Una princesa en berlín; Arthur R. G. Solmssen

Literatura universal contemporánea. Narrativa histórica norteamericana. Alemania de los años 20. Constitución de Weimar

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Una princesa en Berlín

SOLMSSEN, Arthur R.G.: Una princesa en Berlín. Tusquets. Barcelona, 1994.

Naturaleza del texto

Novela de corte histórico, es por tanto un texto literario, con todas las implicaciones subjetivas que eso supone. No nos presenta la realidad de manera imparcial y tampoco pretende hacerlo. La historia está contada en primera persona, lo cual aumenta la subjetividad.

El autor

Arhtur R.G. Solmssen. Americano nacido en Nueva York, aunque pasó parte de su infancia en Berlín. Se graduó en el Harvard College y estudió derecho en la Universidad de Pennsylvania. Actualmente vive y trabaja en Philadelphia. Es autor de cinco novelas, la última de ellas Tiempo de decisión de 1987.

Una princesa en Berlín está escrita en 1980. Lo que le permite al autor al relatar los hechos con una perspectiva de casi cuarenta años resaltar los aspectos de los años veinte que más influencia tuvieron en los acontecimientos posteriores. Este lejanía también la utiliza el protagonista de la novela, aunque no nos dice cuanto tiempo después la escribe.

Análisis del texto

Resumen

Una princesa en Berlín es una crónica agridulce del Berlín de principios de los años veinte a través de los ojos de un joven americano, Peter Ellis.

El libro empieza con un flash-back en la noche del 15 de junio de 1922, es un pequeño prólogo, que nos prepara para comprender la complicada situación que va a vivir el protagonista.

Ha acabado la guerra y se produce su encuentro con un alemán, Cristoph Keith, al que salvó la vida en la Primera Guerra Mundial. Es invitado por éste a ir a Berlín para aprender a pintar y porque sus dólares le permitirán un alto nivel de vida .

Se divide en cuatro partes, con un orden cronológico.

El libro primero que cuenta la llegada a Berlín y todo lo que sucede hasta la noche del 15 de junio. A través de la gente que conoce el autor nos muestra diferentes grupos sociales, el mundo de las finanzas y la alta burguesía a través de los Waldstein, familia de origen judío, de cuya hija él se enamora; el hermano de su amigo Kaspar, miembro del Freirkorps y opuesto a la República; Falke, bohemio pintor que le da clases y vive en la más abosoluta pobreza. También conoce a grandes personalidades como Rathenau, ministro de Asuntos exteriores, Stinnes industrial enemigo de la República, a Göring, etc...

El libro segundo cuenta lo hechos del 15 al 24 de junio de 1922. Centrándose en el asesinato de Rathenau, ministro de Asuntos Exteriores de origen judío a manos de extremistas y la conmoción que supuso para Alemania

El libro tercero se centra sobre todo en la crisis económica, hasta el golpe de Hitler en Munich, en 1923. Se ve complicado en el crimen político y más tarde en una venganza familiar que también acaba en asesinato.

El libro cuarto es la declaración de persona non grata y su expulsión del país por su implicación en el asesinato. Vuelve a América.

El gran acierto de la novela es exponer de forma muy acertada las implicaciones que los acontecimientos históricos tuvieron en la vida diaria de los alemanes tanto de las clases privilegiadas, como de las más desfavorecidas. Además están contados desde la óptica de una persona que desconoce absolutamenta la historia de Alemania y los problemas que ésta tiene, por lo que al mismo tiempo que se lo explican a su personaje , nos lo están contando a nosotros.

Análisis

La acción de la novela transcurre en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial. De la década de 1920 se ha dicho que fueron unos "años de esperanza y vigor" que "terminaron en desesperación". El periodo comprendido entre 1920 y 1929 será la "era de las ilusiones", durante la cual se creerá en un fácil retorno a la normalidad, es decir al antiguo estado de cosas. Fue una década limitada por las secuelas de una gran guerra y los comienzos de una grave depresión económica.

Fue un periodo de crisis. Los contemporáneos no vivieron un periodo de entreguerras; vivieron una guerra y una difícil posguerra, que creyeron terminada y alcanzado un nuevo equilibrio a mediados de los años 20. Este equilibrio se manifestó pronto muy frágil, y los europeos entraron en un clima de preguerra que, efectivamente, terminó en guerra.

Fin de la primera guerra mundial

Tratado de versalles.

Alemania había perdido la I Guerra Mundial lo que origino numerosos problemas económicos, sociales y políticos , además de tener que hacer frente a una elevada inflación y una gran deuda nacional, Alemania estaba resentida por las duras condiciones que se le impusieron en el Tratado de Versalles, que puso fin oficialmente a la guerra.

Fue negociado durante la Conferencia de Paz celebrada en Versalles, que comenzó el 18 de enero de 1919. En ella se hallaban representados Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia e Italia; Alemania, quedó excluida de las conversaciones. Por el hecho de la rendición y de constituir un nuevo régimen, Alemania esperaba una paz negociada. Pero los aliados estaban determinados a recibir compensaciones por sus pérdidas y asegurarase de que sus enemigos nunca volvería a constituir una amenaza.

La primera sección del Tratado recogía el Pacto de la Sociedad de Naciones, cuyo objetivo era garantizar el cumplimiento de los términos de varios convenios acordados después de la I Guerra Mundial con el fin de lograr una paz duradera. El Tratado se firmó en la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles, próximo a París, el 28 de junio de 1919. Estados Unidos no lo ratificó, pero firmó con Alemania por separado el 2 de julio de 1921 el Tratado de Berlín.

Según lo estipulado en el Tratado de Versalles, y siguiéndose en lo básico los Catorce Puntos, del presidente estadounidense, Woodrow Wilson, Alemania tuvo que suprimir el servicio militar obligatorio, reducir su Ejército a 100.000 hombres, desmilitarizar todos los territorios situados en la orilla izquierda del río Rin y los del margen derecho en una franja de 50 km de ancho, dejar de importar, exportar y prácticamente producir material de guerra, limitar sus fuerzas navales a 36 buques de superficie (no se le permitió mantener submarinos) y el personal naval a 15.000, quedándole prohibida la aviación militar. Alemania también aceptó que el antiguo emperador Guillermo II fuera juzgado por un tribunal internacional bajo la acusación de haber cometido "un delito supremo contra la moralidad internacional", pero el juicio nunca llegó a celebrarse.

Alemania reconoció la soberanía incondicional de Bélgica, Polonia, Checoslovaquia (en la actualidad República Checa y Eslovaquia), y Austria, y revocó los tratados de Brest-Litovsk y Bucarest. Asimismo, perdió aproximadamente 71.000 km2 de territorio, algo más de un 13% de sus dominios europeos. Alsacia y Lorena fueron restituidas a Francia, y la región del Sarre quedó bajo la administración de una comisión de la Sociedad de Naciones durante quince años. Alemania también perdió todo su imperio colonial.

Las duras condiciones del Tratado, en especial la pérdida de los territorios del Este, levantaron duras críticas en Alemania, dio lugar a la aparición de numerosos grupos nacionalistas que demandaban la revisión del mismo, y que servirían de soporte para el ascenso al poder en la década de 1930 del Partido Nacional Socialista.

Al aceptar el Tratado, el nuevo gobierno quedó desacreditado ante los ciudadanos, lo que paralizó sus oportunidades de éxito. Las clases militaristas se esforzaron en hacer recaer la responsabilidad de la firma del tratado, de cara a la opinión pública sobre los representantes de la República democrática. El gobierno que tuvo que hacerse cargo de la firma del Tratado y de defenderlo públicamente estaba formado por centristas socialdemócratas y liberales. Aquellos que eran los auténticos responsables de la guerra y de sus consecuencias pudieron, sin embargo, utilizar demagógicamente la derrota. El tratado supuso una carga gigantesca para la población y significaba un considerable debilitamiento de Alemania como potencia.

Los alemanes debían hacer frente a una cuantiosa indemnización por reparaciones de guerra para resarcir a las potencias aliadas por los daños causados durante el conflicto. Además de las reparaciones en metálico, se entregaron naves, trenes, ganado y valiosos recursos naturales. Surgieron dificultades con la recaudación de los pagos y la modalidad y cuantía de los mismos no quedó ajustada definitivamente hasta la Conferencia de Lausana de 1932.

Este tema de las reparaciones ha suscitado un importante debate, el problema no está en la ausencia de un potencial productivo en Alemania con el que pagar sino en la falta de disposición política y psicológica para aceptar la culpabilidad de la guerra. los alemanes tuvieron que aceptar la plena responsabilidad como causante de la guerra. Estas última provisiones causaron rencor en la población, los alemanes no se consideraban más culpables que otros y no podían pagar todo lo que se les demandó.

El Tratado de Versalles, comprensible desde el punto de vista aliado, no aseguró un paz duradera. Alemania ni fue aplastada por completo ni fue reintegrada en la comunidad internacional. Cada una de las potencias vencedoras trataba de defender sus intereses. Los aliados carecían de un plan coherente y firme sobre el desarrollo futuro de Alemania. Francia ansiaba convertirse en la potencia hegemónica de el continente y estaba decidida a conseguir la protección frente a Alemania y a obtener una compensación importante, lo cual implicaba que no estaba dispuesta a fomentar la reconstrucción. Gran Bretaña defendía dos opciones distintas: una, en privado que exigía fuertes exacciones y otra en público más moderada. Estados Unidos tenía un papel vacilante. Su postura sobra las reparaciones era moderada. Prefería una Europa debilitada por la competencia entre varios países. Más significativa fue su negativa a considerar la vinculación de las reparaciones con las deudas de guerra de los aliados de una manera que hubiera permitido compensar las reclamaciones.

Alemania no podía recurrir a los aliados para buscar su salvación. Alemania debía pagar 20.000 millones de marcos-oro antes de 1921. Más tarde se redujo esa cantidad. Pero era una cantidad muy elevada que los alemanes no estaban dispuestos a aceptar sin fuertes protestas. Cuando el ataque verbal fracasó, la protesta adoptó la forma, propugnada por algunas personas a comienzos de 1919, de una demostración pública de que era imposible pagar recurriendo a la emisión de dinero. Se recurrió a la inflación. Tema del que hablaré mas adelante.

Entre los que se manifestaron en contra del Tratado destaca Keynes economista británico. Durante la I Guerra Mundial trabajó para el Tesoro británico y fue representante de su país en la Conferencia de Paz de París (1919). Se opuso a los términos económicos del Tratado de Versalles y dimitió como representante para después escribir Las consecuencias económicas de la paz (1919), en el que predijo con acierto que las enormes indemnizaciones de guerra impuestas a Alemania la empujarían hacia un nacionalismo económico y a una reaparición del militarismo. La guerra había alterado de tal modo el panorama político, económico y social de Europa que, según Keynes, la situación exigía un tratado que alejase la amenaza de una revolución mediante el establecimiento de la estabilidad económica internacional. Es posible que fuera un tanto ingenuo en sus apreciaciones sobre lo que habría sido políticamente viable en ese momento. Pero su valoración de la situación económica y de sus consecuencias fue extraordinariamente certera.

El tratado de Versalles no solucionó los problemas europeos, estaba condenado al fracaso desde el princioio. Los deseos de Alemania de buscar una revisión del Tratado por la fuerza hicieron inútiles los intentos de otros países que querían evitar el enfrentamiento a toda costa, lo que condujo a la Segunda Guerra mundial.

Inicios de la república de weimar

Tras la huida del Káiser Guillermo II se estableció la República de Weimar. desde 1919 hasta 1933, cuando el dirigente del Partido Nacionalsocialista (nazi) Adolf Hitler derogó la Constitución y asumió el poder.

La República fue proclamada el 9 de noviembre de 1918, después de que los trabajadores y las tropas del Imperio Alemán se sublevaran contra el gobierno a comienzos de ese año por negarse éste a entablar conversaciones que pusieran fin a la I Guerra Mundial. El emperador Guillermo II huyó del país y se formó un Gobierno Provisional del Consejo de los comisarios del Pueblo, integrado por una coalición formada por miembros del Partido Socialdemócrata Alemán, liderados por Friedrich Ebert, y del Partido Socialdemócrata Independiente (escisión radical del anterior), contando con el apoyo del Partido del Centro Católico.

Tras la caída del Antiguo Régimen había que decidir el sistema que debía sustituirlo y definir el carácter de la república. El socialdemócrata Scheidemann proclamaba la "rep libre de Alemania", el comunista Liebknecht, el mismo día, la " rep libre y socialista de Alemania". Las diferencias no estaban sólo en al forma política del nuevo Estado, sino en sus bases socioeconómicas, en el sistema de propiedad.

Las terribles consecuencias de la guerra habían provocado un cambio radical de las relaciones sociales. Pero también provocaron un endurecimiento moral a la vista de la brutalidad y de la muerte causadas por la guerra. Las fuerzas sociales e ideológicas de Alemania se radicalizaron y polarizaron. Todas estas fuerzas e intereses se encontraron frente a frente en noviembre de 1918.

Este gobierno provisional fue el encargado de sofocar la revolución espartaquista, dirigida por Karl LiebKuecht y Rosa Luxemburgo, que en enero de 1919 intentaron establecer en Alemania un Estado soviético como los bolcheviques hicieron en Rusia en 1917.

Los espartaquistas eran un grupo de socialistas revolucionarios alemanes, formado en 1916, cuyos principales dirigentes eran Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht. Abogaban por la acción conjunta de los trabajadores de los países en guerra para poner término a la lucha y derrocar al sistema capitalista. Recibieron el nombre de espartaquistas cuando Liebknecht firmó una serie de artículos contrarios a la guerra con el seudónimo de Espartaco, nombre del líder de una famosa rebelión de esclavos que tuvo lugar en la antigua Roma un principio, fue una corriente izquierdista del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), a cuyos líderes criticaron. En 1917, el ala izquierda del SPD fundó el Partido Socialdemócrata Alemán Independiente (USPD), del cual también se separaron los espartaquistas después de protagonizar la revolución de octubre de 1918, que, junto con la abdicación del emperador Guillermo II, contribuyó a la extinción del II Imperio (o Reich) Alemán.

Después del establecimiento de la República de Weimar en noviembre de 1918, con Friedrich Ebert, líder moderado del SPD, los espartaquistas permanecieron fuera del nuevo gobierno. Siguieron una política de oposición violenta, y durante un encuentro celebrado entre el 30 de diciembre de 1918 y el 1 de enero de 1919, los espartaquistas se convirtieron en el Partido Comunista Alemán (KPD).

En enero de 1919, los espartaquistas organizaron un levantamiento, inspirado por el triunfo bolchevique en Rusia, que tuvo su principal foco en Berlín y que fue reprimido por tropas del gobierno. Liebknecht y Luxemburg fueron detenidos y ejecutados. produciéndose desde entonces la definitiva separación entre los socialdemócratas y los grupos más radicales que formarían el Partido Comunista Alemán (KPD).

Después del triunfo de la Revolución rusa, había surgido un sistema social alternativo, era contemplado por las clases dominantes de los Estados burgueses como un peligro potencial. Pero también en los países capitalistas había surgido un movimiento que intentaba realizar las transformaciones sociales según el modelo de la revolución Rusa

Pero las clases dominantes vieron su hegemonía amenazada e intentaron reforzar su posición. Se mostraron dispuestas a otorgar concesiones para las mejoras sociales y políticas de la masa de trabajadores. Pero sobre todo, para derrotar al movimiento obrero se crearon nuevos instrumentos que fueran, al menos formalmente, legitimados por las autoridades surgidas de la Revolución. Así se crearon los Freirkorps, "cuerpos de voluntarios" y "milicias ciudadanas" cuyo objetivo era desarmar a los trabajadores y reprimir las fuerzas revolucionarias.

Estos efectivos militares que se utilizaron para aplastar a los sectores más revolucionarios del movimiento obrero fueron reclutados en las filas de los antiguos oficiales del ejército movilizado durante la segunda guerra mundial, entre los soldados embrutecidos por la guerra y entre aquellos burgueses, estudiantes y universitarios que profesaban un odio profundo a la izquierda. Todos ellos cumplieron la tarea que se les encomendó con una extrema brutalidad.

Tanto por sus métodos de lucha, como por la imagen que tenían del enemigo, y por su ideología, estos grupos representaban ya una forma temprana de fascismo. Algunos de ellos llevaban incluso la cruz gamada en sus cascos de acero.

Constitución de weimar

La nueva Asamblea Nacional Constituyente se reunió en Weimar (Turingia) en febrero de 1919. La elección de Weimar ha sido a menudo interpretada como una declaración de intenciones de todos los sectores de recuperar los ideales humanistas del clasicismo alemán y apartarse de la tradición militarista e imperialista germano-prusiana. Sin embargo lo que se buscaba era una ciudad media situada en el centro o en el sur de Alemania en la que no hubiera ningún peligro de que se produjera una "presión desde la calle". Berlín era una ciudad propicia a las movilizaciones.

Se redactó una Constitución según la cual Alemania pasaba a ser una república federal democrática con dos cámaras parlamentarias, el Reichstag (cámara legislativa) y el Reichsrat (cámara de representación federal). Las medidas democráticas de la Constitución (sufragio universal femenino, representación proporcional, iniciativa legislativa popular) y otras de carácter social (jornada laboral de ocho horas) no estuvieron acompañadas de otras que hubieran supuesto una ruptura completa con la Alemania imperial: no hubo confiscación de las propiedades de los anteriores dirigentes, y los antiguos funcionarios imperiales (oficiales del ejército, agentes de policía, jueces o maestros de escuela) se mantuvieron en sus cargos.

Ebert fue elegido presidente de la República. Durante su mandato como presidente de Estado, proporcionó sensación de continuidad a los distintos gabinetes que se fueron sucediendo durante los complicados primeros años de la República de Weimar y consiguió superar las insurrecciones encabezadas por la izquierda y la derecha, la terrible inflación y la ocupación de la comarca del Ruhr por los franceses. Ebert falleció durante la campaña de acoso político que emprendieron contra él los analistas de la derecha y su sucesor fue el mariscal Paul von Hindenburg.

La república de Weimar 1920-1922

Pero las expectativas de la República de Weimar se apagaron pronto. Para la mayor parte de los alemanes el gobierno les recordaba la derrota militar y la humillación alemana.

Además, contaba con la abierta oposición de los militaristas conservadores y los socialistas revolucionarios. Ambos grupos intentaron frecuentemente derrocar al gobierno, además del alzamiento espartaquista.

También el nuevo régimen hubo de hacer frente a revueltas desde la derecha: el 13 de marzo de 1920, el llamado putsch de Kapp, organizado por oficiales desafectos a la República, y apoyado por sectores de la industria pesada y por partidos de derechas. El levantamiento fue encabezado por Wolfgang Kapp, miembro del Reichstag durante la República de Weimar y partidario de la restauración de la monarquía

Después de la I Guerra Mundial, se formaron muchos grupos políticos de derechas que estaban en contra de la nueva república; este golpe de Estado fue una respuesta al intento del gobierno de desmantelar una de estas organizaciones, las peligrosas Freikorps (Fuerzas Libres). Esta facción, apoyada por el comandante del ejército del distrito de Berlín, tomó la ciudad el 13 de marzo, y el gobierno tuvo que huir al sur de Alemania. Kapp, respaldado por el general Erich Ludendorff, estableció rápidamente un nuevo régimen que, sin embargo, cayó cuatro días después.

Quedó claro que sólo una pequeña parte del ejército estaba dispuesta a defender la república. El gobierno apoyaba al ejército, pero éste no apoyaría al gobierno. Más bien el ejército no lucharía contra la derecha aunque sí se podía contar con él contra los desórdenes de la izquierda.

Este golpe fue derrotado tras las huelgas convocadas por los sindicatos y los funcionarios, fue una victoria socialdemócrata. Los conspiradores se refugiaron en Suecia, pero Kapp regresó a Alemania y falleció en 1922, mientras esperaba ser juzgado. Pese al fracaso de esta rebelión, fue mitificada por el nazismo e inspiró a Hitler en su fracasado golpe de Estado, el de Munich.

Este periodo se caracteriza por la inestabilidad internacional. No había un verdadero compromiso internacional. Europa perdía su hegemonía ante los Estados Unidos, la revolución rusa había cambiado radicalmente las cosas en el Este, y finalmente estaba el problema de Alemania que tenía que negociar el programa de pagos de su deuda.

Alemania pidió que se suspendieran los pagos tres o cuatro años. Esta petición motivó una ruptura entre Francia y Gran Bretaña. Francia se negaba a ceder. Inglaterra deseaba mantener el equilibrio de fuerzas europeo ayudando a una potencia débil, Alemania, contra la gran potencia preponderante en Europa. Pero otra hipótesis es que la política inglesa venía dictada por el miedo al comunismo. Alemania podía hacerse comunista si se la trataba con demasiadas dureza, o bajo cualquier tipo de gobierno, podía aliarse con la Unión Soviética para destruir el nuevo orden establecido en Europa y, por otra parte, podía también ayudar a establecer una barrera contra el avance bolchevique en Occidente. Los acontecimientos y el Tratado de Rapallo acentuaron la posibilidad de una cooperación germanosoviética contra Occidente.

Efectivamente el 16 de abril de 1922 se firmaba en la ciudad italiana del mismo nombre entre Alemania y la República Socialista Federativa de Rusia (nombre que adoptó Rusia tras la Revolución, antes de federarse con las repúblicas soviéticas limítrofes en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas)

Con este acuerdo, firmado durante la Conferencia económica internacional de Génova, que se celebró de abril a mayo de 1922, Alemania reconocía al nuevo Estado soviético. Este tratado bilateral fue firmado, para sorpresa de la potencias vencedoras en 1918, por dos países que la guerra había aislado: de un lado, los alemanes habían sido vencidos y se vieron sometidos al Tratado de Versalles consignado el 28 de junio de 1919; de otro, los soviéticos habían firmado, a pesar de su pertenencia a la Triple Entente, una paz separada con los alemanes en marzo de 1918 (Paz de Brest-Litovsk). Además, durante la Guerra Civil rusa, británicos y franceses habían contribuido al esfuerzo de guerra de los denominados `rusos blancos', que luchaban contra el Ejército Rojo soviético. Los franceses se mostraban especialmente hostiles a estos dos países, Alemania se oponía a pagar los daños de guerra y los soviéticos habían pura y simplemente anulado los reembolsos debidos por el Estado ruso a los 1,6 millones de ahorradores franceses que habían comprado antes de 1914 empréstitos por más de 11.000 millones de francos oro.

Por el Tratado de Rapallo, los responsables de las relaciones exteriores ruso y alemán, Gueorgui V. Chicherin y Walter Rathenau, restablecieron relaciones diplomáticas y consulares entre el Estado soviético y Alemania; de esta manera, ésta se convertía en el primer Estado que reconocía a la nueva potencia oriental. Desde el lado soviético, se celebró la ruptura del frente común formado por las potencias capitalistas. Además, Rapallo anulaba las cesiones territoriales consentidas en Brest-Litovsk, lo que confirmaba la victoria final de los soviéticos en la Guerra Civil. El Tratado contemplaba una renuncia recíproca al pago de e las reparaciones de guerra

Paralelamente, negociaciones secretas, de las que Rathenau no estuvo al parecer bien informado, establecían relaciones militares entre los dos países, mediante las cuales Alemania pudo, hasta 1933, experimentar en la Unión Soviética con los armamentos prohibidos en Versalles.

El segundo Tratado de Rapallo apareció a la vez como una esperanza para los alemanes y los soviéticos y como una amenaza contra el orden establecido entre 1919 y 1921 por los vencedores. Para la Unión soviética representaba la oportunidad de romper su aislamiento y de reconstruir económicamente un país arrasado por la guerra.

El asesinato de Rathenau complicó situación. presidente de la Sociedad General de Electricidad (AEG) y Ministro de Asuntos Exteriores (1922), con él desaparecía uno de los pocos estadistas alemanes que inspiraba confianza y respeto los aliados. Favorable al pago de las indemnizaciones de guerra (reparaciones) a los aliados, Fue asesinado por un grupo de nacionalistas alemanes que se oponían a esta política. Era judío.

Durante la primera mitad del siglo XX, en especial en el periodo entre las dos guerras mundiales, el antisemitismo se convirtió en una fuerza importante en la política europea, especialmente en Alemania.

Los judíos estaban prácticamente en todas partes y podían simbolizar fácilmente lo más odioso de un mundo injusto, en buena medida por su aceptación de los ideales de la Revolución Francesa que los había liberado y por ello hecho más visibles. Podían servir como símbolo del odiado capitalismo/financiero, del agitador revolucionario, de la influencia de los intelectuales destructivos, de los nuevos medios de masas, de la competencia que les otorgaba un número desproporcionado de puestos profesionales con un alto nivel de instrucción. El rechazo a los judíos era general en el mundo occidental En la década de 1930, el desarrollo del nacionalsocialismo, que incorporaba doctrinas antisemíticas, amenazó a todos aquellos con orígenes judíos, muchos de los cuales ni siquiera se consideraban como tales, pues se habían asimilado perfectamente a los distintos grupos nacionales. Durante el gobierno de los nacionalsocialistas en Europa occidental, se estima que murieron 6 millones de judíos europeos, tanto en Alemania como en los países bajo su hegemonía.

La situación económica hizo empeorar la situación. En diciembre de 1922 tuvo lugar en Londres una conferencia aliada para considerar la petición alemana de que se suspendieran los pagos en metálico correspondientes a las reparaciones. La comisión declaró que Alemania había faltado a sus deberes en cuanto a las reparaciones.

Los gobiernos belga y francés enviaron una misión de control al Ruhr y el 11 de enero de 1923 Francia invadió el Ruhr para explotar de las minas de carbón. El gobierno alemán incitó a los trabajadores a resistirse pasivamente, garantizando sus salarios mediante la emisión desmesurada de papel moneda. La época de la resistencia pasiva provocó sentimientos de amargura y resentimiento contra Francia. Se llegaron a producir incidentes violentos. El 23 de septiembre de 1923 cesaba la resistencia pasiva.

Pero los problemas de Alemania en el exterior no era nada comparado con la situación en el interior. La economía de Weimar estuvo acosada por dificultades desde el principio. Un gran desastre económico, una inflación desbocada y una grave crisis política y social.

La causa de la caída del marco reside en la política financiera del Gb alemán. Durante la guerra el gasto público superó con mucho a los ingresos. El déficit se enjugó mediante la emisión de bonos del Tesoro. La diferencia gastos ingresos continuó después de la guerra, una vez más las dificultades presupuestarias se solucionaron con deuda, depreciación de la moneda e inflación. Esta situación desembocó en el colapso del marco. No creo que la causa fuera los pagos a los aliados.

La Inflación, en Economía, se define para describir una disminución del valor del dinero, en relación a la cantidad de bienes y servicios que se pueden comprar con ese dinero.La inflación es la continua subida del nivel general de precios.

Los aumentos reiterados de los precios erosionan el poder adquisitivo del dinero y de los demás activos financieros que tienen valores fijos, creando así serias distorsiones económicas e incertidumbre. Estos aumentos persistentes de los precios estaban, históricamente, vinculados a las guerras, hambrunas, inestabilidades políticas y a otros hechos concretos.

Existen diversos tipos de inflación Bajo su forma más extrema, los aumentos persistentes de los precios pueden convertirse en lo que se denomina hiperinflación, provocando la crisis de todo el sistema económico. La hiperinflación que se produjo en Alemania tras la I Guerra Mundial, por ejemplo, provocó que la cantidad de dinero en circulación aumentara más de siete mil millones de veces, y que los precios se multiplicaran por más de diez mil millones en 16 meses antes de noviembre de 1923.. Cuando se produce una hiperinflación, el crecimiento del dinero y de los créditos aumenta de forma explosiva, destruyendo los vínculos con los activos reales y obligando a volver a complejos acuerdos de trueque. A medida que los gobiernos intentan hacer frente a los pagos de los programas de gasto incrementados, expandiendo la demanda, la financiación inflacionista de los déficits presupuestarios distorsiona la estabilidad económica, social y política.

Los efectos de la inflación son varios y cambian a lo largo del tiempo. Al principio, la inflación provoca un aumento de los beneficios, puesto que los salarios y los demás costes se modifican en función de las variaciones de precios, y por lo tanto se alteran después de que los precios hayan variado, lo que provoca aumentos en la inversión de capital y en los pagos de dividendos e intereses. Puede que el gasto de los individuos también aumente debido a la sensación de que más vale comprar ahora porque después será más caro; la apreciación potencial de los precios de los bienes duraderos puede atraer a los inversores. La inflación nacional puede, de forma temporal, mejorar la situación de la balanza comercial si se puede vender la misma cantidad de bienes a mayores precios. Los gastos del gobierno también aumentan porque suelen estar explícita, o implícitamente, relacionados con las tasas de inflación para mantener el valor real de las transferencias y servicios que proporciona el gobierno. Los funcionarios también pueden prever la inflación y por lo tanto establecer mayores necesidades presupuestarias previendo unos menores ingresos impositivos reales debido a la inflación.

Sin embargo, a pesar de estas ganancias temporales, la inflación distorsiona la actividad económica normal; cuanto menos regular sea la tasa de inflación, mayor serán estas distorsiones. Normalmente, los tipos de interés reflejan la tasa de inflación esperada; cuanto mayor sea ésta, más altos serán los tipos de interés y más aumentarán los costes de las empresas, además de disminuir los gastos de consumo y el valor real de los bonos y las acciones. Los mayores tipos de interés en las hipotecas y el aumento del precio de los alquileres disminuye la tasa de construcción de viviendas. La inflación disminuye el poder adquisitivo de los ingresos y de los activos financieros, por lo que reduce el consumo, sobre todo si los consumidores no pueden, o no quieren, acudir a sus ahorros o aumentar el volumen de sus deudas. La inversión de las empresas también disminuye a medida que la actividad económica se reduce, y los beneficios son menores porque los trabajadores demandan un aumento de sus salarios mediante cláusulas que obligan a los empresarios a defender a los trabajadores de la inflación crónica mediante subidas salariales automáticas en función del aumento del coste de la vida. Los precios de casi todas las materias primas responden rápidamente ante señales inflacionistas. Los mayores precios de los bienes que se exportan pueden disminuir las ventas en el exterior, creando déficits comerciales y problemas en los tipos de cambio. La inflación es uno de los principales determinantes de los ciclos económicos que provocan distorsiones en el nivel de precios y de empleo, así como una incertidumbre económica a nivel mundial.

Los efectos de la inflación sobre el bienestar individual dependen de muchas variables. Aquellas personas que tienen ingresos relativamente fijos, sobre todo cuando pertenecen a los grupos de menores ingresos, están muy afectadas por la creciente inflación, mientras que aquellas que tienen ingresos flexibles pueden mantener su nivel de bienestar e incluso mejorarlo. Aquellas personas cuyos ingresos provienen de activos con valores nominales fijos, como las cuentas de ahorro, las pensiones, las pólizas de seguros y los instrumentos financieros a largo plazo padecen una pérdida de riqueza real; sin embargo, aquellos activos cuyo valor es variable, como la propiedad inmobiliaria, las obras de arte, las materias primas y los bienes duraderos pueden experimentar subidas de precios iguales o superiores al alza del nivel general de precios. Los trabajadores del sector privado exigirán que sus contratos laborales lleven cláusulas de ajuste que permitan que sus salarios no padezcan la subida del coste de la vida. Los prestatarios suelen beneficiarse de los efectos de la inflación, mientras que los prestamistas pierden dinero, ya que los préstamos hipotecarios, personales, comerciales y públicos se pagarán con un dinero que tendrá menor poder adquisitivo y los tipos de interés aumentarán después de que los precios se hayan incrementado. La toma de decisiones económicas, tanto pública como privada, puede depender de un factor psicológico inflacionista.

Hasta 1923 la inflación estuvo asociada a cierta prosperidad. Se estimuló la inversión y el consumo. La producción aumentó rápidamente mientras el paro desaparecía, fomentó el pleno empleo y, por consiguiente, contribuyó a estabilizar la República en sus primeros años. Convirtió la huelga general en una poderosa arma contra los intentos de anular la constitución como el putsch de Kapp de 1920.

Pero 1923 fue un año muy distinto. la inflación se transformó en hiperinflación Ya hemos visto que el gobierno alemán tomó a su cargo la ayuda económica a la población del Ruhr emitiendo papel moneda. Esta financiación de la resistencia pasiva acabó definitivamente con el valor del marco. Tras una pausa a principios de 1923 cuando el Reichsbank utilizó sus reservas para frenar la caída, la moneda alemana cayó vertiginosamente hasta carecer prácticamente de valor. En septiembre de 1923, el tipo medio de cambio del dólar era del orden de 120 millones de marcos. La moneda alemana se devaluó hasta límites insospechados (a finales de 1923 un dólar equivalía a 4 billones de marcos de papel)

La inflación tiene por un lado, consecuencias sociales y económicas que siguen siendo objeto de controversia y por otro consecuencias políticas Se considera un factor significativo en la desintegración política de la República de Weimar. Al destruir los ahorros de muchas familias de clase media y baja la inflación socavó de hecho, el consenso político burgués de Weimar. Sectores clave de la clase media como los obligacionistas, los pensionistas y los rentistas sufrieron gravemente las consecuencias El fracaso a la hora de poner en práctica un sistema de compensación justo y equitativo para los acreedores en el periodo posterior a la estabilización dejó a muchas familias de clase media con un gran resentimiento que se tradujo en una ruptura de la identificación del electorado con los partidos tradicional de centro y derecha burgueses. Esto condujo a la escisión de los partidos, a la inestabilidad política, siendo, en última instancia la extrema derecha la mayor beneficiaria del distanciamiento de los grupos de clase media que habían salido perdiendo con la inflación. El efecto neto no fue tanto un empobrecimiento general de la clase media, como se suele pensar, como la fragmentación y desintegración política y social, ya que unos grupos ganaron y otros perdieron

La inflación provoca una redistribución de la riqueza. Una violenta inflación provoca una violenta redistribución. La i supuso un beneficio para los productores y, sobre todo, para los propietarios directos de los medios de producción y una pérdida par a los que poseían bienes con un valor monetario fijo y para los que dependían de salarios fijos. Durante este periodo los pensionistas se vieron reducidos a condiciones de extrema miseria. , Se encontraron con que no tenían sino papel inútil. La inflación resultante acabó con los ahorros, pensiones, seguros y otras formas de ingresos favoreciendo las condiciones para un estallido social que podía destruir los elementos más estables en Alemania.

El caos económico de 1923 avivó la agitación política de ese año y dio un impulso importante, aunque temporal por el momento, a extremistas como los nazis Estos grupos de clase media constituyeron, probablemente más de la mitad del respaldo electoral del partido nazi.

El fin de Weimar

El restablecimiento temporal del orden

Gustav Stresemann se hizo cargo del control del gobierno como jefe de la amplia coalición formada el 13 de agosto de 1923 y consiguió estabilizar la situación del país. En 1924 los aliados facilitaron a Alemania el pago de las indemnizaciones a través del Plan Dawes, que establecía un calendario de entregas más realista.

En octubre de 1925, Stresemann firmó los Tratados de Locarno, en los que Alemania reconocía las nuevas fronteras occidentales establecidas en Versalles; los aliados retiraron sus fuerzas de ocupación y un año después Alemania fue elegida miembro de la Sociedad de Naciones, un organismo internacional para el mantenimiento de la paz mundial. Se implantó una nueva moneda, el Reichsmark, sometida a un control monetario más severo y se inició una impresionante etapa de recuperación económica. No obstante, la economía seguía dependiendo de los préstamos del extranjero y el gasto público era excesivamente alto, mientras que las empresas obtenían pequeños márgenes de beneficios. En 1925, Paul von Hindenburg sustituyó a Ebert como segundo presidente de la República.

La crisis

La depresión económica mundial que se inició en 1929 sumió a Alemania en una nueva crisis. En marzo de 1930 se hizo cargo del gobierno el canciller Heinrich Brüning, apoyado por los poderes extraordinarios con que contaba el presidente Hindenburg. Brüning hizo disminuir el gasto público y firmó en la conferencia de Lausana (Suiza) un acuerdo que puso fin al pago de las reparaciones. Sin embargo, la política deflacionista del canciller fue muy impopular y se vio obligado a dimitir en 1932. El desorden provocado por el caos económico fue aprovechado por el Partido Comunista Alemán y por el Partido Obrero Nacionalsocialista Alemán (nazi) de Adolf Hitler, de tendencias nacionalistas y antisemitas extremas. Las elecciones al Reichstag celebradas en septiembre de 1930 convirtieron al partido nazi en la segunda fuerza política del país, y su popularidad aumentó a medida que empeoraba la situación económica. Los nazis obtuvieron la mayoría en el Reichstag en los comicios de julio de 1932. Los políticos conservadores persuadieron a Hindenburg para que situara a Hitler al frente del gobierno, creyendo que podrían tenerle bajo control en un gobierno de coalición. Hindenburg nombró canciller a Hitler el 30 de enero de 1933. Éste no tardó en abolir el cargo de presidente y autoproclamarse Führer ('conductor') del Tercer Reich, poniendo así fin a la República de Weimar.

COMENTARIO

Todas estas crisis y fluctuaciones habrían puesto a prueba la capacidad de supervivencia de cualquier gobierno, aunque tuviera una larga tradición democrática y el respeto de los ciudadanos. La república democrática de Weimar era nueva y no era respetada. Estaba asociada a una época de depresión y la comparación con el progreso de los años anteriores a la guerra no le era favorable. (ver Añoranza del Káiser

Pero su fragilidad era debida a algo más que eso. La derrota de la primera Guerra Mundial tenía diferentes culpables para la izquierda y la derecha.

Para la izquierda era evidente que el pueblo alemán había sido engañado, por militares irresponsables y sus aliados de las altas clases sociales. Por tanto si había lago malo en la revolución de 1918-19 era no haber sido lo bastante revolucionaria. La influencia de las antiguas clases gobernantes, terratenientes, capitalistas y oficiales de carrera no había sido desarraigada. En vez de destruir esa clase, los fundadores de la república habían pactado con ellos. Este planteamiento explica la fuerza del partido comunista durante este periodo.

Para la derecha, la impresión de que el ejército no había sido derrotado, en absoluto. La crisis de Alemania se debía a los extranjeros sobre todo a las reparaciones de guerra. Así pues, los que habían firmado ese Tratado y los que estaban dispuestos a respetarlo eran unos traidores. La derrota había traído miseria a Alemania; las consecuencias de la derrota no debían ser aceptadas pasivamente. El ejército no había sido derrotado sino traicionado por demócratas, socialistas y pacifistas, todos ellos defensores de la democracia republicana. Los "criminales de noviembre" eran los culpables de la derrota de Alemania. Esta hipótesis no fue invención de Hitler, era familiar entre los miembros de la derecha desde los comienzos de la República de Weimar.

El ascenso del nazismo

El ascenso y triunfo del nazismo en Alemania se ha atribuido a diversas causas. Algunos han subrayado el poder carismático del líder del movimiento, Adolf Hitler, su compleja y seductora propaganda y su fuerza como orador.

El 9 de enero de 1919 se funda el Partido Obrero Alemán, luego Partido Obrero Nacional Socialista Alemán, uno de los varios movimientos de extrema derecha presentes en la agitada escena política de la Baviera de la revolución y la contrarrevolución de posguerra. Pretendía ganarse a las masas trabajadoras para el nacionalismo extremo mediante la combinación de anticapitalismo. Pangermanismo y antisemitismo. Hitler ingresó en el partido en el partido el 12 de septiembre de 1919 y en agosto de 1921 se convirtió en su máximo dirigente. Los testimonios de la fuerza de Hitler como orador son tan numerosos que no dejan ninguna duda sobre la intensidad del magnetismo personal que ejercía.

Fue la voluntad de Hitler la que empujó al partido hacia la acción violenta durante la crisis política de la República en 1923, cuando Francia ocupó el Ruhr y la rebelión comunista parecía planear sobre Sajonia y Turingia. Pero su intentó de tomar el poder en Baviera y utilizarlo como trampolín para organizar un golpe nacionalista contra el gobierno de Berlín fue un fracaso.

Los acontecimientos de 1923 frenaron temporalmente el ascenso del nazismo. El partido fue prohibido, y aunque Hitler fue excarcelado en diciembre de 1924, en muchas zonas de Alemania no se le permitió hablar en público durante algún tiempo.

Hitler aprendió dos lecciones importantes del fracaso de 1923: abandonó la idea de un golpe de Estado directo y violento por considerarlo peligroso y poco práctico, e insistió a partir de 1926 en lo que después se denominó "principio de caudillaje".

La redacción en prisión de su libro Mein Kampf y las expectativas creadas por sus desmoralizados seguidores ante su excarcelación, propiciaron una imagen más segura de sí mismo que Hitler reforzó.

Entre 1926 y 1928 el partido nazi se dedicó a unir los diversos y dispersos grupos de Ideología nacionalista de extrema derecha bajo la jefatura de Hitler y establecer una estructura organizativa compleja pero flexible. En las elecciones de 1930 consiguieron convertirse en el segundo partido del país. Esta fuerza electoral fue la que constituyó la base fundamental de su llegada al poder en 1933.

Hitler fue fundamental para el triunfo de los nazis por dos motivos: su historia y su imagen política ocuparon el lugar más destacado de la amplia y compleja actividad propagandística que el partido desempeñó en aquellos años y siempre se negó a entrar en un gobierno de coalición si no era para dirigirlo.

El 30 de enero de 1933 fue nombrado canciller de un gobierno en que los nacionalistas conservadores disponían de la mayor parte de las carteras ministeriales. Pronto consiguió poderes dictatoriales mediante el decreto presidencial de emergencia promulgado el 28 de febrero de 1933 (la mañana siguiente al incendio del Reichstag) y selló la implantación de la dictadura. Había culminado la creación de un estado de Partido único.

Muchos historiadores han estudiado el rápido ascenso al poder del nazismo desde el punto de vista del desarrollo de los fines propios de Hitler, mediante el funcionamiento de la voluntad política personal de éste. Pero hay motivos para pensar que el movimiento nazi fue algo más que una mera prolongación de la voluntad de Hitler. El carisma no puede ejercerse sin una audiencia dispuesta a dejarse seducir por él. Los votos no se consiguen sólo con propaganda, como demostró el fracaso de nazismo para lograr un seguimiento masivo durante su primera década de existencia. La clave fue su ataque contra la República de Weimar y todo lo que ésta representaba. Consiguió apoyo, en parte, porque parecía la fuerza que contaba con más probabilidades de terminar con las instituciones políticas de la primera democracia de Alemania. Instituciones que habían concentrado el resentimiento popular y que entregaron al nazismo muchos de los mecanismos constitucionales esenciales para su táctica de "legalidad" posterior a 1923 en su búsqueda del poder.

La República de Weimar nació como consecuencia de la derrota alemana en la I Guerra Mundial. La constitución aprobada en la Asamblea era una de las más democráticas del mundo, pero estaba minada por defectos fatales. Muchos historiadores han criticado el sistema de representación proporcional que fijaba la Constitución de Weimar para las elecciones nacionales y provinciales y a las que se ha responsabilizado en gran medida de la multiplicidad de partidos que complicaron la escena política. Las coaliciones pluripartidistas fueron sumamente inestables. La ineficacia de esos gobiernos venía predestinada por la necesidad de no hacer nada que desagradase a alguno de los socios de coalición. Sin embargo, con frecuencia se ha insistido demasiado en estos aspectos. La continuidad ministerial fue considerable entre gobiernos sucesivos. La existencia de cinco partidos importantes reflejaba el hecho de que la sociedad alemana estaba cuarteada por múltiples fisuras sociales, religiosas, regionales e ideológicas. Ni fue una consecuencia de la constitución de Weimar ni un sistema electoral mayoritario habría impedido el triunfo de los nazis.

También se ha dicho que los plebiscitos en el sistema de Weimar socavaron la democracia representativa y pusieron un arma propagandística peligrosa en manos de los extremistas. La confusión política que rodeó los plebiscitos fue más una consecuencia de los antagonismos sociales y políticos del momento que una causa.

Sin embargo, sí había una disposición constitucional que generaría problemas en el futuro. Se trataba de la elección por votación popular de un presidente fuerte que disfrutaba de la facultad de gobernar por decreto en situaciones de emergencia. El primer presidente de la República, Ebert, hizo imprudentemente uso frecuente de estos poderes y Hindenburg proporcionó entre 1930 y 1933 gran parte de la batalla constitucional que ocultó el final del sistema democrático y la creación de una dictadura. Al permitir la utilización de sus poderes para gobernar por decreto a partir de 1933 a Hitler le resultó relativamente fácil alcanzar buena parte de sus objetivos sin aprobación parlamentaria, antes incluso de la aprobación de la Ley de Poderes.

A fin de cuentas, sin embargo, las disposiciones de cualquier Constitución son menos importantes en sí mismas que la legitimidad del sistema político para cuyo funcionamiento están concebidas. Para muchos autores, la República de Weimar carecía fatalmente de legitimidad desde el principio. Fueron la Asamblea Nacional y el gobierno los que aprobaron los términos del Tratado de Versalles. La severidad del Tratado hizo que todos los partidos presentes en la escena política alemana coincidieran en su rechazo de Versalles, incluidos los socialdemócratas, que se habían visto obligados a firmar el acuerdo de paz.

La propaganda nazi pudo aprovechar el descontento general con el Tratado de Versalles para convencer a muchos de que el carácter democrático y los orígenes revolucionarios de la República estaban fatalmente vinculados a la humillación nacional.

La falta de legitimidad de la República se reflejaba también en el hecho de que, a partir de 1920, los partidos que respaldaban sus instituciones fundamentales (socialdemócratas, católicos y demócratas) estuvieron en minoría. Partido Popular, nacionalistas y comunistas eran abiertamente hostiles. Sin embargo, la República de Weimar logró superar las tormentas de la revolución y la insurrección armada de 1919 a 1923, y en 1928 comenzaba a consolidarse. Lo que cambió la situación fue sobre todo la gran depresión que comenzó en 1929.

La recuperación económica de 1924-1928 fue, en el mejor de los casos, precaria. La contracción económica comenzó antes, incluso, del crack de 1929. La depresión de 1929-1933 constituyó la base del triunfo del nazismo por dos motivos: impulsó a la gran empresa a buscar con urgencia una solución autoritaria para la República y sirvió de base para el desplazamiento masivo de las preferencias de los votantes hacia los nazis en esos años.

Lo que los nazis ofrecían era, ante todo, una alternativa dinámica, carismática y bien organizada a los partidos políticos a los que estos votantes imputaban la responsabilidad del caos social, económico y político de los últimos años. Una alternativa que se proponía acabar con los partidos "marxistas", especialmente los socialdemócratas, con quienes en gran medida se identificaba la República de Weimar. Aglutinó el descontento y ejerció un atractivo especialmente fuerte para los jóvenes y las clases medias protestantes.

Por último, la depresión, con su desempleo masivo de larga duración, cercenó fatalmente toda posibilidad de que la clase obrera organizada opusiera una resistencia seria a la destrucción de la República. La depresión hizo inviable una huelga general como la que había desbaratado el putsch de Kapp en 1929.

Aunque el éxito electoral de los nazis fue la condición indispensable de su triunfo en 1933, no sería correcto afirmar, como han hecho algunos historiadores, que llegaron al poder por medios legales o constitucionales o que la República de Weimar no fue destruida por sus adversarios sino que se destruyó a sí misma. La dictadura sólo fue posible cuando las instituciones democráticas de la República dejaron de funcionar con la eliminación efectiva del reichstag como institución política después de que las elecciones de 1930 anulasen la posibilidad de una mayoría viable para la tarea legislativa del gobierno. La República fue derrotada por sus oponentes, no por sí misma. La muerte de la democracia alemana no fue un suicidio político, sino un asesinato.

Sin embargo, no hay que centrarse exclusivamente en los años 1930-1933 para tratar de explicar la caída de Weimar y el advenimiento del Tercer Reich. Algunos autores han insinuado que la disposición de algunas elites claves de la sociedad alemana a colocar a Hitler en el poder en 1933 reflejaba una ausencia de compromisos a largo plazo con los valores democráticos. Los valores antidemocráticos, según esta perspectiva, tenían raíces profundas en el pasado alemán. Alemania no había seguido el ejemplo de las revoluciones burguesas cuando le tocó su turno en 1848. Pero esta interpretación plantea problemas teóricos y empíricos. Ni las revoluciones burguesas trajeron de inmediato la democracia, ni ésta acompañó necesariamente a la industrialización. La sociedad y la cultura alemanas, a pesar del fracaso político de 1848, estaban impregnadas de los valores burgueses desde mucho antes de 1914. El argumento según el cual fueron las viejas elites las que instalaron en el poder a los nazis pasa por alto el hecho de que los terratenientes se habían distanciado de los industriales, que a su vez estaban profundamente divididos con respecto al nazismo en enero de 1933.

Resulta, en fin, poco plausible considera que el ascenso y triunfo del nazismo fueron ante todo la expresión de las fuerzas preindustriales de la sociedad y la cultura alemanas. Esas fuerzas continuaban presentes en Alemania a comienzos de la década de 1930, pero ya no eran dominantes ni fueron realmente esenciales para la crisis de 1930-1933.

Es cierto que fuerzas importantes pertenecientes a las elites se inclinaban a destruir la democracia, y es posible que incluso sin Hitler en el puesto de canciller se hubiera registrado alguna forma de dictadura. Pero eso no hace que las concepciones de las elites estuviesen feudalizadas o fuesen preindustriales ni reconoce de modo suficiente el hecho de que, en 1932, la mayoría de los partidarios de los nazis procedían de grupos sociales, desde la burguesía económica y profesional a los trabajadores no manuales y los obreros no sindicados de las pequeñas industrias, que eran modernos en mucho aspectos en sus valores y comportamiento.

Sin embargo el papel del ejército como desestabilizador de e Weimar es más claro. Cabe hablar de un militarismo alemán específico. Ya se decía en el XVIII que todos los estado tenían un ejército pero que Prusia era el único ejército que tenía un estado. Para la cúpula militar dirigente, la República democrática y la revolución de noviembre, constituían una de las mayores vergüenzas nacionales la otra era la derrota militar y el Tratado de Versalles. Ambos hechos estaban íntimamente ligados

El nazismo surgió como fuerza dominante de la extrema derecha en la segunda mitad de la década de 1920 porque estaba bien organizado, era dinámico y tenía un líder carismático. Se convirtió en movimiento de masas a comienzos de la década de 1930 porque esas cualidades eran las que atraían a millones de personas cuyas vidas se habían visto convulsionadas por la depresión.

Hitler y su movimiento prometieron eliminar el sistema de Weimar que estas personas tanto odiaban y aplastar a los socialdemócratas y los comunistas, con los que tantos lo habían asociado desde sus comienzos revolucionarios en 1918.

El ascenso del nazismo es inseparable de la debilidad de Weimar. La primera experiencia de democracia parlamentaria en Alemania se realizó en una época de grandes cambios en las estructuras demográficas, sociales y económicas.

Lo que el arte y la literatura de aquel período expresaron con tanta brillantez era una febril inestabilidad que estuvo acompañada, incluso en los mejores años de Weimar, por la incertidumbre política y la pérdida de legitimidad. Esta situación propagó el desencanto y la sensación de impotencia entre las elites.

La violencia intrínseca del nazismo se ocultaba en parte y en parte se desataba contra los símbolos de Weimar (desde las sedes de los sindicatos hasta la pintura abstracta, desde las tabernas comunistas hasta el bolchevismo cultural) que los más afectados por los cambios vertiginosos de la década de 1920 consideraban más amenazadores y molestos.

El nazismo, en fin, cumplió su promesa de destruir el odiado sistema de Weimar, pero también fue demasiado inestable, y simbolizó las incertidumbres de la época en la misma medida en que lo había hecho Weimar. Su inestabilidad se fue haciendo más evidente, a finales del decenio de 1930 estaba cada vez más fuera de control; doce años después, la toma del poder por los nazis había conducido a la catástrofe.

Condiciones políticas de Weimar : crisis de legitimidad

Una revolución cultural

Sin duda, la república de Weimar, constituyó una época de múltiples expectativas políticas, sociales y artísticas. La era de relativa paz y prosperidad que precedió a la I Guerra Mundial ocasionó la reacción artística e intelectual contra las formas y conceptos tradicionales. La vanguardia se separó cada vez más del gusto del público general y de las instituciones oficiales, y experimentó con nuevas ideas y técnicas. El estallido de la Guerra Mundial actúo como elemento aglutinante. La poesía de guerra, de ambiente desgarrador necesitaba un arte de guerra. Resurge el grabado. Al término de la guerra la república de Weimar exaltó a los expresionistas.

Todas las vanguardias históricas -literarias, arquitectónicas, musicales, plásticas, cinematográficas y teatrales- se dieron cita en la capital de Alemania que cambiaron radicalmente los signos culturales del siglo XX. Rilke y Brecht; la música atonal; la Bauhaus; «El ángel Azul» de Von Stemberg y Marlene Dietricht; la «Metrópolis» de Fritz Lang; el diseño industrial; Erwin Piscator y Max Reinhardt configuran una ciudad cuya marca de identidad, en esos años, se distingue por su extraordinaria capacidad de recepción. Como más tarde recordara Heinrich Mann: «Berlín recibía; era aún más receptiva que creativa. Los creadores acudían de todas partes, la gran ciudad cumplía funciones de representación: es la vocación de una auténtica gran ciudad. A ello se unía el impacto de las culturas extranjeras».

Berlín en 1921, por ejemplo, ofrece la posibilidad de asistir a tres óperas, unos cincuenta teatros, un centenar de cabarés y más de trescientas salas de cine; igual ocurría en lo que respecta a la Prensa y a la entonces recién incorporada radiodifusión, innovador medio de comunicación de masas. En 1928 Berlín cuenta con 2.633 periódicos y publicaciones, lo que significaba representar el 26 por 100 de la producción total de la Prensa alemana.

Ninguna ciudad europea conoce una expansión de semejantes proporciones. Es el escenario de todas las convulsiones y que sufre, por ello, todas las tensiones políticas y sociales acumuladas tras la derrota de la Gran Guerra.

El nacionalismo pasa a convertirse en el enemigo más poderoso. El primer aviso es el asesinato en 1922 del ministro de Asuntos Exteriores, el industrial de origen judío Pathenau. A partir de ahí, las rivalidades callejeras entre los extremistas del nacionalismo y los grupos paramilitares comunistas convierten a la capital de la modernidad artística en una continua y sangrienta refriega política. Comienzan los asaltos, las persecuciones de intelectuales y artistas, la xenofobia planificada.

En el libro aparecen diferentes obras de arte, de Christian Schad, E.L. Kirchner, Max Pechstein, Max Beckmann y Kaethe Kollwitz. Todas ellas realizada en este periodo .

El Expresionismo apareció en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX como reacción frente a los modelos que habían prevalecido en Europa desde el renacimiento, particularmente en las anquilosadas academias de Bellas Artes. El artista expresionista trató de representar la experiencia emocional en su forma más completa, sin preocuparse de la realidad externa sino de su naturaleza interna y de las emociones que despierta en el observador. Para lograrlo, los temas se exageran y se distorsionan con el fin de intensificar la comunicación artística

El grupo expresionista más importante del siglo XX apareció en Alemania de la mano de los pintores Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel y Karl Schmidt-Rottluff, quienes en 1905 fundaron un grupo en Dresde denominado Die Brücke (El puente). A ellos se unieron en 1906 Emil Nolde y Max Pechstein, y en 1910 Otto Müller. En 1912 expusieron sus cuadros junto a un grupo de Munich denominado Der Blaue Reiter (El jinete azul), integrado por los pintores alemanes Franz Marc, August Macke y Heinrich Campendonk, el suizo Paul Klee y el ruso Wassily Kandinsky. Esta primera fase del expresionismo alemán estuvo marcada por la visión satírica de la burguesía y el fuerte deseo por representar las emociones subjetivas. Die Brücke se disolvió en 1913, un año antes del comienzo de la I Guerra Mundial (1914-1918).

La siguiente fase del expresionismo se llamó Die neue Sachlichkeit (nueva objetividad) y surgió de la desilusión subsiguiente a la I Guerra Mundial. Fundado por Otto Dix y George Grosz, se caracterizó a la vez por su pesimismo existencial y por una actitud ante la sociedad sumamente satírica y cínica. Mientras tanto, el expresionismo se había convertido en un movimiento internacional.

El expresionismo fue en Francia, Bélgica o Noruega una forma de expresión eminentemente plástica; apenas contagió a otras actividades artísticas. En Alemania, por el contrario, el expresionismo constituyó una atmósfera en la que respiraron todos cuantos se interesaban por el arte nuevo -incluidos ahí la pintura, la novela, la poesía, el teatro, el cine, las artes gráficas, la música etcétera-. Alguien ha hablado incluso de la existencia de una «moral expresionista» aludiendo a una específica influencia artística sobre ciertos modos de conducta.

Los propósitos de los expresionistas alemanes y esto vale igualmente para pintores independientes como Beckmann o Feininger era hacer un arte en el que dominaran las emociones espontáneas pero muy interiorizadas; un arte de impulso, agresivo, a veces mordaz y crítico, propio de un periodo de crisis como el que vivía entonces Alemania; con colores fuertes, pero capaz de la austeridad más estricta del blanco y del negro.

El expresionismo impone como norma de conducta la rebeldía y fue servido por judíos, no podía encontrar la simpatía de una doctrina que exalta la sumisión del hombre al estado. Fue perseguido.

Beckmann, Max (1884-1950), pintor expresionista alemán y artista gráfico cuyas obras transmiten una visión pesimista de la sociedad. Nació en Leipzig y estudió en la Academia de Bellas Artes de Weimar; sus primeras obras son de estilo impresionista. Su traumática experiencia como ayudante en el cuerpo médico durante la I Guerra Mundial le llevó a pintar obras enérgicas y de gran dramatismo, caracterizadas por contornos muy marcados, colorido fuerte y violencia implacable. Al igual que las obras del movimiento la Nueva Objetividad (Neue Sachlichkeit), sus cuadros expresaban una crítica social a la Alemania de posguerra. En la década de 1930, Beckmann reflejó su consternación por el ascenso del nacionalsocialismo en nueve trípticos, que son gigantescas alegorías figurativas con colores estridentes, como La partida (1932-1933, Museo de Arte Moderno, Nueva York). Beckmann pintó esta obra inmediatamente después de que los nazis le destituyeran del cargo de profesor de arte en la Escuela de Arte Städel de Frankfurt por considerarlo degenerado. En 1937 emigró a Amsterdam al enterarse de que su obra iba a incluirse en la exposición nazi de arte degenerado, y en 1947 se trasladó a los Estados Unidos. Entre 1947 y 1949 fue profesor en la Universidad Washington de Saint Louis (Missouri), puesto que abandonó para trasladarse a Nueva York, donde murió al año siguiente.

Kirchner, Ernst Ludwig (1880-1938), pintor alemán, uno de los máximos exponentes del expresionismo. Estuvo influenciado por los colores fuertes y las distorsiones compositivas del neo-impresionismo y por la expresividad de la talla en madera de África y Oceanía. Como miembro fundador del grupo expresionista Die Brücke (El puente) en Dresde, en 1905, Kirchner trató de derivar las formas naturales a simplificaciones radicales, e incluso a veces, brutales. En obras como Autorretrato con modelo (1907, Kunsthalle, Hamburgo), sus líneas marcadas y sus colores desentonados crean un sentido de emoción violenta. En 1911 se traslada a Berlín, donde va a realizar algunas de las obras más características del expresionismo alemán, especialmente con representaciones de mujeres como Cinco mujeres en la calle (1913, Museo Wallraf-Richartz, Colonia), en las que se ríe con distorsiones grotescas de la artificialidad amanerada de la sociedad berlinesa. Su trabajo a finales de los años veinte se fue haciendo cada vez más abstracto, ya que intentó resolver a través de él ciertas cuestiones teóricas. Los nazis lo consideraron un artista degenerado y, en 1937, confiscaron 639 de sus pinturas. Kirchner se suicidó un año después.

Pechstein, Max Hermann (1881-1955), pintor expresionista alemán; nació cerca de Zwickau. Desde 1906 fue miembro del grupo Die Brücke y fundó en 1910 la Sezession en Berlín. Pintó paisajes, naturalezas muertas, retratos y escenas de playa. Inspirado por el arte tribal (primitivo), utilizó luminosos y fuertes colores puros, sin diluir, aplicados con vigorosos toques de pincel. Sus cuadros tendieron a ser más eclécticos, más naturalistas y menos innovadores que la obra de otros expresionistas.

Kollwitz, Käthe (1867-1945), artista gráfica y escultora alemana, que nació en Königsberg (actual Kaliningrado, Rusia) y estudió en su ciudad natal y Berlín. En 1898, en sus ilustraciones para Die Weber (Los tejedores, 1892), una obra escrita por el autor teatral alemán Gerhart Hauptmann, presentó por vez primera los motivos dominantes de su trabajo: las figuras de una madre, un niño y la muerte. Artista gráfica contundente, Kollwitz realizó aguafuertes, grabados en madera y litografías que destacan por la representación de las clases trabajadoras de una forma sensible y compasiva. Realizó también esculturas en bronce, entre las que se encuentra un monumento a los caídos (1932) en Dixmuiden, Flandes. Su trabajo, basado en temas trágicos de la vida, concebido como protesta social y con un dibujo de gran simplicidad, fue denunciado por el régimen nazi alemán y por ello tuvo que vivir recluida desde 1933 hasta su muerte.

Grosz, George (1893-1959), pintor e ilustrador expresionista alemán. Nació en Berlín el 26 de julio de 1893 y estudió arte en la Academia de Dresde, en la Escuela de Artes y Oficios de Berlín y en la Academia Colarossi de París (Francia), y sirvió en el ejército durante la I Guerra Mundial. Es célebre por sus dibujos y caricaturas de enorme carga satírica. Las distintas series de dibujos relacionados con las condiciones de vida en la Alemania posterior a la I Guerra Mundial aparecieron en las revistas Ecce homo (1923) y Das Gesicht der herrschenden Klasse (El rostro de la clase gobernante, 1921). En Metrópolis (1916-1917, Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, España), obra de atmósfera apocalíptica, Grosz refleja el ambiente de inseguridad producido por la guerra y la locura que se había apoderado de la sociedad europea.

Opositor a ultranza del militarismo y del Nacionalsocialismo, fue uno de los primeros artistas alemanes en atacar a Adolf Hitler. En 1932 emigró a Estados Unidos y en 1938 obtuvo la nacionalidad. Hacia 1936 comenzó a pintar al óleo y adoptó una temática menos ácida, realizando numerosos desnudos, naturalezas muertas y escenas callejeras. En vísperas de la II Guerra Mundial su arte adquirió un tono desesperado. Reconocido como uno de los dibujantes más brillantes de su época, fue también un aclamado profesor. Registró sus experiencias como artista en su autobiografía Un pequeño sí y un gran no (1946). Nombrado miembro de la Academia de las Artes de Berlín oeste en 1958, volvió a su patria a comienzos del año siguiente. Murió el 6 de julio de 1959 en Berlín.

Una princesa en berlín; Arthur Solmssen

OTRAS NOVELAS

Aunque esta novela refleje estos años veinte de forma espléndida. En la República de Weimar se desarrolló una vida cultural amplia y estimulante; no sólo la pintura, sino la literatura, el periodismo, el teatro y la arquitectura se desarrollaron en un ambiente de libertad hasta entonces desconocido. Aunque esa libertad chocara con limitaciones estrictas siempre que tocaba cuestiones de la actualidad política inmediata.

Los escritores y artistas expresaban abiertamente , su crítica hacia el sistema. Heinrich Mann nos tranmitión en su novela "El súbdito" (1918) el espíritu autoritario de la época de káiser y , al mismo tiempo lo puso en rídiculo.

Algunos artistas se comprometieron directamente con el movimiento revolucionario, los escritores Esiner, Toller y el filósofo Landauer, asesinado por los Freirkorps. No faltaron los que creen en la esperanza de una sociedad renovada por la democracia como Thomas Mann con su novela La montaña mágica escrita en 1924.

La obra más famosa en la lucha contra el militarismo fue la novela de Erich Maria remarque "Sin novedad en el frente", con un profundo anti-belicismo. Fue tachada de obscena y cayó víctima de la censura. Fue llevada al cine pero fue retirada por "constituir una amenaza para el orden público". También se prohibió en otros países. En Francia hasta 1963.

Por poner algunos ejemplos de escritores de esta época basta citar a Huxley y Contrapunto a Joyce y su Ulysses, calificado de obsceno, pornográfico y satánico, D.H. Lawrence, Scott Fiztgerald y El Gran Gastby, John Dos Passos y su Tres soldados, Eugene O`Neill, Herman Hesse, T. S. Eliot, B. Bretch, André Gide, J. Cocteau, Ernst Jünger, Marcel Proust etc etc.

Seguramente a través de una gran parte de la obra de estos ecritores hubiéramos podido estudiar aspectos importantes de esta época. La guerra y sus consecuencias involucraron de tal manera a toda la sociedad que hubiera sido inconcebible que nos se reflejara en el mundo literario. Aunque se tratara de olvidar bajo diferentes formas de evasión

Una princesa en berlín; Arthur Solmssen

WEIMAR

EJEMPLO PARA APRENDER

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