante la observación, en general a escondidas, de personas desnudas, en vías de estarlo o que están practicando el acto sexual, y hace de esta práctica algo excluyente, ineludible o imprescindible para el goce. Esto no les cabe a aquellas personas que observan el cuerpo de una mujer desnuda, unas fotos eróticas, un film porno o un show para adultos, ya que esto puede ser un eficaz ingrediente cuando se lo sabe dosificar.

El voyeurismo es una de las llamadas desviaciones sexuales o parafilias que el DSM IV define "por el hecho de que la imaginación o los actos inusuales o extravagantes son necesarios para conseguir la excitación sexual". Estas pautas tienen que ser frecuentes, recurrentes y ser el modo preferido o exclusivo al cual recurre un individuo determinado para excitarse sexualmente. Es notable que algunas de estas inclinaciones se den casi exclusivamente o prevalentemente en los varones. Muchos de estos mirones andan fisgoneando a parejas, a las cuales siguen por las calles para realizar actos masturbatorios al verlas besarse o acariciarse; otros lo hacen con sus familiares o llegan a pagar para poder ver hacer el amor, cosa que la industria del sexo ha aprovechado convenientemente montando lugares donde estos personajes ven a mujeres o a parejas manteniendo relaciones sin que ellas puedan verlos.

Contra lo que se suele creer, no son del estilo El vampiro negro, sino que suelen ser escasamente peligrosos desde el punto de las agresiones o las amenazas: ellos prefieren fisgonear a violar o abusarse sexualmente, justamente allí está el goce: en fisgonear.

Reitero que un individuo que goza en un show de strip-tease o viendo un vídeo erótico cada tanto, o al ver a su pareja desnudarse, podría verse con un rasgo de voyeurismo, pero cuando esto se tiene que dar como condición sine qua non, insoslayable para el goce, se convierte en algo estereotipado y tan rígido que el sujeto queda atrapado en él, como si hubiera habido una cierta detención en su desarrollo psicosexual, no puede pasar de la etapa de mirar (lo que Freud llamaba "la escena primaria").

El arte no podía estar ajeno a estas situaciones, especialmente el cine, arte voyeurista por excelencia (¡ni qué decir de la TV!), y grandes artistas como Alfred Hitchcock con La ventana indiscreta, Kieslowsky con Una película de amor (no desearás a la mujer de tu prójimo) o Brian de Palma con Doble de cuerpo, han fisgoneado a través de una ventana para descubrir escenas eróticas o inquietantes. En varias películas de Luis Buñuel hay un desfile casi constante de diversas desviaciones, entre las cuales el voyeurismo lleva una gran parte, como asimismo en algunas películas del italiano Fellini: como por ejemplo cuando en Amarcord el cura le pregunta al niño si se tocaba y éste, temiendo el castigo, le dice que no, pero piensa: "¿y qué íbamos a hacer a la vera del río mientras las mujeres se levantaban las polleras al lavar la ropa?". También incluso Passolini cuando llevó al cine tres obras de geniales mirones como Bocaccio, Chaucer y el marqués de Sade en las películas Decamerón, Los cuentos de Canterbury y Los 120 días de Sodoma respectivamente. Salvador Dalí narra en sus memorias sus afanes voyeurísticos y describe las orgías que armaba para excitarse mirando a jovencitos de ambos sexos haciendo el amor, no en vano algunas de sus geniales obras se llaman: El gran masturbador, La metamorfosis de Narciso y Los relojes blandos ("me acusaban de homosexual, ¡si yo antes de conocer a mi esposa Gala era impotente!").

Antes mencioné al marqués de Sade quien afirmaba: "sostuve mis extravíos con razonamientos, no me puse a dudar... supe destruir en mi corazón todo lo que podía estorbar mis placeres"  y desarrolló en su obra un despliegue de perversiones donde sus personajes - algunos de los cuales se entretenían viendo los actos sexuales ajenos- en obras como Los crímenes del amor o la Filosofía del tocador y la antes citada Los 120 días de Sodoma, afirman que frente a la búsqueda del deseo es válida cualquier forma de satisfacerlo, sin límite ni control.

Un caso paradigmático es el de un profesor de Historia y luego novelista, el austríaco Von Sacher Masoch que escribió varias obras de tono masoquista, de las cuales la más famosa es La Venus de las pieles: allí cuenta que se hacía castigar por una dama envuelta en pieles. En su vida personal Sacher Masoch no pudo desprenderse de una experiencia vivida cuando tenía 10 años al contemplar una escena en la cual una tía suya hacía el amor con su amante. Desde un escondite, quizás un armario, también presenció la llegada del marido a quien la mujer castigó con un látigo por su intromisión. Desgraciadamente para el joven Masoch también fue descubierto y flagelado con el mismo látigo, quedando fijado a esa etapa infantil viendo detenido así su desarrollo sexual normal.

En uno de los relatos de La cara de Dios, de Adrián Sapetti, el protagonista adolescente mira a través de una claraboya cómo su hermana se desvestía produciéndole esto gran excitación. Este hecho común en la infancia y la adolescencia quizás lo recuerden muchos varones en relación a sus tías, hermanas mayores o amigas de la madre, a las que miraban por el ojo de la cerradura, a través de la puerta entornada o de la ventana (como otro de los personajes de la misma obra, en un relato llamado justamente La ventana, mira a través de un vidrio pasar a un grupo de chicos por la calle y ve todo el mundo a través de esa ventana).

De allí a ser la única y excluyente manera para gozar del amor dista una gran distancia como es la de pintar El gran masturbador a masturbarse en la calle. Los voayeristas no suelen vivirlo como algo penoso por eso no acuden a buscar ayuda profesional, son las familias las que los llevan, por eso no se suele tratar, salvo los casos que tengan conductas compulsivas que pongan en riesgo su integridad física y las de los demás; en esos casos se intenta con medicación y con psicoterapia y así muchos cesan en esas actitudes compulsivas. Sin embargo, el voyeurista típico es un individuo que, escondido, tras las sombras, goza viendo gozar a los demás, evidenciando así un mundo sórdido, con serias dificultades en los contactos personales, afectivos y eróticos.