Vida y obra de José María Arguedas

Literatura sudamericana. Siglo XX. Poesía y cuentos. Obra literaria. Indigenismo. Antropología. Etnología

  • Enviado por: Hilario Pareja
  • Idioma: castellano
  • País: Perú Perú
  • 75 páginas
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INDICE:

PAG.

DEDICATORIA…………………………………………………………......2

INTRODUCCIÓN……………………………….…………………………..3

IMPORTANCIA DEL AUTOR……………………………………….……..4

BIOGRAFÍA………………………………………………………………….5

ANÁLISIS LITERARIO……………………………………………….……..12

ENTREVISTAS S0BRE EL AUTOR………………………………….…...19

CARTAS DE ARGUEDAS………………………………………….……….22

RESUMEN DE OBRAS LITERARIAS……………………………………..25

LA AGONIA DE RASU ÑITI…………………………………………………26

LA MUERTE DE LOS ARANGO……………………………………………28

LOS RIOS PROFUNDOS………………………………………………...…32

EL SEXTO……………………………………………………………………..36

YAWAR FIESTA………………………………………………………………38

TODAS LAS SANGRES……………………………………………………..46

TUPAC AMARU KAMAQ TAYTAN CHISMAN (Huaylli -Taki)…………...56

WARMA KUYAY………………………………………………………………68

CONCLUSION…………………………………………………………………73

BIBLIOGRAFIA………………………………………………………………..74

En homenaje a José María Arguedas,

Mahatma Gandhi y Nelson Mandela

Grandes personajes que lucharon por la

Igualdad de razas y los derechos Humanos.

INTRODUCCIÓN

Si hablamos de un mártirque defendióa los indígenasen todos sus aspectos como sus costumbres, creencias, pensamientos y sentimientos. No puede haber otro mejor que JoséMaría Arguedas Altamirano, quien vio el mundo indígenadesde una visión interna.

Antes de él hubo otros defensores como Cesar Vallejoy Ciro Alegríaque trataron de mostrar la vida de los cholos y serranos. Pero fue con la llegada de Arguedas que la literatura indigenista y la serraníatomó mucha importancia. Porque no fue un simple visitante más que trato de conocer la vida del indígena, sino que vivió en ese mundo en carne propia desde muy niño.

JoséMaríaArguedas nos introduce con sus novelas y cuentos al mundo indígena donde narra toda su cultura y extraña hasta ese entonces. La mayoríade sus obras son autobiografíasdel mismo autor.

El objetivo del autor fue que el mundo entendiera que los indígenas tambiénson humanos que sienten dolor, pena y alegríacomo cualquier otra persona en este mundo. Y que tienen la gran capacidad de hacer grandes obras cuando se juntan entre ellos y se lo proponen realizar. Un claro ejemplo lo narra en su obra YAWAR FIESTA donde los Puquianos abrieron la carretera a Nazca másde 300 km. en solo 28 días.

En la actualidad el sueño Arguediano se estáhaciendo realidad porque en la capital la mayor cantidad de habitantes son emigrantes del interior del país, personas humildes y forjadores que llegan a Lima con todas las ganas de triunfar y comienzan formar parte de la sociedad limeña.

Como grupo compartimos su pensamiento e ideologíade que el hombre provinciano que llega a la capital, no es menos que los demás y tiene los mismos derechos y deberes que un limeño nacido en la capital.

IMPORTANCIA DEL AUTOR

José María Arguedas fue un intelectual multidisciplinario, por que brinda con un sentimiento profundo, una visión interna del alma del hombre andino en sus múltiples facetas y actividades, sin importar la posición social y productiva, donde quiera que se hallen ubicados ya sea como hacendado, comuneros, pongos o autoridades civiles. Fue un escritor, antropólogoy etnólogoperuano

Como escritor es autor de novelasy cuentos

Como antropólogoe investigador social no ha sido muy difundida, pese a su importancia y a la influencia que tuvo en su trabajo literario.

Como Etnólogo por la recopilación, estudio y difusión de las manifestaciones artísticas del pueblo andino sobre todo en danzas y la música.



I.- BIOGRAFÍA DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS ALTAMIRANO

José María Arguedas Altamirano, nació el 18 de enero1911,en la ciudad de Andahuaylas, provincia de Andahuaylas, departamento de Apurímac, en la sierra sur del Perú. Era hijo de Víctor Manuel Arguedas Arellano, un abogado cuzqueño que ejercía de Juez en diversos pueblos, y de Victoria Altamirano Navarro, perteneciente a una acaudalada familia de Andahuaylas. Cuando tenía dos años y medio de edad, falleció su madre, víctima de "cólicos hepáticos"; pasó entonces a vivir a la casa de su abuela paterna, Teresa Arellano, en la ciudad de Andahuaylas.

En 1915, su padre al ser nombrado Juez de primera instancia de la provincia de Lucanasdepartamento de Ayacucho, se trasladó a dicha sede, donde poco después se casó con una rica hacendada del San Juan de Lucanas,provincia del mismo nombre del departamento de Ayacucho, Grimanesa Arangoitia Iturbi viuda de Pacheco en 1917. El pequeño José María viajó entonces a Lucanas, para reunirse con su madrastra; el viaje fue todo un acontecimiento para él, como lo recordaría siempre. La familia se instaló en Puquio capital de la provincia de Lucanas del departamento de Ayacucho. José María y su hermano Arístides, dos años mayor que él, fueron matriculados en una escuela particular. Al año siguiente, 1918, los dos hermanos continuaron sus estudios en San Juan de Lucanas, a 10 km dePuquio, viviendo en la casa de la madrastra. En 1919, Arístides fue enviado a estudiar a Lima y José María continuó viviendo con la madrastra.

En 1920, tras la ascensión al poder de Augusto B. Leguía, el padre de José María, que era del partido contrario (pardista), fue removido de su cargo de Juez y tuvo que retornar a su profesión de abogadolitigante y viajero, trajinar que solo le permitía hacer visitas esporádicas a su familia. Esta etapa de la vida del niño José María estuvo marcada por la difícil relación que sostuvo con su madrastra y con su hermanastro Pablo Pacheco. Aquella sentía por su hijastro un evidente desprecio, y constantemente lo mandaba a convivir con los criados indígenas de la hacienda, de la cual solo lo recogía a la llegada de su padre, tal como lo ha relatado Arguedas en el primer encuentro de narradores realizado en Arequipa en 1965. Por su parte el hermanastro lo maltrataba física y psicológicamente e incluso en una ocasión le obligó a presenciar la violación de una de sus tías, que era a la vez la mamá de uno de sus compañeritos de escuela (los escolerosmencionados en varios de sus cuentos). Al parecer, esa fue solo una de las tantas escenas sexuales que fue obligado a presenciar, ya que el hermanastro tenía muchas amantes en el pueblo.[]La figura de este hermanastro habría de perdurar en su obra literaria personificando al gamonal abusivo, cruel y lujurioso. Sobre aquel personaje diría Arguedas posteriormente:

Cuando llegó mi hermanastro de vacaciones, ocurrió algo verdaderamente terrible (…) Desde el primer momento yo le caí mal porque este sujeto era de facciones indígenas y yo de muchacho tenía el pelo un poca Cataño y era blanco en comparación con él. (…)Yo fui relegado a la cocina (…) quedaba obligado a hacer algunas labores domésticas; a cuidar los becerros, a traerle el caballo, como mozo. (…) Era un criminal, de esos clásicos. Trataba muy mal a los indios, y esto sí me dolía mucho y lo llegué a odiar como lo odiaban todos los indios. Era un gamonal.

Algunos, sin embargo, consideran que el supuesto maltrato de la madrastra fue una ficción; entre ellos el mismo Arístides.

A mediados de juliode1921José María se escapó de la casa de la madrastra junto con su hermano Arístides, que había retornado de Lima; ambos fueron a la hacienda Viseca, propiedad de su tío Manuel Perea Arellano, situada a 8 km de San Juan de Lucanas. Allí vivió durante dos años, en ausencia del padre, conviviendo con los campesinos indios a quienes ayudaban en las faenas agrícolas. De dos campesinos guardaría un especial recuerdo: don Felipe Maywa y don Víctor Pusa. Para José María fueron los años más felices de su vida.

1.1 ADOLESCENCIA

En 1923abandonó su retiro al ser recogido por su padre, a quien acompañó en sus frecuentes viajes laborales, conociendo más de 200 pueblos. Pasaron por Huamanga, Cuzcoy Abancay. En esta última ciudad ingresó como interno en el Colegio Miguel Grau de los Padres Mercedarios, cursando el quinto y sexto grado de primaria, entre 1924y 1925, mientras su padre continuaba su vida itinerante y su hermano Arístides seguía su educación en Lima. Esta etapa de su vida quedó conmovedoramente plasmada en su obra maestra, LOS RÍOS PROFUNDOS:

Mi padre no pudo encontrar nunca fijar su residencia, fue un abogado de provincias, inestable y errante. Con él conocí de doscientos pueblos. (…) Pero mi padre decidía irse de un pueblo a otro cuando las montañas, los caminos, los campos de juego, el lugar donde duermen los pájaros, cuando los detalles del pueblo empezaban a formar parte de la memoria.(…) Hasta un día en que mi padre me confesó, con ademán aparentemente más enérgico que otras veces, que nuestro peregrinaje terminaría en Abancay.(…) Cruzábamos el Apurímac, y en los ojos azules e inocentes de mi padre vi la expresión característica que tenía cuando el desaliento la hacía concebir la decisión de nuevos viajes. (…) Yo estaba matriculado en el Colegio y dormía en el internado. Comprendí que mi padre se marcharía. Después de varios años de haber viajado juntos, yo debí quedarme, y él se iría solo.

En el verano de 1925, cuando se hallaba de visita en la hacienda KARKEQUI, en los valles del Apurímac sufrió un accidente con la rueda de un trapiche, del cual perdió dos dedos de la mano derecha y se le atrofiaron los dedos restantes. Se dice que atribuyó el hecho a un castigo sobre natural por practicar la masturbación.

En 1926, junto con su hermano Arístides empezó sus estudios secundarios en el colegio San Luis Gonzaga de Ica, en la desértica costa peruana, hecho que marcó su alejamiento del ambiente serrano que había moldeado hasta entonces su infancia, pues hasta entonces había visitado la costa solo de manera esporádica. Cursó allí hasta el segundo año de secundaria y sufrió en carne propia el desprecio de los costeños hacia los serranos, tanto de parte de sus profesores como de los mismos alumnos. Se enamoró intensamente de una muchacha iqueña llamada Pompeya, a quien le dedicó unos acrósticos, pero ella lo rechazó diciéndole que no quería tener amores con serranos. Él se vengó llegando a ser el primero de la clase en todos los cursos, derrumbando así la creencia de la incapacidad intelectual del hombre andino.

En 1928reanudó su vida trashumante otra vez en la sierra, siempre junto a su padre. Vivió entre Pampasy Huancayo; en esta última ciudad cursó el tercero de secundaria, en el colegio Santa Isabel. Fue allí donde se inició formalmente como escritor al colaborar en la revista estudiantil Antorcha; se dice también que por entonces escribió una novela de 600 páginas, que tiempo después le arrebataría la policía, pero de la que no ha quedado huella alguna.

Cursó sus dos últimos años de secundaria (1929-1930) en el Colegio Nuestra Señora de La Merced, de Lima, casi sin asistir a clases pues viajaba con frecuencia a Yauyospara estar al lado de su padre, que se hallaba agobiado por la estrechez económica. Aprobó los exámenes finales, terminando así sus estudios escolares prácticamente estudiando sin maestro.

1.2 VIDA UNIVERSITARIA

En 1931, ya con 20 años de edad, se estableció permanentemente en Limae ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Allí, contra lo que esperaba, fue recibido con cordialidad y respeto por sus condiscípulos, entre los que se contaban los futuros filósofos Luis Felipe Alarcón y Carlos Cueto Fernandini, y los poetas Emilio Adolfo Westphaleny Luis Fabio Xammar. A raíz del fallecimiento de su padre, ocurrido el año siguiente, trabajó como auxiliar en la Administración de Correos. Era apenas un puesto de portapliegos, pero los 180 soles mensuales de sueldo aliviaron sus necesidades económicas a lo largo de cinco años.

En 1933publicó su primer cuento, «Warma kuyay», publicado en la revista Signo. En 1935 publicó Agua, su primer libro de cuentos, que obtuvo el segundopremio de la Revista Americanade Buenos Aires y que inauguró una nueva época en la historia del indigenismoliterario. En 1936fundó con Augusto Tamayo Vargas, Alberto Tauro del Pinoy otros, la revista Palabra, en cuyas páginas se ve reflejada la ideología propugnada por José Carlos Mariátegui.

En 1937fue apresado por participar en las protestas estudiantiles contra la visita del general italiano Camarotta, jefe de una misión policial de la Italiafascista. Eran los días de la dictadura de Óscar R. Benavides. Fue trasladado al penal «El Sexto» de Lima, donde permaneció 8 meses en prisión, episodio que tiempo después evocó en la novela del mismo nombre. Pero a pesar de simpatizar con el ideario comunista, nunca participó activamente en la política militante. Estando en prisión, se dio tiempo para traducir muchas canciones quechuas que aparecieron en su segundo libro publicado: Canto kechwa(1938).

1.3 EDUCADOR, ETNÓLOGO Y LITERATO

Perdido su trabajo en el Correo y lograda su Licenciatura de Literatura en San Marcos, Arguedas inició su carrera docente en el Colegio Nacional «Mateo Pumacahua» de Sicuani, en el departamento de Cuzco, como profesor de Castellano y Geografía y con el sueldo de 200 soles mensuales (1939-1941). Allí, junto con sus alumnos, llevó a cabo un trabajo de recopilación del folclor local. Descubrió entonces su vocación de etnólogo. Paralelamente contrajo matrimonio con Celia Bustamante Vernal, el 30 de juniode 1939, quien junto con su hermana Alicia era promotora de la Peña Cultural «Pancho Fierro», un legendario centro de reunión de artistas e intelectuales en Lima.

En 1941publicó Yawar Fiesta, su tercer libro y primera novelaa la vez. Entre octubre de 1941y noviembre de 1942fue agregado al Ministerio de Educaciónpara colaborar en la reforma de los planes de estudios secundarios. Tras representar al profesorado peruano en el Congreso Indigenista Interamericano de Pátzcuaro(1942), reasumió su labor de profesor de castellano en los colegios nacionales “Alfonso Ugarte”, “Nuestra Señora de Guadalupe” y “Mariano Melgar” de Lima. En esos años publicó también en la prensa muchos artículos de divulgación folclórica y etnográfica sobre el mundo andino.

En 1944presentó un episodio depresivo caracterizado por decaimiento, fatiga, insomnio, ansiedad y probablemente crisis de angustia, por lo cual pidió licencia repetidas veces en su centro de labor docente, hasta 1945. Este episodio lo describió en sus cartas a su hermano Arístides y brevemente en sus diarios insertados en su novela póstuma El zorro de arriba y el zorro de abajo; en una de esas cartas (con fecha 23 de julio de 1945)[]dijo:

Yo sigo mal. Van tres años que mi vida es una alternativa de relativo alivio y de días y de noches en que parece que ya voy a terminar. No leo, apenas escribo; cualquier preocupación intensa me abate totalmente. Sólo con un descanso prolongado, en condiciones especiales, podría quizás, según los médicos, curar hasta recuperar mucho mi salud. Pero eso es imposible.

Se recuperó, pero eventualmente tendría otras recaídas posteriores.

Según atestigua César Lévano, en esta época Arguedas estuvo muy cerca de los comunistas, a quienes apoyó en diversas labores, como en la de capacitación a círculos obreros. Los apristas lo acusaron de ser un “conocido militante comunista”, acusación que sin duda tuvo mucho eco pues a fines de 1948la recién instalada dictadura de Manuel A. Odríadeclaró a Arguedas “excedente”, cesándolo de su puesto de profesor en el colegio Mariano Melgar. Al año siguiente se inscribió en el Instituto de Etnología de San Marcos y reanudó su labor intelectual. Ese mismo año publicó Canciones y cuentos del pueblo quechua. En los años siguientes continuó ejerciendo diversos cargos en instituciones oficiales encargadas de conservar y promover la cultura.

En marzo de 1947fue nombrado Conservador General de Folklore del Ministerio de Educación, para luego ser promovido a Jefe de la Sección Folklore, Bellas Artes y Despacho del mismo Ministerio (1950-1952). Llevó a cabo importantes iniciativas orientadas a estudiar la cultura popular en todo el país. Por su gestión directa, Jacinto Palacios, el gran trovador andino, grabó el primer disco de música andina en 1948. Los teatros Municipaly Seguraabrieron sus puertas al arte andino.

Entre 1950y 1953dictó cursos de Etnología y Quechua en el Instituto Pedagógico Nacional de Varones. En 1951 viajó a La Paz, Bolivia, para participar en una reunión de la OIT (Organización Internacional del Trabajo). En 1952 hizo un largo viaje con su esposa Celia por la región central andina, recopilando material folclórico, que publicó con el título de Cuentos mágico-realistas y canciones de fiestas tradicionales del valle de Mantaro, provincias de Jauja y Concepción. En 1953fue nombrado Director del Instituto de Estudios Etnológicos del hoy Museo Nacional de la Cultura Peruana, cargo en el que permaneció durante diez años; simultáneamente dirigió la revista Folklore Americano(órgano del Comité Interamericano de Folklore, del que era secretario).

En 1954publicó la novela corta Diamantes y pedernales, conjuntamente con una reedición de los cuentos de Agua, a las que sumó el cuento Orovilca. Habían pasado unos 13 años desde que no publicaba un libro de creación literaria; a partir de entonces retomó de manera sostenida tal labor creativa, hasta su muerte. Pero su retorno a la literatura no lo apartó de la etnología. En 1955su cuento “La muerte de los Arango” obtuvo el primer premio del Concurso Latinoamericano de Cuento organizado en México.

A fin de complementar su formación profesional, se especializó en la Universidad de San Marcos en Etnología, de la que optó el grado de Bachiller el (20 de diciembrede 1957) con su tesis “La evolución de las comunidades indígenas”, trabajo que obtuvo el Premio Nacional Fomento a la Cultura Javier Prado 1958. Por entonces realizó su primer viaje por Europa, becado por la UNESCO, para efectuar estudios diversos, tanto en Españacomo en Francia. Durante el tiempo que permaneció en España, Arguedas hizo investigaciones entre las comunidades de la provincia de Zamora, buscando las raíces hispanas de la cultura andina, que le dieron material para su tesis doctoral: “Las Comunidades de España y del Perú”, con la que se graduó el 5 de juliode 1963.

1.4 DEPRESIÓN Y SUICIDIO

La depresión de Arguedas hizo crisis en 1966, llevándolo a un primer intento de suicidio por sobredosis de barbitúricos el 11 de abrilde aquel año. Desde algunos años atrás, el escritor venía recibiendo múltiples tratamientos psiquiátricos, describiendo sus padecimientos en sus escritos:

Yo estoy sumamente preocupado con mi pobre salud (…) He vuelto del fatigadismo, sin poder dormir y angustiado. Tengo que ir a donde el médico nuevamente; aunque estos caballeros nunca llegan a entender bien lo que uno sufre ni las causas. Lo malo es que esto me viene desde mi infancia (carta a John Murra, 28 de abril 1961).

Un poco por miedo otro poco porque se me necesitaba o creo que se me necesitaba he sobrevivido hasta hoy y será hasta el lunes o martes. Yemo que el Seconal no me haga el efecto deseado. Pero creo que ya nada puedo hacer. Hoy me siento más aniquilado y quienes viven junto a mí no lo creen o acaso sea más psíquico que orgánico. Da lo mismo. (…) Tengo 55 años. He vivido bastante más de lo que creí (carta a Arístides Arguedas, 10 de abril 1966)

A partir del intento de suicidio, su vida ya no volvió a ser la misma. Se aisló de sus amigos y renunció a todos los cargos públicos que ejercía en el Ministerio de Educación, con el propósito de dedicarse solamente a sus cátedras en la Universidad Agraria y en la de San Marcos. Para tratar su mal se puso en contacto con la psiquiatra chilena Lola Hoffmann, quien le recomendó, a manera de tratamiento, que continuara escribiendo. De este modo publicó otro libro de cuentos: Amor mundo(en ediciones simultáneas en Montevideo y en Lima, en 1967), y trabajó en la que sería su obra póstuma: El zorro de arriba y el zorro de abajo.

En 1967dejó su magisterio en la Universidad de San Marcos, y, casi simultáneamente, fue elegido jefe del departamento de Sociología de la Universidad Nacional Agraria La Molina, a la cual se consagró a tiempo completo. Continuó su afiebrado ritmo de viajes. En febrero estuvo en Puno, presidiendo un concurso folclórico con motivo de la fiesta de la Candelaria. En marzo pasó 15 días en México, con motivo del Segundo Congreso Latinoamericano de Escritores, en Guadalajara, y ocho días en Chile, en otro certamen literario. A fines de julio viajó a Austria, para una reunión de antropología, y en noviembre estaba de nuevo en Santiago de Chile, trabajando en su novela de los zorros.

En 1968le fue otorgado el premio “Inca Garcilaso de la Vega”, por haber sido considerada su obra como una contribución al arte y a las letras del Perú. En esa ocasión pronunció su famoso discurso: “No soy un aculturado”. Del 14 de eneroal 22 de febrero de ese año estuvo en Cuba, con Sybila, como jurado del Premio Casa de las Américas. Ese mismo año y el siguiente tuvo su amarga polémica con el escritor argentino Julio Cortázar, y viajó varias veces a Chimbote, a fin de documentar su última novela.

A principios de 1969hizo su último viaje a Chimbote. Ese mismo año hizo tres viajes a Chile, el último de los ellos por cerca de cinco meses, de abril a octubre. Por entonces se agudizaron nuevamente sus dolencias psíquicas y renació la idea del suicidio, tal como lo atestiguan sus diarios insertos en su novela póstuma:

Yo no voy a sobrevivir al libro. Como estoy seguro que mis facultades y armas de creador, profesor, estudioso e incitador, se han debilitado hasta quedar casi nulas y sólo me quedan las que me regalarían a la condición de espectador pasivo e impotente de la formidable lucha que la humanidad está liberando en el Perú y en todas partes, no me sería posible tolerar ese destino. O actor, como he sido desde que ingresé a la escuela secundaria, hace cuarenta y tres año, o nada (epílogo, 29 de agosto 1969).

Finalmente renunció a su cargo en la Universidad Agraria y el 28 de noviembrede 1969se encerró en el baño de dicha universidad y se disparó un tiro en la cabeza, a causa del cual murió, después de pasar cinco días de penosa agonía (2 de diciembrede 1969). El mismo día del disparo fatal, le había escrito lo siguiente a su esposa Sibyla:

¡Perdóname! Desde 1943 me han visto muchos médicos peruanos, y desde el 62, Lola, de Santiago. Y antes también padecí mucho con los insomnios y decaimientos. Pero ahora, en estos meses últimos, tú lo sabes, ya casi no puedo leer; no me es posible escribir sino a saltos, con temor. No puedo dictar clases porque me fatigo. No puedo subir a la Sierra porque me causa trastornos. Y sabes que luchar y contribuir es para mí la vida. No hacer nada es peor que la muerte, y tú has de comprender y, finalmente, aprobar lo que hago

El día de su entierro, tal como el escritor había pedido en su diario, el músico andino Máximo Damián tocó el violín ante su féretro, acompañado por el arpista Luciano Chiara y los danzantes de tijera Gerardo y Zacarías Chiara, y luego pronunció un breve discurso, en palabras que transmitieron el sentimiento del pueblo indígena, que lamentó profundamente su partida.

Sus restos fueron enterrados en el Cementerio El Ángel. En junio del 2004 fue exhumado y trasladado a Andahuaylas, el lugar donde nació.

El mismo año en que suicidó, Arguedas dijo en una entrevista concedida a Ariel Dorfmanpara la revista Trilce: "Entiendo y he asimilado la cultura llamada occidental hasta un grado relativamente alto; admiro a Bach y a Prokofiev, a Shakespeare, Sófocles y Rimbaud, a Camus y Eliot, pero más plenamente gozo con las canciones tradicionales de mi pueblo; puedo cantar, con la pureza auténtica de un indio chanka, un harawi de cosecha. ¿Qué soy? Un hombre civilizado que no ha dejado de ser, en la médula un Indígenadel Perú; indígena, no indio. Y así, he caminado por las calles de París y de Roma, de Berlín y de Buenos Aires. Y quienes me oyeron cantar, han escuchado melodías absolutamente desconocidas, de gran belleza y con un mensaje original. La barbarie es una palabra que inventaron los europeos cuando estaban muy seguros de que ellos eran superiores a los hombres de otras Razasy de otros continentes 'recién descubiertos'.

2. BREVE ANÁLISIS DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

2.1 ARMONÍA Y CONFLICTO EN LA OBRA DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS

La tensión entre armonía y conflicto en las novelas de José María Arguedas es una cuestión literaria, pero enraizada en la situación existencial del autor. Los intentos de explicar sus textos desde su sicología (o patología) carecen de valor crítico; una mirada más profunda vincula su literatura con el problema de la identidad peruana. En el debate celebrado en Lima en el año 1994, Gonzalo Portocarrero vio la razón de ser de la creación literaria de Arguedas en la necesidad de armonizar el conflicto: “En Arguedas hay una tensión entre concepciones del mundo y la vida muy distintas, entre sí, orientaciones culturales que muy difícilmente pueden ser sintetizadas. El arte será la manera de tratar de armonizar este conflicto tan desgarrador.” Otros participantes debatieron acerca del concepto de “mestizaje”, concibiéndolo como una posibilidad de “síntesis cultural”, una conciliación armoniosa. En cambio, Antonio

Cornejo Polar acentuó el polo conflictivo de la obra de Arguedas, contraponiendo a la categoría de mestizaje los conceptos de migrante y multicultura. En el polo opuesto aparece la interpretación de Mario Vargas Llosa que insiste en la armonización de Arguedas desde un indigenismo utópico, en su libro polémico Lautopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996).

Tal vez no sea redundante agregar a este aspecto de la obra de Arguedas un breve comentario desde otra región del mundo. Leer desde otro contexto nos limita, pero tiene la ventaja de volver a la literatura misma.

En el último período, los estudios de cultura se imponen más que la crítica literaria, y la literatura parece perder importancia. Sin embargo, los problemas discutidos por la crítica cultural están implícitos en las obras literarias y la creación verbal por sí sola puede comunicar una voz auténtica de una cultura a los lectores de otros países. La literatura sigue siendo clave para comprender la cultura: forma parte del “fondo de imágenes básicas de una nación”, donde la renovación de imágenes mantiene viva la cultura. La obra de Arguedas tiene esta potencia creativa: se puede percibir aún sin conocer los contextos, que se insinúan desde dentro del texto.

La literatura es un campo donde lo común y lo diferente no se excluyen. Posibilita ver lo otro y, a la vez, descubrir cercanías íntimas entre regiones tan distantes como América Latina y Europa Central. La lectura de la obra de José María Arguedas posibilita tal encuentro cultural y personal.

Mi comentario se centra en tres aspectos de la novela Los ríos profundos: la imagen de la edad de oro, el conflicto de dos mundosy el héroe débil.

2.2 CONFLICTO DE DOS MUNDOS

La visión mítica forma un estrato de la novela de Arguedas sin neutralizar su polo conflictivo. Una tensión entre la historia y la inclinación a la unidad del mundo es propia del género novelesco como tal; en la distinta configuración de ambos polos se basan los tipos de novela. El ansia de armonía determina la construcción del tipo idílico. Pero Los ríos profundos pertenecen a otro tipo que podríamos llamar “novela de conflicto de dos mundos” y cuyo antecedente es el Quijote. No es casual que en

Los ríos profundos aparezca una alusión al personaje cervantino (aún más visible en El Sexto). En el sentido tipológico, la novela de Arguedas está más emparentada, por ejemplo, con la novela La vorágine que con Don Segundo Sombra con la que fue comparada. En Los ríos profundos el conflicto de los mundos tiene dos niveles.

El primero y más obvio es el enfrentamiento de dos tradiciones culturales en el ambiente bilingüe. El protagonista está encerrado en el colegio eclesiástico ajeno y no es aceptado tampoco por los indígenas de Abancay, humillados y pasivos. Vive entre dos comunidades sin pertenecer plenamente a ninguna. Ambas tradiciones conviven y se compenetran (p. ej. el motivo de zumbayllu en el colegio) pero no se fusionan.

La confrontación de las culturas no se resuelve con una armonización indigenista, que solo invertiría la relación centro/periferia. La visión de Arguedas tampoco es mestiza en el sentido de la concepción armónica de la sinfonía de culturas, que tiene su tradición en el pensamiento hispanoamericano (Reyes, Vasconcelos, Carpentier).

José María Arguedas concibe la relación entre las culturas como una “superposición”. Este concepto aparece en los ensayos de Mariátegui y más tarde en los de Octavio Paz. La crítica no suele relacionar a Arguedas con Paz, pero ambos coinciden en temas fundamentales: la posibilidad de revivir la unidad originaria del universo (el “eterno presente” de Paz); el pensamiento analógico; la superposición de distintas tradiciones culturales que se mantienen en convivencia dramática sin fusionarse. La coincidencia de ambos escritores también revela una relación orgánica entre el ansia de armonía de illud tempus y la visión conflictiva de la convivencia multicultural. En México el estrato no moderno parece más oculto, mientras que en el Perú es visible.

En los dos países la tradición indígena forma la base – igual que en la arquitectura de los palacios cusqueños. El muro incaico del primer capítulo de Los ríos profundos no es un muro de Sacsayhuaman, sino el de una casa en que, sobre las piedras incaicas ondulantes como el río, posa el segundo piso geométrico de construcción colonial: “La pared blanca del segundo piso empezaba en línea recta sobre el muro.”18

La arquitectura de la novela es similar: su experimento lingüístico, que incorpora al español la morfología, sintaxis, entonación y visión del mundo del quechua, construye la escritura sobre las bases de un estrato profundo de una cultura oral. La búsqueda del lenguaje que fundamentaría la escritura en la oralidad aparece como tema explícito en el capítulo VI, cuando el protagonista (“poeta”) escribe dos versiones de una carta amorosa: descontento con el estilo literario descubre el estilo del canto quechua (“¡Escribir! Escribir para ellas era inútil, inservible. ¡Anda, espéralas en los caminos y canta! ¿Y si fuera posible, si pudiera empezarse? Y escribí:…”).

La “superposición” no es sincrética: ya Ángel Rama, dentro de su concepto de transculturación, destacaba “la actitud de quienes no se limitan a un sincretismo”. Y con más claridad lo formula Antonio Cornejo Polar en sus conceptos de heterogeneidad y multicultural.

2.3 COMPARANDO VICIOS

El contacto de la familia Arguedas con la capital fue aprovechado para que Arístides, el hermano mayor, iniciara estudios en el Colegio Guadalupe. Arguedas también comprobará que los señores poderosos de la urbe eran tan déspotas y abusivos como los hacendados de Puquio y su natal Andahuaylas; ni en la ciudad los indígenas se librarían de su destino. Lima fue tan glorificada por su padre que vino a pasar sus últimos días como juez en la capital, un remedo grotesco de lo que acontecía entre patrones y siervos en el campo. Si la sierra albergaba las materias primas para generar ganancia económica en el país, Lima era la ciudad que centralizaba el confort, la cultura originada de la modernidad y un referente importante de tecnología, concentración de conocimiento y riqueza. En “Yawar fiesta”, Arguedas presentará una urbe generadora de fascinación: “¡Llegar a Lima, ver, aunque fuera por un día, el palacio, las tiendas de comercio, los autos que se lanzaban por las calles, los tranvías que hacían temblar el suelo, y después regresar! Esa era la mayor ambición de los lucaninos.”

A diferencia de los indígenas, Arguedas formaba parte de los “privilegiados” con la oportunidad de viajar a ese “mundo exterior” y “civilizado” llamado Lima: “Sólo los principales iban a Lima con frecuencia; los ganaderos, los comerciantes, los hacendados, los dueños de minas, las autoridades, el juez, el agente fiscal, el cura. Regresaban de dos, de tres meses, con ropa extranjera nueva,; trayendo pelotas de jebe, trencitos, bicicletas, sombreritos azules para sus niños, los uña werak’ochas”. La sociedad de “clases- castas” existentes desde tiempos coloniales será un rezago durante la República y profundizará un Estado instaurador de alianzas entre los terratenientes y capitalinos. Ya para entonces Arguedas palpaba la sensación de marginalidad entre el mundo indígena y “misti” -sin pertenecer realmente a ninguno. A partir de ese momento veremos si sus primeras experiencias en Lima agudizaron o no sus síntomas depresivos y contribuyeron a forjar su obra, marcada por la nostalgia, la marginalidad y la ambivalencia.

2.4SU PASO POR LA UNIVERSIDAD LA CANTUTA. EL ARGUEDAS OLVIDADO

Casi todas las áreas de la vida de José María Arguedas, desde su personalidad depresiva hasta el legado de sus trabajos literarios han sido estudiadas a plenitud. Un investigador escarba el paso del autor por la Universidad de La Cantuta y recuerda al Arguedas educador. ¿Por qué José María Arguedas dejó con la mano en el aire a Jorge Basadre? ¿Por qué este entendió el desaire y fue a disculparse con Arguedas, diciendo que cuando fue ministro se equivocó con el tema de La Cantuta?

Un machote que lleva por título Arguedas en La Cantuta, es la creación del profesor Raúl Jurado Párraga. Ahí están algunas de las respuestas.

Ese conjunto de hojas anilladas, resume el trabajo al que le ha dedicado el catedrático los tiempos libres de los pasados tres años que le deja su labor docente. Así, ha investigado la relación entre José María Arguedas y la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (UNE), La Cantuta.

Para Jurado Párraga, quien también dirige la revista Sol de Ciegos, tanto la relación del autor con la UNE como con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos no han sido exploradas debidamente. Ha buceado en los archivos para conocer más la relación entre el sujeto y el docente Arguedas. Dice que la relación del escritor andahuaylino con la famosa universidad de la sierra de Lima se remonta a los años cuando La Cantuta quedaba en Lima, se llamaba Instituto Superior de Varones, y funcionaba en el colegio Fanning, en Jesús María.

2.5 Años De Enseñanza

Al poco tiempo de licenciarse en Literatura por la universidad de San Marcos, el escritor se fue a trabajar al colegio Mateo Pumacahua, de Sicuani, Cusco, donde enseñó los cursos de castellano y Geografía, entre 1939 y 1941.

Después de esa experiencia, el narrador vino a Lima y fue docente en el colegio Guadalupe entre 1945 y 1948. Cuenta Jurado que, tanto sus años por este centro de estudios como los del año siguiente, cuando enseñó en el colegio Alfonso Ugarte, son "pasos invisibles", porque no queda registro de ello.

Entre 1949 y 1953, José María enseñó quechua en la universidad de San Marcos. Es en 1951 y 1952, que Arguedas inicia su relación con La Cantuta, que se denominaba Instituto Pedagógico Nacional de Varones (el que, junto al Pedagógico de Mujeres, se trasladarían a la Escuela Normal Central, que sería La Cantuta).

Ahí, José María enseña por horas los cursos de Quechua y El Perú y sus problemas culturales, invitado por el filósofo y educador Walter Peñaloza Ramella, quien conocía a José María desde los tiempos de estudiante en San Marcos y luego frecuentaron juntos la peña Pancho Fierro.

2.6 UN APORTE EN LAS SOMBRAS

Después, José María vuelve a La Cantuta, ya movilizada a su sede en Chosica, entre 1956 y 1959. A la vez enseña en San Marcos entre 1958 y 1959, y en 1962 es nombrado profesor en la universidad La Molina.

"Junto a maestros como Luis Jaime Cisneros, Arguedas aportó a la renovación de la enseñanza del castellano también desde el colegio experimental que había en La Cantuta. Hay un 'fantasma pedagógico', un libro que necesitamos buscar para ver si es real, que se dice escribieron a partir de esas experiencias Arguedas, Cisneros y otros", cuenta Jurado.

El principal problema para su investigación es que, a diferencia de lo que sucede en la universidad Agraria, en La Cantuta no hay archivos de los documentos "de ida y vuelta", y registros de notas. Probablemente en el traslado de una sede a otra, cree, se perdieron o se quemaron muchos de ellos.

"Creo que por lo menos los documentos de los nombres importantes deberían de mantener las universidades y los colegios. El caso de La Molina es muy distinto. Sí hay un buen registro de los memos y de las notas, hasta cuando se suicida en 1969; se sabe de lo irregular que es su estancia porque siempre está viajando por salud o trabajo, y se conoce, en las cartas personales publicadas, de su malestar cuando no le quieren dar permiso".

A la ausencia de documentos se suma que no todos "los viejitos" que dicen que fueron discípulos de Arguedas, realmente lo fueron. Para eso se necesita rastrear las actas de alumnos, que muchas veces también se han perdido. "En el caso del colegio Guadalupe, por ejemplo, se conoce por alumnos que hablan sobre su maestro, pero son impresiones a la distancia".

2.7 ANÉCDOTA CON BASADRE

"Creo que más que laboral, la cercanía con La Cantuta fue muy amical, de compromiso", opina Jurado. "Arguedas fue profesor de La Cantuta por horas (lo cual era la forma común en que trabajaban los maestros en esa época), pero venía mucho a la casa del poeta Manuel Moreno Jimeno (1913-1993), aquí en la universidad, donde escribió parte de sus obras", cuenta Jurado.

Y el compromiso de Arguedas con el profesorado de La Cantuta se resume en el encontronazo que tuvo con Jorge Basadre. En una reunión, a inicios de la década de mil novecientos sesenta, Arguedas dejó con la mano en el aire al historiador.

El autor de Perú, problema y posibilidad, lejos de molestarse, se acercó a José María y le pidió disculpas, porque fue durante sus años como ministro de Educación de Manuel Prado, entre 1956 y 1958, que a la Escuela Normal Central (Cantuta) se le quitó el rango universitario y la autonomía, a través de una norma aprobada en esa época.

2.8 PERSONAJE DEL MUNDO EDUCATIVO

Para el profesor Julio Yovera Ballena, el protagonista Rendón Willka, de la novelaTodas las sangres(1964), igual que el de Paco Yunque (1931), de César Vallejo, son personajes producto de la sociedad compleja y la diversidad étnica en el Perú.

Explica que Willka encarna el trauma de la asimilación, el alumno indígena insultado por los otros niños, mestizos y blancos, y ante los cuales no puede defenderse ("la boca del indio no puede", le grita a Rendón, uno de los intérpretes, cuando este habla mal el castellano).

Pero hay un detonante más importante para el personaje de Todas las sangres, dice Yovera, y es la relación del escritor con los alumnos. Para Yovera es en este lugar donde desarrolla su didáctica en la capacidad de comunicarse con los demás, "una enseñanza de comunicación no vertical sino como actividad de diálogo e integración: Willka y Yunque nos invitan a no permanecer con los brazos cruzados", opina.

2.9 APORTE OLVIDADO

El doctor Walter Peñaloza Ramella, en un texto titulado José María Arguedas en mi recuerdo, recordó que recién en la Reforma Educativa de 1972 se tomó en consideración para el curso de Lenguaje el método educativo de hablar, leer y escribir, "dedicando tres de las cuatro horas del curso a la práctica de la lectura en clase, la elocución oral y la redacción, y solo una hora de nociones gramaticales básicas". Sin embargo, dice el propio Peñaloza, este método novedoso había sido aplicado ya treinta años atrás por el ministro Oliveira, a sugerencia de José María Arguedas, quien lo había aplicado en sus tempranos años de enseñanza.

2.10 “LOS IDEALES DE ARGUEDAS NO SON ARCAICOS, APUNTAN AL FUTURO”

“Dicen que ya no sabemos nada, que somos el atraso, que nos han de cambiar la cabeza por otra mejor. Dicen que nuestro corazón tampoco conviene a los tiempos (...). Dicen que algunos doctores afirman eso de nosotros”, escribió José María Arguedas en 1966 en un texto que tituló Llamado a algunos doctores. Líneas después, los desafiaría: “Saca tu largavista, tus mejores anteojos. Mira, si puedes. Quinientas flores de papas distintas crecen en los balcones de los abismos que tus ojos no alcanzan, sobre la tierra en que la noche y el oro, la plata y el día se mezclan”. Arguedas lanzaba así el reto: entender el ande con una nueva mirada, una que valore la riqueza de la cultura andina como la de todas las culturas que habitan el Perú, para lograr un país, como en el título de su novela, de todas las sangres.

El reto de repensar a Arguedas sigue vigente y fue el propio Mario Vargas Llosa quien recordó al autor en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2010. Vargas Llosa saldaba con él una deuda que tenía desde que publicó La utopía arcaica(1996) y los expertos de la obra de Arguedas, como Alejandro Ortiz Rescaniere y Rodrigo Montoya, le salieron al encuentro. La especialista Carmen María Pinilla, miembro de la Comisión del Centenario de José María Arguedas, nos acerca a esta polémica y a la vida y obra del autor de Yawar Fiesta.

2.11 DESNATURALIZACIÓN LIMEÑA CONTRA COSMOVISIÓN ANDINA

Todo ello, al menos en ese momento, le fue ajeno al niño José María, quien desde temprana edad hizo suyos la lengua y cosmovisión andina; las canciones en quechua que lo arrullaban cuando niño eran contrastadas con una realidad muy extraña y parecida a la vez.

“Cuando visité Lima por primera vez en 1919, las mulas que arrastraban carretas de carga se caían, a veces, en las calles, fatigadas y heridas por los carreteros que les hincaban con púas sobre las llagas que les habían abierto en las ancas; un ‘serrano’ era inmediatamente reconocido y mirado con curiosidad o desdén; eran observados como gente bastante extraña y desconocida, no como ciudadanos o compatriotas. En la mayoría de los pequeños pueblos andinos no se conocía siquiera el significado de la palabra Perú. Los analfabetos se quitaban el sombrero cuando era izada la bandera, como ante un símbolo que debía respetarse por causas misteriosas, pues un faltamiento hacia él podría traer consecuencias devastadoras. ¿Era un país que conocí en la infancia y aún en la adolescencia? Sí, lo era. Y tan cautivante como el actual. No era una nación” Este testimonio reconoce que el Estado criollo peruano no realizó mayores intentos por incorporarse al resto del país; por el contrario, definió su propia identidad sobre el supuesto de que la Nación era el “mundo oficial” de las ciudades y que los pueblos del Ande representaban una marginalidad intrascendente, a la que, tarde o temprano, el desarrollo de la civilización haría desaparecer.

EL MALTRATO A LOS ANIMALES

Este primer encuentro de Arguedas con Lima se caracterizó por la aversión al cruel trato a los animales. Algunos años después recordará: “Cuando fui a Lima, la primera vez, sufría por el maltrato de los animales. No había camiones, pero sí carreteros sumamente crueles porque tenían frecuentemente mulas muy cansadas y les hacían una herida donde les hincaban con el palo y me acuerdo que una vez en la esquina de la calle Amazonas uno de esos carreteros le pinchó tanto que por el dolor el animal se arrodilló” Estos recuerdos los plasmarán en su cuento “Warma kuyay” (1935) donde el personaje de Ernesto abrazaba, lloraba y pedía perdón a los animales que el indio de nombre Kutu azotaba a manera de desquite por la violación a la india Justina. En “Los Escoleros”, de ese mismo año, Juan, quien es hijo de un abogado que se identifica con los indios, abraza el cuerpo muerto de una vaca y llora inconsolablemente. En “El Barranco” (escrito en 1938 y publicado en 1939) son los animales quienes asumirán un rol protagónico.
Arguedas testimonia la forma “desnaturalizada” en que el limeño trataba a los animales; desde su cosmovisión andina, lo “natural” implicaba una convivencia armoniosa entre el ser humano, los animales y la geografía, donde todos participan en la gran fiesta que es la vida.

3 ENTREVISTAS

¿Mario Vargas Llosa ha cambiado su visión sobre la obra de José María Arguedas. Ya no la considera ‘arcaica’?

–En primer lugar, Mario Vargas Llosa admira a Arguedas. Es un admirador sincero de la obra de Arguedas y la ha estudiado a profundidad. Lo que pasa es que él considera que José María Arguedas siente alguna añoranza porque se está perdiendo la tradición andina, pero Vargas Llosa interpreta esta añoranza como un deseo de regresar a ese orden andino, de que no cambie, de que se quede congelado. Entonces, sí, pienso que con este último discurso Mario Vargas Llosa ha enmendado el calificativo de ‘arcaica’ a la utopía de Arguedas, o a los ideales de Arguedas. No son arcaicos porque los ideales de Arguedas no son regresar al pasado sino más bien utilizar valores del pasado, que existen todavía en las poblaciones actuales, herederas del pasado incaico, y que esos valores tengan una utilidad en el futuro. Por último, sería en todo caso la utopía de todas las sangres, como dijo Rodrigo Montoya.

¿Qué hace al mensaje de la obra de Arguedas un discurso tan actual?
–Este proceso por hacer del Perú un país de todas las sangres sigue vigente y las expresiones culturales del ande también; no se opacan en absoluto con la llegada de las tradiciones occidentales. Aún ahora sucede eso. Mira, por ejemplo, en Gamarra, las creaciones de los empresarios de origen andino tienen todos los colores del ande. Fíjate en la música chicha. Nuestro idioma también está lleno de imposiciones de la cultura quechua. No es que se va a arrasar con el pasado; se está demostrando que eso no es así necesariamente. Además, Arguedas habla de segregación y discriminación, que son problemas que se viven aún ahora en todas partes del mundo, por eso lo estudian en España, en Alemania.

Pero el mensaje arguediano ha sido aprovechado políticamente también. Alejandro Toledo, por ejemplo...

–Claro. Sin ir más lejos, también el gobierno de Fernando Belaunde. Belaunde apreció la obra de Arguedas y muchas veces se inspiró en ella, incluso lo invitó a ser director de la Casa de la Cultura. Esa es la propiedad y la actualidad de Arguedas, que es de todos y no puede ser apropiado por un partido político o un determinado sector, ya sea de derecha o de izquierda. Es algo parecido a lo que sucedió también con la figura de Túpac Amaru en los tiempos de Juan Velasco Alvarado. Pero está bien que Toledo lo cite porque lo difunde, y en la medida que lo lees te das cuenta de que no es el mensaje de Toledo sino el de Arguedas.

3.1 ARGUEDAS EN SU TIEMPO

¿Cuáles son los hechos que marcan la escritura de José María Arguedas?
–Como dijo Alberto Flores Galindo, Arguedas vivió los procesos sociales más importantes del Perú en el siglo XX. Entre los 9 y 14 años vio nacer los grandes movimientos reivindicatorios del indio en la sierra. Entre los 20 y 23 años ve la serie de levantamientos de los indígenas en contra del gamonalismo, que había alcanzado altísimos niveles de explotación. Además, su padre era juez de primera instancia en Puquio y tenía que recorrer con él varias regiones en el país. Ello sin contar que, desde niño, el escritor estuvo expuesto a los contrastes. Mientras el padre salía de viaje, la madrastra en casa lo maltrataba y lo exiliaba al mundo de la cocina, con los indios. Cuando el padre regresaba, lo peinaban, lo limpiaban y lo sentaban en el comedor principal. Él pudo ver ambos mundos, del indio y del gamonal con todas las desigualdades y contrastes entre ambos, desde muy chico.

3.2 EN LIMA TAMBIÉN VE ESTOS CONTRASTES...

–Sí, en la década del 40 van a intensificarse los movimientos migratorios que cambian totalmente el rostro de las ciudades. Todo esto va a cambiar la situación en el ande y, coincidiendo con el empobrecimiento del agro, se produce el deseo de emigrar, de abandonar el campo, la agricultura tradicional. Esto significa un cambio total en la costa, donde Arguedas es testigo de cómo se van formando los pueblos jóvenes, las barriadas. Él frecuenta estas barriadas, tiene allí amigos músicos, folcloristas, y los visita frecuentemente. Por eso es que critica a Luis Felipe Angell (Sofocleto) cuando este publica su novela La tierra prometida, y –según Arguedas– las presenta como una realidad deformada y sin futuro. Arguedas dijo que no es así y quiso demostrarlo en su última novela El zorro de arriba y el zorro de abajo cuando presenta en el escenario del mercado a migrantes de distintas partes del Perú que caminan juntos y luchan por un proyecto común.

3.3 Emilio Adolfo Westphalen, íntimo amigo de José María Arguedas. Usted estudió la correspondencia entre ambos. ¿Cómo era esta amistad?

Maravillosa y alturada. En mi libro Apuntes inéditos. Celia y Alicia en la vida de José María Arguedasse reúnen numerosas cartas, muchas de ellas de Emilio Adolfo Westphalen. Y es que cuando ellos se escribían había siempre una parte dirigida a los amigos y otra parte para las esposas. Se dirigían o bien a Celia o bien a Judith Ortiz Rescaniere, artista plástica, hermana de José Ortiz Reyes, otro gran amigo de Arguedas. En esas cartas se habla de literatura, de política. Además, cuando Arguedas está con sus alumnos quechuahablantes les da a leer poemas de Westphalen. Es un amigo muy tierno. Arguedas se preocupa mucho por las hijitas del poeta, Silvia e Inés. Se ayudan, se aconsejan.
TAMBIÉN SE BURLAN DE PABLO NERUDA.

  • (Ríe). Sí, les parece horroroso el poema que hace Neruda a Machu Picchu.

  • Las mujeres jugaron un rol importante en la vida amorosa de Arguedas, pero parece quejarse siempre...

  • Lo que pasa es que Arguedas era enamoradizo y enamorador. Su primer gran amor fue Celia Bustamante Vernal, pero antes tuvo varias relaciones, no tan fuertes. José María y Celia, que ya se habían conocido en la peña Pancho Fierro, se enamoran cuando ella lo visita y ayuda en la prisión El sexto, en compañía de su hermana Alicia, quien pertenecía a Socorro Rojo (organismo del Partido Comunista). Arguedas estaba preso por protestar contra un general fascista que visitó San Marcos. Viven 26 años de un matrimonio feliz para todos los que los conocieron. Pero él frecuentemente se queja de insatisfacción. A la par, tiene varios amoríos que no llegan a nada. Solo uno es importante, el romance que tiene con Vilma Ponce, en Apata (Junín), que lo ayuda a terminar Los ríos profundos. Finalmente, se enamora de Sybila Arredondo, pero también se queja de insatisfacción. Con todo, cuando él se siente decaído, enamorarse e ilusionarse le despierta la chispa de la vida.

PERO LA DEPRESIÓN LE GANA A LA ILUSIÓN.

  • Es característico de su tipo de personalidad. Esta personalidad que tiene sentimientos de muerte, que luego de la muerte de la madre vive en ambientes amenazantes. Con un padre casi ausente, tendrá luego problemas para mantener vínculos afectivos estables. Va siempre buscando a la mujer perfecta, virginal, algo que, evidentemente, no se puede alcanzar.

LAS CRISIS

  • Otra mujer, su terapista Lola Hoffmann, es fundamental también.

  • Sí, a partir de los años 60 él comienza terapia con Lola Hoffman. Arguedas dice que es ella quien le da el empuje para terminar su matrimonio con Celia. Pero luego Lola entrará en crisis también; muere su pareja sentimental y luego tendrán que quitarle un ojo por un problema de glaucoma. Esto afecta a Arguedas profundamente; su temperamento es bastante sensible.

Bastante sensible a las críticas también. La mesa redonda sobre Todas las sangresen el año 65 lo hirió de muerte...

  • Esas críticas en el Instituto de Estudios Peruanos fueron devastadoras, pero no creo que hayan sido determinantes de su decisión de suicidio. Su situación afectiva, el problema de Lola Hoffmann –su ‘mama Lola’–, la situación política y social, el hecho de que siente que otros han hecho cosas mejor que él –como la traducción de los mitos de Huarochirí–, todo ello hace que no soporte más. Es curioso, en el psicoanálisis se ve que las personas que han tomado esta decisión radical sienten tranquilidad. Eso al parecer le ocurrió a Arguedas pues antes de morir hizo llamadas para despedirse de sus seres queridos, dio recomendaciones, escribió cartas.

Lo que dice en el último diario, incluido en El zorro de arriba y el zorro de abajo, lo corrobora. “He sido feliz en mis llantos y lanzazos porque fueron por el Perú; he sido feliz con mis insuficiencias porque sentía el Perú en quechua y en castellano (...). En la voz del charango y de la quena lo oiré todo”. Sí lo oyó. Pero fue después de que sus amigos trasladaron su cuerpo a escondidas para que fuera enterrado en su tierra, Andahuaylas. Lo oyó todo: las danzas, los charangos, las quenas y los cantos.

4. JOSÉ MARÍA ARGUEDAS EN CARTAS INÉDITAS

Que José María Arguedas le tenía alergia a la piel de melocotón (comía esta fruta solo si estaba pelada) porque de chico, cuando vivía en la sierra, fue perseguido por una tarántula a la que le vio que cuya piel lucía como la del melocotón. Imágenes de su vida cotidiana, hasta hechos como que retiró su firma de un homenaje a Luis Alberto Sánchez o que con Enrique Congrains mantuvo discrepancia fraterna o que con Emilio Adolfo Westphalen –quien en una misiva demolió a Neruda– nunca dejó de comunicarse. O también enterarse de que su relación con Manuel Scorza no fue buena. O si no, saber más de sus dolencias psíquicas y la gratitud que tuvo a su primera esposa Celia Bustamante, a su cuñada Alicia y familares de estas. También su pasión trabajosa por la literatura y la antropología.

Todo eso es posible saber gracias a la estudiosa arguediana Carmen María Pinilla quien, una vez más, presenta documentos que revelan la dimensión humana del autor de Los ríos profundos. Pinilla acaba de publicar Apuntes inéditos. Celia y Alicia en la vida de José María Arguedas (Fondo Ed. de la PUCP). Se trata de una serie de cartas y otros documentos conservados por los familiares de Celia Bustamante (y también extraídos de la Colección José María Arguedas de la PUCP).

4.1 CARTAS Y PASAJES

Muchas de las misivas entre Arguedas y sus amigos estaban bien aderezadas. Por ejemplo, cuando Westphalen le escribe (1939) sobre Neruda a quien acusa de hablar solamente de España derrotada y no hacer críticas sobre las causas de la derrota y que más bien exalta a Chile: "Muy demagógico, chauvinista y asqueroso". Y señala que a Neruda habría que llamarlo "cursi sinvergüenza" cuando alaba a Roosevelt. Westphalen dice que si tenía dudas sobre la capacidad filosófica y miras políticas del autor de Residencia en la tierra, "con esas líneas ya está hecho su retrato como un infame imbécil".

En otras, Arguedas hace confesiones de sus gustos y deudas literarias. En 1950 le escribe a Ángel Flores: "El primer libro que me conmovió, revelándome el poder de la literatura fue Los miserables, de Víctor Hugo". El libro lo encontró en una vieja biblioteca en la hacienda Huayu Huay, en Apurímac, donde su padre lo dejó. Tenía 14 años. Lo que sí nunca pudo leer "por más esfuerzo que hice" fue Ulises.

Con Enrique Congrains intercambió opiniones sobre sus respectivas obras. Leamos qué dice Arguedas de No una sino muchas muertes en carta de 1959: "Debo confesarte que la leí con desesperación creciente. ¿Qué has hecho con tu estilo, Enrique? No comprendo cómo tu deseo de modernizar o de refinar tu estilo ha podido llevarte al extremo de retorcerlo hasta comprometer tan gravemente una obra maravillosa".

Pero más adelante elogia la obra de Congrains al compararlo con Ribeyro: "...Tú eres la vida que marchará más esplendente (...). Nuestro buen Ribeyro es el caballero refinado, escéptico, que jamás llegará a la obra grande". Desliz de Arguedas.

Y en otra carta, a propósito de la réplica de Congrains, Arguedas comenta: "¡Qué discrepancia más fraternal la nuestra!", y agrega "como debieran ser y serán , algún día, las discrepancias. (...) Creo que el elemento más perturbador, más común es la vanidad...".

Y como autocrítica a propósito de Los ríos profundos, afirma: "Me doy cuenta de que he casi dominado el castellano pero no he dominado a la poesía; ella perturba a veces horriblemente mi trabajo".

4.2 LIBRO DE CARMEN MARÍA PINILLA (ED. PUCP).

Arguedas también fue enérgico en sus principios y posiciones, por ejemplo, en octubre de 1959, cuando después de firmar una invitación para un banquete a Luis Alberto Sánchez, pidió no ser incluido por tener discrepancias con Sánchez "no solo con respecto a la ideología y a la conducta, sino en lo que se refiere a los criterios de valor con que ha juzgado nuestra literatura".

4.3 ESQUIRLAS LITERARIAS

El libro recoge dos cartas del autor de Agua dirigidas a Manuel Scorza. Y las dos drásticas. La primera, (agosto, 1957), sobre un pago de dos mil soles que Scorza ofreció darle por una selección de himnos y canciones quechuas y que después solo quiso ofrecerle un cheque por 1,500. "No le he aceptado. Le he dejado en cambio, a la misma empleada, un recibo por dos mil soles que usted recabará...". La segunda (dic., 1957), cuando anula un contrato: "... comunico a usted y sírvase darse por notificado de que, por convenir a mis intereses, he decidido rescindir irrevocablemente el contrato que firmé con usted (...). Era para publicar el libro Diamantes y pedernales.

Esto es parte del perfil de Arguedas que tiene el libro. Por supuesto que hay más, del literato, del antropólogo, pero esta vez, por su sensibilidad, preferimos al ser humano.

4.5 EN CARTA A ALICIA DESDE CHURÍN, 1944. "Hoy de puro roñoso perdí una joya. Una india tenía un maravilloso prendedor: una media luna con un gran sol en medio y dos colgajitos, una llave y una herradura. Le ofrecí ocho soles y aceptó; no tenía vuelto, y mientras cambiaba la libra se arrepintió, fue a consultar con su marido, y el estúpido dijo que no era para vender. Si yo le doy diez soles me lo hubiera llevado".

Churín (¿abril de 1944?) RATITA:

El carro llegó anoche tarde, y hoy me levanté a las siete y media para buscar tu carta (...). Tu carta me ha llegado como el contenido del poema de Whitman (...) ¡Con una compañía como tú, con tu amor, con tu espíritu fuerte a mi lado, bien podemos vencer la muerte, y atajarla hasta cuando hayamos rendido a la vida todo nuestro fuego! ¡es acaso el instante más feliz de mi vida¡ Estoy iluminado y purificado porque he sentido toda la luz de tu alma. Siempre me parecía que había más hondura en tu alma, que todavía yo no había llegado hasta su último secreto. Hoy recuerdo la luz que vi en tus ojos la primera vez que me abriste un poco tu alma (...). Sí, era puro y sensible y podía sentir la belleza de las cosas. ¡Pero jamás habría encontrado hasta entonces la más grande, la más absoluta belleza¡: la del alma humana cuando es pura, fuerte (...). Desde ese instante debiste haber sido dueña de mi vida; mi guía y mi escudo; porque yo soy débil, y los trabajos que pasé enternecieron mi corazón en vez de endurecerlo. Yo también pasé malas noches, estas tres últimas me hizo falta el Sedobral (...). Ayer me descubrí un pique y tengo el pie hinchado. Me iré pasado mañana, cuando esté bien. Si no sale carro a tiempo ya no me escribas.

Te adoro.

Aché Amores. Arguedas llamaba a Celia "Ratita" y a veces firmaba como "Aché".

5. RESUMEN DE SUS OBRAS Y POEMAS DE ARGUEDAS

5.1 LA AGONIA DE RASU ÑITI (José María Arguedas 1961)

El  cuento la  agonía de rasu-ñiti, nos ofrece el desarrollo de un rito religioso donde el danzante de tijeras “rasu-ñiti” presintiendo su muerte realiza su último baile frente a su sucesor y alumno “Atok Sayku”.

Resumen:

Estaba tendido en el suelo, sobre una cama de pellejos. Un cuero de vaca colgaba de uno de los maderos del techo. Por la única ventana que tenía la habitación, cerca del mojinete, entraba la luz grande del sol; daba contra el cuero y su sombra caía a un lado de la cama del bailarín. La otra sombra, la del resto de la habitación, era uniforme. No podía afirmarse que fuera oscuridad; era posible distinguir las ollas, los sacos de papas, los copos de lana; los cuyes, cuando salían algo espantados de sus huecos y exploraban en el silencio. La habitación era ancha para ser vivienda de un indio.

Tenía un altillo que ocupaba no todo el espacio de la pieza, sino un ángulo. Una escalera de palo de lambras servía para subir a la troje. La luz del sol alumbraba fuerte. Podía verse cómo varias hormigas negras subían sobre la corteza del lambras que aún exhalaba perfume.

El dansak’ quien se encuentraba al borde de la muerte, anuncia que está preparado para realizar la danza de las tijeras

—El corazón está listo. El mundo avisa. Estoy oyendo la cascada de Saño. ¡Estoy listo! Dijo el dansak’ “Rasu-Ñiti”

Se levantó y pudo llegar hasta la petaca de cuero en que guardaba su traje de dansak’ y sus tijeras de acero. Se puso el guante en la mano derecha y empezó a tocar las tijeras.

Los pájaros que se espulgaban tranquilos sobre el árbol de molle, en el pequeño corral de la casa, se sobresaltaron.

La mujer del bailarín y sus dos hijas que desgranaban maíz en el corredor, dudaron.

— Madre ¿has oído? ¿Es mi padre, o sale ese canto de dentro de la montaña? —preguntó la mayor.

— ¡Es tu padre! —dijo la mujer.

_Porque las tijeras sonaron más vivamente, en golpes menudos.

Corrieron las tres mujeres a la puerta de la habitación.

“Rasu-Ñiti” se estaba vistiendo. Sí. Se estaba poniendo la chaqueta ornada de espejos.

— ¡Esposo! ¿Te despides? — preguntó la mujer, respetuosamente, desde el umbral. Las dos hijas lo contemplaron temblorosas.

—El corazón avisa, mujer. Llamen al “Lurucha” y a don Pascual.-

Luego llegan Lurucha, el arpista; Don pascual, el violinista y la gente del pueblo para acompañarlo.

_la danza se realiza por el moribundu”rasu-ñiti”, así como su toque magistral ante cada nuevo paso de baile que los músicos le ofrecen. Realiza el rito que culmina con la muerte del bailarín y la iniciación de su discípulo y sucesor “Atok Sayku”; que comienza a realizar su sacerdocio ante el cadáver del dansak.

5.2 LA MUERTE DE LOS ARANGO (JOSE MARIA ARGUEDAS 1955)

Este cuento narra la historia del Pueblo Sayla (Arequipa) cuando la peste Tifus, casi arraza con toda su población, llevandose a las personas mas queridas del Pueblo “los Hermanos Arango”.

Resumen:

Contaron que habían visto al tifus, vadeando el río, sobre un caballo negro, donde aniquiló al pueblo de Sayla, a esta banda en que vivíamos nosotros.

A los pocos días empezó a morir la gente.

Sayla fue un pueblo de cabreros y sus tierras secas sólo producían calabazas y arbustos de flores y hojas amargas.

Entonces yo era un párvulo (chiquillo) y aprendía a leer en la escuela. Los pequeños deletreábamos a gritos en el corredor soleado y alegre que daba a la plaza. Cuando los cortejos fúnebres que pasaban cerca del corredor se hicieron muy frecuente, la maestra nos obligó a permanecer todo el día en el salón oscuro y frío de la escuela.

Los indios cargaban a los muertos en unos féretros toscos; y muchas veces los brazos del cadáver sobresalían por los bordes. Nosotros los contemplábamos hasta que el cortejo se perdía en la esquina. Las mujeres iban llorando a gritos; cantaban el ayataki, el canto de los muertos.

La plaza era inmensa, crecía sobre ella una yerba muy verde y pequeña, En el centro del campo se elevaba un gran eucalipto solitario. A diferencia de los otros eucaliptos del pueblo, de ramas escalonadas y largas, éste tenía un tronco ancho, poderoso, lleno de ojos y altísimo; pero la cima del árbol terminaba en una especie de cabellera redonda, ramosa y tupida. “Es hembra”, decía la maestra. La copa de ese árbol se confundía con el cielo. Cuando lo mirábamos desde la escuela, las altas ramas se mecían sobre el fondo nublado o sobre las abras de las montañas.

En los días de la peste, los indios que cargaban los féretros, los que venían de la parte alta del pueblo y tenían que cruzar la plaza, se detenían unos instantes bajo el eucalipto. Las indias lloraban, los hombres se paraban casi en círculo con los sombreros en la mano; y el eucalipto recibía a lo largo de todo su tronco, en sus ramas elevadas, el canto funerario.

Después, cuando el cortejo se alejaba y desaparecía tras la esquina, nos parecía que de la cima del árbol caían lágrimas y brotaba un viento triste que ascendía al centro del cielo. Por eso la presencia del eucalipto nos cautivaba; la maestra. Presintió el nuevo significado que el árbol tenía para nosotros en esos días y nos obligó a salir de la escuela por un, portillo del corral, al lado opuesto de la plaza.

El pueblo fue aniquilado. Llegaron a cargar hasta tres cadáveres en un féretro.

Adornaban a los muertos con flores de retama; pero en los días postreros las propias mujeres ya no podían llorar ni cantar bien; estaban roncas. Tenían que lavar las ropas de los muertos para lograr la salvación, la limpieza final de todos los pecados.

Pero cuando la peste cundió y empezaron a morir diariamente en el pueblo, las mujeres que quedaban, aún las viejas y las niñas, iban a la acequia y apenas tenían tiempo y fuerzas para remojar un poco las ropas, estrujarlas en la orilla y llevárselas, rezumando todavía agua por los extremos.

El panteón era un cerco cuadrado y amplio. Antes de la peste estaba cubierto de bosque de retama. Cantaban jilgueros en ese bosque; y al mediodía, cuando el cielo despejaba quemando el sol, las flores de retama exhalaban perfume. Pero en aquellos días del tifus, desarraigaron los arbustos y los quemaron para sahumar el cementerio. El panteón quedó rojo; poblado de montículos alargados con dos o tres cruces encima. La tierra era ligosa, de arcilla roja oscura.

5.2.1 EL CURA DESPEDÍA A LOS MUERTOS A LA SALIDA DEL CAMINO.

Muchos vecinos principales del pueblo murieron. Los hermanos Arango eran ganaderos y dueños de los mejores campos de trigo. El año anterior, don Juan, el menor, había pasado la mayordomía del santo patrón del pueblo. Fue un año deslumbrante. Don Juan gastó en las fiestas sus ganancias de tres años. Durante dos horas se quemaron castillos de fuego en la plaza. Volaban coronas fulgurantes, cohetes azules y verdes, palomas rojas desde la cima y de las aristas de los castillos; luego las armazones de madera y carrizo permanecieron durante largo rato cruzadas de fuegos de colores. En la sombra bajo la noche oscura.

Don Juan mandó poner enormes vasijas de chicha en la calle y en el patio de la casa, para que tomaran los indios; y sirvieron aguardiente fino de una docena de odres, para los caballeros. Los mejores danzantes de la provincia amanecieron bailando en competencia,

Los niños que vieron a aquellos danzantes, el Pachakchaki, el Rumisonk’o, los imitaron. Recordando las pruebas que hicieron, el paso de sus danzas, sus trajes de espejos ornados de plumas; y los tomaron de modelos, “Yo soy Pachakchaki”. “¡Yo soy Rumisonk’o!”, exclamaban; y bailaron en las escuelas, en sus casas, y en las eras de trigo y maíz, en los días de la cosecha.

5.2.2 DESDE AQUELLA GRAN FIESTA, DON JUAN ARANGO SE HIZO MÁS FAMOSO Y RESPETADO.

Don Juan hacía siempre de Rey Negro,. Es que era moreno, alto y fornido; sus ojos brillaban en su oscuro rostro. Y cuando bajaba a caballo desde el cerro, vestido de rey, y tronaban los cohetones, los niños lo admirábamos.

El hermano mayor, don Eloy, era blanco y delgado. Se había educado en Lima; tenía modales caballerescos; Hacía de Rey Blanco; su hermano le prestaba un caballo tordillo para que montara, era un caballo hermoso, de crin suelta.

Don Juan murió primero. Tenía treintidós años y era la esperanza del pueblo. Había prometido comprar un motor para instalar un molino eléctrico y dar luz al pueblo, hacer de la capital del distrito una villa moderna, mejor que la capital de la provincia. Resistió doce días de fiebre.

A su entierro asistieron indios y principales. Lloraron las indias en la puerta del panteón. Eran centenares y cantaron en coro el ayataky ., como cuando cantaban solas, tres o cuatro, en los entierros de sus muertos.

Hasta lloraron y gimieron junto a las paredes, Cuando iban a bajar el cajón de la sepultura, don Eloy hizo una promesa: “¡Hermano – dijo mirando el cajón, ya depositado en la fosa – un mes nada más, y estaremos juntos en la otra vida!”

Entonces la mujer de don Eloy y sus hijos lloraron a gritos. Los acompañantes no pudieron contenerse. Los hombres gimieron; las mujeres se desahogaron cantando como las indias. Antes de los quince días murió don Eloy. Pero en ese tiempo habían caído ya muchos niños de la escuela, decenas de indios, señoras y otros principales.

Las campanas; y los vivos estábamos sumergidos allí, separados por distancias que no podían cubrirse, tan solitarios y aislados como los que morían cada día.

Hasta que una mañana, don Jáuregui, el sacristán y cantor, entró a la plaza tirando de la brida al caballo tordillo del finado don Juan. La crin era blanca y negra. Repicaron las campanas, por primera vez en todo ese tiempo. Repicaron vivamente sobre el pueblo diezmado. Las pequeñas flores blancas de la salvia y las otras flores aún más pequeñas y olorosas que crecían en el cerro de Santa Brígida se iluminaron.

Don Jáuregui hizo dar vueltas al tordillo en el centro de la plaza, junto a la sombra del eucalipto; hasta le dio de latigazos y le hizo pararse en las patas traseras, manoteando en el aire. Luego gritó, con su voz delgada, tan conocida en el pueblo:

– ¡Aquí está el tifus, montado en caballo blanco de don Eloy! ¡Canten la despedida!

Habló en quechua, y concluyó el pregón con el aullido final de los jarahuis; tan largo, eterno siempre.

– ¡El tifus se está yendo; ya se está yendo!

Espantaban al tordillo, algunas mujeres y hombres emponchados, Miraban la montura vacía, detenidamente. Y espantaban al caballo.

Llegaron al borde del precipicio de Santa Brígida,

Donde un río poderoso y hondo, de gran correntada, cuyo sonido lejano repercutía dentro del pecho de quienes lo miraban desde la altura.

Don Jáuregui cantó en latín una especie de responso junto al "trono" de la Virgen, luego se empinó y bajó los tapaojos, de la frente del tordillo, para cegarlo.

– ¡Fuera! – Gritó – ¡Adiós calavera! ¡Peste!

Le dio un latigazo, y el tordillo saltó al precipicio. Su cuerpo chocó y rebotó muchas veces en las rocas. Llegó al río; no lo detuvieron los andenes filudos del abismo.

Vimos la sangre del caballo, cerca del trono de la Virgen, en el sitio en que se dio el primer golpe.

– ¡Don Eloy, don Eloy! ¡Ahí está tu caballo! ¡Ha matado a la peste! En su propia calavera. ¡Santos, santos, santos! ¡EI alma del tordillo recibid! ¡Nuestra alma es salvada!

Con las manos juntas estuvo orando un rato, e1 cantor, el latín, en quechua y en castellano.

5.3 LOS RIOS PROFUNDOS

5.3.1 EL VIEJO.

Ernestodescribe el Cusco la majestuosa ciudad de los incas, a este viaje acompaña a su padre que es abogado y que recorre por los lugares del Perú en busca de ejercer su profesión, ahora se dirigían al Cusco en busca del viejo, al parecer era familiar del padre, pero el era avaro, era un hacendado, un terrateniente que se aprovechaba de los indios, describe el comportamiento de los indios, de un pongo que era el servidor del viejo, decía que el era muy débil y hasta parecía que tenia ganas de llorar, en este capitulo se contempla al Cusco como la ciudad de piedras, del oro, como esa antigua ciudad de los Incas y muestra a esa cultura como se aun vive, como si aun cuida sus ciudades.

5.3.2 LOS VIAJES.

Aquí describe a su padre, nos dice que siempre el viaja, que cada ves que se quedan en un pueblo buscan que tenga un rió, luego nos comenta de las ciudades o pueblos que han pasado, de las personas que Vivian ahí, nos habla de pueblos que no les gustaban los forasteros y los miraban raro, en otros nos cuenta la dura vida que pasaban los pájaros ante los niños que salían al campo a cazar aves para que no coman sus habas que habían sembrado.

Cuenta que llegan al pueblo de Yauyos y ahí ve como los hombres matan a los loros y se jactaban por esa hazaña, y los loros no se movían no hacían nada por defenderse y se dejaban matar, él intentaba defenderlos y todos se reían de él.

sin duda se podría comparar la lucha de los loros, con esa lucha débil o talvez por temer tanto a un sistema de explotadores.

5.3.3 LA DESPEDIDA.

Su padre le confiesa que su recorrido acabaría en Abancay, que ahí Ernesto debía estudiar, y el padre pondré su estudio, fueron donde un amigo de su padre a alojarse, pero su amigo había cambiado tanto, le decía a su padre – Gabriel dispensa, hermano dispensa-. Su amigo era un notario pero parecía un hombre inútil, su trabajo lo hacia su ayudante, su padre sintió pena por él, el amigo les dio las camas de sus hijos para que ellos durmieran, y los niños estaban tirados en pellejos, ambos no soportaron esa casa y decidieron marcharse, alquilaron una casa del pueblo, ahí su padre puso su estudio, pero no había gente que los buscara, hasta le tiraban piedras y le decían que se fuera, que no necesitaban un abogado, Ernesto empezó a ir al colegio, pero su padre necesitaba trabajar, así que un señor de Chalhuanca le pide que le acompañe a su pueblo que allí tenia un conflicto y que necesitaban abogado, Ernesto toma medio vaso de cerveza con su padre y el señor chalhuanquino, y se despide de su padre quedándose él en el colegio internado.

5.3.4 LA HACIENDA.

En este capitulo cuenta la vida de los indios de las haciendas; el al estar solo en el colegio los domingos cuando salía del internado, bajaba donde Vivian los indios de las haciendas, el antes había vivido con muchos de ellos, y necesitaba sentir ese cariño, pero aquí tocaba las puertas y nadie salía, el decía – mamita ábreme- y los indios le respondían manan, estos indios tenían miedo, vivían encerrados sumisos, cuenta también las misas del padre hacia los hacendados, el padre los elogiaba y los hacia sentir como los mas grandes pilares de esta sociedad.

Elogiaba a los hacendados; decía que ellos eran el fundamento de la patria, los pilares que sostenían la riqueza.

5.3.5 PUENTE SOBRE EL MUNDO.

Al no poder hablar con los indios de hacienda se iba a buscarlos a las chicherías, ahí los encontraba pero no eran de hacienda, pero también iba a escuchar la música, los huaynos que el en su infancia y su niñez había oído hasta conocía muchos de esos huayco. En este capitulo Aparece Añuco como uno de los alumnos rebeldes, también el Lleras que es el abusivo y muy amigo de Añuco, pero en este capitulo, aparece una jovencita "Marcelina" ayuda en la cocina y es enfermita le dicen "la Opa" a la ves es victima de todos los alumnos mayores, enseguida aparece un niño tímido y débil Palacitos su papa es un indio hacendado, este niño era la victima del Lleras y demuestra la sumisión ante otros.

5.3.6 ZUMBAYLLU

Antero trae al colegio una especie de trompo al cual llaman zumbayllu, y todos los chicos se quedan sorprendidos por este mágico instrumento, en la novela este instrumento será el que desprende la magia, al traerlo todas las discusiones quedan de lado y el zumbayllu es el que une a todos, Antero le regala uno a Ernesto y se vuelven los mejores amigos, Antero le pide que le escriba una carta para la niña mas linda de Abancay, esta niña es Salvinia, así Ernesto le hace la carta, pero a la ves se gana también un desafió con rondines, un niño flaco, pero que el Zumbayllu acaba por unirlos. También encontramos a Valle el alumno mas "culto" es el más elegante y aquel que representa la diferencia de clases.

5.3.7 EL MOTIN.

Empieza el capitulo comparando al zumbayllu con la tierra que es redonda, había una revuelta en el pueblo, los internos salen por curiosidad, Antero y Ernesto van juntos al pueblo, a la plaza a ver lo que sucede, las mujeres indígenas y pobres se habían reunido en la plaza pedían sal, ya que les habían dicho que no había sal en el pueblo, ellas al mando de doña Felipa toman el almacén y cogen la sal y empiezan a repartir, Ernesto destaca el orden que imponía esta mujer " Dona Felipa" , que no se olvido de los mas humildes, tomo diez mulas y llevo sal a los indios de la hacienda de Patizamba, Ernesto acompaño durante todo el camino, y coreaba con ellas los huaynos que cantaban. Repartieron la sal y Ernesto se quedo dormido, al despertar estaba con una señora del cuzco y ella le dijo que vinieron los soldados y a sonido del zurriago le quitaron la sal a los indios.

5.3.8 QUEBRADA HONDA.

Llega al colegio y el padre se lo lleva a la capilla ahí lo azota le reclama, por que estaba acompañado a la indiada, el le dice que llevaron sal a los indios, el padre le decía que eso era robo, el padre le preguntaba si doña Felipa hablaba mal de él, luego fue a comer y a su dormitorio, al día siguiente fueron al pueblo de los indios de la hacienda, el padre se subió a un estrado y empezó a hablar, Ernesto cuenta que hacia sentir el padre a los indios como si ellos dependieran de su patrón, los hacia menos con sus palabras, ordeno que Ernesto se arrodillara aunque el no quería, y todos los indios lloraban arrodillados, luego ya Ernesto regreso solo a el colegio, ahí se da la pelea del Lleras con el hermano A gusto que era un hermano negro, también aquí Antero trae un Winku era un Zumbayllu especial que llevaba los mensajes así Ernesto le manda un mensaje a su padre diciéndolo que el soportara aquí pero que lo extrañaba.

5.3.9 CAL Y CANTO.

Había llegado un regimiento de soldados para castigar a las indias revoltosas, Doña Felipa había huido junto con otras Chicheras, los soldados estaban en las plazas y el junto con antero salen a la calle, el padre les había dado permiso, las chicherias estaban llenas de soldados, Antero le llevo a conocer a Salvinia y Alcira su amiga de Salvinia, ahí Ernesto la compara con Clorinda una Jovencita de la que en su Niñez se había enamorado y se preocupaba, porque jamás supo nada de ella, cuenta que Clorinda tenia su enamorado contrabandista, y que el siempre la contemplaba sin poder decir nada, ahora estaba ahí Alcira que se parecía mucho a ella, pero luego los dejo y se fue al rió, ahí vio al padre A gusto que bajaba cuesta abajo y a la opa que se regocijaba por alcanzar el rebozo de tela de Doña Felipa. Regreso al colegio y se entero que al día siguiente partiría Añuco hacia el Cuzco.

5.3.10 YAWAR MAYU.

En este capitulo resalta el cambio de Palacito al encontrar al prudencio, se sentía mas feliz y mas fuerte, no tenia miedo y todo el día paraba con Prudencio quien era un indio de la hacienda de su padre, y que los soldados hace años se lo habían llevado ahora lo había encontrado ya con su uniforme.

También Ernesto al ir a la Chichería reconoce a un viejo que tocaba el arpa, le decían el papacha Oblitas con el pasa buenrato hasta le invito un picante, tocaban, conversaban y después empezaron a cantar huaynos en tono de burla a los soldados, estos se molestaron y llevaron a la cárcel al arpista y a la chichera.

Al regresar al colegio el Peluca le dijo que Marcelina ya no venia que no sabia que pasaba. Ernesto que do en averiguar.

5.3.11 LOS COLONOS.

Antero había cambiado se peleo con Ernesto, este cogió el Zumbayllu y lo enterró en el patio interior, también se entero que Marcelina estaba enferma, y a la ves que había una peste, este acompañó en su muerte a Marcelina, y le cruzo los brazos, el padre al enterarse de que el estaba ahí decidió desinfectarlo y encerrarlo, la peste antes que contagiara a los demás alumnos decidió suspender las clases, palacitos se fue y le dejo unas monedas de oro a Ernesto, este al estar fuera de peligro el padre lo dejo salir y que fuera en busca de su padre, Ernesto bajo a donde estaban los indios cruzando el puente, habían muchos soldados impidiendo que estos llegaran a la plaza, Ernesto vio las atrocidades que pasaban estos con la fiebre, y ellos le decían que solo querían una misa, así que regreso donde el padre, y le pidió que diera la misa y ellos se regresarían a sus casa a morir, el padre acepto y Ernesto Toco las campanas para esa ultima misa, luego huyo de la peste para que no lo atrapara a el también.

Cruzo el puente y contemplo a esas aguas que fluyen que purifican que se llevan a los cadáveres a la selva de los muertos.

5.4 EL SEXTO

Cuenta las experiencias de Gabriel durante su prisión en la conocida cárcel limeña. La fetidez, el aspecto sombrío, el envilecimiento de la persona son las notas primeras que diseñan la forma de la cárcel y su mundo cerrado. Gabriel ingresa en ella a causa de su actividad como líder estudiantil: al hacerlo, tiene la impresión de haber penetrado en una ciudad turbulenta y desconocida. Los personajes que encuentra (criminales, maleantes, degenerados, presos políticos y estudiantes), su conducta, los hechos insólitos convertidos en norma carcelaria, la estratificación del penal –especie de jaula rectangular dividida en tres pisos horizontales– en donde se distribuyen, de abajo hacia arriba: vagos y asesinos, maleantes no avezados, y detenidos políticos.

Esa realidad –que no es paisaje natural– cosificada en el volumen oscuro de la cárcel, lo incita al recuerdo de la infancia serrana, bajo el sol brillante que fustiga el campo. La lluvia menuda, el cielo descolorido le recuerdan que la cárcel está en Lima; el ruido de los automóviles, la torre de la iglesia cercana, no obstante su proximidad, le recortan el espacio y lo insertan en el paisajede la prisión, crucero principal de la ciudad moderna. El Sexto, erguido y voluminoso, se le antoja un monstruo que tritura a sus huéspedes imperturbablemente. En diálogo con Cámac, su compañero de celda, sindicalista minero, intuitivo y serrano como él, Gabriel aprende las más claras lecciones sobre la cárcel y la vida. Cámac tenía un ojo enfermo que le supuraba sin pausa; pero por el sano irradiaba una luz convincente, de tenaz rebeldía. La opacidad y el fulgor de sus ojos impresionan a Gabriel y trasuntan la lucidez y el desvarío de las pláticas; entretanto, el monstruo cosificado adquiere otra significación: en él se apretuja la estructura humana y económica del Perú contemporáneo, sólo que, paradójicamente, el sector popular ocupa el nivel más alto, cual si se hubiese invertido la pirámide.

En la tabulación de las costumbres carcelarias, de la conducta de los reclusos, y de las amistades y los odios, entra en juego un conjunto de apreciaciones y sentimientos pertinazmente serranos. Las tres figuras capitales: Gabriel, Cámac, Juan, son de origen andino. La intuición y el sentimiento, la reminiscencia y la furia despojada de doctrina, hermanan a estos hombres en su percepción del país como secuencia de espacios (sierra-costa), y como espacio con profundidad, en el prisma de base rectangular que es el Sexto y todo el Perú.

La vida carcelaria debería ser entonces una experiencia compartida, mas, puesto que en ella se revelan igual que al microscopio los vicios y virtudes del país, Gabriel descubre que el suyo, como el problema de los otros políticos, no es un caso personal, no es un caso de conciencia, y sin embargo está anegado de individualismo. "La soledad no se goza; la soledad se sufre": junto a la escoria humana, en El Sextose hallan los seres más idealistas del país; sin embargo, la discrepancia en las cuestiones prácticas aleja a los hombres más que las ideas, y lo que distingue a la persona, –para Gabriel ¡intelectual!– no son las teorías, sino la conducta. Frente al monstruo cosificado, los hombres se autodefinen y desunen, a pesar de haber comprendido el secreto de la cárcel y de la sociedad.

Después de oír las opiniones de Cámac sobre el estado del Perú y el remedio de su crisis, Gabriel comenta: "Aun en la cárcel me parecían temerarias esas palabras". "Tenía 23 meses de secuestro en el penal y había recuperado allí el hábito de la libertad" (p.17). No se había juzgado con tan punzante amargura a nuestros regímenes dictatoriales; en ellos, la cárcel, negación de la persona, disforme reflejo de la sociedad, le ofrece al hombre lo que la vida ciudadana le arrebata: la libertad de comprender y de expresarse; le promete, en fin, el sueño de un nuevo país. Y aunque sólo sea en el plano simbólico, esta realidad se desborda del prisma, y expande e incorpora las secciones parciales del territorio en un nuevo "todo" ideal. Ese ideal habita en el Sexto; en ese sentido uno de los reclusos dirá "Esta es nuestra casa…".

5.5 YAWAR FIESTA

Es la primera novela del escritorperuanoJosé María Arguedaspublicada en 1941. Pertenece a la corriente del indigenismo. Ambientada en el pueblo de Puquio(sierra sur del Perú), relata la realización de una corrida de toros al estilo andino (turupukllay) en el marco de una celebración denominada yawar punchay(fiesta de sangre). Según los críticos, es la más lograda de las novelas de Arguedas, desde el punto de vista formal. Se aprecia el esfuerzo del autor por ofrecer una versión lo más auténtica posible de la vida andina sin recurrir a los convencionalismos y al paternalismo de la anterior literatura indigenista de denuncia.

Cronológicamente la obra está ambientada en la década de 1930, aunque hace regresiones a épocas pasadas, como los años 1920, e incluso a siglos antes, en tiempos de la gestación del pueblo Puquiano.

5.5.1 ARGUMENTO

La novela relata una de las costumbres más tradicionales de las comunidades indígenas del Perú: la “corrida india”, que se celebra todos los años el 28 de julio, aniversario de la fundación de la República del Perú. La corrida india es un evento espectacular donde un torodebe enfrentarse, en un pampón, a unos cien o doscientos indios a manera de toreros o capeadores espontáneos, y del cual son parte otros elementos como la música de los wakawak`ras, (trompetas de cuerno de toro), cánticos populares (huaynos), el consumo de aguardiente, el uso de dinamitapara matar al toro, e incluso la muerte de muchos indios, despanzurrados por el cornúpeta. Esta tradición se ve amenazada por una orden proveniente de la capital, que la prohíbe pues la considera una práctica “bárbara”. Ante la negativa de los indios para acatar la orden, las autoridades buscarán la manera de permitir las corridas pero “decentemente”: contratan un torero profesional que lidiará a la manera “española”. Con ello quitan la esencia misma de la fiesta, pero esta finalmente se realiza, imponiendo los indios su tradición ante los ojos de los principales del pueblo. Cabe señalar que en este relato de Arguedas no se menciona al cóndor atado al lomo del toro, que actualmente es la variante más conocida del yawar fiesta.

5.5.2 TEMAS

El tema principal es la realización de la corrida de toros al estilo andino. Temas secundarios son: la invasión de los blancos o mistis a Puquio, los abusos y violencias de los gamonales sobre los indios, la construcción de la carretera de Puquio a Nazca, la migración de miles de serranos a Lima.

5.5.3 ELABORACIÓN

El tema de una corrida de toros al estilo andino o “indio” como centro de un conflicto que enfrenta a razas y grupos sociales en un poblado de la sierra peruana nació en la mente de Arguedas cuando, según su confesión, asistió a una corrida en Puquio, en julio de 1935. En esa ocasión uno de los capeadores indios, apodado el Honrao, fue destrozado por el toro. En 1937Arguedas publicó dos relatos que son antecedentes de la novela: uno titulado “El despojo”, que apareció en la revista limeña Palabra, nº 4, mes de abril (que luego se constituyó en el segundo capítulo de la novela); y el otro titulado “Yawar (Fiesta)”, publicado en la Revista Americana, año XIV, Nº 156, en Buenos Aires (que es una versión primigenia de la novela). Su deseo de rehacer este relato se vio interrumpido por su estancia en la cárcel de El Sexto, entre 1937-38, por lo que solo pudo llevarlo a la práctica en el segundo semestre de 1940, luego de asistir al Congreso Indigenista de Patzcuaro, en México. Se hallaba entonces en Sicuani, donde ejercía la docencia en un colegio nacional. Aprovechando unas vacaciones de medio año, Arguedas escribió de corrido la novela. Un incentivo fue un concurso continental de novela hispanoamericana convocada por una editorial de los Estados Unidos: jurados reunidos en cada país hispanoamericano debían elegir una novela representativa que sería enviada a un jurado internacional auspiciado por dicha editorial. En el Perú el jurado nacional estuvo conformado por Augusto Tamayo Vargas, Estuardo Núñez, Luis E. Valcárcel, entre otros. A medida que avanzaba los capítulos de su novela Arguedas los iba enviando a Lima, a su amigo el poeta Manuel Moreno Jimeno. La correspondencia entre ambos documenta al detalle la labor de Arguedas. Pero para éste debió ser una decepción que no se eligiera su novela como representante del Perú en el concurso internacional, siendo desplazado por la obra de un desconocido, José Ferrando, titulada Panorama hacia el alba. Cabe agregar que la ganadora del concurso internacional fue nada menos que la gran novela indigenista de Ciro Alegría, El mundo es ancho y ajeno, enviada en representación de Chile, donde dicho escritor se hallaba desterrado.[]

5.5.4 ESCENARIOS

La novela está ambientada principalmente en Puquio, capital de la provincia de Lucanasen el departamento de Ayacucho, en la sierra sur peruana. El pueblo está conformado por cuatro ayllus indios:

  • Pichk’achuri.

  • K’ayau.

  • K’ollana.

  • Chaupi.

Cada uno de estos ayllus tiene su barrio propio y su plaza. Los mistis o principales del pueblo (blancos y mestizos) vivían en el jirón Bolívar, en uno de cuyos extremos se extiende la plaza principal o de armas, en torno al cual se levantan los principales edificios públicos: la Subprefectura, el puesto de Guardia Civil, el Juzgado de primera instancia, la Municipalidad, la Escuela Fiscal de Varones.

Otros escenarios son:

Las zonas altas cercanas a Puquio, donde vivían los punarunas (hombres de la puna) y el toro Misitu.

La ciudad de Lima, adonde habían migrado miles de lucaninos, entre los cuales los puquianos conformaban la colonia más numerosa y pujante.

5.5.5 EL NARRADOR

Para Vargas Llosa, el principal personaje de la obra es el narrador, que es sutil y versátil, diferenciándose así del narrador tradicional (como por ejemplo, Ciro Alegría) que suele ser intruso, egolátrico y que interfiere constantemente en el relato. Sutil, porque sabe ocultarse y finge invisibilidad, y versátil, porque tiene la habilidad de desplazarse para mostrarnos cabalmente el mundo complejo que recrea, dividido en grupos étnicos y culturas enfrentadas entre sí. Según el criterio de Vargas Llosa, el modo de narrar de Arguedas lo acerca más a los modernos narradores, siendo este uno de sus mayores logros literarios.[]

5.5.6 CONTEXTO LITERARIO

La novela es una de las obras representativas del movimiento literario indigenista, donde su autor utiliza una fusión estilizada de la lengua castellana y el quechua para tratar de describir de la manera más auténtica posible la realidad de los pueblos andinos del Perú, en particular los pueblos de la sierra centro y sur. El autor, aunque reconoce la importancia de los anteriores representantes del indigenismo (Enrique López Albujar, Ventura García Calderón), se diferencia de ellos y asegura mostrar más fielmente la realidad del indio, al haberse él criado y vivido en medio de ese ambiente.

5.5.7 CONTEXTO SOCIAL

La obra describe una realidad enmarcada durante la primera mitad del siglo XX, época en que la sierra del Perú se hallaba sumida en un enfrentamiento entre los terratenientes blancos o mestizos (patrones) y los siervos indios (campesinos). Los opresores, apoyados por el gobierno central, trataban de imponer sus costumbres occidentales sobre los pueblos autóctonos del Perú; en contraparte, los indígenas pugnaban por mantener sus tradiciones, en muchos casos ya amestizadas. Es también la época en que Lima empieza a inundarse de inmigrantes andinos, quienes se organizan en asociaciones o centros regionales para ayudarse mutuamente frente a los abusos y las discriminaciones que sufren.

5.5.8 CONTEXTO IDEOLÓGICO

La novela surge en medio de una polémica nacional entre las dos posiciones ideológicas más representativas de la segunda mitad del siglo XX: el socialismoy el capitalismo. La primera estaba ligada a la valorización de la figura de José Carlos Mariáteguiy a la defensa del indio contra los abusos y la marginación de las autoridades. El capitalismo, a su vez, estaba vinculado a una estructura económica basada en capitales americanos que desconocía las tradiciones autóctonas. Esta tensión desigual fue la causa de que muchas personas, entre ellas Arguedas, enfrentaran conflictos de identidad y tomaran conciencia de la importancia de revalorizar el mundo andino, sus derechos y su idioma. Por ello, las obras de este escritor plasman un mundo en conflicto entre indios y “principales” a la vez que proponen una visión estética diferente basada en la perspectiva que tiene el mundo andino de su realidad y de las realidades ajenas.

5.5.9 ESTRUCTURA

La novela está dividida en 11 capítulos, titulados y numerados con dígitos romanos; cada capítulo trata temas aislados pero secuenciales, aunque algunos capítulos refieren hechos sucedidos tiempo atrás con respecto al relato central, como el capítulo II donde se relata del despojo que cometieron los invasores mistis, y el capítulo VII, donde se narra la construcción de la carretera de Puquio a Nazca y la migración de los lucaninos a Lima

5.5.10 ANÁLISIS

Antonio Cornejo Polarseñala que:

Yawar fiestarectifica varias normas básicas de la novela indigenista tradicional. Por lo pronto, más que revelar la opresión y congoja de los indios, esta novela busca subrayar el poder y la dignidad que el pueblo quechua ha sabido preservar pese a la explotación y al desprecio de los blancos. Es la narración del triunfo de este pueblo en su decisión de conservar su idiosincrasia cultural y ciertos aspectos de su organización social. La victoria de los ayllus frente a las autoridades del poder central, los terratenientes y los mestizos "alimeñados" es un episodio absolutamente insólito dentro de la norma indigenista. De otra parte, Yawar fiestainicia el tratamiento de un tema que tendrá su plasmación cabal mucho más adelante: el de los señores que sin dejar de oprimir al pueblo indígena han sido ganados por su cultura y en este sentido se sienten más cercanos a sus siervos que a los hombres de la costa. Don Julián es el antecedente de don Aparicio (Diamantes y pedernales) y de don Bruno (Todas las sangres). De aquí se desprende que en Yawar fiestase ausculta la posibilidad de entender el mundo andino como una totalidad, aunque internamente conflictiva, y de oponerla, con todas sus contradicciones, al sistema socio-cultural occidentalizado de la costa peruana. De esta manera comienza a construirse la secuencia de ampliaciones y contrastes que sólo terminará en El zorro de arriba y el zorro de abajo. Arguedas fue muy consciente de la necesidad de este proceso de contextualización: "solamente pueden conocer bien al indio —decía— las personas que conocen también, con la misma profundidad, a las gentes o sectores sociales que han determinado que el indio sea tal como es ahora".

Julio Ramón Ribeyroha dicho de esta novela que su autor:

“traza en ella la mejor semblanza social y económica de lo que puede ser un pueblo grande de la sierra, que no tiene parangón en nuestra literatura por la exactitud de la información y la lucidez del análisis.”[]

5.5.11 RESUMEN

Los primeros capítulos ofrecen el trasfondo histórico de los hechos dramáticos que van a seguir. Se habla de un tiempo en que la ciudad de Puquioy los lugares aledaños eran propiedad de los ayllus(comunidades indígenas), los mismos que después fueron invadidos por los mistis(gente blanca y mestiza), quienes se apoderaron de las tierras de cultivo para convertirlas en pastizales para alimento del ganado.

Luego se narra magistralmente las preparaciones para el turupukllay(corrida de toros) en el marco de las celebraciones por el aniversario patrio; se oyen cánticos, suenan los wakawak`ras, trompetas de cuerno de toro que se tocan incesantemente durante las fiestas. Luego se describe al “Misitu”, el toro montaraz, el cual debe ser traído por los indios desde la punahasta el coso. El ambiente de la fiesta sube de temperatura y los ánimos se exaltan.

Aparecen los problemas cuando el subprefecto prohíbe por mandato del gobierno central que la fiesta sea a la manera “india”, es decir, con la intervención del público como toreros espontáneos y con el uso de dinamita para matar al animal. Los principales mistis sugieren que la fiesta sea en adelante con la participación de un toreroprofesional y que se sigan las reglas de la tauromaquiaespañola.

El pueblo de Puquio no está de acuerdo con que se realice la fiesta de la manera como quiere el gobierno central, pero algunos puquianos que radican en Lima contratan un torero español y lo envían a Puquio. Llega el día de la fiesta taurina, y el pueblo puquiano impone finalmente su tradición. El torero español es abucheado y en su lugar entran al coso los toreros puquianos, para lidiar a la manera “india”, ante lo cual el subprefecto y las demás autoridades no se atreven a oponerse, temerosos de la reacción de la muchedumbre.

5.5.12 RESUMEN POR CAPÍTULOS

I.- PUEBLO INDIO.- Se describe a Puquio, “pueblo indio” conformado por cuatro ayllus o barrios indios: Pichk’achuri, K’ayau, K’ollana y Chaupi. Entre ellos existían competencias para demostrar quienes sobresalían más. Los mistis o principales del pueblo (blancos y mestizos) habían invadido el pueblo ya hacía mucho tiempo atrás, constituyendo un barrio que después fue conocido como el jirón Bolívar.

II.- EL DESPOJO.- En este capítulo se describe los abusos y robos que realizaban los mistis contra los indios. Les arrebataban sus tierras mediante argucias legales y convertían terrenos tradicionalmente dedicados al cultivo de papay trigoen alfalfarespara alimentar al ganado, pues la venta de carne era más rentable. Incluso invadieron las tierras altas o puna, obligando a los indios de esa zona a entregarles ganado y a trabajar la tierra como peones.

III.- WAKAWAK’RAS, TROMPETAS DE LA TIERRA.- Al acercarse las fiestas patrias del 28 de julioempiezan a oírse en el pueblo el sonido de los wakawak’ras, trompetas indias hechas de cuernos de toro y que anunciaban las corridas de toros al estilo indio (toropukllay). Se comentaba que para esta ocasión el ayllu de K’ayau se había comprometido a traer al toroMisitu, animal montaraz que vivía en la puna, al cual hasta entonces nadie había podido sacarle de su querencia.

IV.- K’AYAU.- Los del ayllu K’ayau lograron convencer al hacendado don Julián Arangüena para que les cediera al Misitu, que pasteaba en las tierras altas de su propiedad. Todos celebraron el acontecimiento y en el pueblo no se hablaba sino de las próximas corridas que prometían ser todo un acontecimiento. Hasta mistis como el negociante don Pancho Jiménez se alegran, más no el Subprefecto, quien consideraba las fiestas como algo bárbaro y pagano.

V.- EL CIRCULAR.- El Subprefecto anuncia la llegada de un circular de parte del Gobierno por la cual se prohibían en toda la República las corridas de toro al “estilo indio”, a fin de evitar muertos y heridos. Los vecinos principales se dividen ante tal noticia: unos, encabezados por don Demetrio Cáceres, están de acuerdo con abolir lo que consideran una costumbre salvaje, mientras que otros, a través de la voz de don Pancho, solicitan que al menos se permita ese año celebrar por última vez las corridas según la costumbre india, pues los preparativos ya estaban avanzados. El Subprefecto se muestra inflexible y advierte que castigará a quien se atreva contradecirle. Don Pancho es encarcelado, acusado de revoltoso. Las autoridades municipales aceptan lo ordenado en la circular y como alternativa se acuerda la contratación de un torero profesional en Lima, a fin de realizar corridas al estilo “civilizado”, es decir, español.

VI.- LA AUTORIDAD.- Enterados de la prohibición, los indios se reúnen en masa en la plaza principal, donde el alcalde y el vicario logran tranquilizarlos, garantizándoles que de todas maneras habría turupukllay. El Subprefecto hace traer a su despacho a don Pancho, con quien tiene una conversación muy accidentada; al final lo suelta, advirtiéndole que no azuzara a los indios, pues de lo contrario volvería a prisión. Cuando ya estaba don Pancho retirándose, caminando en medio de la plaza, el Subprefecto ordena al Sargento que le dispare por la espalda, pero el Sargento se niega a realizar tal villanía. Este capítulo nos muestra descarnadamente la degeneración moral de las autoridades enviadas desde la capital.

VII.- LOS “SERRANOS”.- En este capítulo se describe la migración de miles de lucaninos hacia la capital, lo cual fue posible gracias a la carretera de Puquio a Nazca, que los mismos puquianos construyeron en solo 28 días, dirigidos por el Vicario o cura del pueblo. La mayoría de los inmigrantes andinos trabajan como obreros, empleados y sirvientes, e invaden terrenos en los arenales donde construyen viviendas precarias, aunque también llegan a Lima algunos mistis adinerados quienes instalan negocios y compran terrenos para vivienda en zonas residenciales. En general son tratados despectivamente por los limeños y llamados “serranos” a modo de insulto. Los lucaninos residentes en Lima forman una asociación para defenderse y apoyar a sus coterráneos, el Centro Unión Lucanas. Su presidente es el estudiante Escobar, un mestizo de Puquio, influenciado por el pensamiento de José Carlos Mariátegui, sociólogo marxista.

VIII.- EL MISITU.- En este capítulo se cuenta sobre el toro Misitu, que era un ser cuasi legendario, pues los indios decían que no tenía padre ni madre sino que había surgido de un remolino de las aguas de la laguna Torkok’ocha; su fama sobrepasaba los límites de la provincia de Lucanas. Vivía en la puna o zona alta, abrigado por los queñuales de Negromayo, en K’oñani. El hacendado don Julián Arangüena había intentado capturarlo, sin lograrlo, por lo que decidió regalarlo, primero a los habitantes de K’oñani y finalmente a los de K’ayau.

IX.- LA VÍSPERA.- El Subprefecto llamó a su despacho a los principales vecinos para acordar la manera prudente de hacer cumplir la circular sin causar el malestar de los indios. Uno de los vecinos, don Demetrio, le informa del plan del Vicario: harían construir un pequeño cosoen la plaza de Pichk’achuri y se convencería a los pobladores que era mejor espectar allí el evento, en vez de usar todo el pampón de la plaza. También se les persuadiría de evitar el uso de dinamita y el ingreso del público a la arena, a fin de evitar muertos y heridos. Se informa también que ya en Lima el Centro de Lucanas había contratado a un torero español para enviarlo a Puquio. El Subprefecto acepta todos estos planes; el Vicario cumple entonces su parte y convence a los varayok’s indios de construir un pequeño coso con troncos de eucaliptos.

X.- EL AUKI.- El narrador explica la relación y la veneración que tienen los puquianos hacia los espíritus de los cerros, especialmente hacia el auki (jefe) K’arwarasu, padre de todas la montañas de Lucanas. Los del ayllu de K’ayau se encomiendan a él para lograr la captura del Misitu. Encabezados por el varayok alcalde suben a su cumbre y entierran una ofrenda. De regreso les acompaña el layka (brujo) de Chipau, quien se ofrece a guiarlos a capturar al toro. Los de K’ayau logran lacear al Misitu y lo llevan a rastras hacia el coso de Puquio. El layka es destripado por el toro y su muerte se entiende como un sacrificio de sangre para compensar el favor otorgado por el auki.

XI.- YAWAR FIESTA.- El día de la festividad patria apareció una multitud inmensa en Puquio, proveniente de toda la provincia de Lucanas e incluso de otros lugares más lejanos, para ver el evento taurino que se realizaría en el coso armado en la plaza de Pichk’achuri. Mientras tanto, don Pancho y don Julián fueron encerrados en la cárcel por órdenes del Subprefecto, para evitar que revolvieran a los indios. El coso rebalsó y muchos se quedaron en las afueras, insistiendo ingresar vanamente. Apareció el Misitu en la Plaza y de inmediato ingresó el torero Ibarito II, quien ante la música de los wakawak’ras y el canto lúgubre de las mujeres, sintió inseguridad. Al principio capeó bien, pero luego el toro buscó su cuerpo y trató de arrollarlo, aunque pudo escapar y refugiarse en los escondederos. Ello provocó la burla de los indios, quienes exigieron que salieran a torear los suyos: el Wallpa, el Honrao, el Raura, el K’encho. El primero en ingresar fue Wallpa, quien luego de dos hábiles capeadas, fue alcanzado por el toro, que incrustó uno de sus cuernos en su ingle, clavándolo en uno de los troncos de la cerca. Los demás toreros indios lograron con gran esfuerzo separar al toro del cuerpo de Wallpa. El varayo’k alcalde de K’ayau alcanzó un cartucho de dinamita al Raura, con el que finalmente hirieron mortalmente al toro, mientras que Wallpa sangraba a borbotones por la pierna hasta inundar el suelo con su sangre. El alcalde le dijo entonces al Subprefecto que así eran sus fiestas, el yawar punchayverdadero.

5.5.13 ADAPTACIÓN CINEMATOGRÁFICA

La novela fue llevada al cinepor Luis Figueroa, cineastacuzqueño. Se estrenó en 1986y su realización mereció varios reconocimientos internacionales. Cabe destacar que en la película se adiciona un detalle que no figura en la novela: la participación del cóndoratado al lomo del toro de lidia, que no obstante es una variante veraz del yawar fiestacelebrado especialmente en los departamentos de Ayacucho y Apurímac

5.5.14 PERSONAJES

Los personajes de la obra se pueden dividir en tres grandes grupos:

Los indios de Puquio, divididos en cuatro ayllus: K’ayau, Pichk’achuri, Chaupi, K’ollana. Sus autoridades son los varayoks, cuatro por ayllu, dieciséis en total. Cada uno de los cuatro grupos de varayok’s está encabezado por un varayok alcalde.

Los mistis (blancos y mestizos), son los vecinos notables o principales del pueblo, que viven en el jirón Bolívar. Conforman la clase dominante: terratenientes, negociantes, letrados, autoridades municipales. Junto con ellos están las autoridades enviadas desde Lima como representantes del gobierno central (subprefecto, jueces), generalmente blancos y costeños.

Los chalos o mestizos pobres, al servicio de los mistis.

5.6 TODAS LAS SANGRES

Es la quinta noveladel escritor peruanoJosé María Arguedaspublicada en 1964. Es la novela más larga de dicho autor, y la más ambiciosa, siendo un intento de retratar el conjunto de la vida peruana, por medio de la representación de escenarios geográficos y sociales de todo el país, aunque el foco se sitúa en la sierra. El título alude a la variedad racial, regional y cultural de la nación peruana. La novela se desenvuelve entre dos ideas fundamentales: el peligro de la penetración imperialista en el país por intermedio de las grandes transnacionalesy el problema de la modernización del mundo indígena.

5.6.1 ARGUMENTO

La novela se inicia con el suicidio de don Andrés Aragón de Peralta, jefe de la familia más poderosa de la villa de San Pedro de Lahuaymarca, en la sierra del Perú. Su muerte anuncia el fin del sistema feudal que hasta entonces ha predominado en la región. Don Andrés deja dos hijos: don Fermín y don Bruno, enemigos y rivales, quienes en vida del padre se habían ya repartido sus inmensas propiedades.

El conflicto principal gira en torno a la explotación de la mina Apar’cora, descubierta por don Fermín en sus tierras. Don Fermín, prototipo del capitalista nacional, quiere explotar la mina y traer el progreso a la región, a lo que se opone su hermano don Bruno, latifundista tradicional y fanático católico, que no quiere que sus colonos o siervos indios se contaminen de la modernidad, que según su juicio corrompe a las personas.

Con la llegada de un consorcio internacional la Wisther-Bozart se inicia la disputa por el control de la mina de plata. Don Fermín no puede competir ante la gigante transnacional y se ve obligado a venderle la mina, que desde entonces adopta el nombre de Compañía Minera Aparcora. Ante la necesidad de abundante agua para el trabajo de la mina, la compañía muestra interés por las tierras del pueblo y de las comunidades campesinas aledañas, obligando a que se los vendan a precios irrisorios; para ello cuenta con la complicidad de las autoridades corruptas. La compañía actúa como una fuerza desintegradora que hace de todo para conseguir el máximo lucro, sin importarle los perjuicios que causa a los pobladores. Se inicia entonces un proceso de convulsión que lleva a la movilización del campesinado liderado por Rendón Willka, un comunero indio que ha vivido en la capital del país donde ha aprendido mucho. Bajo sus órdenes estallan levantamientos que son reprimidos sangrientamente por las fuerzas gobiernistas pero que son el anuncio de la rebelión final.

5.6.2 RESUMEN

La novela se inicia con la aparición de don Andrés Aragón de Peralta, jefe de la familia más poderosa de la villa de San Pedro de Lahuaymarca, en la sierra del Perú. Don Andrés, ya viejo, se sube al campanariode la iglesiadel pueblo y desde allí maldice a sus dos hijos, don Fermín y don Bruno, a quienes acusa de apropiarse de sus tierras; asimismo, anuncia su suicidio, dejando en herencia a los indios todos los bienes que aún conservaba. En efecto, se retira a su casa e ingiere veneno.

Los dos hermanos, don Fermín y don Bruno, viven en perpetua discordia. Don Bruno es dueño de la hacienda La Providencia donde viven varios centenares de indios como colonos o siervos. Don Bruno es un católico tradicional y fanático, que se opone a que el progreso llegue a sus tierras pues cree que eso corromperá inevitablemente a sus indios, al inoculárseles el llamado veneno del lucro. Un rasgo característico de don Bruno es su ardor sexual desenfrenado que lo lleva a poseer y violar a muchas mujeres, de toda raza, edad y condición social. Por su parte, don Fermín es el propietario de la mina Apark ora, que trata de explotarla prescindiendo de la voracidad de las empresas transnacionales. Don Fermín representa al capitalismonacional y desea que el progreso y la modernidad lleguen a la región, oponiéndose así a su hermano. Pero para explorar la mina necesita como trabajadores a los indios de Bruno, quien acepta entregárselos, a condición de que lo deje vivir en paz en sus tierras. Es entonces cuando entra en escena Rendón Willka, un ex indio, es decir un nativo transculturado, que ha vivido varios años en Lima y que ha perdido parte de su herencia cultural, pero que ha conservado sus valores tradicionales más valiosos. Rendón Willka es contratado como capataz de la mina, pero tiene ya el soterrado propósito de encabezar la lucha por la liberación de sus hermanos de raza y cultura.

Don Fermín empieza a explorar la mina Apark ora en busca de la veta principal, para lo cual empieza a usar la mano de obra de unos 500 indios enviados por don Bruno. El sistema de trabajo que impone es el de la mita, es decir por turnos, pero los indios no reciben jornal y solo se les da alimentos. Estos indios laboran como lampeadores y cargadores, mientras que otros obreros especializados trabajan como jornaleros. Para continuar su proyecto don Fermín calcula que necesitará más suelos con agua, por lo que enfoca su interés en las tierras de su hermano y en las de los vecinos de San Pedro. Empieza por comprar tierras de algunos de estos vecinos.

Pero el consorcio internacional Wisther Bozart, que ha puesto sus miras en la mina, infiltra en ella al ingeniero Cabrejos para que boicotee las labores y haga fracasar la exploración; de esa manera don Fermín se vería obligado a vender la mina al consorcio. Cabrejos logra la ayuda del mestizo Gregorio, quien planea una estrategia. Se sirve de las creencias indígenas sobre una serpiente gigantesca, el Amaruo espíritu de la montaña, que supuestamente vive los socavones de la mina. Gregorio da aullidos desde el interior, simulando al Amaru, a fin de asustar a los indios, algunos de los cuales efectivamente se espantan, pero de pronto ocurre una explosión dentro de la mina y Gregorio muere despedazado. Rendón Willka tiene la certeza de que el causante de esa muerte es el ingeniero Cabrejos. Gregorio estaba enamorado de una joven de San Pedro, la señorita Asunta de La Torre, quien más adelante se vengará asesinando al ingeniero Cabrejos.

Entretanto don Bruno sufre una transformación milagrosa, tras asesinar a una de sus amantes, de nombre Felisa. Abandona la vida lujuriosa, uniéndose definitivamente a una mestiza, Vicenta, de quien espera un hijo. Redimido por el amor, Bruno visita a los comuneros de Paraybamba, a quienes ayuda a elegir a su alcalde y regidores, así como les ofrece semilla para la siembra. De pronto se asoma en la plaza del pueblo don Adalberto Cisneros, un hacendado cruel y abusivo que había arrebatado sus tierras a los indios. El nuevo alcalde de Paraybamba humilla públicamente a Cisneros, a quien hace azotar y pasear desnudo por las calles. Don Bruno se despide de Paraybamba aclamado por los indios, pero el incidente con Cisneros origina después que el alcalde y los regidores sean arrestados, y que el mismo don Bruno sea denunciado por Cisneros. Ambos se encuentran en la capital de la provincia, ante las autoridades, pero don Bruno se defiende bien y Cisneros se marcha jurando vengarse.

Volviendo a la mina, al fin se encuentra la veta del metal argentífero y don Fermín viaja a Lima para tratar de formar una sociedad con capitales peruanos, ya que se había quedado descapitalizado. Sin embargo, la Whistert-Bozart tiene mucho poder e influencias y logra finalmente que don Fermín le venda la mina, tras una reunión que se realiza en un edificio capitalino. Don Fermín terminar por ceder pues no puede competir con la gigantesca transnacional. La empresa le reconoce un porcentaje de las acciones de la mina y le cancela los gastos iniciales de la exploración. Don Fermín decide invertir este dinero en la industria pesquera, adquiriendo fábricas de harinay conservas de pescado en Supe, de la que se encargará administrar su cuñado, mientras que él vuelve a San Pedro, dispuesto a ampliar y modernizar su hacienda La Esperanza.

Mientras tanto, la compañía minera necesitaba agua para represarlas en beneficio de la mina y a fin de ello consigue una orden judicial que obliga a los propietarios de San Pedro a vender sus tierras de labranza de la hacienda La Esmeralda. Los vecinos se niegan a hacerlo, y como protesta deciden quemar el pueblo, marchándose del lugar. Son acogidos temporalmente por una de las comunidades indígenas. Mientras tanto llegan las maquinarias pesadas de la compañía y cientos de indios como jornaleros. Empieza también a proliferar en la región los locales de vicios nefandos (baresy burdeles).

Don Bruno, que retorna a San Pedro, encuentra destruida la iglesia, por lo que siente honda pena. También llega don Fermín, trayendo todo lo necesario para modernizar su hacienda La Esperanza y promete que el pueblo volvería a renacer con su ayuda. Se anuncia también la llegada del hacendado Cisneros, quien quiere vengarse de don Bruno, para lo cual se entrevista con el subprefecto. Este se ofrece para matar a don Bruno a cambio de dinero, pero su plan se desbarata.

La empresa minera, continuando con la expropiación de la hacienda La Esmeralda, comienza a aplanar la pampa con máquinas bulldozer. Pero uno de los residentes de esa zona, Anto, un antiguo empleado de don Andrés (el padre de don Fermín y don Bruno) se niega abandonar su propiedad y cuando una de las máquinas ya se acercaba a derrumbar su casa, se tira contra ella con varios cartuchos de dinamita en la mano, volando en pedazos con todo.

Don Bruno se culpa de todas esas desgracias por haber contribuido con la explotación minera, y decide purificar el mundo acabando con los responsables. Encomienda a su hijo y a su mujer Vicenta a Demetrio Rendón Willka, coge sus armas y se dirige a la hacienda de don Lucas, gamonal cruel y abusivo que no pagaba a sus trabajadores y que tenía a sus indios famélicos y harapientos. Don Bruno mata a don Lucas, ante el regocijo de los indios; luego se dirige a la hacienda La Esperanza de su hermano don Fermín, a quien acusa de ser responsable de todas las desgracias del pueblo y le apunta con su revólver. Al verse amenazado, don Fermín corre pero cae herido en las piernas. Al ver lo que ha hecho, don Bruno se derrumba y llora, pidiendo que lo lleven a la cárcel. Don Fermín es trasladado a Lima donde se recupera de sus heridas, mientras que don Bruno es encarcelado en la capital de la provincia.

En la hacienda de «La Providencia», Demetrio Rendón Willka se entera de la prisión de don Bruno y la probable muerte de don Fermín. Entonces, con la aprobación de Vicenta, se proclama administrador de la hacienda y protector del niño Alberto, hijo del patrón. Los colonos trabajarían en adelante para ellos mismos, sin patrones. Esto significa ya una revolución, por lo que el gobierno envía a los guardias civiles a sofocar la revuelta que considera de inspiración comunista. Vicenta y su hijo se esconden en el pueblo de Lahuaymarca. Mientras que Demetrio se queda alentando a los indios a resistir. Los guardias irrumpen a sangre y fuego, encuentran a Demetrio Rendón Willka y lo fusilan junto con otros indios. Pero Demetrio ha cumplido la misión de despertar la conciencia de sus hermanos de raza dejando abierto el camino para la liberación.

5.6.3 ANÁLISIS

La novela presenta la imagen de una nación sometida por la penetración imperialista y, sobre todo, el problema de la modernización de la cultura indígena. Arguedas intenta ofrecer un retrato global del Perú por medio de la representación de escenarios geográficos y sociales de todo el país, aunque el foco narrativo se sitúa en la sierra. El título de la novela expresa la compleja vida nacional del Perú, en el que «todas las sangres» se entremezclan y rivalizan duramente. Pero en esta lucha no sólo está envuelto el Perú sino también un poder imperialista que pretende manejarlo.[1]

El enfrentamiento de las fuerzas de la modernidad con una cultura y una sociedad tradicionales es el principal conflicto que aborda la novela, cuya gran pregunta gira en torno a la posibilidad de lograr un desarrollo genuinamente nacional, ante la certidumbre de que ha terminado una época en la historia del país y debe construirse, sobre sus ruinas, una nueva patria. El orden destruido es el viejo orden feudal. Las alternativas que se enfrentan van desde el proyecto imperialista hasta el utópico retorno a un orden feudal, imaginado por don Bruno como un sistema natural presidido por principios morales, pasando por la propuesta del capitalismonacional, tal como lo plantea don Fermín. En la novela se invalidan estas opciones y se enfatiza la legitimidad moral e histórica de otra alternativa, representada por el comunero Rendón Willka, que podría resumirse en su sentido colectivista (en el plano social), en su adhesión a los valores quechuas (en el plano cultural), y en una cauta modernización (en uno y otro nivel).

El proyecto de Willka tiene, sin embargo, algunos componentes más ideales que reales y una limitación tal vez insubsanable: es un proyecto cerradamente campesino-serrano que desconfía y hasta rechaza la participación del proletariadoy pone en cuestión el servicio de los partidos políticos. Es un proyecto más cultural que social (aunque ponga de relieve la importancia de la organización colectivista bajo el modelo de la comunidad indígena) y más ético que político.

De todas maneras, en el curso de la novela se despliega una consistente reflexión sobre múltiples aspectos de la realidad peruana: en este proceso, precisamente porque es reflexivo, se observa la imposibilidad de comprender la dinámica nacional, integrada por las oposiciones ya conocidas, al margen de la estructura global del mundo contemporáneo.[]

5.6.4 POLÉMICA EN TORNO A LA OBRA

En 1965 el Instituto de Estudios peruanos organizó una serie de mesas redondas para discutir la relación entre literaturay sociología. La segunda de esas mesas, realizada el día 23 de junio, se dedicó a la discusión de la novela Todas las sangres, con la participación del mismo Arguedas. Este evento fue sumamente importante ya que significó la incorporación de la narrativa de Arguedas a la discusión de la literatura de su tiempo.

La mesa redonda estuvo conformada por intelectuales de izquierda admiradores de Arguedas. Todos, unos de manera cautelosa y otros de manera abierta, criticaron la obra porque habría en ella una versión distorsionada de la sociedad peruana. Comenzando con la descripción de una estructura de castas que había desaparecido ya hacía tiempo en el conjunto de la sierra peruana, así como una visión caricatural y rudimentaria de los mecanismos sociales. Estas críticas fueron devastadoras para Arguedas, quien aquella misma noche escribió estas líneas desgarradoras:

… casi demostrado por dos sabios sociólogos y un economista, […], que mi libro Todas las sangres es negativo para el país, no tengo nada que hacer ya en este mundo. Mis fuerzas han declinado creo que irremediablemente

5.6.5 CRÍTICA

Según Vargas Llosa, las críticas que se hicieron a la obra durante la mesa redonda del 23 de junio de 1965 serían válidas viéndolas desde un punto de vista sociológico. Obviamente, otro sería el análisis viendo a la novela como ficción literaria. En este aspecto, la obra también sería fallida, al carecer de un poder de persuasión interno, pues a decir del mismo Vargas Llosa, la descripción que hace de la sociedad peruana resulta profundamente falsa e inconvincente, no por apartarse de la verdad objetiva, sino por carecer de la fuerza propia que emana de los entresijos de la ficción. En otras palabras, no es muy convincente como ficción literaria. Objetivamente, hasta el momento no existe una nación peruana ni un proyecto nacional; puede decirse que hay varios núcleos nacionales, pero no ubicables geográficamente. El error que Vargas Llosa lo piensa un Perú integrado y Arguedas, uno que podía integrarse. Sin embargo, los conflictos socio ambientales y los de Vrae revelan fracturas enormes y para rato.Los académicos de Perú tienen una cosmovisión occidental, fuertemente refutada y contrahecha por la realidad social histórica del presente siglo.

5.6.6 ADAPTACIÓN CINEMATOGRÁFICA

La adaptación cinematográfica de la novela fue dirigida por Michel Gómez en 1987. En el elenco de actores de la película figuraron Ricardo Tosso, Rafael Delucchi, Pilar Brescia, Andrés Alencastre, Oswaldo Sivirichi y Juan Manuel Ochoa.

5.6.7 MENSAJE

La gran propuesta arguediana que se trasluce en esta novela es la siguiente: la cultura indígena no debe ser destruida, conjuntamente con alguna u otra forma de modernización que asimile. El pensamiento mítico es válido, también, para desarrollar una mentalidad revolucionaria que proyecte un futuro de bienestar y libertad. El ideal de nación es el de un Perú diverso, multiétnico, multicultural y plurilingüe.

5.7 “TUPAC AMARU KAMAQ TAYTANCHISMAN (HUAYLLI-TAKI)”

5.7.1 ¿SOLEDAD CÓSMICA O COMBATE CULTURAL?

Cada vez que se lee algunos textos referidos a la poética de José María Arguedas es frecuente encontrar calificativos que señalan su poesía como aquella que expresa el dolor cósmico del pueblo quechua, o que simboliza el desarraigo y la soledad: “la poesía de Arguedas expresa la soledad cósmica, el dolor milenario del pueblo quechua” (Pérez 1991;94).Probablemente el préstamo descontextualizado, la generalización y ampliación acrítica de esta idea tenga sustento en un artículo que el propio Arguedas consagro a la explicación de la poesía quechua: La soledad cósmica en la poesía quechua”(1963). Lo cierto es que la naturaleza de dicho fraseo pasa por alto algunas particularidades que tiene la poesía arguediana. En esta disertación se pretende romper con aquella lectura que, al designar la poesía de Arguedas como la que expresa la soledad cósmica del pueblo quechua, indirectamente define un campo semántico de pasividad y resignación. Mediante la explicación del himno-canción “Túpac Amaru kamaq taytanchisman (haylli-taki”/”A nuestro padre creador Túpac Amaru (himno-canción)” se mostrará que la tropología del universo poético Arguedas representa a sujetos andinos nada resignados, sino más bien beligerantes. Asumimos el poema como un manifiesto que alienta la revolución cósmica contra los históricos enemigos. Con ello no reducimos su riqueza estética o su dimensión literaria. Incorporamos más bien el discurso poético dentro de los relatos sociales o los diversos discursos que modelan la sensibilidad y construyen la historia de las naciones.

“A nuestro padre creador Túpac Amaru (himno- canción)” puede ser dividido en tres momentos que se corresponden con la distribución de elementos en el mundo representado.

En el primero se dispone a los tres agentes que desempeñarán roles importantes en la configuración significante del poema:”Túpac Amaru, hijo del dios Serpiente”, modelado como el que fue derrotado por los españoles, tiene el cuerpo lacerado y cuarteado. Cuerpos cuyas heridas sangrantes insuflen los corazones quechuas para la venganza. La palabra poética que dibuja a este personaje trama un doble referente según el histórico, Túpac Amaru puede ser el último Inca exiliado en Vilcabamba, muerto en 1572, o también el curaca de la histórica rebelión de 1780-1781. Si bien es cierto que no queda del todo determinado si es Túpac Amaru I o II, la alusión poética subraya la imagen de una resistencia y una derrota indígena por parte del poder occidental. Según el referente mítico, la construcción genealógica que se hace de Túpac Amaru alude a una divinidad, hijo de Amaru, serpiente bicéfala de la mitología andina. La relación entre lo histórico y lo mítico, entonces queda trazada desde el primer momento. ”Túpac Amaru”. ”Dios Serpiente”. “Salqantay”. “Dios montaña”. El segundo agente corresponde a “los falsos wiracochas”, son los españoles caracterizados como vencedores del Dios serpiente. Poseedores del poder, la técnica y todo el instrumental para asegurar el dominio: “ahora el corazón de los señores es más espantoso, más sucio, inspira más odio”. Ellos son los señores de la ciudad, hostiles y sanguinarios; según su sistema de valores, los indígenas son como animales. Finalmente, el personaje que levanta la voz en plural: los sobrevivientes, los desplazados y los perseguidos. Son los que invocan al Dios serpiente para que guie la revuelta del presente histórico. La invocación mítica es para que la actuación en el presente sea efectiva y triunfante. De la combinación del presente con el pasado surge el horizonte por-venir la enfática afirmación plural: “soy tu pueblo” hace que la voz personal pierda su individualidad para fundirse en la totalidad social y cultural del “pueblo”. La licencia no solo es formal. La palabra de este colectivo comunica al unísono el estado de opresión en él se encuentra. Por lo mismo señala el preparativo de la revuelta que derrota a los opresores. La experiencia mítica es también experiencia revolucionaria.

El segundo momento está marcado por la descripción de los procesos de exclusión que sufre el pueblo. La derrota de Túpac Amaru, hijo del dios Serpiente, trae como efecto la inscripción del drama del pueblo quechua. Sus tierras son expropiadas, su universo entero trastocado: ”como perro que huye de la muerte, corremos hacia los valles calientes”. Una suerte de animalización y eliminación de sus derechos caracteriza a situación y condición de la voz colectiva del poema. Pese a ello, la voz poética es notoriamente contestataria muy alejada de la resignación o la desidia: “De tu inmensa herida, de tu dolor que nadie habría podido cerrar, se levanta para nosotros la rabia que hervía en tus venas. Hemos de alzarnos ya, padre, hermano nuestro, mi dios Serpiente. Ya no tenemos miedo al rayo de pólvora de lo señores, a las balas y la metralla, ya no le tememos tanto”. A esta fuerte actitud de combate que se alimenta del drama y dolor instalado en la deidad mítica, se suma la definición del lugar de enunciación del hablante poético colectivo. No la fría y silente puna, tampoco algún poblado desierto y alejado, si más bien, Lima. La ciudad de los amos y patrones: “hemos huido y nos hemos extendido por las cuatro regiones del mundo, estoy en Lima, en el inmenso pueblo, cabeza de los falsos wiraqochas. En la pampa de comas, sobre la arena, con mis lágrimas, con mi fuerza, con mi sangre, cantando, edifique una casa”. La voz colectiva señala este desplazamiento migratorio como una estrategia de combate, como una manera de hacer frente al enemigo:” ya no tememos a la muerte”. La toma de la ciudad es como una estrategia de guerrilla que combate el centro organizador de los abusos: primero se desintegran “por las cuatro regiones del mundo”, luego se articulan en el territorio de los falsos dioses, para realizar el combate desde el arenal de comas o desde cualquier otro lugar próximo al solar de los señores. La actitud forma una nueva experiencia centrada en la migración. Esta resultaría ser un táctica legítimamente nómada que busca la restitución de los derechos perdidos y la sutura de las heridas milenarias. Es decir, dentro de la lógica que venimos explicando, no se huye del enemigo, tampoco se le confronta desde lejos, sino se aproxima y se toma su territorio. ¿Soledad cósmica del pueblo quechua o combate abierto del mismo contra los históricos enemigos?

Tercer y último momento marca el desarrollo de aquella estrategia para conquistar la ciudad. La reivindicación de la migración tiene como resaltado la imposición espiritual del pueblo quechua. Una conquista creativa y transformadora.

Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo .Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo, estamos apretando esta ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballo. Hemos de convertirla en pueblo de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montana donde la pestilencia del mal no llega jamás

Advirtamos un detalle que hasta esta última parte se ha presentado por completa: el sujeto colectivo es autor representado como aquel al que se le da muerte cual animal salvaje, o aquel despreciado como excremento de caballo. La percepción indirecta que se tiene de él es como alguien que no tiene dignidad, excluido de lo humano y próximo a la animalidad. Infrahumano. Por ello, el proyecto transformador busca revertir este sistema de valores que se ha hecho sobre el hombre quechua. La extensa cita textual que acabamos de realizar señala cuáles son los elementos: la sensibilidad figurativamente representada en el corazón, las tradiciones vernaculares y la cautivadora energía del ser trágico y sobreviviente del pasado mítico y la actualidad histórica. Aquel capital cultural y espiritual que no ha borrado la lucha contra la diferencia, ni mucho menos que ha mermado el desprecio de los patrones. Los marginados, los vilipendiados y tratados como animales, se han apoderado estratégicamente de las herramientas del enemigo para usarlos contra ellos mismos: “Aprendo ya la lengua de Castilla,/ entiendo la rueda y la máquina”.. Es lógico que la alocución ininterrumpidamente enérgica termine con la confirmación de una continuidad histórica que supone la revuelta contra los españoles: “Tranquilo espera, con ese odio y con ese amor sin sosiego y sin límites, lo que tú no pudiste lo haremos nosotros”.

La migración es el procedimiento para cercar y tomar la ciudad; luego, para aprender la lengua y las tecnologías del otro. Si en un inicio del poema el pasado mítico y el presente histórico se combinan a raíz del trato inhumano que recibía el pueblo quechua, la afirmación del colectivo “lo que tú no pudiste lo haremos nosotros” instaura el terreno de lo posible en el tiempo histórico presente. El pasado, el presente y el futuro entrelazados conforman la triada dura del horizonte utópico. Comprendido este no solo como un intento de comprender el pasado o por ofrecer una alternativa al presente, sino sobre todo como vocación y entrega para vislumbrar el futuro.

5.7.2 CONCLUSIÓN.

Al inicio de esta intervención señalamos que la generalización del calificativo poesía que expresa la soledad cósmica, o poesía que expresa el desarraigo del mundo quechua, desatendía en propiedad las características propias de la poesía de Arguedas. La sucinta explicación de los sujetos sociales representados en Túpac Amaru kamaq taytanchisman (haylli-taki). A nuestro padre creador Túpac Amaru (himno canción)” ha permitido mostrar que lejos de hallarnos frente a la figura de un sujeto resignado, contemplativo y pasivo, encontramos la representación más beligerante de su pensamiento y acción. El poema de Arguedas sugiere cuestionar aquellas lecturas que reducen el espíritu combativo del pueblo quechua. El sentido de la palabra poética parece luchar contra la representación del quechua derrotado, cautivo y abatido de muerte. Abandonar entonces, las lecturas que reducen la actitud del pueblo quechua a una condición de subordinación permitirá en cambio promover su figura desestabilizadora y beligerante que ha transformado creativa y pacíficamente la sociedad. Quizá este sea el modo de comprender el proyecto transformador del migrante: Hemos de convertir (la ciudad) en pueblo de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montañas donde la pestilencia del mal no llega jamás”.

5.8 DIAMANTES Y PEDERNALES

5.8.1 Argumento

La novela relata la incorporación del indio Mariano a la vida de un pueblo de la sierra como arpista al servicio exclusivo del terrateniente don Aparicio. Mariano es un ser talentoso y marginal a quien la incomprensión de la gente común lo ve como un upao idiota. Luego se narra el amor de don Aparicio por Irma, una mestiza a la que había raptado de un pueblo lejano, amor que es correspondido, pero estos amoríos se ven luego perturbados por la llegada de Adelaida, una hermosa joven costeña de la que el terrateniente se enamora apasionadamente. Finalmente, se narra la muerte de Mariano en manos del terrateniente como castigo por haber tocado el arpa en casa de la celosa Irma y por involucrarse en las artimañas de ésta para atraer nuevamente a don Aparicio. Como expiación a su crimen, don Aparicio abandona el pueblo yéndose lejos.

5.8.2 Época

Aparentemente los sucesos de la novela están ambientados en los años 1920, época en la que todavía existía un abismo insalvable entre los habitantes de la costa y los de la sierra, tendencia que empezaría a revertirse muy lentamente al empezar las primeras migraciones de campesinos de la sierra a la costa.

5.8.3 Personajes

  • Don Mariano, un indio, hábil arpista y cantante, a quien le dicen upa, apelativo con el que en el habla quechua se designa al idiota o persona abstraída, “el que no oye”. Siempre va acompañado de un killincho o cernícalo, a quien llama “inteligente Jovín”. Natural de un pueblo frutero, se traslada a la capital de la provincia donde es acogido por don Aparicio, fascinado por su música.

  • Don Aparicio, mestizo, joven y corpulento, terrateniente del distrito de Lambra, que se había instalado en la capital de la provincia. Es un cruel abusador de los indios y un donjuán empedernido; seduce a innumerables mujeres a quienes luego abandona.

  • Irma o la ocobambina, mestiza, natural de un pueblo lejano. Fue raptada por don Aparicio, quien la convierte en su querida favorita. Ella le corresponde fielmente.

  • Adelaida, una bella costeña, rubia y de ojos azules, que llega al pueblo acompañada de su madre. Don Aparicio se enamora intensamente de ella aunque su amor queda limitado a la manera platónica.

  • Don Félix, el mayordomo de don Aparicio.

5.8.4 RESUMEN

Los sucesos transcurren en Alk'amare, un barrio en la capital de una provincia de la sierra peruana, donde cuatro personas foráneas entrecruzan sus vidas: el arpista Mariano, el patrón don Aparicio, Irma la ocobambina y Adelaida la costeña. Mariano, un eximio arpista, a quien la gente común lo ve como un upao idiota por su carácter ensimismado, llega al villorrio acompañado de su cernícalo (killincho), a quien llama “inteligente Jovín”. Era originario de un pueblo frutero cercano, del que partió instigado por su hermano Antolín, quien le aseguró que en la capital de la provincia triunfaría pues los arpistas eran muy apreciados y solicitados.

En Alk'amare Mariano conoce a don Aparicio, joven terrateniente que tiene bajo su mando a mil indios. Este personaje era también foráneo pues provenía de Lambra, donde tenía latifundios. Don Aparicio se siente fascinado por la música de Mariano y lo acoge, tratándole de “don”, pero le obliga a que toque solo para él.

Don Aparicio es un enamorador empedernido y seduce a muchas mujeres, siendo su preferida una mestiza llamada Irma, natural de Ocobamba, a quien había raptado separándola de su familia. Sin embargo, al llegar al pueblo la joven costeña Adelaida, don Aparicio queda deslumbrado con la belleza de esta mujer, rubia y de ojos azules. Él asume que lo que siente por Adelaida es amor, ya que ésta le genera un dolor que ni siquiera la música de don Mariano logra calmar. Don Aparicio colma de regalos a la recién llegada y de esta manera se siente con dominio sobre ella, aunque sin saber para qué la quiere.

Todo ello entristece a Irma, quien se había mostrado fiel al terrateniente. Celosa, trama un plan para recuperar el amor de don Aparicio: lleva con engaños a don Mariano a su casa y lo oculta. Cuando llega don Aparicio, Irma empieza a cantarle, siguiéndole don Mariano con los acordes de su arpa, tal como habían acordado. Pero don Aparicio se da cuenta de la presencia del arpista y se enfurece, pues considera este acto como una traición. Don Mariano siente mucho pesar y espera al patrón en la puerta de su habitación para pedirle perdón, pero don Aparicio no acepta sus disculpas y le pide que se marche. Pero ante la insistencia de don Mariano, don Aparicio pierde el control y lo lanza por la baranda desde el segundo piso hacia el patio. Producto de la caída don Mariano muere.

Don Mariano es velado en casa de don Aparicio y enterrado con una ceremonia digna de un comunero grande. Esta muerte pesa mucho al joven terrateniente y sirve para que empiece a redefinir su existencia disipada.

Don Aparicio planea vengarse de Irma: imagina casarse con ella para hacerla sufrir toda la vida, pero finalmente decide dejarla ir. Asimismo, se despide fríamente de Adelaida antes de alejarse, montado en su potro negro y llevándose al cernícalo de don Mariano, a quien alimenta con un pedazo de carne que destaja del cuello de su propio caballo. Su partida hacia un lugar indefinido tiene como propósito expiar de alguna manera su culpabilidad en la muerte del arpista

5.8.5 CRITICAS

LA PASIÓN SÁDICA EN DIAMANTES Y PEDERNALES

La narrativa de José María Arguedas (1911-1969) ha sido enfocada permanentemente desde el conflicto económico y social. Referencias y luchas sobre terratenientes poderosos y opresivos que subyugan a indios o lacayos pobres y lastimeros es lo que se observa en los estudios acerca de tal autor; pero también se aborda con miradas míticas y del lenguaje.

Cuando aparece Diamantes y Pedernales, en 1954, Arguedas ya había publicado el libro de cuentos Agua(1935) y la novela corta Yawar Fiesta (1941). En ambos títulos ya se bosquejaba la separación o confrontación entre dos mundos, el de los indios y el de los blancos, aunque ambos compartan un espacio geográfico común: la sierra peruana

Quizá esa inclinación por analizar casi exclusivamente el abuso del terrateniente sobre el pobre pongo, sea la razón para que DIAMANTES Y PEDERNALES hayan sido obviados o marginada como objeto de estudio. Porque en esta novela breve lo que resalta es el comportamiento anómalo, signado por la crueldad, por el sadismo de uno de los personajes, don Aparicio, que no puede ser otro que un terrateniente, blanco o misti, dueño no solo de los animales y objetos de su hacienda de Lambra, sino también de las personas.

Que el blanco terrateniente tenga esta característica de sadismo y quien sufra la crueldad sea el indio, que el misti sea el demonio depositario de todos los males, y que el indio, el pongo, la servidumbre encarnen la bondad y la inocencia mancillada, es decir, una temática más bien moral y sicológica. Y a pesar de las diferencias sociales y económicas, don Aparicio, el patrón, y don Mariano, su sirviente, se parecen pues uno y otro tienen sus propios conflictos individuales.

Don Aparicio, el malo, el perverso, el demonio, se parece a otros personajes de la narrativa general de Arguedas. En este aspecto, hay coincidencia con ciertos cuentos, especialmente “El vengativo”, en el que don Silvestre también es un sicópata sádico.

Sádico es un calificativo que le conviene a don Aparicio de Diamantes y pedernales.Si el sadismo consiste, según palabras del diccionario de la Real Academia Española, en la crueldad que se comete en otra persona, con placer de que la ejecuta entonces don Aparicio es un sádico, tiene la pasión sádica. Pero ese placer carece de referencias precisas, en cambio el sadismo se convierte en un modo de ser, en un desenvolvimiento frecuente en el que prima la agresión. Se descarta entonces el sadismo de índole sexual, temática poco abordada en la narrativa del autor. Tres son los seres que sufren este escarnio: el arpista Mariano; la ocobambina Irma; y el caballo preferido, tanto que lo llama cariñosamente “gran volador”. Con los tres, don Aparicio guarda una relación ambigua, pues los quiere pero los maltrata; este maltrato es físico con el músico y con el animal; sicológico con su amante Irma.

5.8.6 EL AFECTO – DESPRECIO

La relación de don Aparicio con Mariano puede revelar la personalidad o el espíritu inestable y violento del propietario de la hacienda de Lambra. Por momentos se muestra afectuoso y agradecido porque tiene la sensación de que cuando escucha la música del arpista, se apaciguara su alma atormentada; incluso tiene tendencia a la confesión:

Don Mariano, a ti no más te dejo tranquilo, por su canto; por tu arpa también le decía el corpulento señor de Lambra, paseándose lentamente en la sala, a la luz temblorosa de la única vela que prendía en el candelabro. (Arguedas 1983:37).

Está claro que el hacendado sentía fascinación por la música andina, por la ejecución magistral del arpa en manos de Mariano. Hay que observar, además, el tratamiento de Don que le otorga, lo que ya significa una distinción, una vinculación especial con respecto a los otros integrantes de la servidumbre. Don Aparicio no tiene ningún recelo para solicitar, entre soberbio y humilde, los huaynos de su preferencia: “Palomita del campo”, “El sauce ingrato”. Pero esta debilidad por el arte del siervo le preocupa; además, el patrón quiere sentir el deleite musical solo él y nadie más que él. En tal sentido. Se puede entender lo que amenaza:

Al primero que arrastre a Don Mariano a tocar en cualquier casa ajena, lo mato a puntapiés –había dicho Don Aparicio en muchos sitios y en forma rotunda-.¡Lo mato a puntapiés! Aquí hay más de veinte arpistas, nadie necesita de Don Mariano.

Tal exclusividad sorprende si se considera que Mariano es un “upa”. En la misma obra explica el significado de tal palabra, a todas luces ofensiva y degradante en la dignidad y humanidad de quien la recibe:

Los indios llaman “upa” (el que no oye) a los idiotas o semi-idiotas. El músico Mariano tenía algo de upa: iba a ver la fiesta de los barrios, y contemplaba los grandes bailes de indios y mestizos, los convites fastuosos, las danzas, desde lejos.

¿Es suficiente que el upa haya acompañado con su música a Irma que quería aliviar su despecho porque el patrón se iba con otras mujeres?. La reacción cacera de lógica, salvo que se piense en su inestabilidad emocional y en su inclinación hacia el mal. Se debe recordar que él la llama así mismo “endemoniado”, “maldito” cuando golpeaba contra la pared alguna amante que le rogaba que se quedará en la cama hasta el amanecer.

Esta naturaleza violenta descargada contra un ser de naturaleza inocente e inofensiva tiene escenas indescriptibles; primero arremete contra el arpa que queda convertida en añicos y después emprende contra el músico:

Entonces él dio un paso violento arrastrando al “upa”, y lo alzo después agarrándolo del cuello y de las piernas, corrió hacia la baranda y lo lanzó al aire. No grito al caer; ni un quejido oyó el patrón de Lambra, solo el ruido del cuerpo al estrellarse sobre el empedrado del patio.

La pudorosa crítica peruana todavía está postergando el estudio de este crimen, a pesar de que se comete contra un probable símbolo del arte vernacular. El estudio de la pulsión de la muerte física, concreta, o de la muerte en vida, metafóricamente hablando, también contribuye a la ampliación del horizonte narrativo de Arguedas.

5.8.7 LA RESIGNACIÓN Y SUMISA IRMA

La sed de violencia, de causar daño, de encarnar el mal se puede observar así mismo en la segunda vinculación tormentosa de don Aparicio, ahora con Irma. La conoció en el pueblo de Ocobamba, al cual viajo para realizar un trato comercial. La corteja, la adula con una yegua fina, y por fin ella sale de su casa en la madrugada. A este hecho en la novela se le llama el rapto de Irma y se agrega que es una aventura corriente. En efecto, se entiende en el relato que así conseguía don Aparicio a sus mujeres.

No se puede hablar exactamente de amor entre don Aparicio e Irma. Más bien es el trato del dueño con una persona que forma parte de su propiedad, ni más ni menos que como si fuera su objeto. Aquí hay un acuerdo tácito, pues Irma escucha los galanteos sin tener ninguna posibilidad de rechazo o de retirada. Sabe, además, que existen otras mujeres que harán todo lo posible por propiciar que el capricho de rijoso hacendado pase rápido. Y aquí surge la relación reciproca pues aun sádico le corresponde como complemento una masoquista. Obviando, asimismo, el componente sexual para entender la palabra en un sentido más amplio, la conducta de Irma está marcada por la resignación, la sumisión, la humillación; en pocas palabras, soporta con humildad el sufrimiento que le inflige el amo.

Incluso el narrador afirma que agrandaba sus penas cantando acompañada de una guitarra que ella misma ejecutaba. En un papel, el personaje puede llegar a una situación extrema:

“Cuando él se case con otra, me mataré; mientras no se case seré la preferida. ¡Quién sabe, pues; quien sabe!”, reflexionaba.

Por su parte el dueño de Lambra ya tiene fijado un destino para la ocobambina: - Me casare con ella, temprano, al amanecer. Y la haré sufrir toda la vida. No saldrá ni a ver los árboles de pisonay de la plaza”.

A Irma la condena su pasividad, la suposición de que por ser pobre debe soportar toda clase de humillaciones. como justificación para su abúlico proceder.

¿Cómo puede explicarse el amor de Irma por el hacendado? ¿Es verdaderamente amor? Más bien parece la atracción de una muchacha que ve colmada su vanidad, porque el patrón la escogió. Se siente bien ante esa preferencia; por eso lleva con firmeza su aislamiento y solo le basta la confianza y amistad de Mariano, pero recordemos que el arpista es un desvalido mental. Tampoco está preocupada por el furor uterino de ser madre, pues no se manifiesta en el relato una esperanza o una fantasía de tener un hijo con su dueño.

En Diamante y pedernalesno hay amor, solo deseo, un deseo brutal, cruel, que produce daño en la mujer; un deseo envilecido, pues la satisfacción sexual va acompañada de una devaluación del objeto deseado. Con razón.

Junto a Irma, como estamos diciendo, aparece otro personaje: la rubia Adelaida. Solamente desempeña un papel decorativo, con fugaces apariciones. En términos generales, el personaje decorativo no aporta nada a la acción ni posee significado particular alguno Sin embargo, su presencia refuerza la idea de que don Aparicio esta siempre detrás de una mujer para conquistarla, hacerla suya y dejarla, aunque todo esto queda como alusión, pues con la gringa, el hacendado no llega a conseguir nada, no porque ella no lo quiera sino porque no se desarrolla en la obra. Hay si en su escasa intervención una frase que sirve para enfatizar la personalidad del protagonista: “serrano bárbaro” porque observa en él unas formas inusuales de cortesía, marcada por la brusquedad, por la heterodoxia del gamonal que cree que lo puede conseguir todo.

5.8.8 EL HOMBRE CONTRA EL ANIMAL

En la concepción de los lugareños de Lambra, don Aparicio representa el mal, la perversión. Los comentarios de vecinos de un pueblo chico son insistentes acerca de las rarezas del comportamiento del señor de la comarca. Siempre con alusiones, es decir, sin desarrollo de lo que se manifiesta en la obra, se tiene esta muestra:

Dice que don Aparicio hizo caminar de cuatro patas a varios señores y que a algunos los monto todavía.

Dicen que a don Esteban lo hizo subir al mostrador para que discurseara…

Dicen que don Aparicio se reía como un condenado y hasta en la plaza retumbaban sus carcajadas. (Arguedas 1983:36)

El imaginario local, entonces, tiene una acertada visión acerca de la extraña personalidad del hacendado basado en comentarios conforme se aprecia en el uso del verbo impersonal “dicen”. Hasta ahí tenemos la regularidad de la percepción dentro de la anomalía de su desenvolvimiento. Don Aparicio es proclive al maltrato contra los seres humano. Pero por el exotismo de esta conducta alcanza su exacerbación cuando en una acción que carece de toda lógica arremete contra “Halcón” el noble caballo que incluso se desempeña como compañero de aventuras. So pretexto de que no había carne para el cernícalo del “upa” procede del siguiente modo:

Se puso de pie. Saco una cuchilla de su bolsillo. Abrió la hoja más grande y la afiló en el pilar. Se acercó al potro. –Tú gran volador, le darás tu carne. Le tomo un trozo del cuello, le agarro duro con la mano izquierda, y de un fuerte tajo lo cortó. El mayordomo. El potro dio un salto atrás… (Arguedas 1983:83)

Todo esto que sucede en Lambra es como una maldición, por el hecho de ser un pueblo grande. Así se entiende cuando el narrador interno establece una comparación respecto a las pequeñas aldeas del interior, pues no había por esos rumbos terratenientes voraces y crueles” (41). La comparación es patente con su enseñanza implícita: los hombres vive en mejor, sin sobresaltos, dentro de una paz idílica en los pueblos pequeños, en los que todos los vecinos se conocen y se vive para la danza.

5.8.9 LA RECEPCION DE DIAMANTES Y PEDERNALES

Temprano no más, en 1955, Carlos Eduardo Zavaleta, bajo el seudónimo de Telemaco tuvo un juicio duro sobre esta novela de Arguedas. Estimaba que la índole de sus relatos nos lleve a la autenticidad serrana “dicho espíritu se manifiesta aun a través de su imperfección narrativa” (Zavaleta 1955:79) Sí, imperfección narrativa, eso es lo que afirma Zavaleta en el quizá primer comentario sobre la narrativa de Arguedas hasta ese momento. Porque la opinión trata sobre los tres libros del autor apurimeño publicados hasta 1954.

Luego de sugerir que el lector debe aceptar el impacto de ruda belleza, ese mismo lector debe atestiguar que la narración avanza a saltos y los cambios de escenarios y personajes, son súbitos, semejantes a hachazos. Refiriéndose a Diamante y pedernales, “Telemaco” asegura que una de las anécdotas (la de Irma) prosigue aun cuando el tema haya concluido. En compensación sostiene que los primeros capítulos son de los más logrados. (Zavaleta1955:79 y 90)

Hoy, con tantos lectores que veneran a Arguedas, esta opción critica puede parecer una injuria. Pero para ser honesto en nuestra percepción, a veces da la impresión que el autor de Aguamuestra una riquísima materia que debió tener más cuidado en su expresión. Por eso decíamos que hay pocos trabajos interesados en la estructura narrativa de Arguedas.

Después de un amplio lapso, en 1979, Zavaleta reconoce que ese artículo de 1955 era algo irreverente para una figura prestigiosa. Agrega que la crítica peruana por ese tiempo no se atrevía a poner peros a las obras de autores nacionales, pues los silenciaba del todo o los elogiaba en exceso. Enseguida, establece un balance; se equivocó al subestimar a Aguay Yawar fiesta, pero acertó al sostener que Arguedas le faltaba dominar su lenguaje y que tampoco dominaba la estructura del cuento y la novela

En el balance, mantiene su idea esencial: a Arguedas le faltaba hasta 1954, un par de atributos fundamentales: la ausencia de dominio del lenguaje y de dominio de la estructura del cuento. En otros términos, largos años después, es como si Zavaleta estuviera contra la invención de autores mitos en nuestra narrativa, que se debería dejar de lado el apasionamiento para poder juzgar a los escritores en sus virtudes y sus defectos.

Mencionaremos ahora a un estudioso de la novela peruana poco mencionado: Mario Castro Arenas. Lo hacemos porque ya estamos reiterando que Diamante y pedernales ha tenido poca fortuna como objeto de investigación; recurrimos a los que abordan esta novela aunque sea en forma breve, como es este caso. En unas cuantas líneas se nos dice que el libro enfoca la historia de un señor principal, lujurioso y violento, quien impone su dominio sobre indios, mestizos y lacayos, así como sobre las doncellas. Indica que su contrapartida es don Mariano músico prodigioso, indefenso y tierno (Castro s.a.:238).

Se puede apreciar que se enfatiza el rasgo sicopatológico del hacendado don Aparicio: lujurioso y violento. Ambas marcas hemos tratado de destacarlas en la ponencia. La atención se centra en el personaje misti; también en el desvalido don Mariano; ambos representan una polaridad no solo social y económica, sino sobre todo sicológica.

Considerado uno de los estudiosos más importantes de Arguedas, Antonio Cornejo Polar, en un primer momento, descarta el plano Diamantes y pedernales como objeto de investigación. Se ha dedicado a desentrañar toda la obra narrativa de Arguedas, menos el título que citamos. En su libro Los universos narrativos de José María Arguedasse lee en la introducción.

El presente estudio intenta ofrecer una imagen global de la obra narrativa de José María Arguedas. Sin duda reconocemos los riesgos de tentativas de esta índole, especialmente cuando se carece de aportes monográficos suficientes… (Cornejo 1973:12 – 13)

En esta “imagen global” no tiene cabida Diamantes y pedernales, no encontramos en el volumen la razón por la que se excluye, pero se puede suponer que dicha ficción no incide en la problemática económica y social. La justificación de esa ausencia la vamos a ubicar varios años después.

Luego sostiene que, si bien la comparación con las otras novelas no le es favorable, ahora piensa que Diamantes y pedernales tiene mucha mayor significación de la que originalmente pudo captar (Cornejo 1997:138).

La significación de la novela para Cornejo radica en la importancia de la música, en la simbolización de la música como organizadora de la vida de la comunidad y como pacificadora ante la violencia de la clase terrateniente. Propone que el valor de la música indígena se opone a toda manifestación maligna, en especial al encadenamiento del sexo y el pecado. (Cornejo 1997:139-140)

Aquí el sexo está asociado al pecado, pero al estudioso no le interesa desarrollar esa contienda moral, sino el contexto cultural en el que puede simbolizar la importancia de la música indígena. Este es el tema que desarrolla en el “Excurso” que incorpora a la segunda edición de su libro.

Mario Vargas Llosa en La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996), se aleja de la música que le interesó a Cornejo. Relacionando hechos, personajes, tiempos, espacios e interpretaciones de la narrativa de Arguedas formula algunas ideas sobre Diamantes y pedernales, apelando a la personalidad singular de don Aparicio y de don Mariano. Detalla primero la violencia de personajes de diversas ficciones para aludir también a Diamantes y pedernales.

Y el don Aparicio de “Diamantes y pedernales” perpetra crueldades vertiginosas, como despedazar contra las baldosas a su dócil arpista y cortar en vivo a su potro una lonja de carne.(Vargas 1996:88)

Vargas Llosa también se detiene en el probable masoquismo de ciertos personajes:

La compasión por el débil, por el indefenso, por la víctima en esta sociedad disimula - aunque a veces la disimula sin tapujos- una tendencia a la autocompasión, e incluso, un latente masoquismo: el hombre se complace en sufrir para poder apiadarse de su sufrimiento. (Vargas 1996:91)

En Diamante y pedernalesllora el “upa” Mariano y llora la amante Irma. Llora los más desvalidos, los marginales, los que dependen de otros, los que no pueden concretar una superación en cualquier nivel de la existencia. El lector está tentado a considerar que el sufrimiento es una forma de autocomplacencia.

El llanto y el sufrimiento, el diseño lastimero de los personajes no se agotan en Diamante y pedernales, reaparecen con fuerza en la novela extensa Todas las sangres(1964). Pero esa es ya otra novela.

5.8.10 SOBRE LOS RÍOS PROFUNDOS EL TIEMPO DE LOS ENCUENTROS

Relato de viajes y de encierros, de revelaciones íntimas y descubrimientos épicos, Los ríos profundos(1958), de José María Arguedas, traza -por medio de la historia que narra y de la voz que la vierte- un poderoso drama ético y cultural. El personaje central de ese drama, figura al mismo tiempo ejemplar y única, tiene que encontrar su definición y su sitio en "un mundo de monstruos y de fuego, y de grandes ríos que cantan con la música más hermosa al chocar contra las piedras y las islas". Crónica de una educación sentimental en los Andes y retrato del artista adolescente en el Perú de las primeras décadas del siglo XX, la segunda novela de Arguedas es -en su intenso claroscuro-uno de los libros capitales de nuestra literatura.

A los catorce años, interno en un colegio católico de Abancay, el protagonista de Los ríos profundosdebe cruzar el umbral riesgoso que separa la niñez de la juventud; décadas más tarde, ya adulto, da cuenta de esa temporada decisiva. Así, la novela se presenta como una ficción autobiográfica. Las vicisitudes infantiles de Ernesto, alter ego de Arguedas, habían ocupado las páginas de "Agua" y "Warma Kuyay", dos de los tres cuentos que en 1935 formaron la primera edición de Agua. Los ríos profundosencuentra a su personaje en el paso de una edad a otra: en esa encrucijada del crecimiento, el entrañable héroe de la novela se siente solo y se percibe vulnerable, pero no está dispuesto a rendirse. Tiene a su favor los dones de la palabra y la observación, así como el patrimonio de sus recuerdos: el oficio de la escritura -que, con los años, será el suyo- depende de esos filtros de la experiencia. Criatura en crisis, ser en estado de zozobra, Ernesto libra una ardua brega cuyo escenario principal, se diría, se encuentra en su cuerpo y en su mente. En carne propia, con visceral y poética insistencia, repercuten las tensiones de una sociedad premoderna donde, en quechua y castellano, pugnan indios, mestizos y señores. De hecho, la formación del individuo -o, mejor dicho, un lapso crucial de esta- orienta el argumento y determina el tema de Los ríos profundos.

El Cusco, donde se inicia el relato, es el centro simbólico del mundo al que pertenece el protagonista. Destino del peregrinaje, la antigua capital de los incas tendría que ser el sitio del bienestar y del reposo. Por el contrario, se convierte en una escala turbadora de la existencia, pues en ella impera una semifeudalidad andina que, dentro de la novela, es semejante al Mal -a la vez metafísico y tangible- de las novelas góticas. "Los señores avaros habrían envenenado quizás, con su aliento, la tierra de la ciudad", conjetura Ernesto al partir con su padre, fracasado el "extraño proyecto" que los había llevado hasta la residencia del Viejo, el pariente cruel y devoto, señor de cuatro haciendas, que usurpa el lugar utópico de la autoridad legítima. Esa atmósfera maldita, sin embargo, no anula la experiencia de lo sublime, que arrebata a Ernesto durante su ritual privado ante el muro del palacio de Inca Roca o cuando de noche escucha, transido, "el canto de la María Angola", la campana de la catedral. Para la sensibilidad a la vez alerta y febril del protagonista, en el Cusco -como, luego, en Abancay- se representa la tragedia de la comunicación en una sociedad bilingüe y dividida por ancestrales barreras étnicas y de clase. En esa tragedia, donde el saber mítico y la densidad histórica se conjugan, él es el actor que hace de testigo.

En "La novela y el problema de la expresión literaria en el Perú", Arguedas confiesa que a principios de los años 30, mientras se esforzaba por darle forma a los relatos de Agua (1935), le "alumbraron el camino" dos libros: El tungsteno, de César Vallejo, y Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes. Los ríos profundosmuestra -sin calco ni copia, por cierto- que, en las décadas siguientes, Arguedas no habría de olvidar el relato elegíaco de Güiraldes. En efecto, Los ríos profundoses también una novela de aprendizaje, como aquella en la cual Fabio Cáceres -que, al comenzar la historia, tiene la misma edad que Ernesto- evoca sus andanzas por la pampa argentina con su mentor, el gaucho Sombra. En ambos textos, la crisis adolescente se presenta como una búsqueda del sentido de la socialización; en los dos, el vínculo estrecho con el paisaje natural y con la cultura popular nutre y fortalece al personaje durante un estadio crucial de su vida. Hay, sin embargo, una diferencia de fondo. En la novela de Arguedas no hay un maestro que, armoniosamente, guíe al púber por la ruta de su formación. De hecho, las figuras masculinas de autoridad -el padre biológico o el Padre Linares, "santo predicador de Abancay y director del colegio"- son, en un sentido radical, ambiguas. En rigor, no son modelos de conducta, sino objetos de observación. Como señala Franco Moretti, el sub-género de la novela de aprendizaje se bifurca en dos grandes vertientes: en una, el héroe se integra al orden adulto; en la otra, esa integración es problemática o imposible. Don Segundo Sombrailustra, sobriamente, la primera opción. Los ríos profundos, con agónica intensidad, ilumina la segunda.

La memoria, al modo de un horizonte retrospectivo, orienta al sujeto de la historia y del discurso. En la ceremonia de la escritura, el narrador adulto intenta recobrar el pasado, pero el mismo impulso lo define también a los catorce años. La nostalgia no alude necesariamente a un tiempo feliz, sino más bien a la herida melancólica de la pérdida. Eso vale tanto para el cronista maduro como para su encarnación adolescente. Uno de los pasajes más hermosos y conmovedores de la novela, que los entrega generosamente, comienza con estas palabras: "En esos días de confusión y desasosiego, recordaba el canto de despedida que me dedicaron las mujeres, en el último ayllu donde residí, como refugiado, mientras mi padre vagaba perseguido". Reveladoramente, la imagen que invoca Ernesto para afirmarse es la de la separación, la del momento en que ha de abandonar el que ha sido para él un sitio de plenitud y amparo. "La impagable ternura en que vivo", dice el narrador, se la debe a los miembros de la comunidad. La letra del haraui del adiós, transcrita íntegra y en versión bilingüe, expresa la esperanza del reencuentro, pero no hay indicios en la novela de que Ernesto haya vuelto a visitar a sus protectores: la comunidad indígena es un paraíso perdido.

Son más las tinieblas que las epifanías en la experiencia del protagonista. Sin embargo, Los ríos profundosno es una memoria del fracaso personal y del triunfo de la injusticia. Hasta los pongos -esos siervos que, reducidos al borde inferior de lo humano, parecían haber olvidado hasta su propia lengua- invaden, en una procesión que las autoridades habían prohibido, la ciudad de Abancay. Ernesto, a su vez, termina por vencer el cerco del internado y se imagina, libre, lejos del sitio de su enclaustramiento. Los conflictos que laceran la realidad representada no se resuelven, pero la última palabra no la tienen quienes mandan y oprimen, aunque sean tan elocuentes como el padre Linares o tan imperativos como el Viejo. Esa palabra le corresponde al testigo que en la crónica del aprendizaje da fe, con sobrecogedora e inspirada dicción, del mundo donde fue puesto a prueba.

5.9 WARMA KUYAY

Agua. Los escoleros. Warma kuyay, o simplemente Agua, es un libro de cuentos del escritor peruano José María Arguedas publicado en 1935. Fue el primer libro publicado por este autor, que entonces tenía 24 años de edad. Correspondiente al movimiento indigenista, obtuvo el segundo premio en el concurso internacional promovido por la Revista Americanade Buenos Aires y fue traducida al ruso, alemán, francés e inglés por La Literatura Internacional, de Moscú. La edición original la conformaban tres cuentos, especificados en el título de la obra.

Desde 1931 Arguedas era estudiante de la Facultad de Letras de la Universidad de San Marcos en Lima y entre 1933 y 1934 publicó sus primeros cuentos que aparecieron en la prensa local. Estas primeras obras convencionalmente se calificaron de «indigenistas», aunque ya se distinguían notoriamente de los relatos de Enrique López Albújar y Ventura García Calderón, hasta entonces los más conspicuos representantes del indigenismo literario en el Perú. El mismo Arguedas explica los motivos que le impulsaron a escribir:

Yo comencé a escribir cuando leí las primeras narraciones sobre los indios; los describían de una forma tan falsa escritores a quienes yo respeto, de quienes he recibido lecciones como López Albújar, como Ventura García Calderón. López Albújar conocía a los indios desde su despacho de juez en asuntos penales y el señor Ventura García Calderón no sé cómo había oído hablar de ellos... En esos relatos estaba tan desfigurado el indio y tan meloso y tonto el paisaje o tan extraño, que dije: "No, yo lo tengo que escribir tal cual es, porque yo lo he gozado, yo lo he sufrido" y escribí esos primeros relatos que se publicaron en el pequeño libro que se llama Agua

La aparición de la colección Aguaen 1935 inauguró pues una nueva etapa en la historia del indigenismo literario en el Perú.

5.9.1 ÉPOCA

La obra fue publicada a mediados de la década de 1930, pero los sucesos que relatan se inspiran en episodios de la niñez del autor, es decir la década de 1920, episodios que sin duda están distorsionados y con la carga de fantasía propia de las creaciones literarias. En cada uno de los tres relatos el protagonista es un adulto que narra en retrospectiva, rememorando su infancia: en Aguay Warma Kuyayse llama Ernesto, y en Los Escoleroses Juan o Juancha. En todos ellos podemos identificar al Arguedas-niño.

5.9.2 ESCENARIOS

Las tres historias que conforman dicho libro se inspiran en sucesos de la niñez del autor, durante su estancia en la provincia de Lucanas, junto con los indios de las comunidades. Los tres escenarios son:

  • San Juan de Lucanas (Agua)

  • Ak’ola (Los escoleros)

  • La hacienda Viseca, cercana a Puquio, la capital de la provincia (Warma Kuyay).

5.9.3 LOS TRES CUENTOS

5.9.3.1 Agua

Este primer relato está ambientado en San Juan de Lucanas y trata sobre un reparto de agua para las comunidades por disposición de don Braulio Félix, el principal o hacendado más poderoso. La ausencia de lluvias hace necesaria una repartición justa de las aguas canalizadas, pero don Braulio suele otorgarla a sus amigos y allegados, propietarios blancos o mestizos como él, mientras que las tierras de los comuneros indios se secan. La repartición, como cada semana, se realizará en la plaza del pueblo donde se convoca a los pobladores. Llegan el niño Ernesto y el cornetero Pantaleón (Pantaleoncha o Pantacha); luego se asoman otros muchachos o maktillos; todos ellos son escoleroso escolares. Oyendo la música interpretada por Pantaleoncha todos se divierten. Los primeros comuneros en llegar a la plaza son los tinkis, que se precian de ser los más valientes y osados; luego aparecen los de San Juan o sanjuanes, los más miedosos. Pantaleoncha, quien había vivido un tiempo en la costa, trata de infundir ánimos en los comuneros para que se enfrenten a los abusos de don Braulio. Mientras tanto llega a la plaza don Pascual, el repartidor de agua o semanero, quien ya está decidido a contrariar la voluntad de don Braulio dando el agua de la semana a los comuneros pobres que más la necesitan. Llega finalmente don Braulio, borracho, quien da la orden para iniciar la repartición, pero al oír que el semanero solo otorgaba agua a los comuneros, se enfurece, saca su revólver y balea a todos. Los comuneros huyen, y entonces Pantaleoncha empieza a gritar para animarlos a la resistencia, pero una bala disparada por don Braulio lo alcanza en la cabeza y cae herido de gravedad. Ante tal situación, nadie ya se atreve a enfrentar al enloquecido patrón. Solo el niño Ernesto se llena de coraje y lo enfrenta, llamándolo ladrón y arrojándole la corneta de Pantaleoncha, que acierta en la cabeza de don Braulio, haciéndolo sangrar. Mientras que sus ayudantes le rodean para atenderlo, Braulio brama ordenando que disparen al niño. Pero éste logra huir y se va a la comunidad de Utek’pampa, cuyos comuneros, a diferencia de los tinkisy sanjuanes, eran indios libres que se hacían respetar.

5.9.3.2 LOS ESCOLEROS

Los escoleros son los escolares de la comunidad de Ak’ola. El relato empieza presentando a tres de ellos: Bankucha, Juan (Juancha) y Teófanes (Teofacha). Bankucha es el mayor y el cabecilla de todos; los demás lo ven como ejemplo y tratan de imitarlo. Todos son muchachos de entre 12 y 14 años. Teófanes es huérfano de padre y vive con su madre; juntos crían una vaca lechera llamada la Gringa, que es su tesoro más preciado; la llamaron así por ser de pelaje blanco. Es la mejor vaca del pueblo, lo que provoca la envidia del hacendado don Ciprián, dueño del distrito, quien ofrece por ella mucho dinero, siendo rechazada su oferta por la viuda. Juan es hijo de un abogado que trabaja para don Ciprián, y temporalmente se halla alojado en la casa-hacienda, porque su padre se hallaba de viaje; allí es testigo de la violencia de don Ciprián contra su propia familia y subordinados. Juan teme la venganza de don Ciprián contra la Gringa, pero junto con Teófanes y el resto de los escoleros promete defender a la vaca, a la que querían como a una madre. A pesar de ser mestizo Juan se siente más identificado con los indios. Un día don Ciprián se ausenta, diciendo que iría a requisar los «daños», es decir ganado que invadía sus tierras situadas en la puna (región alta). Esos días de ausencia del malvado patrón fueron de felicidad para los habitantes del pueblo; la patrona (esposa de don Ciprián) organiza una reunión en la casa-hacienda, donde los indios cantan y bailan. Otro día Bankucha y el resto de escoleros se dedican a amansar chanchos en la plaza del pueblo que luego trasladan al chiquero. Hasta que una noche retorna el patrón y Juan ve de lejos que trae un animal blanco, presintiendo que es la Gringa. Al principio no quiere creer que don Ciprián se atreviera a entrar como ladrón a corral ajeno, pero al día siguiente confirma su temor. Teófanes y su mamá van a reclamar al patrón, pero éste les exige 20 soles de compensación pues aducía que encontró a la vaca pastando en sus tierras, lo cual era falso. La viuda lo desmiente y llena de ira insulta al patrón. Luego, por intermedio de Juan, don Ciprián le ofrece 80 soles como pago por la vaca, reconociendo que, efectivamente, lo había sacado de su corral, pero que lo hizo por no aceptar el hecho de que siendo la mejor vaca del pueblo no fuese suya; en caso de no aceptar su oferta amenaza con llevarla al matadero, en la costa. Pero la viuda rechaza tal oferta y vuelve a injuriar al patrón. Fuera de si, don Ciprián va al corral, saca su revólver y dispara dos tiros en la cabeza de la vaca, ante el estupor de Juan, que abraza el cuerpo muerto del animal y llora inconsolablemente. Ese mismo día, Juan y Teófanes son llevados a latigazos a la cárcel, donde lloran largo rato hasta que el sueño los vence. El patrón vivió por algún tiempo más, sin que nadie intentara frenar sus abusos, hasta que murió de viejo. Pero el odio de los indios hacia sus explotadores continuó, acrecentándose día a día.

5.9.3.3 Warma Kuyay

Warma Kuyay significa en quechua «amor de niño». Es el relato del amor del niño Ernesto, mestizo pariente de los patrones, por una india adolescente, la Justina. Ella prefiere al Kutu, un joven indio y novillero, empleado de la hacienda Viseca, donde ocurren los hechos. Cierto día el patrón, don Froylan, abusar sexualmente de Justina y Ernesto le pide al Kutu que asesine al ofensor, pero el novillero se niega por «ser indio», es decir, socialmente inferior. Esto causa el repudio de Ernesto hacia el Kutu, a quien califica de maulao cobarde. Hasta que un día el Kutu, hastiado de las humillaciones, se marcha de la hacienda, dejando a la Justina. Ernesto mantiene su amor por la muchacha aunque sin guardar esperanzas. Finalmente Ernesto es llevado a la costa, donde vive amargado, comparándose con un animal de las alturas frías trasladado al desierto, imaginando que lejos, el Kutu, aunque cobarde, llevaría una vida mejor trabajando en las haciendas de la sierra.

5.9.4 EL PROBLEMA DEL LENGUAJE

En estos relatos se advierte el primer problema que tuvo que enfrentar Arguedas en su narrativa: el encontrar un lenguaje que permitiera que sus personajes indígenas (monolingües quechuas) se expresaran en idioma castellano sin que sonara falso. Tras una larga y angustiosa búsqueda del estilo adecuado, Arguedas resolvió el problema con el empleo de un «lenguaje inventado»: sobre una base léxica fundamentalmente castellana, injertó el ritmo sintáctico del quechua.

5.9.5 Análisis

Los tres cuentos de Aguarelatan la vida y sufrimientos del pueblo quechua en las haciendas y aldeas de la sierra. El espacio que en ellos se representa es limitado y aparece escindido tajantemente en dos segmentos irreconciliables: los indios y los señores, sin mayor vínculo con las otras dimensiones del país. Es un libro de rebelión y protesta (de «odio puro» decía Arguedas) cuyo gesto reivindicativo queda constreñido al que pueden asumir dentro del relato algunos personajes excepcionales y no la comunidad íntegra, todavía sometida por el terror. Al mismo tiempo es un primer y muy logrado ensayo de aprehensión de la naturaleza andina y de las relaciones que guardan con ella, desde una posición animista, los indios y quienes han sido tocados por su cultura. Por último, Aguaes también un documento personal que incide en la ambigua situación de personajes que, como el autor, se encuentran a caballo entre dos mundos en conflicto y optan por inscribirse en el de los indios. Es una opción radicalmente problemática pues parte de la conciencia de ser «un mak’tillo (muchacho) falsificado». Dentro de la obra de Arguedas, y no sólo por razones cronológicas, Aguatiene un sentido fundacional: expresa una inconmovible adhesión al mundo indígena y señala las dos rutas (una fundamentalmente social, en cierto sentido objetiva, que tienda hacia la representación épica; y otra más bien psicológica, introspectiva, de raíz y plasmación líricas) por las que discurrirá la obra del autor de Los ríos profundosy de Todas las sangres

CONCLUSIÓN:

José María Arguedas fue un defensor y protector que vivió en carne propia el maltrato y la discriminación indígena a lo que él los llamo sus hermanos y hermanas.

Toda su vida se paso difundiendo el mundo andino, fascinado por la cultura de estos escribe varios libros. El personaje que toma el escritor como modelo es el dansak o danzante de tijera quien lo menciona en varios de sus obras.

Es más los mejores amigos que tuvo fue el violinista y arpista Damián, quien tocaba para los danzak en Puquio – Ayacucho.

Él aun siendo un hombre blanco proveniente de una familia acomodada, se considero un cholo mas.

Una anécdota que cuenta su biografía dice: “cuando llego a estudiar junto a los costeños en el colegio San Luis Gonzaga de Ica, conoció a una chica llamada Pompeya de quien se enamoro perdidamente. Un día tomando fuerzas decide declarar su amor entregándole unos poemas inspirados por el mismo autor. Pero esta le devolvió como aclarando su situación diciendo yo no me meto con serranos. Herido en su amor propio José María se propuso demostrar por el resto de su vida el error que cometían aquellos que despreciaban todo lo que fuera andino, y así comenzó convirtiéndose en el mejor de la clase.

Estas vivencias marcaron su vida para sus grandes creaciones literarias, como a la vez el rechazo de los críticos contemporáneos, lo cual lo llevo a la depresión.

El debate mas polémico que tuvo el escritor fue con el Argentino Julio Cortázar quien criticó y tildó de Telurismo o nacionalista de escarapela y banderita. Lo que más le molesto fue que Cortázar sugiriese que viviendo en Europa se podía comprender mejor la realidad de Latinoamérica. Esto aumento su depresión y pensó en el suicidio.

A raíz de esto decide escribir su último libro “los Zorros de arriba y los Zorros de abajo” donde anuncia la fatídica decisión que estaba por tomar, allí decía: “escribo estas paginas porque se me ha dicho hasta la saciedad, que si logro escribir recuperare la sanidad, pero como no he podido escribir sobre los temas elegidos. Voy a escribir sobre el único que me atrae. Esto de como no pude matarme y como ahora me devano los sesos buscando una manera de matarme con decencia”.

Ahora en estos tiempos las obras de Arguedas son conocidas mundialmente, Mario Vargas Llosa al recibir el Premio Novel 2010, dijo que no había mejor manera de llamar al Perú, que como lo llamo su compatriota y escritor José maría Arguedas el País de todas las sangres.

6. B I B L I O G R A F I A

ARGUEDAS, José Maria

1983 Relatos completes. Prólogo de Mario Vargas Llosa. Madrid – Buenos aires: Alianza Losada.

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CORNEJO POLAR, Antonio

1973 Los universos narrativos de José María Arguedas. Buenos Aires: Losada.

1977 Los universos narrativos de José María Arguedas. Lima: Horizonte

GARCIA, José Uriel

1973 El nuevo indio. Lima. Universo

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1988 “El acto fallido por excelencia es el acto sexual”. Gerard Miller (Director). Presentación de Lacan. Buenos Aires: Manantial.

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1996 La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. México: Fondo de Cultura Económica.

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1997 El gozo de las letras. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú.

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Referencias

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Bibliografía

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