Violencia

Ciencias sociales. Violencia de género. Abusos. Agresión. Acciones violentas. Televisión. Medios. Influencias. Escuela. Mujeres y niños. Maltratadores. Maltratador. Maltrato: causas. Medidas

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L a v i o l e n c i a

A

bres el periódico. Eliges cualquier página, no hace falta ser exhaustivo. Lees. ¿Cuántas noticias tienen tintes violentos? ¿Ves alguna que no tenga nada que ver con alguna manifestación violenta, ya sea violencia física, psíquica o verbal?

Ya es de todos conocido que actualmente la violencia está en “auge”. Y a ello nos vamos a referir. ¿ Por qué en nuestra sociedad, que se supone más adelantada, tanto política como estructuralmente de las anteriores, la violencia y los métodos que hacen uso de ella son los que están en alza?

Ahora vamos a analizar un poquito más a fondo todo lo que arrastra tras de sí esta palabra. Desde dónde puede estar su origen, como se podría tratar si se pudiese hasta las formas más comunes en la que se puede presentar, las consecuencias que provoca y todo lo que se “mueve” en torno a ella.

En realidad, estamos viviendo en el mayor periodo de entreguerras que ha tenido toda Europa en su historia, pero también es verdad que los conflictos que hay hoy sin ser calificados totalmente como “guerras”, afectan más directamente a la población y no tanto a los ejércitos y la política de los países, como pasaba antes.

Según la sociedad va avanzando, ya no solo a nivel europeo, las guerras son más brutales y se desencadenan con mayor facilidad. La rivalidad está más acentuada entre los países (los subdesarrollados e incluso algunos desarrollados que hacen gala de su poderío armamentístico y militar)

Seguidamente vamos a detenernos en las distintas manifestaciones de la violencia en nuestra sociedad, por qué surgen, cómo lo hacen y a quién afecta, características...

Vamos a comenzar con los tintes ideológicos de la violencia, bien sea en grupos de jóvenes, en la violencia deportiva o en otras manifestaciones violentas como el racismo y la xenofobia.

Desde pequeños un instinto nos hace rechazar todo aquello que es ajeno a nuestro entorno, todo lo extraño, incluyendo en ello a las culturas y gentes extranjeras. Pero esa reacción debe corregirse con una educación y una cultura adecuada, que te haga comprender la verdadera riqueza existente en la posibilidad de convivir con multitud de culturas diferentes, con lenguajes y formas distintas de entender la vida. Este punto de vista no es compartido por muchas personas que, tanto individual como colectivamente defienden con violencia y haciendo uso de cualquier método, excepto los pacíficos, rechazan todo lo extraño y consideran la cultura propia como la superior frente a todas las demás. En este grupo se pueden incluir los grupos violentos ideológicos como los nazis, etc.

Y si miramos un poquito más a fondo podemos encontrar bases ideológicas en varias manifestaciones más de la violencia, como por ejemplo en la violencia deportiva.

En este tipo de acciones violentas deportivas, también influyen otros factores. Los hinchas se sienten desinhibidos cuando están en masa. Se sienten miembros de una especie de clan que defiende también sus “creencias”, sea por el medio que sea. Esto se ve agravado si también aumenta el contacto físico agresivo entre los deportistas. Este tipo de manifestaciones violentas vinculadas con el deporte se manifiestan sobretodo en el fútbol, donde ya existen grupos bien definidos ideológicamente, cada uno identificado con su respectivo equipo y consecuentemente con su ciudad. Así los Ultra-sur, los Boixos, y el Frente atlético, junto con los Riazor blues y otros grupos menos violentos y conocidos han causado ya varias muertes con riñas y piques violentos entre ellos.

Actualmente existe una legislación muy dura con relación a este tipo de manifestaciones violentas deportivas, tanto entre los aficionados como entre los jugadores. El comportamiento violento, así como las agresiones verbales o físicas son castigadas severamente con la finalidad de devolver el sentido que realmente debe tener un deporte, es decir, compartir las cualidades físicas, desarrollarse y aprender a convivir con el resto de la humanidad, y no aprovecharlo para justamente lo contrario, enfrentarse y buscar el sentido negativo de todo el asunto.

Pero no son las únicas manifestaciones violentas que tienen rasgos ideológicos. Los grupos de jóvenes armados que hacen de la violencia su única forma de expresión también tienen en la ideología su excusa, cuando no la ponen en las fronteras territoriales o en cualquier otra cuestión que no es realmente excusa valida para justificar los métodos violentos que usan para defender sus “ideales”. Por si fuera poco, esto se ve agravado en algunos países como Estados Unidos, donde el acceso a las armas está totalmente permitido, ya sea a un menor o no, y están en pleno derecho de portarlas, como de instruirse en su uso y hacer uso de ella para defenderse.

Esta es la causa por la cual vemos con tanta frecuencia en los periódicos o en las televisiones como un menor con un arma hace una masacre de muertos entre sus propios compañeros de colegio. En esos momentos nos planteamos como puede tener un menor tan fácil el acceso a las armas, y nos intentamos imaginar como debe ser la educación y la cultura en un lugar con esas condiciones, en las que en cualquier momento cualquier persona puede hacerse con un arma e imponer sus ideas a base de tiros.

Uno de los últimos ejemplos de este tipo de violencia vuelve a demostrar lo frecuente de este tipo de acciones. Neal Boyd murió a manos de un compañero de instituto de un tiro en la cabeza, en Estados Unidos, y la noticia ha sido extraída del periódico del día de hoy (1-IV-2001). Este tipo de noticias son cada vez más frecuentes en los periódicos y medios de comunicación actuales.

Pero vamos a meternos un poquito más en el tema de la violencia escolar. Como causas se plantean la rotura dentro del ambiente familiar del escolar, y las propias condiciones, como pueden ser la exclusión social, la pobreza, la incultura de las familias... Otra causa puede ser el aumento de la edad mínima obligatoria para poder abandonar la educación, que fuerza a muchos jóvenes a estar en un centro obligados y se manifiesta en su actitud para con los demás compañeros e incluso con los profesores y cualquier autoridad que se le enfrente. La mayoría de los adultos no llegan a comprender que las frustraciones que la sociedad actual genera en los adultos puedan generarse en los jóvenes, que también empezamos a darnos cuenta de la realidad en la que vivimos.

En el colegio y durante toda la formación académica, los objetivos que se imponen los educadores son que crezcas como persona con la educación que te imparten, te formes y si es posible disfrutes durante esta época de formación, pero la realidad cuando debes abandonar el centro escolar o el instituto es muy distinta, y la competitividad de la sociedad no es precisamente el mundo idílico que te mostraban en el colegio cuando eras niño, pero también es verdad que no pueden desalentar a la juventud desde un principio. El punto medio está en prepararles para lo que se van a encontrar ahí afuera, más práctica, de nada sirve la teoría si no se comprende y si no se la aprovecha para algo.

Como ejemplo concreto de este tipo de violencia destaca el caso de las aulas francesas, en las que han sido necesarios cursillos de formación a los profesores, para que no respondan con violencia a los ataques violentos de los alumnos, sino que traten con la psicología necesaria a los alumnos, la psicología y la educación que la mayoría de las veces la propia familia y la sociedad les ha negado. Para evitar también los problemas con el profesorado, hay servicios de voluntarios temporales para los centros conflictivos, y éstos también poseen un programa educativo diferente.

Actualmente comienza a castigarse y a considerarse delito a la violencia psicológica, es decir, los malos tratos psíquicos, cuando se deteriora poco a poco la autoestima de otra persona y no se le deja desarrollar sus ideas y su personalidad con la total libertad que debe tener.

Ésta es, quizás, la más dolorosa de todas, pues el dolor físico en el mejor de los casos pasa y se intenta olvidar, castigando al culpable, pero los efectos de la violencia psicológica, las secuelas, quedan en la mente de la víctima, y muy pocas veces se superan del todo. De hecho la mayoría de los maltratadores y personas conflictivas han tenido en su infancia o bien a lo largo de su juventud problemas en su ambiente de este tipo, y las secuelas han marcado su personalidad y actitud desde ese momento y en adelante.

Como ejemplo de este tipo de violencia podemos nombrar esa clase de padres que, quizás sin maltratar físicamente a sus hijos, acaban poco a poco con sus ilusiones o expectativas, o esas culturas y religiones (como por ejemplo la cultura gitana) en la que la mujer tiene su papel, y aunque desde fuera se puede ver que es claramente inferior al del hombre, ellas lo tienen asumido, y aunque en algunos casos sí existe maltrato físico, normalmente el papel de esclavas lo tienen asumido y la mayoría lo acepta.

Y llegados a este punto nos encontramos con una de las manifestaciones más usuales y a la vez más conflictivas de la violencia. La violencia doméstica (todas las acciones y conductas violentas que se produzcan dentro de la unidad familiar) es un punto conflictivo porque la intimidad del problema hace que muchos de los afectados (en su mayoría mujeres y niños) no denuncien el abuso por pensar que se exagera, que no volverá a ocurrir o porque a la vez que víctimas se consideran culpables.

Ante un mínimo indicio de este tipo de violencia se debe denunciar al culpable o al menos alertarse, pues es muy probable que se vuelva a repetir y que cada vez sea peor el ataque, llegando a poner en peligro la vida de la víctima.

Hasta ahora no se ha encontrado alguna relación entre el nivel económico de los agresores y el grado de maltratamiento que infringen a las víctimas. El ataque se debe denunciar en cualquier caso, ya se trate o no de un maltratador con un buen nivel de vida, sigue siendo el mismo maltrato físico y psicológico. Sólo se han encontrado algunas características comunes entre los maltratadores, por buscar alguna semejanza, y son por ejemplo la tendencia hacia la celopatía (poco control del sentimiento de ira), la falta de implicación sentimental en la familia y en el medio social del culpable y la presencia del alcohol en la rutina diaria de éste.

Una característica muy significativa y que ya se nombró anteriormente es la presencia de alguna manifestación violenta en los historiales de los agresores. Es decir, el maltrato físico o psíquico ha dejado anteriormente unas secuelas en el agresor, que es en ese momento el que traumatiza y deja secuelas en sus víctimas, como posiblemente hicieron con él.

En la mayoría de los casos son las mujeres y los niños los afectados. Suele ser lo más normal porque las agresiones se producen en familias muy jerarquizadas, es decir, con el poder bien diferenciado, en el que el varón es la totalidad de las veces el que lo posee, y lo ejerce, para que respeten sus leyes y por consiguiente a él mismo, y normalmente lo suele hacer de manera violenta y egoísta.

En el caso de las victimas es importante que encuentren el suficiente apoyo social y que, ante todo dejen de sentirse las culpables y empiecen a ver que la vida es algo más que te maltraten porque quieren que hagas lo que le apetece.

Actualmente las mujeres tienen más posibilidades de denunciar, pues tienen mayor independencia económica que anteriormente y gozan de un mayor apoyo social, pues antes estaban desprestigiadas en la sociedad y a nadie le importaba nada de lo que a ella le pasase, vivía para servir al hombre y debía soportar lo que de él surgiese.

Este tipo de violencia, el maltrato doméstico, es el más frecuente en nuestra sociedad, y también el más difícil de controlar, pues si no se denuncia, nadie sabe lo que ocurre en la intimidad de la familia. La cifra de muertes entre las mujeres estos últimos años se ha visto muy incrementada, y las denuncias por malos tratos de menores también se han incrementado, aunque por desgracia, también lo han hecho las víctimas.

La violencia y los niños

Entre las principales víctimas de la violencia se encuentran los niños.

Sufren vejaciones, delitos sexuales y mutilaciones genitales sin que los gobiernos y las políticas de ciertos países tiren una lanza a favor de ellos y sean protegidos de sus agresores, aparte de defender los derechos que como niños deben disfrutar, como por ejemplo, la educación, la sanidad...

En muchos países son secuestrados y vendidos ilegalmente, a veces por sus propios padres, para ser usados como cebo en el tráfico ilegal de drogas, de armas, etc. En el peor de los casos son secuestrados y matados para utilizar sus sanos y jóvenes órganos vitales para este mercado ilegal que existe en estos países subdesarrollados.

Son explotados, tanto laboral como sexualmente, sin tener en cuenta la condición de niños, con su inocencia y su desconocimiento del mundo que se suponen deben tener ya que son niños. En muchas tribus indígenas de la Selva Amazónica son incluso líderes de movimientos guerrilleros. ¿ Acaso saben realmente lo que están haciendo? ¿Tanta responsabilidad desde tan temprano no puede confundir a un niño?

Muchas niñas son forzadas al matrimonio desde muy pequeñas en países de África o Asia, por sus propios progenitores que, seguramente después de haber abusado de ellas, las venden con 9 ó 10 años a un hombre que también la utilizará sexualmente, la maltratará tanto física como psicológicamente y le obligará a madurar de una manera precipitada, haciendo de sus vidas un infierno sin sentido.

Pero las leyes que deben evitar este tipo de situaciones son totalmente burladas, y la mayoría de los niños viven en la calle, expuestos a los peligros y trastornos psicológicos que esto supone. La mayoría desconoce por completo que exista una ley que les protege ( cuando llega a existir), y se sienten adultos en un mundo que no respeta su condición de niños.

En que sentido común puede caber que un niño viva desde muy pequeño en la calle, sin familia porque quizás la situación familiar es peor que la calle, enganchados a sustancias que hacen que estén todo el día perdidos de la realidad, porque esta duele demasiado. Si le duele a un adulto como debe doler a una mente que no puede llegar a comprender porqué a ellos, desde tan chiquitos. ¿Qué habrán hecho?

¿Cuáles pueden ser las causas de la violencia?

Desde el siglo pasado (XX), varios científicos llevan intentando descubrir las raíces biológicas o genéticas de la violencia.

No se han hecho muchos avances, pero sí alguna que otra conclusión. Por ejemplo, que el alcohol influye de una manera muy directa sobre el comportamiento violento. Actualmente y tras varios estudios se siguen estudiando más a fondo sustancias presentes en la composición cerebral de los humanos, como la serotonina y la vasopresina, pero no se ha determinado totalmente la relación con el comportamiento humano, pues no se puede experimentar todavía con seres humanos.

Algunos creen que la clave está en el estudio del cerebro y de sus partes, en concreto del córtex prefrontal y la amígdala. Ambas partes están interconectadas y cuando alguna de ambas partes falla, el individuo es propenso a la violencia. Quizás algún día la parte del córtex prefrontal se pueda operar, y estimularse con un chip, pero todavía se ve como algo muy lejano.

¿Qué se puede hacer en estos momentos?

Para poder evitar la violencia, se debe curar los casos conocidos, pero también se debe prevenir. Las causas que se pueden conocer más o menos bien son las siguientes:

  • Los educadores y la educación que imparten, tanto a sus hijos como la educación en colegios e institutos, que deben continuar la que se debió inculcar en el niño desde su nacimiento.

  • La familia, que debe educar y saber juzgar cuando el problema comienza a ser preocupante.

  • Medios de comunicación, que en la mayoría de los casos sigue difundiendo la violencia y muchas veces también incita, con publicidad engañosa y otros medios.

  • Sociedad, líderes políticos, etc. En general todos, porque todos somos parte activa de esta sociedad, y si el problema está aquí y las consecuencias las sufrimos nosotros, nosotros somos también los causantes, los que permitimos esto.

Mucho niños y jóvenes acaban volviéndose inmunes a la violencia y al sufrimiento, porque acaban subestimando a la violencia real, de tanto verla en televisión o cine. Eso va creando un sentimiento de miedo y de soledad en el niño o en el joven que difícilmente desaparecerá si no se trata específicamente.

Los casos que ya se conocen deben castigarse legalmente, severamente, para hacer comprender al resto de la sociedad que no está bien eso que hacemos y que a nadie parece importarle demasiado.

Ante todo es necesario que los jueces tengan una legislación moderna, adecuada y aplicable a la violencia doméstica, que es la más frecuente en nuestra sociedad. Y que las víctimas lleguen a comprender que si no se denuncia, es como si todo marchase bien, porque nadie más que ellas y sus familiares muy cercanos saben lo que pasa de la puerta familiar hacia adentro.

Mi opinión personal

En realidad mi opinión está reflejada a lo largo de todo el trabajo, aunque no lo especifique. Me parece tremendamente importante recordar con relación a la violencia doméstica que sí no se da el paso de denunciar al culpable, nada se puede hacer por la víctima.

De que vale sentirte culpable, y pensar que fue una equivocación, si ya dio el primer paso y puede volver a repetirlo. De que vale seguir aguantando a alguien que no te valora más que a un muñeco de trapo, al que puede imponer sus órdenes, cerrar los ojos e imaginar que le obedece. Por qué poner de excusa a los hijos, cuando en realidad ellos también sufren tanto como la víctima, porque quizás no se llevan los golpes en su propia piel (algunos también los sufren), pero ven como alguien sin escrúpulos pega sin excusas a su madre y no duda en levantar la mano a sus propios hijos si interceden en algún momento.

En el tema que tuvimos que tratar a parte del cuadernillo, mi grupo eligió los niños. Desde siempre he sido más sensible en ese aspecto, porque adoro los niños y me pongo mal cuando puedo ver en algún medio de comunicación como se les trata, tanto en los países subdesarrollados como en nuestro mundo.

Es cierto que en los países subdesarrollados sufren peores condiciones, pero, (quizás me equivoco), allí todo el mundo no vive en buenas condiciones, aunque ellos sean los que más sufren, y ellos pueden ver como todos a su alrededor están en situación muy parecida a la de ellos.

No sé si es porque he visto más casos aquí, a nivel más cercano, en España, y los siento más de cerca, pero creo que debe ser peor que un niño vea que algunos niños viven en buenas condiciones y que él no puede porque sus padres no se lo permiten.

Siento que no debe haber mucha justicia ahí ARRIBA como para que estos angelitos que he visto varias veces en el hospital, con menos de un año ya han probado en sus propias carnes el sabor de la falta de amor y la incomprensión por parte de unos animales que se suponen padres de la criatura.

He trabajado en el informe con informaciones de niños del tercer mundo y he visto casos de aquí. Siguen siendo muy fuertes los casos de fuera, pero cuando lo ves tan cerca en niños que ves o casos que oyes con tus propios oídos parece que todo te duele más. No sé si es por esta razón.