Tratado sobre la tolerancia; Voltaire

Historia Universal. Reforma del Siglo XVI. Jean Calas. Intolerancia. Derechos humanos. Persecuciones. Abusos. Superstición. Virtud. Biografía. Pensamiento. Vida y obra

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RESUMEN DEL TRATADO SOBRE LA TOLERANCIA

%Historia resumida de la muerte de Jean Calas

Jean Calas era protestante, lo mismo que el resto de su familia, excepto un hijo que había abjurado de la herejía. Desde hacía treinta años, en su casa vivía una sir­viente católica ferviente.

Uno de los hijos llamado Marc-Antoine decidió poner fin a su vida y dejó enten­der que tenía este propósito a uno de sus amigos.

Finalmente, un día en que había perdido su dinero al juego, lo escogió para realizar su propósito. Un amigo de su familia llamado Lavaisse, había llegado de Burdeos. Después de la cena se retiraron a una pequeña sala: Marc-Antoine desapareció, cuando el joven Lavaisse quiso marcharse, bajaron Pierre Calas y él al almacén.Encontrando a Marc-Antoine colgado de una puerta y su traje plegado sobre el mos­trador. La camisa no estaba arrugada; tenía el pelo bien peinado y no presentaba en el cuerpo ninguna herida.

Se rumoreó en el pueblo de Toulouse que los protestantes del Languedoc habian asesinado a su hijo.

El señor David, magistrado de Toulouse, empleó un procedimiento contrario a las reglas y orde­nanzas. La familia Calas, la sirviente católica y Lavaisse, fueron encarcelados.

Se publicó un monitorio no menos vicioso que el procedi­miento. Marc-Antoine Calas había muerto calvinista y fue inhumado con la mayor pompa en la iglesia de San Esteban.

Los cofrades blancos hicieron a Marc-Antoine Calas un funeral solemne, como a un mártir. Todo el pueblo lo mira­ba como un santo.

La proximidad de una festividad, caldeaba al pueblo y se decía públicamente que la muerte de Jean Calas en la rueda constitui­ría el mayor ornato de la fiesta.

Trece jueces se reunieron diariamente para sustanciar el proceso. No se tenía prueba alguna contra la familia. Seis jueces persistieron mucho tiempo en condenar a Jean Calas, a su hijo y a Lavaisse al suplicio de la rueda y a la mujer de Jean Calas a la hoguera. Otros siete más moderados querían que por lo menos se reflexionase. Sólo hubo ocho votos contra cinco

Los jueces que­daron confundidos cuando aquél anciano, al morir en la rueda, tomó a Dios por testigo de su inocencia y le conjuró a que per­donase a sus jueces. Estos se vieron obligados a dictar una segunda sentencia, poniendo en libertad a la madre, a su hijo Pierre, al joven Lavaisse y a la criada; pero al hacerles notar uno de los consejeros que aquella sentencia desmentía a la otra, tomaron entonces el partido de desterrar a Pierre Calas.

Se empezó por amenazar a Pierre Calas, en su celda, con tratarle como a su padre si no abjuraba de su religión. Pierre Calas, al salir de la ciudad fue encerrado en un convento de dominicos y allí se le obligó a practicar todos los ritos del catolicismo.

Le fueron quitadas las hijas a la madre, encerrándolas en un convento.

Algunas perso­nas, después de un meditado examen de todas las circunstancias de aquella horrible aventura, presionaron a la viuda Calas para que osase acudir en demanda de justicia a los pies del trono.

Final­mente, el deber de vengar la memoria de su marido pudo más que su debilidad.

París y Europa entera se conmovieron y pidieron justicia conjuntamente con aquella mujer infortunada.

Las hijas fueron devueltas a la madre.Pero esta familia tuvo todavía algunos enemigos.

Todo el resto de la gente sensata y desinteresada decía que la sentencia de Toulou­se sería anulada en toda Europa aunque consideraciones parti­culares impedirían la casación en el tribunal.

%Consecuencias del suplicio de Jean Calas

Si los penitentes blancos fueron la causa de la muerte de un inocente, de la ruina de una familia y de su dispersión, esta desgracia debía convertirlos en penitentes para el resto de sus vidas.

Parecía que esta desgracia se basada en el enfrentamiento producido en Languedoc entre los católicos contra los llamados ``hugonotes´´(calvinistas)

%Idea de la Reforma del siglo XVI

Cuando con el renacimiento las mentes empe­zaron a instruirse, se produjeron quejas contra los abusos, quejas que eran legítimas.

El papa Alejandro VI había comprado públicamente la tiara y sus cinco hijos compartían sus beneficios:

-El cardenal duque de Borgia, asesinó cientos de señores para apoderarse de sus posesiones.

-Julio II excomulgó a Luis XII, dando su reino al primer ocupante.

-León X para pagar sus placeres, traficó con indulgencias.

Decían que como Jesucristo jamás exigió anatas, ni vendió dispensas…estos podían dispensarse de pagar el precio de todas aque­llas cosas a un príncipe extranjero.

Estos eran los únicos que sabían la lengua griega y conocían la antigüedad,se les debe el desarrollo del espíritu humano.

Poco tiempo antes de la muerte de Francisco I, algunos miembros del parlamento de Provenza, pidie­ron al rey tropas para apoyar la ejecución de diecinueve personas de aquella religión condenados por ellos; hicieron degollar a seis mil, sin perdonar sexo, edad…redujeron a cenizas treinta pueblos.

Después de la muerte de Francisco I, se sublevaron los perseguidos, cuya secta se había multi­plicado al resplandor de las hogueras y bajo los hierros de los verdugos, e imitaron las cruelda­des de sus enemigos: nueve guerras civiles llenaron a Francia de matanzas.

La Liga asesinó a Enrique III y a Enrique IV.

%De si la tolerancia es peligrosa y en qué pueblos está permitida

Algunos se basaban en el pensamiento: «Esos hombres se sublevaron cuando se les trata­ba mal; por lo tanto, se sublevarán cuando se les trate bien.»

Los gobernantes y aquellos que ocupan puestos elevados han de analizar si se debe temer que la dulzu­ra produzca las mismas sublevaciones que la cruel­dad; si aquello que ha sucedido en determinadas circunstancias debe suceder en otras; si las épocas, la opinión, las costumbres, son siempre las mismas.

El gobierno se ha fortalecido en todas partes, mientras que las costumbres se han suavizado. La policía general, apoyada por ejércitos numerosos y permanentes, no permite además temer el retorno de tiempos anárquicos.

La filosofía ha desar­mado manos que la superstición había ensangrentado tanto tiempo y la mente humana se ha asombrado de los excesos a que la había arrastrado el fanatismo.

La tolerancia no ha provocado jamás una guerra civil, la intolerancia ha cubierto la tierra de matanzas.

%De cómo la tolerancia puede ser admitida

Alemania sería un desierto cubierto por los huesos de los católicos, de los evangelistas…si la paz de Westfalia no hubiese procurado la libertad de con­ciencia.

Se sabe que varios cabezas de familia, están dispuestos a regresar a su patria. Ya no se trata de conceder privilegios inmensos sino de dejar vivir a un pueblo pacífico, de suavi­zar edictos.

El gran medio de disminuir el número de maniáticos, es someterles al régimen de la razón que ilumina a los hombres.

Los tiempos pasados son como si nunca hubieran existido. Hay que partir siempre del punto en que se está y de aquel a que han llegado las naciones.

La controversia es una enfermedad epidémica que se halla en sus finales y que no pide más que un régimen suave.

Finalmente, el interés del Estado consiste en que los hijos expatriados vuelvan con modestia a la casa de su padre: el humanitarismo lo pide, la razón lo aconseja y la política no lo puede temer.

%De si la intolerancia es de derecho natural y de derecho humano

El derecho natural es el que la naturaleza indica a todos los hombres.

El derecho humano no puede estar basado en ningún caso más que sobre este derecho natural y el gran principio, el prin­cipio universal de uno y otro es: «No hagas lo que no quisieras que te hagan.»

El derecho de la intolerancia es, por lo tanto, absurdo y bárbaro.

%De si la intolerancia ha sido conocida de los griegos

Los distintos pueblos han considerado, sus diferentes religiones como nudos que los unían: era una asociación, tanto entre los dioses como entre los hombres. Cuando un extranjero llegaba a una ciudad, empezaba por adorar a los dioses del país. Jamás se dejó de venerar a los dioses, incluso a los de los ene­migos.

De todos los antigüos pueblos civilizados, ninguno ha puesto trabas a la libertad de pensar. Todos tenían una religión, todos reconocían un dios supremo, pero le asociaban una cantidad prodigiosa de divinidades inferiores; sólo tenían un culto, pero permitían una multitud de sistemas particulares.

Sócrates que fue el que más se aproximó al conocimien­to del Creador, es el único hombre al que los griegos hayan hecho morir por sus opi­niones.

Se había creado enemigos irreconci­liables entre los sofistas, los oradores, los poetas e incluso entre los preceptores que tenían a su cargo a los hijos de las familias distinguidas. Él mismo con­fiesa que iba de casa en casa demostrando a aquellos preceptores que no eran más que unos ignorantes; se le imputaba inspirar a los jóvenes máxi­mas contra la religión y el gobierno. Finalmente, la mayoría votó por la cicuta; los atenienses, una vez calmados los ánimos, sintieron horror hacia los acusado­res y los jueces; Melito, el principal autor de esta sentencia, fue condenado a muerte por aquella injusticia; los demás fueron desterrados y más tarde se edificaría un templo a Sócrates.

Jamás la filosofía fue tan bien vengada ni tan glorificada.

%De si los romanos han sido tolerantes

Entre los antigüos romanos, ni un sólo hombre fue perseguido por sus sentí­mientos.

Los romanos eran muy tolerantes, ya que jamás provocaron la menor pro­testa.

El gran principio del senado y del pueblo romano era: «Deorum offensae düs curae; sólo a los dioses corresponde ocu­parse de las ofensas hechas a los dioses.» Aquel pueblo sólo pensaba en conquistar, en gobernar y civilizar al universo.

Han sido nuestros legisladores y nuestros vencedores. Los romanos no profesaban todos los cultos, no daban a todos la sanción pública; pero los permitieron todos.

Se dice que tan pronto como aparecieron los cristianos fueron perseguidos por aquellos mismos romanos que a nadie perseguían. Es evidente que este hecho es completa­mente falso.

Los primeros cristianos no tenían nada que diri­mir con los romanos; no tenían más enemigos que los judíos, de los que empezaban a separarse. Es sabido es el odio implacable que sienten todos los sectarios hacia aquellos que abandonan su secta.

%Sobre los mártires

Hubo después de ello mártires cristianos. Es difícil saber con exactitud por qué razones fueron condenados aquellos már­tires; pero ninguno lo fue, bajo los prime­ros césares, solamente por su religión;ya que todas eran toleradas.

Es preciso que la persecución haya tenido otras causas y que los odios particulares, apoyados por la razón de Estado, hayan derramado la sangre de los cristianos.

No es creíble que haya existido jamás una inquisición con­tra los cristianos bajo los emperadores. Los mártires fueron, por lo tanto, aquellos que se alzaron contra los falsos dioses. No creer en ellos era cosa muy buena y piado­sa; pero, en fin, si no contentos con adorar a un Dios en espíritu y en verdad, se sublevaron violentamente contra el culto esta­blecido, es forzoso confesar que ellos mismos eran intolerantes. No era solo la religión de los cristianos lo que excitaba el celo de los magistrados.

La primera severidad jurídica ejercida contra los cristianos fue la de Domiciano: pero se limitó a un destierro que llegó a durar un año.

Es difícil poner de acuerdo esta furia de persecución con la libertad que tuvieron los cristianos de convocar cincuenta y seis concilios que los escritores eclesiásticos cuentan en los tres pri­meros siglos.

En verdad que estas continuas carreras podían ser fácil­mente denunciadas como sediciosas por los sacerdotes enemi­gos.

%Del peligro de las falsas leyendas y de la persecución

En los relatos de los mártires, com­puestos únicamente por los mismos cristianos, vemos casi siem­pre una multitud de cristianos que acuden con toda libertad a la cárcel del condenado, le acompañan al suplicio, recogen su san­gre, entierran su cuerpo, y hacen milagros con las reliquias.

Estos procesos se juzgan en una hora y con más rapidez que se sentencia a un desertor. Si el rey estuviera enterado aplicaría su gracia.

Todos esos falsos milagros con los que se hace tambalear la fé que se debe a los verdaderos, todas esas leyendas absurdas añadidas a las verdades del Evangelio, extinguen la religión en las almas; demasiadas personas que quieren instruirse y que no tie­nen tiempo de hacerlo lo suficiente.

Otros tienen la desgracia de ir aún más lejos, inclinándose hacia el ateísmo. He aquí las consecuencias de todos los fraudes piadosos y de todas las supersticiones.

Llegando a una conclusión distinta: por lo tanto, hay un Dios qué, después de esta vida pasajera, se dignará a consolarnos de tan horribles desgracias; si vemos todos los males que ha producido el falso celo, los hombres han tenido mucho tiempo su infierno en esta vida.

%Abusos de la intolerancia

Cuanto más divina es la religión cristiana, menos le corresponde al hombre imponer­la; si Dios la ha hecho, Dios la sostendrá sin nosotros. La intolerancia sólo produce hipócritas o rebeldes.

La religión obliga por igual al monarca y a los mendigos.

Si los evangelistas se hubiesen parecido a los escritores modernos, tendrían un campo muy vasto para luchar unos con­tra otros. San Mateo cuenta veintiocho generaciones desde David hasta Jesús; san Lucas cuenta cuarenta y una y dichas generaciones son totalmente distintas. No se observa, sin embargo, que surja ninguna disensión entre los discípulos por estas contradicciones aparentes, muy bien conciliadas por varios Padres de la Iglesia.

%De si la intolerancia fue de derecho divino

en el judaísmo, y si siempre fue puesta en práctica

Se llama ``derecho divino´´ a los preceptos que Dios ha dado por sí mismo.

Instituyó las fiestas, las ceremonias, todas aquellas cosas que parecían arbitrarias a las demás naciones y que sometidas al derecho positivo, eran condenadas por el mismo Dios, se convertían en un derecho divino para los judíos; como todo lo que Jesucristo ha ordenado, es de derecho divino para nosotros.

Dios ha sustituido por una ley nueva la que había dado a Moisés y ordenó a Moisés más cosas que al patriarca Abraham y más a Abraham que a Noé. Parece que Dios se adapta a los tiempos y la población del género humano: es una gradación paternal.

Es cierto que en el Éxodo, en los Números, en el Levítico, en el Deuteronomio hay leyes muy severas sobre el culto y castigos aún más severos.

Las escrituras nos ense­ñan que no solamente Dios toleraba a todos los otros pue­blos, sino que tenía para ellos cuidados paternales.

%De la extrema tolerancia de los judíos

Dios sólo amenaza con males corporales pero en ninguna parte dice que sus almas inmortales sufrirán tormentos después de la muerte o gozarán de la felicidad.

Todo era temporal y no tenía necesidad de revelarles una doctrina que reser­vaba para los tiempos en que ya no gobernaría a su pueblo. Consta que la ley de Moisés sólo anunciaba castigos temporales hasta la cuarta generación.

Finalmente, cuando la inmortalidad del alma fue un dogma aceptado, la secta de los saduceos persistió en creer que no había ni penas ni recompensas después de la muerte y que la facultad de sentir y de pensar perecía con nosotros.

Si queremos examinar de cerca el judaísmo, nos asom­brará encontrar la mayor tolerancia en medio de los horrores más bárbaros. Es una contradicción; casi todos los pue­blos se han gobernado por medio de contradicciones.

%De si la intolerancia ha sido enseñada por Jesucristo

Hay muy pocos pasajes en los Evangelios en los que el espíritu de persecución haya podido inferir que: la intolerancia, la coacción… son legítimas. Uno de ellos es la parábola en la que el reino de los cielos es comparado a un rey que invita a unos comensales a las bodas de su hijo. La invitación al festín significa la predicación de la salvación; la matanza de los envia­dos del príncipe representa la persecución contra aquellos que predican la cordura y la virtud.

Casi todo el resto de las palabras y los actos de Jesucristo pre­dican la dulzura, la paciencia, la indulgencia. Ni siquiera se indigna contra Judas, que debe traicionarle. En fin, muere víctima de la envidia.

Si se compara lo sagrado con lo profano y a un Dios con un hombre, su muerte, tiene mucha relación con la de Sócra­tes:

-El filósofo griego murió a causa del odio de los sofistas, los sacerdotes y los principales del pueblo; el legislador de los cris­tianos sucumbió al odio de los escribas, de los fariseos y de los sacerdotes.

-Sócrates pudo evitar la muerte y no quiso; Jesucris­to se ofreció voluntariamente.

-El filósofo griego no sólo perdo­nó a sus calumniadores y a sus jueces sino que les pidió que tratasen un día a sus propios hijos como a él mismo, si éstos eran lo bastante afortunados para merecer su odio, como él; el legislador de los cristianos, pidió a su Padre que perdonase a sus enemigos.

-Sócrates no fue acusado de querer fundar una secta nueva; no se acusó a Jesucristo de haber querido introducir una.

Jesús observó todos los puntos de la ley, festejó todos los sábados, se abstuvo de comer toda clase de manjares prohibi­dos, celebró todos las fiestas e incluso antes de su muerte, había celebrado la Pascua, no se le acusó de exponer ninguna opinión nueva, ni de haber observado ningún rito extranjero.

%Testimonios contra la intolerancia

-``Es impiedad quitar la libertad a los hombres en materia de religión, impedir que escojan una divinidad: ningún hombre, ningún dios, querrían un culto forzado´´.

-``Si se emplease la violencia en defensa de la fé, los obispos se opondrían a ello. La religión forzada ya no es religión: hay que persuadir y no forzar. La religión no se ordena´´.

-``Es una herejía execrable querer atraerse por la fuerza, por los golpes, por los encarcelamientos a aquellos a los que no se ha podido convencer por la razón´´.

-``No hay nada más contrario a la religión que la fuerza´´.

-``Aconsejad, no forcéis´´.

-``No pretendemos destruir los errores por la violencia´´.

-``Siempre hemos desaprobado los procedimientos riguro­sos´´.

-``Sabemos que la fé se persuade y no se ordena´´.

-``No se deben emplear términos insultantes´´.

-``Acordaos de que las enfermedades del alma no se curan por la fuerza y la violencia´´.

-``La violencia puede hacer hipócritas; no se persuade cuan­do se hacen resonar amenazas por todas partes´´.

-``Nos ha parecido conforme a la equidad y a la recta razón seguir las huellas de la antigüa Iglesia, que nunca empleó la vio­lencia para establecer y difundir la religión´´.

-``La experiencia nos enseña que la violencia es más capaz de irritar que de curar un mal que tiene su raíz en el espíritu, etc…´´.

-``La fé no se inspira a cintarazos´´.

-``Es un celo bárbaro aquel que pretende implantar la reli­gión en los corazones, como si la persuasión pudiese ser el efec­to de la fuerza´´.

-``Pasa con la religión como con el amor: el mandato nada puede, la fuerza aún menos: no hay nada más independiente que amar y creer´´.

-``Si el cielo os ha amado lo bastante para haceros ver la ver­dad, os ha hecho una gran gracia; ¿pero corresponde a los hijos que tienen la herencia de su padre odiar a los que no la han teni­do?´´.

%Únicos casos en que la intolerancia es de derecho humano

Para que un gobierno no tenga derecho a castigar los errores de los hombres, es necesario que tales errores no sean crímenes: sólo son crímenes cuando perturban la sociedad; perturban la sociedad si inspiran fanatismo; es preciso que los hombres empiecen por no ser fanáticos para merecer la tolerancia.

Si algunos jóvenes jesuitas, sabiendo que la Iglesia aborre­ce a los réprobos, que los jansenistas están condenados por una bula, que por lo tanto los jansenistas son réprobos, se van a prender fuego a una casa de los Padres del Oratorio; porque Quesnel, el oratoriano, era jansenista, por lo que no habrá más remedio que castigar a esos jesuitas.

Los franciscanos, llevados de un santo celo por la Virgen María, vayan a derribar la iglesia de los dominicos que creen que María nació con el pecado ori­ginal, no habrá más remedio que tratar a los franciscanos como a los jesuitas.

Uno de los más asombrosos ejemplos de fanatismo lo ha dado una pequeña secta de Dinamarca. Aquellas gentes querían procurar la salvación eterna a sus hermanos. Sabían que todos los niños que mueren inmediatamente des­pués de haber recibido el bautismo gozan de la gloria eterna: iban degollando a todos los niños y niñas recién bautizados que podían encontrar, se les enviaba infaliblemente al cielo.

En cuanto a los judíos en el Evangelio hay algunos ejemplos y algunas leyes rigurosas. Dios les ordenó en ocasiones que matasen a los idólatras, exceptuando únicamente a las jóvenes núbiles.

%De si es útil mantener al pueblo en la superstición

Es tal la debilidad del género humano que vale más para él ser subyugado por todas las supersticiones posibles que vivir sin religión. Era mucho más razonable y más útil adorar esas fantásticas imágenes de la Divinidad que entregar­se al ateísmo. Un ateo que fuese razonador, violento y podero­so, sería un azote tan funesto como un supersticioso sangui­nario.

Cuando los hombres no tienen nociones claras de la Divi­nidad, las ideas falsas la suplen.

En todos los sitios en que hay establecida una sociedad es necesaria una religión; las leyes velan sobre los crímenes conocidos y la religión sobre los crímenes se­cretos. Pero una vez que los hombres han llegado a abrazar una religión pura y santa, la superstición se vuelve no sólo inútil, sino muy peligrosa. Lo mismo ha sucedido con las excomuniones.

Cuanto más se desprecian las supersticiones de los monjes, más se respeta a los obispos y más se considera a los sacerdotes; sólo hacen bien y las supersticiones ultramontanas harían mucho mal.

%Virtud vale más que ciencia

Cuanto menos dogmas, menos disputas y cuanto menos disputas, menos desgracias.

La religión ha sido instituida para hacernos felices en esta vida y en la otra.

Si ambos partidos hubiesen sido lo bastante cuerdos para reconocer que el emperador tenía razón, el mundo cristiano no habría sido ensangrentado durante trescientos años.

Constantino no perseveró en su resolución de imponer silencio a los dos partidos.

%De la tolerancia universal

No se necesita una elocuencia muy rebus­cada para demostrar que los cristianos deben tolerarse unos a otros, hay que mirar a todos los hom­bres como hermanos nuestros.

No sólo es muy cruel perseguir en esta corta vida a aquellos que no piensan como nosotros, pero no sé si es muy osado declarar tajantemente su condena­ción por toda la eternidad. No nos corresponde en absoluto, antici­parnos a los juicios del Creador.

Destaca la idea: «Fuera de la Iglesia no hay salvación».

%Continuación y conclusión

El 7 de marzo de 1763, reunido todo el consejo de Estado en Versalles, con asistencia de los ministros de Estado, y bajo la presidencia del canciller.

El relator señor de Crosne dió lectura a su informe sobre el caso Calas. Una pro­digiosa multitud de personas de todo rango esperaba en la galería del palacio la decisión del consejo. Pronto se informó al rey de que todos los votos, sin exceptuar ninguno, habían dispuesto que el parlamento de Toulouse enviase al consejo las piezas del proceso y los motivos de su sentencia que había hecho expirar a Jean Calas en la rueda. Su Majestad aprobó el fallo del consejo.

Hay por tanto humanidad y justicia en los hombres y principalmente en el consejo de un rey amado y digno de serlo. El amor a la equidad, el interés del género humano han guiado a todos los jueces.

No se ha creído ofender a los ocho jueces de Toulouse al decir que se han equivocado, como ha supuesto todo el conse­jo; al contrario,se les ha abierto el camino para justificarse ante Europa entera.

Este camino consiste en confesar que unos indicios equívocos y los gritos de una multitud insensata han sorprendido su justicia; pedir perdón a la viuda y reparar, en lo que esté a su alcance, la ruina entera de una familia inocente, uniéndose a los que la socorren en su aflicción. Han hecho morir al padre injustamente; les corresponde hacer las veces de padre para con sus hijos, suponiendo que esos huérfanos quie­ran recibir de ellos una débil muestra de un justo arrepenti­miento. Será hermoso para los jueces ofrecerla y para la familia rechazarla.

VIDA DEL AUTOR

  • Existen muchas hipótesis sobre el pseudónimo de Voltaire:

  • el anagrama de Arouet L(e) J(eune) -Arouet, el joven- o, más bien de AROVET L(e) I(eune) en letras mayúsculas latinas, en donde U se escribe V y J se escribe I. AROVETLI da VOLTAIRE. Es la hipótesis más seria, y la más a menudo mencionada en todas las publicaciones.

  • El nombre de un pequeño feudo que poseía su madre.

  • El sintagma verbal que significaba en francés antiguo que el "voulait faire taire" (deseaba hacer callar, de ahí vol-taire), a causa de su pensamiento innovador.

  • la contracción de "Volontaire" (voluntario) con la síncope de la sílaba interior "on"

  • las sílabas vol-tai-re, en otro orden: re-vol-tai, que es revoltoso.

  • Las dos últimas hipótesis parecen demasiado simplistas. Voltaire cambió su identidad después de su encarcelación en 1717.

    • Biografía

    Es quizás uno de los intelectuales franceses más polifacéticos e importantes del Siglo de las Luces.

    François-Marie Arouet, nació oficialmente el 21 de noviembre de 1694 en París y fue bautizado al día siguiente. Él mismo sostuvo sin embargo haber nacido en realidad el 30 de febrero de 1694, habiéndose retardado el bautizo hasta el 22 de noviembre debido a las pocas esperanzas que se tenía en su supervivencia.

    Fue el último hijo de François Arouet, rico notario y simpatizante jansenista a quien su hijo detestaba y de Marie Marguerite Daumart una madre prácticamente desconocida que falleció cuando Voltaire cumplía los siete años de edad, miembro de una familia noble de la actual provincia de Poitou-Charentes. Su madre muere en 1701 a la edad aproximada de 41 años. Su padre se transforma en notario, cargo lucrativo en la Corte de los Condes.

    Estudios: 1704-1711

    Comienza sus estudios en 1704 en el colegio de los jesuitas, futuro liceo Louis-le-Grand. Hace estudios de retórica y de filosofía, obtieniendo primeros premios. Esta educación lo inicia en los placeres de la conversación y el teatro. Se convierte en amigo de los hermanos Argenson, René-Louis y Marc-Pierre, futuros ministros del rey Luis XV. Hacia 1706 escribe una tragedia, ``Amulius y Numitor´´, de la que se encontrarán más tarde extractos que serán publicados en el siglo XIX. De su formación religiosa guardará Voltaire un penoso recuerdo que se plasmará en una actitud irreverente, rebelde y burlona frente la Iglesia, sus instituciones y dogmas.

    Abandona el colegio en 1711 para inscribirse en la Escuela de Derecho de París.

    Libertino

    Voltaire decidió desde muy joven emprender una carrera literaria. En 1712 participa en el concurso de la Academia con la oda:``Le Voeu de Louis XIII´´, sin mucho éxito.

    Comenzó a moverse en los círculos aristocráticos y pronto fue conocido en todos los salones literarios de París por su ingenio sarcástico.

    Ahijado del abad de Châteauneuf, empieza a formar parte en una sociedad libertina, la Sociedad del Temple y recibe una herencia de Ninon de Lenclos. Le gusta alardear de su talento literario y de su espíritu desenvuelto y descontento, que se despliega en sus epigramas.

    En 1713 obtiene el cargo de secretario de la embajada francesa en La Haya, a los 19 años, viaja a Holanda como secretario de Monsieur de Châteauneuf, hermano de su padrino. Es expulsado de la embajada de Francia en este país debido a su relación con Mademoiselle de Noyer, conocida como Pimpette, tas la denuncia de Madame du Noyer. El padre de Voltaire amenaza a su hijo con enviarlo a Santo Domingo y desheredarlo.

    En 1714 escribe un panfleto, Carta a M. D***, y una sátira, el Cenagal o el Parnaso y comienza su tragedia de Edipo. Se transforma en ayudante de notario, pero su oficio ya casi no lo inspira.

    Exilios y encarcelamientos

    En 1716 fue exiliado durante cinco meses en Sully-sur-Loire por sus versos sobre los amores incestuosos del Regente Philippe III de Orleans.

    En 1717 escribe varios escritos, especialmente un libelo en el que acusaba al regente Felipe II duque de Orleans, de atroces crímenes;lo que hace que escape a la deportación a las islas Antillas pero se precipita su ingreso en la prisión de la Bastilla durante casi un año, entre 1717 y 1718. Durante los once meses de encierro completó su primera tragedia, Edipo, basada en la obra homónima del dramaturgo griego Sófocles. Comienza: la Henriade, poema épico sobre el rey Enrique IV de Francia.

    * Edipo se estrenó en el Théâtre-Français en 1718 y fue acogida con enorme entusiasmo. La obra sobre Enrique IV se imprimió anónimamente en Génova bajo el título de: Poème de la ligue.*

    Liberado en abril de 1718, fue exiliado a Chatenay. Adopta el nombre de Voltaire y termina por fin Edipo, su primera pieza de teatro, estrenada con éxito en noviembre, algunos meses después de su salida de prisión. Sin embargo, en 1726, tras un altercado con el Caballero de Rohan, miembro de una ilustre familia francesa, es encarcelado por segunda vez en la Bastilla, pero fue liberado al cabo de dos semanas bajo la promesa de abandonar Francia y establecerse en Inglaterra.

    Gran Bretaña

    Más tarde se exilia en Gran Bretaña desde 1726 hasta 1729. Pasó entonces dos años en Londres, y no tardó en dominar la lengua inglesa. Allí descubre la filosofía de John Locke, las teorías científicas de Isaac Newton y la monarquía británica. Con la intención de preparar al público británico para una edición ampliada de su Poème de la ligue, Voltaire escribió dos notables ensayos en inglés: uno sobre poesía épica y otro sobre la historia de las guerras civiles en Francia. Durante algunos años, el católico y autocrático gobierno francés prohibió la edición ampliada del Poème de la ligue, que finalmente adoptó el título de La Henriade. La aprobación para publicarlo llegó en 1728. Esta obra, una elocuente defensa de la tolerancia religiosa, obtuvo un éxito sin precedentes, no sólo en la Francia natal de Voltaire, sino en todo el continente europeo. En comparación, describe la sucesiva vulgarización de Francia en sus: ``Lettres philosophiques´´.

    Cortesano

    En 1728 Voltaire regresó a Francia. Durante los cuatro años siguientes residió en París, comienza a vivir con Émilie du Châtelet y dedicó la mayor parte de su tiempo a la composición literaria. La principal obra de este periodo, inspirada en su contacto durante su estancia en Inglaterra con Pope, Swift, Congreve y Walpole, es Cartas inglesas en 1734, de la que realizó una nueva edición con el título de Cartas filosóficas en 1737. Se trata de un ataque encubierto a las instituciones políticas y eclesiásticas francesas que le causó problemas con las autoridades, y una vez más se vio obligado a abandonar París. Se refugió entonces en el Château de Cirey, en el ducado independiente de Lorena. Allí entabló una larga relación sentimental con la culta aristócrata Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, marquesa de Châtelet, que ejerció sobre él una importante influencia intelectual.

    La época de Voltaire en Cirey en compañía de la marquesa de Châtelet fue un periodo de intensa actividad literaria. Además de un impresionante número de obras de teatro, escribió Elementos de la filosofía de Newton, y produjo novelas, cuentos, sátiras y poemas breves.

    Esta estancia se vio interrumpida en varias ocasiones. Voltaire viajaba con frecuencia a París y Versalles, donde, gracias a la influencia de la marquesa de Pompadour, la famosa amante de Luis XV, se convirtió en uno de los favoritos de la corte. En primer lugar fue nombrado historiador de Francia y más tarde caballero de la Cámara Real. Finalmente, en 1746, fue elegido miembro de la Academia Francesa. Su Poème de Fontenoy realizado en el 1745, donde relata la victoria de los franceses sobre los ingleses durante la Guerra de Sucesión austríaca, y El siglo de Luis XV, además de otras obras de teatro como La princesa de Navarra o El triunfo de Trajano, marcaron el inicio de la relación de Voltaire con la corte de Luis XV.

    Con Federico de Prusia

    A la muerte de madame de Châtelet en 1749, Voltaire aceptó una antigüa invitación de Federico II el Grande para residir de manera permanente en la corte prusiana. Viajó a Berlín en 1750, donde se relaciona con Federico II y con su padre, Anatole Franklin pero no permaneció allí más de dos años, pues su ingenio más bien ácido chocó con el temperamento autocrático del rey y fue la causa de frecuentes disputas. Durante su estancia en Berlín completó El siglo de Luis XIV, un estudio histórico sobre el reinado de ese monarca (1638-1715).

    Desde Ginebra a Ferney

    En 1755 se instala en las "Delicias", cerca de Ginebra. Por espacio de algunos años Voltaire llevó una existencia itinerante, pero finalmente se estableció en Ferney en el ``Pays de Gex´´ y Tournay, en territorio francés, pero en la frontera franco-genovesa, en 1758, donde pasó los últimos veinte años de su vida. En el intervalo comprendido entre su regreso de Berlín y su establecimiento en Ferney, terminó su obra más ambiciosa, el Ensayo sobre la historia general y sobre las costumbres y el carácter de las naciones realizada en 1756. Esta obra, que no es otra cosa que un estudio del progreso humano, censura el supernaturalismo y denuncia la religión y el poder del clero, si bien afirma su creencia en Dios.

    Una vez establecido en Ferney, Voltaire escribió varios poemas filosóficos, como El desastre de Lisboa escrito en 1756, sobre el tremendo terremoto que asoló la ciudad en 1755, varias novelas satíricas y filosóficas, entre las que cabe destacar Cándido finalizada en 1759, obra que será inmediatamente condenada en Ginebra por sus irónicas críticas a la filosofía leibniziana y su chistosa sátira contra clérigos, nobles, reyes y militares. Las inocentes reflexiones del joven Cándido no dejan títere con cabeza, cuatro años después compone Tratado sobre la tolerancia y posteriormente la tragedia Tancredo que la finaliza en 1760 y el Diccionario filosófico 1764. Desde la seguridad que le proporcionaba su retiro, lanzó cientos de panfletos en los que satirizaba los abusos del poder. Quienes eran perseguidos por sus creencias encontraron en Voltaire un elocuente y poderoso defensor. El talante de sus actividades podría resumirse en una frase que el propio autor empleaba muy a menudo: ``écrasons l'infâme´´(aplastemos al infame). Con esta frase se refería a cualquier forma de religión que persigue a quienes no la profesan, que practica el fanatismo. Oponía el deísmo, una religión puramente racional, a la religión cristiana. En Cándido, Voltaire analiza el problema del mal en el mundo y describe las atrocidades cometidas a lo largo de la historia en nombre de la Religión.

    Siendo ya Voltaire un personaje famoso e influyente en la vida pública, interviene en distintos casos judiciales, como el caso Calas y el de La Barre, que estaba acusado de impiedad, defendiendo la tolerancia y la libertad a todo dogmatismo y fanatismo.
    En 1778 Voltaire vuelve a París, acogido con entusiasmo, donde murió el 30 de mayo de 1778 en París.

    PENSAMIENTO DE VOLTAIRE

    Esencialmente, rechazó todo lo que fuera irracional e incomprensible y animó a sus contemporáneos a luchar activamente contra la intolerancia, la tiranía y la superstición.

    Su moral estaba fundada en la creencia en la libertad de pensamiento y el respeto a todos los individuos, y sostuvo que la literatura debía ocuparse de los problemas de su tiempo.

    Estas opiniones convirtieron a Voltaire en una figura clave del movimiento filosófico del siglo XVIII ejemplificado en los escritores de la famosa Enciclopedia francesa. Su defensa de una literatura comprometida con los problemas sociales hace que Voltaire sea considerado como un predecesor de escritores del siglo XX como Jean-Paul Sartre y otros existencialistas franceses. Aunque fue un pensador polifacético y poco o nada sistemático, Voltaire se convirtió en un símbolo del enciclopedismo y de las modernas ideas ilustradas que defendían la libertad de pensamiento, la tolerancia y la justicia como instrumentos superadores de la ignorancia, el dogmatismo y las supersticiones de toda índole. Frente al oscurantismo no solo ideológico, sino académico, esgrimirá Voltaire el buen hacer de su pluma, la cual gozaba de una enorme claridad crítica y de una demoledora y mordaz franqueza que le hicieron granjearse numerosos problemas y enemistades. Su escritura se mofa de la utilizada por los abstrusos escolásticos o, como sarcásticamente escribe en el Cándido, de los que se dedicaban a enseñar la metafísica teologocosmolonigológica.

    Pese a compartir muchos de los postulados básicos aceptados por la mayoría de los ilustrados ingleses y franceses, a Voltaire le separa de ellos la carencia de un optimismo metafísico y la fé en un progreso humano capaz de arrebatarnos de la mezquindad y de la ruindad en la que estamos inmersos. En contra de la tesis del "buen salvaje" mantenida por Rousseau, Voltaire no cree en ninguna inocencia y bondad naturales del hombre. No es la sociedad, el Estado o la cultura la que pervierte y denigra esa inocencia primigenia del hombre, antes bien, es el propio hombre el que genera las propias condiciones de su miseria. La ética no se halla subordinada a la política, porque se trata de un ámbito inmanente a nuestra propia naturaleza. La absoluta confianza de la razón que postularon un siglo antes los racionalistas no es aceptada por Voltaire, para el cual la inteligencia humana por sí misma puede denunciar, criticar y corregir algunos prejuicios, errores o disparates, pero por sí sola es impotente para erradicar estos males.

    Frente al optimismo adoptado por los ilustrados y llevado a su culmen por Leibniz en su teoría de la armonía preestablecida, en la que afirma que éste es el mejor de los mundos posibles.

    El único remedio para hacer la vida tolerable que acepta Voltaire en su obra Cándido o el optimismo es el trabajo. De nada sirve buscar fines ni mucho menos presuponer que existe cierto orden racional en el mundo susceptible de crear las condiciones necesarias en las que pueda desarrollarse una vida virtuosa y justa. Como dice chistosamente en la mencionada obra, el fin con el que Dios creó el mundo fue "para hacernos de rabiar".

    Voltaire aceptó las tesis del deísmo, es decir, de aquella doctrina que reivindica una religión natural o racional defendiendo la libertad ideológica, de culto y la tolerancia religiosa. El anticlericalismo radical que se desprende de la mayoría de sus obras, sin embargo no debe llevarnos a suponer que Voltaire defendiera una postura atea. De hecho, afirma que "si Dios no existiera sería necesario inventarlo, pero la naturaleza entera nos grita que existe".

    La crítica volteriana tiene una función terapeútica, aunque es consciente de los límites de su quehacer. Efectivamente, es la propia naturaleza humana la responsable de todas sus ruindades y miserias. El mundo se rige no por el principio de lo mejor, sino de lo peor. El mal en el mundo no proviene de Dios ni de condicionantes históricos o políticos, sino del hombre mismo.

    El carácter contradictorio de Voltaire se refleja tanto en sus escritos como en las opiniones de otros. Parecía capaz de situarse en los dos polos de cualquier debate, y en opinión de algunos de sus contemporáneos era poco fiable, avaricioso y sarcástico. Para otros, sin embargo, era un hombre generoso, entusiasta y sentimental. Esencialmente, rechazó todo lo que fuera irracional e incomprensible y animó a sus contemporáneos a luchar activamente contra la intolerancia, la tiranía y la superstición. Su moral estaba fundada en la creencia en la libertad de pensamiento y el respeto a todos los individuos, y sostuvo que la literatura debía ocuparse de los problemas de su tiempo. Estas opiniones convirtieron a Voltaire en una figura clave del movimiento filosófico del siglo XVIII ejemplificado en los escritores de la famosa Enciclopedia francesa. Su defensa de una literatura comprometida con los problemas sociales hace que Voltaire sea considerado como un predecesor de escritores del siglo XX como Jean-Paul Sartre y otros existencialistas franceses.

    Todas las obras de Voltaire contienen pasajes memorables que se distinguen por su elegancia, su perspicacia y su ingenio. Sin embargo, su poesía y sus obras dramáticas abusan a menudo de un exceso de atención a la cuestión histórica y a la propaganda filosófica. Cabe destacar, entre otras, las tragedias Brutus (1730), Zaire (1732), Alzire (1736), Mahoma o el fanatismo (1741), y Mérope (1743); el romance filosófico Zadig (1747); el poema filosófico Discurso sobre el hombre (1738); y el estudio histórico Carlos XII (1730).

    OBRA DE VOLTAIRE

    La razón de su celebridad son sus escritos literarios y sobre todo filosóficos. Voltaire no ve oposición entre una sociedad alienante y un individuo oprimido, idea defendida por Juan Jacobo Rousseau, sino que cree en un sentimiento universal e innato de la justicia, que tiene que reflejarse en las leyes de todas las sociedades. La vida en común exige una convención, un pacto social para preservar el interés de cada uno. El instinto y la razón del individuo le lleva a respetar y promover tal pacto. El propósito de la moral es enseñarnos los principios de esta convivencia fructífera. La labor del hombre es tomar su destino en sus manos y mejorar su condición mediante la ciencia y la técnica, y embellecer su vida gracias a las artes. Como se ve, su filosofía práctica prescinde de Dios, aunque Voltaire no es ateo, es deísta. Sin embargo, no cree en la intervención divina en los asuntos humanos y denuncia el providencialismo.

    Fue un ferviente opositor de la Iglesia católica, símbolo según él de la intolerancia y de la injusticia. Se empeña en luchar contra los errores judiciales y en ayudar a sus víctimas. La burguesía liberal y anticlerical hacen de él su ídolo.

    Si por algo ha pasado Voltaire a la Historia, es por habernos proporcionado el concepto de tolerancia religiosa. Fue un incansable luchador contra la intolerancia y la superstición y siempre defendió la convivencia pacífica entre personas de distintas creencias y religiones.

    Sus escritos siempre se caracterizaron por la llaneza del lenguaje huyendo de cualquier tipo de grandilocuencia. Maestro de la ironía, la utilizó siempre para defenderse de sus enemigos, de los que en ocasiones hacía burla demostrando en todo momento un finísimo sentido del humor. Conocidas son sus discrepancias con Montesquieu acerca del derecho de los pueblos a la guerra.

    Caso Calas

    Jean Calas, comerciante hugonote de Toulouse, hombre respetable y padre de cuatro hijos, fue condenado a muerte, acusado del asesinato de su hijo Marc-Antoine, que apareció muerto en la tienda situada bajo la vivienda familiar el 13 de octubre de 1761. Resultaba tentador creer que Calas había asesinado a su hijo para evitar que se convirtiera al catolicismo. Su ejecución, previa tortura, fue un espectáculo brutal. Voltaire dedicó tres años a reivindicar su inocencia en la primera gran campaña de prensa del periodismo moderno, con libros como el ``Tratado de la Tolerancia´´ y el ``Aviso al Público´´. Callas fue rehabilitado póstumamente en marzo de 1765.

    Moral del autor

    "No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero lucharé hasta la muerte para que tenga el derecho de decirlo." Voltaire.

    En el pensamiento del filósofo inglés John Locke, Voltaire encuentra una doctrina que se adapta perfectamente a su ideal positivo y utilitario. Locke aparece como el defensor del liberalismo, afirmando que el pacto social no suprime los derechos naturales del individuo. En resumen, es la experiencia sola quien nos instruye; todo lo que la sobrepasa sólo es hipótesis; el campo de alguien coincide con el de lo útil y de lo comprobable. Voltaire saca de esta doctrina la línea directriz de su moral:la tarea del hombre es tomar en su mano su destino, mejorar su condición, garantizar, embellecer su vida con la ciencia, la industria, las artes y por una buena politica de las sociedades. Así la vida no sería posible sin una convención donde cada uno encuentra su cuenta. A pesar de que se expresan por leyes particulares en cada país, la justicia, que asegura esta convención, es universal.

    Todos los hombres son capaces de concebir la idea, primero porque todos son seres más o menos razonables, luego porque son todos capaces de comprender qué es lo útil y útil a cada uno. La virtud, «comercio de beneficios» es dictada a la vez por el sentimiento y por el interés. El papel de la moral, según Voltaire, es enseñarnos los principios de esta «policía» y de acostumbrarnos a respetarlos.

    Voltaire y el antisemitismo

    El antisemitismo es el movimiento, actitud o doctrina en contra de la religión y cultura del pueblo judío. El término designa las conductas de quienes proponen la discriminación hacia los judíos en general. Reaparece en los periodos de inestabilidad social y crisis económica; las pasiones y frustraciones que se generaron en estos periodos buscaban una víctima propiciatoria, una `cabeza de turco'.

    Corre por ahí un libro de doscientas cincuenta páginas de textos antisemitas de Voltaire: ``nación vil, entregada a la superstición más absurda y a una codicia insaciable´´. ``Sin embargo no hay que quemarlos´´. Todas las luces tienen sombras.

    El antisemitismo de Voltaire es reconocido por ciertos críticos o historiadores, se dice incluso que puede ser un instigador del antisemitismo moderno. Así, por ejemplo, el historiador León Poliakov tituló el tomo 3 de su: Historia del Antisemitismo como "De Voltaire a Wagner". Según él, este sentimiento se habría agravado en los últimos quince años de la vida de Voltaire. Parecía entonces ligado al combate del filósofo contra la iglesia cristiana. Continúan, igualmente, los problemas financieros y de relaciones difíciles con banqueros judíos, lo que parece insuficientemente fundado. Recordemos igualmente, sin disminuir su carga nefasta, que el antisemitismo es un lugar común del pensamiento general, desde al menos la Edad Media, Voltaire no hizo sino suscribir una opinión largamente extendida entre sus contemporáneos.

    El antisemitismo de Voltaire es igualmente contestado por aquellos que no ven sino al antijudaísmo. "No porque ciertas frases de Voltaire nos duelan deberíamos confundirlo en la turba de perseguidores", escribió Roland Desné.

    Voltaire y el dinero

    Voltaire murió en una inmensa fortuna: "llamado uno de los primeros rentistas de Francia". Estas provendrían:

  • De su pluma; en su Comentario histórico sobre las obras del autor de la Henriade, evoca el éxito de esta obra publicada en Gran Bretaña, gracias a la protección del rey.

  • Del bolsillo de los príncipes, según las épocas Jorge I de Gran-Bretaña, Luis XV, Federico II, Catherine II de Rusia.

  • De las rentas de los habitantes de Ferney.

  • De lugares diversos:lotería, préstamos a la aristocracia, inversiones marítimas: en 1758 entran en el puerto de Cádiz barcos cargados de oro de América, donde había colocado parte de su fortuna.

  • Del comercio triangular, según algunos.

  • Apenas abordó el tema y se considera que se guardó el secreto. Nadie sabrá nunca si el primer hombre que usó zapatos cuando todos iban descalzos, inventó el lujo o solucionó un problema práctico.

    Voltaire y las mujeres

    Como Diderot, Voltaire tiende a creer que la mujer es un hombre de sexo femenino. Pero cuando en vez de ``mujeres´´ escribe ``bello sexo´´ puede ponerse insoportable. Veinte años de casta convivencia con madame du Châtelet, hábitos de solterón y aventurillas diversas para escándalo de burgueses. Cualquier psicoanalista detecta en la ironía volteriana una falta de amor maternal.

    Voltaire y el diluvio: un error de apreciación

    La presencia de fósiles marinos en la cima de las montañas fue considerada en su época como una prueba de haber estado bajo el agua y, por consiguiente, el diluvio.

    Voltaire no admitía esta interpretación ni siquiera la idea de que hayan podido estar algún día fondos marinos donde se encuentran las montañas. Apoyaba su idea en: el Diccionario Filosófico mostrándose sorprendido de que nadie haya pensado en una explicación, según él, bastante más simple: que cruzados o peregrinos hayan botado moluscos de los que tenían entre sus provisiones para su viaje. A todo esto hay que añadir que tampoco el diluvio ha sido el causante de la altitud de estos fósiles ,sino la deriva continental.

    Ideas de Voltaire acerca de la sociedad

    • "Es absolutamente necesaria una reforma profunda de la sociedad que asegure la libertad y el bienestar del pueblo´´.

    • ``Crear un sistema parlamentario que limite los poderes del Rey´´.

    • ``Establecer un sistema de impuestos racional que no arruine a la gente´´.

    • ``Liberar la economía: "Que se reconozca el trabajo bien hecho´´.

    Voltaire y la esclavitud

    Voltaire cree posible humanizar la esclavitud. La inhumanidad de los patrones es la que causa los males de la esclavitud. No critica el principio, sólo la forma, lo que se ve reflejado en: Cándido. Sin embargo se entusiasma en la liberación de sus esclavos por los Quakers de Pensilvania en 1769. Se interesa aún más por "los esclavos de los monjes" de Pays de Gex que es "más infeliz que los negros".

    Voltaire y el fanatismo

    Toda la obra de Voltaire es un combate contra el fanatismo y la intolerancia, y eso desde: La Henriada en 1723."Entendemos hoy en día por fanatismo una locura religiosa, oscura y cruel. Es una enfermedad que se adquiere como la viruela".

    Voltaire y la historia

    Voltaire con la idea de la racionalidad, y la nueva forma de hacer historia, no sólo historia positivista, tampoco historia de bronce, asegura que no sólo era importante la vida de un personaje y sus aspectos lo que interesan a la historia, sino "lo que interesa ahora es la actividad en conjunto". Además el mismo Voltaire aseguraba que: ``sólo existieron cuatro momentos de verdadera grandeza del espíritu humano... La historia griega, el tiempo de Filipo y Alejandro. La segunda edad es la de César y Augusto. La tercera la toma de Constantinopla. La cuarta es la de Luis XIV "que se encuentra más cercana a la perfección´´.

    Voltaire y los negros

    El odio de Voltaire hacia los negros ha sido muy discutido. Es innegable que Voltaire escribió sobre la igualdad de todos los seres humanos. También escribió que los negros, si eran seres humanos, lo eran de una manera inferior. Esta constatación descansa sobre un cuerpo de citas incontestables. Faltaba discutirlas y explicarlas, lo que los especialistas hicieron luego de varias décadas.

    Voltaire y la poesía

    Voltaire estimaba mucho sus versos y se autodenominaba poeta; fue considerado en su siglo como el sucesor de Cornelio y de Racine, a veces incluso como triunfador; sus piezas tuvieron un inmenso éxito y el autor conoce la consagración en 1778 cuando, en la escena de la Comedia Francesa, Clairon corona su busto con laureles, delante de un público entusiasta.

    Voltaire y el teatro

    Lo más improbable en la relación que tuvo Voltaire con el teatro, es que pensaba que se le retendría únicamente por sus piezas juzgadas bastante mediocres en comparación a sus otros escritos. No fue nada y, entre la sesentena de piezas que escribió, la historia destaca en particular: Zaire (1732), Adelaida de Guesclin (1734), Alzira o los estadounidenses (1736) Mahomet y el fanatismo (1741), La Meropa francesa (1743), Sémiramis (1748), Nanine, ou eL prejuicio vencido (1749), El Duque de Foix (1752), El Orfelinato de China (1755), El Café o la Éscocesa (1760), Tancredo (1760), Los Scythes (1767), o incluso Las Leyes de Minos (1774).

    Actualmente han caído en el olvido casi general, sin embargo, las piezas de Voltaire han sido parte del repertorio teatral durante casi dos siglos.

    Voltaire y la tolerancia

    Aunque el “Tratado sobre la Tolerancia” escrito en el 1763 sea una de sus obras más tristemente actuales, no hay en Voltaire una teoría positiva de la tolerancia sino, más bien, una crítica de la intolerancia. La tolerancia, como respeto al otro, no soporta teorías sublimes. Es, simplemente, una actitud igualitaria, distante por igual del fanatismo y de la banalidad de las opiniones. Sirve para que la sociedad sea, si no bella, al menos soportable. No debería confundirse jamás con la indiferencia.

    Obras

  • Edipo, 1718

  • La Henriada, 1728

  • Historia de Carlos XII, 1730

  • Brutus, 1730

  • Zaire, 1732

  • El templo del gusto, 1733

  • Cartas inglesas o Cartas filosóficas, 1734

  • Adélaïde du Guesclin, 1734

  • Mahoma, 1736

  • Mundano, 1736

  • Epístola sobre Newton, 1736

  • Tratado de metafísica, 1736

  • El Hijo Pródigo, 1736

  • Ensayo sobre la naturaleza del fuego, 1738

  • Elementos de la filosofía de Newton, 1738

  • Zulima, 1740

  • El fanatismo o Mahoma, 1741

  • Mérope, 1743

  • Zadig, 1748

  • El mundo como va, 1748

  • Nanine o El prejuicio vencido, 1749

  • El siglo de Luis XIV, 1751

  • Micromegas, 1752

  • Poema sobre el desastre de Lisboa, 1756

  • Estudio sobre los hábitos y el espíritu de las naciones, 1756

  • Historia de los viajes de Scarmentado escrita por él mismo, 1756

  • Cándido o El optimismo, 1759

  • La Doncella de Orleans, 1762

  • Lo que gusta a las damas, 1764

  • Diccionario filosófico, 1764

  • Jeannot y Colin, 1764

  • Del horrible peligro de la lectura, 1765

  • Pequeña digresión, 1766

  • El filósofo ignorante, 1766

  • Tratado sobre la tolerancia, 1767

  • El ingenuo, 1767

  • La princesa de Babilonia, 1768

  • Las cartas de Memmius, 1771

  • Hay que tomar partido, 1772

  • El clamor de la sangre inocente, 1775

  • Del alma, 1776

  • Diálogos de Evémero, 1777

  • Obras sobre Voltaire

  • Catálogo de la biblioteca Voltairiana, Adrien Jean Quentin Beuchot, colección única en manuscrito, que comprende las ediciones originales y las principales reimpresiones de cada una de las obras de Voltaire, con sátiras, críticas, parodias apologías, etcétera.

  • Voltaire humanista, Charles Porset, Ed. Edimaf

  • Voltaire, Jean Goldzink, Ed. Hachette Supérieur.

  • EPOCA DEL AUTOR

    Se denomina habitualmente Ilustración o Siglo de las luces; a la corriente intelectual de pensamiento que dominó Europa y en especial Francia e Inglaterra durante casi todo el siglo XVIII y que abarca desde el Racionalismo y del Empirismo del siglo XVII hasta la Revolución Industrial del siglo XVIII, la Revolución Francesa y el Liberalismo. La expresión estética de este movimiento intelectual se denominará neoclasicismo

    Se consideraba que todo lo antigüo se enmarcaba en un ambiente de oscuridad y decrepitud, y que la nueva ideología que llegaba eran las "luces", que iluminaba al mundo. El precedente histórico más apegado a la Ilustración fue el Renacimiento, donde también se trataba de romper con el pasado medieval y renacer en la nueva modernidad.

    Inicio del movimiento filosófico

    Cuando la situación política se estabilizó tras la Paz de Westfalia y el final de la guerra civil en Inglaterra, existía un ambiente de agitación que tendía a centrar las nociones de fé y misticismo en las revelaciones individuales como la fuente principal de conocimiento y sabiduría.

    La Era de la Razón trató entonces de establecer una filosofía basada en axiomas y el absolutismo como bases para el conocimiento y la estabilidad.

    Este objetivo de la Era de la Razón, alcanzó su madurez con la ética de Baruch Spinoza, que exponía un visión Panteísmo del universo donde Dios y la Naturaleza eran uno. Esta idea se convirtió en el fundamento para la Ilustración, desde Isaac Newton hasta Thomas Jefferson.

    La Ilustración estaba influenciada en muchos sentidos por las ideas de Blaise Pascal,Gottfried Leibniz,Galileo Galilei y otros filósofos del periodo anterior. Las ideas de Newton, que combinaba su habilidad de fusionar las pruebas axiomáticas con las observaciones físicas en sistemas coherentes de predicciones verificables, proporcionaron el sentido de la mayor parte de lo que sobrevendría en el siglo posterior tras la publicación de sus: Philosophiae Naturalis Principia Mathematica.

    La Ilustración se dedicó a buscar en la mente de Dios mediante el estudio de la creación y por la deducción de las verdades básicas del mundo.

    Origen Social de los filósofos Ilustrados

    Los integrantes de la Ilustración provenían de la nobleza, eran un grupo acomodado y con fortuna, que vivían de la renta de su propiedad agraria y de las pensiones de la corte. Se trataba de una nueva elite, que gracias a la fama y el nivel de sus ingresos ascendieron socialmente consiguiendo algunos títulos y privilegios de los grados inferiores de la nobleza. Lo importante de su trabajo intelectual tenía un peso creciente en el estado moderno y en los sectores clave de la actividad económica en proceso de transformación.

    Los filósofos ilustrados buscaban la verdad científica y se basaron en la razón para explicar la realidad del mundo en el que vivían. La ilustración es para la historia un sistema de pensamientos producido por los intelectuales en un ambiente de autonomía y libertad de la razón individual, donde cada persona podía instruirse en busca de la verdad científica. Era sobre todo, un programa educativo orientado a elevar el nivel cultural de la sociedad y mejorar la situación de quienes desearan cultivar la razón y salir de la ignorancia.

    Ilustración

    En la segunda mitad del siglo XVIII, pese a que más del 70% de los europeos eran analfabetos, la intelectualidad y los grupos sociales más relevantes descubrieron el papel que podría desempeñar la razón, íntimamente unida a las leyes sencillas y naturales, en la transformación y mejora de todos los aspectos de la vida humana.

    La élite de esta época sentía enormes deseos de aprender y de enseñar lo aprendido, siendo fundamental la labor desarrollada por Diderot y D'Alembert.

    La ilustración presenta las siguientes ideas y principios:

    -Empirismo: los ilustrados contrapusieron su fé en la experimentación para poder conocer el mundo y conseguir el progreso.

    -Criticismo: el ilustrado aspira a someter a crítica racional todo el conocimiento anterior.

    Deseo de conocimiento: el ilustrado siente un enorme deseo de conocer por completo el mundo donde habita pero también siente la necesidad de dar a conocer lo aprendido.

    -Utopismo: se cree que la aplicación de la razón a todos los aspectos de la vida humana permitirá una mejora constante de la sociedad y un progreso económico y cultural ilimitado.

    -Progreso y felicidad: el ilustrado a lo que aspira como objetivo prioritario es a conseguir la felicidad en este mundo.

    -Reformismo: los ilustrados proponen modernizar la sociedad mediante lentas reformas que serán llevadas a cabo por reyes y gobiernos de carácter absolutista.

    Ambiente Sociocultural

    %Crisis de conciencia Europea:

    La primera mitad del siglo XVII el panorama intelectual de la mayoría de los hombres instruidos estaba dominado por dos fuentes de autoridad: los autores clásicos grecorromanos y la Biblia cristiana. Ambos estaban reforzados por el Renacimiento y la Reforma, era un mundo que todavía no estaba liberado completamente de la tradición medieval.

    Hechos como la Revolución Científica, la transformación de la economía…cambiaron la forma de vida de los europeos y modificaron las ideas de los intelectuales acerca del mundo en que vivían.

    Hacia 1.680 comenzó un movimiento de crítica racionalista, creado por científicos y filósofos, que rechazaban los dogmas tradicionales de encontrar la verdad mediante los métodos experimentales.

    %El ambiente intelectual:

    La nueva mentalidad del siglo XVIII incluía la confianza en la capacidad de la naturaleza humana y en sus posibilidades de progreso. El sistema represivo debía dar paso a un sistema basado en la confianza, donde el pueblo sabría regir su propio destino.

    El ambiente intelectual se presentó con mayor fuerza en Francia, durante los años 1.740 y 1.750, cuando este país se convirtió en el centro de la cultura del "Signo de las Luces". El ambiente político se volvió más tolerante hacia las ideas de los intelectuales, buscando como objetivo engrandecer el Estado y hacer frente a la amenaza británica. En Francia se desarrolló un buen ambiente del pensamiento ilustrados, que se irradió a otros países de Europa.

    Carácterísticas específicas de la ilustración

    -Naturaleza: Amor a la naturaleza. El deseo de descubrir, mediante la aplicación de la razón y la observación, las leyes que la rigen. El papel de la naturaleza para originar y conducir la existencia de los hombres y de todos los objetos del Universo. Según Newton "la naturaleza es considerada como una gran máquina concebida por Dios y regida por las leyes establecida por Él". Para los ilustradores, mientras el pueblo siguiera pensando que Dios dirigía todo el Universo, las leyes universales, que se veían en la educación seguirían estando en manos del clero, deteniendo así el progreso de la ciencia.

    -Razón: Fé constante en el poder de la razón humana. Durante la Ilustración llegó a pensarse que con uso juicioso de la razón sería posible un progreso ilimitado. La razón sirvió de guía para estudiar el funcionamiento de las leyes de la naturaleza, por consiguiente todo lo racional es bueno, y todo aquello que no conlleve a la razón es incorrecto.

    -La igualdad: Si todos los hombres proceden de la misma naturaleza y todos poseen la capacidad de razonar, entonces todos los hombres son iguales a la luz de la razón, con iguales derechos que deben ser respetados.

    -Deísmo: Es la religión natural. Tenía su fundamento en que Dios y el alma no pueden llegar a ser conocidos por la razón humana, por cuanto corresponden a la metafísica y no puede ser percibido mediante los sentidos. Se reconoce a Dios como autor de la naturaleza y se debe revelar a los hombres por medio de la razón.

    -Moral laica: Es independiente de la religión, ya que los hombres se rigen por morales no sólo porque Dios ordena observarlas, sino porque la razón exige el respeto a los derechos de los demás.

    Influencia de John Locke

    Las ideas de filósofo inglés Locke influyeron en el pensamiento ilustrado, sobre todo mediante su obra "Ensayo sobre el gobierno civil", en la cual habla del estado natural, destacando que los seres humanos poseen ciertos derechos, como los son el derecho a la vida, a la libertad… Dice que el hombre en busca de la protección de esos derechos integra a la sociedad la política, bajo una especie de trato o pacto con los gobernantes.

    Locke plantea que el gobierno deberá estar dividido en dos poderes:

    %El Legislativo: que es supremo por representar a la mayoría de la comunidad. El se encarga de crear las leyes.

    %El Ejecutivo: que depende en gran parte del legislativo y está limitado por las leyes dictadas por la voz popular.

    Ambos poderes deben velar el uno por el otro, viendo el buen desempeño de las funciones de cada uno, sin que ninguno llegue a ser tan fuerte que limite los derechos naturales del pueblo.

    Las ideas de Locke sentaron las bases de las modernas teorías económicas, por ejemplo de la propiedad privada. Locke consideraba que al comienzo los hombres poseían una propiedad común ya que todos podían utilizar por igual los frutos de la naturaleza, pero que al trabajarlos independientemente, se puso en práctica la propiedad privada.

    Representantes de la ilustración

    -Voltaire: su filosofía se inclinaba a la defensa de los derechos del hombre, para seguir los dictados de su razón, siempre que con ello no se perturbara el orden social. Postuló que el hombre debía seguir sus propias ideas y opiniones con respecto a la religión y a la práctica de la misma. El creía en el deísmo o religión natural, según la cual Dios es el creador del Universo, pero que únicamente había iniciado el movimiento de este, como quien da cuerda a un reloj y no vuelve a intervenir en su funcionamiento.

    -Montesquieu: Lo más importante de Montesquieu fue la separación de poderes que propuso como la forma de gobierno ideal, ampliando el criterio de Locke respecto al tema, planteó lo siguiente:

    %El poder Legislativo o Parlamentario: que elabora las leyes y reside en el parlamento.

    %El poder Ejecutivo: corresponde al monarca. Hace que se cumpla la Ley y reside en el gobierno.

    %El poder Judicial: formado por los jueces. Administra la justicia y reside en los jueces y en los tribunales.

    Estos tres poderes debían de mantenerse dentro de un sistema de frenos y contrapeso que eviten el abuso de cualquiera de ellos, garantizando la justicia y asegurando el respeto de los gobernantes a los derechos naturales del hombre.

    -Jean Jacques Rousseau: Comienza sus ideales del supuesto de que los hombres poseen derechos naturales que deben ser respetados y salvaguardados por todos, pero agrega un elemento más como característica de la naturaleza humana: la idea de que el estado natural era una situación perfecta en la cual todos los hombres eran buenos, pero al formarse en la sociedad surgieron las desigualdades y con ello el egoísmo. Esto ocasionó que los seres humanos perdieran los sentimientos morales concedidos por la naturaleza, para cambiarlos por una actitud racionalista y fría que los aleja de su bondad innata.

    Su obra fundamental fue "El Contrato Social", donde se expone como debe ser un estado democrático. Este debía de garantizar el respeto mútuo de los derechos humanos otorgados por la naturaleza, ya que el egoísmo de los individuos y el abuso de poder de los políticos hacían imposible la vida en armonía. El principal aporte de Rosseau fue el concepto de "voluntad general" que aproxima la filosofía política hacia los fundamentos del gobierno democrático.

    Para Rosseau el gobierno no debería ser más que el representante de la voluntad general, y debería permitirse que todo el pueblo participe en la creación de las leyes y en la elección de las personas que han de velar por su cumplimiento. La perspectiva de Rosseau acerca de la innata bondad humana representaba una autocrítica hacia el comportamiento de la sociedad francesa de su época, y sirvió como base para el desarrollo de la corriente filosófica del romanticismo, que influyó en el pensamiento europeo durante la primera mitad del siglo XIX.

    -Denis Diderot: critica a la sociedad corrupta de su tiempo y tiene como creencia de la naturaleza como origen de las cosas reales. Racionalista y materialista, sostiene que las ciencias naturales permitirán el progreso técnico, de manera que rechaza la creencia en las religiones tradicionales.

    Su fama se debe a su iniciativa de publicar en forma de diccionario un resumen de todas las ciencias humanas producidas por los pensadores contemporáneos, al que llamó "Enciclopedia o Diccionario de las Ciencias, de las Artes y de los Oficios por una sociedad de gentes de letras". Fue publicada en Francia entre los años de 1.751 y 1.772, estaba compuesta por 17 volúmenes, y llegó a alcanzar tal popularidad que en pocos años fue difundida por toda Europa, ya reimpresa y traducida a varios idiomas.

    -Francois Quesnay: Estuvo a la cabeza de un grupo de pensadores que dieron origen al movimiento conocido como la ``fisiocracia´´ y quienes desarrollaron una teoría acerca de las leyes que rigen las actividades económicas. Se explicaba a través de que la economía está sometida a ciertos principios naturales reguladores, el más importante de los cuales es el interés individual de las personas por consumir y producir las mercancías que le proporcionen mayor bienestar.

    Los fisiócratas entendían como ciclo anual aquel en que la producción y el consumo actuaban recíprocamente en el seno de la sociedad, a la que suponían dividida entres clases, que dependían del trabajo que realizaran:

    %La Clase Productiva: formada por aquellas personas dedicadas a las actividades agrícolas, a quienes consideraban como los únicos capaces de proporcionar el producto neto.

    %La Clase Propietaria: integrada por los terratenientes, el Rey y el clero, que recibían el producto neto anual en forma de rentas, impuestos y diezmos, y que luego distribuían dentro de la sociedad a través de sus gastos e inversiones.

    %La Clase Estéril: que al no dedicarse a la agricultura no proporcionaban el producto neto pero producía las manufacturas y se encargaba del comercio, actividades también necesarias para la economía.

    De acuerdo con esta teoría, los gobiernos debían de orientar sus políticas económicas a quitar todos los elementos que pudieran obstaculizar la formación del producto neto agrario y el mecanismo de oferta y demanda entre las tres clases sociales, se debían de eliminar las restricciones que imponía la política mercantilista al intercambio del producto agrario dentro de la nación y con el exterior.

    El siglo de las Luces

    El siglo XVIII constituye, en general, una época de progreso de los conocimientos racionales y de perfeccionamiento de las técnicas de la ciencia. Fue una época de enriquecimiento que potenció a la nueva burguesía, si bien se mantuvieron los derechos tradicionales de los órdenes privilegiados dentro del sistema monárquico absolutista. Sin embargo, la historia del siglo XVIII consta de dos etapas diferenciadas: la primera supone una continuidad del Antiguo Régimen y la segunda, de cambios profundos, culmina con las revoluciones de las últimas décadas.

    CONCLUSION

    Gracias a la elaboración de este trabajo, hemos podido conocer más acerca de la Tolerancia, concebida como una actitud que se caracteriza por la consciente permisividad hacia los pensamientos de otros individuos, sociedades o instituciones, pese a que los valores morales o éticos de aquéllos no coincidan con los de éstos.

    La tolerancia se manifiesta en todas las actividades humanas pero muy especialmente en los aspectos religiosos, culturales, políticos y en las relaciones de género. Presentando como principales actores y receptores de la tolerancia al individuo y al Estado.

    Tambien hemos profundizado en el movimiento filosófico que se originó en Francia en el siglo XVIII, y que trascendió a toda Europa. Centrándonos en Voltaire y su obra, basada en la búsqueda de la verdad científica y en el empleo de la razón para explicar la realidad del mundo en el que vivía.

    Hemos hecho mención a los principales representantes de la Ilustración a: Jhon Locke, Montesquieu, Jean Jaques Rousseau, Denis Diderot, Francois Quesnay; y de igual manera quienes fueron los principales actores del despotismo ilustrado, como: Federico II de Prusia, Catalina la Grande de Rusia… Que todos ellos, influyeron de una manera u otra en la obra de Voltaire.

    El Tratado sobre la tolerancia

    Parece más una historia de la tolerancia en el sentido de historia de situaciones reinterpretables desde el concepto de intolerancia, que en el sentido de una historia del concepto de tolerancia como concepto de la filosofía moral.

    La vigen­cia del texto no ha caducado en absoluto y los problemas que se plantean en esta obra siguen resurgiendo en la actualidad. El fanatismo sigue inmolando por doquier vidas humanas en aras del respeto a una determinada tradición o pauta cultural. *Actualmente cabe mencionar el integrismo islámico que pretende imponer sus convicciones religiosas a sangre y fuego.

    Varias obras de Voltaire fueron quemadas en la hoguera, porque fueron consideradas peligrosas para las opiniones hegemónicas del momento. Sin embargo, con ser ésta una práctica escandalosa, es evidente que no ha caído en desuso después de tantos años.

    La obra maestra de Voltaire no fue realmente ningún libro sino la invención del ``intelectual´´, tal como lo entendemos todavía. Por encima de los millares de páginas publicadas, está el personaje que quiso repre­sentar él mismo a lo largo de su propia vida, encarnando el prototipo de: persona más o menos culta e informada que decide incidir en la opinión pública mediante sus escritos para pronunciarse sobre las cosas y cues­tiones del momento, denunciando cuantos desmanes e injusti­cias vayan compareciendo ante sus ojos, a fin de movilizar las conciencias para reparar los atropellos cometidos contra la moral y el derecho.

    Temeroso de aburrir al público, Voltaire sabe muy bien que un epigrama, un pensamiento expre­sado con suma brevedad y agudeza, puede calar mucho más hondo y resultar bastante más eficaz que libros enteros carentes de amenidad.

    Una de las princi­pales virtudes de esta obra sobre la tolerancia estriba en combinar diversos géneros literarios y es que todas las armas eran pocas para llevar a cabo esta denuncia, cuya finalidad era forzar la revisión de un dictamen judicial tan estrepitosamente injusto, como fue la precipitada resolución del «caso Calas»; una sen­tencia que había sido inducida por un clima de crispación social, al darse por supuesto que cualquier protestante debía preferir asesinar a su hijo, antes que permitirle convertirse al catolicismo.

    El autor al finalizar la obra, eleva una oración en la que pide a Dios que nos ayudemos unos a otros a soportar la carga de una existencia penosa y pasajera; que las pequeñas diversidades entre los vestidos que cubren nuestros débiles cuerpos, entre todas nuestras insuficientes lenguas, entre todos nuestros ridículos usos, entre todas nuestras imperfectas leyes, entre todas nuestras insensatas opiniones, no sean motivo de odio y de persecución.

    Voltai­re acuñó también algo tan moderno como es un eslogan. Su pluma hizo célebre una divisa que recorrió toda Europa: ``¡No dejes de pisotear al 'Infame!´´ (``Écrasez l'Infame´´).

    La ironía como método dialéctico y la tolerancia como meta pro­gramática configuran los dos rasgos esenciales del pensamiento de Voltaire.

    En opinión de Voltaire, todos los hombres albergan dentro de su fuero interno una clara noción sobre lo justo y lo injusto, al margen de lo dictado por las normas o la religión.

    Hay dos formas de luchar por los propios ideales. Una escoge la senda del fanatismo y pretende hacer valer sus crite­rios recurriendo a la violencia. La otra es la del disidente cuya conciencia no le permite acatar una determinada norma y deci­de incumplirla con la esperanza de que se modifique alguna vez.

    Voltaire,afirma que nunca podemos mos­trarnos tolerantes con la intolerancia, pues está en juego nuestra dignidad.

    Señala que no se debe predicar ni ejercer la intolerancia. La intolerancia ha cubierto la tierra de matanzas y son la vergüenza de los pueblos que no conocen la tolerancia. Los hombres deben empezar por no ser fanáticos para merecer la tolerancia.
    Voltaire aboga por una tolerancia universal en donde los cristianos deben tolerarse unos a otros, y en la ilustración y en el saber ve la cura para la estupidez humana.
    La tolerancia resultó ser una expresión ética del derecho que transformó el antigüo esquema de principio y valores en otro esquema normativo que garantiza constitucionalmente el valor de la opinión de los individuos.

    Este autor se pasó media vida escribiendo sobre la tolerancia y avivando los odios contra judíos y cristianos. Se veía a sí mismo como patriarca de la tolerancia, pero su amigo, Diderot lo retrató como el Anticristo, y media Europa le rechazó por no ver en él más que el genio del odio.