Tú me quieres blanca; Alfonsina Storni

Literatura universal contemporánea. Siglo XIX. Poetas argentinos. Vanguardias literarias. Temas románticos. El dulce daño. Lenguaje. Estilo. Metáforas. Protesta feminista

  • Enviado por: Maria Pallarol Collados
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 4 páginas

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Tú Me Quieres Blanca

Alfonsina Storni

El poema de Alfonsina Storni propuesto para el comentario es “Tú me quieres blanca”, incluido en el libro de poemas El dulce daño (1918). Se trata de uno de los poemas de acento más personal en el que se distinguen las constantes más frecuentes de su poesía: la protesta femenina ante las pretensiones de la incomprensión masculina, siempre acompañada de su corrosiva carga irónica y empleando un lenguaje preciso y tajante.

Alfonsina Storni ubicada dentro del movimiento postmodernista, perteneció a la nueva oleada de mujeres escritoras que, influenciadas por la poesía de sor Juana Inés de la Cruz, reivindicaban el papel de la mujer como sujeto pensante a la vez que emocional. Disfrutó de la amistad de destacados intelectuales como el filósofo argentino José Ingenieros, las poetisas Gabriela Mistral y Juana Ibarbourou, y el escritor uruguayo Horacio Quiroga, con quien compartió un entrañable afecto.

En su poesía laten el amor dolido y el drama de la mujer en desigual relación con el hombre recurriendo, a su vez, a temas como la naturaleza y la muerte. Sin embargo, su obra a juicio de los estudiosos aun merece indagación mayor. Entre sus obras más destacadas figuran: La inquietud del rosal (1916), Irremediablemente( 1919), Languidez (1920) y Ocre (1925).

En “Tú me quieres Blanca”, se pasa de una prolija enumeración de pretensiones masculinas a una enumeración de culpas masculinas, en un crescendo indignado que estalla al final apostrofando con violencia al que considera el primer y único culpable: el hombre.

El poema consta de 59 versos hexasílabos con rima asonante. La asonancia resulta irregular a lo largo del poema habiendo un claro predominio por la vocal a. De este modo, del verso 1 al 15 la asonancia es producida por la vocal a tanto en los versos pares como en los impares. Del verso 16 al 24 la rima asonante se produce por la alternancia de la vocal o en los pares y la vocal e en los impares. Seguidamente, del verso 25 al 30 la vocal o se halla tanto en los versos pares como en los impares. Del verso 31 al 36 la asonancia es alternada por la vocal a en los versos pares y la e en los impares. A partir del verso 37 hasta el último verso la rima asonántica está compuesta por la vocal a en los versos impares y la alternancia de o, e, y a en los pares. Presenta una gran regularidad métrica, lograda gracias al uso frecuente de la sinalefa.

Todo el poema resulta ser una apóstrofe apelativa repleta de enumeraciones. Así, los 59 versos hexasílabos que componen el poema podrían ser divisibles en cuatro partes:

La primera parte, comprendida del verso primero al 14, está compuesta por un seguido de anáforas y paralelismos: “tú me quieres alba...”, “tú me quieres blanca...”, “tú me quieres casta...”, que recalcan la pretensión final del hombre: la búsqueda de la virginidad primigenia de la mujer. Esta interpretación se extrae gracias a las numerosas metonimias y metáforas empleadas. Así, utiliza los términos: blanca, nívea, casta, alba, nácar y azucena, substitutos del concepto de virginidad y que aparecerán a lo largo de todo el poema aportándole una intensa carga contradictoria. Pero además, hace uso de la metáfora con la que llega a identificar la virginidad con un acto casi de clausura: “de perfume tenue”, “corola cerrada”, “ni un rayo de luna filtrado me haya”, “ni una margarita se diga mi hermana”.

La segunda parte se inicia en el verso número 15 y finaliza en el 35. Se trata de un conjunto de acusaciones vinculadas al vicio y los excesos del hombre. A su vez, resulta ser también una extensa antítesis de las pretensiones expresadas en la primera parte del poema. De nuevo hace uso de la anáfora, pero aquí actúa como un detonante acusador: Tú que hubiste todas las copas a mano...”, “Tú que en el banquete cubierto de pámpanos...”, “Tú que en los jardines negros del engaño...”. Utiliza los recursos de la aliteración y la metonimia para recrear este clima de excesos y corrupción. En los cuatro primeros versos utiliza vocablos que contienen una m: manos, mieles, morados, así aludiendo a intensos placeres; placeres que remata con la inclusión de la figura hedónica del dios grecolatino Baco. Hace un segundo uso de la metonimia al identificar los colores negro y rojo con el engaño y la pasión respectivamente:

Tú que en los jardines

negros del engaño

vestido de rojo

corriste al estrago.

Así, nos expresa de un modo metafórico como este hombre prometiendo sentimientos disfrazados por la pasión (vestido de rojo), enlaza engaño tras engaño provocando incurables daños a su alrededor. Cabe destacar también la fuerte antítesis que provocan ambos colores ante el color blanco, el cual tiñe la primera parte del poema. Finalmente, tras la repetición de dos versos idénticos (“Dios te lo perdone”) concluye esta segunda parte con el verso: “me pretendes alba!, cuya marca de exclamación expresa la osadía de la que peca el acusado.

En la tercera parte (vv. 36-49) hace referencia a la purificación de esta alma masculina corrompida. El uso del imperativo no solamente resultar ser crucial en esta parte del poema, sino en todo él. Este tiempo verbal rebela la verdadera intención de la autora. Es decir, dado el grado de deterioro espiritual y moral que padece dicho hombre, es ella, la única, la que puede exigir, la que puede imperar. Utiliza el recurso de la sinestesia (tacto y gusto), que está vinculada a las partes del cuerpo anteriormente corrompidas:

Huye hacia los bosques,

vete a la montaña;

Límpiate la boca;

vive en las cabañas,

toca con las manos

la tierra mojada;

alimenta el cuerpo

con raíz amarga

bebe de las rocas;

duerme sobre escarcha;

renueva tus tejidos

con salitre y agua;

habla con los pájaros

y lévate al alba.

De este modo, la autora identifica la purificación del alma con la fusión de dichas partes del cuerpo y los diferentes elementos de la naturaleza citados.

En la cuarta y última parte (vv. 50-59) la autora concluye el poema citando la futura concesión a las pretensiones del hombre. Eso sí, una vez que éste se haya sometido a la cura espiritual que procesa en la anterior parte. No obstante, es muy probable que esta concesión venga dada en clave irónica. Esta concesión está remarcada por la anáfora:“Y cuando las carnes te sean tornadas...”, “y cuando hayas puesto en ellas el alma”. Finalmente remata el poema con tres paralelismos que remiten a la primera parte del poema:

preténdeme blanca,

preténdeme nívea,

preténdeme casta.

Este poema es un canto a la libertad de la mujer ya sea en el ámbito sexual, en el emocional como en el intelectual. Rompe totalmente con el tabú de la virginidad femenina y saca a la superficie la doble moralidad tan extendida sobre los hombres, según la cual exigían a las mujeres unos comportamientos en los cuales ellos mismos no creían.

Material consultado

· Bibliografía

C. Nalé Roxlo y M. Mármol, Genio y figura de Alfonsina Storni (1966). Ed. universitaria de Bueno Aires

Enciclopedia Temática Planeta, Literatura universal

· Páginas web

www.bohemia.cubaweb.cu/2004/sep01/sumarios/especiales/articulo1.html

www.cervantes.es