Viaje al centro de la tierra; Julio Verne

Literatura francesa del siglo XIX. Narrativa. Novela de ciencia-ficción

  • Enviado por: Tati
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 22 páginas
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I

El profesor Lindenbrock, Marta, Graüben y yo Axel vivíamos en la misma casa tranquilamente hasta que un día el profesor llegó con un libro muy antiguo y se encerró en su despacho, después de un rato me pidió que entrara y me enseñó un libro del famoso sabio del siglo XVI Arne Saknussemm así que pasamos dos días completos sin comer ni dormir tratando de descifrar un extraño papel que cayó del libro cuando me lo mostró; el papel tenía unas instrucciones que aparentemente narraban la forma de llegar al centro de la Tierra, así que mi tío se entusiasmo dé tal manera que me aviso que saldríamos a realizar aquel viaje al cabo de 3 días. Decidí salir a buscar a Graüben a ver si lograba hacer entrar en razón a mi tío a lo que ella me dijo que estaba totalmente de acuerdo conque fuera a ese viaje.

II

Era éste un verdadero museo. Todos los ejemplares del reino mineral se hallaban rotulados en él y ordenados del modo más perfecto, con arreglo a las tres grandes divisiones que los clasifican en inflamables, metálicos y litoideos. Hallábase el profesor arrellanado en su gran butacón, forrado de terciopelo de Utrecht, y tenía entre sus manos un libro que contemplaba con profunda admiración, un inestimable tesoro que habia hallado en la mañana registrando la tienda del judío Hevelius.

-Vamos a ver -decía, preguntándose y respondiéndose a sí mismo-, ¿es un buen ejemplar? ¡Sí, magnífico! ¡Y qué encuadernación! ¿Se abre con facilidad? Y este lomo que se mantiene ileso después de setecientos años de existencia! Esta es el Heimskringla, de Snorri Sturluson, el famoso autor islandés del siglo XII! ¡Es la crónica original de los príncipes noruegos que reinaron en Islandia!

De repente apareció un pergamino grasiento de unas cinco pulgadas de largo por tres de ancho, en el que había trazados, en líneas transversales, unos caracteres mágicos, que, deslizándose de entre las hojas del libro, cayó al suelo. Era un antiguo documento, encerrado tal vez desde tiempo inmemorial dentro del viejo libro, no podía menos de tener para él un elevadísiino valor, por haber sido ellos los que impulsaron al profesor Lidenbrock y a su sobrino a emprender la expedición más extraña del siglo XIX.

Aquel día el profesor no quiso almorzar y ordeno a Axel que no comerían ni cenarían hasta descifrar aquel escrito; sin embargo cuando Marta la criada llamo a tomar la sopa, mientras el profesor se quedo en el estudio lanzando juramentos, Axel salio al comedor y devoró su almuerzo y también el del profesor. Entre tanto la criada comentaba su asombro ya que era la primera vez que el profesor faltaba al comedor y relaciono este suceso como un presagio de un grave acontecimiento Cuando terminaba con el postre Axel fue llamado por el profesor nuevamente al estudio.

III

Se trataba sin duda alguna de un escrito numérico decía el profesor, frunciendo el entrecejo. Pero existe un secreto que tenia que descubrir, porque de lo contrario... Un gesto de iracundia terminó su pensamiento. Ordeno al muchacho que se sentara, y escribiera lo que iba a dictarle obteniendo como resultado un incompresible conjunto de palabras:

mm.rnlls esreuel seecJde

sgtssmf unteief niedrke

kt,samn atrateS Saodrrn

erntnael nuaect rrilSa

Atvaar .nxcrc ieaabs

Ccdrmi eeutul frantu

dt,iac oseibo kediiY

El profesor analizo que era un criptograma, en el cual el sentido se halla oculto bajo letras alteradas de intento, y que, combinadas de un modo conveniente, formarían una frase inteligible. El profesor tomó entonces el libro y el pergamino, y lo comparó uno con otro. Descubriendo al dorso de la segunda, que hacía de anteportada, una especie de mancha, que parecía un borrón de tinta; ¡Ame Saknussemm! gritó en son de triunfo ¡es un nombre islandés! un sabio del siglo XVI, un alquimista célebre. Se trata, pues, de una lengua meridional. La conclusión no podía ser más justa y atinada. Pero, ¿cuál es esta lengua?... con fundamento, aseguro a priori que estaba está escrito en latín; pero un latín confuso. Mientras el profesor trataba de descifrar el escrito del pergamino Axel pensaba en su adorada Graüben una encantadora muchacha, rubia, de ójos azules, de carácter algo grave y espíritu algo serio; Era muy entendida en materia de mineralogía, y le gustaba profundizar las más arduas cuestiones de la ciencia.

El profesor saco a Axel de sus sueños con Graüben, dándole un fuerte puño a la mesa, diciéndole que la primera idea que tenia era escribir verticalmente las palabras. Así que hicieron un ensayo; Axel escribió una frase colocándolas de arriba abajo, agrupadas de modo que formen cuatro o cinco columnas verticales. Aquella frase delato a Axel con respecto a los sentimientos hacia Graüben, pero la tenacia del profesor por descubrir el criptograma hizo que olvidara la comprometedora frase. Procedió el profesor a dictar una serie de palabras y al finalizar se dio cuenta que no tenia ningún sentido común y salio rápidamente muy furioso de la casa.

IV

Marta, acudiendo presurosa al oír el ruido del portazo que hizo retemblar la casa, pregunto a Axel si el profesor se había marchado sin comer, Axel le afirmo que no volvería a comer nadie en la casa hasta que se haya descifrado un antiguo pergamino. Cuando axel quedo solo se le ocurrió la idea de írselo a contar todo a Graüben; pero no podía salir de casa porque en cualquier momento regresaría el profesor con una nueva formula para descifrar el pergamino, así aprovechando que un mineralogista de Besanzón acababa de remitir una colección de geodas silíceas que era preciso clasificar. Puso manos a la obra, y escogió, rotuló y colocó en su vitrina todas aquellas piedras. Entre tanto la cabeza le daba vueltas, sobrecogido por una vaga inquietud. Presentía una inminente catástrofe. Al cabo de una hora, había terminado y se sentó a descansar; imaginándose donde estaría su tío corriendo bajo los frondosos árboles de la calzada de Altona, gesticulando, golpeando las tapias con su pesado bastón, pisoteando las hierbas, decapitando los cardos e interrumpiendo el reposo de las solitarias cigüeñas.

Y mientras pensaba, cogió maquinalmente la hoja de papel en la cual se hallaba escrita la incomprensible serie de letras trazadas por él, preguntándose así mismo que significaba eso, trató de agrupar las letras de manera que formasen palabras; pero en vano. Era inútil reunirlas de dos, de tres, de cinco o de seis: de ninguna manera resultaban inteligibles. Sin embargo, notó que las letras decimocuarta, decimoquinta y decimosexta formaban la palabra inglesa ice, y las vigésimo cuarta, vigésimo quinta y vigésimo sexta la voz sir perteneciente al mismo idioma. Por último, en el cuerpo del documento y en las líneas segunda y tercera, leía también las palabras latinas rota, rnutabile, ira. nec y atra. Pensó entonces que estas últimas palabras parecían dar la razón al tío acerca de la lengua en que está redactado el documento. Además, en la cuarta línea veía también la voz luco que quiere decir bosque sagrado. Sin embargo, en la tercera se lee la palabra tabiled, de estructura perfectamente hebrea, y en la última mer, arc y mere que son netamente francesas.

Sintió volverse loco al ver incesantemente el papel, ser victima de una alucinación sintiendo necesidad de aire puro abanicándose con la hoja cuyo anverso y reverso presentándose de este modo alternativamente a su vista. Sorprendido cuando, en una de estas rápidas vueltas, en el momento de quedar el reverso ante sus ojos, creyó ver aparecer palabras perfectamente latinas, como craterem y terrestre entre otras. Acababa de descubrir la clave del enigma. Para leer el documento no era ni siquiera preciso mirarlo al trasluz con hoja vuelta del revés. No. Podía leerse de corrido tal como le había sido dictado. Todas las ingeniosas suposiciones del profesor se realizaban; había acertado la disposición de las letras y la lengua en que estaba redactado el documento. Había faltado poco para que el tío pudiese leer de cabo a rabo aquella frase latina, y este poco le acababa de revelar la casualidad.

Coloco el papel sobre la mesa tratando de tranquilizarse para leer definitivamente el enigma, y pronunciando en alta voz sintió terror y se dijo a asimismo que el profesor no podía saberlo ya que un geólogo tan exaltado, partiría a pesar de todas las dificultades y obstáculos, llevándolo consigo, y no regresarían jamás; entonces se le ocurrió destruirlo y se dirigió a la chimenea no solo con la hoja sino también con el pergamino, iba ya a arrojarlo todo al fuego y a destruir de esta suerte tan peligroso secreto, cuando se abrió la puerta del despacho y apareció el profesor en el umbral.

V

Axel apenas si tuvo tiempo de dejar otra vez sobre la mesa el malhallado documento. El profesor Lidenbrock parecía muy preocupado había evidentemente escudriñado y analizado el asunto poniendo en juego, durante su paseo, todos los recursos de su imaginación, y volvía dispuesto a ensayar alguna combinación nueva, sentándose en su butaca, y con la pluma en la mano, empezó a escribir ciertas fórmulas que recordaban los cálculos algebraicos. Entre tanto Axel observaba muy angustiado, a su tío al acabo de tres horas haber agotado todas las combinaciones posibles, presintiendo que acabaría por encontrar la frase. Se acerco la noche y cuando llego la hora de la cena el profesor Lidenbrock nisiquiera contesto a la criada cuando pregunto: ¿Cenará esta noche el señor?; entre tanto Axel se sentía derrotado por el sueño y trato de hacerlo en un sofá mientras el profesor agotaba recursos con complicados cálculos. Cuando Axel despertó al otro día el profesor trabajaba todavía. Sus ojos enrójecidos, su tez pálida, sus cabellos desordenados por sus dedos febriles, sus pómulos amoratados delataban bien a las claras la lucha desesperada que contra lo imposible había sostenido, y las fatigas de espíritu y la contención cerebral que, durante muchas horas, había experimentado.

Axel sintió compasión al verlo en tal condición pero se negaba a decirle la verdad por que él sabia lo testarudo que era le profesor y que muy seguramente emprendería la excursión y lo llevaría junto con él arriesgando sus propias vidas, y adopto la resolución de callar porque no quería reprocharse en un futuro el haber sido causa de su perdición. Y se cruzo de brazos a esperar, pero no había contado con el incidente que vendría; cuando el profesor regreso la tarde anterior retiro de la chapa la llave, al día siguiente cuando Marta pretendía salir al mercado se persuadió de lo sucedido estaban encerrados, entonces Axel recordo un precedente que lo llenó de terror. Algunos años atrás, en la época en que trabajaba el tío en su gran clasificación mineralógica, permaneció sin comer cuarenta y ocho horas y toda su familia tuvo que soportar esta dieta científica. Recordó que en aquella ocasión sufrió dolores de estómago que nada tenían de agradables para un joven dotado de un devorador apetito. Entendió que no iban a quedar sin almuerzo, como la noche anterior y también sin cena. Por fin sonaron las dos. Aquello se iba haciendo ridículamente intolerable, y empezó Axel a abrir los ojos a la realidad. Concluyo que tal exageraba la importancia del documento; que el tío no le daría crédito: que sólo vería en él una farsa; que, en el caso más desfavorable, lograría detenerle a su pesar; Todas estas razones, que con indignación hubiera rechazado la víspera, le parecieron entonces excelentes; y resolvió decir cuanto sabía.

Cuando buscaba la forma de decírselo el profesor tomo su sombrero y se disponía a salir de la casa, entonces se adelanto y le dijo saber cual era la clave para leer el pergamino. El Profesor lo abrazo de tal forma que el muchacho se sintió asfixiado pero en cuanto lo soltó le paso la hoja sugiriéndole que lo leyera de atrás hacia delante. El profesor muy exaltado al descubrirlo salto de alegría oprimíase la cabeza entre las manos; echaba a rodar las sillas; amontonaba los libros: tiraba por alto, por fin, se calmaron sus nervios, y, agotadas sus energías, se desplomó en la butaca. Pregunto la hora y comento tener demasiada hambre y que después prepararían el equipaje.

VI

Axel sabia que iba a escuchar estas palabras, y resolvió ponerle buena cara. Luego de comer el profesor lo llamo su despacho y muy amablemente le dijo que era muy inteligente y que no olvidaría lo que había hecho por él justo cuando se iba a dar por vencido. Luego le pidió que no le dijera a nadie acerca del viaje que era un secreto porque muchos querrían tener la primicia de hacerlo. Axel comento la veracidad del documento a lo que el profesor contesto que ya lo verían. Y pidió el joven que le explicara ciertas cosas acerca del pergamino por ejemplo: que quieren decir ese Yocul, ese Sneffels y ese Scartars, de lo que nunca oyo hablar en los días de su vida. El profesor explico a Axel enseñándole en un atlas el mapa de Handerson, uno de los mejores de Islandia, la isla llena toda de volcánes, llevan el nombre de Yocuj, palabra que significa en islandés ventisquero. Debido a la elevada latitud que ocupa Islandia, la mayoría de las erupciones verificanse a través de las capas de hielo, siendo ésta la causa de que se aplique el nombre de Yocul a todos los montes ignívomos de la isla. Y ¿qué significa Sneffels? Pregunto el muchacho ¿Ves su capital, Reykiavik? Bien; pues remonta los innumerables fiordos de estas costas escarpadas por el mar, y detente un momento debajo del grado 75 de latitud. ¿Qué ves? una especie de península que semeja un hueso pelado y termina en una rótula enorrne. Pues ese es el Sneffels. Sí, una montaña de 5.000 pies de elevación, una de las más notables de la isla, y, a buen seguro, la más célebre del mundo entero, si su cráter conduce al centro del globo. Después de dar explicaciones y descartar dudas tratando de convencer al profesor que era un intento nefasto, pero nada de aquellas teorías e hipótesis, Axel salio de la casa ya que el tío había respondido a todo y recordó nuevamente el no relatar a nadie lo del viaje.

VII

Hasta fiebre sintió Axel después de aquella sesión y salio a caminar por las calles de Hamburgo para refrescarse, pensado en todo lo que habían hablado y sentía verdadero terror de pensar en todo aquello, nadaba entre mil contradictorias hipótesis sin poder asirse a ninguna. Y sentía que le faltaba el valor para hacer su equipaje y mientras caminaba se acercaba al camino de Altona guiado por un presentimiento. A los pocos momentos diviso a su querida Graüben y la llamo desde lejos. Pronto estuvo junto a ella y pronto se dio cuenta que algo le pasaba y le pregunto que le ocurría y en menos de dos segundos la puso al tanto de lo que ocurría. A lo que Graüben manifestó que era un viaje hermoso, lo alentó a hacer el viaje y acompañar al profesor. Desconcertado Axel al ver la actitud de Graüben sintió pena y siguieron caminando tomados de las manos sin hablar. Era ya de noche cuando llegaron a la casa se encontraron con la impaciencia del profesor, gritando y corriendo de un lado para otro, en medio de la porción de mozos de cordel que descargaban en la calle una multitud de objetos. Cuando vio venir a Axel le pregunto por su equipaje y le recrimino el hecho de no haberle ayudado con la preparación del viaje ya que saldrían en tres días al amanecer. Axel entró a su habitación desalentado para hacer su equipaje, no podía ya hacer nada para evitarlo era una realidad el tío había empleado la tarde en adquirir una serie de objetos y utensilios necesarios para el viaje: la calle estaba llena de escalas, de cuerdas con nudos, de antorchas, de calabazas para líquidos, de grapas de hierro, de picos, de bastones, de azadas y de otros objetos para cuyo transporte precisábanse por lo menos diez hombres.

Después de una noche terrible, en la mañana muy temprano Graüben llamaba a la puerta, le comento que había hablado con el profesor es un sabio arrójado, un hombre de gran valor, y no debía echar al olvido que su sangre corre por sus venas. Conocía ya sus proyectos, sus esperanzas, y el cómo y el porqué espera alcanzar su objetivo. Después de muchos preparativos, Graüben termino de hacer el equipaje de Axel y por fin el día llego, muy temprano a las cinco y media, oyóse fuera el rodar de un carruaje, deteniéndose en la puerta un espacioso coche que había de conducirlos a la estación del ferrocarril de Altona. Así pues pronto se lleno la carreta y después de un despedida de lagrimas el coche tomo su camino.

VIII

En menos de veinte minutos penetraron en el territorio de Holstein. A las seis y media, detúvose el carruaje delante de la estación, los bultos como voluminosos artículos de viaje, fueron descargados, pesados, rotulados y cargados nuevamente en el furgón de equipajes, Axel pensaba preocupado de como sería aquella aventura y el profesor entre tanto revisaba que llevara todo lo necesario para cuando llegaran a Dinamarca. Tres horas después el tren se Detuvo en Kiel. Alli al saber que el vapor Ellenora no salía hasta la noche hizo que el profesor se desesperara e intento persuadir al capitan a levar anclas y zarpar inmediatamente. Fueron enviados a dar un paseo en kiel, hasta que dieron las diez de la noche.

Rapidamente avanzó sobre las sombrías aguas del Gran Belt. Ala siete de la noche desembarcaron en Korsör, donde trasbordaron a otro ferrocarril aun faltando dos horas para llegar a Dinamarca. Estado ya ubicados en Copenhague, el profesor y Axel buscaron el museo de Antigüedades del Norte, entrevistándose con el director el profesor Thomson, a quien le entregarían una carta de recomendación manifestándole que solo visitarían a Islandia en un viaje de recreo, para no revelar el secreto de su verdadera intención. Asi que el señor Thomson los acompaño a buscar un buque que partiera en breve, y en efecto encontraron una pequeña goleta danesa, la Valkvria, y abordo el capitán el señor Biarne, luego de hacer un buen arreglo y después de reembolsarle una buena suma se despidieron del señor Thomson y se fueron a almorzar y visitar la ciudad; después de un largo recorrido del cual nada llamo la atención del profesor a excepción de un campanario que se erguía en la isla de Amak, que forma parte del barrio SO. de Copenhague y se dirigieron hacia él a través de un pavorcito y al llegar subieron por las escaleras que formaban un espiral alrededor de la iglesia, con el fin de acabar con el vértigo que sufría Axel. Después de mucho esfuerzo Axel llego a la cúpula y observo el panorama, y durante cinco días repitieron el mismo ejercicio. Alcanzando bastantes logros.

IX

Llegó el día de la marcha, el señor Thomson les llevo cartas de recomendación y con gran amabilidad y gratitud el profesor le dio un fuerte apretón de mano. Ya abordo de la Valkyria, e instalados en unos pequeñísimos camarotes el profesor instalo conversación con el capitán. Una hora más tarde, la capital de Dinamarca parecía sumergirse en las lejanas olas, y la Valkiria rozaba casi la costa de Elsenor. Enterándose que la travesía duraría mas o menos diez días. El día 3 reconoció el capitán la isla Myganness, que es la más oriental de este grupo, y, a partir de este momento, hizo rumbo al cabo Portland, situado en la costa meridional de Islandia. La travesía no ofreció ningún incidente notable. El profesor paso el viaje mareado cosa que agrió su carácter. El día 11 montaron al cabo Portland, permitiéndo distinguir el Myrdals Yocul, que lo domina. No tardaron en descubrir un inmenso peñasco, horadado de parte a parte, a través del cual pasaba enfurecido el espumoso mar. Cuarenta y ocho horas después, sorteada una tempestad que obligó a la goleta a correr a palo seco y, tres horas más tarde, fondeaba la Valkyria delante de Reykiavik, en la bahía de Faxa. Entonces salió por fin el profesor de su camarote, algo pálido y quebrantado, pero con el mismo entusiasmo de siempre y con la satisfacción retratada en su semblante. Los habitantes de la ciudad, a quienes interesaba en extremo la llegada del buque, del que todos tenían algo que recoger, se agruparonen el muelle. Antes de bajar el profesor llevo a Axel a la proa y le indico con el dedo El Sneffels. Al bajar lo esperaba el gobernador de la isla, el señor barón de Trampe el profesor le entregó las cartas que traía de Copenhague; fue muy bien recibido por las autoridades de la isla. El profesor allí a provecho para ir a la biblioteca a buscar algún escrito de Saknussemm, entre tanto Axel recorrió la ciudad en tres horas y luego regresó a la casa del señor Fridriksson

X

Cuando llego la mesa estaba servida, y el profesor Lidenbrook, comió demasiado a causa de su constante mareo que lo tuvo a dieta durante le viaje, luego se entablo una amena conversación científica entre le profesor y el señor Fridriksson; teniendo mucho cuidado en no delatar el motivo de su viaje. De repente el señor Fridriksson le pregunto acerca de su investigación en la biblioteca. Alo que el profesor respondió que no había encontrado gran cosa, a lo que el señor Fridriksson extrañado comento cuan importante eran esta colección literaria y le invito a hacer parte de una sociedad literaria fundada en 1816 a lo cual acepto el profesor con gran agrado. Luego le pregunto que libro esperaba encontrar y el profesor Lidenbrook vacilo en contestar hasta que se animo a preguntar si entre las obras antiguas, poseé las de Arne Saknussemm.

Admirado con su pregunta menciono cuan importante alquimista y sabio islandes pero que al ser condenado por herejía fueron quemados sus libros; exaltado el profesor comento el entender el porque del secreto del criptograma. ¿Qué secreto? Le preguntó y el profesor no supo responder. Entonces empezaron a tratar temas de mineralogía, las diferentes misiones científicas, que han contribuido al conocimiento de Islandia. Y entro a la conversación el volcán Sneffels apagado hace ya quinientos años. Descubrió que en la isla no había un solo bote y que tendría que llegar a pie hasta el Sneffels, necesitando así un guía, a lo que el señor Fridriksson le ofreció uno, habitante de la península, un hábil cazador de gansos, y habla perfectamente el danés. Ya sabía el profesor que contaría entonces con un guía que vería al día siguiente.

XI

Al otro día después de pasar una buena noche Axel se reunió con el profesor que muy temprano hablaba con hombre de figura atlética, cabello largo y ojos azules de aspecto tranquilo supuso que era el hombre que les serviría de guía y en ese momento atendía a todo lo que el profesor le decía, se llamaba Hans Bjelke, y en efecto seria el futuro guía y se entendía bien con el profesor y su oficio seria acompañarlos todo el tiempo que consideren necesario. En virtud de lo que habían acordado Hans se comprometió a llevarlos a una aldea llamada Stapi situada al pie del volcán Sneffels por el camino más corto, con la compañía de cuatro caballos, partirían el día 15 de junio. Durante el transcurso de las 48 horas faltantes Axel se dedicaron a hacer los preparativos: los instrumentos a un lado, las armas al otro, las herramientas en este paquete, los víveres en aquel otro, agrupándolo todo en cuatro divlsiones principales.

l .°. Un termómetro centígrado de Eigel, graduado hasta 150°

2.°. Un manómetro de aire comprimido

3.°. Un cronómetro de Boissonnas

4.°. Los brújulas de inclinación y de declinación.

5.°. Un anteójo para observaciones nocturnas.

6.°. Los aparatos de Ruhmkorff, mediante una corriente eléctrica, daban una luz portátil, muy segura.

Llevaban además, carabinas, pólvora, picos, azadones, hacha, martillo, cuñas, armellas y cuerdas. Las provisiones era carne carne concentrada y galleta suficiente para alimentarnos seis meses, el liquido que llevaban era ginebra, con absoluta exclusión de toda agua, esperaban encontrar manantiales y llenar allí recipientes. También hacia parte del equipaje un botiquín e ingredientes necesarios para los aparatos de Ruhmkorff, seis pares de zapatos de excelente calidad, impermeabilizados merced a una capa de alquitrán y goma elástica.

Así dedicaron el día 14 en arreglar todo el equipo, el día 15 terminaron con ese oficio. Al día siguiente llego Hans a eso de las 5 de la mañana junto con los 4 caballos y salieron después de despedirse del señor Fridriksson.

XII

Al salir de Reykiavik, Hans los guió por la orilla del mar, el profesor se notaba impaciente pero resaltaba el trabajo de los caballos islandeses, que no se detendrían por ningún camino por difícil que fuera, Axel se preocupaba por el guía que iría a pie todo el camino y se preguntaba si lograría hacerlo, pero el profesor lo tranquilizó diciéndole que era su naturaleza y que llegado el caso si se cansaba el le cedía su caballo, ya que el moverse poco le causa calambres y seria bueno de vez en cuando caminar. A paso rápido el país iba estando ya casi desierto.

Dos horas después de haber salido de Reykiavik, llegaron a la villa de Gufunes, llamada aoalkirkja o iglesia principal. Hans se detuvo allí media hora, aproximadamente, almorzaron y acordaron que pasarían la noche en Gardär un caserío ubicado a cuatro millas de Reykiavik. No tardaron en entrar en un pingtaoer, lugar de jurisdicción comunal, nombrado Ejulberg, allí dieron descanso a los caballos, luego a las cuatro de la tarde habían avanzado cuatro millas. Luego al tener que pasar un verdadero brazo de mar el caballo del profesor se detuvo y al este obligarlo a seguir hizo que el caballo lo dejara plantado sobre dos piedras de la orilla. El guía sugirió una barca y vieron una barca que los transportaría con caballos y todo pero tendrían que esperar a que creciera la marea para esto esperaron hasta las seis de la tarde y en una hora atravesaron el fiordo sin accidente ninguno. Media hora después llegaban al Gardä.

XIII

Se hospedaron en la cabaña de un labriego que muy atentamente los recibió, y les asigno de una de sus cuatro habitaciones una que tenia aspecto de salón espacioso, las camas eran de heno seco; Axel sentía frió y hambre percibió en el interior de la casa un penetrante olor a pescado seco, a carne macerada y a leche agria. Luego de bajar su equipaje, el labriego los llamo a comer, les ofrecieron sopa de liquen y después, una enorme porción de pescado seco, nadando en mantequilla agria, además una especie de leche cuajada y sazonada con jugo de hayas de enebro y para beber, suero y agua,

Después de calentarse un poco se fueron a dormir. Al otro día a las cinco, se despidieron después de remunerar al campesino. Después de un tiempo el camino se iba haciendo pantanoso y menos favorable a la marcha. Luego encontraron en el camino aun leproso, afección bastante común en Islandia.

Llegaron a un caserío de Alftanes, una milla más allá. Al anochecer, después de haber vadeado dos ríos donde abundaban las truchas y los sollos, el Alfa y el Heta y paseron la noche en una casucha ruinosa y abandonada, donde sintieron mucho frió, el día siguiente fue igual solo terreno pantanoso y al llegar la noche ya habían recorrido la mitad del camino, de las montañas vecinas descendían inmensas corrientes, ya solidificadas, de lava, procedentes de volcanes. Axel empezaba a sentirse cansado, mientras que el profesor se veían como el primer día.

El sábado 20 de junio, a las seis de la tarde, llegamos a Büdir, aldea situada a la orilla del mar, y el guía reclamó el salario convenido. Aquí fue la familia misma de Hans, es decir, sus tíos y primos, quienes los hospedaron en su casa. Y a la mañana siguiente continuar nuevamente el viaje. Cuando iban contorneando la base del volcán el profesor lo miraba desafiante, después de veinticuatro horas de marcha, se detuvieron los caballos a la puerta de la rectoría de Stapi.

XIV

Stapi un lugar compuesto de treinta chozas, Hans los había conducido a ella con probada inteligencia, y los seguiría acompañando. Al llegar a la puerta de la casa del cura, cabaña sencilla y de un único piso, había un hombre herrando un caballo, el cual hablo con Hans en perfecto danés, descubriendo que este era el cura, que de inmediato dejo su oficio y llamo a una mujer que los atendió de mal gusto. La habitación destinada estaba sucia y estrecha y se dio cuenta Axel y el profesor que además de cura era pescador, cazador, carpintero y herrero, convirtiéndolo en un grosero y descortés campesino. Así que se iniciaron rápidamente los preparativos para no tener que quedarse por mucho tiempo en ese lugar. Hans contrato tres islandeses que debían reemplazar a los caballos en el transporte, estos indígenas debían descansar en el camino y dejar a los tres solos. Entonces tuvo el profesor que decir al cazador que tenía la intención de reconocer el cráter del volcán hasta sus últimos límites. Se encontraban al pie del Sneffels, y empezó nuevamente la duda de Axel que quiso exponerlas al profesor a lo cual le confeso que también estaba pensando en eso, pero de acuerdo a varias investigaciones del terreno y explicaciones científicas no había que temer a una erupción del volcán y así salieron con todas las provisiones para el centro de la tierra.

XV

Guiados por Hans por un estrecho sendero, Axel veía con interés las curiosidades mineralógicas, analizando así la forma como se había formado la isla, mientras caminaban sobre rocas pesadas, de color gris oscuro, que al enfriarse habían adoptado la forma de prismas de bases hexagonales. Así sus reflexiones lo fueron tranquilizando a pesar de que el camino se hacia más difícil. Después de tres horas llegaron a la falda del volcán, descansaron y almorzaron allí, luego empezarían a subir las vertientes del Sneffels; encontraron dificultades y tuvieron que ayudarse mutuamente durante hora y media hasta que encontraron una especie de escalera que simplificó la ascensión. Cuando quisieron descansar advirtieron que se dirigía hacia ellos una tromba que no demoro mucho en chocar con la montaña pero ellos ya se encontraban en la vertiente opuesta y al abrigo de todo peligro recorrieron los 1.500 pies que faltaba para llegar a la cumbre, Axel se sentía desfallecer de frió y de hambre, cinco horas después a las 11 de la noche llegaron a la cumbre.

XVI

Después de cenar, acomodaron cama sobre el granito para dormir tranquilamente. Al día siguiente el aire helado los despertó, Axel despertó y contemplo el paisaje, luego llego al lugar el profesor y Hans el guía, para señalarle los dos picos del Sneffels, el del norte y el del sur y en el que se encontraban en islandés se conocía como Scartaris era un cráter que tenía forma de cono invertido. Así iniciaron el descenso atados a luna larga cuerda a me dio día habían llegado, en el fondo del crater se abrían tres chimeneas a través de las cuáles arrojaba el foco central sus lavas y vapores en las épocas de las erupciones del Sneffels. Cada una de ellas inspeccionadas por el profesor cuando encontró en una de ellas el nombre de Ame Saknusemm. A la mañana siguiente, un cielo gris, nebuloso y pesado se extendía sobre el vértice del cono, pero el domingo 28 de junio, el antepenúltimo del mes, con el cambio de luna varió el tiempo. A la una y trece minutos el sol derramó sus rayos en el interior del cráter, al borde de la chimenea central. Identificando así el profesor cual era la indicada, la que los llevaría al centro de la tierra.

XVII

Comenzó entonces el verdadero viaje, Axel sintió deseos de renunciar pero sintió vergüenza ante que aceptaba con tal tranquilidad la aventura, miro hacia el vació y sintió vértigo. El profesor se encargo de repartir a cada uno lo que llevaría y como harían el descenso. Así bajaron los tres y después de media hora tocaron la superficie de una roca fuertemente adherida a la pared de la chimenea y desde allí aún no se veía fondo. Iniciaron nuevamente mientras que el profesor tomaba nota y ciertas observaciones acerca del terreno que los rodeaba rechazando en absoluto la teoría de un calor central;

En total, diez horas y media; de descenso cuando llegaron al fondo en aquel lugar se entreveía un corredor que se dirigía oblicuamente hacia la derecha. Allí cenaron y descansaron hasta el día siguiente.

XVIII

A las ocho de la mañana una esplendorosa luz los despertó, el profesor sabía que faltaba mucho mas y que el lugar donde estaban era el piso de la isla. A medida que continúen los pulmones se habituarían a una atmósfera más comprimida les aseguro el profesor y antes de continuar almorzaron muy bien por que sería una larga jornada y ahora seguirían el camino del corredor, maravillado Axel por todo lo que veía a su alrededor y gracias a la luz artificial que llevaba su tío. Hasta que en la noche a eso de las 8 dieron una parada en una especie de caverna donde había suficiente aire, comieron con gran gusto y cansancio, con la preocupación de que pronto acabarían el agua y no habían encontrado manantiales como lo había supuesto el profesor, pero a lo cual le aseguro que encontrarían en abundancia. La temperatura, que hubiera debido ser de 81° en aquel lugar, era apenas de 15, lo cual suministraba motivo para muchas reflexiones.

XIX

Al día siguiente martes 30 de junio, a las seis de la mañana, reiniciaron su jornada hasta las doce y diez minutos de la noche, en la que encontraron dos caminos ambos sombríos y estrechos. Y casi a la suerte el profesor señalo el túnel del este. Los pazadisos eran muy estrechos y bajos que tuvieron que arrastrarse para avanzar. A las seis de la tarde, tras un paseo poco fatigoso, dieron un descanso, comieron y durmieron envueltos en un amanta sin ninguna preocupación con una seguridad absoluta. Al día siguiente reanudaron la marcha. Axel sintió que estaban subiendo nuevamente y que pronto llegarían a la superficie de la isla, y siguió el paso un poco más ligero porque temía extraviarse. Al medio día se dio cuenta que cambiaron de aspecto las paredes de la galería y le mostró al profesor como la variada sucesión de los asperones, las calizas y los primeros indicios de terrenos pizarrosos. En conclusión Axel estaba convencido de que habían llegado al período en que aparecieron las primeras plantas y los primeros animales. Conclusión a la que el profesor no respondió. Continúo su camino haciendo caso omiso a los restos de plantas primitivas y conchas.

XX

Al tener poca agua empezaron a economizar, ya que la provisión que tenían no duraría más de tres días. Caminaban sin hablar durante todo el día siguiente observando restos de animales primitivos pero al profesor le preocupaba más encontrar un pozo vertical que l permitiera descender y así llego nuevamente la noche sin realizarse esa esperanza y atormentados por la sed descansaron y al otro día reanudaron el viaje, después de diez horas observaron una reverberación de las lámparas que decrecía sobre las paredes. Descubrieron que estaban dentro de un yacimiento de hulla. Llego la hora de cenar. Al siguiente día emprendieron la marcha, en toda la superficie del globo reinaba un calor tórrido, que media la misma intensidad se notaba un olor muy pronunciado a protocarburo de hidrógeno, peligroso fluido que los mineros cuya explosión ha causado con frecuencia tan espantosas catástrofes. Cuando eran las seis tropezaron con un muro que cerraba el camino no había salida. Así que tuvieron que descansar y devolverse al día siguiente al punto donde la galería se bifurca.

XXI

Muy temprano se devolvieron y tal como lo predestino Axel el agua se acabo el primer día, solo les quedaba algo de ginebra y eso les quemaba la garganta, por esto sentían la temperatura sofocante. Axel sentía ya paralizadas las piernas y por fin el 8 de julio llego caminando casi de rodillas y manos, eran las diez y se sentía desfallecer, el profesor y lo tomo en sus brazos le dio de beber un poco de agua y lo contemplo con tristeza. Era el último sorbo de agua que conservaba el profesor y sabía durante el camino que sería para Axel que llegaría medio muerto. Una vez medio repuesto le manifestó al profesor que era preciso retroceder hasta regresar a la cumbre pero el profesor no piensa renunciar a la expedición y le pidió que regresara con Hans y que lo dejaran solo. Hans siempre se vio ajeno a la discusión y cuando tuvo que elegir escogió quedarse con el profesor. Pero el profesor le propuso a Axel que le diera un día y si no encontraban agua en el otro túnel entonces regresarían a la superficie de la tierra. Propuesta a la que Axel accedió

XXII

Emprendieron entonces el descenso por la nueva galería. Todo parecía para Axel como si estuviesen dentro de un diamante hueco, se había encerrando en medio de paredes de granito, eran las 8 y agua aún no aparecía, entonces Axel grito y de desplomo al suelo y cerro los ojo s cuando los abrió vio a los dos durmiendo envueltos en sus mantas, pensaba cuando de repente se dio cuenta que Hans se alejaba con la lámpara dejándolos a oscuras quiso llamarlo pero no pudo soltar palabra, pensó que había decidido abandonarlos pero como si se internaba mas en ella? , entonces ordeno sus ideas y espero tal vez había escuchado un ruido y se dirigía a inspeccionar.

XXIII

Espero casi una hora dándose as i mismo muchas razones por las que Hans se internara más dentro del túnel. Luego escucho sus pasos y la luz se acercaba cada vez más y cuando llego se acerco al profesor y lo despertó, en su idioma le dijo agua, agua, Axel ignoraba el danés pero en ese momento comprendió todo lo que le dijo. Y emprendieron la marcha, cuando pasó media hora empezaron a escuchar un ruido, el profesor sabía que un río subterráneo circulaba alrededor de ellos pero no veían nada una pared de granito los separaba. Axel sintió de nuevo desfallecer y perder sus fuerzas pero observo a Hans que tomaba la lámpara y se acercaba a la pared y aplicó el oído a la piedra seca y lo paseó por ella lentamente, escuchando con suma atención, buscaba el punto preciso en que se oyera con más claridad el ruido, cuando encontró el punto tomo el pico y se dirigió nuevamente al lugar dándole pequeños golpes a la roca y así paso una hora en espera de ver aparecer el liquido, pero justo cuando impaciente el profesor tomo un pico se escucho como un silbido y salió con gran fuerza un chorro de agua que toco la pared del frente. Hans grito de dolor, igual lo hizo Axel cuando descubrió que estaba caliente. Bebieron cuando ya estaba fría, le dieron a ese arroyuelo el nombre de Hans Bach. Llenaron unas vasijas con agua y decidieron no taponar el orificio de salida del agua, luego comieron y durmieron.

XXIV

Fue mucho mejor el día siguiente, maravillados al no sentir sed los ánimos eran diferentes y Axel estaba decidido llegar hasta el final. Y se inicio la marcha el día jueves a las 8 de la mañana, encontrando en el recorrido recodos simulando un laberinto, pero con dirección siempre al sudeste, horizontalmente y así todo el día y el siguiente día descendiendo. El viernes 10 de julio según cálculos estaban a treinta leguas de Reykiavik. Un rato después hallaron un pozo y se dispusieron a bajar ya que las piedras salientes formaban una escalera en forma de caracol. Por fin, el miércoles 15 se hallaban a siete leguas bajo tierra y a cincuenta del Sneffels, y de acuerdo con las observaciones y anotaciones del profesor se encontraban bajo el océano. Cuatro días después el sábado 15 de julio llegaron a una especie de gruta bastante espaciosa, el siguiente día fue de reposo.

XXV

El domingo después haber descansado y almorzado, después de muchos cálculos con el fin de determinar con toda exactitud su ubicación y así al regresar el profesor trazaría un plano del viaje y en el momento estaban a diez y seis leguas de profundidad alcanzada, sorprendido por que de acuerdo alas leyes del calor deberían estar a 1.500°, pero en realidad se encontraban a Veintisiete grados y seis décimas, estableciendo que el aumento de la temperatura proporcionalmente a la profundidad es un error. Luego de muchos cálculos Axel dedujo que lo que falta para llegar al centro de la tierra serían 2 mil días, cerca de cinco años y medio. El profesor se molesto con las teorías de Axel. Sentían algunos dolores de oído a causa de la presión pero no era grave, pero se preguntaba como podía asegurarse que el alquimista Saknussemm había encontrado el centro del globo si en su época no había manómetro, barómetro y otros instrumentos necesarios para la expedición?. Y así en medio de cálculos se continúo la marcha.

XXVI

El trayecto no fue fácil, en mucho ayudo Hans, solos no hubieran podido avanzar a tantos peligros. Siempre callado y su silencio aumentaba cada día. Durante las dos semanas que siguieron no ocurrió ningún incidente más que un solo acontecimiento de suma gravedad, el día 7 de agosto, cuando caminaban Axel se percato de que estaba solo y pensó que había caminado muy rápido y decidió devolverse pero camino media hora y no encontró a nadie, los llamo y no respondían ya no sabía si iba adelante o detrás de ellos así que decidió remontar el curso del arroyuelo para dar con las huellas de los compañeros y cuando quiso beber agua encontró que ya no corría el piso estaba seco.

XXVII

Se sintió realmente desesperado al verse solo sintió que moriría de hambre y de sed, pensó que en algún punto el caminos se había bifurcado, entonces como haría sin poder ubicar huellas y mucho menos dejar huellas en el suelo de granito y cuando se vio lejos de todo socorro humano recurrió a la oración. Tenía víveres para tres días y agua, lo importante para ubicarse era encontrar el cauce de las aguas y empezó a subir por especio de media hora y encontró un callejón sin salida desesperado pensó en la muerte y en como si algún día encontraban su cuerpo en estado fósil, su aparición en las entrañas de la tierra, a treinta leguas de su superfïcie, suscitaría graves cuestiones científicas. Al tropezar con la pared y caer se estropeó la lampar y pronto quedo en medio de la tiniebla. Al cabo de varias horas ya agotado se desplomo y perdió la noción.

XXVIII

Cuando volvió en sí, por haber caminado a oscuras se había tropezado y lastimado sentía que sangraba mucho, de repente escucho un retumbar pero no sabía de donde provenía, por casualidad puso su oído en la pared y escucho murmullos. Concluyo que si el escuchaba voces desde ahí también podrían escucharlo y empezó a gritar pero no escucho nada más. Nuevamente se puso a escuchar y volvió a sonar en su oído la palabra förlorad , nuevamente escuchó y encontró que era la voz del profesor que lo estaba buscando. Hizo lo mismo y hacia la pared pronunció el nombre del profesor después de un rato la voz del profesor que repreguntaba donde estaba. Analizaron de esta forma que distancia los separaba ya que lo había buscado subiendo y bajando, así Axel le explicó al profesor como había llegado allí y como lo encontrarían. Decidió Axel levantarse y andar y como la pendiente era bastante rápida y se dejo resbalar por ella hasta que sintió caer y rebotar contra las piedras, su cabeza choco con una piedra aguda y perdió el conocimiento.

XXIX

Cuando despertó el profesor lo tenía envuelto en una manta y cuando vio que abrió los ojos grito de júbilo estaba porque se había salvado, igual vio en los ojos de Hans gran satisfacción, eran las 11 de la noche del día domingo 9 de agosto se había extraviado por un tiempo de 4 días, muy cansado y después de recibir unas compresas en la cabeza durmió hasta el otro día. Cuando despertó estaban en una gruta y en ella una semiobscuridad ya que inexplicablemente se filtraban uno s rayos de luz del exterior y escuchaba un murmullo indefinido como el que producen las olas al reventar en la playa, entonces pensó que soñaba cuando lo saludo muy contento el profesor. Axel quería almorzar y se sentía mejor. Axel pensó que estaba loco al enterarse que se encontraban aún en la profundidad y quiso saber la procedencia de la luz convenció al profesor de dejarlo salir rápidamente, y, para mayor precaución, se envolvió en una manta y salio de la gruta en seguida.

XXX

Cuando salió no vio nada ya que sus ojos estaban acostumbrados a la oscuridad pero cuando pudo abrirlos vio el mar, sus olas producían una espuma liviana algunos peñascos formando cabos, era un verdadero océano pero desierto y de aspecto salvaje. La luz que iluminaba no era el sol, era una especie de aurora boreal, un fenómeno cósmico continuo que alumbraba aquella caverna capaz de albergar en su interior un océano y su luz era fría había algunas nubes suspendidas en la atmósfera. Era una caberna por llamarla de laguna manera pero con unas extensiones bastantes considerables ya que no se veía un fin. Axel recordó algunas cavernas celebres como la gruta de Guachara, en Colombia, la caverna del Mammouth, en Kentucky, pero no se comparaban con el lugar donde se encontraban, llena de vapores, sus irradiaciones eléctricas y un vasto mar encerrado entre sus flancos. Dieron un paseo por la orilla de la playa, vio cascadas, arroyuelos y una selva elevada, con árboles frondosos y de medianas dimensiones, al acercarse y entrar a este lugar observo Axel que eran hongos gigantes, licopodios de cien pies de elevación, sigilarias gigantescas, helechos arborescentes, del tamaño de los abetos de las altas latitudes, lepidodendrones de tallo cilíndrico bifurcado, que terminaban en largas hojas y erizados de pelos rudos como las monstruosas plantas grasientas. También observó Osamentas de animales antediluvianos.

XXXI

Al día siguiente, Axel se dio un baño y regreso con mucho apetito, como había agua y fuego vario la comida y hasta tomaron café como ya comenzaba a subir la marea, se encontraban a treinta y cinco leguas. Hans construía una balsa al anochecer del siguiente día, gracias a la habilidad de Hans, estaba terminada la balsa, que medía diez pies de longitud por cinco de ancho. Las vigas de surtarbrandr, amarradas unas a otras con resistentes cuerdas, ofrecían una superficie bien sólida, y una vez lanzada al agua, la improvisada embarcación flotó tranquilamente sobre las olas del mar de Lidenbrock.

XXXII

La mañana siguiente muy temprano se alistaron para emprender el viaje, en la balsa que Hans había improvisado con maderos fosilizados le dieron nombre al lugar y fue bautizado como Puerto-Graüben, viajaron con gran velocidad gracias al viento del nordeste, y si seguían a esta velocidad y según cálculos del profesor llegarían pronto al otro lado. A eso del medio día vieron flotar unas algas inmensas. la balsa pasó al lado de ovas de 3.000 y 4.000 pies de longitud, inmensas serpientes que se prolongaban hasta perderse de vista. Había llegado la noche y la luz no disminuía, cenaron, Axel durmió al lado del mástil, ya que había sido encargado de anotar las observaciones de los fenómenos más interesantes del recorrido. Has a medio día preparo un anzuelo y después de un rato pico un pez que tenia la cabeza chata y redondeada, y la parte anterior del cuerpo cubierto de placas óseas; carecía de dientes en la boca, y sus aletas pectorales, bastante desarrolladas y cuerpo desprovisto de cola y así pescaron gran variedad de peces milenarios.

XXXIII

El Sábado 15 de agosto no se veía el profesor estaba de mal humor y preocupado por que el mar era muy grande ya que no descendían. El Domingo 16 de agosto. No ocurre novedad. El mismo tiempo. El profesor ato un metal a una cuerda para ver si tocaba fondo pero no obtenía resultado, de repente Hans hizo ver a Axel que el metal tenía unas marcas de dientes se veía medio roída por sus marcas eran dientes cónicos como los del cocodrilo. El lunes 17 de agosto a causa de las marcas se percataron de que las armas estuviesen cargadas por si algún animal los atacaba. Llega así el martes 18 de agosto con el la noche, o, por mejor decir, el momento en que el sueño quiere cerrar sus ojos. Mientras Hans hace la guardia Axel durmió dos horas cuando lo despertó una fuerte sacudida que lo hizo estremecer, pensaron que habían tocado algún bajo, pero en realidad era el lomo de una marsopa colosal un lagarto marino de tamaño extraordinario y más lejos un monstruoso cocodrilo. A lo lejos el profesor identifica una especie de ballena y permanecen atónitos, sobrecogidos, estupefactos ante aquella colección de monstruos marinos, al tratar de esquivarlos se encuentran con una tortuga de cuarenta pies de ancho, y una serpiente que mide treinta de longitud, y alarga su enorme cabeza por encima de las olas, así que fue imposible huir y los reptiles hacen círculos alrededor de la balsa, entre tanto se apoderan de las carabinas y permanecen mudos de espanto. En un momento ven que se acercan y Axel se prepara para disparar pero Hans hace una seña para que no lo haga. Era una riña entre reptiles y no los vieron. Observaron detenidamente los animales eran en realidad dos un plesiosauro y un ictiosauro.

XXXIV

Miércoles 19 de Agosto, después de ver semejante lucha en la que salio uno victorioso huyeron del lugar y cada un o vuelve al estado en el que se encontraban y continuaron en la misma monotonía. El jueves 20 de agosto, a lo lejos escucharon una especie de mugido sin saber lo que era, pensó el profesor que era un escollo pero pronto descartaron la idea, pasaron tres horas y los mugidos parecían provenir de un catarata lejana. Después de unas horas Hans observa a lo lejos una inmensa columna de agua que se eleva por encima del Océano, cerca de las 8 de la noche se aproximaban aun más y al llegar vieron que se trataba de una isla y la columna de agua era un géiser, el piso de la isla era muy caliente y el agua de un pequeño estanque a 163º. El profesor bautizo la isla con el nombre de Axel. Luego siguieron su camino. Habían recorrido 270 leguas sobre la superficie del mar, a partir de Puerto-Graüben.

XXXV

Al día siguiente, viernes 21 de agosto se habían alejado del islote Axel. El día se torna opaco, a las diez de la mañana se acentuaba una tempestad, el profesor de mal genio, guardaba silencio de repente empezó la lluvia, el viento es mas intenso y hacen caer al profesor, la lluvia forma una catarata hacia la cual se dirigen, relampaguea, caen rayos y tienen que sujetarse muy fuerte para no caer al agua. El domingo 23 de agosto a gran velocidad son arrastrados, sus oídos sangran a causa de los fuertes sonidos del trueno. Lunes 24 de agosto, ya fatigados amarraron el equipaje y ellos también un disco de fuego arranca la vela juntamente con el palo. La atmósfera está llena de un olor de gas nitroso que penetra en la garganta y los pulmones, la ciada del rayo había imanado todo el hiero de abordo. Martes 25 de agosto la tempestad continúa, de repente escucharon un nuevo ruido.

XXXVI

La balsa choco con los escollos de la costa, Hans ayudo a Axel a salir del agua y lo llevo al lado del profesor y luego trato de recuperar algunos restos del naufragio, el diluvio seguía cayendo. Cansados sin dormir por tres días descansaron y durmieron. Al otro día el tiempo era el mejor, el profesor despertó de buen humor ya que por fin y a pesar de las circunstancias habían llegado Axel preguntó como regresarían. El profesor le dijo que tal vez encontrarían otro camino de regreso o deberían devolverse por donde llegaron. Hans había salvado los objetos más necesitados, habían perdido las armas, las provisiones estaban completas. Mientras almorzaban trataban de calcular el lugar donde estaban, al tomar la brújula se asombraron la ver que señalaba el norte y no el sur como suponían. En cualquier posición que se colocase, la aguja volvía a tomar en seguida la inesperada dirección. Así pues estaban nuevamente en la playa que creían haber dejado.

XXXVII

El profesor estaba muy irritado, era imposible habían retrocedido tendrían que empezar de nuevo se mostró desafiante y no iba a desfallecer, Axel trato de persuadirlo diciéndole que era cosa de locos volverlo a intentar en tan malas circunstancias. Pero el tío absorbido en sus pensamientos no lo escucho. Ordeno volver a la balsa que ya la terminaba de reparar Hans, partirían al día siguiente, reconocerían la isla antes de salir. Encontraron a su paso innumerables cochitas y carpachos de animales milenarios, algunos gigantescos. Trataban Axel de darse muchas explicaciones de todo cuanto veía, caminaban por una especie de terreno sedimentario de repente el cambió súbitamente de aspecto parecía como si hubiese sido transformado por una sacudida, caminaron por este difícil camino hasta encontrar una llanura llena de osamentas, realmente asombrados veían una completa colección de lepoterios, mericoterios, mastodontes, protopitecos, pterodáctilos y de todos los monstruos antediluvianos acumulados allí para su satisfacción personal. Pero más se asombraron al encontrar un cráneo humano.

XXXVIII

Evocaba el profesor a varios ilustres ya que el 28 de marzo de 1863 en unas excavaciones en un departamento de Francia encontraron una mandíbula humana a catorce pies de profundidad, junto a él, fueron halladas hachas de piedra y sílices tallados, coloreados y revestidos por el tiempo de una especie de barniz uniforme, descubrimiento que produjo gran ruido y varios sabios demostraron la incontestable autenticidad de la osamenta en cuestión, otros sabio asumieron el hecho como cierto entre ellos el profesor Lidenbrock. Los otros sabios no admitían que la especie humana hubiese sido contemporánea de los animales de la época cuaternaria. Tal sería entonces para el profesor el descubrimiento de un cuerpo humano perfectamente reconocible. Aquel cadáver de piel tersa y apergaminada, con los miembros aún jugosos por lo menos a la vista, con los dientes intactos, la cabellera abundante y las uñas de los pies y de las manos prodigiosamente largas, se presentaba ante sus ojos tal como había vivido. Era un asombroso espectáculo el que ofrecían aquellas generaciones de hombres y de animales confundidos en aquel cementerio.

XXXIX

Avanzaron observando tanto fósil y restos óseos, se alejaban mucho sin miedo de extraviarse, gracias al fenómeno de la luz que los alumbraba podían observar las diversas superficies de los objetos. Después de andar una milla legaron a una selva inmensa, pero este era diferente al que habían visto de os hongos gigantes; la vegetación era de la época terciaria en toda su magnificencia guanos, pinos, tejos, cipreses, entre ellos una inmensurable red de bejucos, musgos y hepáticas, algunos arroyos. Solo faltaba en aquel lugar el color vivificante del sol, todo érase un color pardusco y como marchito. Se aventuraron a entrar e asa selva convencidos que habrían también mamíferos y en efecto encontraron un rebaño de gigantescos mastodontes, animales prehistóricos, de las épocas ternaria y cuaternaria. El profesor quiso acercarse pero Axel manifestó su miedo por no tener armas y no podrían enfrentarse a la furia de esos animales y que ningún ser humano se atrevía a desafiarlos, pero el profesor le indico que no era cierto ya que veía a un ser humano entre ellos, Axel miro incrédulo pero casi pierde el habla cuando vio a un hombre apoyado sobre un tronco enorme. Ya no era un fósil si no de un hombre con un rebaño de mastodontes, era grande, su talla mayor de 12 pies, de cabello largo y abundante. Huyeron antes de ser descubiertos y se dirigieron hacia el mar de Lidenbrock. Luego encontraron en la playa un puñal del siglo XVI de origen español. Quisieron busacar al hombre que habían visto y encontraron la entrada de un túnel oscuro en una de las rocas unas iniciales A.S. probablemente Arne Saknussemm.

XL

Axel no salía de su asombro había visto muchas maravillas pero lo dejo anonadado las dos iniciales que habían en la roca y mas aún tener en sus manos el estilete con que había sido grabada. Decidieron ponerle el nombre de Cabo Saknussemm. Olvidaron los padecimientos del viaje, Axel quería entrar de inmediato pero el profesor lo detuvo debían volver por Hans y traer cerca la balsa, agradecieron a la tempestad el haberlos devuelto al lugar que debían seguir, llegaron hablando de todo lo que debían hacer, al lugar donde estaba Hans, y así navegaron hasta el cabo Saknussemm. Debían examinar esa galería primero, y al entrar se encontraron a seis pasos una roca que no permitía el paso, para quitarla decidieron usar pólvora, para cuando terminaron de arreglar la pólvora en la piedra era media noche y para encenderla esperarían al otro día.

XLI

El siguiente, jueves 27 de agosto, fue una fecha célebre de aquel viaje subterráneo. Alas seis ya estaban de pie. Axel encendería la mecha y luego correría a la balsa donde se encontraban sus compañeros, y se alejarían con el fin de evitar los peligraros de la explosión, pero cuando esto se hizo no escucharon la detonación pero fu como si se hubiese corrido un telón y detrás de el un abismo, el mar se convirtió en una ola enorme y de pronto quedaron en la oscuridad mas tenebrosa, comprendían lo que había sucedido habían quitado una roca que tapaba un abismo que ahora los absorbía. La balsa corría a veces dando vueltas, al impulso de ciertos remolinos y las horas, entretanto, transcurrían, y la situación no cambiaba, hasta que un nuevo incidente vino a complicarla. Gran parte de sus objetos habían desaparecido, sujetos fuertemente a la balsa y en completa oscuridad tratando de calcular a que velocidad iban y cuanto tiempo tenían de vida tenían. La pendiente de las aguas se hacía cada vez mayor tenían la sensación de una caída vertical.

XLII

Después de una zambullida y volver a la superficie y escucharon como se reestablecía el silencio y la voz del profesor que decía repetidamente ¡subimos!, como pudo Hans encendió una antorcha, produjendo una claridad suficiente para alumbrar toda la escena. El profesor sin saber que habían perdido las provisiones propuso recobrar fuerza comiendo, y empezaron a padecer un hambre tenaz. Inesperadamente a medida que subían la temperatura subía también cosa que les extraño demasiado ya que habían contado con una temperatura moderada. Pensó por un momento el profesor y decidió que era conveniente comerse lo poco que quedaba para tener suficientes fuerzas si se presentaba la oportunidad de hacerlo. El agua estaba caliente y la temperatura aumentaba más y la brújula estaba como loca.

XLIII

La aguja saltaba de un polo al otro con bruscas sacudidas; recorría todos los puntos del cuadrante, y giraba como si se hallase poseída de un vértigo. La corteza mineral amenazaba con romperse y ellos serían triturados en una comprensión de materias, pensaba Axel por unos instantes. Entre tanto el profesor se mostraba más tranquilo a pesar de que los indicios que observaba Axel eran del inicio de un terremoto, el esperaba algo más grande una erupción ya que se hallaban en la chimenea de un volcán. Axel pensó que el tío estaba loco cuando menciono que era lo mejor que les podía pasar, le pareció inaudito saber que iban a ser arrojados en medio de cenizas, llamas y lava ardiente, pero el profesor le aseguró que era la única forma de volver a la superficie de la tierra. Toda la noche estuvieron en movimiento y se sentía asfixiado y pensaba largamente a que lugar serían arrojados. La temperatura se hacía insoportable, y un termómetro expuesto en aquella atmósfera habría marcado más de 70°. A eso de las ocho de la mañana cesó el movimiento ascensional de improviso y la balsa quedó completamente inmóvil. Luego se inicio nuevamente durante dos minutos y se detuvo de nuevo y a los diez minutos fueron empujados por una fuerza asombrosa y se detuvo y así se repitió muchas veces esta maniobra.

XLIV

Axel estaba completamente magullado, y Hans lo sujetaba de un brazo para que no cayera a un despeñadero, inmediatamente pregunto donde estaban ya que el profesor , Axel y Hans se hallaban tendidos hacia la mitad de la escarpada vertiente de una montaña calcinada por las ardores del sol a lo lejos vieron como se abría el cráter de un volcán, por el cual se escapaba, de cuarto en cuarto de hora, con fuerte detonación, una alta columna de llamas, mezcladas con piedra pómez, cenizas y lavas. Por la parte de adelante veían un pequeño puerto, precedido de algunas casas, en el que a impulso de las alas azules, decidieron bajar ya que tenían mucha sed y hambre. Por fortuna, después de dos horas de marcha se presento ante ellos una campiña enteramente cubierta de olivos, de granados y de vides, así que comieron aquellas frutas y cerca pasaba un arroyuelo y calmaron allí su sed, entre tanto se acerco a ellos un niño quien se asusto a verlos y salio corriendo pero Hans lo alcanzó y el profesor le pregunto en varios idiomas como se llamaba el lugar pero el niño no contestaba, hasta que dijo Strombolí, se hallaban en pleno mediterráneo en Sicilia. Sin embrago aun seguían sin entender por que la brújula marcaba hacia el norte.

XLV

Fueron recibidos por las pescadores de Estrómboli con los consideraciones debidas a unos náufragos, después de cuarenta y ocho horas de espera, el 31 de agosto, una embarcación pequeña fueron conducidos a Mesina. El viernes, 4 de septiembre, embarcaron a bordo del Volturne y, tres días más tarde pisaron tierra en Marsella. El 9 de septiembre, por la noche, llegaron a Hamburgo. Marta y Graüben no podían creerlo cuando los vieron entrar y felices, se enteraron que gracias a Marta se había enterado todo el mundo acerca de su viaje al centro de la tierra pero por supuesto nadie le creyó. Sin embargo la compañía de Hans y las informaciones de Islandia hicieron famoso al profesor, se celebró una sesión pública en el Jahannaeum, en la que el profesor hizo un detallado relato de su expedición, omitiendo, naturalmente, los hechos extraordinarios relativos a la brújula. Tantos honores tenían necesariamente que suscitarle envidiosos. Así sucedió, en efecto, y, como sus teorías, basadas en hechos ciertos, contradecían los sistemas establecidos por la ciencia sobre la cuestión del fuego central, sostuvo verbalmente y por escrito muy notables polémicas con los sabios de todos los países. Hans regresó a Hamburgo, apreciaban mucho a Hans ya que en varias oportunidades les había salvado la vida. Este viaje fue unánime sensación en el mundo. Fue traducido e impreso en todas las lenguas; los más importantes periódicos publicarón sus principales episodios, que fueron comentados, discutidos, atacados y defendidos con igual entusiasmo por los creyentes a incrédulos. Pero un profundo disgusto, un verdadero tormento amargaba esta gloria. El hecho de la brújula seguía sin explicación, y el que semejante fenómeno no hubiese sido explicado constituía verdaderamente un suplicio para la inteligencia de un sabio. Un día, arreglaba Axel el despacho y observo que la brújula marcaba hacia el sur así que llamo al profesor para decírselo, sus polos estaban invertidos y la causa de esta inversión se debió al rayo que imano el hierro de la balsa eso terminó con sus dudas. Axel se caso con su bella novia y el ilustre profesor Otto Lidenbrock, miembro correspondiente de todas las sociedades científicas, geográtïcas y mineralógicas de las cinco partes del mundo.

FIN