Violencia juvenil en Colombia

Sociología. Trabajo Social. Violencia juvenil en Colombia. Jóvenes. Rechazo social. Desplazados. Marginados. Reinserción. Desempleo. Fracaso escolar. Consumo de drogas

  • Enviado por: Alfredo Manrique Reyes
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 9 páginas
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LA JUVENTUD DESPLAZADA POR LA VIOLENCIA EN COLOMBIA

De los aproximadamente dos millones de colombianos, que huyen de la muerte anunciada o real, el 40% son jóvenes entre los 15 y los 25  años,  es decir  800.000 son desplazados y de ellos casi 500.000 son mujeres jóvenes. 

Los efectos del desplazamiento en salud, educación, disminución de la capacidad laboral, equilibrio mental, vida afectiva han sido demoledores. 

Noticias de las oficinas especializadas internacionales basadas  en informes nacionales, indican que de los 800.000 desplazados jóvenes, 400.000 padecen alguna enfermedad y de ellos el 25% padece una enfermedad invalidante. 100.000 están fuera del registro de identidad, sin cédula, sin libreta militar, certificado laboral o cualquier otra señal de ciudadanía. Más de 300 mil son analfabetas funcionales y casi 100 mil son analfabetas absolutos; el 10% son padres o madres tempranos. Los abortos inducidos en las peores condiciones sanitarias alcanzan 20 mil anualmente y la mortalidad infantil, debida principalmente a desnutrición dobla el promedio nacional. 

La participación de los jóvenes en el precario ingreso de cada familia desplazada, calculado en promedio  de 3 mil pesos diarios es de mas del 40% derivado de la actividad del rebusque; 30 mil jóvenes desplazados han sido judicializados y de ellos 2 mil están condenados por delitos propios del hurto famélico, el raponeo o la estafa. 15 mil jóvenes desplazados entre los 15 y los 20 años ejercen la prostitucion en las grandes ciudades. 

Lo anterior revela la magnitud de una verdadera calamidad humanitaria, que proyecta sus consecuencias no solamente en las familias desplazadas sino también en todos los entornos de las comunidades receptoras, bien sea que estén en lugares de paso o donde hayan podido establecerse con carácter permanente. 

El rechazo  social al desplazado se está convirtiendo en una característica cultural. 

Para muchas personas el desplazado contemporáneo, inspira miedo, repulsión, desconfianza. Este drama se narra en una obra de teatro del director Carlos Satizabal, de La Candelaria, que describe el sufrimiento de una comunidad desplazada, que no puede encontrar en ninguna parte una habitaciones o  apartamentos para arrendar, porque está prohibido arrendar a desplazados. 

El desplazado es visto como una carga transferida por un conflicto ajeno. 

En las comunas de Medellín, se piensa que la vecindad con comunidades de desplazados desvaloriza la propiedad e incrementa la inseguridad.  En Cali, Barranquilla y Cartagena, la avalancha de desplazados está alterando la vida cotidiana en las zonas centrales, especialmente en el comercio informal y mutaciones considerables en los barrios receptores. 

Los análisis sobre urbanismo y demografía, así como los de  economía campesina, no pueden seguir siendo los mismos antes de la presencia determinante del fenómeno del desplazamiento. 

Pero también los desplazados, especialmente los jóvenes, son una fuerza de vida y esperanza. Son un ejemplo para el mundo del tesón y la creatividad que caracteriza a los colombianos, quienes han forjado técnicas de sobrevivencia en una sociedad agobiada por el conflicto desde hace decenas de años.   

Con su trabajo y sus valores, los desplazados de la violencia de los años cincuenta contribuyeron a darle personalidad a Colombia, como país de ciudades.  

  • Redimensionar la economía campesina: Una alternativa para el retorno.

  •  Si en esos años cincuenta, el desplazamiento produjo un redimensionamiento del tema urbano en  Colombia, al comenzar el siglo XXI el único camino para resolver los desafíos del desplazamiento y el retorno es redimensionar la economía campesina e imprimirle un nuevo significado a la ecuación rural-urbano, urbano-rural, incorporando la variable juventud  en las acciones e interpretaciones. 

    Son muchas las razones para justificar esta estrategia: 

  • Las ciudades están saturadas demográficamente y son incapaces de responder a los problemas de servicios, empleo, vivienda, saneamiento básico, espacio público, entre otros, si por causa de un desplazamiento masivo y forzado crece el número de sus habitantes hasta cifras incontrolables;

  • El desarrollo de las comunicaciones y de la infraestructura vial está borrando las fronteras entre las aldeas y las ciudades y entre estas y las veredas. Es característico el fenómeno de la ocupación de los estratos 4, 5 y 6, de espacios rurales y semirurales para proyectos de vivienda, muchos de estos masivos, en las principales ciudades del mundo;

  • Los costos del habitar rural y semirural, son notablemente más bajos que esos mismos costos en los conglomerados urbanos; y

  • Porque vivir en el campo o en la periferia aldeana favorece la vida sana, la ecología, el ambiente limpio y la reconciliación con la naturaleza.

  •  Además de los elementos mencionados, replantearse prioridades para la economía y la vida campesina es una condición para resolver las demandas de seguridad alimentaria generadas por la cadena de hambre, la subalimentación y la desnutrición que está azotando principalmente las grandes ciudades de la franja tropical. 

    La producción de alimentos, a través de estrategias masivas que incorporen componentes tecnológicos adecuados es una necesidad urgente e inaplazable. Colombia tiene en las experiencias del plan de alimentación nacional (P.A.N) y del Programa de Desarrollo Rural Integrado (DRI), un punto de partida altamente calificado y de amplia cobertura. 

  • Saltos cualitativos que producen saltos cuantitativos.

  •  Un ambicioso programa de producción alimentaria referenciado en 3 millones de productores campesinos para 11 millones de habitantes de estratos uno a tres que pueden significar un mercado de 50 millones de dólares diarios, es una estrategia posible y deseable.   En esa dirección se mueve el liderazgo de la Red de Solidaridad Social y seguramente el interés de la comunidad cooperante internacional.  Esta estrategia masiva de producción de alimentos, constituye un gran nicho para hacer sustentables las políticas de retorno y atención a desplazados, especialmente de familias jóvenes. 

    Pero es fundamental asegurar el carácter masivo y de amplia cobertura de la estrategia propuesta.  No sirven estrategias remediales o proyectos minimalistas. Debe ser, tiene que ser un proyecto, que incentive grandes saltos de cantidad para producir grandes saltos de calidades en la comprensión y atención de problemas masivos, como son  el desplazamiento, el retorno, la calamidad alimentaria de más del 40% de la población urbana y  ¡quién lo creyera!.... para el fortalecimiento de alternativas hacia salidas no exclusivamente militares al conflicto colombiano. 

    La visión de amplia cobertura en la producción de alimentos, puede conducir además  al replanteamiento del manejo de los instrumentos macroeconómicos y del comercio exterior, para ubicar a Colombia en la ruta de las prioridades de Brasil y Argentina, cuyos gobiernos están señalando al hambre como la primera calamidad de América latina.  Esto es pensar en grande la solución del problema del desplazamiento, superando el estereotipo que ha llevado a los sociólogos y urbanistas a suponer que el destino inexorable de los jóvenes campesinos es convertirse en habitantes pobres y miserables de las periferias de las grandes ciudades. Esta afirmación revela una postura esquemática e instrumental, sobre el desarrollo y la modernización de los países.  Es una herencia del totalitarismo estalinista, que produjo gigantescos desplazamientos forzados del campo a la ciudad con el genocidio de más de siete millones de campesinos rusos. Es una herencia de la visión colonial que “inventó” el tercer mundo, como dice en su notable libro: “La invención del tercer mundo”, el profesor Arturo Escobar3, uno de los más incisivos críticos de las estrategias de desarrollo, lideradas por las autoridades monetarias internacionales. 

  • La disyuntiva de la juventud desplazada no puede ser morir como un campesino o morir como un marginado: siempre excluido!

  •  Mirar de nuevo al campo para que los desplazados retornen con garantías de seguridad, voluntariedad y dignidad, a través de apoyos sostenibles, es juntamente con la solución política negociada al viejo conflicto de violencia en Colombia, el mejor camino, quizá el único para empezar a resolver nuestro gran desastre humanitario. 

    Un dogma basado en la simple constatación estadística, afirma que las ciudades son un polo de atracción irresistible para los jóvenes campesinos y que  las veredas son espacios terminales de sobrevivencia de campesinos ancianos, enfermos, débiles y no competitivos.  Se considera que la oferta de servicios de la ciudad, es suficiente para que los jóvenes rurales acepten las vicisitudes del desplazamiento. Se considera también que esa misma oferta por ser tan precaria en las zonas rurales, además de caracterizar el atraso y la postergación, genera penosas condiciones de vida caracterizadas por el predominio de necesidades básicas insatisfechas.  Quien conoce las durísimas condiciones propias de las zonas marginales urbanas, no suscribiría tajantemente la anterior afirmación. 

    Posiblemente si los jóvenes tuvieran más oportunidades en el campo que en la ciudad no migrarían permanentemente.  Pero es un error considerar esas oportunidades como si no fueran las propias de los modelos de modernización. Seguramente un buen sistema de T.V. cable, de cibernavegación, en general  de tecnologías de punta de la comunicación, así como otros servicios variados de recreación, salud, transporte, espacios para educación y deporte, centros de consulta, hipermercados, etc., conviertan las comunidades rurales en aldeas receptoras, especialmente de jóvenes.  Es lo que está ocurriendo en muchos países de los llamados primer y segundo mundo.  En los Estados Unidos, por ejemplo, la actividad ecológica de centenares de miles de jóvenes que están realizando un viaje a pié de reconocimiento por la gran diversidad de ese país, es un fenómeno de los últimos años que servirá de ejemplo para el resto del mundo.  

    Lo importante es interesar a los jóvenes para que participen de un nuevo mito, que significa un nuevo pacto con la naturaleza, de protección, respeto e integración. 

    El corrosivo nihilismo contemporáneo afecta más profundamente a los jóvenes campesinos, que ven avanzar el progreso mundial a través del agujero de la comunicación planetaria desde una rutina sin esperanza. Esa discolía entre la realidad y la virtualidad convierte a muchos de esos jóvenes campesinos, en oficiantes de la guerra y el resentimiento. 

    4.  La ideología del bien perdido. 

    La cooperación internacional frente al desplazamiento y el retorno se caracteriza por un excesivo enfoque  de derechos; por una visión indemnizatoria y de reparación constante que remedie, así sea parcialmente, los graves daños producidos en familias, individuos, poblaciones por cuenta de los actores del conflicto.  Se considera al desplazado, con justa razón, víctima de una inaceptable vulneración que además del desarraigo de la expulsión, padece despojo y oprobio. 

    Sin embargo, el excesivo predominio de esta metodología indemnizatoria, fundamentada en la filosofía del bien perdido que tiene raíces religiosas en el éxodo y la expulsión del paraíso, puede conducir las políticas públicas sobre desplazamiento y los apoyos humanitarios, a un nudo gordiano que genera dependencia y pasividad, y a la ineficiencia de la atención oportuna de los problemas, por la imposibilidad de equilibrar las presiones indemnizatorias con la masa de recursos disponibles. Este desequilibrio afecta principalmente a los jóvenes en la medida en que los éxodos y desplazamientos les han correspondido de manera predominante, por que como se sabe, las grandes marchas para huir o colonizar, las han hecho las familias tempranas. 

    Corresponde a los líderes nacionales, regionales y locales conjuntamente con las organizaciones de desplazados, sus voceros y sus líderes así como los responsables de la cooperación internacional, realizar un diálogo signado por el principio de la solidaridad y del respeto, que lleve a un escenario compartido donde sea posible equilibrar el principio de realidad o realismo pragmático, con la ideología del bien perdido. La indemnización y la reparación debe hacerse con las energías e iniciativas de todos y no solamente con las de una institucionalidad desbordada por el tamaño del problema. Esas energías e iniciativas  son las de la sociedad civil, las autoridades nacionales regionales y locales, la academia, las iglesias, los grupos de recreación, cultura, deporte, defensa del patrimonio histórico, empresarios y sindicatos, medios de comunicación, corporaciones, ongs, estructuras solidarias; son también las energías del cuerpo diplomático y comunidad cooperante, de los países y organismos multinacionales con el elevado fin de participar hombro a hombro con los desplazados en programas de retorno que tengan garantizada la sostenibilidad y obedezcan a políticas generales sobre el  país, antes que a desarticulados esfuerzos sectoriales. Hablamos de  proyectos con una participación prioritaria de jóvenes, pero con una definida integralidad. 

    5.  El libro blanco del viaje a pie por el retorno en Colombia. 

    A través de la Red de Solidaridad, el PNUD está apoyando un novedoso proyecto de retornos masivos fundamentado en la filosofía de estímulo a la creación y creatividad de los campesinos desplazados mediante la solidaridad del resto de la sociedad, que respeta el enfoque de derechos e indemnizaciones, propios de la ideología del bien perdido, pero que no se basa exclusivamente en ellos, si no que aprovecha los oficios y los territorios antes que la vulneración y la vulnerabilidad de los desplazados. 

    El proyecto considera el desplazamiento masivo como un problema; pero lo considera también y fundamentalmente, como parte de una solución, que como en el caso de la producción masiva de alimentos redundará en beneficio para la mayoría de los colombianos. 

    Mirar a los desplazados como parte de una solución, exige ampliar los horizontes de la seguridad democrática hacia las fronteras de la seguridad humana que incluye no sólo aspectos de autoridad frente a los temas de la inseguridad, sino también aspectos de legitimidad que son resultado de la gestión democrática para resolver los problemas sociales y no exclusivamente los problemas militares de una comunidad.  Las soluciones militares y militaristas, con su alto contenido de normas y órdenes, atraen especialmente los segmentos juveniles de una comunidad; los capacitan para ser victimarios; pero también  automáticamente, para convertirse en víctimas. 

    Sembrar semillas de paz, tolerancia y serenidad en la juventud desplazada parece un contrasentido, frente a su profundo nivel de vulneración, que genera rabia, grito y todo un abanico de sociopatias. Sin embargo la paz es la luz al final del túnel del desplazamiento. La tranquila fuerza serena característica de los campesinos jóvenes es la principal potencialidad y un inexplotado recurso para el gran programa de producción masiva de alimentos contra el hambre. 

    Lo específicamente juvenil del desplazamiento hacia las ciudades, se convierte paradójicamente en lo específicamente juvenil del retorno al campo. Retornar adquiere la dimensión de una gran reivindicación de juventudes.   Refundar, que es una acción por antonomasia de jóvenes, se convierte en una aspiración que necesita de su liderazgo. Volver a la finca con el apoyo de toda la sociedad, es una solución para el núcleo de esas familias jóvenes desplazadas. Pero es fundamental recuperar los hilos de la identidad, la viabilidad y la sostenibilidad, para que no se repita el verso de la hermosa canción sureña de los Chalchaleros, llamada “A qué volver”, cuando dice: “…Si me han borrado hasta el recuerdo; entonces: ¿a qué volver?...”. 

    Asumir a los desplazados como parte de una solución significa también ampliar el horizonte de las redes de informantes, casi siempre limítrofes con la cultura de la saperia, hacia el horizonte de las alertas tempranas comunitarias, basadas en los principios de la solidaridad, la protección y la prevención. 

    Este es el espíritu de partida del proyecto llamado “El libro blanco del viaje a pié por el retorno en Colombia”. 

    Se parte de que los retornos no serán realizados exclusivamente por los desplazados y las autoridades acompañantes de carácter nacional e internacional. Serán retornos masivos con acompañamientos simultáneos, permanentes y sucesivos de redes de fuerzas vivas que hallan interactuado e interlocutado previamente con los desplazados para convertir la estrategia de producción masiva de alimentos, en un plan que involucre  no solamente campesinos y autoridades veredales locales y de pequeños municipios, sino también a redes humanas de las grandes ciudades, procedentes de las comunas y los barrios; de los circuitos laborales , recreativos, académicos, deportivos, de las  ONG's  y de los demás estamentos de la sociedad. 

    Es decir, el retorno para ejecutar planes alimentarios masivos no será solo una estrategia del campo a la cuidad, sino también de la ciudad al campo, en una relación de doble vía. Dicha relación impone la incorporación de la hoja de ruta  física y temporal de los territorios que existen entre la comuna o la localidad, el centro de actividad de la gran ciudad y la vereda del retorno. Impone incorporar al proyecto tanto la ruta de desplazamiento, como la ruta del retorno produciendo gestión participativa en las comunidades, escuelas, centros de acopio, tiendas, fondas, paradores, viveros, fincas, oficinas públicas, restaurantes, balnearios, sitios turísticos, lugares ecológicos, y todos aquellos lugares y sitios de encuentro que se hallan a orillas de autopistas, carreteras y caminos. 

    Esa incorporación participativa busca construir enfoques territoriales, nuevas perspectivas de producción y la comunicación, alertas tempranas y la viabilidad para el transporte, almacenamiento, empaque y distribución de los productos del retorno especialmente en el gran proyecto de seguridad alimentaria. 

  • ¿Hay alguien que nos escuche?

  • En este sentido es bueno recordar un reciente libro del Banco Mundial llamado: “Hay alguien que nos escuche”, el cual recoge las experiencias de lucha contra la pobreza auspiciadas por el Banco en todo el mundo, destaca las abismales diferencias que  muestra la evaluación de un mismo proyecto, cuando la hacen los técnicos y las autoridades,  y ésa misma evaluación hecha por las comunidades  aparentemente beneficiarias. De la misma manera señala, como la hoja de ruta para llegar al beneficiario de una sola actividad de un gran proyecto, que para las burocracias nacional e internacional, son un simple trámite, se convierte para los posibles beneficiarios, en una carrera de obstáculos. También señala cómo la llamada focalización con discriminación positiva ha  perdido significado y debilitado el acceso.  Esta incongruencia entre la visión del  técnico y la visión comunitaria, y entre los que deciden, y quienes son decididos por ellos, se explica en buena medida por el predominio de la  ideología instrumental o de gerencia. Por la tendencia dominante de convertir los problemas de política en simples problemas de administración. 

    La obstinación en traducir los grandes temas del desarrollo a un exclusivo lenguaje instrumental, para posteriormente transferirlo a  las comunidades mediante extenuantes jornadas de capacitación, no ha producido ningún resultado. Frente a los jóvenes esa metodología instrumentalista produce un gran escepticismo y una creciente perdida de interés hacia los proyectos comunitarios, aún de aquellos focalizados por edad. 

    Para prevenir esta tendencia de la gestión de las políticas sociales y conseguir resultados cualitativa y cuantitativamente mas transformadores, el proyecto llamado “Libro blanco del viaje a pié para el retorno”, convoca  y pondrá en práctica una intensa diversificación de lenguajes que da lugar a una estrategia comunicativa de carácter polifónico. 

    Se trata de abordar un mismo problema o un grupo de problemas de los desplazados y del retorno, desde múltiples lenguajes a través de múltiples experiencias. Por ejemplo, la narración de rituales y ceremonias de comunidades desplazadas, referidas a una misma actividad a través de la danza, el canto, la pintura, lo gestual, el teatro, el video, la tecnomúsica, el cine, la poesía, la narración oral, el cuento, la novela, la noticia radial, televisiva o periodística, la biografía, la página web, el documental, la oración religiosa o el analizas científico, político o jurídico; también con los lenguajes de los discapacitados, de los individuos y de las organizaciones colectivas. 

    Esta estrategia comunicacional múltiple, asegura la participación y previene el autoritarismo. Esto lo podemos ver en una reciente película hindú llamada Samsara, la cual recrea bellamente los aspectos religiosos, el canto y las danzas y las relaciones de género, en prácticas de cosechas de trigo por parte de una comunidad arcaica y autarquica. 

    El proyecto considera que hacer visibles las invisibles cien voces y cien interpretaciones relacionadas con el desplazamiento y el retorno, ayuda a la seguridad y es una forma eficaz de disuadir el conflicto. Uno de los resultados  de esa estrategia de comunicación para el retorno, será abrirle camino a la transversalidad entre individuos o grupos de estratos uno a seis, desde escenarios comunes y compartidos de lúdica, cooperación, intercambio de saberes, afectos, historias y experiencias y principalmente creación de climas de confianza. Naturalmente la capacidad de interacción propia de los jóvenes, puede señalar la vía más apropiada y el más eficiente empleo de los recursos disponibles. 

    El proyecto también convocará a la juventud y a los líderes cívicos, políticos, empresariales y sociales para reconocer a través de un viaje, técnicamente organizado, las principales rutas del desplazamiento y el retorno con la finalidad de reconocer además, las mutaciones económicas, culturales, de hábitos, de capacidad de crear, de vivir y ser solidario que se producen en esas rutas. El maestro Gustavo Álvarez Gardeazabal, en un notable relato llamado “Las mujeres de la muerte”5, narra estas experiencias alucinantes desde la mirada femenina. 

    En el proyecto intervienen también, además del sistema de compensación familiar, una corporación llamada Paralelo 4, que trabaja inicialmente en el Valle del Cauca y cuyo propósito es analizar los grandes temas de la sociedad colombiana, desde la perspectiva científica y hacer propuestas sobre ellos, más allá de la mirada de los políticos.  La población por excelencia para paralelo 4 es la de desplazados y retornantes.  Las etnias, los microclimas, los sistemas y subsistemas ecológicos, las alternativas productivas limpias, el diseño textil y artesanal en comunidades indígenas y afrocolombianas, las medicinas alternativas y una lectura independiente de los cultivos no legalizados, así como las prácticas sociales universitarias de estudiantes y profesores, constituyen el inventario de paralelo 4 comprometido con una refundación de oficios y territorios desde la ciencia y la academia, que den lugar a la creación de teoría científica, desde nuestra realidad y a la evaluación de esa teoría desde los centros más exigentes a nivel mundial. 

    A través del “Libro blanco del viaje a pié por el retorno”, los importantes avances de paralelo 4 enriquecidos con los aportes del Centro Internacional de Agricultura Tropical CIAT y otros instrumentos de cooperación técnica internacional, contribuirá decididamente en la estrategia de producción masiva de alimentos para la seguridad alimentaria, que atenderá las orientaciones del gobierno nacional. 

    Como se observa, el proyecto del “Libro blanco del viaje a  pié para el retorno”, auspiciado por el PNUD y dirigido por la Red de Solidaridad Social, es sustancialmente una gran estrategia de comunicación, cuyos lenguajes predominantes son producidos por las comunidades desplazadas actuando en red, con el conjunto de actores solidarios de la sociedad urbana y rural.  Al final del proyecto, se estructurarán metodologías relacionadas con experiencias del retorno experimentadas como laboratorio.  Considero innecesario resaltar el papel de los medios de comunicación en este ambicioso proyecto. 

    La capacidad de esos medios para hacer visible lo invisible, se traduce en una suma de posibilidades que tendrán las comunidades de hacer conocer y poner en práctica, su capacidad de creación y creatividad, para liderar ellos mismos la solución de sus grandes problemas con un acompañamiento respetuoso y eficiente del resto de la sociedad  a través de su recursos y de las iniciativas de la cooperación internacional.  Esa cooperación, lo estamos reconociendo con franqueza, necesita oxigenarse y renovarse a través de la savia comunitaria.  

    Nos sentimos oxidados por la ideología instrumental. 

    Quisiéramos volver a las raíces de la ideología participativa que, como lo enseña el mencionado libro del Banco Mundial, es primeramente un ejercicio de escucha, respetuoso y permanente,  antes que un ejercicio de la palabra, que resuena de arriba hacia abajo, acompañada a veces de un impúdico autoritarismo. 

    El desplazamiento forzado es una calamidad y una vergüenza de la civilización.  Siempre hubo desplazados, pero nunca como ahora esta enfermedad de la guerra, había socavado el derecho de la juventud para ser feliz, alcanzar el bienestar y compartir con el resto de la sociedad.   La juventud desplazada tiene propuestas y tiene decisión para experimentarlas. ¿No es hora de alguien quiera escucharlos?.      

    Muchas gracias. 

    Bogotá, julio de 2003

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