Velázquez

Arte barroco español. Pintura española del Siglo XVII. Pintor español. Biografía. Etapas. Comentarios de sus obras: La mulata. El Cristo Crucificado

  • Enviado por: Lua Kupse
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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VELÁZQUEZ

ÍNDICE:

Portada..............................................................................................1

Índice.................................................................................................2

Biografía............................................................................................3

Características de su obra................................................................4

Etapas de su obra..............................................................................5

1ª Etapa sevillana.....................................................................5

1ª Etapa madrileña...................................................................5

1º Viaje a Italia..........................................................................6

2ª Etapa madrileña...................................................................6

2º Viaje a Italia..........................................................................6

3ª Etapa madrileña...................................................................6

Comentario de algunas obras............................................................8

La vieja friendo huevos.............................................................8

El Cristo crucificado..................................................................9

Retrato del Papa Inocencio X.................................................10

La Mulata................................................................................11

BIOGRAFÍA:

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pintor barroco español, nació en Sevilla el 6 de junio de 1599. Su madre era sevillana, Jerónima Velázquez, de la que tomó su nombre artístico, y su padre judío converso al cristianismo de origen portugués. Contaba con cinco hermanos menores. La familia pertenecía a la burguesía, afirmación lógica si pensamos que cuando Diego contaba con 10 años ya estaba estudiando pintura en un famoso taller de Sevilla, el de Francisco Herrera “El Viejo”. Poco estudió con él porque el siguiente año ingresó en el Taller de Francisco Pacheco cuya fama de buen pintor y hombre de cultura superaba a la del anterior maestro. Mientras estudiaba pintura, aprendió a leer y escribir y se codeó con los intelectuales y aristócratas de ideas avanzadas de Sevilla.

A los once años inicia su aprendizaje en el taller de Francisco Pacheco donde permanecerá hasta 1617, cuando ya es pintor independiente. Al año siguiente, con 19 años, se casa con Juana Pacheco, hija de su maestro, hecho habitual en aquella época, con quien tendrá dos hijas. Entre 1617 y 1623 se desarrolla la etapa sevillana, caracterizada por el estilo tenebrista, influenciado por Caravaggio, destacando como obras El Aguador de Sevilla o La Adoración de los Magos. Durante estos primeros años obtiene bastante éxito con su pintura, lo que le permite adquirir dos casas destinadas a alquiler. En 1623 se traslada a Madrid donde obtiene el título de Pintor del Rey Felipe IV, gran amante de la pintura. A partir de ese momento, empieza su ascenso en la Corte española, realizando interesantes retratos del rey y su famoso cuadro Los Borrachos. Tras ponerse en contacto con Peter Paul Rubens, durante la estancia de éste en Madrid, en 1629 viaja a Italia, donde realizará su segundo aprendizaje al estudiar las obras de Tiziano, Tintoretto, Miguel Ángel, Rafael y Leonardo. En Italia pinta La Fragua de Vulcano y La Túnica de José, regresando a Madrid dos años después. La década de 1630 es de gran importancia para el pintor, que recibe interesantes encargos para el Palacio del Buen Retiro como Las Lanzas o los retratos ecuestres, y para la Torre de la Parada, como los retratos de caza. Su pintura se hace más colorista destacando sus excelentes retratos, el de Martínez Montañés o La Dama del Abanico, obras mitológicas como La Venus del Espejo o escenas religiosas como el Cristo Crucificado. Paralelamente a la carrera de pintor, Velázquez desarrollará una importante labor como cortesano, obteniendo varios cargos: Ayudante de Cámara y Aposentador Mayor de Palacio. Esta carrera cortesana le restará tiempo a su faceta de pintor, lo que motiva que su producción artística sea, desgraciadamente, más limitada. En 1649 hace su segundo viaje a Italia, donde demuestra sus excelentes cualidades pictóricas, triunfando ante el papa Inocencio X, al que hace un excelente retrato, y toda la Corte romana. Regresa en 1651 a Madrid con obras de arte compradas para Felipe IV. Estos últimos años de la vida del pintor estarán marcados por su obsesión de conseguir el hábito de la Orden de Santiago, que suponía el ennoblecimiento de su familia, por lo que pinta muy poco, destacando Las Hilanderas y Las Meninas. La famosa cruz que exhibe en este cuadro la obtendrá en 1659. Tras participar en la organización de la entrega de la infanta María Teresa de Austria al rey Luis XIV de Francia para que se unieran en matrimonio, Velázquez muere en Madrid el 6 de agosto de 1660, a la edad de 61 años.

CARACTERÍSTICAS DE SU OBRA:

 

En primer lugar, cabe destacar su marcado acento de la realidad; era un gran observador de la misma, y poco amigo de fantasías e idealismos, aspirando, no a plasmar formas perfectas, sino a captar la realidad misma; pero este impulso hacia el naturalismo barroco se sentirá frenado por su tremendo sentido del equilibrio. Siempre estará guiado por el buen gusto y la elegancia, tanto a la hora de elegir la escena como el gesto o ademán de cada uno de sus personajes, sin estridencias. Pintó tanto figuras individuales como grandes grupos, siempre en un ambiente de relativa sencillez y sobre todo de gran reposo y serenidad.

En el arte de componer recorrerá un importante camino, desde sus primeras obras, donde se limita casi a yuxtaponer sus personajes unos junto a otros, hasta conseguir que estos se muevan y agrupen con gran naturalidad. Se podría decir que Velázquez "se limita a reflejar la escena que la realidad ocasionalmente brinda a sus ojos, sin ulterior colaboración de su parte". Pero, efectivamente sólo será eso, la sensación, pues el maestro muy por el contrario trabaja concienzudamente, sin prisas, pensándolo todo con minuciosidad y extremado detallismo. Sus cuadros son fruto de una lenta y profunda meditación que no parecía acabarse nunca, pues nos consta la frecuencia con que volvía sobre sus obras, en principio ya "acabadas", para corregirlas, si con ello consideraba que lograba mejorarlas, los "arrepentimientos" de los que tanto han hablado los historiadores, siendo en él frecuentes los repintes.

Desde el punto de vista temático, encontramos una amplia variedad, le atraían todos, algunos más tradicionales y otros más innovadores, y en todos alcanzó una alta calidad: mitológicos, históricos, religiosos, retratos, bodegones, paisajes o sencillas escenas de género. Por lo que se refiere al color, veremos una clara evolución en su paleta, que se irá paulatinamente aclarando, desde los tonos más oscuros, característicos de su etapa inicial, hasta los grises y plateados del final; su paleta opaca se alegra y limpia. A la vez que se produce el cambio cromático, evoluciona también la manera de aplicar el color. Al principio la pasta es seguida, lisa, de grosor uniforme, más tarde, hacia 1630, las pinceladas se van independizando, haciéndose más sueltas, la factura más fluida, de tal manera que vistas de cerca resultan inconexas, pero a partir de cierta distancia nos dan una más exacta apariencia de la realidad, técnica que tendrá su máximo exponente en las obras de su etapa final.

Uno de sus grandes hallazgos fue la captación del espacio, la capacidad para crear un ambiente real que envuelva a sus figuras; la perspectiva aérea, es decir, los cuerpos vistos desde lejos sufren una relativa deformación debido a las capas de aire que se interponen. Velázquez supo darse cuenta pronto que la luz no solo sirve para iluminar los objetos, dándoles sensación de volumen, sino que también le permite ver el aire interpuesto entre ellos, haciéndoles perder la precisión de sus contornos. No en vano se ha dicho de él que de los muchos retratos que pintó en su vida el mejor fue el de la propia luz en sus cuadros.

ETAPAS DE SU OBRA:

1ª etapa sevillana:

  • LA MULATA

  • FRANCISCO PACHECO

  • EL AGUADOR DE SEVILLA

  • SANTO TOMÁS

  • LA ADORACIÓN DE LOS  MAGOS

  • EL POETA D. LUÍS DE GÓNGORA Y ARGOTE

  • CRISTO EN CASA DE MARTA Y MARÍA

  • VIEJA FRIENDO HUEVOS

1ª etapa madrileña:

  • AUTORRETRATO

  • EL CONDE DUQUE DE OLIVARES: Don Gaspar de Guzmán, Conde Duque de Olivares, fue valido del rey Felipe IV, cuando éste a sus 16 años,  tras la muerte de su padre, comenzó su reinado.  Velázquez realiza este retrato tras el que le hace a Felipe IV, que quedó maravillado por el resultado obtenido por el maestro. 
          En este lienzo representa al Conde Duque de olivares con la llave de mayordomo o camarero real en el cinturón, las espuelas de oro de caballerizo mayor, la cruz de Calatrava bordada en el pecho y la gran cadena que a modo de bandolera nos desvela su posición social en la corte.

  • EL GEÓGRAFO

  • EL INFANTE DON CARLOS

  • BUSTO DE FELIPE IV: Existen dudas sobre la fecha de realización de este cuadro, ya que algunos autores piensan que es un fragmento del retrato ecuestre que Velázquez pintó cuando llegó a la corte y que fue víctima del incendio del Alcázar en 1734. Si se trata de este cuadro puede remontarse a la fecha a 1623.
        En este retrato llama la atención la colocación de la cabeza, que parece estar separada del cuerpo por la gola, suponiendo que Velázquez la pintara del natural para posteriormente añadirle el cuerpo.
         En el cuadro la pincelada ya va siendo menos cargada apareciendo cada vez más las trasparencias, sin tantos contrastes de luz y sombra.

  • FELIPE IV

  • RETRATO DE HOMBRE JOVEN

  • EL TRIUNFO DE BACO (LOS BORRACHOS): En este cuadro representa al Dios del vino, Baco, rodeado de personajes variopintos. Velázquez hace una interpretación del mito con un toque de ironía, Baco aparece sentado sobre un tonel coronando a un muchacho, mientras él mismo es coronado por otro muchacho semidesnudo. Los demás personajes que aparecen junto a Baco parecen mendigos o pícaros de taberna.
        En el colorido predominan lo tonos cálidos destacando la iluminación del Dios del vino sobre los demás personajes.

1º viaje a Italia:

  • LA TÚNICA DE JOSÉ

  • DOÑA MARÍA REINA DE HUNGRÍA

  • LA FRAGUA DE VULCANO: Realizado como “La túnica de José” en el primer viaje a Italia, se observa la influencia del clasicismo sobre todo en la pose de la figura de espaldas.
        Trata un tema mitológico, el momento en el que Apolo aparece en la fragua de Vulcano para comunicarle que su esposa le es infiel con Marte.
         Como en sus obras anteriores los tonos utilizados por Velázquez  van desde los ocres claros a los marrones oscuros, destacando las tonalidades encendidas del manto de Apolo y del trozo de metal incandescente sobre el yunque.

2ª etapa madrileña:

  • CRISTO CRUCIFICADO

  • CRISTO EN LA CRUZ

  • EL PRÍNCIPE BALTASAR CARLOS CON UN ENANO

  • LA TENTACIÓN DE SANTO TOMÁS

  • LA FLAGELACIÓN DE CRISTO

  • EL BUFÓN PABLO DE VALLADOLID

  • LA RENDICIÓN DE BREDA

  • EL CONDE DUQUE DE OLIVARES

  • FELIPE IV DE CAZA

  • FELIPE III A CABALLO

  • MARGARITA DE AUSTRIA A CABALLO

  • EL PRÍNCIPE BALTASAR CARLOS A CABALLO

  • EL NIÑO DE VALLECAS

  • MENIPO

  • ESOPO

  • MARTE

  • AUTORRETRATO

  • LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN

  • EL BUFÓN DON SEBASTIÁN DE MORRA

  • UNA SIBILA

2º viaje a Italia:

  • PAISAJE DE VILLA MÉDICIS

  • EL CARDENAL CAMILLO ASTALLI

  • LA VENUS DEL ESPEJO

  • EL PAPA INOCENCIO X

3ª etapa madrileña:

Quiso introducir a los reyes en la obra y que destacasen de alguna manera y lo consiguió. Casi todos los personajes tienen los ojos vueltos hacia los soberanos, que se suponen que están fuera del cuadro, menos las dos Meninas que miran a Margarita, lógicamente en atención a su cargo.

Hay también muchas opiniones sobre qué es lo que está pintando Velázquez dentro de la obra, y una opinión extendida es la que dice que pinta el reflejo de un gran espejo delante de él, pero esta opinión se puede eliminar, puesto que el artista sujeta el pincel con la mano derecha y no hay elementos invertidos. Otras opiniones dicen que pinta a la infanta y las meninas, o quizá que son los reyes los modelos, pero no hay documentación que nos confirme cualquiera de las teorías. Unos dicen que lo que refleja el espejo del fondo, es la imagen de los reyes que están al otro lado del cuadro, donde se encontraría el espectador, y por lo tanto el artista estaría trabajando en los reyes. Los elogios e interpretaciones sobre este cuadro son interminables. Es una obra maestra desde todos los puntos de vista, perspectiva, color, luz, composición, etc.

  • LAS HILANDERAS

  • MERCURIO Y ARGOS

  • LA INFANTA MARGARITA A LOS OCHO AÑOS

  • LA INFANTA MARGARITA ADOLESCENTE

COMENTARIO DE ALGUNAS OBRAS

La vieja friendo huevos:

Historia: La Vieja friendo huevos es un cuadro de Velázquez, realizado en su etapa sevillana. Actualmente se encuentra en la National Gallery of Scotland, en Edimburgo.

La fecha del cuadro, aunque no está claramente definida se situaría en torno al año 1618, antes del traslado definitivo de Velázquez a Madrid, lo cual sucedería en 1623.

Óleo sobre lienzo pintado en 1618.

Características: Bodegón muy típico de los primeros tiempos de Velázquez. Estilo tenebrista donde la luz juega un papel muy importante destacando figuras a las que quiere dar mayor realce. Este cuadro, al igual que otros realizados en esta primera época están influidos por el claroscuro, un foco de luz, que siempre viene desde la izquierda, ilumina una parte del cuadro, dejando oscurecido el resto. En este caso el claroscuro es muy intenso, tanto que es difícil apreciar la pared que se encuentra al fondo del cuadro, de manera que tal vez la identificamos porque en ella se encuentra colgada una cesta. Destacan los tonos cálidos: los marrones de la sombra, el amarillo del melón, el rojo anaranjado de la cazuela, el ocre de la mesa y el blanco de la toca de la vieja para destacar más la figura, todos en una armonía graduada por la luz. No hay perspectiva.

Técnica: La pincelada es prieta y marca mucho la anatomía de los personajes recordando las técnicas escultóricas. Sin embargo, pese a ser de los primeros cuadros se aprecia la calidad de su gesto por el tratamiento de la luz sobre los cacharros de bronce donde marca gran variación de matices.

El realismo es casi fotográfico, Velázquez se esmera porque los objetos destaquen sobremanera en un ejemplo de bodegón donde aparecen platos, vasijas, cubiertos, cacerolas, morteros, jarras, destacando el brillo especial del cristal o la influencia de la luz en el melón que porta el muchacho. Parece, incluso, que el aceite donde se fríen los huevos está hirviendo y que realmente está saltando delante de nuestros ojos. Si nos fijamos en el cuchillo apoyado en el cuenco, así como en la sombra que proyecta sobre éste, podemos apreciar la forma con que Velázquez reflejaba la realidad en sus cuadros, intentando plasmarla como tal.

Muestra un profundo estudio psicológico de los personajes, variedad de pliegues en la ropa para crear profundidad, la minuciosidad de los detalles... Los pies y las manos son de las partes más expresivas del cuerpo, y si observamos por un momento las manos de la vieja que fríe los huevos nos daremos cuenta de que el artista ha trabajado en ellas con esmero, lo mismo sucede con las manos del chico que la acompaña en el sala sujetando el melón o apretando la vasija de cristal. Se trata de unos personajes populares dentro del contexto del Barroco donde la bipolarización de las clases sociales es muy fuerte y abundan personajes de baja condición social con escasos recursos. El uso de estos personajes se hace frecuente en los cuadros de Velázquez de primera época, llegando a utilizar modelos de su entorno familiar en muchos de los casos, ya que la mujer que aparece en el cuadro también lo hace en "Cristo en casa de Marta y María". El retratar estos personajes entra dentro del naturalismo del Barroco y ya desde sus inicios Velázquez muestra un profundo cariño hacia ellos. Buena prueba de ello será el Patizambo, Enanos, a los que trata con gran respeto y no se recrea en lo feo o negativo.
Muy bien dibujado, es una composición de gran equilibrio.

El Cristo crucificado:

Descripción: Velázquez pinta el Cristo siguiendo la iconografía aceptada en el siglo XVII (es curioso observar que su maestro, Francisco Pacheco, pintaba el Cristo Crucificado con la misma iconografía que después usará Velázquez), es decir, con 4 clavos y los pies juntos apoyados en una pequeña ménsula de madera y con un contraposto clásico que deja todo el peso en una pierna y descansa la otra. Los brazos dibujan una suave curva en lugar de un triángulo. Pinta el paño de pureza bastante pequeño, lo suficiente, sin derroches de vuelos como era costumbre en el barroco, de esa manera puede mostrar el cuerpo desnudo al máximo posible y hacer un estudio muscular del cuerpo humano. La cabeza tiene un estrecho halo luminoso que da la sensación de que emana de la propia figura; el semblante está caído sobre el pecho dejando ver lo suficiente de sus rasgos y facciones nobles; la nariz es recta. Más de la mitad de la cara está cubierta por el cabello largo que cae lacio y en vertical como anunciando la muerte ya sucedida por la herida que aparece en el costado derecho. Carece totalmente del dramatismo propio del estilo barroco. La sangre es mínima frente a otros ejemplos barrocos, solamente un poco en las manos, en los pies y en la herida del costado, lo que nos demuestra su inspiración andaluza mucho menos dramática que los Cristos castellanos realizados por artistas de la misma época como Gregorio Fernández.

Historia: No se sabe con exactitud la fecha en que Velázquez pintó esta obra pues no hay un apoyo documental. Sin embargo los historiadores creen que la obra se realizó después de su regreso de Italia, probablemente entre los años 1631 y 1632. Seguramente fue un encargo hecho para la sacristía del convento de monjas benedictinas de San Plácido en Madrid. Se sabe que en el año 1808 el cuadro se encontraba entre los bienes embargados de Godoy, pero le fue devuelto a la viuda, la condesa de Chinchón. Cuando esta señora lo tuvo en su poder hizo negociaciones en España para su venta, pero al no llegar a un acuerdo anunció poco después su venta en París, en 1826. Pero el trato tampoco se llevó a cabo en esta ciudad y cuando murió la condesa, su cuñado el duque de San Fernando de Quiroga, eligió para sí dicho cuadro y acto seguido se lo regaló al rey Fernando VII quien lo hizo pasar al museo del Prado que ya funcionaba como pinacoteca.

Leyendas: Una de las habladurías que se difundió por el Madrid de entonces fue que el cuadro llegó al convento de las monjas de San Plácido por una donación hecha por el rey Felipe IV, como arrepentimiento por haberse enamorado de una monja de dicho convento.

Otra leyenda asegura que fue el Protonotario Mayor de Aragón, don Jerónimo de Villanueva quien hizo la donación, a raíz de un asunto turbio relacionado con el tema del diablo que había tenido lugar en el convento; en este asunto tuvo que tomar decisiones la Inquisición.

Existe otra leyenda relacionada con el rostro de la figura de Cristo: aseguran que Velázquez se impacientó de tal manera al ver que la cara no iba quedando a su gusto que en un arranque de ira arrojó en ella sus pinceles produciendo una gran mancha y que esta mancha la aprovechó el artista para pintar la abundante melena que cubre casi la mitad del rostro.

Esta obra de Velázquez inspiró al escritor y filósofo español, Miguel de Unamuno un poema titulado El Cristo de Velázquez.

Retrato del Papa Inocencio X:

La historia: Es muy posible que el cuadro esté realizado durante el segundo viaje a Italia de Velázquez entre 1649 y 1651. Allí el propio Velázquez se ofrece al Papa para pintar un retrato, pero el Papa desconfía y Velázquez debe presentarle una prueba, es entonces cuando no sin cierto enfado Velázquez pinta a su "esclavo" y también artista Juan de Pareja. Una vez que el Papa ve el cuadro de Juan de Pareja y que la composición es excelente se deja retratar por Velázquez.

La técnica: Una de las características de Velázquez, al igual que otros buenos retratistas, como por ejemplo Goya, es que es capaz de penetrar psicológicamente en el personaje para mostrarnos aquellos aspectos ocultos de su personalidad. Quizás el episodio anterior nos rebela una no buena relación con el artista al que había despreciado antes de pintar esta obra, por tanto se produce una pequeña venganza en este retrato.

El Papa, que había tenido un gran ascenso social nos mira de lado con cierto desdén (al igual que hace el esclavo de Velázquez en el retrato anteriormente mencionado), con soberbia, muestra en su mano derecha, bien visible, su anillo de poder, para que todo el mundo sepa quien es y el respeto que se le debe. Si miramos su cara no transmite dulzura sino más bien miedo al que la contempla.

Dentro de la evolución pictórica de Velázquez podemos contemplar que su mano está mucho más suelta a la hora de pintar que al comienzo de su carrera pero que aún así sigue consiguiendo la misma calidad, tanto en los ropajes como en los objetos, se acerca cada vez más al impresionismo.

La mulata:

Historia: La mulata tal vez sea la primera obra conocida de Diego Velázquez, pudiendo establecer una fecha de realización en torno al año 1617-1618, aunque algunos autores la consideran fechada en 1623. La obra fue realizada en Sevilla. Actualmente se encuentra en el National Gallery de Dublín, en Irlanda. Existe otra versión del cuadro con el mismo título que se encuentra en el Art Institute de Chicago pero en este caso no aparece la escena religiosa

Tema: La obra representa el momento en que una criada (una chica de color) se acerca a una mesa para coger una jarra que se supone está utilizando para servir a los comensales que se ven en la parte superior derecha del cuadro. La escena del fondo (es decir el cuadro dentro del cuadro que volverá a representar Velázquez en otras obras como por ejemplo Cristo en casa de Marta y María) es una escena religiosa donde Jesucristo se encuentra cenando con los discípulos de Emaus después de su Resurrección.

Técnica: Podemos apreciar el rostro de Jesús, la cara de admiración de uno de sus discípulos y el brazo del otro, al cual no vemos el rostro porque parece ser que el cuadro fue cortado para poder encajarlo en el marco correspondiente. Se produce pues una escena sagrada en un escenario popular, como había realizado Caravaggio en algunas de sus obras y que encaja perfectamente con el gusto pictórico español. La calidad de los objetos que aparecen encima de la mesa es excepcional, el brillo del metal y la cerámica, el realismo de los objetos nos anuncian obras posteriores del artista, en las que el manejo del pincel es sencillamente excepcional. Velázquez convierte esta escena en algo más que un bodegón, representando en un segundo plano parte de la historia sagrada, recurso que utilizaría también en el cuadro de Cristo en casa de Marta.   

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