Utopía; Tomás Moro

Filosofía renacentista. Desigualdad social. Crítica satírica. Organización político-social

  • Enviado por: Anonimo
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 17 páginas
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TRABAJO

DE

UTOPÍA.

ENSAYO SOBRE EL IDEAL DE AMAR.

Desde niños nos entregan muchas cosas: la sociedad, el medio ambiente y nuestros ideales para buscar el amor, como podemos recordar desde niños leemos cuentos en los cuales existen bellas princesas y gallardos príncipes. Analizando estos parámetros podemos decir que nuestros ideales de pareja se acondiciona a partir de este punto.

Para las mujeres, hoy en día, la búsqueda del príncipe azul consiste en encontrar un estereotipo de hombre buen mozo, con alto estatus social, inteligente, etc. “Definiendo su propia emoción, podría decir quien se sintiera poeta: el ideal es un gesto hacia alguna perfección”.

El amor se refleja en un ideal, porque imaginamos o proyectamos al otro en forma idílica, lo que debería ser o por lo menos tratar de serlo. Es bueno tener ideales, ya que, nos permite perseguir algo y tratar de hacer lo posible por lograrlo, esto es fundamental en la carrera del amor.

Lo rescatable de ser una persona idealista es que nos permite exprimir lo mejor de uno mismo sin importar que no se logre la meta trazada, es obvio o mejor dicho básico que es gratificante haber peleado, luchado por lo que uno anhela que no haberlo hecho y acobardarse por sentirse con el miedo a no encontrar la perfección que buscamos, “...todo idealista es una persona cualitativa: posee un sentido de las diferencias que le permite distinguir entre lo malo que observa y lo mejor que imagina. Las personas sin ideales con cuantitativos: pueden apreciar el más y el menos, pero nunca distinguen lo mejor de lo peor. Cruzan el mundo a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharles osadía de existir en vano, como contrabandistas de la vida.”. Resulta increíble que el miedo a lo impuesto, a lo idealizado nos puede hacer perder lo que más preciamos ”el amor”.

Volviendo al tema de la mujer moderna este patrón de conducta-social se contrapone con el rol de los hombres. Éstos estan influenciados por el medio social y muy marcadamente por sus pares. En la etapa adolescente el ideal de los jóvenes es encontrar una pareja con un buen aspecto físico para poder satisfacer sus necesidades sexuales y esta debe ser aprobada, generalmente, por sus más cercanos, sino esta fuera del ideal juvenil. A la misma edad una mujer busca un compañero con características tales como: ternura, protección, atención y respeto.

Esta influencia tal vez se arrastra desde el seno materno de una sociedad machista, en la cual el ideal es un hombre protector y proveedor.

Es a la mente lo que son el cuerpo los defectos físicos, la cojera o el estrabismo: es incapaz de pensar o de amar, incomprensión de lo bello, desperdicio de la vida, toda la sordidez”. En la cita anterior, se explica lo poco profundo que puede llegar a ser el tener un ideal de perfección, siempre o casi siempre se estima las cualidades que apreciamos a primera vista, sin ser capaz de lograr ver más allá de la imagen. Sin duda, no ser el estereotipo de la mujer bella o del hombre hermoso es un factor devastador para la persona en cuestión; no se cumple un amor perfecto sino lo contrario, nos enamoramos de la persona que menos esperamos, pero es así como nos sorprende y nos entrega una felicidad enorme.

Con la tecnología actual podemos conocer gente sin ni siquiera ver su apariencia, a través, por ejemplo, del chat. En cuanto a la búsqueda del amor: dos entes se conocen, los cuales pueden ser afines y enamorarse, llegar a sentir un amor tan profundo el uno por el otro, compartir valores, formas de ver la vida, etc., sin embargo, al programar un encuentro corporal, según las estadísticas, cerca del 70% se decepciona del otro, porque no es lo que, en su mente, había idealizado(efecto del ideal versus la realidad). “En ciertos momentos osan llamar ideales a sus apetitos, como si la urgencia de satisfacciones inmediatas pudieran confundirse con la admiración y el afán de perfecciones infinitas. Los apetitos se hartan, los ideales nunca.”. Cuando el hombre busca la inmediatez, lo fácil, no se da el tiempo ni el valor de conocer al verdadero amor. Este, entonces, como real implica alcanzar un ideal sin olvidar la suma de todas las características del otro. Asumir que cada ser humano tiene cosas buenas y malas, que en un inicio vemos solo lo positivo, lo que esperamos y que poco a poco nos encontramos con los defectos, por esto hay que explorar y conocer en su totalidad a la persona elegida.

Es claro que al conocer características y valores positivos queremos alcanzarlos y dar respuestas a las cosas bellas con la que cuenta el otro. Esto, en rigor, es lo que nos hace querer al otro. Al conocer al ser amado se obtiene de ambos el sentido de unidad, el estar enlazados por medio del tiempo compartido, la unión sexual que genera el mayor grado de donación al otro. El donarse significa entregarse al otro, y a su vez preocuparse por sus necesidades por medio de esta entrega. “El mayor regalo que una persona puede hacernos es desear la unión con nosotros, anhelar que su amor sea correspondido”, es natural del ser humano esperar una respuesta a la entrega que se hace, el no ser retribuido causa un gran dolor, desilusión y quizás hasta rencor en el ser afectado, la modernidad nos ha llevado a ser cada vez más egoístas, cada vez más individualista en donde solo nos importa nuestro bienestar sin preocuparnos del daño o del beneficio que causamos a nuestro prójimo.

En cuanto a la unión que solamente es que el otro quiere compartir su vida con el ser amado, quien nos otorga el mayor goce que podamos esperar de nuestra pareja.

Me parece, en mi humilde opinión, que la cúspide de esta acción mutua es la felicidad de ambos. En el caso de la unión sexual, que es la cumbre de una relación en la cual dos personas se unen, si se realiza con amor es la forma más hermosa y completa en que dos seres, que se aman, se transforman en uno y sienten y se entregan mutua y completamente.

Eso significa que la unión de la reciprocidad de amor supone el goce de la unión para los dos amantes; siendo anhelada la unión esencialmente como fuente tanto de la propia felicidad como de la ajena y, primordialmente, de ésta. Lo cual comporta necesariamente el éxtasis de la intimidad”, el amor debe ser, en rigor, el buscar el bien del otro, entregarse totalmente tanto emocional como físicamente, pensar en las cosas que ayudarán y provocarán felicidad al otro y tratar de evitar dañar al amante, sobreponer su felicidad antes que la nuestra.

Cuando uno ama realmente, no prima la razón sólo se siente, el ser se sale de sí mismo, nos hace indagar en lo más profundo de nuestro espíritu, en tratar de encantar al amado mostrándole lo mejor de uno. En este juego entra un estado eufórico de sólo sentir, de dar todo por el todo, es decir, entramos en éxtasis. Este estado no esta reservado a sabios, santos u otros personajes de la historia. “Significa algo normal y ordinario, que acontece a todo amante. Uno padece éxtasis cuando se pone fuera de sí”.

El amante sale fuera de si mismo para el otro y deja sus propias necesidades. La pregunta a esta gran teoría ¿se cumple hoy en día?, en esta sociedad tan corrompida por el materialismo, consumismo, por la necesidad de escalar posiciones sociales en donde mientras más avanzamos más individualistas nos ponemos, en el cual aspirar a un sistema de vida mejor solo nos ha llevado a dejar el sentido de amar a un segundo plano.

En el amor perfecto “ideal”, el afecto se entrega en su totalidad, ya sea, a nivel de pareja o a quienes amamos, es decir, se cumple la entrega incondicional de amar, de no esperar una respuesta por la persona que se ama, sino encontrar el éxtasis en la entrega total del amor.

El movimiento que se genera con dar no es medido, bajo ningún caso, en recibir recompensa, sino se entrega simplemente por lo que sentimos por el otro, por ende no pasa por lo racional no pensamos en cuanto debemos entregar al ser amado, no es nuestra inteligencia la que define este acto.

Se entrega sin medidas, sin medir el daño a sí mismo, sino sólo apreciar el bienestar de la pareja. Es bastante utópico pensar lo dicho anteriormente porque es difícil hoy en día encontrar seres que primen sus emociones o sus sentimientos a lo racional, por un motivo de sobrevivencia, de conveniencia, por permanecer en el sistema que cada día nos obliga más a dejar o posponer nuestros sentimientos, cada día nos obligan a actuar de manera más mecanizada dejando así en un segundo plano el amor.

Es verdad todos tenemos un ideal de amor, que es encontrar la persona perfecta según nuestros patrones, quizás deberíamos tratar de alcanzarlos pero de una manera sana, tener claro que no siempre se van a cumplir nuestros sueños, somos humanos, tenemos defectos y virtudes y ahí esta el punto el tratar de visualizar y potenciar las cualidades del amante y aceptar sus errores, quizás tratar de corregirlos, pero sin causarle daño a la persona que nos acompañara en el camino de la vida.

El éxtasis de amar lo encontramos en la entrega total y absoluta de todo nuestro ser en conjunto. La felicidad no debe ser racional, ni egoísta frente a las necesidades de cariño que demande nuestra pareja, lo correcto sería ser capaz de ver lo que le pasa al otro sin necesidad que nos diga lo que le ocurre, sino que tener tal enlace con la pareja, que nazca de uno ayudar, apoyar, estar en cualquier situación en que nos necesite, anteponer la plenitud del otro antes que la propia, ese es el verdadero éxtasis.

Entonces la voluntad esta ligada al hecho de amar, si combinamos la voluntad con amor, el resultado dará una entrega mucho más simple, fácil y gratificante. Esto deriva en el amor perfecto, el cegarse por el otro, el agotar las posibilidades para lograr cumplir las expectativas que esperan de nosotros. El ser el príncipe azul o la bella princesa, el siempre estar tratando de realizar lo políticamente correcto, establecido por la sociedad, pero amar es ir más allá, es exagerar nuestra devoción por al ser elegido, mostrar y demostrar que es bello que una persona se entregue ciento por ciento. En este punto es muy importante contar con ideales, el desear alcanzarlos, porque de esta forma vamos a dar, realmente, el todo por el todo y que más encantador que hacerlo por el amor de nuestra vida, “la humanidad no llega hasta donde quieran los idealistas en cada perfección particular: pero siempre llega más allá de donde habría sido sin su esfuerzo”.

Esta entrega perfecta del amor daría como resultado que el objeto amado también quede fuera de sí, esto ocurriría de la siguiente manera: la entrega es completa por parte de los dos amantes, sino fuese total sería un amor imperfecto.

Cuando el amante entrega su amor desea para el otro su bien, es decir, que amemos con total abnegación y devoción, para luego recibir recíprocamente. Es demasiado hermoso pensar de esta forma, porque generalmente hay una de las partes que recibe menos, y es ahí donde nace el amor imperfecto, la regla de reciprocidad no se cumple puesto que el ser humano hace entrega de su sentimientos en forma medida, disfruta la entrega, pero no es incondicional, aunque es contradictorio es así cuando se logra la mayor euforia. “El éxtasis es más perfecto cuando se ama algo desigual y superior”. Entonces el amor que racionalizamos, en el que analizamos si amamos al otro o si estamos realmente enamorados sería un caso de amor imperfecto, ya que, el compromiso es a medias, no tenemos la total convicción que es lo correcto o quizás simplemente tenemos miedo de decidir que es el momento y la persona adecuada.

Hay que admitir que la mayoría del amor no cumple con todos los requisitos, generalmente la entrega es desigual, dos personas no pueden sentir lo mismo, debido a que, cada uno es un ser único e individual, así como también lo son los sentimientos, es por esto que nunca en una pareja va a ser lo que se siente o lo que se entrega igualitario, siempre existirá un grado de diferencia por mínima que sea, sobre todo en la actualidad en donde amar ya no es una prioridad. Hoy en día lo vemos plasmado en el concepto de matrimonio, ya no se ve como la consolidación de la unión del amor o una intima comunión de amor y vida, sino que es un requisito social o peor aún un mero tramite o contrato(denominado jurídicamente), si el hombre creyera fielmente en la vinculación conyugal ni siquiera pensaría en la separación y actualmente las dos cosas van de la mano.

Si el éxtasis del amor es la entrega total por el otro, hoy, vagamente, se cumple este ideal de abnegación y despojo absoluto por el otro, porque cada día nos hemos ido transformando en seres hedonistas en donde solo importo yo, después yo y finalmente yo, poco a poco al concepto de amor se le han atribuido reglas y condiciones, por lo cual ya no se puede amar libremente y menos aún haber una entrega desinteresada y total. Por ejemplo, los efectos de la droga llamada éxtasis se ha dicho que genera alucinaciones, fantasías oníricas, un estado de euforia máxima, pero sobre todo se genera el deseo de unión con la pareja. El cuestionamiento cabe en el gran impacto que ha tenido este alucinógeno en nuestra sociedad en la que día a día son más los que la consumen, ¿será que estamos en busca de algo en que escudarse, para poder amar y sentirse libre?. El hecho de cada vez se más se masifique el consumo de cualquier estimulante para lograr un verdadero estado de éxtasis, significa que el hombre, en medio de esta voraz sociedad, ha ido perdiendo la capacidad de poder sentir, de poder gozar, de poder amar y entregarse total y naturalmente.

En una mirada más elevada, la unión no sería el concepto de fusión, sino la dualidad de intimidades, es decir, una entrega en la cual no se anulan los amantes, sino que se complementan. Es decir, el vínculo con el ser amado no es total, ya que, nunca se pierde la individualidad de cada uno de los componentes.

Lo óptimo o, mejor dicho, lo práctico sería equilibrar lo racional con lo emocional. Esto no significa racionalizar el amor, sino que no cegarse por el sentimiento que nace.

Es evidente que el amor es algo innato en el hombre que consta de luces y sombras, dependiendo de lo que hagamos con ello. Pero soy optimista creo que recobraremos el verdadero sentido de amar, en algún punto la evolución nos hará reflexionar sobre todo lo que hemos perdido con respecto al verdadero sentido de la vida.

Queda un concepto dando vueltas en mi cabeza, que es el espíritu, siento que es erróneo la asociación que hacemos de este, la cual se refiere sólo a lo religioso, tenemos que ser capaces de analizar las cosas un poco más allá, porque espíritu va ligado total y completamente a la entrega, a la unión del sentir con el pensamiento, el ser capaz de entregarse totalmente, racional y emocionalmente. Caemos en un error al estudiar estos conceptos en forma aislada. “...algo merece enteramente ser llamado espíritu cuando en una conjunción de estas características hace referentes a un orden de cúpula, a un elevado pensamiento” . Un ejemplo claro son los santos, que aman profundamente al prójimo, se entregan a tal punto que se olvidan incluso de ellos mismos, su espíritu de ayuda es demasiado grande, la unión entre lo que siente y piensa es tal que pasa a formar una. Esto es algo que un ser humano común y corriente no lo entendería, sino que realiza todo lo contrario, es más la actitud de los santos es cuestionable y criticable por ellos, porque, ¿cómo es posible desarrollar una acción sin obtener una retribución, sea cual sea esta?.

El espíritu traspasa la simple mirada terrenal, ya que, tiene la capacidad de ser fiel consigo mismo, es por esto que su forma de actuar lo hace completamente feliz.

Existen también, concepciones erróneas del amor, las cuales proceden de la sociedad patriarcal en la cual vivimos y todos nosotros estamos condicionados por sus formas de vivir y de amar. El padre amaba a su mujer, a sus hijos y a las demás personas que vivían dentro de la gran familia dominando sobre ellas. El hombre amaba a su mujer mandando sobre ella. A menudo su interés se centraba en un “objeto” débil, bobo, sin recursos, que dependían totalmente de él; tanto mas fácil le resultaba el manejarlo.

El amor del hombre se dirigía a un objeto sin individualidad. No era posible el amor de una persona individual a otra persona individual, el compañerismo.

En la sociedad pluralista el hombre y la mujer quedan liberados para un amor individualizado y paritario.

Por ejemplo; El sacrificio de Cristo fue elevado a modelo ideal. En consecuencia, el seguimiento de Cristo venia a significar abnegación.

El amor se demuestra justamente en el hecho de no aherrojar al compañero sino en dejarle libre. En el amor el ser humano queda libre para que, desde esa libertad y con toda libertad, pueda ligarse a su compañero.

Para constatar bien, y aclarar bien es que el amor no constituye un hecho fijo sino que se realiza con un proceso en el que constantemente lo ya vivido muere y se renueva. Por lo que, en general, el amor constituye un proceso de transformación y crecimiento.

El amor consiste en la comunidad de seres de igual valor pero no en la comunidad de seres equiparados. Ahora bien, un autentico encuentro en el amor y una vivencia real del otro en el amor solo es posible si lo contemplamos tal y como realmente es. Amar constituye, por consiguiente, un constante proceso de desilusión del otro, de decepción a causa de él.

El elemento adicional más persistente del amor humano lo constituyen, sin lugar a dudas, el amor propio. El hombre se hace, se ama a si mismo, aquello que se parece a él y a lo que puede integrar en si mismo nivelándolo.

El amor crece cuando se experimenta amor por más que uno sea diverso de lo que el otro desearía que fuera. Es aquí donde nos revela que: “Porque un amor ultimo, incondicional, y global, es lo que hace al hombre ser y existir como ser humano que es”.

Al unir todos los conceptos que he tratado de exponer de una forma simple y común he arribado a la conclusión que la búsqueda del ideal depende solamente de nosotros, de dar el todo por el todo, de tener la capacidad de mirar nuestro alrededor y de ser capaces de abstraer las cosas realmente valiosas, de poder llegar al éxtasis de una forma tan simple como es amar, siendo lo suficientemente fuertes para poder dejar de lado la presión del medio, los prejuicios propios, tratando de devolver el tiempo a este el punto de la historia en donde lo importante era AMAR.

Para terminar, acompaño diferentes citas sobre las distintas perspectivas del amor, descrito por variados autores en disímiles épocas, de las cuales, algunas, concuerdan con lo planteado anteriormente, sin embargo, existen aquellas que distan en demasía de mi teoría.

“El amor que llama al amor no oye muchas veces más que su propio eco”.

Madame Amiel-Lapeire, Pensées sauvages.

“Cuando el hombre esta queriendo

de noche cavila y vela;

y así que logra su gusto,

aborrece, olvida y niega”

Anónimo.

“Cuanto más renuncias a tu propio yo, tanto mayor y verdadero es tu amor”

Anónimo.

“El amor en un corazón femenino es el diamante en el carbón: allí se encuentra la luz, el fuego y la muerte”.

Anónimo, del Junggesellenbrevier, de F. Voneisen.

“El amor que pudo morir no era amor”.

Anónimo, del Junggesellenbrevier, de F. Voneisen.

“Amor es el intercambio de dos fantasías y el contacto de dos egoísmos”.

Auguez, Moderne et rococo.

“El amor es la poesía de los sentidos. O es sublime o no existe. Cuando existe es para siempre y va creciendo sin cesar”.

H. de Balzac, Physiologie du mariage.

“Amar significa consagrarse sin esperar la menor recompensa; es vivir bajo otro sol con el terror de llegar a tocarlo”.

H. de Balzac, Ilusions perdues.

“El amor tiene esta forma y naturaleza en sí: el que es amado ama a su vez, y cuanto más le quieren más quiere”.

San Bernardino de Siena, Prediche.

“Un amor definido es un amor acabado”.

A. Berthet, Maximes Nouvelles.

“El amor que razona es un niño que no vivirá; es demasiado inteligente”.

A. Berthet, Maximes Nouvelles.

“En materia de amor, demasiado es todavía poco”.

Beumarchais, Le mariage de Figaro.

“Ciertamente, es imposible que vuelva a campear la vileza en el corazón humano en que ha prendido una vez la llama del amor; porque quien ama desea hacerse constantemente todo lo amable que es posible y teme siempre que se produzca algo vergonzoso que lo haga poco digno de amor por parte de quien desea ser amado en abundancia. Si alguien pudiera formar un ejército de enamorados que combatieran en presencia de sus amadas, vencería el mundo entero”.

B. Castiglione, Il cortegiano, III.

“El amor es un comercio tempestuoso que acaba siempre en la bancarrota; lo extraordinario es que siempre queda deshonrado el acreedor”.

Chamfort, Maximes et pensées.

“El amor es la esclavitud rehabilitada”.

Jean Dolent, façons d'exprimer.

“Con el amor no se juega. Muchos comienzan fingiendo amor y más tarde quedan prendidos de verdad”.

C. Dossi, Note Azzurre.

“La igualdad no constituye una regla en la gramática del amor”.

Fletcher y Rowley, The Maid in the Mill.

“Dulce amor, incesantemente forjas con nuevas formas los sueños de una noche de verano y los cuentos de invierno. Tejes las necesidades terrenas envolviéndolas con resplandores dorados y amablemente nos engañas al pintarnos la grandeza de nuestros sacrificios. Aunque ciñeras nuestra frente con una corona de espinas le darías el encanto y la suavidad de una rosa”.

Karl Frenzel.

“El amor es como la suerte: no le gusta que corran tras él”.

T. Gautier, Mademioselle de Maupin, XV.

“El amor que arranca del corazón es riquísimo, si da; el amor que habla de sacrificios deja de ser un verdadero amor”.

Geibel, Geditche: Sprúche.

“Dos corazones que se aman son como dos relojes magnéticos: lo que se mueve en el uno hace que también se mueva en el otro a la vez, porque no es sino sólo un impulso lo que actúa en ambos. Una solo fuerza que los anima”.

Goethe.

“Cuando grita el orgullo es que el corazón se calla”.

F. Gerfaut, Pensée d'un sceptique.

“Todos los peligros que en el amor pueden verse para la juventud nacen, no del mucho amor, sino del poco amor; es decir, de confundir el amor verdadero, grande, santo, con el capricho frívolo, la aventura pasajera, la galantería, el grosero instinto; cosas todas que no son amor sino su caricatura ridícula o su falsificación vergonzosa”. L. de Zulueta, La Edad Herioca.

Cfr. José Ingenieros, “El Hombre Mediocre”;Trechos escogidos.(El Ideal)

Cfr. José Ingenieros, “El Hombre Mediocre”;Trechos escogidos.(El Ideal).

Cfr. José Ingenieros, “El Hombre Mediocre”;Trechos escogidos.(El Ideal)

Cfr. José Ingenieros, “El Hombre Mediocre”;Trechos escogidos.(El Ideal).

Juan Cruz C.; “El éxtasis de la intimidad: ontología del amor humano en Santo Tomas de Aquino”, Instituto de ciencias de la familia, Pamplona, 1999, P.80-85.(Introducción al fenómeno del amor místico).

Juan Cruz C.; “El éxtasis de la intimidad: ontología del amor humano en Santo Tomas de Aquino”, Instituto de ciencias de la familia, Pamplona, 1999, P.80-85.(Introducción al fenómeno del amor místico).

S. Th., 1-11,28,3.

Cfr. José Ingenieros, “El Hombre Mediocre”;Trechos escogidos.(El Ideal).

Juan Cruz C.; “El éxtasis de la intimidad: ontología del amor humano en Santo Tomas de Aquino”, Instituto de ciencias de la familia, Pamplona, 1999, P.80-85.(Introducción al fenómeno del amor místico).

Traducción de texto de Plinio Corrêa de Oliveira, “La sacralidad”, extractos de conferencias dictadas el 8/04/1967, en Sao Paulo, Brasil, sin posterior revisión del autor.