Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy; Laurence Sterne

Literatura inglesa del siglo XVIII. Narrativa neoclásica. Novela autobiográfica. Ensayo

  • Enviado por: Alejandra
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 3 páginas
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Ensayo

Es imposible dejar de hablar sobre las digresiones de Sterne al hablar de Tristram Shandy. El mínimo argumento narrativo que tiene la novela es en realidad un pretexto para ir hilvanando la infinidad de digresiones y divagaciones de el narrador. Uno puede leer dos horas seguidas y luego darse cuenta que en realidad no ha pasado absolutamente nada. Esta obra lleva una “narración endiabladamente no linear” que puede entretener tremendamente al lector paciente o desesperar en lo profundo del alma al activo abogado que prefiere solo los hechos. La obra ha causado un gran impacto en la evolución de la literatura y, como opina Mishkin en un foro de lectores, nos ha dejado “incapacitados para escribir algo coherente sobre ella”. Sin embargo, lo intentaré.

Laurence Sterne podrá ser un escritor del neoclásico, pero definitivamente tiene ciertos toques de modernismo. Él utiliza, aún cuando no se había inventado el término, lo que se conoce en ingles como stream of consciousness. Tal como afirma Francisco Manchuca, “Tristram Shandy es una novela sobre la colisión entre lenguaje y conciencia”, refiriéndose justamente a la forma tan enredada de construirla en la cual plasma su fluir de pensamiento en sus innumerables digresiones. El pensamiento es mas rápido que la mano, y siempre lo será, por lo que el narrador se topa desde el principio de la obra con que debe abrir muchas ramas que se interconectan en su mente para poder representar lo que piensa. El relato intenta comenzar con la concepción de Tristram Shandy pero inmediatamente se ve invadida por miles de aclaraciones, según Tristram necesarias, que van rellenando las páginas, creando una masa inmensa y sin forma que aplasta al lector.

A medida que se va avanzando en la lectura, las digresiones van creciendo, acaparando terreno como marea de luna llena. La primera oración de la novela contiene (para ver la gravedad de la infección) una aclaración entre guiones: “Yo hubiera deseado que mi padre o mi madre, o mejor, ambos -ya que los dos fueron igualmente responsables- hubiesen tomado conciencia de lo que se proponían cuando me concibieron…”. No es difícil imaginar como es el resto de el libro si así es como comienza. Y sus digresiones van tomando fuerza conforme avanza. Éstas pueden ser de una sola frase, como la anterior, o ocupar, literalmente, volúmenes enteros. A pesar de que éstas pululen, no se puede decir que es repetitivo o que uno se siente congestionado con tantas divagaciones ya que muchas veces uno mismo olvida que lo son. Por ejemplo, cuando comienza a hablar sobre Yorik y sin más, se lanza en los cinco capítulos siguientes a hablar sobre el tío Trim para retomar a Yorik mucho después. Al llegar a ese punto, uno ni siquiera recuerda que se dejó ese cabo sin atar, hasta que se menciona. Entonces en realidad no se sufre tanto el hecho de que no se terminen de contar las historias. Otras tantas, uno si se da cuenta de las frecuentes interrupciones que si no se es paciente, pueden llegar a desesperar. Ejemplo personal de esto que digo es en el Volumen II, capítulo 17, que se dispone Trim a leer el sermón. El pobre no pasa de una línea cuando el señor padre, Walter Shandy, interviene para hacer una corrección francamente innecesaria. Y así se continua la lectura del sermón con interrupciones, comentarios al margen y datos curiosos. Se siente (o sabe), a pesar de todo y después de haberle agarrado al estilo de Sterne, que sin ellas en realidad no serviría el texto.

Además de ser una parte vital de la obra, éstas muchas veces funcionan como acrecentadoras del suspenso. Cuando uno lee una historia, claramente desea saber el final. Pues las digresiones de Sterne van rezagando ese final y lo alejan del lector, creando esa tensión que obliga al lector a seguir leyendo. Usaré como ejemplificación la historia de Le Fever, la cual es interrumpida en cada capítulo (intento de continuación) pues cada vez que comienza de nuevo la historia, ésta se ve interrumpida por decires de los personajes y no logramos saber cual es el final hasta siete capítulos después, que hasta el mismo Tristram se desesperó de no poder terminar con esa historia y decidió dejarla para después y continuar con la suya.

Otra cuestión sobre las digresiones es que hacen más amigable la lectura, amena si se le tiene paciencia. Este tipo de debrayes nos ocurren a todos y el plasmarlos dentro de su obra nos permite acercarnos a él y comprender lo que piensa y hacia donde se dirigen sus pensamientos. Es una forma muy humana de tratar el tema.

Entonces, la función de las digresiones es, por un lado, entretener y aclarar situaciones, completar relatos y otros temas más que trataré en un momento. Pero además le dan el suspenso que toda buena historia debe de tener para atrapar al lector en sus garras. No siempre este método será del agrado del lector, pero ciertamente es una técnica que se adelanta a sus tiempos y que le concede un aspecto mas amistoso a la lectura, como de una charla con tus amigos (que efectivamente, el mismo Tristram termina nombrándonos como tales).

Es interesante observar los temas que utiliza para sus digresiones pues son tán variados que no se podrían hallar dos en toda la novela que hablen exactamente de lo mismo. Muchas veces sus temas son simples aclaraciones sobre la historia en mando, las cuales suelen ser bastante extensas. Pero a mi parecer, las más interesantes son aquellas en las que habla sobre ellas mismas; digresiones metalingüísticas. Un claro ejemplo, y muy acertado para este ensayo por cierto, está en el capítulo décimo cuarto del primer volumen en el que nos cuenta justamente como no puede dejar de caer en ellas:

“[..] lo que demuestra lisa y llanamente que cuando alguien se dispone a escribir un relato […] no sabe más que el cuello de la camisa con qué confusos enredos o complicaciones va a encontrarse, hasta abrirse camino, o a donde irá a parar por tal o cual derrotero antes de terminarla.”

La cantidad de temas en sus digresiones es impresionante y es lo que le da la esencia a la novela, la pluralidad en su lectura. Y las ocupa también en insertar, con Tristram como su vocero, sus ideas y opiniones sobre la vida política y social de la Inglaterra de su época (“si el órden de los factores altera el producto, podría llamársele “Opinión y vida del caballero Tristram Shandy”, comentario de algún foro), sobre sus autores mas venerados y muchas otras cosas: “Locke, Cervantes, Rabelais, ataques continuos a su rival literario Swift, continuas apelaciones al lector, despiadadas réplicas a los críticos, historias dentro de historias o narraciones postergadas o interrumpidas constituyen el laberinto shandyano que construyó Sterne para la posteridad”1.

Tras darnos cuenta de que las digresiones de Sterne son lo que constituye la novela y que si se extirparan de ella obtendríamos un panfleto con quinientas palabras, no es difícil entender porque no pudo terminar su historia. Aunque sabemos que “si Sterne hubiese dispuesto, no de una sino de cien vidas, jamás hubiese acabado”1 su relato.

Bibliografía

Laurence Sterne, Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, Madrid, Ed. Cátedra, 2005

http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=839

Opinión de un llamado Mishkin, que escribió en el foro “El Bosque…las ramas del árbol”

Sterne, pag 65

Sterne, pag 94