Utopía; Tomás Moro

Filosofía Renacentista. Desigualdad Social. Ciudad Perfecta. Vida. Obra. El Dinero en Utopía. El Ejército en Utopía

  • Enviado por: Xelu
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 9 páginas
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UTOPÍA


TOMÁS MORO

'Utopía; Tomás Moro'
Santo Tomás Moro nació en Londres en 1478, más concretamente el 7 de Febrero, en el seno de una familia de comerciantes y magistrados. Su padre fue un ilustre abogado, de buenas costumbres, aunque se le tacha de libertino y poco escrupuloso, moralmente hablando, por otro lado su madre falleció pronto, pero dejando el legado de seis hijos, de los cuales Tomás fue el segundo.

Moro pronto destacó entre los demás por su inteligencia y predisposición al estudio. A los trece años se puso al servicio del arzobispo de Canterbury, el cual produjo una gran influencia en él, hecho que es observable en Utopía, donde Tomás muestra gran admiración y respeto por el más tarde sería cardenal.


Además fue este, entonces, arzobispo el que le pago dos años de estudios en Oxford, donde aprendió el arte de la retórica, la dialéctica, filosofía y griego, donde como era de esperar sobresalío en todos ellos.

Siguiendo los pasos de su padre, pronto termino sus estudios de Derecho en Londres, pasando a ser un gran abogado, más tarde fue elegido miembro del Parlamento y se opuso a la política impuesta por Enrique VII, por ello fue procesado por primera vez, saliendo libre bajo la tutela del arzobispo Warham.

Su doctrina filosófica fue humanista, fue discípulo y amigo de Desiderio Erasmo; quien lo acompaño a las universidades de París y Lovaina, su profesión de jurista y magistrado, impulsó que más tarde ocupara el cargo de canciller de Inglaterra en 1522, que durante diez años mantuvo y que le fue quitado por un capricho del monarca que Moro no aceptó, y fue que se opuso al divorcio de Enrique VIII (con quien anteriormente se había ganado el respeto a través de un poema escrito con motivo de su coronación) con Catalina de Aragón, negándose a reconocer al rey como jefe de la iglesia anglicana, por lo que fue condenado a morir en la horca el 1 de Julio de 1535.

Esta tozudez, siendo fiel a la doctrina católica le valió para que el 9 de diciembre de 1866 fuera beatificado por el papa León XIII, y posteriormente el 19 de mayo de 1935 el papa Pío XI le proclamaba santo. Tomás Moro era un hombre de espíritu abierto y poseedor de un gran ingenio al que se le sumaba un buen humor y un gran don de palabra.

Santo Tomás Moro Es conocido sobre todo por ser autor de Utopía (1516), obra que da nombre al género literario del que es uno de sus mejores ejemplos, y cuyo título entero es Sobre la mejor condición del estado y sobre la nueva isla Utopía (Obra que nos ocupa). Con el nombre de «utopía», del griego «ningún lugar», o «no hay tal lugar», según la traducción de Quevedo, se han designado todas las descripciones de ciudades o estados ideales que se realizan con finalidades éticas y críticas, o también todo diseño, hecho desde una ideología político-social determinada, de una forma de vida social futura, que se presenta como un modelo.

UTOPÍA

Todos nosotros hemos oído alguna vez decir “...eso es una utopía...”, refiriéndose a un proyecto ideal, a una quimera, e incluso con sentido peyorativo como algo inalcanzable o sinónimo de ensoñación (como la utilizaron Marx y Engels para tachar de utópico al socialismo desarrollado por autores como Saint-Simon, Fourier u Owen ya que, en lugar de partir del estudio real de las condiciones materiales y económicas de la sociedad, creían poder transformarla mediante cambios en la educación o mediante reformas que conducirían a la humanidad hacia la felicidad y la justicia... [perdón, me he entusiasmado]), pero lo que seguramente no sabemos es que esta palabra se la inventó Tomás Moro, como muchas otras que veremos después en su obra que lleva por título el mismo, Utopía.

Utopía, significa lugar en ninguna parte, es decir que no tiene ubicación espacial, este término también juega con eutopía, que significa lugar feliz. El hecho de que sea ou-topos, es decir que no tenga ubicación espacial no quiere decir que sea ou-cronos, es decir, ucrónico e intemporal, ya que aparece como un modelo y, por tanto la utopía se concibe para que pueda realizarse, o como horizonte que guía la acción.

Utopía fue publicada en latín por vez primera en Londres, en el año 1516, pero posteriormente la revisó y se la envió a su buen amigo Erasmo para una segunda edición, esta vez en París, que salió, también con errores en 1517, y una última fue publicada en Basilea por el mismo Erasmo en 1518.

Esta obra se compone de dos libros, y existe una confusión referente a este tema, pues se cree más o menos acertadamente que se escribió antes la segunda parte que la primera, lo que hubiese supuesto construir la casa desde el tejado, pero se ha comprobado que es cierto, Moro escribió la segunda parte mientras realizaba un viaje de negocios, donde tomo parte en reuniones de humanistas (del que más influencia extrajo fue de Erasmo), posteriormente le antepondría una primera parte o introducción.

En esta obra Moro pretende exponer lo que para él sería un estado ideal, minuciosamente se encarga de exponer con todo detalle, las leyes, el tipo de comercio, religión, etc.. que toda sociedad ostenta, en cierta manera expone a su manera lo anteriormente hicieron Castiglione con el perfecto cortesano, Maquiavelo con el perfecto Príncipe Platón con su obra La República (a la que más se parece desde mi punto de vista, siendo la primera utopía, incluso afirma al final del capítulo XI de la ciudad que quiere fundar...”no creo que tenga asiento en lugar alguno de la tierra” lo que necesariamente nos recuerda el significado de la palabra utopía), San Agustín con su De civitate dei... posteriormente la obra de Moro servirá de referencia tanto para muchas otras utopías como la ciudad del Sol de Campanella o New Atlantis de Francis Bacon (siendo la primera utopía científica y precedente de las actuales novelas de ficción), como para otras anti-utopías como Un mundo feliz de Aldous Huxley , donde se refleja una futura sociedad totalitaria, o La raza futura de Lord Lytton, donde se expone el estado deplorable del hombre actual tras su intento de mejora.

Tenemos que tener en cuenta que aunque todas estas utopías, en la práctica son realmente casi imposible de alcanzar, siempre han servido como crítica de la forma de gobierno predominante, e incluso de acicate para revoluciones contra el poder establecido, pero no obstante, en el Renacimiento y la Ilustración, las distintas utopías aparecen solamente como modelos sin la pretensión de organizar movimientos sociales capaces de realizarlos, pero a partir de la revolución francesa, las utopías adoptan más la forma de manifiestos y engendran movimientos sociales, como hemos expuesto antes.

La obra de Moro es muy posible que se viera influenciada por los viajes y los descubrimientos de Americo Vespucio, lo que llevaría a Moro a imaginarse como sería una región donde no hubiera llegado el cristianismo, y que se rigiera solo por la razón natural de hombre, a partir de ahí crea Utopía.

En su primera parte Moro simula que terminado el asunto que le retenía en Brujas, se marcha a Amberes, a casa de su amigo Gilles o Pedro Egido, que le presenta a un curioso personaje llamado Rafael Hytlodeo, que más o menos significa el “espíritu u ángel visionario”, un hombre muy sabio y anciano que afirma haber estado en los viajes de Americco Vespucio y que en sus largas travesías se encontró con multitud de pueblos sin poblar, pero sin duda alguna el que más le llamo la atención fue el estado de Utopía, una pequeña isla situada en el lugar donde se supone debería estar la perdida y mítica Atlántida, cuya capital es Amaurota, que significa entre tinieblas, y que sin lugar a dudas Moro hace referencia a la ciudad de Londres, por lo que suponemos que realmente la exposición que realiza es la que le gustaría que tuviera Inglaterra.Esta ciudad Amaurota, es atravesada por el río Anhidro, lo que no deja de ser una contradicción porque significa río sin agua, y el gobernante de esta ciudad se llama Ademus, que significa sin el pueblo, como anteriormente hemos dicho, todas estas palabras han sido creadas por el propio Moro, lo que demuestra su gran creatividad e imaginación.

También en esta primera parte Moro critica las costumbres de Inglaterra en aquella época, en especial la rígida e inútil justicia que se aplica a los delitos y que era conocida como el código sangriento, también se critica la ociosidad de la clase noble, el mantenimiento de un ejercito permanente para la guerra, el abandono de la agricultura, la excesiva abundancia de la tierra para los pastos, el encarecimiento de la vida, y más concretamente la ambición desmedida de los nuevos propietarios y primeros industriales laneros que llenan la ciudad de una nueva clase de mendigos y gentes dedicadas a los juegos de azar.

Tras una pequeña alusión a la felicidad de aquellos estados gobernados o aconsejados por filósofos (claramente se hace alusión al “filósofo-rey” del que habla Platón), y al hecho de que ya no hay lugar ante los príncipes para la filosofía, se afirma la inutilidad de la filosofía tradicional, es decir, de la escolástica, para remediar los males de la sociedad, pero se insinúa que existe otra filosofía más política, que es la que debe entrar en juego. Esta nueva filosofía exige ante todo la anulación de la propiedad privada, raíz de todos los males de la sociedad. De este modo es como se ha hecho en el país de dlos utópicos, cuya ordenación social se cuenta con detalle en la segunda parte de la obra, y en especial de su capital, Amaurota o Amauroto, que como hemos dicho anteriormente significa entre nieblas, y que comprende 54 ciudades, tantas como condados tenía Inglaterre, que casualidad, y cuyos ciudadanos se denominaban Alaopolitas, que significa ciudadanos sin ciudad.

En esta segunda parte se habla de la pulcritud de las ciudades, de su buena organización urbanística, de que ninguna casa es demasiado ostentosa, pero no le falta de nada. Es posible que estas características las haya tomado de las ciudades Brujas y Amberes, pero que a la vez contrasta con las situación de Londres.

Como anteriormente hemos comentado, en Utopía no existe la propiedad privada, todo es de todos, todos los bienes se llevan a un mercado, donde cada uno coge lo que quiere, que siempre es solo lo que necesita, porque los bienes son suficientes para todos, y nadie acapara los mismos por miedo a no tener bastante.

En Utopía no existen diferencias entre las clases, todos visten igual, a excepción del príncipe, que se distingue de los demás porque lleva un puñado de espigas y una capa de distinto color. El sistema político de la isla se basa en la completa democracia, ya que todos los cargos se eligen por votación, incluso el soberano, que es elegido entre dos de los constituyentes del Consejo del monarca, que también es elegido por el pueblo.

El uso que le dan al oro y a los materiales preciosos es uno de los aspectos que más me han llamado la atención, y hablaré de ello posteriormente, como muestra, comentar que para ellos no tiene valor alguno, y lo tratan como si se tratase de algo obsoleto.

Utopía es un país hospitalario, donde nunca se le niega la estancia a ningún extranjero, pero este, para devolver el favor debe de trabajar como todos los demás habitantes, que se dedican a la agricultura , estos, además de ir al campo, también estudian un arte, excepto los que presentan aptitudes para las ciencias, nadie permanece sin hacer nada, en Utopía, el ser vago está muy mal visto, porque todos trabajan no para sí mismo, sino para él y para los demás, por eso, el permanecer ocioso es como fallar al pueblo, claro que en este aspecto se respetan, tanto a los ancianos como a los enfermos.

Los habitantes de Utopía son extremadamente virtuosos, sus leyes están íntimamente relacionadas con las virtudes (“...que es vivir conforme la naturaleza a la cual estamos como guiados por Dios.”), y desprecian todos los vicios. Lo son hasta tal punto que entre los juegos que poseen, existe uno, que se parece en cierta medida al ajedrez, en el cual luchan las virtudes contra los vicios, y como es de suponer ganará quien consiga que las virtudes ganen a los vicios.

Las leyes de Utopía son muy estrictas, por ejemplo, está permitido el divorcio, pero siempre y cuando existan motivos suficientes para suponer que hay incompatibilidad de caracteres por parte de los cónyuges. El adulterio está severamente castigado, con la esclavitud, si es la primera vez y con la muerte si se repite. Un hecho que me sorprende es que la eutanasia está permitida, por ejemplo con ancianos que se ven inservibles o con enfermos terminales.

Todos los utopienses conocen el uso de las armas, incluso las mujeres, este es otro aspecto del que hablaremos posteriormente.

Otro aspecto interesante de la isla, es la tolerancia religiosa y la libre predicación que rigen en ella. El soberano permite a cada uno a tener su propia religión, y a predicarla como quiera, pero siempre sin imponerla a nadie. En la isla la mayoría de los habitantes son cristianos desde la llegada de Rafael, pero todos creen en la existencia de un Dios supremo al cual todos debemos respetar y adorar como nuestro creador.

El hecho de esta libertad religiosa se debe a la creencia por parte del soberano de que no tenemos la certeza de cual es la religión correcta, y si nos cerramos a las demás nunca sabremos si la nuestra es verdadera o falsa, pero esta es una tarea individual, cada uno debe decidir por si mismo cual es la religión que cree correcta, y después, como es su obligación como creyente, intentar convencer pacífica y racionalmente a los demás de que su religión es correcta.

Los sacerdotes deben ser gente pura y que casi bordean la santidad, por lo que su número es muy reducido, solo trece por ciudad, y nos sorprende que las mujeres puedan ser sacerdotes también. Una función de los sacerdotes que está relacionada con el punto de la guerra, que comentaremos después es el de que los sacerdotes acompañan a los soldados, con el fin de evitarles sufrimientos innecesarios en la batalla, parando a los vencedores cuando ven que estos abusan de su poder, esto evita que se extermine a los vencidos cuando la batalla ha acabado, y raramente estos (los sacerdotes) son atacados, pues está muy mal visto atacar a un hombre desarmado y mucho más si es religioso.

Como punto y final de este resumen, decir que Utopía refleja claramente los ideales de Moro, pero él prefiere exponerlos así, y no directamente como lo hizo Platón en La República. Seguramente, Moro al exponer Utopía como una isla se debe al hecho de que desearía que Inglaterra fuera así.

COMENTÁRIO

A continuación, vamos a resaltar los dos aspectos que más me han llamado la atención de la obra de Moro y que están íntimamente relacionados entre sí, como son;

  • El trato que le dan los utopienses al oro y al dinero.

  • La concepción que tienen los mismo del ejercito y del ejercicio de las armas.

EL DINERO EN UTOPÍA

Como anteriormente hemos dicho en el resumen de la obra, en Utopía no existe la propiedad privada, y cada uno coge o pide lo que necesita, sin tener que pagar nada por ellos, por lo tanto los utopienses no necesitan el dinero para nada, siempre dentro de este país, que suele ser casi toda su vida.

Pero en las relaciones de Utopía con otros países, que suelen ser pocas, si que necesitan el dinero, pero para lo que más lo utilizan es para pagar a mercenarios para que luchen por ellos, ya que prefieren esto a mandar a los propios ciudadanos a luchar a otros países.

Para contratar a estos mercenarios tienen que pagar grandes cantidades de dinero, pero esto a ellos no les importa, ya que el dinero (y el oro dentro de él), lo tienen para fines como estos, por lo que lo derrochan sin escatimar, además el hecho de que los manden a la guerra (a los mercenarios), supone el hecho de que puede que muchos de ellos mueran y por tanto no vuelvan a reclamar el dinero que se les prometió, pero a aquellos que vuelven a por él se les entrega sin ningún problema.

Como anteriormente hemos comentado, las arcas del país son inmensas, tanto que, para darles una utilidad en tiempos de paz, y a la vez para que el pueblo no le de la importancia que le dan otros países, hacen lo siguiente; con el oro forjan las cadenas que llevarán los esclavos, con lo que los utopienses relacionan el oro con la esclavitud y el vicio, además también construyen con el juguetes para los niños, que al hacerse mayores los desprecian como elementos de su juventud (aquí hace alusión Moro a que los países que le dan importancia al oro están en su juventud) y también construyen con el orinales y elementos que no representen algo positivo para los habitantes de la isla, ya que si por algún motivo se entra en guerra y necesitan el oro, no dudarán en fundir todos estos elementos y gastarlos en contratar mercenarios, y si estos elementos fueran de relativa necesidad para ellos, el pueblo se amotinaría al ver que les privaban de aquellos objetos que eran de su deleite.

Un hecho que demuestra todo esto que estamos comentando se refleja en el viaje que realizaron a la isla los embajadores anemolianos. Estos embajadores no conocían las costumbres de la isla, y las presuponían iguales a las suyas, o incluso sabiendo que ellos se vestían con ropas bastas, creerían que lo hacían porque no podían vestirse de otra manera, los embajadores decidieron ir a la isla con gran ostentación, “...con el fin de maravillar a los que ellos creían unos miserables...”.

Con ese fin, se presentaron en la isla con grandes cadenas de oro, con pendientes realmente lujosos, con perlas, piedras preciosas y con un séquito bien vestido... es decir, con lo que en Utopía se relaciona con el vicio y la infancia.

Pero como adivinaréis el tiro les salió por la culata, los utopienses, al ver a los embajadores los creyeron esclavos y a los esclavos embajadores, con lo que lo que en un principio creyeron que les iba a proporcionar gran respeto se tornó desprecio ya que los utopienses los increpaban y despreciaban como lo que parecían, esclavos, y a estos últimos respetaban y presentaban sus mejores palabras ya que los creían embajadores.

Además, como para los embajadores el hecho de tener cadenas finas de oro era signo de distinción, las llevaron extremadamente finas, pero, como dice en el libro “Las burlas contra aquellas cadenas de oro se sucedían, pues pensaban que, siendo tan delgadas, el esclavo podía romperlas y huir así que si quisieran.”.

A los utópicos, les sorprendía que los embajadores creyeran que por tener más oro, perlas o piedras preciosas o por el hecho de llevar ropas de telas más finas, se era más respetado por los demás, por el simple hecho de ser ricos, “...aunque conocen su avaricia y su tacañería, sabiendo que mientras estén vivos no recibirán de ellos ni un ochavo.”.

El hecho de que los utopienses tengan esta concepción del oro y de las piedras preciosas, se debe tanto al hecho de que el país no conoce la propiedad privada, como a la educación que reciben desde pequeños.

EL EJERCITO EN UTOPÍA

Todos los utopienses se preparan para la guerra, incluso las mujeres, pero este aspecto sorprende, pues los utopienses aborrecen la guerra, calificándola como algo propio de los animales, pero que a su vez ocurre más entre los humanos que entre los anteriores.

Al detestar la guerra, y considerar que no es virtuoso vanagloriarse de una conquista que se realiza a través de la guerra, los utópicos no entran en guerra por cualquier motivo, solo lo suelen hacer por dos razones;

  • Para defender su territorio de invasiones de otros países

  • Para liberar a un pueblo (aliado) al que ellos creen que se le ha tratado con injusticia o a caído en el tiránico yugo o en la esclavitud.

Este último punto se refleja en una parte del capítulo VIII, donde se trata este tema, en el conflicto de los nefelogetas contra los alaopolitas. En esta disputa, los primeros fueron tratados injustamente por los segundos bajo un razonamiento que en realidad era una clara injusticia. Esto produjo que los utopienses, junto con otros pueblos vecinos, entraran en batalla, sometiendo a los primeros bajo el mando de los segundos. Un aspecto que se sonsaca de lo anterior es que los utopienses no combatían por sus propios intereses, sino desinteresadamente.

El hecho de que los utopienses ayuden tanto a sus pueblos aliados en sus disputas, incluso cuando se tratan de asuntos de dinero, que como anteriormente hemos dicho, para los utopienses no tienen valor ninguno, es porque si estos pueblos fueran destruidos o diezmados, las pérdidas de los utopienses podrían ser graves.

Anteriormente se ha dicho que los utopienses no celebran las victorias y conquistas que acarrea una guerra, con el consiguiente derramamiento de sangre y víctimas innecesarias, pero cuando la victoria se produce por medio de la astucia y el valor, la celebran a lo grande, con honores y actos públicos.

Las estrategias utilizadas por los utopienses pueden ser calificadas de traicioneras y rastreras, pero sin lugar a dudas son altamente funcionales. Cuando los utopienses están en guerra con un país y no quieren que haya derramamiento de sangre, ponen en puntos logísticos claves del mismo unos carteles que incitan a los que los leen a matar al causante o causantes de la guerra, o incluso incitan a los mismos a la traición, prometiéndoles la impunidad y un pago en metálico. El hecho de que se produzca esta estratagema tan mezquina se deriva de que los utopienses no necesitan el dinero, y por ello no les importa derrocharlo.

El dinero y las guerras están íntimamente relacionados en todos los países, pero más si cabe en Utopía. Otra utilidad que le dan al dinero es la de comprar mercenarios, ya que los utopienses prefieren mandar a mercenarios que a sus propios habitantes, pero si a pesar de todo algún habitante quiere ir a la guerra, no se lo prohiben, y lo mandan no como soldado raso, sino como oficial con algo de responsabilidad. El único caso en el cual se mandan a los propios habitantes a la guerra se produce cuando el país es invadido o no se encuentran mercenarios, ya que por falta de dinero nunca se dará el caso.

Los mercenarios preferidos por los utopienses son los zapoletas, que son temibles y salvajes, se ocupan solamente de los ganados, y viven de una manera casi nómada. Estos personajes han nacido para la guerra, la buscan, y cuando la encuentran se alistan por muy poco dinero, y con un gran rendimiento. Los lazos familiares de este grupo de personas son muy débiles, y se ha dado el caso de que en algunas guerras, padres, hijos y hermanos se han visto obligados a luchar por estar en bandos contrarios, cuando el día anterior habían estado en el mismo bando.

Estos mercenarios han sido utilizados en algunas ocasiones contra los ejercitos y mercenarios de Utopía, pero el problema ha sido subsanado pronto por los habitantes de la isla, pues disponiendo de dinero suficiente, estos mercenarios han cambiado de bando por un poco de dinero más, y sin ningún tipo de remordimiento.

Además, los utopienses no se preocupan por las bajas que puedan tener, pues opinan que hacen un favor a la humanidad al hacer desaparecer a gente tan indeseable. Desde mi punto de vista, en este aspecto los utopienses son xenófobos, pues creen que su raza es superior y más pura, lo que inevitablemente, nos hace recordar a Hitler y sus seguidores, como una raza superior.

Otro aspecto que nos sorprende de las guerras utopienses es que cuando un habitante de la isla marcha a la guerra, la familia del mismo está casi obligada, digo casi porque en Utopía a nadie se le obliga a ir a la guerra, a acompañarlo, pues creen que siendo de la misma familia lo defenderán y protegerán con más ímpetu que si fuera un extraño, es vergonzante y está muy mal visto por los habitantes de Utopía, el que un habitante que marchó a la guerra con su familia no vuelva con alguno de los pertenecientes de la misma.

Por último señalar que cuando los utopienses ganan una guerra, o ven que los vencidos huyen, no les dan caza ni se ensañan matando a los que quedan, pues prefieren hacerlos presos, además saben de casos en los que el ejercito victorioso, queriendo dar caza a los pocos soldados del ejercito vencido, han caído en una emboscada de la cual no han podido salir, dando la vuelta al resultado decidido de la batalla.

CONCLUSIÓN

La verdad es que poco me queda por decir como conclusión, pues todo lo que opino sobre esta obra está reflejado en el resumen de la misma, simplemente repetir que Moro intenta, al modo que lo hizo Platón en La República describir su organización ideal, que seguramente ya la querría él para Inglaterra, de forma indirecta, imaginándose un viaje imaginario donde visita a su amigo Pedro Egido y le presenta a el maestro Rafael, como emisario de las maravillas que acontecen en la isla de Utopía, que como antes me he olvidado de decirlo lo digo ahora, no fue siempre una isla, sino que anteriormente estaba unida al continente por un atolón, que fue destruido por sus habitantes con el fin de independizarlos totalmente, lo que nos muestra otra vez su carácter egocéntrico y egoísta con respecto a los demás paises.

Por lo demás decir que la obra de Moro es eso... una utopía, una quimera, un sueño irrealizable como tantos otros, pero que a falta de poder realizarse físicamente, por lo menos queda escrito, poniendo de manifiesto los fallos del sistema de gobierno vigente de la época, e intentando, sobre todo a partir de esta obra y sus sucesoras, ser una referencia teórica que incite a la práctica, fomentando el progreso de una forma de organización social a otra, ya que (como podría haber dicho Marx) nunca se llega a un destino definitivo, siempre se está en cambio, en evolución, no hay que ver las cosas desde una perspectiva metafísica, sino desde una perspectiva dialéctica.