Versos sencillos; José Martí

Literatura hispanoamericana contemporánea siglo XX. Lírica y poesía cubana. Renovación revolucionaria. Estilo martiniano. Métrica

  • Enviado por: Montse Sánchez
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 15 páginas

publicidad
cursos destacados
Graba audio con Apple Logic Pro 9
Graba audio con Apple Logic Pro 9
En este curso aprenderemos a realizar grabaciones de audio de calidad utilizando Apple Logic Pro 9. Exploraremos todo...
Ver más información

Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
Curso de reparación de teléfonos móviles / celulares
El curso de Reparación de Telefonía Celular o Móvil está orientado a todas aquellas...
Ver más información


Introducción

José Martí como figura literaria y José Martí como hombre, difícilmente puede ser considerado como entidades separadas. Pocos caudillos cívicos hispanoamericanos pueden ostentar tan desinteresada consagración al perfeccionamiento de la humanidad. Su devoción a la independencia y libertad de Cuba fue enorme, pero la situación de su país no fue el único objeto de sus preocupaciones: Martí anhelaba una América hispánica democrática y autónoma en la que Cuba asumiría la condición de un Estado constitucional y gobernado por sí mismo. Esta visión esencialmente idealista, unida a la concepción, a veces romántica, de la libertad y perfectibilidad humanas se reflejan en una simbología de orientación tan idealista como su visión del universo, por eso, en su estilo y su ideología coexisten en una relación entrañable e inseparable los valores estéticos y los de magisterio social. El estilo de la modernidad es, en Martí, ideológico, emocional y artístico. Su idea de libertad iba más allá de la realidad cubana: era libertad en sus versos, en sus composiciones. Era una libertad que anhelaba, que buscaba constantemente desde lo más profundo de su ser: «amo la sencillez, y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras.»

Las innovaciones martianas asombraron y disgustaron en un principio; defendió un arte avasallador, emotivo, cromático y musical: «...hacer llorar, sollozar, increpar, castigar, crujir la lengua, domada por el pesamiento, como la silla cuando la monta el jinete; eso entiendo yo por escribir. -No tocar una cuerda, sino todas las cuerdas- No sobresalir en la pintura de una emoción, sino en el arte de despertarlas todas-.» Pero lo que más distingue a Martí, y a la vez, lo diferencia de otros modernistas es la dimensión ideológica de su obra en prosa y en verso. Martí no fue un filósofo sistemático, pero sí un pensador, y un hombre de profunda comprensión y compasión humanas. En los Versos sencillos, José Martí plasma la realidad de vivencias complejas que se insertan en un espacio poético con un lenguaje metafórico rico en símbolos y en forma.

1. José Martí y su relación con el modernismo.

El modernismo, concebido como la etapa inicial de una época de crisis, ostenta sus primeros síntomas en Hispanoamérica a partir de 1875 no sólo en el terreno de la literatura sino en el de la filosofía, la ideología, la organización social y la religión. Era de transformaciones vertiginosas, de complejas tendencias heterogéneas y anárquicas, el modernismo se caracteriza al principio por el rechazo de normas y tradiciones consagradas. Su génesis inaugura una nueva sensibilidad, un estilo innovador de pensar y de crear del mundo moderno, que confluyen en una serie de cambios que se manifestaron en el arte, la ciencia, la religión, la política y gradualmente en los demás aspectos de la vida entera con todos los caracteres, por lo tanto, de un hondo cambio histórico cuyo proceso es de alteraciones y mudanzas.

Junto con otros artistas como Gutiérrez Nájera, Díaz Mirón, Silva, Casal y Rubén Darío; José Martí dio forma y sentido a un mundo que experimentaba el desarraigo de un periodo de cambios. La voz de Martí ocupa un lugar muy importante no solamente en la literatura sino también en la política: desde un principio, Martí plantea la literatura como un instrumento para forjar la nacionalidad, y ofrece una lectura desautomatizada, una visión de sí mismo, avalada por un alto nivel de realización artística.

2. José Martí: poeta y revolucionario.

El “yo” idealista y rebelde de José Martí se enfrenta, mediante los Versos sencillos a la situación de un país dominado. En ellos Martí expresa el nacimiento de un compromiso por la independencia nacional basada en la libertad y la justicia social aunque pueda entrañar el fracaso de la lucha y sólo alcance a reparar simbólicamente la separación de la patria. En sus versos demuestra claramente su afán de libertad:

del aire fresco del monte.

Yo sé de Egipto y Nigricia,

y de Persia y Xenophonte;

y prefiero la caricia

Yo sé de las historias viejas

del hombre y de sus rencillas;

y prefiero las abejas

volando en las campanillas.

(Versos sencillos)

Las preferencias, las impresiones, los deseos y los sueños de la experiencia vivida son recuperados y transferidos al canto y evocados en una temporalidad compleja, que también transforma y funde o altera las distancias.

José Martí imprime a sus versos una vida propia, con cuya voz se alza la lucha por la libertad como si fuera un estandarte. Los versos no dejan de ser voces de angustia procedentes del pasado que se rebelan contra el orden establecido:

Yo he visto al águila herida

volar al azul sereno,

y morir en su guarida

la víbora del veneno.

El “águila herida” es el país dominado que se enfrenta a la “víbora”, es decir, al sistema establecido en Cuba.

En los Versos sencillos, la literatura se une con un canto a la libertad y a la Justicia. La revolución no solamente se daba en la realidad, sino también en el papel, a través de los recuerdos, sentimientos y deseos de José Martí.

3. Afán renovador en la poesía de José Martí.

En la expresión de su teoría alternan los motivos negativos y positivos. José Martí rechazó toda manifestación académica, todas las «cintas retóricos» que ahogaban la libre expresión artística y la obligaban a verterse en moldes prehechos y rígidos. De los poetas académicos de su era, censuró la concepción de la lengua como adorno del pensamiento y el correspondiente empleo de tropos en función puramente traslaticia y representativa. Fueron objeto de su afán renovador la métrica y la rima tradicionales; excluyó de su «estrofa nueva», de su poética natural las formas métricas incapaces de exteriorizar el timbre original de su poesía: los tercetos, «la octava estrecha» y los «remilgados serventesios». Y en cuanto a la rima aconsejaba no forzarla a obedecer al pensamiento. La poesía para Martí, como para Silva, era sagrada. Repetidas veces insistió sobre la necesidad de «mimar» la inspiración y aseveró que el poeta no debía expresar nimiedades sino «lo muy profundo, lo muy amargo, lo muy delicado, lo muy tierno». Aun en su periodo de más fervorosa actividad revolucionaria -en 1893- cuando había sacrificado todo por la redención de Cuba, e intentado la estrangulación del artista en sí, pudo escribir este pensamiento de filiación estética: «No se ha de decir lo raro sino el instante raro de la emoción noble y graciosa». Este alto concepto de la escritura explica el rechazo de la literatura de su época. Pero siempre aspiró a ser equilibrado. La rima, que despreciaba cuando era ñoña, la elogiaba siempre que representaba un elemento artístico con función estilística. En el fondo buscaba una expresión integral, una correspondencia de ritmo, rima y métrica.

Los versos octosílabos, de raíz popular de los Versos sencillos representan un retorno en la evolución de los versos de José Martí a la métrica tradicional, un retorno en consonancia con la creación poética subjetiva en que la novedad y las actualizaciones del pasado se funden. En la obra de Martí es muy importante el concepto armónico dentro de la revolución literaria que él inició junto a otros artistas.

4. Los Versos sencillos; una forma de expresión.

El ideal utópico fue asumido por José Martí como un compromiso vital, cuyo anhelo de concreción lo llevó a servirse de las armas y las letras, para intentar el logro de la autonomía política y cultural de los pueblos americanos. Este anhelo otorga a su obra plena vigencia y actualidad, en la medida en que expresa los conflictos fundamentales de la identidad cultural de América, plasmados en un universo poético en el cual se conjugan lo popular y lo culto, la oralidad y la escritura, en un mensaje caracterizado por una esencial sencillez y claridad.

El rechazo de la confesión romántica no diluye la tensión autobiográfica en la poesía de José Martí. El prólogo a Versos sencillos nos habla de la “angustia”, la “agonía” ante el peligro que los Estados Unidos significaban para Cuba y «la patria hispanoamericana.» Si bien es verdad que en los Versos sencillos no aparece de forma explícita el problema político específico de Cuba, hay que decir que José Martí nos lo presenta de forma velada. Solamente una lectura atenta permite al lector captar la autobiografía que posibilita la expansión de vínculos con frecuencia enigmáticos entre el sujeto y el mundo, entre los pasados y el presente, a partir de escenas que el lector recibe como surgidas de una historia individual, pero que se presentan reacias a la expresión de lo vivido. Estos episodios funcionan como testimonios que fundamentan la reflexión, pero sus significados están sujetos a valoraciones ligadas a las múltiples interrelaciones entre todos los poemas. Las etapas, los momentos vitales se condensan en la simultaneidad del presente, tiempo verbal que se impone en la mayoría de los poemas. La modulación de las distancias temporales, de la relación yo/él, se conjuga con el recurso de los modos verbales. El modo indicativo, sólido y rotundo, vertebra los Versos sencillos.

5. La simbología en los Versos sencillos.

Otro eje vetebrador en los Versos sencillos es la simbología. José Martí utiliza símbolos para referirse a sus vivencias. A través de paisajes y personajes ficticios, la imaginería martiana se hace eco de la realidad que atenaza a un país que se marchita y envejece a pasar de la esperanza naciente de la libertad:

XIV

Yo no puedo olvidar nunca

la mañanita de otoño,

en que le salió un retoño

a la pobre rama trunca.

La mañanita en que, en vano,

junto a la estufa apagada

una niña enamorada

le tendió al viejo la mano.

Un ejemplo para la interpretación de las significaciones, sobre todo desde la perspectiva autobiográfica es “La niña de Guatemala”:

IX

Quiero, a la sombra de un ala,

contar este cuento en flor:

la niña de Guatemala,

la que se murió de amor.

Eran de lirios los ramos,

y las orlas de reseda

y de jazmín: la enterramos

en una caja de seda.

...Ella dio al desmemoriado

una almohadilla de olor:

Él volvió, volvió casado:

ella se murió de amor.

(...)

En esta estetización de la muerte en el marco de la poesía latinoamericana hallamos el tópico de la tumba. En “la niña de Guatemala” confluye la temporalidad compleja del recuerdo y de la asunción del protagonismo del sujeto, supeditadas al sentimiento de culpa. “La niña de Guatemala” parece asumir simbólicamente, con su muerte ante el abandono, el impulso de muerte que enuncia los poemas a raíz de su propia frustración amorosa. Como podemos ver, tanto política como autobiografía tienen cabida en los Versos sencillos. Los recuerdos, las vivencias, los sueños y los deseos toman forma en el libro, y se alzan con una sola voz: la del poeta. Se expanden vínculos y redes muy fuertes cuyos cambios bruscos de tema resuenan no sólo de poema a poema, sino en el interior de muchos de ellos. La búsqueda de sentido transmuta y trasciende los avatares de la biografía. En los Versos sencillos la búsqueda de sentido transmuta y trasciende los avatares de la biografía. La poesía entraña en ellos una serie de vínculos entre el sujeto y la naturaleza, entre el ser y el universo, entre vida y muerte. Todos estos vínculos interactúan entre sí para desentrañar la voz de José Martí.

Versos sencillos es un libro unitario, fuertemente estructurado como tal, no solo por las relaciones de continuidad o por las temáticas, sino también por los efectos de simetría y contrapunto que lo atraviesan en muy distintos niveles, así como los cambios estróficos, las repeticiones, las oposiciones y las diversas recurrencias. El libro lleva al extremo el recurso a un léxico simple y a una adjetivación austera, concentrándose en las posibilidades de la sintaxis y la sonoridad. Busca una musicalidad que surge de la repetición, extendida a un verso o a un grupo de versos, de los juegos sonoros en el interior del verso. La compenetración del sujeto con el pasado y el futuro se nutre de la experiencia concreta, material corporal con el universo:

Duermo en mi cama de roca

mi sueño dulce y profundo:

roza una abeja mi boca

y crece en mi cuerpo el mundo.

El léxico austero tiene la singularidad de vincular experiencias y percepciones porque se utiliza la misma palabra: las metáforas que provienen de una misma palabra abren redes significativas similares a otras.

El gusto por la sencillez se traduce, en definitiva, en una poesía llana, no afectada, ni retórica. Lo confiesa cuando explica en el Prólogo de sus Versos sencillos: «Se imprimen porque amo la sencillez y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras», así mismo lo expresa en el poema I:

I

Yo soy un hombre sincero

de donde crece la palma,

y antes de morirme quiero

echar mis versos del alma.

También apunta esta idea en el poema V:

Mi verso al valiente agrada,

mi verso, breve y sincero,

es del vigor del acero

con que se funde la espada.

Para Martí, la obra de arte será duradera si se hace sobre el conocimiento y la captación de los problemas y rumbos de la sociedad. La poesía debía tener una clara función social y caminar de acuerdo a esa comunidad. Muchas veces debía marcarle caminos y abrirle rumbos. Comprobamos en estos versos que para Martí, amor y justicia son más eficaces que el odio y por ser dialécticos son más contundentes. Aquí está el sustento de su idea conductora para la república: el amor y la unión tienen que tener andadura de equidad social. Su poética está arraigada en las necesidades mismas del pueblo que la inspira. Una poesía natural y llana, basada en las cosas naturales, para ser comprendida para el pueblo a que se dirige: «Con los pobres de mi tierra/ yo quiero mi suerte echar». Esta actitud contrasta con la asumida por muchos de sus contemporáneos empeñados en algo que los enajenaba de su mundo y que tuvo mucha ascendencia en el modernismo: la evasión. En cambio Martí no elude el contexto histórico. En su escritura la búsqueda de identidad, el rescate de valores nacionales y el descubrimiento de aristas socioculturales posibilitan un nuevo cauce a la formulación literaria, identifican un proyecto renovador. En los versos de Martí se refleja su angustia por Cuba, que estaba sometida a los españoles. Por todos sus versos se ve el canto a los hechos de su tiempo. Por reflejar el momento histórico han de ser por su mismo objeto, fuertes, vigorosos, briosos, enérgicos, para que sean duraderos y así puedan leer en ellos los hombres del futuro:

Mi verso es como un puñal

que por el puño hecha flor:

Mi verso es como un surtidor

que da un agua de coral.

Esta poesía combativa es comparada con un puñal que da una flor y con un surtidor del que fluye agua roja. El puñal se enlaza metafóricamente con la idea de lucha, en tanto que la flor se vincula con el verso por su hermosura y su desinterés. El agua de coral se relaciona con el sufrimiento del cubano, con el dolor del hombre eternamente desterrado. Sin embargo, también puede relacionarse con la sangre que emana de la lucha.

6. La actitud de José Martí ante la mujer en los Versos sencillos.

Las imágenes femeninas , disfrazadas en la irrealidad del mundo de las Fiestas galanes, de Verlaine, o los trazos de los pintores pre-rafaelistas, particularmente definidos en los cuadros de Dante Gabriel Rosetti, fueron tomados por Martí con sobriedad y cautela, en virtud de su fidelidad a las costumbres de la sociedad

latinoamericana. Por un lado, la mujer representativa de la tradición y el pasado latinoamericano, fundamentalmente hembra, simbólicamente tierra y germinación, garantía del futuro potencial de la humanidad: la Madre Tierra. Por otro lado, la mujer norteamericana de las clases media y alta, independizada de las tareas domésticas, con nuevo tiempo para el ocio, la calle y las seducciones de una moda que comenzaba a liberar su erotismo, amenazando la fidelidad y la estabilidad conyugales. En una situación diferente, la mujer norteamericana de las clases bajas, con rasgos intermedios entre ambas y una participación definida en la política como compañera, hermana, hija o amiga del hombre al que se encontraba unida por vínculos de afecto. Martí las observó críticamente por la agresividad de sus conductas, en algunos casos les puso nombre propio. En sus cartas a Carmita y María Mantilla trazó el perfil de un nuevo tipo de mujer, capaz de lograr su autonomía a través del trabajo intelectual, la lectura y la traducción literaria. La actitud de José Martí ante la mujer, como podemos observar, es opuesta a la que toman Baudelaire y Verlaine: la belleza, para Martí, debe ser interior, no comparte sus ideas con respecto al amor hacia la hermosura externa. Así se refleja en su poema XIX:

Por tus ojos encendidos

y lo mal puesto de un broche,

pensé que estuviste anoche

jugando a juegos prohibidos.

Te odié por vil y alevosa:

te odié con odio de muerte:

náusea me daba de verte

tan villana y hermosa.

Y por la esquela que vi

sin saber cómo ni cuando,

sé que estuviste llorando

toda la noche por mí.

Para Baudelaire la mujer puede ser animal o ángel. La imagen que el poeta tiene de la mujer guarda una relación íntima con un desgarramiento: el del drama del hombre. Un drama de grandes proporciones que germina y se desarrolla en la extrema y dolorosa complejidad de su alma. Juego de fortalezas y debilidades, de sumisiones y rebeldías, de excesos que provocan enfermedades, de placeres que despiertan inexorables castigos. La naturaleza en estado puro animaliza a la mujer, que arrastra al hombre al abismo de brutalidad, ahoga su inteligencia y sus ansias de elevación. La tendencia irresistible a la mujer que es objeto de voluptuosidades constituye una manifestación del hombre a ese mal que le priva de voluntad, que anula todo posible esfuerzo. Esta visión de la mujer en Baudelaire le ofreció a Verlaine peculiares aspectos de enjuiciar a la mujer. Verlaine, por su parte añadió otros: las manos femeninas, las manos pálidas, serán también tema poético, frecuentemente en él. Los ojos, la boca, los vestidos, así como la lujuria, el abandono en el amante, el mundo interior de la mujer son tratados por Verlaine de manera particular. La idealización de la mujer es un tema tratado por todos los poetas modernistas. José Martí nos presenta el mundo interior de la mujer.

7. Música y color en Versos sencillos.

El Art Poétique de Verlaine se tomó como un manifiesto simbolista y un ataque contra la escuela parnasiana, como han observado algunos críticos, no responde más que a un momento de su vida poética.

El verso inicial del Arte poética, «De la musique avant toute chose», no siempre fue comprendido en el sentido que le dio Verlaine. Lo que Verlaine dice en este verso es que el poeta no se obsesione, sino que se despreocupe del sentido preciso, estricto de la palabra para abandonarse a su valor musical. La música es sugeridora, crea por sí estados poéticos espirituales. Hay que huir de los versos poco melódicos y por eso aconseja el verso impar, ya que rompe la cadencia, es más difuminado y más soluble en el aire, y, en él, «nada pesa ni posa», es decir, al ser más ligero tiene más musicalidad.

José Martí afirma en un artículo a propósito del Art Poétique de Verlaine del 29 de agosto de 1875 insertado en el ensayo Conciencia y voluntad de estilo en Martí (1875-1880), de Manuel Pedro González:

La música es más bella que la poesía porque las notas son menos limitadas que las rimas: la nota tiene el sonido, y el eco grave, y el eco lánguido que se pierde en el espacio: el verso es uno, es seco, es solo: alma comprimida -forma implacable- ritmo tenacísimo.

Y añade en seguida este postulado de limpios tonos simbolistas: «La poesía es lo vago; es más bello lo que de ella se aspira que lo que ella es en sí.» De otras varias instancias similares, no puede eludirse la siguiente, de una página del 29 de diciembre de ese mismo año:

El color tiene más cambiantes que la palabra, así como en la gradación de las expresiones de la belleza, el sonido tiene más variantes que el color. Como la belleza es la conformidad del espíritu con todo lo indescifrable, lo exquisito, lo inmedible y lo vago, lo bello se expresa mejor en tanto que tiene más extensión en que expresarse, menos trabas para producirse, más medios con que reflejar la abstracta necesidad, la mórbida concepción, las combinaciones tempestuosas o apacibles de esta presunción de lo venidero, religión de la sociedad, propio hogar del hombre, que llaman caprichosa fantasía.

Una de las aportaciones más importantes de Verlaine a los modernistas es la simbología y el valor de los colores. Jacques - Henry Bornecque nos da un análisis del valor que tienen los colores y sus símbolos en la poesía de Verlaine. También los colores sirven para el alma y las cosas y estos son los colores de medias tintas disimuladas o inquietantes; las cañas, la onda y el instante son pálidos, lo mismo que la frente o el rostro; bosque, follaje, aire, tapia, corazón, son asimilados por el mismo amarillo otoñal de triste presagio, porque nada separa si no artificialmente la vida de las cosas de la del hombre.

Para Verlaine, físicamente sensible a la influencia benéfica o deprimente de los colores, cada uno representa una cierta temperatura, un cierto valor afectivo: al rojo, color clásico del cielo en el atardecer, añade por su parte una significación de cruel presagio, clara o vaga, en las cosas y en los seres.

En el lenguaje simbólico de los colores empleado por Verlaine hay algunos usados de una forma tradicional: blanco, pureza, rojo como simple color y con frecuencia vicio. Es al color gris al que le da un nuevo valor simbólico y al que eleva a una categoría poética y humana que no tuvo antes. Ya sabemos que en su Art Poétique manifiesta preferencia definida por la temblorosa media luz, luz crepuscular, C'est le grand jour tremblant de midi, la única posibilidad de unir o fundir lo Indeciso con lo Preciso y sólo así se puede conseguir la canción gris. Gris se enriquece de contenido y se convierte en color y símbolo preferido para los modernistas. Una de las características más señaladas de la poesía modernista fue la nueva adjetivación que rechazó casi por completo la que se usaba antes de ellos. Ervin K. Mapes señala que de los simbolistas, de Mallarmé y de Verlaine, toma Rubén Darío ese procedimiento expresivo, frecuente en el poema americano, del lenguaje “degagé”, suelto o escueto sintácticamente: colocar uno al lado del otro los elementos sintácticos sin nexos o partículas que los unan y sólo relacionados por el pensamiento. Esta técnica también fue asumida por José Martí. En sus Versos sencillos el color que predomina es el azul -donde se ve claramente la influencia de Rubén Darío- y el resto de colores surge de combinaciones de elementos pictóricos, junto a la musicalidad. El verso VII es un claro ejemplo:

Para Aragón, en España,

tengo yo en mi corazón

un lugar todo Aragón,

franco, fiero, fiel, sin saña.

Si quiere un tonto saber

por qué lo tengo, le digo

que allí tuve un buen amigo,

que allí quise a una mujer.

Allá, en la vega florida,

la de la heroica defensa,

por mantener lo que piensa

juega la gente la vida.

Y si un alcalde lo aprieta

O lo enoja un rey cazurro,

calza la manta el baturro

y muere con su escopeta.

Quiero a la tierra amarilla

que baña el Ebro lodoso:

quiero el Pilar azuloso

de Lanuza y de Padilla.

Estimo a quien de un revés

echa por tierra a un tirano:

lo estimo, si es un cubano;

lo estimo, si es aragonés.

Amo los patios sombríos

con escaleras bordadas;

Amo las naves calladas

y los conventos vacíos.

Amo la tierra florida,

musulmana o española,

donde rompió su corola

la poca flor de mi vida.

El ritmo, la rima y las aliteraciones producen una musicalidad en el poema. Este lenguaje suelto, esta asociación de ideas y pensamientos son una herencia directa pero también una renovación de la simbología modernista.

Conclusión

La apoteosis de José Martí como patriota y como figura político-social ha sido equilibrado por una valoración igualmente laudatoria de su producción artística. Martí anhelaba una América hispánica democrática y autónoma, en la que Cuba asumiría la condición de un Estado constitucional y gobernado por sí mismo. A este fin dirigió José Martí sus energías, sacrificando su dicha personal, su comodidad y su provecho, a lo que él consideraba un llamamiento del destino. La veta heroica de su vida estaba impregnada de un excesivo sentimiento de amor universal. La pesada carga de su misión, los obstáculos insuperables en su camino rara vez originaron quejas sobre sí mismo.

Su pensamiento y su ideología están dirigidas con una maestría soberbia hacia su obra lírica. En Versos sencillos hemos estudiado la relación entre la literatura y la revolución, así como algunos elementos de su vida.

Versos sencillos es una obra que emana del corazón, de la sinceridad del poeta frente al papel. Sus versos nacen de su propia vivencia para servir a su misma realidad, y a la realidad de Cuba. Son tres realidades convergentes en una sola: la realidad del problema de Cuba.

El ritmo, la métrica, la combinación de colores y la musicalidad son los elementos que utiliza José Martí en sus Versos sencillos. Es una obra donde la voz del poeta se deja oir con enorme brillantez, dando al modernismo un giro innovador.

4