Tuercas y tornillos; Jon Elster

Literatura Universal Contemporánea. Siglo XX. Narrativa. Novela. Ciencias sociales. Racionalismo

  • Enviado por: Macondo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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TUERCAS Y TORNILLOS de Jon Elster

El objetivo explícito de Jon Elster en este libro es introducir al lector en los mecanismos causales que sirven como unidades lógicas básicas en las ciencias sociales.

En la introducción queda patente la explicación de por qué se centran sus explicaciones en los mecanismos y no en leyes universales. A veces estas últimas no nos indican la verdadera causa de un acontecimiento ni presentan una correlación con los hechos; su explicación , por tanto, se nos queda corta .Sin embargo, según Elster, si mi argumento se basa por lo general en citar un acontecimiento anterior como la causa del acontecimiento que se desea explicar y junto a ella añado el mecanismo causal que relaciona a ambos, dejaremos mucho menos espacio a las malinterpretaciones y nuestra argumentación tendrá una base más sólida.

Conviene distinguir, antes de entrar en materia, las explicaciones causales de las declaraciones causales acertadas que no ofrecen un mecanismo causal; de las aseveraciones sobre correlación; de las aseveraciones acerca de condiciones necesarias; de las narraciones de historias y finalmente de las meras predicciones a secas.

Sería inútil aplicar leyes universales, señala Elster, cuando en realidad lo único que podemos hacer es aislar tendencias, propensiones y mecanismos y en cuanto reconozcamos uno de ellos explicar la conducta que genera, pero no los podemos predecir con leyes puesto que estamos tratando relaciones humanas - es una lástima que este sea el único momento del libro en el que por lo menos lo parezca-.

Dividiremos el libro en dos partes a sugerencia del autor, que diferencia acción humana de interacción, es decir, una repetición de las consabidas acción individual y colectiva.

En un principio se nos habla de deseos y oportunidades .¿Por qué elegimos hacer una cosa y no otra?. Elster ve la acción como el resultado de dos operaciones de filtración. En la primera descartamos las acciones que no podemos emprender por restricciones físicas, económicas, legales o psicológicas. Las acciones coherentes con esas restricciones forman un conjunto de oportunidad. El segundo filtro es un mecanismo que determina qué acción que esté dentro del conjunto de oportunidad será realizada realmente. Los principales mecanismos a considerar son la elección racional y las normas sociales (que se analizan más tarde por, según explica el autor, considerarlas de menor importancia).

Desde esta perspectiva las acciones son explicadas por las oportunidades y los deseos; por lo que la gente puede hacer y por lo que desea hacer. Pasa entonces a enseñarnos toda una disección acerca de las posibles relaciones entre oportunidades y deseos: las que están influidas ambos por una causa común, en las que los deseos influyen sobre las oportunidades y en las que las oportunidades influyen sobre los deseos.

En cuanto a la elección racional, que ya hemos señalado como guía de nuestras acciones, Elster no deja lugar a dudas: la elección racional es instrumental, está guiada por el resultado de la acción y a su vez pueden servir como medio más o menos eficiente para otro fin.Cuando se enfrentan varios tipos de acción la gente suele hacer lo que cree que es probable que tenga el mejor resultado general. Aparentemente esto puede parecer lógico y hasta que raya en lo obvio, pero no debe ser así cuando, una vez pronunciada su sentencia-teoría, utilizará el resto del apartado “acciones humanas” para matizarlo, puntuarlo y a veces hasta para contradecirse a sí mismo por lo controvertido de su tesis.Se encuentra aquí ante la enorme tarea de explicar toda esa parte pasional , estúpida, incorregible...irracional de cada ser humano y reinterpretarla en clave racional, que no es poco.

Comenzamos precisamente por cuando fracasa la racionalidad. Para Elster una acción racional es el resultado de tres decisiones óptimas: la primera, debe ser el mejor medio para realizar el deseo de una persona dadas sus creencias; segundo, esas creencias deben ser óptimas dada la prueba de que dispone la persona; y tercero, debe reunir una cantidad óptima de pruebas, ni demasiadas ni muy pocas. Ésta puede fracasar por indeterminación : la indeterminación de la acción dados los deseos y creencias de uno cuando a menudo surgen múltiples óptimos o cuando no hay ninguna opción óptima para las creencias y deseos dados o cuando la gente no puede comparar y clasificar todas las opciones o cuando son todas igual de buenas... En todos estos casos lo que sucede normalmente es que las consideraciones periféricas pasan a primer plano. Otras formas de irracionalidad deben ser tenidas en cuenta como puede ser, aparte de la indeterminación, el que la gente no elija lo que cree que es el mejor medio para realizar sus deseos deliberadamente, cosa que achaca Elster a una especie de falta de voluntad (como cuando quiero dejar de fumar y fumo); sin embargo, si esto sucede por error (oprimir el botón equivocado) no tiene por qué ser irracional.

En el capítulo de miopía y previsión Elster se mete en el engorroso tema de explicar por qué no vivimos en el estado de naturaleza. Esto considerando, claro está, que el autor tiene claro cuál es nuestro estado de naturaleza y por eso deduce que no vivimos en él; lástima que ni siquiera sugirió argumentación alguna sobre esto. Básicamente se enuncia en el capítulo una explicación que servirá a su vez para justificar el altruismo y , en el plano colectivo, la cooperación.

La previsión es para el autor la capacidad para ser motivado por las consecuencias a largo plazo de la acción. Es por esto que el hombre se domina y no desata sus instintos propios del anteriormente citado estado de naturaleza. Siguiendo con el argumento de la elección racional como elección instrumental explicamos, en plano individual ,la previsión por ser le elección que más beneficio nos reporta (estrategia del tipo “un paso atrás, dos pasos hacia delante”) así como el altruismo cuando interaccionamos con otra persona o con una institución . Según esto la sociedad civilizada depende de la posesión de instituciones que hacen que sea del propio interés racional de la gente decir la verdad, cumplir las promesas y ayudar a otros ; cuando hacemos feliz a alguien desinteresadamente es por que nos estamos haciendo felices a nosotros mismos al ver feliz a esa persona. De la misma forma cuando colaboramos lo hacemos siempre en pos de nuestro propio interés y de los beneficios que podemos sacar con esa colaboración.

Es conmovedor ver que tras tanta racionalidad, disección y frialdad de gráficos Elster nos deleita con el capítulo de las emociones, acerca de cuya existencia ya teníamos serias dudas viendo el curso que tomaba el libro.Las emociones , dice, son la materia de la vida. Subjetivamente se las experimenta como dominantes, no elegimos tenerlas pero estamos en su poder. Dejémonos de sentimentalismos y vayamos a la disección. Podemos dividir las emociones en dos tipos emociones núcleo y emociones parasitarias. Las primeras son las que derivan de mis experiencias, no de las de los demás y estás relacionadas con mi presente no con expectativas del futuro ni logros del pasado.Las segundas surgen de la contemplación de ocasiones anteriores, futuras o posibles para las emociones núcleo o de la experiencia de otras personas. De la contrastación de ambas surgen las emociones contrafactuales. Nuevamente éstas se pueden descomponer en efectos de dotación y efectos de contraste . Las uniones se producen dentro del conjunto de emociones núcleo, entre emociones núcleo y parasitarias y dentro de éstas últimas (orgullo y vergüenza, depresión y euforia, esperanza y temor...)

Mención especial tiene la observación de que la cesación de un estado emocional no nos devuelve al plano emocional anterior ( es decir, que las emociones dejan huella para bien o para mal). Sin duda todo está en la mente pero ésta no es un tablero de control con una llave para cada emoción. La creencia de que uno puede tener el poder motivador de las emociones sin su poder distorsionador es en sí mismo una falacia. Las emociones proporcionan un significado y un sentido de dirección a la vida pero también nos impiden ir firmemente en esa dirección.

Para explicar por qué la conducta de la gente se adapta a sus circunstancias se puede sostener que la gente que no se adapta no sobrevive. En este capítulo de selección natural y social, Elster trata de complementar su teoría social con la teoría de selección natural haciendo un pequeño guiño a la sociobiología aunque sin posicionarse a favor. La teoría biológica de la evolución por selección natural se basa en dos mecanismos. Primero requiere un mecanismo que genere variedad: materia prima para la selección. Luego requiere un mecanismo para seleccionar y retener las pocas mutaciones que resultan útiles. Pero esto suele chocar en algunos casos con elementos de lo que podríamos llamar la selección social. Por ejemplo, el hecho de que la selección natural opera en el presente, a diferencia de la elección racional que puede ser guiada por el futuro; o que lo que cuenta en la selección natural es el éxito absoluto y no el relativo, no da lugar a matizaciones. Obviamente el principal obstáculo de la sociobiología es que la gente no se comporta de la manera rígida y estereotipada como lo hacen la mayoría de los animales. No sabemos, dice Elster, qué límites pone la naturaleza humana al grado de calma, altruismo o monogamia que puede ser fomentado por instituciones sociales adecuadas. Tampoco se nos puede escapar de las manos la importancia de la creatividad de los seres humanos y de su capacidad general para solucionar los problemas. Y remata con una frase de concordia: los sociobiólogos no pueden ofrecer una explicación rival sino complementaria.

En el capítulo siguiente Elster sugiere que el mecanismo de refuerzo no tiene mayoras probabilidades de forzar una conducta óptima. La clave está en que el autor distingue el refuerzo de la elección racional de manera que en el primer caso las consecuencias no se buscan deliberadamente. También se apunta que la mayoría de las situaciones sociales tiene demasiada poca regularidad y demasiado ruido para que el refuerzo modele la conducta afinadamente. La principal excepción son los casos en los que los refuerzos se producen dentro de un grupo de gente que vive muy estrechamente unida (padres- hijos, matrimonio).

Pasamos en este punto a la segunda parte del libro, la de la interacción , y comenzamos con las consecuencias no intencionales. Las cosas no siempre resultan como esperamos y muchos acontecimientos se producen sin ninguna intención. Por una parte está la idea de las acciones individuales que interfieren unas con otras produciendo un resultado no intencional y por otra está la idea- que se amplía en el siguiente capítulo- del ajuste mutuo entre planes individuales que permite que todos se realicen sin distorsión. Dentro del primer grupo tenemos dos tipos de resultados no intencionales: los positivos y los negativos, es decir, la “contrafinalidad” y la “mano invisible” de los que se discuten varios ejemplos en los que la tónica es qué hago yo en relación a qué van a hacer los demás o lo que espero yo que vayan a hacer, siempre de acuerdo con mi propio beneficio.

El capítulo del equilibrio guarda bastante relación con el problema mencionado anteriormente acerca de si vivimos en un estado de naturaleza, más bien del hecho de por qué no vivimos en ese estado y a qué se debe este orden aparente de nuestras sociedades. Bien, cada problema puede resolverse de dos maneras. Por una parte la coordinación y la cooperación pueden surgir mediante la acción descentralizada y no forzada. Por otra parte pueden ser impuestas centralmente por instituciones sociales respaldadas por la fuerza. La distinción, no obstante, es menos nítida de lo que podría parecer. El desastroso legado del enfoque biológico de la sociedad es la suposición de que las sociedades son estables. Según esta visión todo desvío del equilibrio pone en movimiento fuerzas que lo restablecen, que lo devuelven a la normalidad. Pero las sociedades no son como organismos, no hay ningún motivo para considerarlas tan magníficamente diseñadas que todo desvío del equilibrio se cancele automáticamente.

A diferencia de la acción racional, las normas sociales no están orientadas hacia los resultados. El autor pone sobre la mesa en este capítulo la pregunta de si las normas sociales sirven a un propósito ulterior y si lo hay ¿debiéramos concluir que existen porque sirven a ese propósito? Algunas normas sociales son una especie de convenciones sin un sentido utilitario aparente, otras adoptan la forma de códigos de honor, otras indican a la gente que coopere en situaciones del tipo del Dilema del Prisionero... Pero ¿cómo las relacionamos con el propio interés, que al fin y al cabo es por lo que aboga el libro? Algunos sostienen que las normas son herramientas de manipulación y se las emplea para cubrir el propio interés con un aspecto más aceptable. Esto puede ser válido para algunos casos pero para otros como el de la venganza entendida como norma social no, ya que obviamente superan el propio interés. En estos casos Elster apunta a la interiorización de esas reglas de tal manera que no necesiten siquiera de la amenaza de un castigo o una recompensa para ser cumplidas ( la vergüenza o la previsión de vergüenza suele ser una sanción interna suficiente).También influye el miedo a la desaprobación del resto, pero parece en todos estos casos que al autor le cuesta reconocer esa parte de irracionalidad de las normas y las reglas que tanto choca con toda su argumentación instrumentalista y teleológica, diría yo, que busca por todos los medios apoyarse en un fin racional. Fin que no encuentra en la mayoría de sus explicaciones acerca de las normas sociales sencillamente porque no se rigen por esos principios que él apunta. La racionalidad puede ser parte del principio explicativo de nuestra conducta pero evidentemente no todo, de tal manera que Elster deja muchos frentes descubiertos y cabos sin atar como bien queda reflejado en su sincera conclusión de este capítulo : “Lamentablemente no puedo proponer ninguna otra explicación de las normas. En mi opinión las normas son el resultado de propensiones psicológicas a cerca de las cuales sabemos poco” .

En el siguiente capítulo volvemos a temas más manejables para el autor, los que se pueden medir, cuantificar y ejemplificar con gráficos. En los casos en que la cooperación universal no tiene sentido debe haber también un mecanismo para decidir a quién se le debe permitir la ventaja. Cada problema puede resolverse de manera descentralizada o centralizada. El mecanismo descentralizado que es el tema de este capítulo es la negociación. Los problemas de negociación pueden presentarse en multitud de variantes, desde los que atañen a dos personas hasta los que involucran a varios países. Hay que tener en cuenta que negociar entre más de dos personas es cualitativamente diferente a negociar entre dos porque permite la formación de coaliciones y aunque no se forme ninguna, la mera posibilidad puede modelar el resultado de la negociación.

Las instituciones sociales que se analizan en el capítulo 15 son, por contraposición, los mecanismos centralizados de negociación. Impiden que la sociedad se desmorone siempre que haya algo que impida que se desmoronen las instituciones. Suelen presentar dos caras: actúan, eligen y deciden como si fuera un mandamiento individual pero también son creadas y están compuestos por individuos. Pueden ser privadas o públicas según la naturaleza de las sanciones. Las primeras incluyen firmas, gremios, organizaciones religiosas y universidades y la principal sanción de que disponen es la expulsión del grupo. Para lograr que la gente ingrese ofrecen una serie de beneficios de signo variado. Las públicas apoyan sus sanciones en el sistema de imposición de la ley e incluyen subsidios, impuestos, multas y encarcelamientos.

Modificar la conducta mediante el uso de la fuerza es el aspecto más notable de las instituciones. Esa fuerza varía dependiendo del tipo de institución que se trate y puede ir desde un reproche por escrito hasta la pena de muerte en el caso de algunos Estados. La inducción por su parte funciona haciendo menos costosa una conducta deseada. Algunas instituciones son establecidas para permitir que la gente haga ciertas cosas en lugar de disuadirlas o inducirlas, simplemente les da credibilidad y respeto (matrimonio, contrato vinculante). Finalmente las instituciones pueden afectar la conducta al alterar el contexto de negociación para los individuos. Cuando las instituciones afectan el bienestar de las personas pueden mejorar las condiciones de todos, pueden mejorar las condiciones de algunos a expensas de otros o hacer que todos estén peor. Claro está que cada uno de estas posibilidades se explica de manera pormenorizada con gráficos, variables y multitud de ejemplos.

En el siguiente capítulo el autor pone de manifiesto la opinión anteriormente mencionada de que las sociedades son dinámicas y por lo tanto cambian. Este cambio social nunca es puntual, más bien es algo lento y progresivo y sus efectos se pueden ver mejor a medida que nos distanciamos de él. Señala que estos cambios pueden ser positivos o regresivos y basa sus argumentaciones en un recorrido interpretativo por la historia universal de la mano de pensadores como Marx o Toqueville.

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Como ya ha quedado patente en el resumen del libro, creo que la opinión que argumenta este señor es claramente insuficiente y en consecuencia así lo es su análisis a lo largo del libro. La teoría racionalista ofrece una serie de respuestas a determinados ámbitos de la realidad que se adecuan bastante bien a ella y nos son muy útiles para tratar de encontrar respuestas a determinadas preguntas. De hecho los capítulos del libro que se relacionan con estos ámbitos son coherentes, profundos y bien estructurados como puede ser el de la negociación. Sin embargo otros temas está presentados de una manera bastante incompleta y con argumentos forzados, con multitud de notas al margen y excepciones. Coinciden éstos normalmente con capítulos como los de las normas sociales en los que hace falta algo más que una teoría racionalista para contentar nuestro ansia de respuestas. Hay realidades más complejas que no se ciñen a la teoría de la acción racional y que no se pueden explicar en base al costo-beneficio de su ejecución.

Por centrarnos en una de las muchas ligerezas argumentativas que tiene el libro, la de la acción racional me ha parecido estupenda. Elster propone que una acción racional es el resultado de tres decisiones óptimas: la primera, debe ser el mejor medio para realizar el deseo de una persona dadas sus creencias; segundo, esas creencias deben ser óptimas dada la prueba de que dispone la persona; y tercero, debe reunir una cantidad óptima de pruebas, ni demasiadas ni muy pocas.

Bien, parece algo razonable a primera vista pero ahora pensemos en alguna de esas creencias a las que hace mención el autor, como por ejemplo la creencia en un dios cualquiera. Pongamos por caso que un palestino ha tomado la decisión de inmolarse. Primer paso: ¿Es el mejor medio para realizar su deseo dadas sus creencias? Parece que sí, aunque se trata de un caso extremo, su fin es aterrorizar a un puñado de israelíes y además está en perfecta consonancia con sus creencias ya que Alá le promete un paraíso alentador después de la masacre. Segundo paso: ¿Son óptimas esas creencias dada la prueba de que dispone nuestro palestino en cuestión? Pues... eso ya es algo bastante más subjetivo.Obviamente para el palestino se dan las pruebas suficientes : la fe y algún que otro milagrillo de la virgen de Lourdes que podamos extrapolar al caso musulmán. Sin embargo para mi o para otra persona pueden no ser pruebas suficientes. Pero no nos preocupemos por que para eso viene el último paso, el definitivo; ¿Ha reunido el palestino una cantidad óptima de pruebas, ni demasiadas ni muy pocas? ¡Esto ya lo aclara todo! Pero... un momento, ¿cuántos milagros de Lourdes se consideran óptimos para creer en Jesús? ¿cuántos paraísos prometidos para creer en Alá? ¿qué significan exactamente “ni demasiadas ni muy pocas”?

Puede parecer que a través de este ejemplo hemos llegado al más completo de los absurdos y la respuesta es que sí y la razón es que hemos seguido desde el principio un sistema absurdo que constriñe cualquier tipo de acción humana a la lógica,

bastante limitada, de la acción racional . Una acción racional que existe en la realidad, que Elster no se inventa , pero que no sirve de nada si no tenemos en cuenta esa parte irracional que caracteriza a todo ser humano, que no se puede reducir a diagramas y teorías de juegos. Y sobre todo, no sirve de nada si no tenemos en cuenta , y este libro parece un buen ejemplo de ello, la importancia de las normas sociales en nuestra conducta y que en buena medida nos darían una respuesta más aproximada de por qué se ha inmolado nuestro palestino.