Tristana; Benito Pérez Galdós

Literatura española. Siglo XIX. Narrativa. Realismo. Novela realista. Situación social. Análisis de la sociedad. Huérfanos. Amor. Argumento. Personajes. Vida y Obra. Tiempo y Espacio

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Introducción

Benito Pérez Galdós, Tristana, Madrid, Alianza Editorial, decimoquinta reimpresión: 2004

El autor y su obra

Tristana es una de las muchas novelas realistas del siglo XIX escritas por Benito Pérez Galdós. Este autor, nacido en 1843 se estableció diecinueve años después en Madrid. Formó parte de la redacción de La Nación, donde publicó la primera versión española de los Pickwick Papers, de Dickens. Éste y Balzac (cuya obra conoció en su primer viaje a París, en 1876) fueron sus guías en el campo de la novela. Galdós fue el escritor más destacado y prolífico del realismo español: 86 volúmenes narrativos, 22 obras teatrales y otras 14 sobre materias diversas.

A la luz de la situación creada por la Revolución del 68 escribió su primera novela, La Fontana de Oro (1876-1868), reconstrucción del ambiente político madrileño durante el período liberal de 1820-1823.

Fusión de lo histórico y de lo novelesco, simbolismo de la acción y de los personajes e identificación del autor con las posiciones de una clase media laica y liberal son rasgos característicos de su primera etapa. Ésta comprende la novela histórica El audaz (1871), varias novelas de tesis, en torno a la intransigencia religiosa (Doña Perfecta, 1876; Gloria, 1877; La familia de León Roch, 1878), y dos series de Episodios Nacionales (20 volúmenes, 1873-1879): la primera, centrada en la guerra de la Independencia, viene a expresar un impulso nacional común; la segunda, sobre las primeras guerras carlistas, apunta a la radical escisión entre las dos Españas, la progresista y la conservadora. Con La desheredada (1881) inició la serie de “novelas contemporáneas”. Al modo de Balzac ofrecen un vasto y bien trabajado panorama de la sociedad madrileña, localizado con preferencia en la clase media. El amigo Manso (1882) y El doctor Centeno, Tormento, Lo prohibido y La de Bringos, todas ellas de 1884, coinciden con las producciones de la llamada generación naturalista. Por el ensanchamiento del espacio novelesco a las clases media y baja y la autenticidad en el tratamiento de lo erótico, Fortunata y Jacinta (4 volúmenes, 1886-1887) representa una cima de la narrativa española. Miau (1888) plantea el tema del hombre acosado y destruido por la sociedad, en torno a la figura del cesante. La incógnita (1888-1889) y Realidad (1889) ofrecen idéntico asunto -adulterio y suicidio del amante-, narrado con técnicas distintas, epistolar y dialogada respectivamente. El mismo año 1889 aparecía Torquemada en la hoguera, novela corta de concentrado dramático humorismo, primera de la serie sobre el tipo del prestamista. Torquemada en la cruz, Torquemada en el purgatorio y Torquemada y San Pedro inician junto con Ángel Guerra la etapa espiritualista de Galdós, influida por la novelística rusa y la crisis ideológica de fines de siglo.

Reanudó la publicación de los Episodios Nacionales (3 series, 1898-1912), que abarcan desde la minoría de Isabel II hasta los comienzos de la Restauración. Su evolución hacia un republicanismo socializante y el deseo de trascender (más que reflejar) la realidad social española le impulsaron hacia el teatro, a través de novelas dialogadas como El abuelo (1897) y Casandra (1905), provistas de sendos prólogos teóricos. Centrado como el de Visen en vigorosos y simbólicos personajes, su teatro es vehículo de sus ideas sobre la libertad y el progreso: obras como La de San Quintín (1892) o Electra (1901) lo enfrentaron con los medios conservadores y eclesiásticos, que obstaculizaron reiteradamente su candidatura al premio Nóbel.

Benito Pérez Galdós murió en 1920.

Comentario de la obra

Resumen del argumento

Tristana es una novela realista que comienza con la descripción de uno de sus principales personajes, don Juan López Garrido, llamado coloquialmente don Lope Garrido o don Lepe Garrido, de una forma más cómica. Este hombre, que presumía de practicar la caballerosidad o caballería, ayudó a su amigo de la infancia y compañero de caballerías don Antonio de Reluz, que tras casarse abandonó esta empresa y se dedicó a negociar con el dinero de su esposa, una joven distinguidísima. Tras varios éxitos Reluz fracasa y se arruina en sus negocios, lo que hace que el corazón del buen don Lope se estremezca y le ayude a superar su ruina dándole su dinero y vendiendo sus bienes. Cuando don Antonio de Reluz sale de la cárcel en una semana muere y deja a una viuda desquiciada y a una niña, llamada Tristana.

Cuando Josefina, mujer de Reluz muere, le encomienda a Garrido a Tristana, la cual acompañada de su fiel amiga y criada Saturna tiene que sufrir la dictadura amorosa de éste, ya que para él en los casos de amor no había reglas.

Gracias a la compañía de Saturna, con la que paseaba alegremente por Cuatro Caminos, por el Partidor, por el Canalillo o por las alturas que dominan el Hipódromo entre semana y por el Hospicio en domingo, donde Saturna iba a visitar a su hijo Saturno, la vida de Tristana era amena. Con ella compartía sus deseos de independencia y superación. Tristana, que no quería casarse ni depender de un hombre para mantenerse, escuchaba los consejos que su querida amiga le daba.

Un día, mientras visitaban a Saturno, Tristana se queda prendada de la mirada de un hombre, y viceversa, y tras varios encuentros entre ellos crece la amistad y el amor.

Tristana, esquivando a su tío y desobedeciendo las órdenes sale al encuentro de su amor diariamente. Éste, cuyo nombre es Horacio, pinta y tiene un estudio que sirve para almacén de su obra y para sus citas con Tristana, y donde vive con su tía Trinidad. Don Lope, que tiene mucha experiencia en asuntos amorosos se da cuenta de que su Tristana pierde la cabeza por un hombre, pero no opone mucha resistencia ya que para él las promesas de los jóvenes y sus ensoñaciones no tienen futuro.

Tristemente doña Trini, tía de Horacio, contrae una enfermedad y envejece con rapidez en Madrid, lo que obliga al enamorado a trasladarse con ella a Villajoyosa, con la promesa hecha a Tristana de que su amor continuaría mediante cartas. Pasa el tiempo y las aspiraciones de Tristana empiezan a florecer, lee libros y aprende inglés, lo que contribuye al aumento su felicidad. Con el paso del tiempo y la llegada y envío de cartas la joven va idealizando a su amor, tanto que lo considera como su Dios, cosa que produce miedo a Horacio.

Don Lope contrae reuma, y ella es contagiada en una pierna, que tras varias jornadas de intenso dolor, llega al límite en el que hay que poner una solución: o se amputa la pierna o su vida acabaría pronto. Finalmente se opera la pierna y Tristana muy triste y sintiéndose desgraciada comienza de nuevo su vida, dando clases de órgano y practicando pintura como su amado. Don Lope permite que Horacio visite a la joven, pero entre ellos ya no está encendida la llama de su amor, por la gran idealización que ella le había hecho. Finalmente Horacio se casa con otra mujer y Tristana con don Lope, por exigencia de las tías de éste para darle dinero. El libro acaba con el aprendizaje culinario de la chica, que cada día tenía curiosidad por un nuevo arte, y con la felicidad de don Lope, que por fin consigue que Tristana esté subordinada a él hasta el día de su muerte.

Temas y subtemas

Tema principal

El tema principal de Tristana es la represión de la mujer en el siglo XIX, el papel que jugaba. Esto se refleja en las aspiraciones que la protagonista tiene y a las que, debido a su condición de mujer, no puede llegar. Esto se refleja en el capítulo 5 del libro en el que Tristana y su criada mantienen una conversación y la joven le revela sus deseos de independencia. Saturna le contesta que “libertad, tiene razón la señorita; libertad, aunque esta palabra no suena bien en boca de mujeres. ¿Sabe la señorita cómo llaman a las que sacan los pies del plato? Pues las llaman, por buen nombre, libres. De consiguiente, si ha de haber un poco de reputación, es preciso que haya dos pocos de esclavitud. Si tuviéramos oficios y carreras las mujeres, como lo tienen esos bergantes de hombres, anda con Dios. Pero, fíjese, sólo tres carreras pueden seguir las que visten faldas: o casarse, que carrera es, o el teatro..., vamos, ser cómica, que es buen modo de vivir, o... no quiero nombrar lo otro. Figúreselo” (Páginas 61 y 62). Pero estas palabras no desaniman a la muchacha, que como mujer firme se rebela contra su posición social y se instruye, aunque finalmente por su enfermedad no puede vivir independientemente, lo que hace que esta novela acabe de una forma triste. Tristana reconoce que es muy difícil para una mujer ser libre y honrada. Ésa, sin embargo, no era la forma de pensar de la España del siglo XIX. Mary Nash expone que “La sociedad española se fundamentó entonces en un poder represivo que delimitaba de forma clara los confines de actuación de la mujer. Este poder jerarquizado de géneros se basó en mecanismos de control social formal que regulaban, mediante un cuerpo legislativo, la discriminación legal y la subordinación social de las españolas”. Este tema también se refleja en obras como Pepita Jiménez, Doña Perfecta, Doña Luz, Juanita la Larga, Marianela, La Regenta, etc. Para los hombres de la época la mujer tenía el papel de ama de casa, de buena esposa, “el ángel del hogar”, porque esa era su naturaleza.

El 26 de febrero de 1889 Pompeyo Gener publica en La Vanguardia: “En sí misma, la mujer no es, como el hombre, un ser completo; es sólo el instrumento de la reproducción, la destinada a perpetuar la especie; mientras que el hombre es el encargado de hacerla progresar, el generador de la inteligencia, a la vez creador y demiurgos del mundo social”. La mujer tiene éxito (éxito entendido como aceptación y respetabilidad) siempre que se mantenga dentro de los cánones establecidos: la casa, la familia y la iglesia. Es un orden que no debía ser alterado.

El libro de Tristana no fue aceptado por Emilia Pardo Bazán ya que veía que la línea de acción deseable desde el punto de vista feminista no era creíble para la España de la época, puesto que las condiciones no estaban dadas para ello y las novelas realistas lo que pretenden es reflejar la realidad del momento lo más cercana posible.

Los espacios estaban delimitados: los interiores correspondían a la mujer, los públicos al hombre. Una mujer en el ámbito público estaba expuesta a cualquier vejación y en el caso de conseguir trabajo su salario era casi la mitad, o menos que el del hombre. Aunque en política había un gobierno liberal no había justicia para la mujer.

La Iglesia católica fue la mayor portavoz del prototipo de mujer de perfecta casada, reina del hogar, piadosa, buena madre y buena esposa. El acceso de la mujer al sistema educativo no buscaba alterar la función social de la misma; buscaba fundamentalmente alfabetizarla y adiestrarla en algunos quehaceres domésticos para el mejor funcionamiento del hogar y de la familia. Su educación, en caso de haberla, debía ir orientada a su misión en la vida. Pero no sólo la Iglesia apoyaba esta discriminación. Más escritos, como el ya citado de Pompeyo Goyer o las palabras de Rosseau en su obra El Emilio impactan a muchas mujeres actuales, que no conciben cómo una persona, por el mero hecho de ser mujer, sea tratada como objeto. Rosseau expone que la mujer sirve para "dar placer [a los hombres], serles útiles, hacerse amar y honrar por ellos, criarlos de jóvenes, cuidarlos de mayores, aconsejarlos, consolarlos, hacerles agradable y dulce la vida, esos son los deberes de las mujeres en todos los tiempos, y lo que se les ha de enseñar desde la infancia".

Ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX comienza a considerarse que, aunque la misión de la mujer es cuidar de los hijos y el marido, la educación e instrucción puede prepararla para cumplir mejor la tarea de formar nuevos ciudadanos y constituir un apoyo adecuado para maridos modernos. Mientras en España en periódicos y revistas se polemiza sobre la capacidad de las mujeres para adquirir conocimientos que puedan capacitarla para ejercer una profesión y sobre la conveniencia o no de que los adquiera, llegan noticias de otros países donde algunas mujeres comienzan a conseguir el grado de bachiller e, incluso, acceden a la Universidad.

Subtemas

El amor en el siglo XIX es uno de los subtemas reflejado en la obra. En ella se ve cómo los enamorados viven en otro mundo, el suyo propio, y la manera de ver las cosas a través de unos ojos enamorados. El tema del amor entre Tristana y Horacio comienza en el capítulo 7 cuando se ven, y a primera vista se enamoran. Después de esto se comunican a través de cartas, cuya intermediaria es Saturna, y finalmente quedan. Con el paso del tiempo los espacios donde se ven los enamorados cambian, acabando en el estudio de Horacio. El amor entre Tristana y Horacio es tan desmesurado que temen siempre el uno perder al otro. Horacio, asustado ante la necesidad de independencia de Tristana, prefiere no pensar que ésta no se casará con él y que con el tiempo asentará la cabeza. Todo es posible para el enamorado. Más tarde, cuando el joven tiene que partir a Villajoyosa, se comunican mediante correspondencia, y el amor es tal, que la muchacha acaba idealizando a su amado. Éste se da cuenta y se teme lo peor, y en efecto cuando vuelve tras mucho tiempo de ausencia el amor entre ellos ya no existe, la llama que les mantenía unidos se había apagado. Aunque Tristana se decepciona bastante sigue viendo en Horacio a otra persona.

El amor también se refleja en todo el libro en la actitud de don Lope, quien actúa como dueño de Tristana. Como el buen caballero no tiene reglas en asuntos de amor toma a la joven como posesión suya hasta que, al final de la obra, viendo que era imposible otro tipo de amor, acoge el amor de padre, mimándola y dándole todos los cuidados que la niña necesita en su enfermedad y tras ella. Don Lope se arrepiente al final de la obra de no haber desarrollado más el intelecto de Tristana porque se da cuenta de que la niña tiene aptitudes para cualquier tipo de estudio.

El amor se ve en el que Tristana y Saturna, como amigas, se tienen. Entre ellas hablan de sus intimidades, se cuentan sus secretos y resuelven sus dudas. Finalmente este tema también es expresado en el amor de Horacio con su tía. Éste es capaz de dejar su amor en Madrid para mudarse a Villajoyosa para que su tía se cure.

Otro subtema que la obra destaca es el paso del tiempo. Benito Pérez Galdós enseña que el tiempo pasa muy deprisa, y que hay que aprovecharlo, porque después cuando se es anciano uno se arrepiente de las cosas que le quedan por hacer. Esto se ve en los últimos capítulos, cuando don Lope se hace viejo y achacoso y se arrepiente de no haberle dado a Tristana la formación que debería. Por ello la pide perdón e intenta remediarlo contratando a un profesor de órgano y comprándola artículos especializados en pintura. También trata de cómo en poco tiempo puede cambiarte la vida, y los sueños y aspiraciones que se tenían se pueden ver truncados por una enfermedad, como el reuma de Tristana, aunque no por ello hay que perder la esperanza, como se ve cuando en los peores momentos aún tenía restos de ella. Siempre se pueden perder las ganas y la ilusión, pero la esperanza será lo último.

Estructura

Planteamiento

El planteamiento de la obra acaba en el capítulo 10, que es cuando se ha producido el encuentro amoroso entre Tristana y Horacio. Dentro de este planteamiento se encuentra el tema de la situación de la mujer en el siglo XIX, ya que es cuando Tristana le confiesa sus deseos de independencia a su criada. En él se describe la personalidad de don Lope, buen caballero pero sin respetar las reglas del amor. Se cuenta el por qué la joven vive con el caballero, del que nadie conocía su parentesco. Se describen los lugares por los que la muchacha y Saturna pasean entre semana y los domingos, y cómo allí se enamoró a primera vista de Horacio y éste, cuando ya había entablado amistad con la chica, le cuenta su desafortunada vida anterior con su abuelo.

En esta parte del libro también se refleja el subtema del amor, ya que describe cómo don Lope ama a Tristana de manera ya obsesiva, y cómo los jóvenes poco a poco aumentan su amor, de lo que don Lope se da cuenta. El paso del tiempo casi no se refleja ya que es más una descripción para situarse.

Nudo

El nudo de la obra está situado desde el capítulo 11 hasta el capítulo 22, que comienza con la tía de Horacio, doña Trini, que enferma y necesita cambiar de aires y mudarse a Villajoyosa, donde está la antigua casa familiar. A partir de aquí Tristana y su amado se comunicarán a través de cartas, donde se refleja el poder de idealización del amor. Poco a poco Tristana va olvidando el físico de su amado y lo transforma a su parecer, viendo en él a un Dios. En el nudo también se ven los progresos que Tristana como mujer va haciendo intelectualmente. Comienza a leer libros y a impartir clases de inglés, lo que la hace sentir realizada y demostrar que una mujer puede vivir de manera independiente. Aspira a ser actriz pero finalmente, por su estado de salud, no puede realizarlo. Todo esto la joven se lo cuenta a su enamorado en la correspondencia.

De repente Tristana enferma, y con un dolor incesante en la rodilla a causa del reuma, se siente incapaz casi de escribir a su amado, aunque no desiste. Incluso en sus peores momentos sigue con su afán de superación y pensando que todo pasará.

En el nudo se refleja el tema del paso del tiempo, cómo don Lope va envejeciendo y contrayendo una enfermedad, arrepintiéndose, al ver a su pequeña enferma, de no haber ejercitado más su mente. Éste llega a ser tan compasivo con la muchacha que la permite y la ayuda a mandar sus cartas a Horacio.

Desenlace

En el desenlace se observa el paso del tiempo también, y cómo don Lope está ya en las últimas. La solución a la enfermedad de Tristana es amputarle la pierna y la operación se realiza con éxito. Don Lope, enternecido por su amor de padre, permite a Horacio visitar a Tristana y los dos decepcionados, se dan cuenta de que su amor terminó hace tiempo. Horacio finalmente se casa y don Lope tiene que pedir ayuda a sus tías, las que le obligan a casarse con la niña para que a su muerte ella herede lo que le corresponde. El desenlace comienza en el capítulo 23 hasta el final, y muestra de nuevo el tema de la mujer en el siglo XIX (Tristana cultiva su mente con clases de órgano, pintura y cocina) y el amor, que entre Horacio y ella está terminado. Don Lope empieza a amar a la chica como un padre.

El libro también consta de una introducción escrita por Ricardo Gullón.

Análisis de los personajes

Personajes principales

Los personajes principales son don Lope y Tristana.

-Don Lope: de “cara enjuta, de líneas firmes y nobles [...] espigada tiesura del cuerpo, con la nariz de caballete, con su despejada frente y sus ojos vivísimos, con el mostacho entrecano y la perilla corta, tiesa y provocativa [...]. Vestía con toda pulcritud y esmero que su corta hacienda le permitía, siempre de chistera bien planchada, buena capa en invierno, en todo tiempo guantes oscuros, elegante bastón en verano y trajes más propios de la edad verde que de la madura”. Así describe Benito Pérez Galdós físicamente a don Lope, protagonista de la obra junto a Tristana, en el capítulo 1 en la página 38.

Psíquicamente era buena persona, y presumía de sus acciones caballerescas. A pesar de esto, don Lope no encontraba regla alguna en asuntos de amor y esto hizo que intentara conquistar a la viuda de su amigo Antonio de Reluz y que en sus tiempos de joven tuviera idilios amorosos con numerosas mujeres, y matara a todo enemigo que por delante de él se cruzara. En su casa sus aires de superioridad por ser el amo son característicos. Fuera de casa don Lope “era todo afabilidad y cortesía” (página 39). Don Lope era un personaje posesivo capaz de creerse el dueño de una persona como Tristana. En la obra se refleja cómo don Lope es una persona que reconoce sus errores y se arrepiente de ellos, como es el no haber cultivado más a fondo la mente de Tristana.

-Tristana: fraternal compañera de su criada Saturna, era “joven, bonitilla, esbelta, de una blancura casi inverosímil de puro alabastrina; las mejillas sin color, los negros ojos más notables por lo vivarachos y luminosos que por lo grandes, las cejas increíbles, como indicadas en arco con la punta de finísimo pincel; pequeñuela y roja la boquirrita, de labios un tanto gruesos, orondos, reventando de sangre, cual si contuvieran toda la que en el rostro faltaba; los dientes, menudos, pedacitos de cuajado cristal; castaño el cabello y no muy copioso, brillante como torzales de seda y recogido con gracioso revoltijo en la coronilla. Pero lo más característico en tan singular criatura era que parecía toda ella un puro armiño y el espíritu de la pulcritud, pues ni aun rebajándose a las más groseras faenas domésticas se manchaba. Sus manos, de una forma perfecta -¡qué manos!-, tenían misteriosa virtud, como su cuerpo y ropa, para poder decir a las capas inferiores del mundo físico: la vostra miseria non mi tange. Llevaba en toda su persona la impresión de un aseo intrínseco, elemental, superior y anterior a cualquier contacto de cosa desaseada o impura. De trapillo, zorro en mano, el polvo y la basura la respetaban; y cuando se acicalaba y se ponía su bata morada con rosetones blancos, el moño arribita, traspasado con horquillas de dorada cabeza, resultaba una fiel imagen de dama japonesa de alto copete.[...] De papel nítido era su rostro blanco mate, de papel su vestido, de papel sus finísimas, torneadas, incomparables manos”(página 40). Así describe Benito Pérez Galdós físicamente a Tristana en su obra, una detallada y clara descripción que la hace más fácilmente imaginable.

Tristana era una chica sencilla, ilusionada por la vida, y con afán constante de superación. Su personaje se encuentra fuera de la realidad del momento ya que por aquella época las mujeres estaban subordinadas al hogar, y no aspiraban a la independencia porque su educación las había enseñado así. Es una joven soñadora, fiel a su amor a Horacio hasta el final de la obra, y luchadora, que resiste contra su enfermedad y nunca pierde la esperanza por superarse y convertirse en alguien famoso ganándose la fama por sus propios medios. Es consciente de lo inteligente que es, e intenta explotar al máximo su mente, aunque finalmente las circunstancias no se lo permiten. No cree en el matrimonio porque lo considera una esclavitud y una subordinación al marido, lo que hace que no pueda mejorar su capacidad intelectual. Es una muchacha ambiciosa, que desea conocer cosas nuevas.

También se ve la sinceridad con la que el personaje de Tristana se mueve por toda la obra. A Horacio desde un principio le cuenta sus deseos de independencia, aun a riesgo de perderlo ya que los hombres en aquella época buscaban la vida fácil: una mujer con la que casarse, unos hijos y un trabajo con el que mantener a la familia. También se muestra sincera con Saturna contándole sus mayores secretos y con don Lope no lo es por miedo a la reprimenda.

Personajes secundarios

Los personajes secundarios los nombro a continuación por orden de aparición en la obra: Antonio de Reluz, amigo de don Lope y padre de Tristana; Josefina Solís, madre de Tristana; Saturna, criada de don Lope y Tristana; Saturno, hijo de Saturna; Horacio Díaz, enamorado de Tristana; don Felipe, abuelo de Horacio; doña Malvina, profesora de inglés de Tristana; doña Trinidad, tía de Horacio; Miquis, médico de Tristana; profesor de órgano de Tristana; las Señoras de Garrido Godoy, primas de don Lope.

-Antonio de Reluz: fue el amigo de la infancia de don Lope, junto a él corrió muchas aventuras de caballerías. Es el padre de Tristana. Cuando abandona el mundo caballeresco se casa e invierte el dinero de su mujer en los negocios, perdiéndolo y arruinándose. Don Lope le ayuda pero no avanza, y finalmente muere de una enfermedad.

-Josefina Solís: madre de Tristana y mujer de Antonio de Reluz. Cuando éste muere ella pierde la cabeza y no para de mudarse y de lavarse, y tras un momento de lucidez antes de morir por fiebre reumática, le encomienda el cuidado de Tristana al amigo de su marido don Lope. Había sido linda, simpática, dama de trato muy agradable y bastante instruida.

-Saturna: “alta y seca, de ojos negros, un poco hombruna, y por su viudez reciente vestía de luto riguroso” (página 40). Saturna es la criada (aunque no lo parece ya que entre ella y Tristana son como hermanas, sin distinciones jerárquicas) de la casa. Es una buena persona que ayuda a su joven amiga a encontrarse con Horacio. Había podido ingresar a su hijo en el Hospicio y había perdido a su marido, albañil, que se cayó del andamio en las obras del Banco.

-Saturno: “Era rechoncho, patizambo, mofletes encendidos y carnosos [...] La ropa de paño burdo no le consentía ser muy elegante en sus movimientos, y la gorra con galón no ajustaba bien a su cabezota, de cabello duro y cerdoso como los pelos de un cepillo” (página 72). Era el hijo de Saturna al que iban a visitar todos los domingos al Hospicio.

-Horacio Díaz: “era joven, de buena estatura, vestía como persona elegante que no está de humor de vestirse, en la cabeza un livianillo, chafado sin afectación, arrastrando, mal cogido con la mano derecha, un gabán de verano de mucho uso. Lo llevaba como quien no estima en nada las prendas de vestir. El traje era gris, la corbata de lazada hecha a mano con descuido [...] muy moreno, con barba corta...” (página 75) Así descubrió Tristana a su amado Horacio, pintor por vocación (aunque más tarde abandona este arte) que ilusionado vive por y para ella. Su infancia había sido difícil bajo la dictadura de un abuelo malvado. “Su edad no pasaría seguramente de los veinticinco, sólo que tenía un cierto aire reflexivo y melancólico, más propio de la edad madura que de la juventud. Sus ojos eran como centellas, su color moreno caldeado del sol, su voz como blanda música que Tristana no había oído hasta entonces y que más le halagaba los senos del cerebro después de ser escuchada” (página 79) Así es descrito Horacio Díaz por el autor.

-Don Felipe: hombre malvado, había sido el terror de toda la familia. Actuó como dictador de su propio nieto, evitando que éste pintara ya que para él los artistas eran unos majaderos, locos y falsificadores de las cosas y su única utilidad consistía en el gasto que hacían en las tiendas comprando los utensilios para el oficio.

-Doña Malvina: es la profesora de inglés de Tristana. Gracias a ella consigue superarse a sí misma y empezar a investigar en libros. Era una señora alta, huesuda, andariega, con feísima cara de rosas y leche y un sombrero que parece una jaula de pájaros.

-Doña Trinidad: es la tía de Horacio Díaz. Muestra preocupación en la obra por su sobrino. De repente cae enferma y tiene que mudarse junto a Horacio. Tenía un dulce carácter, achacosa, aunque no muy vieja y derrumbada por lo que había vivido.

-Miquis: es el doctor de Tristana, el que la cuida en su enfermedad y la opera. Es un hombre joven y agradable

-Profesor de órgano: Imparte lecciones de música y de órgano a Tristana. Es un profesor chiquitín, afable, de una paciencia fenomenal, práctico en la enseñanza y hábil en la transmisión de su método. Muy cristiano, se pasaba la vida de coro en coro y de capilla en capilla, tocando en misas solemnes y funerales

-Las señoras de Garrido Godoy: primas de don Lope. Vivían en Jaén. Eran señoras solteronas, histéricas y anticuadas, muy metidas en la iglesia.

Estudio del espacio

Los hechos acontecen en Madrid, en el barrio de Chamberí, donde viven Tristana, Saturna y don Lope. Aparecen varios lugares donde se dan las escenas. El primer lugar es la casa de don Lope, de la que Tristana, siguiendo las órdenes del amo no debía salir. Sin embargo Tristana con su amiga da paseos entre semana alegremente por Cuatro Caminos, por el Partidor, por el Canalillo o por las alturas que dominan el Hipódromo y por el Hospicio en domingo, donde Saturna iba a visitar a su hijo Saturno. Tras conocer a Horacio las escenas principales transcurren en el estudio de éste, donde Tristana y él se darán cita.

Cuando Horacio viaja a Villajoyosa, otro espacio que aparece en la obra, considerado por él como maravilloso, donde realiza tareas relacionadas con el campo, en Madrid las escenas ocurren en casa de don Lope. Desde allí Tristana escribirá sus cartas, y vivirá junto a su amo, quien la verá enfermar y hará lo posible por curarla. En este espacio Tristana impartirá sus clases.

Finalmente vuelve a aparecer como espacio el estudio de Horacio, donde quedan Saturna y éste para acordar una hora para la visita del enamorado.

Los espacios de esta obra son variados, aunque el principal será la casa de don Lope, y están descritos por el autor para que el lector se sitúe en ellos lo más cercano posible.

Estudio del tiempo

La acción se sitúa en el siglo XIX reflejado en la fecha de 1880, cuando fracasa don Antonio de Reluz en sus negocios. En esta época la mujer era considerada inferior y su rol era estar en casa cuidando de los hijos y hacer las tareas domésticas, mientras que el hombre traía el sueldo y les mantenía.

Benito Pérez Galdós comienza la novela describiendo a don Lope y su vida pasada, para aclarar al lector y ponerle en contexto. Habla de su pasado y de la amistad entre éste y don Antonio de Reluz.

Cuando ya el autor nos sitúa en el presente al principio la obra transcurre lentamente, hasta que Tristana conoce a Horacio. Cuando esto sucede la acción se aligera y los acontecimientos transcurren con más rapidez. Después se marcha el enamorado y pasan varios meses hasta que vuelve. Desde la vuelta de Horacio hasta el final del libro pasan otros meses en los que don Lope pide ayuda a sus primas y finalmente se casa con Tristana.

En conclusión, los hechos no se suceden en un corto período de tiempo, sino que poco a poco con el paso de los años ocurren los acontecimientos (en la última descripción de don Lope se refleja que algunos años han pasado ya que ha envejecido su físico y ya no es como era antes).

Esto es uno de los subtemas de la obra, el paso del tiempo que envejece a las personas y hace cambiar las opiniones sobre ellas. En este transcurso ocurren tantas cosas que entre Horacio y Tristana el amor ya no florece, y ésta perdona a su amo y se casa con él.

El punto de vista del relato

La historia se cuenta desde el punto de vista del narrador omnisciente. Éste cuenta la historia en 3ª persona, lo sabe todo, describe los sentimientos y las actitudes de cada personaje y conoce su pasado y su futuro. Esto se refleja por ejemplo en las descripciones que hace de los personajes o en la narración del pasado de don Lope.

Benito Pérez Galdós narra los hechos de una manera subjetiva, con un pequeño toque de humor como es típico en el estilo de sus obras. No se limita a contar los hechos como ocurren, si no que da su punto de vista y los describe con adjetivos calificativos para embellecer el relato. El narrador, eso sí, no apela a los lectores, sólo se remite a contar los hechos, de una forma subjetiva pero sin la participación de éstos.

Los personajes reflejan el punto de vista del autor a través de sus diálogos. El narrador no se dirige a los lectores en ningún momento.

En relación con los personajes, éstos dan su opinión en diálogos y en monólogos interiores, filtrado a través de la 3ª persona en pasado y en estilo indirecto. Un ejemplo es cuando el autor refleja las inquietudes de Tristana y describe su pensamiento.

Lenguaje y estilo

El tipo de discurso que predomina en la obra es la narración, mezclado con la descripción ya que el autor describe cada detalle de los personajes y de los acontecimientos. Es una narración donde el autor es subjetivo. Como ejemplos de esta narración a continuación he recopilado ciertos fragmentos de la obra: “Volvió Tristana a su casa en un estado moral y mental lastimoso, disparada de los nervios, febril y dispuesta a consumar cualquier desatino. Tocábale aquella noche aborrecer a su tirano, y cuando le vio llegar, risueño y con humor de bromas, entróle tal rabia, que de buena gana le habría tirado a la cabeza el plato de la sopa” (Página 104); “Bonito, realmente bonito a no poder más era el presente, y Horacio se extasiaba en él, como si transportado se viera a un rincón de la eterna gloria” (Página 128); “Poco duraban estas paces, porque al llegar la noche, cuando el viejo y la niña se quedaban solos, recobraba el primero su egoísmo semítico, sometiéndola a interrogatorios humillantes y una vez, exaltado por aquel suplicio en que le ponía la desproporción alarmante entre su flaccidez enfermiza y la lozanía de Tristana, llegó a decirle...” (Páginas 69 y 70), etc.

El tipo de lenguaje utilizado por el autor es muy coloquial y sencillo, con lo que se comprueba que la obra estaba destinada a todo tipo de lectores. Utiliza un tipo de lenguaje especial cuando entre los enamorados Tristana y Horacio se hablan. Un ejemplo de su propio diccionario es el siguiente:

Botiquín: los enamorados utilizan la palabra botiquín para referirse al mar “por aquel cuento andaluz del médico de a bordo, que todo lo curaba con agua salada”. (página 142)

Ser un zapato viejo: que no valen nada (página 143)

Rustiquidad: se refiere a algo rústico (página 150)

Amílico: enfermo (página 151)

Marisabidillismo: con todo su saber y capacidad (página154)

Sabo: sé (página154)

Esplines: las tristezas (página 154)

Ero: soy (página154)

Hacer fu: dejar apartado, no hacer caso, abandonarlo (página 156)

Nuncio: el anuncio (página 157)

Hay muchas palabras de la obra que no he entendido. A continuación aparecerán diez de ellas con sus definiciones:

Lindero: que linda con otra cosa. (Lindar: limitar, colindar). (Página 38)

Patulea: grupo de maleantes o personas de mala condición. Chusma, caterva. (Página 46)

Rebullicios: empezar a moverse algo o alguien (Página 59)

Bargueño: mueble de madera tallada que consta de múltiples cajones y compartimentos realizado al estilo de los que se construían en Bargas (Toledo). (Página 67)

Semítico: perteneciente o relativo a los semitas, familia de pueblos que se establecieron en Mesopotamia y el Próximo Oriente entre el V y I milenio a.C. y que tenían características comunes en cuanto a su lengua, procedente de un mismo tronco, su religión, etc. (Página 70)

Hospicio: establecimiento donde se acoge a los niños huérfanos, pobres o abandonados. (Página 72)

Clepsidra: reloj de agua (Página 84)

Zangolotino: se dice del muchacho al que se quiere hacer pasar por niño o que aparenta menos edad de la que tiene (Página 89)

Tabardillo: Persona alocada, bulliciosa y molesta. (Página 131)

Chocarrero: que tiene por costumbre decir bromas, gracias o chistes groseros y de mal gusto (Página 131)

Los recursos literarios principales utilizados por el autor son los siguientes:

-Epítetos: consiste en la adjetivación ornamental no especificativa. He encontrado varios ejemplos en la obra: “como un precioso afeite” (página 37), “con la espigada tiesura del cuerpo” (página 38), “la edad del buen hidalgo” (página 38), “miradas expresivas” (página 38), “los negros ojos” (página 40), “las cejas increíbles” (página 40), “pequeñuela y roja la boquirrita” (página 40), “cuajado cristal” (página 40), “de papel sus finísimas, torneadas, incomparables manos” (página 41), etc. El autor utiliza esta figura retórica para embellecer y dar ritmo a las descripciones.

-Hipérbaton: utiliza un hipérbaton no muy llamativo cuando Tristana y Horacio hablan en sus citas. El sujeto aparece al final de la frase, cuando lo normal es que aparezca al principio: “y así le llamaré yo también” (página 132), “¿y si entrara yo una noche en tu casa y él me sorprendiera allí?” (página 134), “de todo se entera el maldito” (página 134). Esto le da ritmo a la frase.

-Hipérbole: es una exageración desmesurada. El autor utiliza esta hipérbole en las cartas que Tristana envía a Horacio, en las que ella le idealiza y exagera lo que él realmente es. “Monigote, ¿en qué consiste que cuanto más sé, y ya sé mucho, más te idolatro? Ahora que estoy malita y triste, pienso más en ti...” (página 158), “el Demonio es mala persona y quiere vengarse de mí por lo que le hice rabiar. Poco antes de conocerte, mi desesperación anduvo en tratos con él; pero te conocí y le mandé a freír espárragos. Me salvaste de caer en sus uñas” (página 161), “me mortifica horriblemente esto de haber perdido la memoria de tu carátula. Me paso largos ratos de la noche figurándome cómo eres, sin poder conseguirlo. ¿Y qué hace la niña? Reconstruirte a su manera, crearte, con violencias de la imaginación” (página 161), “Yo te engrandezco con mi imaginación cuando quieres achicarte, y te vuelvo bonito cuando te empeñas en ponerte feo [...] te quiero grande hombre [...] mi voz interior se entretiene describiéndome las perfecciones de tu ser”

-Interrogación retórica: consiste en enunciar una pregunta, no para recibir respuesta, sino para dar más fuerza al pensamiento. Está reflejado en expresiones en las cartas y pensamientos de los personajes: “¿es verdad que me quieres tanto y que en tanto me estimas? [...] Dime: ¿existes tú, o no eres más que un fantasma vano, obra de la fiebre, de esta ilusión de lo hermoso y de lo grande que me trastorna?” (página 144), “¿será verdad, Dios mío, que pretendo un imposible?” (página 146), “¿por qué he nacido? ¿por qué no me quedé allá, en el regazo de la señora nada, tan hermosa, tan tranquila, tan dormilona, tan...?” (página 146 y 147), “donde hay tanto bueno, ¿no ha de haber también buenas mozas?” (página 154), “¿en qué consiste que cuanto más sé, y ya sé mucho, más te idolatro?” (página 158), “Sí, sí, ¿por qué no he de ser actriz?” (página 174), etc.

-Juego de palabras: consiste en utilizar un mismo significante con dos significados distintos. Los enamorados utilizan constantes juegos de palabras, tomándolas de otros idiomas, o de obras, o de historias. Algunos ejemplos están indicados anteriormente como botiquín (página 142), ser un zapato viejo (página 143), rustiquidad (página 150), amílico (página 151), marisabidillismo (página154), esplines (página 154), ero (página154), etc.

-Metáfora: consiste, en general, en la identificación de un término real con una imagen; el término real puede aparecer expresado o no. Ejemplos de metáfora son “hijita” (página 142) “cielín mío” (página 152) “pálida antorcha” (página 157), “Monigote” (página 158), “Señó Juan” (página 161), “mona” (página 166), “pichona” (página 173), “Y tú, mi rey querido” (página 176), etc.

-Paradoja: consiste en la reunión de pensamientos aparentemente irreconciliables, pero de sentido coherente. Un ejemplo de paradoja es “ Me desespero a ratos, y creo que no es Dios, que no es el Altísimo, sino el Bajísimo, quien me ha traído este alifafe.”

Conclusión

Para finalizar concluyo que el autor con esta obra quiere mostrar el poder del hombre sobre la mujer y cómo era la sociedad de la época. Benito Pérez Galdós nos muestra la fuerza y el poder del amor, que con el paso del tiempo se va apagando hasta consumirse totalmente. Es una obra escrita a conciencia para criticar la posición de la mujer y el poder de sus amos. Con esta obra el autor nos sugiere que el amor a distancia es muy frágil, y que cualquier improvisto puede hacer que nuestra felicidad y nuestras esperanzas en un futuro no muy lejano se vean truncadas. En mi opinión sugiere que debemos vivir el presente, seguir el dicho del “carpe diem” ya que sin darnos cuenta todo lo que tenemos podemos perderlo por una enfermedad.

Mi opinión sobre la obra es buena. Al principio se hace realmente pesada y considero que es difícil seguir el hilo hasta que llegas al nudo, pero una vez que Tristana conoce a su amor se va haciendo más entretenida.

Lo menos interesante de la obra es la descripción de los personajes que el autor hace al principio, y cuando cuenta la historia sobre el pasado de don Lope y la procedencia de Tristana. Esta parte es muy lenta y se hace eterno hasta que la acción más interesante comienza a realizarse.

Lo más interesante que me ha parecido de la obra es la inteligencia de Tristana y las aspiraciones que tiene en la vida, y cómo por una enfermedad sus sueños se ven truncados, aunque ella nunca pierde la esperanza.

Lo que más me ha llamado la atención de la obra es la manera de expresarse que tienen los enamorados, con sus propias palabras coloquiales. También la ceguera que el amor produce en ellos, que no se ven los errores de cada uno. Esto se refleja en la idealización que Tristana hace de Horacio cuando éste se muda a Villajoyosa, o en la auto negación continua que se hace el enamorado cuando piensa que ella no quiere casarse y quiere ser independiente.

El lenguaje utilizado por Benito Pérez Galdós es sencillo y coloquial, muy embellecido en las descripciones (quizás demasiado embellecido) y con un toque de humor en los diálogos entre los enamorados.

He observado que Tristana no es la típica obra dos jóvenes que mueren por su amor, sino que acaba de una manera realista, ya que las relaciones a distancia son difíciles de conservar ya que el amor vivido desde el primer momento poco a poco se va apagando, y más si se está lejos de la otra persona.

A esta obra le pondría una “calificación”: yo creo que se merece un 7 porque no me ha encantado pero tampoco creo que sea una obra mala. Si me pidieran títulos para leer no es un libro que recomendaría porque no me ha gustado demasiado. Hay que decir que el final de la obra me ha gustado más que cuando comencé a leerla, ya que al principio no lo cogí con muchas ganas porque no me gusta que me obliguen a leer libros porque lo tomo más como una obligación que como algo para disfrutar, para lo que yo considero que es la lectura. Además de este autor he leído otra obra, Misericordia, que es pesada y lenta y no me gustó nada y por eso este libro lo cogí con rechazo antes de profundizar en él.

En conclusión, esta obra es mejor de lo que me esperaba y aunque no ha sido de las que más me han gustado, ha sido interesante leerla.

Bibliografía

Carmen Malaspina, Gran Enciclopedia Salvat, Barcelona, Salvat Editores S.A.

Benito Pérez Galdós, Tristana, Madrid, Alianza Editorial, decimoquinta reimpresión: 2004