Veracruz

América. México. Ciudades mexicanas. Ciudad de Tablas. Historia. Monumentos y edificios

  • Enviado por: José Martín López
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 56 páginas
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PRESENTACIÓN.

Integrantes del equipo:

Grado y Grupo:

5to. “A”.

Materia:

Literatura Hispanoamericana.

Tema:

Veracruz.

Calificación:

Escuela:

Bachilleres de Veracruz Diurna.

Fecha:

H. Veracruz, Ver., a Jueves 12 de Octubre del 2000.

ÍNDICE.

Tema

Pág.

Presentación.

1

Índice.

2

Orígenes y fundación.

4

Por qué se le dio el nombre de Ciudad de Tablas.

4

Época Prehispánica.

5

Época Colonial.

7

Época Independiente.

8

Primera H.

9

Segunda H.

10

Tercera H.

11

Cuarta H.

12

La Puerta al Nuevo Mundo.

13

El Escudo.

14

Palacio Municipal.

15

La Iglesia Parroquial.

16

El Teatro.

17

Teatro de la Reforma.

17

Teatro Clavijero.

18

Faro de San Francisco.

19

La Alameda.

21

El Castillo de San Juan de Ulúa.

22

La Capilla del Santo Cristo del Buen Viaje.

25

El Instituto Veracruzano de Cultura y las Atarazanas.

26

La Isla de Sacrificios.

28

El Baluarte de Santiago.

29

Catedral de Nuestra Señora de Asunción.

29

Edificio de la Aduana.

30

ÍNDICE.

Tema

Pág.

Edificio de Correos y Telégrafos.

30

Edificio del Banco de México.

31

Casa del Cabildo.

32

Plaza de Armas.

32

Portal de Miranda.

33

Museo de la Ciudad.

33

El Tajín.

34

Orígenes del Carnaval.

39

Obeliscos.

40

El registro Civil.

41

El Gran Café de la Parroquia.

42

Monumento a Juárez.

42

Leyenda del Castillo de San Juan de Ulúa.

43

Leyenda de las Calles de San Juan de Dios.

44

Leyenda de la Condesa de Malibrán.

46

Los Viejos Caserones de la Calles de Miguel Ma. Lerdo.

50

Leyenda de Aparición de la Diligencia por su Viaje Maldito.

53

Leyenda del Convento de los Monjes.

55

Leyenda de la Llorona.

57

Leyenda de la Mulata de Córdoba.

60

Orígenes de la fundación de Veracruz.

Una primera expedición española se organizó en Cuba descubrió las costas de Veracruz por el gobernador Diego Velázquez (1518) bajo el mando de Juan de Grijalva consta de 4 navíos y llegaron a Cozumel, bordearon la península de Yucatán penetraron el rió Papaloapan y siguió a Boca del Río y prosiguieron hasta isla Blanca, isla Verde e isla de Sacrificios, siguieron la costa verde, Grijalva desembarcó en el Islote que se llamó San Juan de Ulúa, ya lo consideró el piloto mayor Antón de Alaminos puerto seguro, ya que daba protección para los vientos del norte y tenía de buen fondo.

Regresó a Cuba con oro y despertó ambición de Velázquez que preparó una segunda expedición, salió de la Habana con 10 navíos el 20 de Febrero de 1519.

El 21 de abril de 1519 la flota de Cortés funde al islote junto a San Juan de Ulúa, Cortés fundó provisionalmente la Villa Rica de la Vera Cruz y nombró el ayuntamiento, algunos españoles continuaron hacia la Bahía y ahí fundaron la Villa Rica de Veracruz.

El 22 de Abril de 1519 Hernán Cortés desembarcó en los médanos fronteros a las Islas de San Juan de Ulúa como era viernes santo, día en que la Iglesia Católica venera ala cruz desnuda, después del descendimiento de Jesuerismo, pensó en fundar una Villa que llevara el nombre de Vera-Cruz la fundación se localiza a unos 80 Km. al norte sobre la misma costa y frente al poblado indígena de Quiahuiztlán, figuraron de modo independiente. La antigua y nueva de Veracruz, la primera comprendía todo el nuevo territorio ocupado por pueblos indígenas y la segunda el puerto donde desembarcaban las flotas procedentes de España.

Las sucesivas fundaciones y emplazamientos de la ciudad de este nombre se da un lapso de 80 años(1519-1599), dos primeras fundación recibieron el nombre de Villa Rica de la Veracruz; a las que siguió una tercera que recibió el nombre de Antigua de Veracruz (1525) donde permanece hasta 1529, para pasar en dicho año al lugar llamado de las Ventas de Buitrón, frente al castillo de San Juan de Ulúa. En este lugar alcanza en el siglo XVII su sede definitiva con la denominación de “Nueva Veracruz” coincidiendo así el lugar del primero y el último asentamiento.

Por que se le dio en nombre de Veracruz o Ciudad de Tablas.

Nombre de Tablas.

Siendo emperador de Turquía Constantino mando a su hermana la emperatriz Sofía a buscar a Jerusalén la cruz en la que había expirado Jesucristo, después de una larga búsqueda encontró en una cueva tres cruces que se decían eran las cruces del Calvario donde habían expirado Cristo y dos ladrones; el tres de 502 de nuestra era fue encontrada la cruz, después de que fue comprobada la leyenda que existía sobre ella. La cual decía que al poner un cuerpo inerte en la cruz de Cristo este entraría en estado de levitación.

El 3 de mayo quedo por la cristiandad como el día de la verdadera cruz.

Hernán Cortes conquistador de México que llego a explorar la región de Chalchihuecan (Veracruz); era fanático de la verdadera cruz, cuando partió de Cuba a la conquista y llego frente al islote de San Juan de Ulúa y más tarde formo el ayuntamiento declaro la fundación de la Villa Rica de la Vera Cruz, que significa la Villa Rica de la Verdadera Cruz, adquiriendo desde entonces ese nombre los posteriores establecimientos. Por esta razón ha sido la renombración al convertirse las Villas en Ciudades, el nombre de Veracruz.

Ciudad de Tablas.

En la ciudad de Veracruz no hubo mas que casas de madera por lo que se le llamó CIUDAD DE LAS TABLAS esto sucedió a principios del siglo XVII sufriendo en el año de 1606 un pavoroso incendio que casi la destruyó totalmente y más tarde medio reconstruida, la ciudad a principios de 1608 fue devorada por otro incendio. Por esta razón los dueños solares empezaron a fabricar casas de cal y canto y creció de tal manera el caserío que a fines del mismo año, el Virrey Don Luis de Velasco cedió el terreno para la creación de las casas consistoriales (o sea el palacio municipal) que se comenzó en 1609 y fue concluida en 1627.

Desde 1600 se le había concedido el título de la ciudad a la anterior población en la antigua Veracruz, desde la nueva fundación la ciudad se extendió ya con construcciones de cal y canto, y edificios mayores con la piedra extraída del mar y conocida como piedra MUCA. Así fue creciendo la población hasta que después de la invasión de los piratas de Lorencillo se amurallara la ciudad para su defensa. La muralla se derrumbó en 1880.

Época Prehispánica.

En el estado de Veracruz se han localizado restos arqueológicos que corresponden, los más antiguos de 1500 a 1200 años A. C. y se calculan en 1,200 zonas las distribuidas en todo el estado. En ellas se han encontrado objetos pertenecientes a varias etapas que van desde la prehistoria hasta el tiempo de la Conquista.

Tres culturas autóctonas poblaron al territorio del hoy estado de Veracruz, los huastecos, los totonacas, y los olmecas que a decir de algunos investi­gadores, formaron con los mayas una vasta comunidad de pueblos empa­rentados étnica y culturalmente. El área ocupada por los huastecos abarca desde el sur de Tamaulipas, parte de San Luis Potosí, Querétaro, Puebla e Hidalgo y por el sur hasta el río Cazones. Los restos más antiguos de esta cultura se han encontrado en la zona del Pánuco.

El huasteco, fue uno de los pueblos que menos se desarrolló en el estado a causa de las constantes Invasiones que sufría por parte de los pueblos bár­baros del norte que incursionaban en busca de víveres, por lo que existen escasos vestigios de sus edificaciones ceremoniales, si acaso el Castillo de Teayo, que algunos Identifican también corno totonaca. Ubicado a 38 km. al N de Poza Rica.

Los totonacas. a su vez, se desarrollaron en la parte central de Veracruz. y hacia el clásico tardío su área ocupacional llegaba al 5 hasta la cuenca del río Papaloapan, al O a los municipios de Acatlán, Oax., y Chalchicomula, Pue., el valle de Perote, las sierras de Puebla y de Papantla, y las tierras ba­jas del río Cazones. Lo más relevante de la cultura totonaca se alcanza en el clásico tardío, cuando se construyen centros ceremoniales de El Tajín, Yohualichan, Nepatecuhtlan, Las Higueras, Nopiloa y el Zapotal.

Son admirables los adelantos y perfección de formas alcanzados en la ela­boración de yugos, palmas, hachas, caritas sonrientes y las esculturas mo­numentales de barro. Al parecer, los totonacas formaron parte del imperio de Tula y a partir de 1450 fueron conquistados por los nahoas de la triple alianza. Los olmecas, por su parte, se establecieron en la Costa del Golfo de México al 5 del estado, Pánuco y Tabasco. Su nombre significa, a decir de los estu­diosas, habitantes del país del hule”. La rama olmeca xicalanca se asentó en parte de Chiapas hasta Tehuantepec, en la costa del Pacífico, su nombre quiere decir olmecas que están donde se cosechan o bruñen jícaras”. Los olmecas son el grupo humano que creó la comunidad civilizada más temprana conocida en México, en el horizonte preclásico superior, hacia el siglo V a.C., por lo que se le califica de “cultura madre”. Su actividad agrí­cola sedentaria. más antigua se localiza en Tres Zapotes que, hacia 1200 ellos d.C.. coincide culturalmente con el otro importante centro olmeca de la Venta, Tab. El área de influencia olmeca llegó a traspasar fronteras, abar­cando gran parte de Mesoamérica a excepción de Yucatán y la costa N del Golfo. Sus principales obras escultóricas son las cabezas monumentales, los altares, El Luchador y el Señor de las Urnas, entre otras.

Las primeras Incursiones españolas en territorio veracruzano fueron capita­neadas por Juan de Grijalva, quien con Alonso Dávila, Pedro de Alvarado y Francisco de Montejo, conducían cuatro navíos provenientes de Cuba. En 1518 después de tocar Isla Mujeres, Bahía de la Ascensión, Cabo Catoche, Isla del Carmen y otros puntos del litoral de la península de Yucatán, dan con la desembocadura del río que Grijalva bautiza con su nombre, llegando después a la barra da Tonalá.

Alvarado penetró en el caudaloso río Papaloapan, que le llamó de Alvarado la expedición desembarcó posteriormente en Boca del Río, donde en con­tacto con los indígenas intercambian productos de la región con baratijas que tratan. Siguieron su recorrido por la costa y después de reconocer va­rios islotes, llegaron a la isla de Sacrificios, nombre que le imponen por encontrar ahí huellas de sacrificios humanos.

Su siguiente escala fue en el islote que Grijalva llamó de San Juan de Ulúa por ser 24 de junio, día de San Juan, y creyó oír “Ulúa” en voz de los nativos. Alvarado retornó a Cuba y Grijalva continuó recorriendo la costa hasta dar con el río Canoas o Pánuco, recalando días después a Tonalá de donde par­tió con los otros capitanes a la isla antillana a noticiar de sus hallazgos. Una nueva expedición al mando de Hernán Cortés llegó a las costas ve­racruzanas y desembarcó el 22 de abril de 1519 en tos arenales de Chalchiuhcuecan frente al islote de San Juan de Ulúa, donde Cortés erigió el primer Ayuntamiento de América provisionalmente la Villa Rica de la Ve­racruz. llamada así porque los españoles desembarcaron el Viernes Santo, día que se festeja a la Cruz Desnuda. Buscando un lugar más propicio para establecer-se, se trasladaron hacia el N y frente al poblado totonaca de Quiahuiztlán, fundaron el primer pueblo hispano llamado Villa Rica allí per­maneció hasta 1525 en que fue trasladado a la margen izquierda del río Huitzilapan (La Antigua), para cambiarlo definitivamente en 1599 al Sitio ori­ginal de desembarco, en donde estuvo la Venta de Huitrón. y ahora se asienta la ciudad y puerto de Veracruz. En agosto de 1519, Cortés inició su marcha de conquista hacia México Te­nochtitlán, mientras sus capitanes se encargaban de pacificar regiones que hoy comprenden la entidad veracruzana.

Época Colonial.

Los colonos españoles que se establecieron en Veracruz fueron muy po­cos, ya que la mayoría prefería el clima templado cci altiplano central; la población indígena, a su vez, disminuyó mucho durante la Colonia y llegó a su nivel más bajo en el siglo XVII, a causada la peste, la viruela y los trabajos forzados. Las congregaciones de pueblos con fines evangelizadores se iniciaron en 1546. originando una serie de litigios agraros entre encomen­deros, misioneros y eclesiásticos.

El puerto de Veracruz se convirtió en punto de enlace de España con sus co­lonias de América. De aquí se despachaban para Europa metales pre­ciosos. guajolotes, maíz, cacao, vainilla, aguacate, fríjol, Ixtle y algodón entre Otros y llegaban productos como haba, arvejón, trigo, arroz, etc., así como animales domésticos, pólvora, cavetas, telas vinos y múltiples mercaderías distribuidas posteriormente por el territorio novohispano.

Por Real Cédula del 4 de julio de 1523. Carlos V concedió escudo de Armas a Veracruz. Desde el siglo XVI el puerto sufrió múltiples ataques de piratas en busca de la fortuna española: John Hawkins y Francis Drake. en 1568; Laurent Gran (Lorencillo), Cornelio Jet (Pie de Palo) y Van Horn en 168,3, que literalmente lo saquearon sin encontrar mucha resistencia.

La mayor parte de la provincia perteneció originalmente al obispado de Tlaxcala. pero posteriormente (1527), la Huasteca pasó a formar parte de la Diócesis de México, y en 1535 la porción sur, a Oaxaca

Hacia el siglo XVII la población negra que hicieron llevar los españoles para realizar faenas y trabajos en las salinas se multiplicó, ya que la población indígena riada disminuido notablemente por la explotación de los enco­mendaros. Asimismo la inestabilidad económica social había aumentado y por ende los asaltos y robos a poblados y diligencias, esto motivó la fundación de la villa de Córdoba en 1618, para brindar protección a los vecinos y a los viajeros que transitaban por la rutada la ciudad de México a Orizaba y Veracruz.

Xalapa, que significa en arenales, se fundó sobre un asentamiento prehispánico formado por cuatro pueblos y hacia 1739 fue erigido su ayun­tamiento. En 1791 el rey Carlos IV le concedió escudo y titulo de villa. La ac­tual capital veracruzana fue sede de la tamos-a feria anual de las flotas” desde 1720, feria comercial que entonces trasladaron de Veracruz, tenido por un lugar muy insalubre. Duraba dos o tres meses yen su esplendor se le llegó a conocer como `Jalapa de la feria”.

Al estallar el movimiento insurgente de 1810, en la comarca aparecieron pe­queños partidos revolucionarios. Uno de los primeros 10 encabezaron los jó­venes Evaristo Molina y Cayetano Pérez, prontamente sorprendidos y fusi­lados. La insurrección se robusteció con el tiempo y notables caudillos lucharon por la independencia en tierra veracruzana: Morelos, batiéndose en Monte Grande. El Ingenio, Acultzingo y el Cerro del Borrego hasta rendir Orizaba el 29 de octubre de 1812, acciones en la que participaron los herma­nos Galeana y Vicente Guerreí3, Nicolás Bravo lucha en Alvarado, Puente Nacional, Coscomatepec ahora Coscomatepec de Bravo, Córdoba y el Pal­mar, en 1812 y 1813: el heroico cura Matamoros en los límites veracruzanos con Puebla, en 1812; Manuel de Mier y Terán en Huatusco y Playa Vicente, en 1812 Y 1813; López Rayón en Omealca, en 1814; Bárcena, hostilizando Córdoba, en 1812: Guadalupe Victoria en Puente Nacional, Nautla, Huatus­co, Naolinco ahora Naolinco de Victoria, desde 1812 hasta 1821.

El teniente coronel Antonio López de Santa Anna con su batallón de “guaji­ros” sale de Veracruz y expulsa a los Insurgentes de Orizaba. pero el 29 de marzo de 1821 se subordinó al comandante José Joaquín de Herrera y se pronuncia por el Ejército Trigarante, combatiendo en mayo a Francisco Hevia que atacaba Córdoba, donde perece este jefe realista.

El último virrey Juan O'Donojú arribó a puerto Veracruz el 30 de julio de 1821 y ajustó los Tratados de Córdoba con Agustín de lturtide el 23 y 24 de agosto siguiente, que proclamaron la Independencia de México constitu­yéndose en nación libre y soberana.

Época Independiente

Consumada la Independencia. Veracruz desapareció como Intendencia, úl­tima división política que rigió en la Nueva España desde 1787 y se erigió en Estado Ubre y Soberano por la Constitución Federal de 1824. Promulgó su Constitución Política el 3 de junio de 1825. mismo año que se rindió el fuerte de San Juan de Ulúa, último reducto español en México. El 27 de junio de 1829, el brigadier español Isidro Barradas desembarcó en Tampico al frente de 3 000 hombres con el propósito de reconquistar la tierra del Anáhuac para la corona española, pero derrotado por Santa Anna y Mier y Terán capituló en Pueblo Viejo, Tamaulipas, el 11 de septiembre si­guiente.

A raíz del conflicto por la separación de Texas, estalló la Injusta guerra que Estados Unidos declaró a México y ordenó el bloqueo del puerto de Veracruz. Después de Intenso bombardeo, las tropas Invasoras de Winfield Scott lo ocuparon el 29 de mano de 1847, permaneciendo hasta el 3Ode ju­lio de 1848, cuando por tos Tratados de Guadalupe Hidalgo del 2 de febrero de ese año, el gobierno mexicano tuvo que ceder más de la mitad del territo­rio nacional, precio monstruoso por la retirada del ejército norteamericano.

Durante la sangrienta Guerra de Reforma, Benito Juárez instaló su gobierno liberal en el puerto de Veracruz desde el 4 de mayo de 1858 hasta fines de diciembre de 1859. Durante su estadía en él promulgó en 1859 las Leyes de Reforma. El 28 de mayo de 1864, Maximiliano arribó para imponer la monar­quía en México. Obligando al gobierno juarista a peregrinar por el interior del país. La República se restablece con el triunfo de las armas republica­nas en Querétaro en junio de 1867. Durante la dictadura de Porfirio Díaz, en 1896 y 1898. los trabajadores de algunas factorías de Orizaba organizaron varios paros en demanda de mejores Condiciones laborales y económicas. Pero a fines de 1906, los obreros textiles de la región orizabeña con los de Puebla y Tlaxcala se agruparon en el Gran Círculo de Obreros Libres que en diciembre declaró la huelga textil. Arbitró el conflicto el general Díaz que faltó a favor de los industriales. Los obreros indignados marcharon en pro­testa a Río Blanco, negándose a volver al trabajo y destruyendo la tienda de raya, motín que reprimieron brutalmente fuerzas policíacas y militares, sacrificando a muchos, incluso a mujeres y niños, hiriendo a Otros y disper­sando a punta de bayoneta a los sobrevivientes de la masacre.

Este es uno de los acontecimientos que aceleraron el gran estallido revolu­cionario de 1910, encontrando múltiples adeptos en Orizaba, Nogales, Río Blanco y Paso del Macho. Seis meses después, Xalapa y otras poblaciones importantes ya estaban en poder de los revolucionarios, y el 31 de mayo de 1911, Porfirio Díaz tomó rumbo al destierro hacia Paris, embarcando en el lpiranga.

La última ocupación extranjera del puerto jarocho ocurrió el 21 de abril de 1914 por la escuadra norteamericana, a pretexto del incidente provocado por la detención de 7 marinos y 1 oficial del acorazado Dolphin que desem­barcó en Tampico el día 9 anterior. Después de una heroica resistencia po­pular y de los cadetes de la Escuela Naval de Veracruz, donde caen Virgilio Uribe y herido de muerte José Azuela Los infantes de marina se posesiona­ron de la plaza hasta abandonarla el 23 de noviembre de 1914, cuando el go­bierno de Huerta habla caldo y triunfaba el constitucionalismo.

La ciudad porteña también fue sede del gobierno constitucionalista de Ve­nustiano Carranza y declarada capital de la república el 3 de diciembre de 1914. Aquí precisamente promulgó la Ley del 6 de enero de 1915 con tras­cendentales reformas agrarias.

Marco de luchas proletarias, en el puerto jarocho se celebró el 5 de marzo de 1915 el ler. Congreso Obrero Preliminar Nacional, creando la Confedera­ción de Trabajo de la Región Mexicana. En los Siglos veinte, surgió el movi­miento inquilinario impulsado por el líder obrero Herón Proal para liberar a los inquilinos de los abusos de los casatenientes, campaña que experimen­tó represiones violentas. El unánime apoyo popular que conquistó, determinó, al Congreso del Estado a promulgar el 2 de mayo de 1923 la Ley inquili­naria, conocida como “Ley Proal, otorgando al inquilino hasta el derecho de “huelga de pago de las rentas. Baluarte tradicional del agrarismo, por empeños de Ursulo Galván se funda la Liga de Comunidades Agrarias el 22 de agosto de 1925. demandando justicia para a explotada clase campesina. Varios líderes campesinos caen en la lucha, entre ellos: Cardel y Rodríguez Clara.

Los dos periodos gubernamentales <1920-24 y 1928-32) del coronel Adalber­to Tejeda, se significaron por su carácter obrerista y agrario y la estricta observancia de la Ley de Cultos y de la enseñanza laica.

También en territorio veracruzano se gestaron continuas luchas de los obreros por alcanzar mejores condiciones laborales, también entre ellos hubo víctimas. Muy importante fue la participación de los sindicatos petro­leros veracruzanos al reivindicar sus derechos ante las compañías extranje­ras, conflictos que finalmente determinaron la expropiación petrolera decretada por el presidente Cárdenas el 18 de marzo de 1938.

La Geografía del estado se transformó por las obras emprendidas por la Co­misión del Papaloapan a finales de los años cuarenta al construirse presas, caminos, canales, escuelas en la cuenca del imponente río Papaloapan.

Primera H.

Después de consumarse la Independencia Nacional (1821), en 1823 desde el fuerte de San Juan de Ulúa, el ejército español con los numerosos cañones que tenia dicho fuerte, bombardeó a la ciudad de Veracruz y a los indefensos porteños, durante 18 días, desde el 25 de Septiembre hasta el 13 de Octubre de dicho año de 1823, días que resultaron infernales para los pobladores del puerto.

El contexto histórico en que sucedió esta tragedia, se puede definir recordando que. Dos años antes, el 24 de Agosto de 1821 se celebraron los famosos Tratados de Córdoba, entre el último Virrey de la Nueva España, Juan de O'Donojú, y por el país, el entonces Emperador Agustín de Iturbide, por los cuales se reconocía la Independencia de México.

En relación a este acuerdo, el comandante español que estaba al mando de la plaza de Veracruz, José Dávila, desconoció dicho tratado y negó toda autoridad de O'Donojú y después encerró con algunos cientos de soldados en la Fortaleza de San Juan de Ulúa.

Es decir, terminaba así la dominación española de tierra firme en nuestro país, pero quedaba la fortaleza de San Juan de Ulúa, como el último bastión español.

Dentro de este contexto hay que recordar el hecho de que Antonio López de Santa Anna, era el comandante de la provincia de Veracruz, quién había roto relaciones con el emperador Agustín de Iturbide y sublevó a la guarnición del puerto y proclamó la República el 2 de Diciembre de 1822.

Para ello, contó con la invaluable ayuda de aquel ilustre porteño que llevó el nombre de Santa María quien por cierto para entonces ya había sido Secretario Particular del Libertador Simón Bolívar y quién redacto la referida proclamación.

Terminando este largo contexto histórico regresamos al bombardeo sufrido por el puerto. Contra la Plaza de Veracruz, según el relato de José María Tornel, se dispararon 700 bombas de diversos calibres que destruyeron muchas edificaciones e hicieron huir a la población al campo; es decir, fuera del recinto amurallado.

Sabido es, que después, el 2 de Junio de 1824, el General Guadalupe Victoria dio el mando de la plaza al General Miguel Barragán, quién ocupó la isla de Sacrificios y formó una escuadra comandada por Pedro Sáenz de Baranda que sitiaron San Juan de Ulúa hasta su capitulación, lo cual sucedió el 18 de noviembre de 1825.

Durante el lapso de Septiembre de 1823 a la capitulación de 1825, el gobierno mexicano mandó cerrar el puerto de Veracruz y abre el de Alvarado a donde pasó el comercio.

Así tuvieron lugar esos días aciagos para los pobladores del puerto, en razón de los cuales y por decreto de 29 de Julio de 1826 se concedió a Veracruz, el primer título de Heroica.

Segunda H.

Diecisiete años habían transcurrido apenas después de la consumación de la Independencia del país, y ya se encontraba hundido nuevamente en el caos y exhausto económicamente hablando. A menudo sucedían cuartelazos y asonadas militares por ambiciones bastardas y sectarias, deslealtad y traiciones a la patria, cambios políticos, un efímero imperio y después el federalismo con su régimen centralista.

Así transcurrió el tiempo, pero Francia venía reclamando diversos daños causados a sus súbditos por las revueltas. Y la no resolución de nuestro gobierno de su reclamo, dio motivo a que enviara una escuadra a aguas mexicanas, y que su ministro Barón Deffaudis, presentara un ultimátum a México, hecho por el plenipotenciario el día 21 de marzo de 1838.

Conocidos todos los incidentes que se suscitaron, dignidad y sobrevaloración por una parte y despotismo por la otra, las relaciones diplomáticas se rompieron al fin y quedaron bloqueados los puertos del Golfo.

Nuevas exigencias de los franceses, en parte injustificadas, pero lo inútil de las conferencias entre ambos gobiernos, torpezas y las permanentes agitaciones intestinas que menguaban el prestigio y resistencia, dio lugar al bombardeo de Ulúa por la escuadra francesa el 28 de noviembre y a la capitulación obligada.

Nuevos convenios y el desembarco sorpresivo al puerto de Veracruz el 5 de diciembre del mismo año, malabarismo político del discutido Gral. Santa Anna y, finalmente, el bombardeo de la ciudad, ordenado por el Contralmirante Carlos Baudín en cruel alarde de fuerza.

La ciudad quedó desierta. Su escasa guarnición se retiró a Pocitos, y los habitantes que aún quedaban, buscaron refugio como los demás, en los pueblos y las rancherías cercanas. Y en tanto se firmaba un tratado de paz, quedó Veracruz abandonado a merced del enemigo. La fina ironía del pueblo bautizó a esta contienda, por su origen, “GUERRA DE LOS PASTELES”.

Por medio de varios decretos, el gobierno nacional premió a los defensores de Veracruz, militares y civiles, con emblemas, placas, condecoraciones y ascensos, el 11 de febrero de 1839, el 1º de abril de 1840 y al 28 de agosto del mismo año. Y el 27 de diciembre de 1900, la Legislatura local concedió a Veracruz el SEGUNDO TÍTULO DE HERÓICA.

Tercera H.

En 1846, los Estados Unidos de Norteamérica, teniendo como presidente a James Polk, hombre de poco o ningún escrúpulo, invadieron el país sin previa declaración de guerra, so pretexto de no estar conforme con los límites del territorio de Texas del cual se habían apropiado los esclavistas del Sur, obligándonos a defendernos dentro de nuestras propias fronteras, pero haciéndonos parecer como agresores. Realidad: ambiciones de expansión territorial. Para lograra sus propósitos, era conveniente que las tropas llegasen hasta la capital de la república por el norte, pero las distancias se prolongaban facilitando la defensa y se extendía también la lucha. Por ello, la solución que tomaron fue la de llevar a cabo su ataque por Veracruz, bloqueado muchos meses antes por la escuadra norteamericana, al igual que otros puertos.

El Gobernador del estado, el patriota General don JUAN SOTO y el Comandante Militar y no menos valiente General don JUAN MORALES, se aprestaron a la defensa. Inútiles fueron las peticiones de ayuda al gobierno del centro, que al fin manifestó a través del Ministro de Guerra: “EL GOBIERNO NO PUEDE AUXILIAR A ESA PLAZA NI CON HOMBRES, NI CON UN SOLO PESO”.

Con la mesura y dignidad que le eran características, el Gobernador Soto, en comunicación del 7 de marzo de 1847, manifestó al gobierno federal que la caída del territorio veracruzano representaría las puertas abiertas al enemigo, para penetrar en la ciudad de México.

El Gral. Morales, por su parte, al informar sobre los movimientos del invasor, decía al Ministro de Guerra, con toda energía: “VERACRUZ HA QUEDADO SOMETIDA CON SUS PROPIAS FUERZAS, COMO SI REALMENTE NO PERTENECIERA A LA UNIDAD NACIONAL”.

La Legislatura del Estado lanzó una manifiesto al país, llamando a sus hijos a la concordancia y a la unidad, e invitándolos a sumarse para la defensa conjunta de la patria. En uno de sus párrafos dice:

“MEXICANOS: EL ESTADO DE VERACRUZ PROTESTA DEFENDER PALMO A PALMO SU TERRITORIO DEL ENEMIGO QUE LO INVADE. PERO INERME COMO LO ESTA, SIN RECURSOS Y SIN TROPA, HARÁ SIN VUESTRA PRONTA Y EFICAZ COOPERACIÓN UN SACRIFICIO INÚTIL”.

ue contra la ciudad, dirigiendo su batería principalmente a los hospitales, cuarteles y casa de aprovisionamiento. Los cónsules francés, inglés y prusiano, pidieron al Gral. Scott otorgare autorización para que abandonasen el recinto, las mujeres, los niños y los ancianos, pero la respuesta fue tan cruenta como negativa.

Inútil es imaginar los horrores originados por aquel despiadado bombardeo, en el que conservadoramente se calcula se arrojaron a la ciudad de Veracruz, un promedio de 460 000 libras de proyectiles dejando a la ciudad convertida en ruinas y, entre sus escombros, centenares de heridos y cadáveres que en el último alarde de temeridad, ofrendaron sus vidas ante el enemigo.

Agotados los elementos de defensa, famélicos los sitiados y perdida toda esperanza de auxilio, se acordó una capitulación, que fue firmada el día 29 de marzo de 1847 quedando la plaza en poder del enemigo.

El gobierno federal otorgó condecoraciones a los defensores y años más tarde, el gobernador don Teodoro A. Dehensa, el 29 de diciembre de 1900, expidió el decreto número 41 que a la letra dice:

Artículo Único.- “Se declara que la ciudad de Veracruz, se ha hecho acreedora al título de 3 veces heróica, por el comportamiento de sus hijos en defensa de la autonomía nacional”.

Cuarta H.

Con el ascenso a la presidencia de los estados unidos de Woodrow Wilson, en marzo de 1913 la política hacia México sufrió un gran viraje: Wilson se negó a reconocer el régimen de victoriano huerta, no obstante que este había contado con el aval de la embajador estadounidense. Este giro de 180 grados estaba estrechamente relacionado con el pensamiento del nuevo presidente, de quien se ha dicho que asumía con gran celo-a la manera de Princeton, donde fue profesor de relaciones internacionales-el encargo del hombre blanco de llevar a cabo la misión civilizadora en América, buscando, aun con la intervención directa y, según sus propias palabras,”enseñarles a los latinoamericanos a escoger buenos gobernantes “.

De ahí que a Wilson quien estuvo involucrados en problemas con América latina mas que ninguno otro mandatario se le conozca como a un “imperialista mesiánico “, que llevaba siempre una justificación moral en sus intentos por intervenir en asuntos internos de los países al sur del rió bravo. Al juzgar a los cetiles gobernantes hispanoamericanos, en Woodrow Wilson afloraba un eco del horror por el viejo Adán al que la revolución puritana no ha matado del todo en los estadounidenses. Pero la verdad es que las exigencias de pureza política solo se llevaban a sus ultimas consecuencias cuando servían de pretexto para obtener ventajas políticas o económicas muy concretas. De ahí que los latinoamericanos consideraran pura hipocresía el ropaje idealista con el que se disfrazaban las numerosas intervenciones.

A pesar de los esfuerzos del embajador, el presidente Wilson no reconoció al usurpador e incluso condeno el cuartelazo Huertista.

Por defender con denuedo la integridad de la patria durante la ocupación de las fuerzas norteamericanas en 1914,la h. legislatura del estado otorga por decreto del 16 de diciembre de 1948 el titulo de cuatro veces heroica a la ciudad y puerto de Veracruz por haber sumado sus hijos un acto mes de heroicidad.

La puerta del nuevo mundo

Las coordenadas históricas que se derivaron de la conquista española a nuestro país se abrieron paso a través de la llamada Puerta del Nuevo Mundo. El tiempo que envolvió su nacimiento vino cabalgando de allende el mar y desde tierra adentro para bautizarla con el nombre de la Nueva Veracruz (1599), que pronto demostró su vocación de pontífice comercial uniendo lo viejo y lo nuevo en inesperado calidoscopio humano.

Por su puerto transitaron hombres poseídos de mística religiosa o fiebre de oro; también "bultos con cabeza", hombres venidos de África en calidad de esclavos para trabajar principalmente en minas y plantaciones del nuevo reino de España. Muchos murieron en el trabajo esclavizante y pocos lograron sobrevivir a través del cimarronaje. Otros transgredieron su destino y sellaron con sus corrientes genéticas al peculiar mestizaje porteño que nuevas generaciones llamaron "jarochos".

Hombres y mujeres: negros, blancos, indios y mestizos de todos los tonos, desde el café más oscuro hasta el color más pálido, imprimieron a la ciudad porteña un poco de sabor morisco, otro tanto de andaluz, y un parecido, casi mellizo, con la ciudad de La Habana.

La ciudad, con los pies en la tierra y las manos en el mar, duerme mejor cuando la mece el huracán y bajo la lluvia, arrulla lo soñado mientras prende galardones en el pecho de sus habitantes con el retumbar de las centellas.

El Escudo de Veracruz

El escudo de Veracruz está presentado en dos campos. uno Azul y otro Verde

El campo verde representa la fertilidad y la riqueza de sus tierras. Sobre él se edificó un fuerte, refugio, castillo o fortaleza, éste está sin puertas ni ventanas solo orificios los cuales significan que todo aquel que desee puede entrar y refugiarse sin ningún impedimento.

En el centro del refugio entre las dos torres se encuentra una cruz con la inscripción de “VERA” que significa “VERDADERA”

El campo azul significa el mar con abundante vida marina. Fructífera tanto como para la pesca como para la navegación Se encuentra en él los dos pilares que representan el sostén de la fortaleza y con una banda en la que se observa la inscripción “NON PLUS ULTRA” cuyo significado es: “NO HAY MEJOR” y MAS ALLA DEL MAR TENEBROSO” que se adoptó para su significado, debido a que en épocas remotas, por la proliferación de la piratería, se consideraban temerarios a los navegantes.

Ambos campos están circundados por una franja dorada que representa la riqueza mineral de nuestro territorio dentro de ésta hay 13 estrellas y 5 puntas que significan cada uno de los frailes franciscanos que vinieron a evangelizar a nuestro pueblo

Después de esta franja, se encuentra otra de color violáceo. La cual simboliza a las diferentes culturas arraigadas en nuestro territorio y que nos legaron bastos conocimientos de su civilización.

Por ultimo, en su contorno inferior y hacia ambos lados, se observan hojas de laurel con las que se premian a los héroes y las flores que representan la amistad y la hospitalidad que ofrecemos a propios y extraños.

Veracruz

Palacio Municipal.

Sabido es que el H. Ayuntamiento de Veracruz, así como la fundación de esta ciudad, tuvieron su origen en la necesidad que experimentó D. Fernando Cortés de poseer un título legítimo para hacerse obedecer de los suyos, sustrayéndose a la obediencia y a las disposiciones del Gobernador de la Isla de Cuba, D. Diego Velázquez, quien, sospechando que había de tener en Cortés no solamente un émulo, sino un rival poderoso, le retiró antes de su salida de la Habana, su nombramiento de jefe de la armada, dando la orden de prenderle, con objeto de impedir la marcha de aquélla.

Sobre este importantísimo acontecimiento se expresa el erudito y concienzudo Sr. D. Miguel Lerdo de Tejada, con tal precisión, con tanta verdad, con tal elocuencia, que no titubeamos en trasladar íntegro el pasaje, pues aventajando su narración a la nuestra y siendo uno mismo el hecho que hemos de referir, creemos que remplazando nuestro lenguaje con el suyo, no solamente saldrá ganancioso el lector, sino que habrá de agradecernos le proporcionemos el mismo placer que nosotros experimentamos con la lectura de los escritos en que campea el elegante estilo del ilustre veracruzano a quien con gusto cedemos la palabra. Oigámosle, pues.

“Para alcanzar este resultado (el de sustraerse a la autoridad de Velázquez) con toda la brevedad que era necesaria y cubrirlo al mismo tiempo con todas las apariencias de legalidad, ocurrió a Cortés el pensamiento de convertir instantáneamente su campamento en una población con el título de villa, para que, eligiendo sin demora sus vecinos un ayuntamiento, pudiese deponer ante esta autoridad local el nombramiento que había recibido de Velázquez, y obtener de ella otro nuevo en los términos convenientes.

Para poner desde luego en práctica esta idea, según lo que se nos refiere Bernal Díaz del Castillo, se puso antes Cortés de acuerdo con Alonso Hernández Puerto-Carrero, Pedro de Alvarado, y sus cuatro hermanos, Cristóbal de Olid, Alonso de Ávila, Juan de Escalante, Francisco de Lugo, el citado historiador y otros de sus parciales, a fin de que, llegado el caso, lo proclamase el Ayuntamiento por capitán general y justicia mayor de la villa; y estando todos ellos conformes en esto, manejaron el asunto de tal manera, que a pesar del disgusto y oposición de los amigos de Diego Velázquez, consiguieron su objeto, dándole en consecuencia al lugar que ocupaba el campamento, con general aprobación de la mayoría de los soldados que lo formaban, el nombre de Villa Rica de Veracruz.

Concluida esta ceremonia, se procedió a nombrar el ayuntamiento que había de llevar la representación de la nueva villa, resultando electos para alcaldes Alonso Hernández Puerto-Carrero y Francisco de Montejo. En seguida, según el mismo Bernal Díaz, se mandó colocar una picota en el lugar que servía de plaza, y una horca fuera de la villa, haciéndose al mismo tiempo el nombramiento de otras autoridades sub-alternas, las cuales fueron provistas en este orden: capitán para las entradas Pedro de Alvarado; maestre de campo, Cristóbal de Olid; alguacil mayor, Juan de Escalante; tesorero, Gonzalo Mejía; contador, Alonso de Ávila; Alférez, Hulano Corral y alguaciles de campo, Ochoa Vizcaíno y Alonso Romero.

Estando reunido el Ayuntamiento en el local destinado a efecto, se presentó ante esta corporación D. Fernando Cortés y haciéndole las debidas protestas de su respeto y obediencia, puso sobre una mesa el nombramiento de jefe del Gobernador de Cuba, manifestando que todos sus títulos al mando habían cesado desde el momento en que la nueva villa había elegido sus propias autoridades a las cuales correspondía ya exclusivamente el designar a la persona que debía sustituirle en su empleo.

Luego que hubo dicho esto, se retiró Cortés del local para que el Ayuntamiento resolviera lo que juzgara conveniente; mas como esta resolución era ya cosa arreglada de antemano, después de una breve discusión con el objeto de cubrir las apariencias, lo proclamó en nombre del Rey de España capitán general y justicia mayor de la villa concediéndole además el quinto del oro que se rescatase después de separar la parte que correspondía a la Corona y otorgándole un poder amplísimo para poblar aquéllas tierras, cuyo documento fue autorizado por Diego de Ordaz, escribano de la armada”. Pero hay que tener en cuenta que el establecimiento de la Villa Rica de Veracruz se verificaba en el lugar en 1519 en el lugar en que primero tuvo su asiento esta ciudad, y que es el punto que hoy se conoce por La Antigua, pues hasta el año de 1599 no se trasladó dicha villa al lugar en que hoy se encuentra y que se titulaba Ventas de buitrón, por existir una de estas casas, hacía ya algún tiempo, en este sitio, con motivo de los buques que anclaban junto al islote de San Juan de Ulúa y que eran propiedad de D. Juan Bautista Buitrón, habiéndosele permitido poner otra venta en 1585 a otro Juan Buitrón por lo que tomó el lugar el nombre de Ventas de Buitrón. Dichas ventas estaban en la esquina del Hotel de México, por donde cruza el viajero al dirigirse al Palacio Municipal. El palacio se construyó sobre el terreno llamado Cal de Francos, que en 1608 cedió al ayuntamiento el Virrey D. Luis Farfán, maestro de obras del castillo de Ulúa, quien la contrató, pero no habiendo cumplido, la continuó D. Antonio Reyes. El palacio se concluyó en el año de 1627 y es, como lo hemos dicho, propiedad del H. Ayuntamiento. En 1615 fueron concebidos a la Villa de Veracruz por el Rey Felipe III los privilegios y el titulo de ciudad con todos los honores de capitanía general de provincia.

La Iglesia Parroquial.

La actual parroquia, dedicada a la asunción de nuestra señora se estrenó el 13 de junio de 1731, debiéndose su construcción al empeño del doctor D. Norberto Castillo, párroco de la ciudad, quien la bendijo solemnemente ese día, habiéndose trasladado a ella con gran pompa el divino sacramento y las reliquias que existían en dicha iglesia de la Merced. Entre los templos que hermosean la ciudad de Veracruz, es uno y el más principal el de la parroquia, cuyo título es: La Asunción de Nuestra Señora. Tiene una longitud de 156 pies geométricos, 153 de latitud y 63 de altitud hasta la media naranja, compónese la fábrica de diferentes órdenes de arquitectura, enlazados entre sí con admirable proporción y simetría: esto, junto con la hermosura de varios ingeniosos arcos y bóvedas, el acertado departamento de los tamaños del presbiterio, crucero, tres naves y siete capillas (excluida la de Sagrario, que por su grandeza está como independiente, aunque unida al templo y con entrada a él, del tamaño que habían de ocupar una de las otras), lo exquisito de los filetes, cinesios, equinos, antequinos, boceles, escocias, canales, y astrágalos de las molduras y la suntuosidad de su portada hacen que tenga el edificio mucha majestad y la más agradable vista que puede desearse. La parroquia es un templo de tres naves con capillas a su lado, y aunque la obra en general fue concluida en 1721, como se ve en el escudo que tiene en su frontis, recibió algunas mejoras notables en los años de 1807 a 1810, bajo la dirección del cura Palao, el sagrario es una capilla que está a la derecha de la entrada con un hermoso altar en el que hay estatuas de la virgen, San Miguel y San José, y preciosos mosaicos, todo de mármol de Italia, habiendo sido esto un obsequio que hizo a la parroquia, la señora Migoni de Lizardi, viuda de Don José J. De Olazábal, que falleció en Londres. El órgano es fabricado en Inglaterra y muy bueno, su frente es toda de caoba de figura y adornos góticos.

La torre elegantísima de la parroquia, de que antes carecía y de que con razón debe enorgullecerse Veracruz por ser una obra de verdadero mérito.

El Teatro

Una de las primeras necesidades de los pueblos cultos es la posesión de un Teatro que corresponda bajo todos los conceptos, a la ilustración que ellos alcanzan y a las exigencias del gusto, más o menos pronunciado, por los espectáculos que, en nuestros días, han venido a tomar asientos en estos edificios, bastardeando el objeto a que debieron su existencia en la antigüedad.

Como no nos proponemos escribir una disertación sobre el origen del Teatro, ni pretendemos echar de eruditos, al redactar simplemente la descripción que ha de dar a conocer a nuestros lectores la historia de cada uno de los edificios, cuyas vistas respectivamente han de ir apareciendo respectivamente en las entregas de nuestro Álbum, no llevaremos al lector, harto instruido en todas estas materias, a los tiempos en que formando el teatro parte del culto con que se honraba a Baco, eran los ditirambos que se cantaban en honor aquella divinidad, la sola representación que en ellos se hacía; ni tampoco nos ocuparemos de aquella otra época en que tratándose de representar las costumbres del pueblo por medio de las informes piezas dramáticas que a este fin comenzaban a escribirse, nos ofrecían en su desempeño el rarísimo espectáculo de que la representación de un personaje demándese la necesidad de dos actores, de los cuales el uno recitaba los versos impasibles, mientras que el otro accionaba sin hablar, procurando acomodar, hasta donde este absurdo podía permitirlo, la acción a las expresiones que el otro pronunciaba.

Teatro de la Reforma.

Fue uno de los más elegantes cine-teatros en Veracruz; construido por el mexicano, Arq. José Fernández López en arte-deco o modernista. Ahora funciona únicamente  como teatro, el cual ha sido sitio de extraordinarios eventos artísticos y culturales.

En 1949 fue abierto al público, siendo en sus tiempos el mejor cine-teatro hasta finales de los 70's. En 1990, fue clausurado por diversas razones. El Gobierno del Estado y el Consejo de Veracruz iniciaron la restauración del mismo, para ser utilizado como un Centro Cultural; y reabierto el 06 de Junio de 1992.

Los cantantes más famosos como Plácido Domingo y la maravillosa soprano, veracruzana, Rosario Andrade, confirmada como cantante en el bello canto; siendo   sus privilegiadas voces escuchadas en Veracruz en este espléndido lugar.

Ahora, el Instituto Veracruzano de Cultura administra este maravilloso Teatro para las mejores presentaciones musicales, artísticas y dramáticas. Además,  de que el lugar está acondicionado para 2,400 espectadores.

Veracruz

Teatro Clavijero

Su historia se remota a principios del siglo XIX, cuando en este mismo lugar funcionaba la Casa de Comedias, lugar que, posteriormente, habría de llamarse Coliseo de la Calle Nava.

La actividad del Coliseo se vio interrumpida, en 1819, a causa de un incendio. Gracias a un convenio entre el H. Ayuntamiento, propietario del inmueble, y unos empresarios; a la formación de una campaña de arte dramático, que reunió fondos, y al apoyo de los veracruzanos que dieron su aportación para obtener derechos de palco, pudo proyectarse y construirse el nuevo teatro.

Entre 1834 y 1835 fue edificado, sobre las ruinas del antiguo coliseo, el llamado Teatro Principal. Desafortunadamente, éste también sufrió los estragos de un incendio. Su reinauguración, en 1902, se hizo bajo el nombre de Teatro Dehesa en honor del entonces Gobernador del Estado.

Posterior a la Revolución Mexicana cambió nuevamente de nombre por el de Teatro Felipe Carrillo Puerto.

En 1968 el Teatro fue cerrado por remodelación, para ser reinaugurado en 1970 con el nombre del historiador veracruzano Francisco Javier Clavijero.

Enclavado en el centro Histórico del puerto de Veracruz, a casi 100 años de existencia, el Teatro Clavijero ha sido testigo y partícipe del desarrollo artístico y cultural de nuestra ciudad.

Debido a su importancia el Teatro Clavijero fue beneficiado por el programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (PAICE) del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

Por su parte, la fundación  TAMSA A.C. y PEMEX así como el Honorable Ayuntamiento de Veracruz llevaron a cabo la rehabilitación y equipamiento de este importante edificio, el cual luce hoy en todo su esplendor.

El Faro de San Francisco

El C. Comandante militar Juan E. Foster, a quién se debe no solo la iniciativa, sino la dirección y la perseverancia con que se consagró la obra, hasta verla concluida, se ha hecho digno de la gratitud de la población y de las bendiciones de los que, merced al nuevo faro, logren escapar en tempestuosa noche de los peligros que sin él encontrarían y de la muerte que, como tantos otros, pudieran hallar al acercarse a nuestras playas peligrosas.

Establecido el nuevo faro en la torre del exconvento de San Francisco, ha sufrido éstas todas las modificaciones que en ella se advierten para su nuevo destino y presenta en el día el bellísimo aspecto con que ha venido ha engalanarla el nuevo huésped que en ella se hospeda y que sentado en su cúpula dilata su pupila por el horizonte inmenso que abarca, extendiendo su mirada hacia la distancia de quince millas marítimas.

Los dos últimos tramos de la torre y de todas las molduras que en ella se advierten, con excepción de las columnas, así como la transformación que han sufrido las ventanillas, son debidas a la obra del faro.

La torre está pintada de azul y sobre este fon do se destaca el blanco de las molduras y de las columnas que la comunican un aspecto agradable.

En nuestra lámina aparece el faro cubierto con las cortinillas que resguardan de día sus hermosísimos cristales y aunque contando con la conocida ilustración y amabilidad del C. Foster, hubiéramos podido obtener que se descubriera, hemos preferido presentarlo tal como aparece de ordinario a las miradas del público.

Los trabajos para el establecimiento del faro, comenzaron en el mes de febrero y han concluido en el Agosto del presente año, bien que aun continúan los de embellecimiento del edificio.

Respecto a la situación, clase y condiciones del faro, nada nos parece más acertado que reproducir las noticias que la comandancia militar de esta plaza remitió al Ministerio del ramo y son como sigue:

Observaciones

Una vez descrito el nuevo Faro de Veracruz, parécenos lógico que también digamos algo del que existe en el Castillo de Ulúa y que ha sido hasta ahora. El único amigo que han tenido los navegantes para que les mostrase la entrada del puerto y que ha de compartir en adelante sus servicios con el que en la torre de San Francisco, ha de irradiar su luz.

El Faro de Ulúa se halla al extremo del ángulo que forma el Baluarte de San Pedro, sobre una torre construida con toda solidez.

El susodicho fanal, que es giratorio, fue construido en Londres conforme al plano del célebre astrónomo Mendoza de los Ríos. Se compone de varias lámparas con corriente de aire y reverberos, fijados a los vasos de una pirámide triangular, cubierto todo de cristales y movido por una máquina de reloj de manera que da una luz intermitente por el mismo movimiento de la máquina que la hace desaparecer momentáneamente cada vez que presenta hacia la entrada del puerto una de las tres caras, que al intento no se ilumina.

La altura de la parte superior de la linterna sobre el nivel medio de las aguas del mar es de 27 m. Su luz, cuando está bien iluminada, es tan fuerte con una atmósfera diáfana puede distinguirse a 7 u 8 leguas de distancia.

Según Humboldt, el costo total que tuvo este faro ascendió a más de 100,000 pesos.

Volviendo al faro nuevo de San Francisco, tiene su cataviento con la indicación de los puntos cardinales en sus agujas y en su extremidad se ha colocado un buen pararrayos.

La obra pues es completa y su importancia, categoría y trascendencia se comprenderá luego que comience a prestar el útil servicio a que se le destina y que tiene que hacer de grata y eterna remembranza en nuestra población el nombre de ilustrado, activo y perseverante C. General Juan E. Foster a quien bajo todos conceptos se debe la obra que nos ocupa, y por la que en nombre de la población, agradecida, le consignamos un sincero voto de gracias.

Veracruz
La Alameda.

Cumpliendo con nuestro compromiso de dar a conocer los edificios principales de la H. Ciudad de Veracruz, después de haber presentado quince de los más notables de intramuros, parécenos ya de ofrecer a nuestros favorecedores alguno de los sitios públicos, y en este caso, ninguno como La Alameda para despertar en la memoria de los veracruzanos el recuerdo de las dulces y agradables impresiones que todos, cuál más, cuál menos, han experimentado en aquel paseo, único, si bien agradable sitio, en que la belleza concurre a recibir el incienso de la adoración que le es debida; pues aunque también vista la Plaza de Armas, a ésta, como las aves nocturnas, sólo asiste a la hora de las tinieblas, mientras que en la Alameda se la contempla en todo su esplendor, cuando aún Febo no abandona su imperio y que lanza sobre las altas cúpulas de las torres y sobre los cada vez más altos médanos que circundan la ciudad., los últimos rayos de la luz tenue y apacible con que aparece decir “adiós” al día que le contempla hundirse entre las ondas.

En todas las ciudades populosas las plazas públicas, paseos y alamedas son una verdadera necesidad que se recomienda hasta por la higiene pues la población necesita tener un lugar espacioso donde así el cuerpo como el alma puedan encontrar el uno el ejercicio y el aire puro y oxigenado que tan necesario es a la salud y la vista deliciosa y agradable que ofrecen los árboles, las fuentes y sobre todo, un horizonte diáfano y tranquilo en que el ánimo se esparce y donde parece encontrar los elementos que producen las sensaciones que más pueden halagar a nuestros sentidos. En Veracruz, en donde casi todas las casas son de alto, donde la estrechez de los patios o azotehuelas es notoria, donde la carencia de flores y de árboles hace que en ella estos objetos redoblen su mérito y su precio; las alamedas, los paseos y las plazas son no ya sólo un placer, o una cuestión de lujo, sino un artículo de primera necesidad tanto más indispensable, cuanto mayor se hace cada día una población, en la que puede decirse con exactitud que el bello sexo vive en reclusión, teniendo el hogar por cárcel. Y con efecto. ¿a dónde y cuándo concurre la hermosura de los lugares en que ella por lo general establece su imperio? Los bailes son entre nosotros asaz tardíos; el teatro sólo una muy corta temporada permanece abierto; las visitas y tertulias, sobre todo aquellas en que el sexo feo puede ingerirse, son absolutamente prohibidas, luego, sólo la plaza de armas, demasiado pequeño ya para el círculo fashionable que la visita, y la Alameda son los dos únicos lugares en que la juventud veracruzana de uno y otro sexo y las mamás y los chicos pueden encontrar la satisfacción que todos nos causa un sitio en que libre de toda opresión doméstica, digamos así, puede respirarse con la libertad que es de apetecerse después de las penosas tareas cotidianas a que cada cual se entrega, cualquiera que sea su ejercicio u ocupación.

Al extremo de la Calle principal y saliendo por la puerta de la Merced, previo el encuentro con los vendedores de dulces, frutas, cacahuates, y refrescos que se sitúan a la salida de la enunciada puerta y sobre la derecha se encuentra La Alameda, que si no ofrece ninguna particularidad que la recomiende, ni tiene más encantos más que la que le presta la misma concurrencia que a ella asiste, en cambio, tiene no pocos atractivos para los que en ese sitio han obtenido una mirada benévola, una sonrisa cariñosa o una demostración más expresiva de que la beldad a quien adoran no es indiferente a su cariño y que corresponde a la pasión que ha de llevarlos un día al templo, a ante el juez del Registro Civil para que asiente en su libro, previa la declaración de dos testigos, el contrato que celebran los cónyuges de vivir uno para el otro, siempre que ninguno de los dos se aparte de las obligaciones que les impone la sociedad.... que ellos establecen.

La Alameda de Veracruz, o por lo menos el sitio conocido por ese nombre, es bien antiguo. Las reformas en ella hechas bajo el aspecto que presenta en el día se deben en su mayor parte al Dr. Domingo Bureau, quien en 1857, siendo regidor, contribuyó a la prolongación de su centro y por segunda vez, siendo jefe político el expresado Sr. Puso término a los trabajos emprendidos en dicho paseo.

Según una fotografía que tenemos a la vista y que representa el acto de la inauguración de la “Fuente de Hidalgo” que así se tituló la que se halla en la expresada Alameda, tuvo lugar aquella ceremonia, el día 10 de febrero de 1867.

En el templete con que fue adornada la expresada fuente se lee el siguiente dístico:

A Bureau y Sentíes, nuestros hermanos,

Guardamos gratitud los artesanos.

Los árboles que la circundan, principalmente cocos, faltos de tierra vegetal, arrastran una existencia raquítica y el escampado en que se encuentra no permite contar con la existencia de un jardín, pues los recios vientos del norte, por un lado y la arena, por otro, destruyen pronto las plantas que allí se siembran.

La Alameda tiene, además de la verja de madera que resguarda sus pequeños árboles, y de los asientos que ofrecen descanso a los paseantes, una bonita fuente con su pilón, situada en el centro del paseo. Su piso es cómodo y a falta de otros asuntos en donde poder recrear la vista, la del sol poniente, la de la graciosa iglesita del Cristo del Buen Viaje, la entrada y salida de las locomotoras y del tren de pasajeros que llega todas los días a las 5; la plaza de toros allí cercana, el gasómetro y la misma concurrencia que la visita y que la gente se compone de la gente de bonton, presentan a la Alameda todos sus encantos y le comunican la alegría que en ella se disfruta, mientras que el tránsito de un cortejo fúnebre, que por sus inmediaciones tiene que atravesar forzosamente para dirigirse al cementerio, nos recuerda que todo es vanidad y aflicción de espíritu en la tierra y nos obliga a concluir nuestro paseo de una manera tan lúgubre, como hemos tenido que terminar nuestro artículo.

Castillo de San Juan de Ulúa.

No es el álbum Veracruzano la historia de Veracruz, no nos hemos puesto a compilar en estas páginas los apuntes que pueden servir para escribir esa historia.

Para lo primero serían débiles nuestras fuerzas; para lo segundo, se necesitarían elementos mejores que aquellos de que disponemos y sería por otra parte absurdo el pensamiento, cuando existe la obra del ilustrado C. Lic. Miguel Lerdo de Tejada, a quien se franquearon los archivos de la ciudad y que tuvo a su disposición documentos y papeles con que no contamos nosotros.

Al dar a conocer los edificios más notables de la población y algunos de sus puntos inmediatos, hemos creído necesario para la mayor inteligencia y conocimiento de las vistas que forman nuestro álbum, que las acompañase una ligera descripción en que consten los antecedentes y fechas que se relacionan con su historia, a fin de que todos, principalmente los extranjeros, sepan de qué edificio se trata y en qué consiste y el mérito y su importancia. De otra manera, es decir, presentando al público una colección de vistas fotográficas, sin explicación alguna, hubiéramos repetido la escena del mono titiritero, que exhibía su panorama son haber cuidado de encender la linterna.

El Castillo de San Juan de Ulúa, una de las fortalezas más antiguas y famosas del Nuevo Mundo, edificado por los españoles sobre el islote denominado La Gallega, en que asentó, el primero, su plante el intrépido Juan de Grijalva, tiene su historia íntimamente unida con la de Veracruz, a cuya ciudad dio vida, pues por razón del Castillo y punto estratégico en que se halla se trasladó el sitio de La Antigua al lugar que hoy ocupa e imposible sería tratar de cualquiera de los dos, sin dejar de mencionar al otro.

Mucho varían los historiadores acerca de la época fija en que comenzó a edificarse la fortaleza, siendo la opinión más generalmente admitida que sus trabajos debieron comenzar por los años de 1582. Es sin embargo, evidente, como muy acertadamente afirma el ilustrado Sr. Lerdo de Tejeda, que aquellas obras marcharon con mucha lentitud, como se deduce del tiempo transcurrido desde que se comenzaron, hasta el que se conmemora en las lápidas que aún se conservan en la expresada fortaleza, y en que se leen las siguientes inscripciones.

En las dos que hay en la Pared del Baluarte de San Pedro, que mira al de Guadalupe, bajo la tronera del rincón dice:

“Reinado en las Españas Felipe IV, y gobernando en esta Nueva España el Exmo. Sr. Marqués de Ceralvo, siendo castellano de esta Fortaleza el Sargento Mayor Gallardo, y superintendente de la fábrica de esta cortina el castellano D. Alonso de Guzmán, se acabó a fin de mayo de 1633 años”.

“Reinado en las Españas Carlos III, siendo Virrey el Exmo. Sr. Marqués de Cubillas, castellano el Brigadier D. Francisco Crespo Ortiz, el ingeniero en Jefe D. Agustín López Cámara Alta, Teniente Coronel, se comenzó esta obra el 25 de mayo de 1762 y se acabó el 25 de enero de 1763”.

La que se halla en el merlón de la cortina del Baluarte de la Soledad, que mira al de San Miguel dice:

“Gobernando en la Nueva España el Exmo. Sr. Duque de Alburquerque, como Gobernador y Capitán General, por su orden y mandado se hizo este baluarte nombrado Nuestra Señora de la Soledad. Esta cortina y otra batería, donde están puestos los morteros de las bombas; este aljibe y las demás obras exteriores de esta fábrica, se acabó en el año de 1707”.

La otra lápida, que se halla en la Pared del Caballero Alto, que mira a Veracruz dice:

“Reinando en la Monarquía de España y de las Indias el Rey Don Felipe VNS y siendo su Virrey Gobernador y Capitán General de esta Nueva España el Exmo Sr. Duque de Alburquerque, Señor de la Orden del Toisón de Oro, se acabó esta obra del Caballero alto en el año de 1710, siendo castellano de esta fortaleza el Sr. Coronel Don José Ramírez Arellano”.

En el Baluarte de Santa Catarina, sobre una puerta, se lee esta fecha: 1779 y en Nuestra Señora del Pilar esta otra: 1778. En cuanto al nombre de Ulúa, que lleva la fortaleza, es por el hecho de haber oído Juan de Grijalva, cuando arribó al islote, pronunciar a los indios la palabra colúa o ulúa con que respondían a las preguntas que les hizo acerca de los sacrificios humanos que halló vestigios en el referido islote. Denominándose San Juan por haber desembarcado Grijalva en aquel sitio por el mes de junio, en cuyos días se celebra la festividad de aquel santo. Respecto al costo total de esta obra, como creemos haber dicho ya en alguna de nuestras entregas anteriores, el Barón de Humbolt y otros no menos ilustrados y respetables escritores aseguran que ascendió a más de 40 millones de pesos.

El Castillo de San Juan de Ulúa, la última fortaleza que ocuparon los españoles al consumarse la Independencia de México de su antigua metrópoli, fue entregada por las tropas españolas al gobierno de la Nueva República el 23 de noviembre de 1825, después de un bombardeo con la ciudad de Veracruz, sostenido por más de dos años, con una constancia que hará siempre honor siempre honor a la fidelidad de las tropas que la guarnecían.

Desde aquel tiempo, hasta el año de 1838, pocas fueron las reparaciones que se hicieron a dicha fortaleza. En 1828, cuando se temía la invasión de las fuerzas navales de Francia, como sucedió, se hicieron algunas reparaciones aparentes, que contribuyeron a que su guarnición se viese obligada a entregarla, casi sin defenderla.

En 1843, cuando fue devuelta a la República, procedió el gobierno de aquella época a ponerla en buen estado de defensa, y entonces fue cuando se contribuyó la batería baja sobre el glácis hacia el mar y se reformaron las baterías, según el sistema moderno, haciendo venir de Inglaterra todas las piezas nuevas que eran necesarias para cubrirlas.

Todas estas reformas, sin embargo, no son sino parciales; la general de la fortaleza, para traerla a su más perfecto estado, demandaría nuevamente un gasto de millones de pesos; y como no faltan tendencias a hacerla desaparecer, en vez de conservarla, se ha encomendado al tiempo la obra de su completa destrucción.

Con el Castillo de San Juan de Ulúa, respecto a Veracruz, sucede con la histórica fortaleza de San Benito con relación a Mérida, Yucatán, y es, que si alguna vez han podido servir para la defensa respectiva de ambas ciudades, muchas veces han sido las más crueles y encarnizadas enemigas. Por decreto de la H. Legislatura de aquel estado se procedió ya a demolición de la Fortaleza de San Benito en Mérida. En Veracruz, aún cuando el gobierno no acude la demolición de Ulúa, basta que no lo repare, para que las olas cuiden inso facto de dar cumplimiento a aquel decreto que por otra parte es el cumplimiento de una ley universal.

Tratándose de esta cuestión, dijo ya una vez a las cámaras el Sr. Ministro de la Guerra en un informe presentado a aquellas en Enero de 1849, entre otras particularidades lo que a la letra copio:

“Sabios generales españoles opinaron por el desarme de San Juan de Ulúa y hoy más que nunca hay motivos para creer que no defiende a la nación y mucho menos a Veracruz. Los franceses y luego los americanos, nos hicieron patentes de esa verdad: los primeros se hicieron fácilmente del castillo; los segundos tomaron a Veracruz sin que aquel se lo impidiera.”

“ Y pues que la experiencia nos ofrece todos los datos para decidir esta cuestión, se presentará al Congreso la correspondiente iniciativa para que resuelva si se destruye esa fortaleza, que no nos protege y que para ponerla en estado regular exigiría el gasto de un millón y medio de pesos, y el de cuatrocientos mil anuales, para sostener su guarnición”.

Esto decía el C. Ministro de la guerra en su informe referido y sus conceptos, con la autoridad que les comunica su carácter, tienen que considerarse de gran peso al tratarse de esta importantísima cuestión.

Los que quieren tener detalles más circunstanciados acerca de la Fortaleza de Ulúa pueden consultar la obra del Sr. Lerdo que los da con una prolijidad tal que hasta nos parece inconveniente tratándose de un punto estratégico tan importante como Ulúa.

Veracruz

Capilla del Santo Cristo del Buen Viaje.

(Extramuros)

La devoción de los primeros navegantes españoles que hacían viajes al puerto de Veracruz dio sin duda origen a esta modesta capilla, de la cual, por más diligencias que hemos hecho, no hemos podido averiguar la fecha de su fundación.

Ésta no obstante, tiene que ser remota, bien que no lo demuestra el edificio, porque acaba de ser pintado, y porque la devoción que el pueblo veracruzano demuestra al Cristo del Buen Viaje que en ella se venera, no permite al tiempo que trace la huella de su planta destructora sobre la frente de la modesta capilla que nos ocupa.

En este santuario, que se halla saliendo de la puerta de la Merced, a la izquierda de la Alameda, es fama que llegaban a cumplir sus votos los marinos, que habiendo experimentado contratiempos en su navegación se encomendaban al “Cristo del Buen viaje” en cuya capilla depositaban, por vía de empeño, algún velamen o mastelero que rescataban luego, abandonando su importe al sacerdote que en ella había y que con estas ofrendas sostenían el culto del Cristo a quien se encomendaban los navegantes en la hora suprema del peligro y de la tripulación.

Tras esta capilla se estableció en el año de 1790, el antiguo cementerio de Veracruz, cuya construcción dispuso el Virrey Conde de Revillagigedo, para evitar el daño que producía a la población de costumbre, hasta entonces enseguida, de inhumar los cadáveres en las iglesias.

Inmediato a la Capilla de la Iglesia del Cristo del Buen Viaje hay un pequeño puente de piedra, con asiento a uno y al otro lado, sobre el arroyo del Tenoya a cuyo margen derecho se encuentra el santuario. Más de una vez nos hemos sentado sobre el puente, meditando en las transformaciones que el tiempo opera en las ciudades y en las costumbres de sus moradores.

¡Cuántos cambios ha habido en la población desde que se fundo la capilla del Cristo del Buen Viaje, hasta el presente! ¡Cuántos los que, con más o menos devoción han hecho el viaje eterno cruzando por delante de la Capilla del Cristo del Buen Viaje, en pos de su ultimo asilo, que ya no se encuentra a espaldas de esta iglesia, puesto que habiéndose extendido la población hasta tocas con los umbrales del pueblo, hubo de trasladarse el cementerio al apartado y más distante sitio en que hoy se halla!.

El Pueblo piadoso de Veracruz ha atribuido a la imagen del Cristo que se venera en la susodicha capilla una especial protección a los devotos y el que haga presente su misericordia siempre que se le ruega en las épocas calamitosas en que alguna enfermedad se ceba en la población, y no es extraño que, a pesar del cambio operado en las ideas, aún se conserve esta devoción y creencia, si bien reducida a un menor número de individuos, no por eso menos vivas y ardientes que antes. Veracruz, que sigue siendo la costumbre de los pueblos católicos de acogerse a la particular protección de un santo, se dio por patrono a San Sebastián y que edificó con tal objeto la ermita de su nombre que en ruinas luego pasó a ser propiedad de la empresa de ferrocarril, que posee hoy el terreno de aquella; trasladó la imagen de su patrono a la iglesia del cristo del Buen Viaje, de donde cada año, al celebrar su fiesta, la traía en posesión hasta la parroquia.

Después de que se destruyó al ermita, la imagen del Santo patrono así como las alhajas y ornamentos que a aquélla pertenecían, se guardaban en la Secretaría del Ayuntamiento, de donde se llevaba anualmente el santo a la Capilla del Cristo del Buen Viaje para de allí traerlo en procesión a la parroquia como antiguamente.

No ha muchos días, con motivo de la epidemia terrible de viruelas que azota la población, pretendieron los antiguos devotos traer el Santo Cristo de la Misericordia o del Buen Viaje, en procesión hasta la parroquia, para que por ese medio cesase aquel funesto mal. Parece que ya se había concedido el permiso solicitado para la procesión referida, pero en virtud de una representación presentada a la autoridad por varios jóvenes veracruzanos para que no se llevase a efecto la procesión, pues se temía que pudiese ocasional algún desorden de parte de los que no están por las demostraciones del culto exterior y que se muestran celosos del cumplimiento de las leyes de reforma, se derogó el permiso que la autoridad había concedido para aquel acto.

Estas son todas las noticias y antecedentes que hemos adquirido respecto a la capilla del Cristo del Buen Viaje, cuyo costo de 8.888 pesos, según consta, se cubrió en parte por el vecindario y en parte por la mitra de Puebla.

La referida capilla, respecto a su arquitectura, no tiene nada de notable y aún su construcción es tosca; pero acaso por lo pintoresco del sitio y del paisaje, puesto que por un lado tiene la Alameda y adelante el arroyuelo del Tenoya, con el puentecillo de nuestras meditaciones, cobra cierto tinte melancólico y agradable, que produce en el alma un dulce arrobamiento.

Acaso desaparezca mañana esta capilla, así como la que desapareció la de San Sebastián y como tiene que desaparecer todo el mundo.

Los que en ella vinculan sus recuerdos, se complacerán en contemplarla de nuevo en las páginas de este álbum, donde a la par hemos procurado consignar todos los hechos que con ella se relacionan, pues éste es precisamente el objeto que nos hemos propuesto dar a luz esta publicación, cuyo título de álbum explica claramente que no es otra cosa sino un libro de recuerdos.

¡Quiera Dios que Veracruz conserve por él memoria grata de nosotros y que todo lo que en ella hemos publicado, si bien ha podido proporcionarnos los medios de subsistencia, sirva a demostrarla nuestro cariño y a probarla que no inútilmente para ella pensamos los días que tuvimos el gusto de habitar en el seno de su amable y bondadosa población!.

Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC) y Las Atarazanas.

El edificio donde se aloja actualmente el Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC), es el único en su género, construido en el siglo XVIII, es de estilo Mudéjar; una mezcla de árabe y español. De la misma forma que los edificios coloniales de Veracruz, está construido de piedra múcara (coral marino).

Inicialmente estuvo funcionando como convento, perteneció a la orden Betlemita, posteriormente fue utilizado como el Hospital de San Sebastiàn (Santo Patrono de la Ciudad). Más tarde se le llamó Hospital de la Caridad y Aquiles Serdán.

En este lugar se prestó atención a los heridos durante las invasiones de 1849 y 1914, el edificio fue hospital hasta 1975. Después de ser restaurado, se inaugura aquí la sede del Instituto Veracruzano de Cultura (IVEC), el día 21 de Abril de 1987.

Tiene como propósito la promoción, fomento, enseñanza de las costumbres y tradiciones, así como la protección del acervo cultural del Estado de Veracruz. Además de la enseñanza de las Bellas Artes y las Artes Plásticas, en sus salones y variados talleres, donde se ha integrado la modernidad a lo tradicional.

Cabe destacar las exposiciones temporales que se llevan a cabo en la pared central y que correspondió a la capilla del convento, alrededor del patio central se encuentran los salones y talleres.

Ubicación: Av. Ignacio Zaragoza esquina Francisco Canal. De 9:00 a.m. a 8:00 p.m. Lunes a Sábado. Entrada Libre.

En el siglo XVII se construye un edificio que serviría para guardar en él los palos de arboladura (mástil), que eran utilizados para el apresto de las naves del Rey que llegaban desarbolados a Veracruz.

Construido en piedra múcara (coral marino), inicialmente, ha tenido que ser restaurado en múltiples ocasiones; es  en 1834 cuàndo se agregan a la fachada las columnas centrales que hoy se aprecian.

Utilizado también como almacén de víveres e implementos de guerra, entre 1917 y 1920 el ejército constitucionalista lo ocupa para el servicio de la tropa y arsenal.

En el año de 1950 es ocupado por el Ilustre Instituto Veracruzano (I.I.V.), como gimnasio y cancha de juego. A pesar de todo permaneció en abandono por muchos años hasta Noviembre de 1989, fecha en que es cedido al Instituto Veracruzano de Cultura, para su restauración y actualización.

Actualmente se encuentra una librería en su interior con servicio de biblioteca, además se realizan diversos eventos culturales y es sede de la academia de danzón.

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Isla de Sacrificios.

Enmarcando las costas veracruzanas se encuentra la Isla de Sacrificios, la cual desde la época prehispánica, estuvo habitada por totonacas y olmecas, quienes dieron al lugar el nombre de chalchihuitlapazco o lebrillo de hade; en el mundo prehispánico la isla era representada por un apaztle, u olla grande de jade o tuques.

En 1518, el español Juan de Grijalva exploró el Golfo de México y descubrió una pequeña isla a la que bautizó con el nombre de Sacrificios al encontrar en ella los cuerpos sacrificados de indígenas con los que se había celebrado recientemente la ceremonia de ofrenda a los dioses.

Tal suceso fue relatado por primera vez en voz de Bernal Díaz del Castillo, cronista y soldado español que formó parte de la expedición de Grijalva y más tarde, acompañó a Cortés en la conquista de México.

Al arribar, los españoles encontraron algunas construcciones que no eran sino templos dedicados a los dioses Quetzalcoatl y Tezcatlipoca; a su vez, ellos levantaron sencillas chozas con palmas y con velas de sus propios navíos.

Con los conquistadores el sitio perdió su población indígena, al pasar el tiempo, el lugar sólo contaba con algunos vigías y unas cuantas chozas, esto propició que se convirtiera en refugio de piratas, como en el caso de Lorenzo Jácome (Lorenzillo) que asoló la ciudad en 1683.

La isla permaneció en poder español hasta 1825 cuando el almirante Pedro Saenz de Baranda y el Gral. Miguel Barragán expulsaron definitivamente del territorio mexicano al último reducto español refugiado en San Juan de Ulúa.

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Baluarte Santiago.

Construido en 1635, este baluarte es el único que queda en pie de los nueve que guarnecían a la ciudad de Veracruz, la cual estuvo circundada hasta fines de siglo pasado por una muralla, que le servía de protección contra las frecuentes incursiones de los piratas, y en la que de trecho en trecho se alzaban los nueve baluartes fortificados para su me­jor defensa. En 1880 ante el crecimiento de la ciudad y la poca utilidad que ya prestaba la muralla, se determiné la total de­molición de la misma, que incluyó la de los baluartes de San José, San Fernando, Santa Bárbara, Santa Gertrudis, San Xa­vier, San Mateo, San Juan y Concepción; quedando únicamen­te emplee, como ya habíamos mencionado el de Santiago. El edificio del baluarte consta de 3 cuerpos; uno subterráneo para el depósito de pólvora; el central de forma pentagonal, que se comunica a tierra por medio de una rampa con puente levadi­zo: y al superior o `caballero', en el que se montaban las piezas de artillería, con capacidad hasta para 24 cañones o “culebrinas” y donde se encuentra el garitón del centinela.

Actualmente el baluarte ha sido convertido en un pequeño museo en el que se exhiben armas de los siglos XVI, XVII y XVIII; armaduras pertenecientes a los primeros conquistadores es­pañoles y copias y facsímiles de documentos históricos rela­cionados con la ciudad, entre las que destacan las cédulas re­ales expedidas por Felipe II y Carlos V en las que se concede titulo de ciudad y escudo de armas respectivamente al puerto do Veracruz. El museo abre do miércoles a lunes do las 9:00 a las 18:00 hrs.

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Catedral de Nuestra Señora de la Asunción.

Construido en 1723 este templo fue Instituido como Catedral de la Diócesis el 13 de junio de 1734. El edificio de arquitectura sencilla, tiene una portada de dos cuerpos, con columnas estriadas, entabla­mento con triglifos y metopas, y un medallón con el escudo nacional en el frontón En 01 Interior del templo de planta de tres naves, destacan el estilizado ciprés con columnas com­puestas y los candeleros do Baccarat, que decoran la Iglesia a lo largo de su nave principal, y de los cuales se dice que pertenecieron a Maximiliano. Así mismo en el coro se encuentra un magnífico órgano con decorados do estilo gótico fabricado en Inglaterra con finas maderas.

Edificio de la Aduana.

Contemporánea del edificio de Correos y Telégrafos, esta construcción de estilo neoclásico, es in ejemplo de la influencia cultural francesa en la arquitectura de la época porfiriana. El edificio es de una sola planta. El acceso con escalinatas, está flanqueado por unos basamentos con columnas pareadas de capitel toscano, que soportan el entablamiento decorado con triglifos, al que corona un frontón recto en medio del cual está representado el Escudo Nacional

Edificio de Correos y Telégrafos.

Inaugurado en 1902 por el Gral. Porfirio Díaz, este edificio de líneas neoclásicas, es una muestra del afrancesamiento de la época porfiriana. Consta de tres niveles donde destacan las portadas gemelas que sobresalen de la construcción.

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Edificio del Banco de México.

Situado en el extremo oriente del paseo del Malecón, este edificio tiene adosado en su base un mural en alto relieve en el que se hace alusión de las principales actividades económicas dela región: la pesca, la agricultura y la ganadería. Así mismo la pequeña plaza, con áreas ajardinadas, que rodea al edificio, se encuentra decorada con una escultura monumental representando una alegoría marina.

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Palacio Municipal o Casa del Cabildo.

Edificio de la época colonial cuya construcción data de 1621 y que ha sido remodelado a través del tiempo. La fachada es de dos niveles, en ambas se aprecian arcadas de medio punto sostenidos por dos columnas dóricas; al lado izquierdo se localiza las torres de tres cuerpos, construida en 1776 para albergar al faro. En el interior de edificio se encuentra un patio de forma rectangular, rodeado por arcadas similares a las de la fachada. En la pared del cubo de la escalera que da acceso al segundo piso fueron realizados unos murales en los que se hace referencia a los principales acontecimientos históricos de la ciudad. Por este antiguo edificio, considerado monumento histórico de la ciudad, pasaron casi todos los virreyes de la época colonial, así mismo, sirvió de hospitalario refugio a don Benito Juárez en la época de la Reforma y a Venustiano Carranza durante la Revolución.

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Plaza de Armas.

Tradicional sitio de reunión de los veracruzanos, esta plaza, decorada con jardines de plantas tropicales, es el corazón de la ciudad de Veracruz. La plaza se encuentra rodeada por los famosos portales, en donde abundan excelentes restaurantes en donde se puede degustar la exquisita comida regional en un ambiente amenizado por la alegre música jarocha y de marimbas. Asimismo todos los domingos el ayuntamiento de la ciudad organiza aquí conciertos con bandas de música y otros eventos culturales.

Portal de Miranda.

Antiguo edificio colonial que data del siglo XVI, restaurado por el ayuntamiento de la ciudad en 1971. la construcción de dos pisos, tiene en su planta baja un pórtico con columnas dóricas y arcos de medio punto. Considerado como parte del centro histórico de la ciudad, este edificio debe su fama al haber sido durante mucho tiempo el albergue de los escribientes públicos, llamados vulgarmente “Evangelistas”, los cuales por una pequeña paga escribían desde cartas comerciales y recibos de venta de mercaderías para los comerciantes: hasta encendidas cartas de amor para los hombres y mujeres del pueblo, de los que eran fieles confidentes.

Museo de la Ciudad.

Edificio construido en 1852, de fachada neoclásica, que originalmente sirvió de albergue a Hospicio Manuel Gutiérrez Zamora. Con motivo del 450 aniversario de la fundación de la Villa Rica de la Veracruz, fue transformado en Museo de la ciudad para lo cual se le acondicionó y remodeló.

Es uno de los museos más bellos e interesantes de ciudad de Veracruz, inaugurado en 1988. Cuenta en con dos plantas que reúnen ocho salas de exhibición, las cuales presentan un recorrido por la historia del famoso puerto, de acuerdo a las diferentes etapas de su desarrollo. Ubicado dentro del perímetro del Centro Histórico.

En la planta baja del edificio se encuentran las salas de arqueología y de exhibiciones temporales. En la sala de arqueología se exhiben esculturas y cerámica pertenecientes a las culturas olmecas, totonaca y huasteca, así como un mapa en madera donde están señalados los sitios arqueológicos del estado. En el cubo de la escalera central que comunica a la planta alta, se encuentra un vitral emplomado que representa a “El Tajín, dios de los huracanes, los rayos y las tormentas”.

El Tajín.

Tajín es una palabra totonaca y significa trueno; no es posible afirmar que este fuera su nombre original y tampoco que los ancestros de quienes viven actualmente en la región hubieran sido los constructores de la antigua ciudad prehispánica. Sin embargo, la permanencia del grupo étnico totonaco en las ruinas durante siglos ha originado una relación sico-social y cultural con la zona arqueológica que difícilmente puede negarse.

La arquitectura de El Tajín se distingue por el hábil manejo de un elemento arquitectónico conocido como nicho, que se encuentra dispuesto de muchas maneras en los edificios de la zona. Los nichos también pueden ser de múltiples formas: cuadrados, o rectangulares, pequeños o grandes y con o sin xicalcoliuhquis (atributo de Quetzalcóatl).

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Historia del Sitio.

La antigua ciudad de El Tajín se desarrolló a fines del Horizonte Clásico y llegó a su apogeo en la Transición al Postclásico, o sea entre 8OO y 115O después de Cristo. El Tajín se sostenía económicamente con el tributo que los pueblos circunvecinos pagaron en productos y servicios. La ciudad administraba las relaciones políticas y religiosas, que en esta época no estaban separadas. Por ello, la figura política de 13 conejo era también la encarnación de Quetzalcóatl, dios principal de El Tajín, cuya representación figurativa y simbólica, es repetitiva en la arquitectura, la pintura y escultura del sitio.

Otro segmento de la población aparte de los de clase dominante y la campesina, fue el de los artesanos y el de los que se dedicaron al comercio en áreas especiales de intercambio - como fueron los mercados - o transportando mercancías.

La escultura y pintura se asocian a la arquitectura en diferentes tipos de edificios. De la escultura destacan los relieves procedentes de los juegos de Pelota Sur y Central, de los frisos de la Pirámide de los Nichos y de las columnas del Templo de las Columnas. Algunos están todavía en su sitio, otros en el museo a la entrada de la zona arqueológica. En esos relieves se relatan episodios del ritual del juego de pelota o acontecimientos históricos como en los relieves del Edificio de las Columnas. Las pinturas murales son escasas y muy fragmentadas, pero en ellas se aprecia una técnica depurada en la policromía y en el dibujo.

Recorrido.

El Tajín fue construido en la parte inferior de los abanicos fluviales de la Sierra Papanteca. Dos barrancos determinaron la expansión en dirección norte-sur de la pared central del asentamiento prehispánico. El núcleo de la antigua ciudad, o sea lo que es la actual zona abierta al público, puede dividirse en cinco partes que corresponden a niveles altimétricos diferentes:

  • Grupo Plaza del Arroyo,

  • La Zona Central,

  • La Gran Xicalcoliuhqui,

  • El Tajín Chico y

  • el Conjunto de las Columnas.

Aprovechando el desnivel de la topografía, los arquitectos de El Tajín distribuyeron la estratificación social de acuerdo con el arreglo metropolitano, pero las condiciones del medio limitaron el desarrollo urbano, de tal manera que la superficie para construir fue escasa, por ello se rompió continuamente cualquier orden urbano.

Grupo Plaza del Arroyo.

Esta conformado por cuatro de los más grandes edificios, cuya disposición es clásica en Mesoamerica; cuatro edificios encierran una plaza ligeramente rectangular. Sorprendentemente no se encuentra un altar en medio de la plaza. El sistema constructivo de sus edificios es muy rudimentario en comparación con otros: consta de un núcleo amorfo de tierra apisonada revestido por muros de contención. La mayoría sólo presenta una fase constructiva y el Edificio 16, al norte de la plaza, muestra tres fases superpuestas. El uso del nicho, tan característico en el estilo Tajín, es moderado, con excepción del Edificio 16 que muestra en cada cuerpo una hilada de Nichos. De allí, el visitante puede pasar por los juegos de pelota 17/27 y 13/14.

Juegos de Pelota 17/27 y 13/14.

En sus fachadas puede apreciarse una cruz, glifo asociado con el complejo Venus, una composición de grecas que se asocian con el personaje divino que es Quetzalcóatl. Ambos juegos son del tipo cerrado con forma de doble T; por la parte sur están cerrados por un templo. Al parecer, estos edificios están relacionados en el tiempo y espacio con los del Grupo Plaza del Arroyo.

Zona Central.

Se distingue por edificios de formas y funciones muy variadas sin orden aparente. En esta parte se encuentra el Edificio 1, conocido como Pirámide de los Nichos.

Juego de Pelota Sur.

Los edificios 5 y 6 forman el Juego de Pelota Sur, que se distingue en forma e importancia del resto de los 14 juegos de pelota. En lugar del talud que en los otros juegos de pelota forma parte de la cancha lleva gradas para el público asistente a la ceremonia del juego, que culmina con la decapitación de uno o varios jugadores. Lo más sobresaliente de este juego son sus relieves en forma de tableros, ubicados en ambos extremos y al centro de la cancha, en los que se relatan diferentes aspectos de dicho juego. En los extremos diagonales se muestra cuando comienza el juego; en los otros la fase final que culmina con el sacrificio.

Los dos tableros del centro reproducirían el propósito o quizá la esencia del juego; es decir, la bonanza perseguida con la sangre del sacrificado.
Después del Juego de Pelota Sur se encuentra un grupo de edificios compuestos por varios templos y un juego de pelota que tiene un mural policromado en el exterior de una de sus subestructuras, cuyo tema es religioso en su forma más abstracta y esotérica.

Consiste en el encadenamiento de un glifo principal (la greca escalonada), atributo de Quetzalcóatl. El relieve en el centro de las paredes de la cancha explica una vez más lo antagónico de la existencia humana en la cosmovisión prehispánica: un personaje dividido en dos troncos con una sola cabeza.

Edificio 12.

Destaca por la original composición de los nichos que adornan el primer cuerpo, en él se utilizaron columnas en lugar de sillares, como es común en los demás edificios. Al este de esa construcción se aprecia la fachada posterior de la Pirámide de los Nichos, recién reparada, consolidada y restaurada.

Pirámide de los Nichos.

Este edificio consta de siete cuerpos, cada uno acordonado por nichos que en total suman 365 lo que, a su vez, coincide con el número de días del año solar. Según indican los argumentos urbanísticos, fue uno de los edificios que se construyó al último, por lo que se creó un espacio artificial al frente. El sistema constructivo del edificio consiste en un núcleo desde el que arranca cada cuerpo de la base, en su interior hay un tiro de 14 m de longitud. Este edificio debe su existencia a una razón político religiosa muy fuerte y por tales motivos ha sido el único que ha perdurado los siglos sin derrumbarse totalmente. Al mismo tiempo manifiesta el esplendor del asentamiento prehispánico, quizá durante el reinado de 13 conejo, gobernante conocido por los relieves de El Tajín. Los tableros y frisos del templo de este edificio se encuentran actualmente en el museo del sitio.

Grupo Tajín Chico.

Avanzando a lo largo del Muro de Contención Norte, el visitante se acerca a este sector urbano que se caracteriza por sus construcciones residenciales para la clase gobernante y, en general, para la élite de la antigua sociedad de El Tajín. Los edificios que allí se encuentran están separados del resto de la ciudad por una barrera arquitectónica que divide lo público de lo residencial.

En el Tajín, las construcciones son sólidas y sus entrepisos y techedumbres coladas. Para obtener resultados parecidos al concretro moderno se usó tierra puzolana y cal, que tiene el mismo efecto del cemento, para amarrar la revoltura, por esto pueden considerarse como losas coladas prehispánicas de El Tajín.

Complejo de las Columnas.

Este complejo se encuentra en la plaza más alta y de acceso más restringido de la ciudad.

Edificio de las Columnas.

Lleva tal nombre porque allí se encontraron las columnas que relatan las hazañas del personaje conocido como 13 conejo. Actualmente están en exhibición en el museo de sitio.

Edificio I.

Del Edificio de las Columnas se desciende hacia El Tajín Chico y de allí se pasa por el Edificio I, donde recientemente se descubrieron valiosas pinturas policromadas con temas que muestran personajes míticos zooantropomorfos que representan deidades del panteón de El Tajín.
Bajando las escaleras de la barrera arquitectónica se encuentra el Juego de Pelota Central, en éste hay seis tableros que presentan diversas deidades prehispánicas:

  • Tláloc,

  • Quetzalcóatl,

  • Macuilxóchitl y otros seres divinos zooantropomorfos.

La Gran Greca.

Al norte del Juego de Pelota Central está la Gran Greca. Más que de un edificio, se trata de una gran plataforma amurallada en forma de greca escalonada, única en su tipo y monumentalidad en Mesoamerica, que sirve de base para varios edificios, entre ellos dos juegos de pelota y dos templos.

La Gran Xicalcoliuhqui.

Se identifica por un muro en espiral, que por su forma se asocia con Quetzalcóatl, igual que todos los juegos de pelota, de los cuales se han identificado 14 hasta la fecha.

Orígenes del Carnaval de Veracruz

Los orígenes registrados del Carnaval en esta ciudad y puerto de Veracruz datan del año de 1866 cuando el país soportaba la imposición del Imperio de Maximiliano, los jarochos siempre dados a la jácara y al buen humor solicitaron al Prefecto Superior del Departamento Don Domingo Bureau, permiso para celebrar la "Fiesta de Máscaras". Estas no eran otra cosa que bailes de disfraces realizados en los principales centros sociales de la época.

La Aduana Quemada, en el Teatro y en algunos salones donde el pueblo daba rienda a su alegría y buen humor.

Aunque los festejos eran exclusivamente en los salones, al dirigirse a ellos, aprovechan para desfilar por las calles, y eran festejados por las personas que se situaban en las aceras para participar de la bullanga. Es ahí donde nace la tradición de los famosos desfiles del Carnaval de Veracruz.

En el año de 1925 donde el 1º de febrero se nombra al Primer Comité Directivo del Carnaval del Puerto de Veracruz.

Fue hasta 1926 que nació la figura del Rey Feo del Carnaval, hoy Rey de la Alegría.

En 1942 se eligió por vez primera a la Reina Infantil del Carnaval.

En 1945 siendo Gobernador del Estado el Sr. Adolfo Ruíz Cortínez, se aprobó por primera vez un proyecto para la iluminación de los carros alegóricos, realizándose así el primer desfile nocturno en las principales calles de la ciudad.

Y así nuestra Fiesta de Carnaval considerada como la más importante de México, hace de la noche una belleza y tradición sin igual que contagia de entusiasmo y alegría a todo el visitante y gente del puerto que goza y vive los ritmos y bailes de nuestra hospitalaria ciudad.

  En el año 2001 celebramos el carnaval no.77.

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Obeliscos

En la ciudad de Veracruz contamos con dos monumentos en forma de obeliscos, de los cales daremos una imagen y su breve descripción

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Este monumento es el que actualmente reemplaza al antiguo monumento a los Niños Héroes, el cual fue recientemente inaugurado.

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Este es el otro obelisco situado en el malecón, y esta hecho en memoria de los marinos muertos.

Registro Civil.

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Café de la Parroquia.

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Monumento a Juárez.

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La leyenda del castillo de San de Ulúa.

En 1535 después de la fundación del primer ayuntamiento que se estableció en tierra firme aquí en Veracruz, en esta fecha se comenzaron los trabajos del castillo de San Juan de Ulúa y se terminaron en 1707, en este año se comenzaron a construir los fuertes de Santa Pilar, San José, Santa Catalina, San Miguel y Guadalupe, los primeros se encuentran en la parte posterior del castillo colocados en la parte norte. Las obras de los fuertes fueron terminadas en 1779.

El baluarte San José cuenta con siete bóvedas independientes y tres calabozos, estos últimos tienen una sola entrada totalmente oscuras, calurosas y húmedas sus paredes son de un gran espesor.

En estas mazmorras estuvieron presos en 1808 Fray Melchor de Talamantes, en 1885 Jesús Arriaga conocido por chucho el roto. También en una de esas celdas estuvo preso el licenciado Benito Juárez en el año de 1853, mas tarde y por orden de Don Porfirio Díaz se ocuparon esas bóvedas como cárceles exclusivamente para presos políticos y militares inconformes con el régimen.

El castillo tiene la forma de un cuadrilátero y en sus ángulos se encuentran cuatro baluartes, La Soledad, El Santiago, EL San Pedro y San Crispín. En el mismo castillo se encuentra el Palacio del Gobernador, lugar en donde se refugió el presidente Benito Juárez y que le sirviera de residencia a Don Venustiano Carranza el varón de cuatrociénegas Coahuila.

Detrás del palacio hay tres bóvedas que fueron ocupadas como viviendas conocidas como taza y plato. En el fuerte de San Juan Bautista y los calabozos conocidos con el nombre de las tinajas, estas ya no existen porque fueron selladas, eran celdas que en el techo salían estalactitas que siempre estaban escurriendo agua, en ellos metían a los presos, ahora sólo pueden verse rastros de ellas y eran llamadas con el nombre del infierno, la gloria y el purgatorio.

Lo mas elevado del castillo es el lugar conocido por Caballero Alta San Felipe el Real, tiene 96 pies de altura sobre el nivel del mar.

En el siglo XVIII ya se encontraban presidiarios que eran aprovechados en los trabajos de su construcción. En el año de 1755 el conde de Revillagigedo publicó las normas en que quedarían los esclavos y presos ¡a trabajos forzados!, ahí en el propio castillo de Juan de Ulúa existía una iglesia dedicada al culto católico y por la parte que ocupa el astillero, un cementerio, la torre de la iglesia tenia unas campanas que hacían sonar cuando metían a algún difunto en el cementerio, también tenia un puente colgante que unía al castillo con una parte de tierra que circundaba una laguna con agua dulce, otra de las cuevas o mazmorras que tiene el castillo es una que taparon hace algún tiempo, en ella, sin tener acceso al mar en su interior se escuchaba un ruido como si el mar estuviera ahí adentro.

Cuentan las consejas y en este caso por personas que aún viven, dicen que en el amanecer de los domingos, cuando el alba comienza a asomarse, allá entre la densa neblina que se forma algunas veces en el puerto, ven las figuras de frailes que se internan en la iglesia para oficiar algún rito religioso, una misa; y ven como los mismos frailes se dirigen al cementerio y en esos momentos se escucha el tañer del bronce de la campana de la vieja iglesia que aparece a la vista de todos, para desaparecer junto con los frailes que marchan sin rumbo fijo, no se sabe a donde van, pues son figuras transparentes convertidas en fantasmas que llegan a visitar su antiguo recinto, una vez que desaparecen se escucha el ruido que tal parece son los grilletes que le colocaban a los presos para que no escaparan, a todos esos ruidos del vetusto castillo de Juan de Ulúa, se escuchan también murmullos como si fueran rezos y la risotada burlona que crispa los nervios; y allá a lo lejos el aullido de los perros que huyen a tan raras apariciones y ruidos que son sobrenaturales.

Leyenda de las calles de San Juan de Dios.

Aquí en este puerto veracruzano, algunas de sus calles nos hacen recordar distintos personajes que por sus acciones libertarias y de civismo, plasmaron en las paginas de la historia sus nombres que han de perdurar a través del tiempo y con buenos recuerdos, tal es el caso de la calle de Miguel Lerdo de Tejada, esta calle lleva el nombre de este gran veracruzano que naciera en este puerto en 1812.

Esas calles de Miguel Lerdo antiguamente se conocían como las calles de San Juan de Dios, en esas mismas calles existían el convento de los monjes de la orden de San Javier, y en el mismo barrio el baluarte de la concepción y el barrio de La Caleta.

En el viejo barrio de San Juan de Dios existían también unos cobertizos que servían de descanso a los campesinos que traían la mercancía a la ciudad, utilizado al mismo tiempo para el descanso de los animales. Ahí en ese viejo barrio de San Juan de Dios existía una mujer muy conocida por dedicarse a la brujería a quien mucha gente la visitaba con el afán de que le leyera la línea de sus manos y le hechara las cartas de la baraja para saber de su futuro. Entre toda esa gente que le visitaba llegaba a verla un marinero que cada vez que retornaba de largas travesías la visitaba; y en cada visita le traía unas yerbas muy raras y de un olor desagradable, esas yerbas las utilizaba la bruja para preparar ciertos brebajes que daba a algunas personas para tratar de curarlas de algún mal o maleficio que habían agarrado.

Cierta ocasión se presentó una mujer a la casa de la bruja y le pidió que le preparara algo para poder hacer que se detuviera un hombre en este lugar para que se quedara con ella, la bruja le pidió datos de la persona a la que se refería junto con un retrato.

Cosa que cumplió al pie de la letra la extraña visitante, cuando la bruja se dio cuenta de quien era la persona a la que se refería, pudo apreciar que era el marino que le visitaba de sus largos viajes. Los trabajos de la bruja comenzaron y poco a poco aquella mujer que la visitaba comenzó a adelgazar, su semblante presentaba un aspecto cadavérico, las uñas le crecían en forma alarmante y su voz se había convertido en un sonido ronco, no se le entendía lo que hablaba.

Todo ese cambio le parecía extraño a la mujer, pues no comprendía por que estaba sufriendo tan terrible situación. Después de algún tiempo aquella rara mujer volvía a visitar a la bruja y al llegar a la casa de ésta, se dio cuenta que el marino al que ella había pedido el trabajo para detenerlo, se encontraba en amena charla con ella y le enseñaba el retrato que meses atrás le había entregado, riendo sarcásticamente en señal de burla.

Cuando esta mujer entró a casa de la bruja, ésta con el disgusto reflejado en el rostro, la corría de la casa llenándola de insultos y maldiciones, la mujer al sentirse ofendida, respondió en la misma forma y acercándose a la bruja le dio terrible golpe con un pedazo de madera que había agarrado al llegar a la casa, provocándole una herida en la cabeza, la bruja al sentirse herida tomó un fiero que le servía para atizar la lumbre y yéndosele encima a la extraña mujer comenzó a golpearla por todo el cuerpo incluyendo la cabeza, una y otra sangraban abundantemente pero seguían golpeándose hasta que llegaron al desmayo, cuando el marinero quiso intervenir ya era tarde, una y otra mujer estaban muertas en medio de aquel cuartucho que servía de hogar a la bruja, el marinero al darse cuenta de lo que había pasado y para no meterse en problemas, abandonó aquel lugar sin dar aviso a las autoridades de aquel caso.

Cuatro días después de aquel pleito entre la bruja y la rara mujer que la visitara, los cuerpos entraron en descomposición y tuvieron que intervenir las autoridades, y al hacerlo encontraron en el interior el retrato del marinero y junto a este el de la mujer que había muerto, pero este estaba atravesado con alfileres, listones rojos y unas yerbas secas, nunca se encontró al marinero y nunca nadie pudo dar razón de cómo habían muerto esas dos mujeres.

Al paso del tiempo aquel marinero único testigo de aquel terrible pleito, en uno de sus viajes que retornó a Veracruz, volvía a visitar aquel famoso barrio de San Juan de Dios; alguna gente que conversó con él les dejó dicho a algunos vecinos cómo se había iniciado aquel pleito en que perdieran la vida esas dos mujeres, agregaron al mismo tiempo en que el marinero narraba lo acontecido, su vista se quedó fija observando que en una de las calles de aquel viejo bario ahora las calles de Miguel Lerdo, veían las apariciones de las dos mujeres enfrascadas en un feroz pleito, aquellos momentos que vivió aquel marino fueron siempre indescriptibles, después de contemplar aquellas apariciones, se convirtió en un harapiento, recorría las calles de Veracruz habla ej. barrio de San Juan de Dios actualmente las calles de Miguel Lerdo, se ven las figuras fantasmales de dos mujeres que pelean encarnizadamente.

Se ven como si estuvieran iluminadas con una luz rojiza y envueltas en espesa niebla y un hombre vestido de marinero que quiere separarlas y pasados unos momentos desaparecen en la oscura calle, dejándola sumida en un profundo silencio escuchándose ayes lastimeros que se pierden, quedando un eco de misterio y de desesperación entre las personas que ven esas apariciones y escuchan esos lamentos.

La autentica leyenda de la Condesa de Malibran.

Hace muchos años, en el año 605 antes de la era cristiana en Babilonia antiguo imperio del Asia, existió el rey Nabocodonosor, quizás alguno de ustedes conozca la vida o parte de ella de este soberano que en aquella época fue un individuo lleno de tanta crueldad que no solo el pueblo que gobernaba le tenía temor, pues su crueldad eran tan inmensa que otros pueblos cercanos al que gobernaba temblaban por el sólo hecho de escuchar su nombre. Este rey tenía a su servicio a una hechicera de presencia horripilante, su cara no tenía la conformación que tienen las caras de todo ser humano, esta asemejaba una mascarilla con tatuajes que dejaban ver una guadaña y la parte de una calavera, que a cualquiera que la contemplaba le causaba terror y era sacudido por un fuerte temblor inexplicable para quien lo sufría. Esta hechicera que estaba al servicio del rey practicaba ritos misteriosos en el interior del castillo, a él le confiaba los secretos de sus actos con la magia negra. Hubo ocasiones que a través del poder maligno que poseía, hacía ver a la gente que el palacio estaba envuelto en inmensas lenguas de fuego que daba la impresión de ser devorado por las mismas, por la azotea de aquel lujoso palacio al que la gente veía convertido en una enorme fogata cubierto con grandes llamaradas de fuego, se podían ver monstruosos animales que volaban siniestramente lanzando aullidos y roncos sonidos que motivaban despertaran todos los vecinos de aquella comarca. La gente decía que aquellos monstruos eran seres humanos que la hechicera convertía en espantosos animales para atemorizar a los pobladores.

Casos como este se presentaban de vez en cuando; y al termino de aquellos raros espectáculos, el rey salía al balcón central del palacio junto con la hechicera y con tremendas y horrorosas carcajadas se despedía de aquellos animales que volaban sobre el palacio.

Cierta ocasión en que el rey pidiera le llevarán a la hechicera a su presencia, los guardias a su servicio emprendieron la marcha hacia la choza de la hechicera, en el camino algunas personas les informaban que la hechicera había muerto, cosa que confirmaron al llegar a la choza, este motivo se lo comunicaron al rey quien les ordenara que le llevaran el cadáver para darle sepultura. Cuando los guardias quisieron regresar y tomar el cadáver de la hechicera, este se convirtió en polvo encontrando solamente un papiro todo arrugado que decía: tú, rey Nabocodonosor, recibirás todas mis propiedades, tu sangre se unirá con la mía para crear un monstruo que aparecerá tiempo después en las costas del Golfo de México solo para hacer el mal, llegará convertido en una hermosa mujer a la que desde hoy, la maldigo a no tener hijos y si así no fuera, sólo serán seres que causarán terror y lástima a quien los vea. El rey acostumbrado a esas cosas misteriosas y a las profecías de la hechicera dio crédito a lo que la misma le dejara escrito en aquél arrugado papel.

Poco tiempo después, el rey moría en forma misteriosa, la gente decía que había sido atacado por un enorme animal que le había arrancado la cabeza misma que nunca encontraron y tuvieron que sepultarlo sin ella. Aquel pueblo tan lleno de crueldad por su rey, si no se alegraba de la muerte del tirano, al menos descansaron de las terribles tragedias que les hizo sentir en vida.

Así fue pasando el tiempo y aquella profecía de la hechicera de aquel tirano muchos siglos después se convertiría en una terrible realidad.

En Veracruz había una envidiable tranquilidad y sosiego y dentro de esa inmensa quietud, comenzaron los corrillos entre la gente y unas y otras se contaban cosas extrañas que pasaban en la casa de una mujer que había llegado al pueblo acompañada de mucha pompa y lujos, fueron los años que dieron principio al siglo veinte.

Cosas muy extrañas se murmuraban en torno de los habitantes de la población, se hablaba de una bruja que practicaba la magia negra y que habitaba en una humilde choza rodeada de pantanos y arenales, al frente de aquella choza tenía un horno en la tierra y encima una olla de barro que por el calor que recibía, emanaba olores nauseabundos, uno de ellos muy penetrante que al respirarlo causaba nausea y vomito. En la puerta de aquella choza, una puerta construida con pedazos de tablas y cartones, una cabeza de una enorme águila disecada con ojos brillantes como si tuvieran vida. De la misma puerta de aquella choza a la ventana, enormes tarántulas que parecían juguetear entre sus propias telarañas. Ahí mismo, se podía ver la cara de un ídolo de tipo negroide con un solo ojo y en la boca, una argolla de oro que le adornaba parte de la barba, esa barba se constituía en una enorme maraña como si fuera una madeja de estambre negra y espesa. Junto a ese gran ídolo, una repugnante calavera todavía con residuos de carne podrida y con un olor muy desagradable.

Aquella bruja siempre que daban las doce de la noche salía a la puerta de su casa y con los brazos abiertos extendidos hacia el cielo y en la oscuridad más espantosa, con una voz cortada pedía a las fuerzas de mal para que la protegieran y le cumplieran sus peticiones; al mismo Satán llamaba con gritos estridentes que iban perdiéndose en la espesura de los árboles y de los pinos de la pequeña aldea que era Veracruz.

En aquellos arenales en donde vivía la bruja ya conocida por oído de la gente porque nadie se acercaba a su choza, frecuentemente era visitada por una hermosa hembra vestida de negro, algunas veces y otras de blanco, ahí acudía porque quería que la bruja le quitara una maldición que en tiempos pasados le había dado a conocer otra de las brujas dedicadas a ese misterioso oficio, aquella rara y elegante mujer sufría hasta lo increíble porque aún casada con tiempo suficiente seguía sin poder tener hijos.

Esa rara mujer nunca se supo de donde llegó a Veracruz, sabía la gente que el esposo era un conde de la corona española y que el lugar en donde vivían era una inmensa mansión con tintes de palacio real, en esa vieja construcción, aparte de las lúgubres habitaciones que tenía, existía un gigantesco pozo que albergaba en el fondo grandes lagartos que eran alimentados con perros y gatos vivos y carne de res y puerco, así como aves de corral.

Aquella elegante y hermosa mujer que visitaba a la bruja era nada menos que la condesa de Malibrán, así era conocida porque su matrimonio con el conde le daba ese rango, lo de Malibrán, porque en aquellos viejos años, lo que ahora es la Fragua y Malibrán existía un pequeño rancho que llevaba ese nombre y este estaba cerca de un panteón que existía en aquella época y que recibía el nombre de Malibrán, ahí en ese pantanoso lugar rodeado de médanos y nopaleras, tenía su palacio la condesa de Malibrán, esta, repito era una mujer bella y sumamente hermosa, su nacarada tez hacía contraste con su negra cabellera, sus ojos del color del azabache despedían miradas desafiantes alguna veces y otras dulces que parecían pedir amor dándole un toque muy distinguido a su recia personalidad.

El esposo por motivos de trabajo abandonaba el hogar por dos o tres meses, mismos que la condesa aprovechaba para coquetear con los hombres de su agrado.

Como en todo el tiempo han llegado a Veracruz embarcaciones de todas partes del mundo, aquella época en una de esas embarcaciones siempre había alguien que le agradaba a la condesa y le invitaba a su palacio, mismo que adornaba con toda elegancia y rodeada de sus esclavos organizaba fiestas rimbombantes, aquellas fastuosas fiestas rebasaban las horas de la noche hasta el amanecer, al término de la fiesta todos se marchaban contentos por la gran diversión que habían gozado y todo volvía al silencio, las puertas del palacio se cerraban quedando solo el invitado por la condesa para hacerle compañía a esta.

Después de algunos días la desaparición del joven marino se hacía notar, primero en la embarcación a la que pertenecía; y comenzaba la búsqueda por todas partes se preguntaba por él y la misma gente que había estado en la fiesta, sorprendida se preguntaba qué le había sucedido a aquel joven apuesto y de grata personalidad que había llamado tanto la atención de ellos, porque en todo momento de la fiesta siempre estuvo cerca de la condesa. La desaparición de aquél joven nunca se supo ni que fue de él.

Así fue pasando el tiempo y la condesa de Malibrán todas las tardes acostumbraba pasearse por el pueblo en una lujosa diligencia jalada por magníficos corceles y un elegante cochero; cada vez que veía a algún joven de su agrado con atributos de simpatía, lo invitaba a su palacio para divertirse con él amorosamente, pero el joven invitado también desaparecía misteriosamente, no quedaba rastro alguno para encontrarlo.

Ella siempre orgullosa y a la vez humilde, seguía frecuentando a la bruja para rogarle que le quitara el maleficio de no poder tener hijos; y la bruja con ademanes implorantes seguía pidiendo a las fuerzas del mal que la condesa pudiera concebir hijos, después de tanta suplica maligna, la condesa se hizo en estado naciendo al poco tiempo un monstruo que con el solo hecho de verlo, aterrorizaba, su cabeza era sumamente grande y con un solo ojo, en cada mano tenía sietes dedos y demás defectuosos, largos y en lugar de uñas, tenía garras como las aves de rapiña, la condesa al darse cuenta de lo que había procreado sufría constantemente espasmos que la solían poner con cierta gravedad, pero a pesar de tan cruel e infame castigo, seguía invitando a los jóvenes que le simpatizaban a las noches amorosas que pasaba con ellos.

Tiempo después, una noche fría y húmeda con presagios de desventura, el esposo de la condesa llegaba a su hogar, él iba contento pensando en el reencuentro con su esposa, se veía ya entre sus brazos disfrutando de sus tiernas caricias y halagando su hermosura y belleza, cuando el criado abrió la puerta del palacio, su sorpresa fue enorme, en los brazos, el criado sostenía un bulto, era el hijo de la condesa, era el pequeño monstruo que solo lanzaba espantosos gruñidos como queriendo hablar, como si quisiera decir algo, el conde al darse cuenta de aquella monstruosidad corrió al lecho de su esposa para preguntarle sobre el pequeño monstruo y otra sorpresa mas desagradable recibía al encontrar en el lecho de la esposa a un joven entregado a las caricias de ella, lleno de cólera, el conde arremetió contra ellos, al verse atacada la mujer su cara se torno áspera, un rictus de amargura se apreciaba en ella, pues iba tomando las facciones de la bruja que visitaba, su aspecto era horripilante, sus ojos parecían dos carbones encendidos, su cara estaba surcada por grandes arrugas, sus colmillos resaltaban horrorosos después de haber pertenecido a una dentadura fina, sus cabellos revueltos y erizados parecían espinas prestas al ataque.

El conde al ver la transformación que tomaba su mujer quiso gritar y un nudo sintió en su garganta con un miedo espantoso frente a ese espectro, desenvainó su espada para enterrársela en el corazón a su amada, haciendo lo mismo con el joven que la acompañaba en sus amoríos, una vez cometido el doble asesinato fue al encuentro del criado y al encontrarlo le pregunto enfurecido a quién pertenecía ese monstruo que llevaba en los brazos, el criado sumido en una gran tristeza relata al conde que aquella criatura era hijo de la condesa; sin poder controlarse el conde tomó aquel fenómeno por los brazos y lo arrojó con fuerza junto a los cadáveres de quienes minutos antes había asesinado, el esclavo negro aterrorizado no sabía que hacer, temblaba con fuertes convulsiones y en ese estado, cuando el conde le ordenara que diera sepultura a los cuerpos sin vida que estaban junto a ellos, el esclavo con el terror reflejado en su rostro señalaba hacia aquel pozo siniestro, diciéndole al mismo tiempo, que en ese mismo pozo infectado de lagartos, la condesa había arrojado al fondo a varios jóvenes que invitara a sus orgías y que junto con ella, primero los mataba a golpes para arrojarlos con toda vileza a que fueran bocado para aquellos animales feroces y hambrientos.

Al escuchar el conde todos los horrores que cometía su mujer la condesa de Malibrán, junto con el esclavo negro arrojó al fondo de aquel pozo los fríos cuerpos de quienes un día gozaron de los placeres del mundo y que acababan en forma por demás grotesca. Cuando los cuerpos cayeron al fondo del aquel pozo, una horrible risotada acompañada de largos lamentos que dejaban escucharse en el lúgubre y tétrico palacio, extendiéndose la carcajada y los lamento por toda la campiña de Veracruz. Cuenta la leyenda que el conde se volvió loco y que se le veía seguido por las calles del pueblo gritando fuertemente, ¡justicia, justicia!, y que muera la condesa de Malibrán. Esos terribles gritos del conde se escuchaban terroríficos llenos de espanto y de venganza, sonaban como fuertes alaridos de animales salvajes al acecho de la presa.

La misma leyenda sigue contando que en esos lugares inhóspitos en ese entonces siguieron pasando casos misteriosos, esos mismos casos se repiten en las obscuras noches de verano, cuando la quietud deja sentirse y el profundo silencio se impone para hacer ver en esas mismas calles, hoy La Fragua, la de Mario B. Remes hasta la calle de Malibrán, donde de repente aparece el siniestro pozo, junto a él la lujosa diligencia llevando en su interior a la condesa que lleva cargando al pequeño monstruo que en vida el propio destino le diera como hijo ahí se le ve arrastrando la vieja maldición que siglos atrás aquella hechicera le dejara en su profecía, junto a ellos, el conde que va en lúgubre carroza con su cochero elegantemente vestido y con un látigo en la mano; mas adelante, una sombra misteriosa que ríe a carcajadas lanzando al aire espantosos aullidos que llenan de terror a la gente que puede comprobar que en la misma aparición se ve a la bruja a la que van correteando unos lagartos con las fauces abiertas y ella en un grito ahogado dice: perdón, perdón, perdón

Así acabó aquella hermosa mujer la condesa de Malibrán que a través de los años sigue cobrando vida entre muchas personas.

Los viejos caserones de las calles de Miguel Ma. Lerdo.

Las calles de Miguel María Lerdo en tiempos del virreinato, llevaban el nombre de San Juan de Dios, esté nombre respondía a la circunstancia de que en este lugar existió el primer hospital de religiosos en esta ciudad, era atendido por frailes hospitalarios de la congregación de San Juan de Dios ayudados por monjas españolas.

Ahí en donde se encontraba el viejo hospital de San Juan de Dios, hubo cientos de enfermos y naturalmente, muertos.

Un día llegó al hospital una familia compuesta por el matrimonio y dos hijos, uno de ellos era una muchacha de escasos 20 años de edad, muy linda, su cara daba la semejanza de estar frente a una virgen, el hermano un muchacho fortachón de 24 años, él cuidaba celosamente a su hermana menor la que desafortunadamente estaba loca, los padres mas que preocupados se sentían tristes, en sus rostros se reflejaba un intenso dolor acompañado de una angustia tormentosa. Cuando esta familia fue recibida por el abad del hospital religioso, este se llenó de asombro al contemplar a aquella dulce criatura que con la mirada extraviada daba un aspecto misterioso como si algo interno no la dejaba disfrutar de la vida, aquel fraile lleno de asombro no podía articular palabra, pues algo también misterioso se había apoderado de él, la familia al darse cuenta de aquello que sufría el fraile, trataron de apartarse del lugar pero una potente voz los detenía y los hacia pasar al interior del hospital, una vez adentro, otro fraile el que les había ordenado que se detuvieran pidió agua bendita y comenzó a rezar, fueron unos rezos raros que decían: yo te invoco Satanás a que abandones el cuerpo de esta niña y el de mi compañero, te invoco a que retornes a tu cueva y sigas sufriendo las quemaduras que te impuso el señor por tu maldad. Vete... vete... abandona estas almas puras que vienen a refugiarse en esta cofradía que por ser de caridad es la casa de Dios.

Después de esos rezos que eran mandatos divinos, un ruido ensordecedor se escuchó en el viejo edificio. El viento se tornó violento y algunos relámpagos cruzaban el espacio como señal de la presencia de Satanás, una lúgubre carcajada llenó a aquel recinto y un murmullo de voces se quejaban de todo aquello que estaba ocurriendo en el hospital, todos los frailes y las monjas rezaban y una de ellas se hizo cargo de la loca, cuando trató de sostenerla, esta se puso furiosa yéndosele encima queriéndola golpear, al mismo tiempo que gritaba iracunda - suéltame, suéltame malvada, no podrás conmigo, he de vencerte y he de convertirte en mi esclava - cuando la monja comprendió que no era la loca la que hablaba sino que estaba poseída, tomó el crucifijo que llevaba en su vestimenta y acercándoselo a la cara muy cerca de los ojos, ésta se estremeció y comenzó a sacudirse violentamente hasta caer en le frío piso de aquel hospital.

Todo parecía volver a la calma, cuando nuevamente volvió a escucharse aquel ruido, parecía que rompían loza, que movían las sillas y las pesadas bancas que tenía el hospital, así como los portones, estos se azotaban por una extraña fuerza que se antojaba terrorífica, no había confusión en aquel hospital porque frailes y monjas que lo atendían sabían que se trataba de las fuerzas del mal del mismo Satanás que quería imponerse frente a aquellos religiosos. Todos ellos hicieron un circulo y uniendo sus fuerzas, sus energías, le pidieron al creador que les alejara de aquella monstruosidad para que el fraile afectado y la loca volvieran a la normalidad, poco a poco la calma fue penetrando en los cuerpos de aquellos que habían sido afectados, al abrir los ojos se encontraron en medio del circulo que formaron los frailes y las monjas, la loca comenzó a llorar con gran dolor, su rostro desencajado no podía ocultar una fuerte mirada, era una mirada como si tratara de reprochar algo, como si quisiera enfrentarse a algo que sentía muy cerca.

El fraile también recuperaba su estado normal y alzando sus ojos, expresó con profundo agradecimiento: gracias padre celestial. Gracias a ti que con tu poder infinito alejaste a las fuerzas del mal que quisieron arrebatarnos de este mundo. Gracias hermanos y hermanas - dijo refiriéndose a los frailes y a las monjas. Aquel circulo que formaron los que atendían el hospital se deshizo y al lugar donde se encontraban regaron agua bendita y también rezaron - Dios todo poderoso, señor omnipotente, tu gracia inmaculada es y será guardián para protegernos de esas malas apariciones.

Todo volvió a la tranquilidad en el hospital San Juan de Dios, la joven demente fue instalada en uno de los cuartos del propio hospital y fue recuperándose paulatinamente, sus familiares la visitaban cada domingo y muy contentos apreciaban el alivio que iba teniendo.

Un día a las puertas del hospital se presentó un hombre elegantemente vestido, llevaba en su mano un raro bastón que llamaba mucho la atención, en la misma mano, un fino sombrero de copa y una capa negra muy reluciente, uno de los frailes lo recibió y notó en él cierto misterio, su mirada era penetrante y sus manos parecían acariciar el fino bastón que llevaba, este tenía incrustaciones de plata y oro.

Aquel extraño personaje preguntó por la enferma, esta respondía al nombre de Alejandra y a pesar de aquel raro aspecto que presentaba el visitante, el fraile le indicaba el cuarto en donde se encontraba Alejandra; una vez frente a esta, aquel extraño personaje comenzó a hacer extraños movimientos y a transformarse, su cara se convertía en una mascara horripilante, en sus manos aparecía una especie de lanza que iba acercándose a la enferma, ahí en el cuarto de Alejandra no había nadie, todo aquello que ejecutaba aquel extraño nadie se daba cuenta de ello, había un profundo silencio y un fuerte olor a lodo podrido comenzó a llenar aquel hospital.

Cuando uno y otro fraile se dieron cuenta de aquel fétido olor, comenzaron a buscar de dónde provenía y al darse cuenta que salía del cuarto en donde se encontraba Alejandra, quisieron entrar y se encontraron con la puerta cerrada, dieron unos cuantos golpes sobre la puerta y nadie contestó, pasaron unos segundos y nuevamente golpearon, en esos momentos se escuchó un grito desgarrador lleno de angustia, era Alejandra que volvía a ser poseída. Todos corrieron al lugar de donde salía aquel grito angustioso y cuando quisieron agarrar a la enferma, esta tenía la lanza que llevaba aquel extraño personaje, su estado era histérico, corría por todo el cuarto que le servía para atenderle de su enfermedad, nadie podía acercársele y en un momento de extraño proceder, colocó la lanza aquella con unas de las puntas apoyada en el suelo y con la otra punta hacia arriba recargándose en ella, se atravesaba el pecho par quedar sin vida, quedaba muerta en las frías lozas del hospital. Cuando esto sucede, el viento se torna violento y todo el hospital queda a oscuras y en medio de esa negrura se escucha tétrica carcajada que llena de pavor a quien la escucha. Los frailes y las monjas se hincan frente a la imagen del Cristo y se escucha el murmullo de voces que forman un rezo... Señor escúchanos, las fuerzas del mal nos han vencido, nos han arrebatado a una pobre niña que estábamos curando, apiádate de ella, dale un lugar en tu reino para que goce de la paz que no pudo disfrutar en esta tierra.

Después siguieron diciendo - padre nuestro que estas en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nos tu reino y hágase señor tú voluntad así en la tierra como en el cielo...

Han pasado los años, mas de siglo y medio y ahí en las calles de Miguel Lerdo, cuando comienza el invierno y las noches son frías y solitarias, se aparecen imaginariamente las viejas casonas que en aquellos años existieron y en uno de los pesados portones se pueden admirar a un grupo de frailes y monjes que rezan junto a una bella joven que se pasea cerca de ellos con una lanza que atraviesa su cuerpo.

Aparición de la diligencia por su viaje maldito.

Corría el año de 1725, cuando el país estaba bajo el yugo del virreinato, frente al palacio municipal que ya existía, había una extensa explanada que servía de estacionamiento a esas entonces famosas diligencias; una de ellas estaba adornada lujosamente llamando la atención de todos, los faroles tenían un corte elegante con un dorado reluciente. El asiento del cochero forrado con terciopelo negro que formaba una extraña combinación con el toldo confeccionado con fina tela china en el que destacaba una enorme cabeza de dragón arrojando llamas por la boca, en el interior mullidos asientos que daban cupo solo a seis personas que podían sentarse cómodamente, el piso estaba cubierto con una alfombra color rojo sangre que causaba fuerte impresión a todo viajero al grado de ponerse nervioso, pues daba la imagen que era sangre fresca. Quien conducía la elegante diligencia era una rubia muy linda que vestía a la usanza de las húngaras, sus azules ojos tenían un destello brillante con mirada fría y calculadora, cuando miraba a alguna persona ésta se sentía atraída por una fuerza extraña.

La bella rubia que conducía la diligencia no hablaba con nadie, sus finas manos sostenían con firmeza las riendas que gobernaban a las bestias que jalaban a la diligencia las que de vez en cuando recibían fuertes latigazos que las hacia obedecer el mandato de la conductora.

Un día se presentaron en el lugar del que partían las diligencias, siete personas que urgían estar en la capital de la república para que les apartaran asientos a cada uno de ellos, los futuros pasajeros eran cinco hombres y dos mujeres mismas que no cambian en el interior ya que solo permitía seis personas, la conductora al darse cuenta que tendría que quedarse una, intervino para proponer muy gentilmente que en el pescante podía viajar una, no sin antes aclarar las molestas que le acarrearía; como el viaje era urgente, las dos mujeres al darse cuenta que el conductor era una dama, accedieron las dos ir juntas en el pescante.

Aquel día del viaje, la mañana amenazaba con lluvia, el cielo aparecía gris oscuro y la gente comentaba que se aproximaba fuerte tormenta. La elegante diligencia ya estaba preparada con dos hermosos caballos que relinchaban inquietas como si presintieran algo extraño en el ambiente, la rubia no hacia comentarios por estar acostumbrada a esos momentos y a las preguntas que le hacían con respecto al tiempo contestaba secamente como no dando importancia a la intención de los viajantes. Llegó la hora de partir, eran las cinco de la tarde y emprendieron el viaje, los hombres en el interior platicaban animosamente, mientras que las dos mujeres que iban en compañía de la conductora se mostraban nerviosas y a cada momento volteaban hacia atrás como tratando de encontrar algo que por momentos sentían muy cerca de ellas; después de rodar dos horas por esos polvosos caminos y con sus laderas cubiertas de maleza y piedras de enorme tamaño, de pronto comenzaron a caer pequeñas gotas de agua que fueron en aumento poco a poco hasta convertirse en lluvia torrencial acompañada de rayos que iluminaban la solitaria pradera, la tarde comenzó a oscurecerse y la tormenta más intensa, el resplandor de los rayos dibujaba caprichosamente los tupidos bosques de la serranía.

Las tres mujeres cubiertas con una gruesa capa ahulada, difícilmente veían el camino que ya se presentaba sinuoso y con lodo, pues todo el llano era barroso, los caballos fustigados con el látigo de la conductora no les hacia perder el trote firme y seguro en la carrera que llevaban asustando con ellos a sus compañeras de viaje.

La negra noche recogía los murmullos de la naturaleza y por momentos, algunos lobos aullando lastimeramente, se acercaban a la diligencia como queriendo atacar, pero el látigo con su fuerte chasquido los alejaba y huían despavoridos hacia sus madrigueras.

Cuando llegaron al lugar donde tenían que cambiar el tiro de las bestias, mientras hacían el cambio en medio del tormentoso aguacero, los pasajeros tomaron café con coñac para reconfortarse, la que no probó el coñac ni café fue la rubia conductora y sin hablar con nadie volvió a colocarse en el pescante y con sus pasajeros continuó el viaje.

Ya eran casi las tres de la mañana cuando un grito aterrador envolvió a la noche, los viajeros del interior no lo escucharon por el ruido ensordecedor que provocaba la lluvia y el rodar de la diligencia. Poco a poco la lluvia fue calmándose, la tormenta eléctrica había descargado toda su furia sobre la extensa llanura, un profundo silencio se formó de repente, y en ese misterioso silencio detuvieron su trote las bestias que nerviosamente trataban de quitarse los arreos, en eso momento se escuchó el grito de la conductora para calmar a los animales y acercándose a la puertecilla de la diligencia la abrió para invitar a los pasajeros a que salieran de ella, una vez en la tierra firme y al buscar a sus compañeras de viaje en el pescante vieron un cuadro dantesco, horripilante, sus cabezas colgaban inertes mostrando rasgaduras en sus cuellos sangrantes, al querer hablar con la conductora y al voltear la cara hacia ella, horrorizados pudieron ver el rostro de la hermosa hembra rubia que habían conocido en la explanada frente al palacio municipal de Veracruz, apreciaron que la misma cara de ésta se había convertido en una horrible masa sanguinolenta dando la apariencia de un oso con el hocico alargado mostrando sus colmillos y dientes de tamaño irregular.

Cuando los viajeros sacaron sus armas para matar aquel raro ser viviente, una misteriosa y sonora carcajada semejante a la de un aullido, cubrió las aldeas más cercanos y una gigantesca sombra se movió por los aires cubriendo las chozas y espantando a le gente que corría despavorida porque allá en las alturas se podía ver la cara de un enorme oso con las fauces abiertas mostrando los monstruosos colmillos asesinos. Los viajeros dificultosamente pudieron continuar la marcha, ahora se antojaba una marcha fúnebre por llevar a dos cadáveres con los cuellos destrozados.

Ya en la capital después de los comentarios y de la desaparición de la rubia conductora, se llevaron a cabo los trámites necesarios y se comenzó la búsqueda de la hermosa conductora la que jamás apareció; pero lo que si aparece de vez en cuando en los que ahora es el parque zócalo, es la figura de la diligencia que en el pescante, como su tratara de exhibir se ven los cuerpos de dos mujeres con la cabeza hacia abajo brotándoles sangre por loas heridas que les causara la muerte.

Quienes han visto esta aparición que suele pasar en el mes de octubre o noviembre han podido también escuchar siniestra carcajada y han visto manchas de sangre en algunas lozas del parque y nunca nadie ha podido descifrar el por qué.

El convento de los monjes.

En el siglo XVIII se construyó el hospital de San Sebastián, se bautizó con este nombre en honor del santo patrono de la ciudad, "San Sebastián", con el paso de los años pasó a ser hospital Aquiles Serdán en recuerdo a un auténtico revolucionario.

En ese viejo edificio antiguamente al servir como hospital, muchos fueron los que fallecieron después de sufrir largas enfermedades, otros murieron de terrible cólera o de la fiebre amarilla y el vómito, ahí también dentro de sus muros murieron algunos tuberculosos pues el medio curativo era muy pobre.

Los frailes que habitaban ese convento lucharon tenazmente en contra de las enfermedades a pesa de escasos recursos medicinales en esa época.

Al servicio de los frailes estaba una joven mujer que contaba con 19 años de edad, su nombre Isabel, era muy servicial junto con dos mujeres mas se dedicaban al aseo del enorme edificio, con la cocina y el lavado de ropa, la mas joven de las mujeres era muy responsable, sin ser de sus obligaciones, cuando algún enfermo necesitaba de los servicios nocturnos se quedaba cuidándolo sin importarle que fuera toda la noche, pues ella se sentía a gusto por cumplir con un deseo que le nacía con el propósito de servir.

Las noches en ese inmenso edificio eran muy pesadas, siempre se escuchaban quejidos y lamentos quejumbrosos que hacían sentir a quien los escuchaban en algo tétrico y al mismo tiempo maléfico, era como si alguien provocaba aquellos momentos que se antojaban misteriosos y sombríos.

La joven mujer que todos los días salía en el anochecer de aquella inmensa casona enclavada en un barrio solitario y con una que otra farola que apenas iluminaba, al voltear la cara por algo que le llamaba la atención, veía en la puerta de entrada cómo se abría el pesado portón para quedarse en ese lugar una figura que daba la semejanza de un fraile que llevaba entre sus brazos a una criatura y detrás de él, tres personas mas que pasaban al interior del hospital y convento. Muchas fueron las noches que ya de retirada después de cumplir con sus obligaciones la joven mujer veía con mas frecuencia a aquella misma acción cuando el fraile con un niño en brazos entraba al hospital acompañado de tres personas mas y comenzó a decir que no era posible que aquello se repitiera casi a diario; aquella joven mujer cada vez que salía de su trabajo y al caminar por esas solitarias calles semi-obscuras seguía contemplando aquella escena la cual comenzaba a darle miedo, pero más que miedo incertidumbre pues en días anteriores había preguntado entre aquel grupo de frailes quién era el que recibía a un niño en el pesado portón ya cerrado acompañado por tres personas mas, nunca fraile alguno se identificó como el autor de aquella escena y el miedo se tornó mas fuerte en la persona de aquella joven mujer; ya cuando se acercaba la ora de salir le comenzaba un leve temblor que casi nadie apreciaba, pero venciendo ese temblor siempre salía dispuesta a vencer aquel miedo que le embargaba, hubo algunos días que aquella escena ya no la veía y poco a poco fue perdiendo el miedo, ya comentaba con sus compañeras de trabajo que todo había desaparecido y la supuesta calma volvía a ella.

La vida en el convento en ocasiones era aburrida, no había diversión, los frailes pocas veces salían a la calle, en algunas ocasiones las familias los invitaban a comer y entonces el convento se quedaba solo, únicamente la servidumbre se quedaba para cumplir con sus tareas.

Una tarde, tarde nebulosa con un cielo gris y con suaves rachas de viento, viento malo como le llaman algunas personas, tocaron en el pesado portón y al dirigirse a ver quien tocaba, la sorpresa para la joven mujer a quien le tocaba abrir el portón fue deslumbrarte, ahí estaban las tres personas con el niño, eran las mismas que en otras ocasiones había visto ya entrada la noche y cuando el portón estaba cerrado, de inmediato les pregunto si en noches anteriores habían llegado ahí y la contestación fue de sorpresa para ella, pues le dijeron que era la primera vez que llegaban al hospital, toda nerviosa se fue a repasar los momentos en que por las noches había visto a aquellas personas con el fraile y no salía de su asombro al pensar en cosa tan rara, porque la presencia de ellos era muy rara.

Cuando los frailes regresaron al hospital y convento, fueron informados de la presencia de aquel pequeño grupo con el niño y de inmediato los atendieron, ya para entonces la mujer comenzaba a sufrir sobresaltos, incertidumbre, no podía concebir que fueran las mismas personas que ella veía por las noches y entrando al hospital.

Cuando los frailes atendieron aquel grupo, como es natural se retiraron y al cruzar frente a la mujer que les abriera la puerta, el niño se puso a llorar e hicieron que la mujer lo cargara, aquella buena mujer cargó al niño y su llanto fue apagándose para expresar una frase hasta cierto punto malévola, la voz del niño se cambió a una voz autoritaria y le dijo: "no te metas en mi vida y cállate la boca, a nadie le digas de lo que te estoy diciendo porque si abres la boca para hacer algún comentario, he de maldecirte mas de lo que te he venido maldiciendo", la mujer no sabia qué hacer cuando se dio cuenta que los que acompañaban al niño iban muy adelante de donde ella se encontraba, entonces el niño volvió a hablar: "ponme en el suelo y retírate, aléjate, pero recuerda que no tienes que hablar nada de lo sucedido", entonces el niño no corrió, dio un gran salto y llegó hasta donde estaban los que le acompañaban.

La mujer que recibiera esas amenazas de aquel niño se preguntaba de cómo había podido saltar tanto después de acomodarlo en el piso, cómo el propio niño, no niño sino engendro del mal como él, se lo pidió.

Algún tiempo después, la joven mujer cada vez que salía del hospital, escuchaba el llanto del niño y se aterrorizaba, siempre los escuchaba como si el llanto saliera del pesado portón del hospital, al mismo tiempo veía a las personas que le acompañaban, pero ahora era distinto, cada vez que los veía, la llamaban con señas y uno de los cubículos, se le apareció el grupo con aquel misterioso niño, el que utilizando una voz ronca y pastosa le dijo: "vengo a advertirte que la próxima vez que tú no acudas a nuestro llamado, te castigaremos al grado de que sufrirás amargamente y nadie podrá aliviarte del mal que vamos a crearte"; al terminar esta frase, la mujer no soportó y saliendo del aposento en donde se encontraba comenzó a correr y a vagar por el patio del convento diciendo: "el niño!... el niño!... sáquenlo del cuarto porque es Satanás!"; aquellos gritos llamaron la atención de los frailes que acudieron al auxilio de aquella mujer a la que trataban de calmar de lo que le estaba sucediendo, pero no les era posible porque además sufría fuertes convulsiones y su voz ya no era entendible.

Uno de los frailes la tomó de la mano y en un rezo piadoso expresó:

"Señor, tú que todo lo puedes y que tienes el poder de vencer a las fuerzas del mal, no permitas que Satán castigue con tanta crueldad a esta indefensa mujer, sálvala porque es una alma buena, ten misericordia de ella padre eterno". Al escuchar este rezo, esta imploración piadora, los portones del viejo edificio se abrieron al impacto de un viento frío y húmedo, era el frío de la muerte y la desventurada mujer moría en esos instantes, instantes de dolor, de angustia y al mismo tiempo de llanto y desesperación. Todo había terminado para la joven mujer que fue perseguida por figuras y sombras que desaparecían cuando ella trataba de acercarse.

Cuenta la leyenda que ahí en el viejo edificio donde vivían los monjes Betlemitas, cuando el silencio de la noche lo envuelve la bruma y el cielo tornase con espesos nubarrones que parece estar de luto, dicen que en las pesadas puertas del viejo caserón aparecen los del grupo cargando a un niño y la figura de una joven mujer que llora lastimeramente.

Esto es lo que cuenta la leyenda, pero si usted quiere cerciorarse de si es verdad o no lo de las apariciones, vaya un día de estos, cuando sople el viento malo y convénzase, usted podrá ser un testigo mas de lo que hoy a escuchado....

La Llorona.

Los cuatros sacerdotes aguardaban espectantes.

Sus ojillos vivaces iban del cielo estrellado en donde señoreaba la gran luna blanca, al espejo argentino del lago de Texcoco, en donde las bandadas de patos silenciosos bajaban en busca de los gordos ajolotes.

Después confrontaban el movimiento de las constelaciones estelares para determinar la hora, con sus profundos conocimientos de la astronomía.

De pronto estalló el grito....

Era un alarido lastimoso, hiriente, sobrecogedor. Un sonido agudo como escapado de la garganta de una mujer en agonía. El grito se fue extendiendo sobre el agua, rebotando contra los montes y enroscándose en las albardas y en los taludes de los templos, rebotó en el Gran Teocali dedicado al Dios Huitzilopochtli, que comenzara a construir Tizoc en 1481 para terminarlo Ahuizotl en 1502 si las crónicas antiguas han sido bien interpretadas y pareció quedar flotando en el maravilloso palacio del entonces Emperador Moctezuma XocoyOtzin.

- Es Cihuacoatl! -- exclamó el más viejo de los cuatro sacerdotes que aguardaban el portento.

- La Diosa ha salido de las aguas y bajado de la montaña para prevenirnos nuevamente --, agregó el otro interrogador de las estrellas y la noche.

Subieron al lugar más alto del templo y pudieron ver hacia el oriente una figura blanca, con el pelo peinado de tal modo que parecía llevar en la frente dos pequeños cornezuelos, arrastrando o flotando una cauda de tela tan vaporosa que jugueteaba con el fresco de la noche plenilunar.

Cuando se hubo opacado el grito y sus ecos se perdieron a lo lejos, por el rumbo del señor de Texcocan todo quedó en silencio, sombras ominosas huyeron hacia las aguas hasta que el pavor fue roto por algo que los sacerdotes primero y después Fray Bernandino de Sahagún interpretaron de este modo:

"..Hijos míos... amados hijos del Anáhuac, vuestra destrucción está próxima.."

Venía otra sarta de lamentos igualmente dolorosos y conmovedores, para decir, cuando ya se alejaba hacia la colina que cubría las faldas de los montes:

"..A dónde iréis.. a dónde os podré llevar para que escapéis a tan funesto destino.. hijos míos, estáis a punto de perderos."

Al oír estas palabras que más tarde comprobaron los augures, los cuatro sacerdotes estuvieron de acuerdo en que aquella fantasmal aparición que llenaba de terror a las gentes de la gran Tenochtitlán, era la misma Diosa Cihuacoatl, la deidad protectora de la raza, aquella buena madre que había heredado a los dioses para finalmente depositar su poder y sabiduría en Tilpotoncátzin en ese tiempo poseedor de su dignidad sacerdotal.

El emperador Moctezuma XocoyOtzin se atusó el bigote ralo que parecía escurrirle por la comisura de sus labios, se alisó con una mano la barba de pelos escasos y entrecanos y clavó sus ojillos vivaces aunque tímidos, en el viejo Códice dibujado sobre la atezada superficie de amatl y que se guardaba en los archivos del imperio tal vez desde los tiempos de Itzcoatl y Tlacaelel.

El emperador Moctezuma, como todos los que no están iniciados en el conocimiento de la hierática escritura, sólo miraba con asombro los códices multicolores, hasta que los sacerdotes, después de hacer una reverencia, le interpretaron lo allí escrito.

-Señor, - le dijeron -, estos viejos anuales nos hablan de que la Diosa Cihuacoatl aparecerá según el sexto pronóstico de los agoreros, para anunciarnos la destrucción de vuestro imperio.

Dicen aquí los sabios más sabios y más antiguos que nosotros, que hombres extraños vendrán por el Oriente y sojuzgarán a tu pueblo y a ti mismo y tú y los tuyos serán de muchos lloros y grandes penas y que tu raza desaparecerá devorada y nuestros dioses humillados por otros dioses más poderosos.

- Dioses más poderosos que nuestro Dios Huitzilopochtli, y que el Gran Destructor Tezcatlipoca y que nuestros formidables dioses de la guerra y de la sangre? -- preguntó Moctezuma bajando la cabeza con temor y humildad.

- Así lo dicen los sabios y los sacerdotes más sabios y más viejos que nosotros, señor. Por eso la Diosa Cihuacoatl vaga por el Anáhuac lanzando lloros y arrastrando penas, gritando para que oigan quienes sepan oír, las desdichas que han de llegar muy pronto a vuestro Imperio.

Moctezuma guardó silencio y se quedó pensativo, hundido en su gran trono de alabastro y esmeraldas; entonces los cuatro sacerdotes volvieron a doblar los pasmosos códices y se retiraron también en silencio, para ir a depositar de nuevo en los archivos imperiales, aquello que dejaron escrito los más sabios y más viejos.

Por eso desde los tiempos de Chimalpopoca, Itzcoatl, Moctezuma Ilhuicamina, Axayácatl, Tizoc y Ahuizotl, el fantasmal augur vagaba por entre los lagos y templos del Anáhuac, pregonando lo que iba a ocurrir a la entonces raza poderosa y avasalladora.

Al llegar los españoles e iniciada la conquista, según cuentan los cronistas de la época, una mujer igualmente vestida de blanco y con las negras crines de su pelo tremolando al viento de la noche, aparecía por el Sudoeste de la Capital de la Nueva España y tomando rumbo hacia el Oriente, cruzaba calles y plazuelas como al impulso del viento, deteniéndose ante las cruces, templos y cementerios y las imágenes iluminadas por lámparas, para lanzar ese grito lastimero que hería el alma.

Aaaaaaaay mis hijos!!!!!!... Aaaaaaay aaaaaaay!---- El lamento se repetía tantas veces como horas tenía la noche la madrugada en que la dama de vestiduras vaporosas jugueteando al viento, se detenía en la Plaza Mayor y mirando hacia la Catedral musitaba una larga y doliente oración, para volver a levantarse, lanzar de nuevo su lamento y desaparecer sobre el lago, que entonces llegaba hasta las goteras de la Ciudad y cerca de la traza.

Jamás hubo valiente que osara interrogarla. Todos convinieron en que se trataba de un fantasma errabundo que penaba por un desdichado amor, bifurcando en mil historias los motivos de esta aparición que se transplantó a la Época colonial.

Los románticos dijeron que era una pobre mujer engañada, otros que una amante abandonada con hijos, hubo que bordaron la consabida trama de un noble que la engaña y que abandona a una hermosa mujer sin linaje.

Lo cierto es que desde entonces se le bautizó como "LA Llorona", debido al desgarrador lamento que lanzaba por las calles de la Capital de Nueva España y que por muchos lustros constituyó el más grande temor callejero, pues toda la gente evitaba salir de su casa y menos recorrer las penumbrosas callejas coloniales cuando ya se había dado el toque de queda.

Muchos timoratos se quedaron locos y jamás olvidaron la horrible visión. " Hombres y mujeres "se iban de las aguas" y cientos y cientos enfermaron de espanto.

Poco a poco y al paso de los años, la leyenda fuere bautizada con otros nombres, según la región donde se aseguraba que era vista, fue tomando otras nacionalidades y su presencia se detectó en el Sur de América en donde se asegura que todavía aparece fantasmal, enfundada en su traje vaporoso, lanzando al aire su terrífico alarido, vadeando ríos, cruzando arroyos, subiendo colinas y vagando por cimas y montañas.

La Mulata de Córdoba.

Cuenta la Leyenda que hace más de 2 siglos, vivió en Córdoba una célebre mujer que nunca envejecía y que a pesar de los años permanecía joven. Como no se sabía de quién era hija, la llamaban simplemente "La Mulata".

Para la mayoría de los pobladores de Córdoba, Veracruz, La Mulata era una bruja, una hechicera que tenía pacto con el diablo, quien según la creencia popular la visitaba todas las noches.  Algunos decían que pasada la medianoche, una luz siniestra salía de su habitación, como si un gran incendio consumiera la casa por dentro. Otros aseguraban haberla visto volar, mientras lanzaba satánicas miradas con sus grandes ojos negros y sonreía diabólicamente. Se decía que se le podía encontrar en distintos lugares a una misma hora. De cualquiera manera, la Mulata era famosa por su belleza y por la actitud desdeñosa hacia quienes la pretendían.

Un día la Mulata fue llevada a la cárcel del Santo Oficio en la Ciudad de México, donde se le inició un proceso por brujería. Pasaron algunos años y cuando iba a ser quemada en la hoguera, escapó del calabozo y se fue a Manila. ¿Cómo logró escapar?, es algo que no se sabe con certeza. La leyenda cuenta que la Mulata pintó en una de las paredes de su celda un navío, se subió en él y desaparecieron ambos por uno de los rincones del calabozo.

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