Violencia y delincuencia juvenil

Psicosociología. Delincuentes. Jóvenes. Juventud. Educación. Factores sociales. Estereotipos. Tratamiento. Tribus urbanas. Pedagogía. Prevención

  • Enviado por: Josemaria Miau
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 53 páginas

publicidad
cursos destacados
Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
El curso de Reparación de Telefonía Celular o Móvil está orientado a todas aquellas...
Ver más información

Graba audio con Apple Logic Pro 9
Graba audio con Apple Logic Pro 9
En este curso aprenderemos a realizar grabaciones de audio de calidad utilizando Apple Logic Pro 9. Exploraremos todo...
Ver más información


INDICE

  • INTRODUCCIÓN.

  • EL PASO A LA DELINCUENCIA

  • CLASIFICACIÓN DE “DELINCUENTES JUVENILES”

  • PERSONALIDAD DEL DELINCUENTE

  • FACTORES DE LA DELINCUENCIA JUVENIL.

  • RESUMEN INTEGRADOR

  • TEORÍAS QUE JUSTIFICAN ACTOS DEL DELINCUENTE JUVENIL

  • TEORÍAS QUE JUSTIFICAN ACTOS DEL DELINCUENTE JUVENIL

  • VIOLENCIA INTERPERSONAL EN LOS CENTROS EDUCATIVOS DE ENSEÑANZA SECUNDARIA. UN ESTUDIO SOBRE MALTRATO E INTIMIDACIÓN ENTRE COMPAÑEROS.

  • PRINCIPIOS PARA UN MODELO PEDAGÓGICO-PREVENTIVO DE LA INADAPTACIÓN Y DELINCUENCIA JUVENIL.

  • EL TRATAMIENTO DEL MENOR DELINCUENTE EN EL CAMBIO.

  • LA INVESTIGACIÓN ACTUAL EN LA DELINCUENCIA JUVENIL: UNA PERSPECTIVA DIFERENCIAL.

  • DIRECTRÍCES BÁSICAS EN EL TRATAMIENTO DEL MENOR DELINCUENTE.

  • ESTEREOTIPOS SOCIALES ANTE LA VICTIMIZACIÓN, EL DELITO Y EL DELINCUENTE JUVENIL.

  • PSICOLOGÍA DE LOS ADOLESCENTES .

  • LOS CONCEPTOS DE DISCORDANCIA Y DE DELINCUENCIA DE LOS MENORES.

  • LA DELINCUENCIA JUVENIL.

  • TRIBUS URBANAS

  • PEDAGOGÍA DE LA DELINCUENCIA JUVENIL.

  • CONCLUSIÓN

  • PREVENCIÓN DE LA DELINCUENCIA.

  • INTERVENCIÓN EN LA DELINCUENCIA JUVENIL.

  • ¿PROBLEMA SOLUCIONADO?.

  • OPINIONES Y CASOS PRÁCTICOS

  • ESTADISTICAS EN ESPAÑA

  • BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN.

Al final de los años escolares, el niño ha encontrado un modo vital esencialmente satisfactorio. Y luego, con la llegada de la adolescencia, descubre que debe hacerlo todo de nuevo. Deja de ser un niño (aunque no quiera del todo) y todavía no es un adulto (aunque piense que lo es). La adolescencia, es una estación intermedia entre el desarrollo, no es ni esto, ni aquello, pero algo de ambos.

Existen tres términos que se deberían aclarar: pubescencia, pubertad y adolescencia. La pubescencia se refiere al período de alrededor de dos años antes de la pubertad, y a los cambios físicos que toman lugar durante este período. Su comienzo está marcado por un brote en el crecimiento físico, y continúa con un cambio en las proporciones del cuerpo, la madurez de las características primarias y secundarias del sexo, y un acopio de otros cambio físicos. La pubertad es el punto de desarrollo en el que los cambios fisiológicos de la pubescencia llegan a su máximo, marcado por señales de madurez sexual: en las niñas por la menarca, las primeras menstruaciones, y en los varones por un números de signos, siendo el más seguro la presencia de espermatozoides vivos en la orina, a la que un pequeño números se escapa de cuando en cuando. La pubertad se da aproximadamente, en las niñas alrededor de los doce o trece años y en los niños a los catorce. La adolescencia, finalmente, es el entero período que comienza con el brote de crecimiento de la pubescencia y el término no está muy bien definido. El final de la adolescencia llega con la completa madurez social, sin afirmar el modo en que esta madurez se define. la pubertad llega bastante comúnmente entre los dos años antes del promedio hasta dos años después, y la variación normal es habitualmente considerada de cuatro años antes o después del promedio. La edad promedio de la pubertad en los varones ( con la misma amplitud de variaciones que en las niñas) es algo menos de los quince años.

La adolescencia es un período de cambios continuos y el tema central de la adolescencia es el hallazgo de sí mismo. El adolescente debe aprender a conocer su cuerpo totalmente nuevo y sus potencialidades para los sentimientos y la conducta, y ajustarlo dentro de su propia imagen. Debe definir el lugar que ocupará en la sociedad adulta.

Pubescencia , Pubertad y Desarrollo Físico

El crecimiento del niño comienza primero a mostrar un cambio en la meseta de la latencia temprana alrededor de los ocho años en las niñas y de los diez años en los varones, pero aproximadamente dos años antes de la pubertad los niños pegan el salto. El crecimiento es más acelerado alrededor de un años antes de la pubertad., y el momento de más rápido crecimiento se conoce como Edad de máximo crecimiento.

En ambos sexos, el crecimiento durante la pubescencia está centrado en las extremidades (cuello, brazos, piernas) más que en el tronco. Esto explica el aspecto tan característico de est edad, largas piernas, desgarbados y “atontados”. En la superficie del cuerpo aparecen un número de cambios. El más conspicuo de éstos es el crecimiento del vello corporal: púbico y axilar, tanto en varones como en niñas, y en los varones también en la cara y en el pecho. En la piel de ambos se producen cambios: éste se hace más áspera, con poros mayores y glándulas sebáceas más activas, produciendo una secreción aceitosa; como resultado la gente joven en esta época es más susceptible al acné y a los puntos negros. También se acelera la composición del sudor, haciéndose mucho más fuerte su olor. Gran parte de la incómoda autoconciencia se produce por el reconocimiento de los olores del sudor y de la menstruación.

Los cambios críticos de este período, por supuesto, son los que expresan directamente la madurez sexual. La pubertad, es la cima del desarrollo sexual, marcada por la menarca en las niñas y la producción de espermatozoides vivos en varones. La pubertad, sin embargo, no significa una total madurez sexual.

En los varones, el desarrollo de los genitales externos es más marcado y más obvio que las niñas. Para comenzar, existe un considerable incremento en el tamaño. Uno de los primeros signos de la pubescencia en los varones es el aumento de tamaño de los testículos. Hacia la pubertad, el pene se pone erecto muy rápidamente, ya sea en respuesta a vistas sexualmente provocativas, sonidos, olores u otras sensaciones, o espontáneamente, como una función de las nuevas capacidades biológicas del individuo. Quizás el rasgo sexual secundario exterior notorio en los varones es el “cambio de voz”, debido a un agrandamiento de la laringe, o la nuez de Adán.

El sí mismo del adolescente

Ésta es una época de dolorosa sensibilidad. Las niñas pueden encontrar que no toleran miradas; pueden adoptar una postura agachada o encorvada para minimizar su altura o sus pechos; pueden adoptar ropa voluminosa y algo extraña para esconder sus cuerpos; pueden encontrarse predispuestas a ataques de llanto aparentemente sin motivo. Las niñas pueden reaccionara la menstruación con una satisfacción tranquila y cálida, o con una sensación de falta de higiene , y aún con una de pánico. Los varones, tradicionalmente, se sienten menos pudorosos que las niñas con respecto a sus cuerpos, pero en esa época podrán encontrar todo tipo de excusas para no exponerse a sí mismos en el gimnasio de la escuela o en la pileta por miedo a que su desarrollo difiera groseramente al de sus compañeros. Obviamente, esta conciencia del cuerpo ligada a los sentimientos sexuales.

Sexualidad adolescente

El punto que hay que señalares que la experiencia de las capacidades sexuales que vienen con la pubertad no es la misma para los varones que para las niñas. En los varones, el deseo sexual es netamente específico y se centra claramente en los genitales. Puede ser fácilmente despertado por una variedad de estímulos exteriores (palabras, dibujos, etc.), por variados pensamientos, o puede ser buscado deliberadamente. El deseo sexual en los varones es urgente y busca una rápida descarga de tensión en el orgasmo. Entre las mujeres existen amplias diferencias individuales normales. Algunas niñas experimentan el deseo en forma parecida a los varones. Otras pueden no experimentan urgencias sexuales directas hasta una época posterior de su vida. Sin embargo, para la mayoría de las niñas adolescentes parece que “deseo” no es la palabra correcta que debe usarse, sino que dicen “excitaciones sexuales”. Éstas , a diferencia del deseo masculino, son difusas y no tan claramente diferenciadas de otros sentimientos: anhelos románticos, instintos maternales, intoxicación moderada,, entusiasmo, compasión, malestar, placeres sexuales tales como la sensación producida por frotamiento de la espalda o al peinarse los cabellos, o aún emociones tales como el enojo y miedo.

Para los varones, los deseos sexuales pueden estar inicialmente bastante separados de las nociones del amor. En cambio para las jóvenes, el amor toma prioridad sobre la sexualidad. Las chicas desean vivamente enamorarse, en parte debido a que parece responder a cierta necesidad interna.

Idealismo adolescente

El adolescente, al igual que el niño preescolar, está lleno de contradicciones. Estas contradicciones, sin embargo, son probablemente las diversas expresiones de un tema común, la búsqueda de uno mismo y de su lugar en el mundo. .está buscando un mundo ideal y decente en correspondencia con su yo ideal y decente.

Una gran parte del idealismo adolescente se origina probablemente en su resistencia a crecer. Particularmente en la adolescencia temprana, desea gozar sus nuevos poderes con una libertad total, no contaminadas por las demandas prácticas de la vida. Además, muy poco de lo que ve a su alrededor se equipara a la gloria que él siente con sus nuevos poderes.

EL PASO A LA DELINCUENCIA

El fenómeno de la delincuencia puede considerarse desde una perspectiva social y desde otra jurídica.

Desde el punto de vista jurídico se considera delincuente quien “comete una acción o una omisión contraria a la ley vigente”.

Desde un punto de vista social se puede decir que el delincuente es quien comete “actos dañosos” para con uno mismo, para sus semejantes o para los intereses morales y materiales de la sociedad.

Existen varias teorías que tratan de explicar y en cierto modo predecir la delincuencia haciendo hincapié en sus causas y consecuencias (no todas) en la sociedad.

La primera teoría es la sociológica. La figura máxima de esta teoría es Durkheim. Este sociólogo francés contribuyó eficazmente a la constitución de la sociología como ciencia independiente. Su aportación a esta ciencia consistió en la manera de enfocar el estudio de los hechos sociales como algo objetivo, independiente de la conciencia individual. La teoría sociológica interpreta la conducta delincuente como una respuesta “normal” ante un ambiente malo. El factor desencadenante de las conductas delictivas es la misma sociedad. Es decir, para acabar con la delincuencia y la criminalidad hay que hacer una reforma social profunda del entorno. La teoría sociológica parte de que el delincuente se hace y no nace, los rasgos constitutivos no son heredados, la experiencia es un factor que juega en contra. Todos los ciudadanos pueden ser o delincuentes sangrientos o personas ejemplares (esto va muy parejo al anarquismo ya que esta ideología sostiene que todos somos iguales y es la circunstancia la que nos modifica). Un ejemplo puede ser el mismo joven que se desenvuelve en un medio hóstil y se define como una persona violenta y agresiva dado que su circunstancia es negativa. Sin embargo, la misma persona que crece y es educado en los valores de la tolerancia y la comprensión podrá convertirse en alguien generoso y que beneficie a la sociedad tanto como a sí mismo.

En suma, los delincuentes son miembros sanos que crecen en una comunidad enferma, en una comunidad en la que el estilo de vida delictivo es más accesible y se aprende con más facilidad que las normas de convivencia ética y sociales.

Otra teoría es la que arguye que la contestación es la causa principal de la delincuencia.
La relación reside en que un grupo de jóvenes “contestan” y se enfrentan a la sociedad en forma de grupos y que “se apartan o rechazan positivamente la moralidad de la mayoría”. La máxima figura de este movimiento es Albert Cohen (famoso por aquel 68). Defendía que la clase baja, sobretodo la juventud, se encuentra en desventaja respecto al resto de los componentes de la sociedad. Esto es por lo siguiente: su educación no está a la altura de la de los demás, sus medios económicos son pobres y no tienen influencias familiares para poder aspirar con cargos importantes. Si no pueden unirse a otras clases se enfrentan a ellas, conscientes de su impotencia. Forman una subcultura para ridiculizar la cultura a la que no pueden incorporarse y la convierten en una antítesis de esta cultura. La subcultura se caracteriza por su rebeldía y agresividad. Y esto es lógico porque una característica común a las personas violentas es su inseguridad, se juntan en pandillas o bandas juveniles para protegerse. Manifiestan una actitud conjunta con desprecio a las autoridades que, según ellos, les han rechazado. Esto significa que la conducta delictiva no responde a un afán de lucro, muchos delincuentes corren grandes riesgos por objetos de escaso valor o por cualquier gamberrada. Se explica este comportamiento antisocial con el placer maligno de molestar a las personas que representan lo respetable. Una manera, en suma, de liberar su frustración.

La teoría de la constitución física sostiene que algunas constituciones son más prospensas al delito que otras. Sheldon y Glueck fueron primero uno y luego otro quienes defendieron esta postura. Sheldon aplicó su cuadro clasificador de los tipos somáticos al estudio de la delincuencia. Según él había tres constituciones distintas:

- la endomórfica: las vísceras de la digestión están muy desarrolladas mientras que las estructuras corporales no lo están. Los miembros son cortos y el abdomen prevalece sobre el tórax. Son obesos en su mayoría.

- la mesomórfica: las estructuras corporales prevalecen, el tronco es largo y musculoso, el tórax es superior al del abdomen en cuanto a volumen. En general el organismo es robusto y regular en su estructura.

- la ectomórfica: aspecto delgado y flaco. Las piernas y brazos son alargados y delgados, musculatura débil y hombros estrechos.

Sheldon obtuvo que entre los delincuentes de Boston prevalecían los mesomórficos y había pocos ectomórficos. Glueck comparó posteriormente 500 delincuentes de dos correccionales de Massachussets y los resultados confirmaron las tésis de Sheldon: había doble número de mesomórficos entre los delincuentes y los ectomórficos eran clara minoría. Los delincuentes mesomórficos eran, ateniéndose a un estudio psicológico, “más activos, vitales y poco inhibidos y sumisos a la autoridad”. Estos rasgos predisponían a la agresividad y a la delincuencia. Los ectomórficos mostraron rasgos más pasivos sumisos e inhibidas.

No hay que olvidar, no obstante, que los ectomórficos también pertenecían al grupo de delincuentes, por ello, no cabe afirmar que existe un determinismo rígido de tipo constitucional.

Otra teoría es la behavionista sobre los rasgos del criminal. Eysenck, el máximo exponente de esta teoría, dijo haber aislado un grupo de rasgos de conducta asociados con la delincuencia. Eysenck fue un psicólogo británico de origen alemán. Investigó sobre la teoría de la personalidad y sobre el tratamiento de la neurosis. Según él el rasgo más significativo que guarda relación con la delincuencia es la extraversión. Los extrovertidos son sujetos expansivos, impulsivos y no inhibidos, amantes de la aventura y de la acción. La introversión es propia de gente retraído y en general opuesto en personalidad a los extrovertidos. Las sensaciones fuertes no son de su agrado y llevan una vida ordenada. Cuando los individuos extrovertidos son inestables emocionales (con tendencia neurótica) son más prospensos a la delincuencia. El mismo rasgo en los introvertidos se traduce en conformismo. Otros rasgos que pueden significar atracción hacia la delincuencia son la torpeza psicomotriz y la escasa condicionabilidad.

La teoría psicoanalítica cree que por el contrario los rasgos distintivos más importantes del carácter criminal son los adquiridos en la primera infancia. Acorde a esta teoría el delincuente tiene un super-ego muy débil e inconsistente. Esto origina individuos caprichosos, incapaces de controlar sus instintos o necesidades. Los padres juegan un papel fundamental en esta teoría, si dan excesiva libertad darán rienda suelta a sus deseos y a sus impulsos. Una característica que no es mencionada e las demás teorías y sí en esta es que aquellos sujetos cuyo super-ego sea débil no presentaran síntomas de culpabilidad.

La delincuencia la podemos definir como el conjunto de infracciones que se cometen en un tiempo y en un lugar dados.

Se distinguen las infracciones contra el Estado, contra las personas, contra los bienes y contra las costumbres.

Los jóvenes delincuentes no son monstruos no seres bestiales. Son personas como tantas otras, que nunca habían cometido ningún acto delictivo. El análisis e investigación de 80 homicidios intentados o consumados por adolescentes o jóvenes mayores muestran que buen número de estos crímenes ocurrieron en situaciones realmente difíciles y con motivaciones sólo parcialmente imputables a la personalidad del delincuente.

La explicación debe buscarse a menudo en una constelación fortuita de circunstancias y el modo de reaccionar ante ellas por parte del individuo con agresividad extrema. La imagen del asesino típico que traza un plan y escoge a su víctima para sacrificarla es del todo falsa y sólo en contadisimos casos responde a la realidad. Apoyándose en el archivo de los dictámenes psiquicoforenses preparados por el autor, el libro brinda los resultados de una investigación objetiva de los delitos cometidos por jóvenes delincuentes y sus móviles probables, en el contexto psíquico y ambiental de cada caso. Los casos fueron escogidos sin otro condicionamiento que el de contribuir al estudio científico del fenómeno valorándolo en lo psicológico, lo jurídico, lo psiquiátrico y lo social.

La obra es de indudable interés para el psicólogo, el psiquiatra, el jurista, el magistrado, el criminólogo, el asistente social, el educador y, en términos generales, para toda persona no especializada que desea adquirir un conocimiento objetivo del problema.

El delito cubre actualmente una gama que se extiende desde el ama de casa hasta el ladrón.

Los delitos cometidos por los jóvenes difieren en el género y en el motivo de los crímenes típicos de los adultos.

El término "jóvenes delincuentes" abarca a todos los individuos menores de 21 años, entre los cuales se incluye a los adolescentes, de menos de diecisiete años, y a los niños, menores de catorce años.

Para poder descubrir las causas de la delincuencia juvenil tenemos que ir más allá de los procedimientos judiciales.

Un ligero aumento de la delincuencia juvenil se describe como algo sin precedentes por su extensión y se habla de que "continúa aumentando rápida y progresivamente".

El delito pertenece exclusivamente a los estratos inferiores. El delito es para ellos lo que el arte es para nosotros, simplemente un método de procurarse sensaciones extraordinarias.

Diversas teorías criminológicas sugieren medios diferentes de prevenir la delincuencia o de tratar a delincuentes habituales.

Si la delincuencia se concibe como la actuación ciega en la sociedad de unos individuos que no aprendieron a controlar sus emociones primitivas, la mejor solución consistirá en prestar atención a la salud mental de la comunidad y a las previsiones especiales para los niños privados del cuidado normal de los progenitores.

La existencia de un problema de delincuencia implica un fallo en los procesos normales del control social y los esfuerzos de robustecer estos controles deberían asumir la prioridad sobre las medidas que aplicar con los violadores individuales de la ley.

Muchos métodos concebibles de protección son discutibles porque infringen libertades civiles o tienen otras consecuencias indeseables.

La prevención del delito puede buscarse también con medidas sociales más positivas, que tiendan a aliviar a la gente de la necesidad de alcanzar sus fines de manera ilegítima.

La delincuencia es un fenómeno universal ligado a la vida social y no hay sociedad sin delincuencia. Después del siglo XIX, se han intentado encontrar las causas de la delincuencia. De este modo, se han puesto de manifiesto:

  • Factores sociales: carencia del medio familiar y escolar, mal uso del tiempo libre, agresividad desarrollada por los medios de comunicación de masas; densidad de la población en los grandes centros urbanos; insuficiencia de los equipos socio-culturales, etc.

  • Factores económicos: nivel de vida insuficiente; desempleo, falta de cualificación profesional.

  • Factores políticos: crisis; falta de sentido cívico; etc.

  • Factores individuales: difíciles de categorizar.

La delincuencia caracteriza una conducta antisocial que expresa la inadaptación de un individuo a la sociedad. Puede observarse en una multitud de estructuras mentales, de lo normal a lo patológico.

La delincuencia es un síntoma de una perturbación profunda de la personalidad. Es esa perturbación profunda la que deberá privilegiar la reeducación social: psicoterapia, tratamiento farmacológico, medidas institucionales individualizadas, etc.

Cuando el delincuente es un adolescente o un niño, surge una perturbadora disonancia entre la gravedad de la violación del derecho y la idea que se tiene en general de la naturaleza del niño o del adolescente.

A los jóvenes se les concede un, por así decir, crédito de confianza, dando por supuesto que en ellos no podrán surgir impulsos delictivos, totalmente ajenos a su condición infantil o juvenil. No es, pues, de extrañar que le delito cometido por un menor de edad nos afecte y nos conturbe de singular manera.

Con el término “delincuencia juvenil” se etiqueta la mayoría de las veces a aquellos chicos/as con problemas de conducta social.

El uso indiscriminado del término delincuencia juvenil, piensamos que oculta en el fondo, el simplismo de quienes piensan en los problemas de conducta social juvenil como algo unívoco y uniforme.

La “conducta antisocial” puede reflejar hechos muy dispares, en términos generales, hace referencia a cualquier hecho o acción que viole las reglas sociales o vaya contra los demás, con independencia de su gravedad.

A razón de esta definición, creemos que hay que tener en cuenta que el “quemar unas notas” y por lo tanto tener una conducta antisocial, no significa ser un delincuente, por lo tanto hay que tener muy claro, que muchas de las conductas antisociales pueden reflejar un transcurso normal del desarrollo evolutivo del menor, otra cosa es que los ejemplos antisociales se acumulen o alcancen una especial gravedad, robar coches, en cafeterías etc... Ahí es donde empieza la barrera entre conducta antisocial y delincuencia juvenil.

Podríamos definir Delincuencia juvenil, como un problema de la sociedad.

La delincuencia juvenil es un aspecto, usualmente divorciado al contexto social en que se desenvuelve y ligado afanosamente a todas las calamidades que afligen a la sociedad.

Una sociedad que se desatiende de ellos, descuidando la atención mínima de sus necesidades esenciales; que no les diseña las infraestructuras requeridas para la canalización positiva de sus energías y potencialidades; pero que rauda y veloz, se lanza a inculparlos, sancionarlos aún con la pena capital si fuera posible.

La sociedad se preocupa de sus menores, casi exclusivamente cuando matan, los matan o se embarazan.

CLASIFICACIÓN DE “DELINCUENTES JUVENILES”

1.- Delincuente activo.

Integraría el grupo que comete actos legalmente delictivos de cierta importancia. Normalmente suele tener entre 15 y 20 años.

En general, constituyen grupos agrupados en los que hay algún o algunos jóvenes con un alto índice de conflictos de personalidad.

Sin que el inicio sean uniformes, constituyen un tipo de grupo que acabará tendiendo a la delincuencia activa como hábito de conducta normalizada y propia del grupo.

Con frecuencia las conexiones y derivaciones del grupo acaban en la delincuencia adulta más o menos organizadas.

El grupo sólo se mantiene estanco y cerrado para algunas acciones (algunos “palos”), pero para el resto “ligar carros” requieren normalmente la amplia participación del grupo.

2.- Disocial paraviolento.

Se distingue del anterior porque este tipo de delincuentes o pre-delincuentes suelen tener un comportamiento socialmente agresivo.

Se agrupan en pandillas, esta agrupación constituye en cierto modo un mecanismo de defensa contra la sociedad adulta, de la que se siente enormemente distante.

A pesar de que este grupo está formado generalmente por jóvenes con edades comprendidas entre lo 14 -17 años son fácilmente reconvertibles una vez que se incorporan a la vida laboral, el problema es como veremos más adelante cuando no hay esa posibilidad y se adentran dentro del mundo del paro.

3.- Joven marginal.

Constituye un sector social muy amplio, que engloba a los dos anteriores.

Suelen ser hijos de inmigrantes, chicos con fracaso escolar.

Son el producto de las crisis de los barrios. El consumo de drogas tiene, entre ellos, un carácter marcadamente diferente del que tiene en el joven contracultural. Constituye una especie de “toxicomania social” destinada a mejorar la visión que la cruel vida diaria proporciona.

En muchas ocasiones, lo que ocurres que las redadas que la policía hace simplemente en función de la pinta juvenil, acaba poniendo en el grupo delincuencial a bastantes jóvenes que sólo eran marginales.

4.- Niños y preadolescentes disociales y marginales.

El problema de este grupo radica en la edad, de 6- 9 años, su intención se basa en copiar la actuación de niños de más edad. Gran apego a la calle, más que a la propia familia.

PERSONALIDAD DEL DELINCUENTE

La personalidad del delincuente se basa en:

Inmadurez: Es lógico porque la edad, no hace eco de tener coco para desenvolverse de forma racional en la vida.

Vacío de si mismo: No asumen su propia historia personal. Su pasado lo rechazan. El presente es vivir aquí y ahora, no aprenden de sus errores. No tienen muchas expectativas.

Comportamiento contradictorio: Son chicos muy metidos en su vida, y no se paran analizarla. Tienen una sorprendente capacidad de adaptación.

Inseguridad: Desconfianza con respecto a las demás personas que no encajen en su mismo tipo.

FACTORES DE LA DELINCUENCIA JUVENIL.

  • FAMILIARES.

  • ESCOLARES.

  • AMBIENTALES- RELACIONALES.

  • SOCIOECONÓMICO.

  • La delincuencia juvenil es una conducta humana que se da en unos medios sociales, en unos momentos históricos, y por lo tanto según el elemento que se analice puede aparecer una causalidad de un tipo u otro.

    FACTORES FAMILIARES

    Familia no completa: Este factor que parece de gran importancia, y que algunos autores han defendido como paso para prevenir la delincuencia (Reinhart, Ortega), ha dejado de ser importante por el simple hecho, de que una familia completa puede estar destruida en su interior y, por otro lado puede darse también el caso inverso de familias incompletas, que a pesar de ello, ofrecen buenas condiciones para un desarrollo sano. A pesar de esto, no se descarta la idea de que pueda ser un factor de riesgo, aunque no es el mas importante dentro de la familia.

    Familia que plantea problemas en la evolución afectiva de los hijos: Entre los jóvenes con problemas de delincuencia siempre existen abundantes sujetos con un grupo familiar gravemente alterado. No creo conveniente enumerar todos lo índices de falta de afecto pero algunos importantes son: el alcoholismo, abandono del padre o de la madre, drogas etc...

    Familia con dificultades en los procesos de identificación: Quizás este no es un factor muy importante, ya que el que los padres asuman plenamente sus papeles es una cosa normal, pero en muchas familias el joven al llegar a la adolescencia su vida cambia, y si el padre o la madre no tiene un carácter apacible o es excesivamente inimitable pueden tener consecuencias nefastas.

    Famila con fracasos educativos: Falta de unas bases educativas, no económicas sino educativas hace que el joven no sienta afición por la formación, aunque esto siempre ha sido tema de debate, ya que por otro lado, esta la familia con nivel educativo bajo que espera que sus hijos alcancen lo que ellos no pudieron conseguir.

    Familia con problemas económicos: Paro...

    FACTORES ESCOLARES.

    Sólo decir que en el grupo nuclear de los delincuentes, sólo 1 de cada 5 no tuvo dificultades en la escuela.

    FACTORES AMBIENTALES - RELACIONALES.

    Es necesario remarcar que cualquier conducta humana, pero más todavía la que analizamos, se inserta en medio de una estructura urbanística, en medio de un entramado social, en medio de una estructura o desestructura social.

    No es por azar que la delincuencia sea crónica en unos barrios, crítica en otros y sólo esporádica en algunos. Y. Por lo tanto algún papel han de jugar las características del barrio, que en su conjunto, una gran parte de las problemáticas de delincuencia y de disociabilidad juvenil está estrechamente ligada a la historia del barrio en que se produce.

    Por esta razón hay que insistir en que el análisis incluya no sólo el fenómeno actual de los barrios sino los procesos desencadenantes que hubo detrás.

    Otro de los factores además del barrio, puede ser el grupo de amigos, los medios de comunicación etc...

    FACTORES SOCIOECONOMICOS.

    Actualmente quizás sea el desencadenante más vivo ya que el paro hace que la delincuencia juvenil se proclame a los cuatro vientos.

    - EL PARO: Paro juvenil

    Hay más de 1.880.000 jóvenes parados en España, según una Encuesta de Población Activa de 1995. Es una tasa De paro cercana al 43%, según los datos de la OCDE (los países más desarrollados industrialmente). Es la mayor cifra en toda la Unión Europea y la mayor en todos los países de la OCDE, diez veces más que en Alemania, tres más que en Estados Unidos y el doble que en Francia.

    El problema es todavía mayor entre los chicos de 16 a 19 años: cada dos que dicen buscar empleo, uno no lo encuentra. ¿Por qué?

    "En España no se generan suficientes puestos de trabajo, para nadie. Es un problema de volúmen de empleo: hay poco el mercado va libremente negociando su remuneración y sus condiciones, que cada vez son más bajos. Empleos escasos, poco remunerados y precarios. Por eso se tiende a expulsar del mercado de trabajo a los más débiles: mayores y jóvenes hasta los 20 años". Este es el punto de vista de Dolores Liceras, la secretaria de Empleo de sindicato CCOO.

    Para ella, ni un mercado laboral absolutamente libre, en el que sea muy fácil y barato contratar y despedir, arreglará el principal problema: en España no se genera trabajo para todos.

    Algunos de los indicadores del desempleo que llevan a la delincuencia pueden ser:

    Pobreza

    La mayoría de los desempleados viven en la pobreza. Esta se expresa en forma de viviendas inadecuadas e insalubres, falta de viviendas, estrés, hambre, falta de calificaciones, falta de oportunidades sociales y recreativas.

    Lo triste de esto es que los jóvenes trabajadores desempleados suelen ser también hijos de familias con bajos ingresos. Estas situaciones crean estrés en todos los familiares.

    Esto lleva a buscarse la vida...

    Salud

    El desempleo es una enfermedad política. Este y la consiguiente pérdida de autoestima surten efectos en la salud mental y física de los jóvenes trabajadores. Además, el tener mala salud impide también que los jóvenes trabajadores encuentren empleo.

    La falta de ingresos provenientes de la situación de desempleo significa que los jóvenes trabajadores no pueden asumirse bien por sí mismos. Los jóvenes desempleados viven en la pobreza y cuando se enferman no tienen medios para costear un tratamiento. El desempleo crea asimismo un sentimiento de falta de control sobre la vida, lo cual lleva a situaciones de estrés y depresión, lo cual en ocasiones lleva al círculo vicioso de drogas para saciar la depresión- robar para conseguir las drogas - delincuencia.

    Este sentimiento provoca reacciones diferentes entre los jóvenes trabajadores: enfadarse con sus amigos o con su familia, echarse a la droga o pensar en el suicidio.

    Exclusión

    Cuando los jóvenes salen del colegio, experimentan una transición profunda y frágil hacia la edad adulta. Entre las aspiraciones de los jóvenes en su transición a la edad adulta está la de obtener un empleo, salir de casa de sus padres en determinados países, y formar un hogar estable.

    Es una época en la que los jóvenes asumen progresivamente un control sobre su vida, un proceso facilitado por las oportunidades de participación en la vida comunitaria y la vida de las personas que los rodean.

    Estas oportunidades no existen cuando los jóvenes están desempleados. Se les niega la oportunidad de desarrollar sus propias potencialidades, su capacidad profesional, su sentido de la vida y su identidad social.

    Los jóvenes trabajadores desempleados se ven excluidos de una verdadera participación en la sociedad y corren el riesgo de pertenecer a una nueva subclase en la que estén enajenados.

    Sentimiento de impotencia

    La exclusión social, la pobreza y la dependencia llevan a una situación de impotencia en la que los jóvenes trabajadores desempleados son cada vez menos capaces de orientar su propia vida.

    La impotencia de estos jóvenes se concreta también en su rechazo del sistema actual sin que tengan la posibilidad de proponer cualquier alternativa a dicho sistema.

    RESUMEN INTEGRADOR

    La delincuencia se conoce como el fenómeno de delinquir o cometer actos fuera de los estatutos impuestos por la sociedad, pero es poco lo que sobre las verdaderas causas por las que un joven puede introducirse en este mundo.

    Son diversas las causas; pueden ser orgánicos, fisiológicas, patológicas, influencias externas como el medio en el que se desarrollan los primeros años de su vida, la carencia de afecto y atención por parte de los padres o simplemente mala orientación.

    A cerca de este tópico trata el presente trabajo de desarrollarlo de manera clara y extensa para el mejor entendimiento del mismo, así como destacar los factores y causas que contribuyen a la Delincuencia Juvenil.

    Las actividades ilegales que desarrollan jóvenes, cuya conducta no discurre por unas causas sociales aceptadas ni sigue las mismas pautas de integración que la mayoría, no surgen repetidamente, sino que forman parte de un proceso gradual de socialización desviada que poco a poco se va agravando. Este proceso se manifiesta más agudamente en la adolescencia, cuando el joven está más capacitado para realizar acciones por cuenta propia.

    Entre adolescentes no podemos considerar la existencia de un solo tipo de delincuente, ya que se observan entre ellos diferentes modos de comportamiento y actos de distinta gravedad. En algunos jóvenes, la delincuencia es algo transitoria, utilizado para llamar la atención a falta de autodominio, mientras que para otros se convierte en norma de vida. Cuanto más joven sea el delincuente, más probabilidades, habrá de que reincida, y los reincidentes, a su vez son quienes tienen más probabilidades de convertirse en delincuentes adultos.

    Es importante el aumento experimentado por la delincuencia juvenil en los últimos años.

    Unas de las razones por las que la delincuencia alcanza su máxima frecuencia entre la adolescencia media y la final es que, en esta época, muchos jóvenes son capaces de aprender a adaptarse por sí mismos, sin el auxilio de padres o tutores.

    Aunque la delincuencia continúa ligada a la miseria, su practica se ha extendido últimamente a los grupos socioeconómicos medios y altos.

    La identificación de las tendencias de la delincuencia juvenil depende en primer término del examen de las estadísticas.

    Los cambios en concepto de delincuencia contribuyen, tal vez, en el factor que más influyen en las estadísticas de prevalencia.

    Se considera que la delincuencia comienza a los 8, 13, 14 ó 15 años de edad, respectivamente. Cuando se fija una edad más tardía con frecuencia no se dispone de datos a cerca del número de niños que comparecen ante los Tribunales Tutelares de Menores u otro tipo de Organismo encargado de los niños difíciles.

    La delincuencia alcanza, de ordinario, su punto máximo entre los 13 y 15 años de edad; pues, es un periodo en el cual el menor tiende particularmente a relacionarse con los otros chicos de su edad.

    La banda de adolescentes sirve a la vez como lazo social para jóvenes desarrollados y como agente canalizador de su agresividad hacia los adultos. A semejanza del mundo animal, en la banda juvenil se da la seguridad de un territorio. La obsesión de la seguridad se garantiza por la integridad en el territorio y la lealtad respecto al grupo, que a menudo se convierte en temeridad.

    Existe mayor número de muchachos que de muchachas delincuentes, aunque esta diferencia empieza a disminuir al final de la adolescencia a causa del incremento de la delincuencia femenina en dicha etapa, también existe una diferencia entre sexos en función del tipo y de la gravedad de los delitos cometidos. En las muchachas son más frecuentes los hurtos menores y la prostitución, mientras que abunda entre los muchachos la agresión física, los robos, la alteración del orden, etc.

    Los menores de 13 a 14 años dirigen la mayoría de sus actos delictivos contra la propiedad; en la adolescencia final por el contrario, los mismos afectan con más frecuencia a las personas. En el medio rural los actos son, en su mayoría, individuales, en cambio en el medio urbano suelen realizarse en grupo, respaldos por el apoyo mutuo que encuentran los jóvenes en la banda.

    La influencia del medio en el desarrollo de la delincuencia juvenil es también muy importante, los niños colocados en un medio muy pobre o que viven en condiciones difíciles están fuertemente tentados de descifrar su existencia por el robo o por la búsqueda de consolaciones dudosas. Estas son una de las razones del enorme número de condenas por delincuencia juvenil durante la guerra, las privaciones, los cambios del medio social, la inquietud y el medio han ejercido una influencia disolvente y han dado un golpe a la vida moral, de la cual todavía no se ha repuesto en los ambientes donde hay malas viviendas, donde reina la promiscuidad y la miseria, es donde se encuentran la mayor proporción de delincuentes juveniles.

    Hoy en día los medios más afortunados son una proporción de delincuentes. Esto es debido a ciertos dramas familiares y a que los niños disponen de mucho más dinero y comodidades de todas clases y a que la sociedad hace nacer nuevas necesidades que pueden ser satisfechas de momento más que por actos reprensibles.

    Estos actos nos lleva naturalmente a denunciar los errores de educación como causa esencial de la delincuencia juvenil.

    En primer lugar, la severidad excesiva demuestra que cuando los padres son muy exigentes o estropean al niño a fuerza de quererlo hacer perfecto, o hacen nacer la rebeldía en vez de favorecer la honradez y la delincuencia. Y así vemos a estas víctimas de la disciplina fría o brutal como aprovechen la primera ocasión favorable para liberarse de toda tutela y hacer lo que les da la gana.

    Hay padres demasiados débiles. La disciplina personal, especialmente el poder de retenerse, de actuar o de privarse de una cosa deseada, debe ser inculcado al niño en el curso de los dos primeros años de su existencia.

    Del 70 al 80 por ciento de los delincuentes proceden de familias disociadas, (por divorcio, muerte o abandono) o de familias cuyos padres no se entienden.

    El niño que ve a su padre y a su madre disputar entre sí, juzga la sociedad en su conjunto sobre el mismo modelo, y llega a creer que él también debe defender violentamente su punto de vista si no quiere ser aplastado.

    Puede suceder que aunque la familia este relativamente unida, las ocupaciones de los padres dejan a los niños muchos ratos libres, y un a libertad que, al perder la vergüenza, se vuelve libertinaje.

    La delincuencia juvenil, toma un aspecto mucho más grave cuando los jóvenes forman bandas y pandillas. Se estimulan por la audiencia tanto más buscada cuanto más esconde un verdadero miedo y tanto más mantenida cuanto más prestigioso se hace uno de la “pandilla”, atreviéndose a lo que los demás no se atreven.

    Todos saben hasta que punto las malas lecturas y el mal cine pueden desviar a los jóvenes del camino. El cine ejerce una verdadera fascinación, sobre todo para los que asisten a él varias veces a la semana, esto basta para falsear su sentido de la realidad. Los filmes peligrosos son los que representan las manifestaciones de malos rasgos del carácter, especialmente ciando la acción se desenvuelve en medio del lujo y la vida fácil.

    Los adolescentes que se han hecho culpables de delitos graves asisten a más de seis sesiones por mes, lo cual no quiere decir que el cine sea el único responsable de la delincuencia juvenil.

    En la mayoría de los filmes las proporciones esenciales de los personajes se relacionan con el erotismo y el crimen. Se diría que la mayor parte de las películas están destinadas a enseñar al espectador la técnica de la seducción o de los asesinatos.

    Debido a la gran fuerza de sugestión de las imágenes en movimiento, las personas que verán esas películas difícilmente escaparan a pesar de que las acciones representadas (por exageradas que sean) son un índice de lo que sucede en la vida corriente y que, al fin y al cabo, se puede uno inspirar un poco en esa “realidad”.

    Uno de los factores que se une en multitud de ocasiones a este proceso es la presión social emanada de un medio o unas condiciones de vida atosigante, el ambiente enrarecido del suburbio sin otras alternativas culturales o la progresiva frustración a lo largo del desarrollo, que va generando unos niveles de respuesta violenta imposibles de contener al llegar a la adolescencia.

    Los modelos sociales, a veces presentados en la misma familia, constituyen así mismo otra importante fuente de la delincuencia juvenil. No hay que olvidar lo susceptibles que son los jóvenes a la imitación y a la influencia que está puede ejercer como método de afirmación personal, capaz de superar al propio modelo.

    Por otro lado las causas orgánicas se hallan inscritas en la anatomía del delincuente desde su nacimiento. La herencia no siempre es decisiva, pero ejerce constantemente una influencia más o menos favorable, confirmada por los muchos ejemplos ofrecidos por la misma familia. También se le atribuye culpabilidad a las alteraciones física ó perturbaciones afectivas o de personalidad. Sin embargo, parece más oportuno tener en cuenta el conjunto de los diversos factores que afectan a la conducta del delincuente, y poner de relieve la inter-relación de todas las fuerzas y condiciones, internas y externas, que intervienen en su desarrollo.

    TEORÍAS QUE JUSTIFICAN ACTOS DEL DELINCUENTE JUVENIL

    Teorías Biológicas:

    Estas teorías atribuyen a la delincuencia a caracteres innatos del individuo, transmitidos por herencia o debido a alteraciones en sus estructuras genéticas o a otros elementos constitucionales, aunque no niegan que la influencia de los factores ambientales, concedan una importancia máxima a los aspectos biológicos.

    Estudios genéticos realizados con delincuentes, a fin de explicar las causas de sus trastornos de conducta, han proporcionado datos sobre ciertas alteraciones cromosomáticas detectadas en algunas personas. Es el caso de los síndromes de Ttuner (niñas o mujeres con carencia de un cromosoma x normal, por lo que representan una falta de desarrollo genital) y de Klinefeter (varones con dos cromosomas x frente a un y), así como de otras alteraciones cromosomáticas sexuales que se pretende aparecen en la base de importantes problemas de inadaptación social. Hace unos años se describió el síndrome XXY, que afectaba varones con fuertes tendencias criminales y dotadas de gran agresividad, lo que hacia de ellos individuos potenciales peligrosos. Otras investigaciones insisten en la influencia de factores hereditarios sobre la disposición previa a la delincuencia; justifican su posición en estudios realizados sobre parejas de hermanos gemelos, los cuales demostraban en la conducta delictiva entre gemelos mono-cigotos (con idéntico código genético) se asemejaba mucho más en términos cuantitativos que la de los di-cigotos (gemelos con distinto código genético).

    Igualmente se citan como factores de inadaptación social diversas malformaciones somáticas, tales como anomalías metabólicas, sub-normalidad psíquicas y diversas patológicas congénitas. Si bien es cierto que éstos trastornos pudieran estar en el origen de dicha inadaptación, no esta demostrado de modo fehaciente que sean factores generadores de delincuencia.

    En éstas teorías se han creído ver un intento de aludir la responsabilidad social en el origen de la delincuencia, así como una forma de relegar el problema a un callejón sin salida.

    La influencia de las teorías afecta, en definitiva, a un reducido o irrelevante número, de individuos, y en ningún caso sirve para explicar las complejas causas que conducen a ciertos jóvenes a la delincuencia.

    Aunque sea cierto que el niño nace con unas características genéticas muy concretas que determinan su grado de agresividad, introversión, actividad, etc. lo cierto es que los estímulos maternos y la interacción que crean son muy importantes para la posterior relación del niño con el medio en que se desenvuelve.

    En este grupo podemos incluir también los casos en los que él yo, es puesto fuera de acción por perturbaciones teóricas u orgánicas o trastornos funcionales de los centros nerviosos.

    Perturbaciones Tóxicas: Crímenes cometidos bajo la influencia del alcohol o de drogas.

    Perturbaciones Orgánicas:

    a.) Delincuencia mental y retardo, si la falta de capacidad intelectual es favor motivante del comportamiento delictuoso.

    b.) Tumores cerebrales, parálisis general progresiva, traumatismo cerebral, etc.

    c.) Encefalitis, si se adquiere antes de la pubertad.

    Trastorno Funcional de los Centros Nerviosos:

    a.) Epilepsia

    b.) Comportamiento disritmo de hil

    Teorías Psicológicas

    Estas teorías se centran de forma predominante en los aspectos personales del delincuente, considerando como causas de su desviación, tales factores como el desequilibrio afectivo del joven, la antipatía, el sentimiento de culpa o de aislamiento, así como las deficiencias de inteligencia y otros rasgos individuales.

    Desde la perspectiva de las teorías del aprendizaje y del conductivismo, la delincuencia se considera, en cuanto a forma de conducta social desviado, como un resultado anómalo del proceso de acondicionamiento a que la sociedad somete a sus miembros, y por medio del cual se desarrolla en los individuos una estructura de personalidad determinada.

    Así, durante la infancia los padres van asociando aprobaciones y premios para reforzar y desarrollar las reacciones que esperan promover en el niño, y castigos o recriminaciones para inhibir las conductas reprobables. Mediante este proceso de acondicionamiento del niño a las costumbres sociales, el individuo es capaz de renunciar a ciertos deseos e impulsos, ya que la ejecución o satisfacción de los mismos va aliado a sentimientos angustiosos que se desprenden del acondicionamiento adversivo impuesto en la niñez.

    Estas sensaciones de aguda malestar actúan como una poderosa resistencia psicológica que se opone a la realización de aquellos impulsos prohibidos, y constituyen la base de la conciencia moral.

    Según ello, la persona, que, a causa de su incapacidad de acondicionamiento, no puede dar respuestas morales y sociales (previamente establecidas), tendrá más probabilidades de convertirse en un delincuente.

    Comprobando esta teoría: Un adolescente en quién todos sus instintos agresivos (o no permitidos) han sido reprimidos y, por tanto, no se convertirá en un delincuente, sino en un individuo con otro tipo de síntomas neurológicos debido a su represión inconsistente. O bien, nos encontraremos con un sujeto que “no hace nada si no a cambio de …”, lo cual se asemeja a una variable familiar de la delincuencia, el chantaje a los padres, que el adolescente intenta en muchos momentos con el propósito de conseguir lo que le interesa a cambio de dar su adaptación a ciertas normas sociales a educativos.

    PREVENCIÓN DE LA DELINCUENCIA, JUSTICIA DE MENORES Y PROTECCIÓN DE LOS JÓVENES: ENFOQUES DE LAS POLÍTICAS Y TENDENCIAS.

    En casi todos los países europeos, desde los años 50, se ha producido un incremento de los índices de la delincuencia juvenil. En este artículo, se analizan diversos aspectos de este fenómeno, aportando, por un lado, datos del Reino Unido, Alemania, Suecia, Francia y Holanda; por otro lado, se estudian las causas de los cambios en las pautas delictivas: desarrollo demográfico de los 50, aumento del bienestar, aumento de oportunidades delictivas relacionado con la sociedad postindustrial, el cambio del papel del Estado y el cambio de las pautas de socialización que muestran un declive de los controles sociales informales. La segunda parte trata de las sensaciones y el tratamiento que los Estados europeos aplican a los menores infractores, exponiendo los principales cambios en la intervención de la justicia.

    VIOLENCIA INTERPERSONAL EN LOS CENTROS EDUCATIVOS DE ENSEÑANZA SECUNDARIA. UN ESTUDIO SOBRE MALTRATO E INTIMIDACIÓN ENTRE COMPAÑEROS.

    Respecto de la violencia entre los seres humanos, se considera la agresividad como un instinto básico con poderosas raíces en el inconsciente individual y colectivo. La agresividad es un componente innato que empuja al individuo a comportarse con un cierto grado de violencia no sólo contra sus semejantes, sino incluso contra sí mismo.

    La educación debería tender a eliminar las formas agresivas de resolución de las tensiones que provocan las diferencias individuales y puede llevar a crear jóvenes delincuentes.

    Los trabajos de investigación sobre este tema se han centrado en estudios descriptivos que en aportaciones explícitas y de interpretación teórica. Trata sobre el maltrato y la violencia estructural de las instituciones dentro de un contexto escolar. Nos muestra la metodología y el procedimiento llevado a cabo.

    Se pasan cuestionarios que presentan sus ventajas e inconvenientes y se exponen los resultados obtenidos en la investigación.

    PRINCIPIOS PARA UN MODELO PEDAGÓGICO-PREVENTIVO DE LA INADAPTACIÓN Y DELINCUENCIA JUVENIL.

    La inadaptación social y la delincuencia, principalmente de la juventud, es un problema social y científico-pedagógico que genera seria preocupación en nuestra sociedad actual.

    Nuestra sociedad del bienestar social pregona constantemente la importancia de la educación, de la cultura y de los servicios sociales como claves en la prevención y tratamiento de la inadaptación y delincuencia. Por otra parte, la realidad parece revelar que esta preocupación sea puro cacareo electoral o simulada preocupación, al verificar que las políticas económicas y de investigación orientan sus caudales hacia otros ámbitos más productivos a corto plazo.

    En el ámbito teórico, institucional y profesionalmente, se destaca la importancia de la prevención y de lo educativo-pedagógico como factor clave: mientras que las investigaciones y programas concretos se desarrollan en aspectos sectoriales de reeducación, de resocialización y de tratamiento psiquiátrico-psicológico.

    EL TRATAMIENTO DEL MENOR DELINCUENTE EN EL CAMBIO.

    España en 1984 se encontraba entre los 10 países con mayor índice de delincuencia. En algunos países se detectaba el descenso de la delincuencia adulta; pero también el aumento en todos ellos de actos delictivos cometidos por jóvenes.

    El menor de 16 años no puede ser considerado como delincuente, y por tanto no puede estar incurso en la Ley Penal ni ir a la cárcel.

    Por otro lado, en casi todos los países de nuestro entorno cultural, la edad penal empieza a los 18 años y tiene un trato especial hasta más de los 20 años (generalmente hasta los 25 años).

    La mayor proporción de delitos juveniles, por orden de más a menos y proporcionalmente a la población juvenil, son: Sevilla, Barcelona, Madrid y Valencia.

    Ha aumentado el número de delitos que comenten los jóvenes, y cada vez se van igualando más las chicas a los chicos.

    La posibilidad de modificación de la conducta, a pesar de los prejuicios que suelen difundirse en la opinión pública, es grande, lo cual no quiere decir que sea fácil. Existe violencia en el mundo actual, y ha existido siempre en muchas épocas históricas. El fenómeno del a violencia "es un viejo fenómeno" en los jóvenes.

    Una de las causas de la delincuencia puede depender de la educación social que nos hace personas poco responsables de nuestros actos. también se ha demostrado que la abstención escolar y el fracaso escolar son desencadenantes en bastantes ocasiones de actitudes delictivas, ante esta sociedad que no proporciona una verdadera cultura humana al estudiante, ni le acostumbra a una "socialización" de sus tendencias.

    LA INVESTIGACIÓN ACTUAL EN LA DELINCUENCIA JUVENIL: UNA PERSPECTIVA DIFERENCIAL.

    En la actualidad ya nadie discute que tanto los aspectos biológicos como los situacionales interaccionan para llevar a cabo la conducta delictiva; todo lo más, se polemiza con respecto al manto de aportación de cada bando.

    Por supuesto, no faltan autores entusiastas a la hora de reclamar una mayor investigación y dispendia de medio, sea en trabajos biológicos o en situacionales, pero en general se acepta la interdependencia como una necesidad real, demostrada por la fuerza de los hechos.

    Respecto a la herencia y el ambiente en la etiología del delito se habla de: variables biológicas, la clase social y genética y clase social.

    En las variables psicológicas se habla de la inteligencia, la personalidad, variables cognitivas y conclusiones sobre las variables psicológicas.

    Respecto a la predicción y carrera delictiva, ¿forman los delincuentes un grupo especial, o por el contrario son miembros típicos de una subcultura de clase baja que han tenido el infortunio de ser apresados?

    Determinados sujetos se implican de manera más consciente en un patrón conductual delictivo.

    Por ejemplo, en los estudios de Farrington (1975) y Wilson (1975), del 47% al 62% de los delitos estaban cometidos por adolescentes pertenecientes al 11% y 16% de todas las familias, respectivamente. Este tipo de resultados justifican la necesidad de encontrar variables predictivas de implicación en carreras delictivas.

    DIRECTRÍCES BÁSICAS EN EL TRATAMIENTO DEL MENOR DELINCUENTE.

    El tratamiento de los menores delincuentes ha atravesado cuatro fases o períodos. El primero (S.XIX y mitad del presente), y en él se construyeron los reformatorios, ocn un régimen duro y muy escaso contacto con el exterior.

    La disciplina y el trabajo eran los medios empleados para corregir conductas que respondían a "defectos morales". Un segundo período (1945-1955), la 2ª Guerra había dejado a niños y jóvenes sin hogar…, la raíz del problema estaba en las circunstancias sociales. Se diseñaron instituciones diferentes a las anteriores que pudieran reparar las lagunas educativas y emocionales de los chicos. En esta etapa cobra fuerza el modelo médico y terapéutico, incorporándose un gran número de profesionales de la salud mental, educadores y trabajadores sociales.

    En la 3ª fase (1955-1965) los delincuentes juveniles pertenecen ahora a una sociedad cada vez más rica y desarrollada.

    En la práctica del tratamiento el modelo terapéutico fue seriamente cuestionado como vehículo de implementación de programas sociales.

    El apoyo social es "un intercambio de recursos entre al menos dos personas, percibido por el proveedor o el beneficiado como pretendiendo incrementar el bienestar del beneficiado".

    La forma en que la gente puede ayudarse puede tomar muchas formas. En los últimos años se multiplicaban los trabajos sobre el apoyo social y hay razones para ello.

    El apoyo social se otorga, recíprocamente, entre un grupo más o menos amplio de personas que se auxilian mútuamente y contribuye una red social.

    El concepto de apoyo social debe dirigirse a estructurar programas de prevención y tratamiento para los jóvenes delincuentes.

    Las directrices básicas son: actuar en un marco ecológico (comunidad o vecindario), el cual obliga a adoptar la psicología comunitaria como modelo de acción.

    Las estrategias de intervención pueden ser de 2 tipos: programas orientados al servicio (desarrollar un trabajo de calle…), los programas orientados al cambio institucional (desarrollo o modificación de los programas y prácticas de las instituciones).

    En resumen: podemos definir 2 objetivos como prioritarios: conseguir que la comunidad pueda integrar en ella la actividad rehabilitadora (y preventiva) de los menores delincuentes, optimizando los recursos que unos y otros puedan ofertar; y conseguir que la comunidad acceda a cotas objetivas más elevadas de bienestar social.

    ESTEREOTIPOS SOCIALES ANTE LA VICTIMIZACIÓN, EL DELITO Y EL DELINCUENTE JUVENIL.

    Partiendo de un análisis cualitativo de seis grupos de discusión y la comparación con los resultados de otras investigaciones se describe el mapa cognitivo a través del que los ciudadanos articulan sus actitudes y percepciones en torno a la seguridad ciudadana y a los jóvenes delincuentes.

    El ítem más significativo reside en el cambio de paradigma desde un eje político derecha-izquierda a un eje social razón-solidaridad.

    Emergen así una serie de discursos que permiten reformular los posicionamientos grupales, la victimización objetiva y subjetiva, la imagen de las instituciones de control (justicia, policía, menores…) y los estereotipos que frenan la reinserción social.

    PSICOLOGÍA DE LOS ADOLESCENTES .

    Frente a ciertas generalizaciones abusivas y estereotipos interesados sobre los adolescentes, hay que poner al alcance de psicólogos, educadores, padres y, naturalmente, los propios adolescentes el estado actual de las investigaciones psicológicas sobre esa etapa de la vida que no puede describirse ya como una simple adaptación a las transformaciones corporales, sino como una fase decisiva de evolución hacia una mayor independencia psicológica con todas las consecuencias y sociales que comporta. Hay que analizar y valorar, con el mayor rigor, aspectos cruciales en la vida de los adolescentes: los estadios de desarrollo, el crecimiento físico, las vivencias afectivas, el desarrollo intelectual, la amistad y los grupos de relación, la sexualidad, la inserción profesional, los problemas psíquicos (drogas, delincuencia, suicidio) etc.

    En concreto, el problema de la delincuencia lo aborda en pocas líneas. Se hace una clasificación de las teorías sobre la delincuencia juvenil en grupo. Se hace un análisis de la delincuencia desde un enfoque sociológico y psicológico. Una técnica para poder estimar la extensión de conductas delictivas consiste en pedir a los adolescentes que respondan anónimamente a unos cuestionarios sobre actos delictivos. Se asume que la adolescencia constituye un período de transición, a caballo entre las dos épocas evolutivas, infancia y madurez.

    LOS CONCEPTOS DE DISCORDANCIA Y DE DELINCUENCIA DE LOS MENORES.

    Hubo un tiempo, no muy lejano, en que la delincuencia ofrecía a los ojos de la población y del personal encargado de su vigilancia una imagen coherente; el delincuente desempeña un papel reconocido como tal por la sociedad, lo que permitía a esta última elaborar técnicas de intervención y de control en consecuencia; en otras palabras, el delincuente y su juez se conocían. Esta delincuencia constituía entonces un epifenómeno, era en cierta manera normal y no ponía en peligro el equilibrio o estabilidad de la sociedad.

    Una simple ojeada a la realidad moderna muestra bien a las claras que la inadaptación existe hoy en los jóvenes una forma diferente, no sólo en lo que se refiere a la cual llamada nueva delincuencia, sino también en lo tocante a la delincuencia tradicional.

    Este desajuste adquiere en la actualidad las dimensiones de un verdadero movimiento social cuya característica dominante parece ser el compromiso o identificación con un sentir común, con una ideología semejante. Se hace pues necesario abordar un concepto de la discordancia que tenga en cuenta esta situación e interrogarse sobre la pertinencia de las explicaciones y conceptos hasta ahora propuestos para describir el fenómeno.

    Tradicionalmente, la delincuencia juvenil se consideraba como un fenómeno ligado a la subcultura de los ambientes humildes, mientras que el concepto de discordancia quedaba reservado para los medios privilegiados. La diferencia principal entre ambos términos es que la delincuencia era conocida por la sociedad, al paso que la discordancia se trataba en el seno de la familia.

    La fluidez de las clases sociales es tal que sus fronteras oscilan y se desplazan sin cesar, democratizándose paralelamente los comportamientos delictivos de los menores.

    Los comportamientos de los menores definidos como delincuentes por los códigos penales obedecen a causas profundas cuyo origen ha de irse a buscar en las lagunas o insuficiencias de trato y formación recibidos en la primera infancia. Se plantea entonces la cuestión fundamental de la responsabilidad.

    LA DELINCUENCIA JUVENIL.

    "La juventud delincuente es una minoría desgraciada e irresponsable. Es la víctima de un determinismo de causas múltiples, unas genéticas y hereditarias, las otras familiares, educativas y sociales". HEUYER, G.

    Como consecuencia de su propio incremento y de la creciente gravedad de sus hechos delictivos, el problema que ella plantea constituye uno de los rasgos más característicos de nuestra época. Desde hace cincuenta años tal problema ha suscitado análisis, encuestas o anatemas de jueces, sociólogos, psicólogos y educadores, o sea de aquellos que tienen diversas razones para interesarse en la juventud. Sin embargo, el aspecto publicitario de esos testimonios ha prevalecido sobre el científico, casi siempre parcial e incompleto. En este libro se resume y sistematiza los conocimientos adquiridos, siendo a la vez pronóstico y diagnóstico.

    Conforme a una perspectiva psiquiátrica, el profesor francés Georges Menyer cuyo prestigio profesional ha ido corroborándose desde la publicación de su obra Niños anormales y delincuentes juveniles (1914), examina el desarrollo científico, médico y psicológico de la noción de delincuencia juvenil y se refiere al proceso dinámico de los delitos y crímenes de los menores, para establecer e ilustrar después sus manifestaciones: fugas, vagancia, robos, homicidios voluntarios, parricidios, prostitución, etc…

    Heuyer presenta una serie de proposiciones constructivas, entre las cuales conviene destacar la insistencia en la prevención, en la adopción de medidas rápidas, en nuevas normas legales y de saneamiento moral…lo así expuesto configura tanto una justa reconvención como una enérgica advertencia a los padres. "Si precozmente el niño no se acostumbra a adaptarse a la disciplina y a las obligaciones sociales, lo esperan fracasos, sufrimientos, ante los cuales reaccionará por la ansiedad o la rebelión".

    TRIBUS URBANAS

    Los Góticos se sitúan en una esquina confusa y altamente fragmentada de las clasificaciones de tribus (más de una vez se utilizan indistintamente los términos “siniestros” o “darks” para referirse a lo mismo). Si bien aquí confluyen diferentes bandas, cada una de estas comparten como característica sobresaliente los tonos negros y la oscuridad.

    En cuanto a su apariencia, es muy cuidada y de estilo barroco: peinado cuidadosamente descuidado, de color negro, con toques y mechones de otros colores, tez pálida y aspecto enfermizo, gran preferencia por el negro y los símbolos de muerte o religiosos.

    De ideología fuertemente individualista y pesimista, el genero musical que los caracteriza es precisamente el que origina el nombre de la tribu, el gótico. Entre los destacados de siempre figura con un papel importante el grupo australiano The Cure. La versión más industrial de los góticos esta representada por el cantante Marilin Manson.

    Sharps y Redskins. A finales de los ochenta y de forma paralela a la corriente skinheads, se desarrollan tendencias de signos opuestos: los llamados sharps (o redskins). Estas tribus reivindican sus orígenes multirraciales y reniegan de los de los skinheads.

    En cuanto al atuendo, éste es similar al de los skinheads. Lo que varía es la ideología: oscila entre un profundo antirracismo y orientaciones comunistas o socialistas (reskin). Muchas veces los Sharps son rechazados por los skinheds (racistas) por ser demasiado condescendientes con la tribu enemiga más odiada por ellos, los punks.

    Skins. Se caracterizan por llevar el pelo cortado al cero, indumentaria pseudomilitar pero con prendas de marca.

    Les gusta la música Ska y Oi, de origen jamaiquino, consumen cerveza y tienen por víctimas a los drogadictos, travestis, inmigrantes, judíos, homosexuales y a las personas de color pero como enemigos a los Punks.

    Su ideología se fundamenta en la limpieza y la higiene, el otro polo del comportamiento Punk. La ira que descargan contra travestis y homosexuales no es sino otra forma de limpieza, en el terreno sexual, o racial tratándose judíos, negros, etc.

    Punks. Nacen en Inglaterra entre 1976 y 1977 como oposición a la decadencia de la cultura rock y hippy.

    Son fácilmente distinguibles debido a su apariencia: crestas de colores llamativos, campera de cuero, varios aros en sus orejas, tatuajes y botas militares.

    Es la única tribu que creo su propio estilo de música (en el mundo el grupo más representativo es Sex Pistols y en la Argentina, Attaque 77). Mantienen una postura anarquista, antimilitarista y pesimista. Se ven envueltos generalmente en peleas callejeras.

    ROCKERS Son los herederos de los años cincuenta y es la única tribu que solo acepta a mayores de 22. En resumen, se podría citar a la mítica figura de Elvis para ilustrar a estos individuos.

    En cuanto a la violencia manifestada por estos grupos, el alcohol ocupa el primer lugar como disparador de algunas peleas ocasionales.

    Heavies. Se trata de una de las tribus más difundidas aunque sería tal vez más correcto decir que es el estilo más difundido, sobretodo en las ciudades de provincia y en las clases populares. Vaqueros ceñidos, campera de cuero con tachas y alguna remera que lleve la imagen de su ídolo musical, constituyen la vestimenta tradicional de esta tribu. No es necesario aclarar que la música que escuchan es Heavy Metal y que alguna de sus principales actividades es juntarse los fines de semana a escuchar música, asistir a algún concierto y fumar marihuana. Esta droga, el alcohol y la excitación musical son los elementos que conllevan manifestaciones violentas. Es el grupo más estable y se trata del que más intergeneracionalidad tiene.

    Los pandilleros y las bandas. Un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota convoca a diferentes tipos de tribus como por ejemplo heavies, barras bravas y aquellos que no pertenecen a ninguna categoría oficial pero que forman parte de este nuevo fenómeno que el Indio Carlos Solari denomina “Las Bandas”.

    Porteños, rosarinos, cordobeses, mendocinos y seguidores de gran parte de la Argentina se dan cita en el lugar elegido para la ceremonia. Llegan en grupos de 7 u 8 personas y se instalan en carpas. En los días previos al recital, el alcohol (Cerveza, vino y fernet), la marihuana y la música se convierten en denominadores comunes de esta nueva tribu.

    La violencia no se hace presente hasta el momento en que aparece la policía. Las Bandas consideran que tienen una cuenta pendiente con esta institución desde 1991 cuando Walter Bulacio fue arrestado en la entrada de un recital para luego morir en un hospital de la zona.

    Para el Indio Solari, "las tribus" son "chicos de barrios desangelados, que no saben de discotecas para modelos y estrellas de rock, ni de autos locos ni de navidades artificiales. Pibitas embarazadas que lloran su dolor en una esquina... chicos bombardeados, sin padres ni hermanos, con la esperanza arrodillada a los pies de la recaudación de un taxi".

    PEDAGOGÍA DE LA DELINCUENCIA JUVENIL.

    Existen tres grandes áreas: diagnóstico/evolución, prevención y tratamiento de este tipo de delincuencia.

    Los programas de prevención no deben consistir únicamente en "derribar chabolas y hacer que los niños vayan a la escuela", sino que es necesario buscar áreas de influencia y momentos de la vida del sujeto más susceptibles de aprovechar los esfuerzos preventivos, así como disponer de marcos de referencia científicos y de clara tecnología interventiva.

    CONCLUSIÓN

    Si bien no se puede negar que se nace con unos genes, éstos no son determinantes de la personalidad y, por consiguiente, no son ciegos depositarios de las futuras acciones, a no ser que existe una lesión orgánica irreversible que limite el campo y el modo de la relación.

    Los errores adictivos pueden ser diversos: desde la tolerancia indiscriminada o la sobreprotección hasta el abandono, la severidad y la violencia educativa. Todos ellos pueden constituir el caldo de cultivo de diversos trastornos, entre los que cabe contar la conducta antisocial juvenil.

    Es evidente que la labor de rescatar al delincuente juvenil debe coordinar un buen número de campos, pero solo de esta manera puede resolverse el problema. Los centros de formación de padres, los servicios de higiene mental, el club de ocio en el barrio y la asistencia por medio de profesionales sociales como asistentes sociales, psicológicos, monitores de grupo, centros excursionistas… enclavados dentro del ambiente donde el muchacho vive, son elementos validos cuyos resultados están por probar, ya que nuestras sociedades urbanas no lo han puesto en práctica; pero en los pocos intentos que se han llevado a cabo en el ámbito experimental, los resultados han sido esperanzadores.

    PREVENCIÓN DE LA DELINCUENCIA.

    La delincuencia se puede prevenir teniendo en cuenta, los factores antes citados, uno delos enfoques actuales con más importancia es: LA PREVENCIÓN DESDE LA ESCUELA.

    ¿ Por qué prevenir desde la escuela?.

    La gran mayoría de los delincuente juveniles son fracasados escolares. Las conductas perturbadoras en la escuela se relacionan con la conducta delictiva posterior.

    No es por criticar el Sistema Educativo y su reforma, pero actualmente la escuela previene la delincuencia con los denominados Programas de Garantía Social.

    Lo más lógico es que la observación, el seguimiento de conductas antisociales y el cercioramiento de esas conductas llevaran a concluir si es necesario o no una intervención previniendo cuando es necesario, lo cierto es que estos pasos son difíciles de realizarlos de manera adecuada, pero para eso está los técnicos de la educación. Y los esperanzadores Educadores Sociales.

    No obstante, todo profesor puede prevenir desde su actuación mediante la constancia y la perseveración.

    No debemos olvidar que a la hora de adjudicar una función preventiva a la escuela esta debe estar en continuo contacto con la familia.

    Si esta relación es adecuada la detección del problema no supondrá un gran bache para comenzar de forma rápida la intervención.

    En conclusión, es clara la necesidad de integrar en la escuela estrategias dirigidas a la mejora de ciertas capacidades y habilidades en los jóvenes con aquellas otras encaminadas a alterar la comunidad, el medio social, donde toda persona se moldea. (Genoves.).

    INTERVENCIÓN EN LA DELINCUENCIA JUVENIL.

    Existen diferentes modelos:

    El modelo de control: Apoya la idea del castigo y la disciplina ya que los delincuentes no pueden ser rehabilitados mediante tratamientos de reeducación.

    Modelo médico: Entienden que el delito es causado por diversos factores que pueden ser tratados, los delincuentes son enfermos que necesitan a la medicina.

    Modelo de reintegración: El delincuente debe participar en programas comunitarios. No al internamiento, excepto en casos de peligrosodad para la comunidad.

    Existen más modelos pero los más representativos son los citados.

    En el proceso general de intervención socioeducativa con menores hay que destacar cuatro grandes posibilidades de intervención:

    1.- CENTROS DE ACOGIDA.

    Posibles medidas:

    Regreso al medio familiar.

    Acogimiento familiar.

    Ingreso en centros de acción educativa.

    2.- CENTROS DE OBSERVACIÓN/RECEPCIÓN.

    Posibles medidas:

    Libertad vigilada.

    Acogimiento familiar.

    Prestación de servicios en beneficio de la comunidad.

    Ingreso en los denominados genéricamente como “CENTROS DE TRATAMIENTO O TERAPEUTICO”.

    Centros de régimen abierto.

    Centros de régimen semiabierto.

    Centros cerrados.

    3.- CENTROS DIURNOS O CENTROS ABIERTOS.

    Centros de Día Abiertos.

    Aulas Taller.

    4.- EQUIPO DE EDUCADORES DE CALLE.

    En general, un programa de tipo de intervención, tanto en medio abierto como semiabierto o cerrado, suele recoger como objetivos el desarrollo de los siguientes tipos de habilidades:

    HABILIDADES MORALES:

    Justicia social.

    Deberes para con los demás.

    Fidelidad, solidaridad y tolerancia, para con los demás y con la comunidad.

    HABILIDADES SOCIALES:

    Habilidades sociales de autoafirmación.

    Habilidades sociales de interacción.

    Habilidades verbales.

    Habilidades no verbales.

    HABILIDADES CIVICO - POLITICAS:

    Solidadridad, responsabilidad, tolerancia, educación por la paz...

    A la hora de intervenir el caso de los jóvenes de 12 años, conviene tener en cuenta el caso específico que presentan los menores de 12 años (edad mínima por debajo de la cual los menores no tienen capacidad para infringir las leyes penales y, por lo tanto, sólo serán susceptibles de aplicación de medidas educativas o de protección). Es decir, el menor de 12 años no puede ser internado en un centro cerrado de reforma.

    ¿PROBLEMA SOLUCIONADO?.

    Muchas veces se piensa que con una intervención adecuada se arregla el problema, internar al delincuente en una asociación... pero el problema es que la delincuencia se sustituya por conductas sociales aceptadas, de manera que el mismo individuo se encuentre consigo mismo feliz.

    Una pedagogía de la delincuencia, no puede sustentarse en ideologismos baratos. Necesita de profesionales, técnicos, de personal culto e intelectualmente inquieto y a la vez crítico.

    Cualquier acción no puede cambiar la delincuencia juvenil, pero el trabajar con cada menor, con cada delincuente juvenil, ha de servir para solucionar la realidad del sujeto a corto y a largo plazo.

    OPINIONES Y CASOS PRÁCTICOS

    Hay unos protagonistas de la delincuencia juvenil que son más fáciles de detectar que otros. Y es más fácil hacer recaer sobre sus espaldas todas las culpas. Son los menores de la calle magrebíes: suelen tener unos rasgos físicos característicos, hablan otra lengua y se mueven siguiendo otras pautas culturales. Detrás de esos "delincuentes multirreincidentes" hay menores que se han convertido en "padres de sus padres", que han venido para ganar un dinero y enviarlo a su familia; para mejorar la vida de todos. Cuando llegan no tienen edad de trabajar y

    enseguida caen en manos de las mafias.

    Mimuna los conoce bien. Su carnet de identidad dice que se llama Henriette Llopis. Pero es Mimuna. Así la han bautizado los chavales de la calle; así la llaman los menores magrebíes que (mal)viven por las calles de Barcelona. Ella ha estado en la calle desde el principio, desde que en 1997 sonaron las alarmas. Todos los menores, y los que se han hecho mayores en la calle, la conocen. Henriette Llopis es "pied noir", francesa nacida en Argelia. Ha conocido el desprecio, el no ser querida "ni aquí ni allá, como estos chavales".

    Mientras las administraciones hablan de "resistentes", Mimuna habla de "enfermos, desequilibrados"; cuando la policía habla de "delincuentes multirreincidentes", Mimuna habla de "cabezas de familia, víctimas de las mafias", cuando la dirección general de Atención al Menor (DGAM) habla de "contención", Mimuna habla de "ganarse su confianza".

    Los menores que empezaron trabajando, siendo explotados más bien, en talleres textiles de sus compatriotas han pasado a vivir de la pequeña delincuencia (tirones, correos de droga) y prostitución. Han sido fácilmente captados por mafias de autóctonos, de sus países de origen -Marruecos y Argelia, principalmente- y de países del Este. No hay más que pasearse por la Rambla o ciertas calles de Ciutat Vella para ver cómo contactan con ellos, los instruyen en el hurto y el robo y recogen los beneficios.

    Hay menores que tienen el ano cosido por los desgarros provocados por la prostitución forzada. Cuando llaman a casa siempre dicen que están bien; nunca dirán lo que les han hecho para evitar ser rechazados, como un compañero al que el padre no quiso ver más alegando que en su familia no querían maricones.¿Cómo no van a dar tirones si las mafias les exigen tantos pasaportes, tantos DNI para vender cada día? Y necesitan ese dinero para enviarlo a la familia. "Estoy harta de ir a entierros de chavales. Había dos pequeños que vivían con un chulo. A uno lo encontró la policía con papelinas de coca al lado. Nunca más supimos de él -dice Mimuna-. Cuando ya no interesan, los mafiosos los matan o los hacen desaparecer. Y nadie los reclama."

    El último informe del Síndic de Greuges constata el fracaso de los recursos que se han dedicado desde la Conselleria de Justícia. ¿Qué ha fallado? "La coordinación. Administración y entidades van por libre, multiplican el desgaste de energías; ideas tienen, pero no hay voluntad política, empezando por Madrid", dice Mimuna.

    Un programa realista debería empezar por curar a los chavales con problemas psíquicos y que inhalan cola o disolventes. "Inhalan porque les quita el hambre, les quita el frío y les impide pensar", explica Mimuna.

    Ante esta dependencia que va destruyendo sus neuronas, Mimuna propone un centro abierto, llevado por profesionales que se ganen la confianza de los menores. Sin mentirles ni ofrecerles lo que no van a poder darles. Y sin integrarlos: "No hay que pretender integrarlos. Hay que respetar su aterrizaje y su adaptación, pero antes de integrarlos -ellos no quieren integrarse porque su objetivo es volver a su país- hay que socializarlos".

    (La Vanguardia)

    Las causas motivadoras de tan triste fenómeno sociológico han sido tratadas por pedagogos, psicólogos, sociólogos y tantos "gos" como se recuerde. Unos afirman que son puntuales, únicas, concretas. Otros, por contra, hablan de conjunto de causas entrelazadas. La filosofía de la discusión, lo único cierto que tiene es que no resuelve el problema.

    Aún siendo, como parece lógico suponer, un hecho provocado por múltiples causas, lo que si, también por lógica, ha de esperarse es que en el conjunto, algunas tengan más incidencia que otras.

    Desde un principio se habló, al menos en España, de una violencia generada por "tribus urbanas" identificadas con ideologías ultraderechistas de marcada tendencia nazista. Los cabezas rapadas eran el paladín de la crítica. Se llegó a afirmar que ultraderecha y violencia eran sinónimos. Que existan ejemplos en estas agrupaciones que parezca demostrar tal aseveración es indudable. Algunos sectores de la ultraderecha política española organizaron secciones juveniles que querían imponer sus teorías por la fuerza bruta sin más razones. Pero no fueron todas ni fueron únicas. El concepto ULTRA puede ir seguido de la determinación derecha o izquierda y hasta centro. Porque en las demás tendencias pueden encontrarse ejemplos tan claros como los primeros.

    El fenómeno ocurrido, y en eso parece que todos están al fín de acuerdo, es que se confundió el término ULTRA con el SINRAZON. La imposición del sí porque sí. Y de esta forma se alcanzó la intolerancia. Una intolerancia que no admite el razonamiento contrario al propio porque se ha imbuido a sus miembros la idea de la posesión de la verdad absoluta.

    Esta es, precisamente, una de las principales causas. El admitir una verdad como absoluta ya, de por sí, es un disparate, pués el matiz cabe aún en la teoría más perfecta si es que tal existiera. El admitirla en esas condiciones y, además, no permitir la réplica, pasa del disparate al suicidio mental. Quien no admite contrastar sus opiniones lo único que demuestra es su propia inseguridad y, por muy aleccionado que el individuo esté a este respecto, la subconsciencia reconoce tal situación y refuerza aún más su cerrazón.

    Un ejemplo, aún fuera de la violencia: los miembros de la organización de los Testigos de Jehová. Reconocemos en ellos valores encomiables, en su "cuerpo llano" o "militantes de a pié". Su fé, constancia y sacrificio son encomiables. Podremos o no estar de acuerdo en sus creencias, pero, siendo justos, hemos de reconocer su valor y respetarlos con la misma fuerza que pedimos nuestro propio respeto. Sin embargo, es absolutamente cierto que sus dirigentes les PROHIBEN entrar en polémica con personas que no piensen como ellos. Esto no es más que una barrera protectora contra otra verdad que no sea la suya.

    Igual ocurre con los partidarios de tendencias ultras extremistas y violentas. Imponen por la fuerza lo que con razón sería difícil. Si a ello unimos que en un momento dado entienden que quien no es como ellos es su enemigo, tendremos la primera semilla para este despilfarro de violencia hoy existente.

    El objetivo de la violencia no es ya aquel que no piensa igual, ni tan siquiera el que no haciéndolo lo demuestra, sino, simplemente, el que NO ES IGUAL. Por eso este tipo de violencia se convierte en indiscriminada y, consecuentemente, en incomprensible.

    ¿Cómo se traduce este fenómeno a la juventud en formación?. Pues como una simple consecuencia de lo contrario en lo que están. Por deformación. En la actualidad, y cada vez con carácter mayoritario, la idea de formación integral ha sido canjeada por la formación técnica. La importancia dada al aprobar una asignatura según sus exigencias y programación ha superado a la que tiene el aprobado en otra asignatura, esta no reglada oficialmente, pero que, a nuestro juicio, es mucho más importante que cualquiera otra: convivencia social. Cierto es que, por nuestra relación, todos convivimos. En esta convivencia, que ya se entiende como obligada, hay más de posición forzada que de deseo propio. Y si no, respondamos sinceramente: ¿a cúantos de nuestros vecinos conocemos "de verdad"?. O aún más allá: ¿qué nos ha hecho ese pobre conductor para que, por el simple hecho de circular junto a nosotros con su vehículo por una calle, le miramos con un no se qué ni no sé cúanto de odio contenido?.

    No nos enseñan, no enseñamos a convivir. No hay tiempo. O no sabemos utilizar aquel del que disponemos. Un niño español ve una media de tres horas diarias la televisión. Si está escolarizado durante seis horas, se desplaza en una, come en tres, se asea y viste en otra y duerme ocho, ¿cúando se relaciona?. Y de este primer punto de asilacionismo sólo hay unos responsables: los propios tutores de la criatura. Y sólo hay un motivo: la comodidad. Y una realidad: no nos gusta reconocerlo.

    Durante esas tres televisivas horas, raro es el caso en que, admitiendo tal adicción, al menos se selecciona la programación. Cada hora visualizada contiene una media de seis escenas claramente definibles como violentas o de sexo incontrolado. Y esto en forma indirecta. En forma subliminal los casos se duplican. Si a ello añadimos una media de once minutos por hora de mensajes consumistas, el cuadro es perfecto ... para lo contrario que se pretende: formar.

    Como además ha de reconocerse que el poder convictivo de las imágenes televisivas es superior a cualquier otro medio, el proceso de aceptación de lo anormal como normal, en otras palabras, el deseo de imitación, es prácticamente irrefrenable.

    Los conceptos individuales de "lo infantil" han ido perdiendo terreno en nuestros menores. Lo que hace algunos años era "bien visto" por un chaval, pongamos de doce años, hoy, para esa misma edad es considerado como "ñoñería propia de crios". Ha habido una regresión en el concepto paralelo edad-estímulo. Ha llegado a tal punto que, si exceptuamos los niños de hasta seis o siete años, la idea de "juego" ha cambiado tan drásticamente que casi se podría afirmar que ha desaparecido. Sólo algunos juegos colectivos se mantienen. Y no precisamente los más inocuos. Porque hasta los tradicionales juegos "en equipo" se han cargado de un volumen increible de violencia por muy jóvenes que sean sus practicantes.

    Y aquí aparece otra de las claves: la anteriormente considerada confrontación de juego, deporte o programa ha pasado a ser "enfrentamiento" auspiciado por un exagerado concepto de la competitividad. Competir ya no es participar, por mucho espíritu olímpico teórico que se mencione. Hoy, a las puertas del siglo XXI, competir en lo que sea es sinónimo de vencer sin mirar el precio de esa victoria. Al contrario ya no se le gana, se le machaca. Esto es así en el mundo adulto, profesional, laboral o recreativamente hablando. El perdedor, hoy, no "vale nada". Como, desgraciadamente, los vencedores son siempre menos que los derrotados, el ejemplo que se dá a quienes nos siguen, es así de lamentable.

    A lo anterior se ha de unir aún algo más. El concepto "vencedor" actualmente se asocia al "económico", con lo que ya no sólo buscamos un ganador nato, sino también que el esfuerzo de victoria, caiga quien caiga y como caiga, se junte al triunfo económico que es el único que cuenta socialmente. Si una inteligencia no se vuelca hacia el logro material, no sirve. Es genio quien es capaz de traducir su genialidad en monedas. Lo demás, son tonterías. De ahí al deseo desaforado de consumo y posesión hay un corto recorrido. Quien no puede caminarlo por lo derecho, lo hace por lo torcido, de tal manera que un chaval, imitando lo que vé, desea y consigue, por buenas o por malas, lo que quiere. O al menos lo intenta si ocurre que antes alguien no se ha preocupado de explicarle cual es la verdad. Que eso no es así. Que existen unas limitaciones, unos derechos y unos deberes que han de respetarse. En una palabra, que existen unas normas de convivencia que han de cumplirse.

    Claro que eso, hoy, cuesta un tiempo que o no hay o no se sabe buscar y, sobre todo, un esfuerzo que se estima infrautilizado si el mes que viene ha de aprobarse las "mates" del curso. O sea, que aun concediéndole toda la importancia que tiene la regla de tres, digan lo que digan, para nosotros, es mucho más transcendente la regla del convivir.

    Pero además resulta que, al menos en España, uno de cada tres mozos o mozas de trece años no saben hacer una regla de tres. Concluyendo: ni lo uno ni lo otro.

    ¿Que toda esta historia les parece tremebunda y exagerada?. Pues les ofrecemos un ejemplo real, de hoy mismo y no precisamente de chavales o colegios de primaria o secundaria, sino en una facultad universitaria de élite: la de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid en su Campus de Somosaguas:

    Cuando el mundo universitario está inmerso en un cambio trascendente del plan de estudios, cuando las necesidades económicas ahogan a los rectorados, cuando se están planificando sistemas de selección de nuevo profesorado y evaluación del existente, cosas, entre otras, a las que no se puede negar suma importancia, la mitad de los alumnos de esta facultad encuadrados en una asociación estudiantil están virulentamente enfrentados con la otra mitad, encuadrados en otra. ¿Saben el motivo? Un grupo dice sí. El otro no. El motivo de la discusión: un curso de baile de salsa y merengue.

    Violencia infantil y juvenil.
    (2da Parte)
    por Paqui Marcos y José Juan de la Cruz,


    Agresiones ­incluso con muertes­ a profesores o estudiantes, por parte de alumnos; vigilantes y detectores de metales a las puertas de los colegios...: por las noticias que llegan a menudo, parece que las escuelas sufren una epidemia de actos violentos. Sin embargo, salvo excepciones, la violencia escolar no es un problema de pistolas y navajas. A los responsables de la enseñanza les preocupa más la indisciplina de los alumnos y el declive de la autoridad del profesor, porque eso trae males peores. De ahí el cariz preventivo, más o menos riguroso, de los planes que en Francia, Gran Bretaña, España o en las instancias correspondientes de la Unión Europea, persiguen reforzar el clima pacífico en la escuela.


    En el último semestre los expertos en enseñanza de la UE se han reunido en varias ocasiones para tratar de la violencia escolar. En febrero, el Comité de Enseñanza celebró en Utrecht la primera conferencia comunitaria sobre este asunto, con expertos de todos los países. Y el 26 de junio, en Luxemburgo, el Consejo de Seguridad Escolar ha recopilado las propuestas de los países y ha adelantado algunas medidas todavía poco concretas.

    Otro enfoque experimentado, y más preciso, es el de Bernard Charlot, profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad París-VIII, que ha dirigido las investigaciones de un comité a las órdenes de los Ministerios de Educación e Interior en Francia.

    Antes de que la bola sea montaña

    El comité francés no mete en el mismo saco todo tipo de violencia. Al contrario, sugiere que la preocupación que recogen ampliamente los medios de comunicación (ante la violencia física que acaba en heridos e incluso muertos) no es el principal problema. Para este comité, lo cotidiano son otros fenómenos "menos espectaculares, más incontrolables, inquietantes y frecuentes". Pone varios ejemplos: alumnos que se quejan de sus compañeros por faltas de respeto (48%), trabajos estropeados (28%), extorsiones (16%), golpes (16%), racismo (10%) y agresiones sexuales (3%). El incivismo, las transgresiones leves, la brutalidad y la grosería, sólo en algunos casos se transforman en violencia llamativa. Pero conviene no tenerlos en poco. Como afirma el propio Charlot, "la trivialización de estas transgresiones diarias mantiene el temor de las faltas más graves".

    El profesor frente a la indisciplina

    En España otros expertos confirman que el caballo de batalla es la indisciplina: "La violencia grave, con armas, es algo muy aislado. Lo que domina a los escolares es la abulia y la indisciplina", señala Santiago Ortigosa, profesor en un instituto de Madrid y en la Facultad de Educación de la Universidad Complutense. "Ese es ­dice­ el mayor problema, con causas diversas que no pocas veces se acumulan en la misma persona: el consumo de drogas ­especialmente drogas de diseño­, el alcoholismo de fin de semana, las frustraciones personales y académicas, y algunos desajustes familiares como la convivencia violenta en casa, las separaciones o los divorcios".

    Para Ortigosa, la mejora de la disciplina escolar está en buena parte en manos de los profesores, porque todos los alumnos adolescentes buscan personalidades que imitan más o menos conscientemente: "Los adolescentes ­afirma­ buscan modelos mayores que ellos sobre todo en su familia, entre los profesores o en la televisión. Si no los encuentran en su familia, muchos los buscarán entre los profesores. Por eso es fundamental que el profesor sea virtuoso, en el sentido clásico y moral del término. Serviría de poco un asignatura transversal ("Educación para la paz") que obliga a hablar de la paz en clase de Matemáticas o de Física, por decir algo, si el profesor no es capaz de ejercitar la paciencia".

    Y no son pocos los profesores que han de pasar esa prueba de paciencia. Según el Informe de España 1996, de la Fundación Encuentro, más de la mitad de los docentes de enseñanza primaria y secundaria (el 53,8%) declaran haber afrontado situaciones violentas con sus alumnos y casi tres cuartas partes (72,4%) han perdido en alguna ocasión el control de la clase, lo que no siempre desemboca en una agresión física.

    Propuestas europeas imprecisas

    Quitar hierro al problema no significa olvidarlo. Desde luego, las instituciones educativas de la Unión Europea no lo olvidan. Los delegados que fueron a Utrecht y luego a Luxemburgo no pretendían hallar una sola receta contra la violencia.

    Hablaron de distintas iniciativas: abrir centros-piloto especialmente diseñados para la prevención; establecer oficinas de información que distribuyan ideas y material para campañas preventivas; o que algunos profesores estén en contacto con instancias extraescolares, como la policía, también atentas a la lucha contra el vandalismo. Se ha creado un equipo investigador que unifique las experiencias de los distintos países y que en junio de 1999, a la vista de ellas, propondrá cuáles son los mecanismos más eficaces.

    La ponencia española en Utrecht fue elaborada por Juan Manuel Moreno, profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

    Atender al desarrollo moral del alumno

    Como prevención del comportamiento antisocial, el profesor Moreno recomienda a los centros educativos, especialmente los de enseñanza secundaria, que presten más atención a algo ampliamente olvidado: "los aspectos no académicos de la educación (desarrollo moral, integración social, etc.) y los procesos interpersonales de convivencia".

    Pero también sostiene que la magnitud de la violencia escolar a veces es exagerada por el tratamiento que recibe en los medios de comunicación (que, a su vez, impulsa a los gobiernos a trazar planes). En esa idea coincide Javier Elzo, catedrático de Sociología de la Universidad de Deusto y experto en violencia juvenil. En uno de sus estudios sobre drogas y violencia en las aulas, Elzo opina que "no hay más violencia juvenil ahora que, por ejemplo, en los años 50; sí más sensibilidad ante los hechos violentos"

    Apaciguar la convivencia escolar

    Planes para prevenir la violencia en centros educativos
    por José María Garrido

    Exposición De Nicaragua Sobre La Situación De Los Niños, Niñas Y Adolescentes Trabajadores Y Que Viven En La Calle. Programas Y Proyectos Que Los Atienden.

    I Congreso Sobre Delincuencia Juvenil
    Santo Domingo, D. N.
    República Dominicana
    12,13 y 14 de julio 1997

    Expositor: Alberto López
    Instituto De Promoción Humana (Nicaragua)

    Buenos Días. Mi nombre es Alberto, soy educador de la calle, de los proyectos que atienden a los niños, niñas y adolescentes trabajadores y que viven en la calle, en diversos sectores de la capital de Managua. Estos proyectos son ejecutados por el programa de promoción a la familia y comunidad del Instituto De Promoción Humana (INPRHU); así también, este organismo promueve proyectos similares en otras regiones del país.

    Agradezco a la Fundación Amigos Del Mundo Inc. por esta invitación a participar, con una ponencia en este Congreso Sobre Delincuencia Juvenil y, aún más, estar aprendiendo de sus valiosas experiencias en la temática que estamos desarrollando. También agradecer por su cariño. Son personas especiales, igual que su hermoso país.

    Nicaragua, el país de lagos y volcanes, con más de 4 millones de habitantes, cada día que pasa se sumerge más en una pobreza desmedida. Un pueblo amable y luchador que, a pesar de su espíritu, todavía no labra su futuro de progreso. Las estadísticas de los últimos años reflejan esa situación compleja:

    Un 70% de la población tiene sus necesidades básicas insatisfechas.

    Un 70% de la población está desempleada.

    El analfabetismo está en aumento. En los últimos años ha llegado a un 28%.

    Más de 300,000 niños no tienen acceso a las escuelas públicas primarias.

    De cada 100 alumnos que inician el año escolar, entre 25 y 30, desertan.

    De cada 1000 niños nacidos, 80 mueren por diversas causas.

    Otros datos muestran que Nicaragua tiene una población, en donde, casi el 50% tiene una edad de menos de 17 años.

    Con relación a los niños y niñas en circunstancias especialmente difíciles, se calcula que hay más de 600,000.

    La pobreza, el desempleo y la falta de perspectivas, en la población, ha generado un aumento, acelerado, de los problemas sociales (delincuencia, tráfico de drogas, prostitución, desintegración familiar y la violencia contra mujeres y niños. Hay más niños y adolescentes en la calle que violentan las leyes. En algunos mercados de Managua, la Policía Nacional estima que los menores de edad cometen, aproximadamente, 50 transgresiones, por día, en esos lugares.

    Leyes Y Políticas Del Gobierno

    Como muchos países, Nicaragua asumió la responsabilidad de armonizar las leyes de nuestro país con las disposiciones de la Convención Sobre Los Derechos Del Niño; pero, hasta la fecha, no ha habido interés, ni una voluntad real del gobierno pasado, ni el de turno por mejorar las leyes o, lo más importante, dar vida a los derechos de los niños y niñas de Nicaragua.

    El gobierno ha fabricado comisiones como la "Comisión Nacional De Protección A La Niñez; pero es tan poco lo que hace y lo que hace es tan ajeno a la realidad, que es muy difícil relacionar sus acciones con el grupo de menores que han violentado las leyes.

    Drogas Principales Y Tipos De Infracciones

    En encuestas realizadas por el Ministerio de Salud para ver la prevalencia de vida e intervalos de confianza por consumo de drogas. Estos son los resultados:

    Sustancia.........1994............1995

    Pega................14.9%...........26.7%

    Marihuana.........46.5% ..........73.3%

    Crack...............14.9% ..........24.8%

    Cocaína.............25.7% ..........54.5%

    Alcohol.............92.1% ..........90.1%

    Los tipos de infracciones más comunes son: robo, robo con fuerza, agresiones, vagancia habitual y drogas.

    Programa De Promoción A La Familia Y A La Comunidad

    Los programas de Educadores De Calle están estructurados al través de líneas de acción definidas para el trabajo práctico y la sistematización del mismo:

    1.- Comunicación y Sensibilización Social

    Tiene que ver con el trabajo de divulgación, propagandización y sensibilización al entorno de los niños y niñas trabajadores y que viven en la calle.

    2.- Promoción de la participación y organización de los niños, niñas y sus familiares.

    -Se organizan diversas comisiones de niños, padres y madres para asuntos de: salud, educación, recreación, colectivos de trabajo, etc.

    -Se promueve la recreación, cultura, deportes.

    -Se promueve el ingreso de los niños, niñas y adolescentes a escuelas regulares y comunales.

    -Ingresamos a niños, niñas y adolescentes a talleres ubicados en la comunidad, en Escuelas Técnicas para que aprendan un oficio. De esta manera se forman colectivos de trabajo con niños, niñas y adolescentes.

    3.-Respuesta Directa A Situaciones Vulnerables

    -Al través de esta línea de trabajo se le da prioridad en la atención a los adolescentes y niños en conflicto con la ley que: roban, usan drogas, etc.; a las niñas abusadas, violadas, embarazadas. Esta población se involucra en todas las actividades posibles y se le da una atención especializada.

    4.- Aumento De Las Competencias Familiares

    -No podemos avanzar en el trabajo si no trabajamos, además, con la familia. Gran parte de la problemática, por la cual los niños, niñas y adolescentes se callejizan, provienen del hogar. Ejecutamos muchas capacitaciones con las familias sobre temáticas relacionadas con la problemática encontrada: Violencia, amor, respeto.

    -También se promueven los fondos revolventes: préstamos familiares para que los padres trabajen y se disminuya, así, las horas de los niños y niñas trabajando en las calles.

    5.-Formación De Recursos Humanos

    -Captación de promotores populares, en la misma comunidad para que apoyen directa o indirectamente la atención a los niños, niñas y adolescentes trabajadores y que viven en la calle.

    6.- Incidencia

    -Para ayudar, verdaderamente, a nuestra población beneficiaria, necesitamos generar "cambios" en el medio que les rodea: el mercado, la calle, la comunidad.

    Trabajamos en la formación de redes en la cual invitamos a organismos privados, instituciones gubernamentales, grupos religiosos, etc. Para trabajar juntos y articular esfuerzos.

    Para finalizar, pienso que lo más importante de estas experiencias que hemos escuchado es que hay muchas cosas comunes, muchos sacrificios iguales, muchos sueños iguales y muchas esperanzas iguales y creo que con esa filosofía y ese deseo de ayudar a la niñez y adolescencia que callejiza, al fin, podremos hacer algo grande y correcto ante esta problemática que nos preocupa y que nos ha juntado en este importante I Congreso Sobre Delincuencia Juvenil.


    La televisión: ¿caldo de cultivo de la violencia juvenil?

    "¿Qué puede estar pasando para que en una sociedad occidental supuestamente desarrollada, civilizada y de alto nivel tecnológico surjan estos comportamientos antisociales?", se pregunta Mariano Hernández Monsalve, presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, sobre el asesinato múltiple perpetrado por dos estudiantes de 17 y 18 años en un colegio de Denver (Estados Unidos) el pasado martes.

    sobrecarga televisiva en ciertos grupos generacionales con cientos de miles de conductas agresivas que han presenciado, muchas veces con una indiferencia emocional y otras con ciertas identificaciones con el héroe o el provocador".

    Francisco Alonso Fernández, presidente de la Asociación Europea de Psiquiatría Social, asegura que "la televisión y, en general, los medios televisivos son una fuente más de caldo de cultivo. Al presentar escenas violentas tan enraizadas, se convierte en un medio de aprendizaje".

    En opinión de Hernández, "personas muy impregnadas o muy sobresaturadas de imágenes violentas en televisión llegan a tener problemas para diferenciar entre imágenes reales y ficticias. Y es muy probable que en muchas generaciones de jóvenes que han crecido pegados al televisor, esta confusión pudiera influir en unos déficits de desestructuración_mental”

    En estos casos, cuando además no existe en el medio natural del joven una buena relación con padres, maestros o amistades que pueda compensar esta desproporción de la realidad y la ficción, "la introducción de esquemas visuales en la mente de un chico es muy fuerte. Es muy difícil que padres y educadores puedan competir para contrarrestar el impacto de imágenes violentas en un chico sobresaturado de televisión. Para ello los padres y educadores tienen que ofrecer al joven imágenes más potentes que las del televisor, y eso no es fácil porque las relaciones interpersonales en estos contextos sociales tienden a ser muy frágiles", explica este experto, que se pregunta: "¿Hasta qué punto se está contaminando la vida del adolescente a través de un mundo televisivo cargado de publicidad, de exaltación de violencia? Habría que replantearse la cultura a la que tienen acceso los jóvenes".

    BIBLIOGRAFÍA

    JÜNGER-TAS, J. (1993): Prevención de la delincuencia, Justicia de Menores y Protección de los Jóvenes: enfoques de las políticas y tendencias. "Infancia y Sociedad", 23, p. 21-63.

    ORTEGA, A.” Delincuencia, reformatorio y educación liberadora “. Edt. Amarú. Salamanca. 1985.

    ORTEGA RUIZ, R. (1994): Violencia interpersonal en los centros educativos de enseñanza secundaria. un estudio sobre maltrato intimidación entre compañeros. "Revista de Educación", 304, p. 253-280.

    MERINO FERNÁNDEZ, J.V. (1993): Principios para un modelo pedagógico preventivo de la inadaptación y delincuencia juvenil. "Revista Complutense de Educación", 2, (4), p.191-211.

    MIRET MAGDALENA, E. (1986): El tratamiento del menor delincuente en el cambio. "Menores", Año III, 13, Tercera época, p.16-33.

    GARRIDO GENOVÉS, V. (1986):La Investigación actual en la delincuencia juvenil: una perspectiva diferencial. "Menores". Año III, 12, Tercera época, p. 16-37.

    GARRIDO GENOVÉS, V. (1987): Directrices básicas en el tratamiento del menor delincuente. "Menores", 1, Cuarta época, p.7-13.

    ARGUINAGA ROUSTAN, J. Y COMAS ARNAU, D. (1988): Estereotipos sociales ante la victimización, el delito y el delincuente juvenil. "Menores", 11-12, Cuarta época, p.17-40.

    LEMPP, R. (1977): "Delincuencia Juvenil". Barcelona: Herder. 2º (1979).

    Barcelona: Herder. 2ª Ed. (1979).

    JAIME FUNES, “ La nueva delincuencia infantil y juvenil “. Ed. Paidós Educador. Barcelona . 1990.

    ROLDAN GARCÍA, E. (1988): El tratamiento jurídico y social de la delincuencia juvenil en Canadá: Tendencias actuales. "Menores", 11-12, Cuarta época, p. 41-54.

    WEST, D. J. (1970): "La delincuencia juvenil". Barcelona: Labor. 2ª Ed. (1973).

    LEHALLE, H. (1985): "Psicología de los adolescentes". Barcelona: Editorial Crítica, S. A. 2ª Ed. (1986).

    ROY HOPKINS, J. (1987): "Adolescencia: Años de transición". Madrid: Pirámide, S. A. 1ª Ed.

    SZABO, D. (etalt) (1972): "El adolescente y la sociedad". Barcelona: Herder. 3ª Edición (1980).

    DOT, O. (1984):"Agresividad y violencia en el niño y el adolescente". Barcelona: Grijalbo, S. A. 2ª Ed. (1988).

    HEUYER, G. (1969):"La delincuencia juvenil". Venezuela: Tiempo Nuevo. 1ª Ed.

    GARRIDO GENOVÉS, V. (1990): "Pedagogía de la delincuencia juvenil". Barcelona: CEAC, S.A. 1ª Ed.

    - En internet:

    INSTRUIDOS PARA DELINQUIR, De La Vanguardia Digital Barcelona.

    VIOLENCIA INFANTIL Y JUVENIL, (2da Parte) por Paqui Marcos y José Juan de la Cruz,

    APACIGUAR LA VIOLENCIA ESCOLAR, Planes para prevenir la violencia en centros educativos por José María Garrido

    La televisión: ¿caldo de cultivo de la violencia juvenil?, DiarioMédico.com por Javier Escudero.

    Violencia y delincuencia juvenil

    Violencia y delincuencia juvenil

    1

    53