Transtornos del comportamiento infantil

Psicología. Alteraciones de conducta en niños. Desarrollo cognoscitivo, psicoafectivo y social. Temperamento infantil. Etiología. Conductas agresivas. Intolerancia a la frustración

  • Enviado por: Fernando Cumba Armendariz
  • Idioma: castellano
  • País: Ecuador Ecuador
  • 9 páginas

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TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO INFANTIL

Fernando Cumba Armendáriz

Medico Residente de Psiquiatría

Clínica Nuestra Señora de Guadalupe, Quito - Ecuador

Estos trastornos se caracterizan por alteraciones del comportamiento infantil que se alejan notablemente de aquel esperado para la edad y para el desarrollo cognoscitivo, psicoafectivo y social. Los trastornos de conducta en la infancia han sido objeto de varias formas de apreciación fenomenológica, incluso han generado posiciones encontradas con respecto a si causan alteraciones de la personalidad del sujeto o si representan variaciones del comportamiento normal con posibilidades de rectificarse en el desarrollo; también se discute su significado psicopatológico actual.

Varios sistemas de clasificación han sido sugeridos para enfocar los trastornos de conducta en la infancia. En la actualidad los trastornos de comportamiento o los desórdenes de conducta tienen un lugar en los diferentes sistemas de clasificación como DSM-IV, CIE-10,CFTMNA (American Psychiatic Association, 1994; Organización Mundial de la Salud, 1992 y Misès etal,1990).

La cuestión del carácter y el temperamento de los niños y la teoría reciente de los “subtipos” comportamentales (Yule,1994) o las expresiones del temperamento infantil deben ser incluidas en la discusión acerca de los desordenes de la conducta de los niños. Es importante resaltar que estas discusiones no han terminado aún y ocupan gran parte de los temas de debate entre los expertos en la clínica y la psicología infantil . Sin embargo con el ánimo de favorecer su claridad y de estandarizar las apreciaciones clínicas , consideraremos las clasificaciones actuales de trastornos de conducta y trastornos oposicionales desafiantes (DSM-IV y CIE-10), por una parte, y la clasificación expuesta por Ferrari (1996) en Desordenes del Comportamiento infantil, por otra.

Definición

La expresión “trastornos de conducta” agrupa una gran variedad de manifestaciones sintomáticas que alteran de manera importante el desempeño social, escolar y familiar del niño; para considerarlas como tales deben tener tres características:

-Interferir de manera importante con la adquisición de normas y pautas sociales y reaccionar en contra de ellas.

-No corresponder a reacciones comportamentales en el marco de otra entidad patológica específica ( depresión, psicosis infantil, trastornos de ansiedad, etc.)

-Manifestarse según la edad cognoscitiva y social del niño.

De acuerdo con estas tres consideraciones, solo un limitado grupo de comportamiento de los niños puede considerarse como patológico.- Recordemos que los niños suelen manifestarse a través del comportamiento, y no todo signo que a los ojos de un adulto sea inesperado, erróneo o inmaduro puede calificarse como patológico. De hecho, muchas de la quejas de comportamientos alterados en los niños suelen corresponder a manifestaciones diferentes a las alteraciones propias del comportamiento o más aún, a problemas originados en los mismos padres. Un análisis cuidadoso del comportamiento de los niños, así como un conocimiento de las reacciones normales para cada etapa de su desarrollo, nos permitirá diferenciar las características de los diferentes tipos de comportamiento infantil y aquellos determinados como anormales.

Es importante resaltar que en la mayoría de los reportes la expresión “trastornos de conducta” es utilizada análogamente a la de trastornos de comportamiento. A pesar de que los significados de cada uno de los términos no se refieren necesariamente al mismo fenómeno, utilizaremos el término “conducta” dado que es el empleado en los sistemas de clasificación. No obstante, consideraremos a que se refiere cada uno de los dos términos :

Conducta

La conducta hace referencia a una relación existente entre los elementos individuales necesarios para la organización del comportamiento y las consecuencias generadas por éste de acuerdo con el estadio de desarrollo (Porot, 1986). Si entendemos como conducta esta relación, necesariamente debemos conocer cuáles son las reacciones esperadas para la edad y consideradas como conducta normal. La conducta evoluciona y tiene diferentes componentes: uno instintivo y biológico y otro elaborado por medio del aprendizaje.

Comportamiento

Por “comportamiento” entendemos el conjunto de reacciones en la vida de un sujeto ante situaciones y estímulos determinados. En un sentido más amplio, el comportamiento expresa las respuestas particulares de los individuos y, por lo tanto, puede definir una forma de responder a los estímulos predecible en los sujetos según el patrón de sus respuestas. El comportamiento se relaciona estrechamente con la conducta.

Etiología

Los trastornos de las conducta en la infancia no tienen una etiología específica determinada. Tampoco se postula una sola forma como causa. Existen teorías de diferente orden y algunas apreciaciones de multifactorialidad. La afirmación de que exista un comportamiento heredado y que las alteraciones de éste sean de tipo genético ha tomado curso en los últimos años, aunque no todos los autores comparten este tipo de planteamiento . No existe, por lo tanto, unanimidad al respecto y prevalece la tesis más prudente de las etiologías multifactoriales.

Factores etiológicos biológicos y constitucionales

Sexo: Mas frecuente en varones

Genéticos: Hay mayor concordancia en gemelos monocigoticos que en dicigóticos, en estudios de niños adoptados hay mayor riesgo de criminalidad y conducta antisocial en casos de padres biológicos con antecedente de trastornos

Factores perinatales: Bajo peso al nacer, Anoxia cerebral del recién nacido y sufrimiento en el parto, malnutrición, consumo de drogas y alcohol en el embarazo.

Factores cerebrales: Alteraciones en el lóbulo frontal, Aumento de signos neurológicos menores, alteraciones electroencefalográficas variadas e inespecíficas:

Factores bioquimicos: Aumento de la MAO plaquetaria, disminución de actividad serotoninérgica, aumento de función noradrenérgica.

Factores etiológicos psico-sociológicos

Factores sociológicos: Clase social baja, hacinamiento, pobreza, Presión de grupo social, influencia de medios de comunicación.

Factores psicológicos: Aprendizaje vicario o por imitación, Familia con antecedentes de psicopatía conducta criminal y alcoholismo, padres desempleados, agresivos, negligentes y crueles. Madre fría. Discordia y conflictos familiares. Según Dollar: a toda frustración sigue una agresión. Educación rígida o ausencia de control.

CLASIFICACIÓN

A pesar del acierto que supone el esfuerzo hecho por los grupos del DSM-IV y el CIE-10 para ponerse de acuerdo acerca de las conductas anormales de los niños y de su clasificación, debemos considerar algunas alteraciones del comportamiento que pueden constituirse por sí mismas en patológicas, o bien, hacer parte de otros diagnósticos, pero manifestarse de una manera patológica en el área de la conducta.

El DSM-IV considera dos entidades principalmente: el trastorno de conducta oposicional desafiante y el trastorno de conducta disocial en la infancia.

CUADRO CLÍNICO

Repasaremos brevemente los cuadros clínicos de todas estas entidades:

Conductas Agresivas

La agresividad en si misma forma parte del desarrollo del niño y no debemos confundir las manifestaciones agresivas patológicas, como parte de los trastornos de conducta, con aquellas manifestaciones normales en las cuales el niño afirma su rol social, su independencia y su voluntad y que son esperadas para la edad según el desarrollo psicoafectivo. Un niño puede mostrarse agresivo ante los demás sin tener necesariamente la intención de agredir. Las manifestaciones agresivas patológicas que forman parte de un trastorno de conducta son:

Intolerancia grave a la frustración:

Nos referimos a los casos en los cuales los niños no toleran la menor frustración. Se entiende que la intolerancia a la frustración hace parte del desarrollo del niño y de los procesos de aprendizaje a través de la experiencia.

El niño comienza desde la temprana infancia a presentar intensos y frecuentes accesos de cólera ante cualquier frustración, por mínima que sea. La familia tiende a reaccionar de manera positiva a sus demandas, con la cuál genera la perpetuación de este comportamiento. Este trastorno es una forma de trastorno “interactivo” familiar, que suele manifestarse de manera grave cuando el niño ha adquirido la independencia motora y manipula a la familia con sus comportamientos agresivos. En niños más grandes estas crisis se acompañan de fuerte agresividad dirigida hacia los padres o hacia ellos mismos cuando no son satisfechos sus deseos. La familias con pautas de crianza tolerantes o divergentes entre los padres, pueden generar con mayor frecuencia este síndrome.

Conductas Autoagresivas:

Las conductas de agresividad autodirigidas en los niños son frecuentes y generalmente indican un grado de patología.- Algunos recurren al estos síntomas cuando la agresiones físicas o verbales en contra de otros fracasan en el sentido de obtener beneficio.

Existe el concepto de no considerar las automutilaciones como trastorno del comportamiento aislado, es decir, pensar más en estos síntomas como partícipes de otros diagnósticos, como por ejemplo retardo mental, psicosis, autismo y otros síndromes genéticos o neurológicos.

Estas automutilaciones como trasformo del comportamiento suelen involucrar las extremidades, cabeza y tronco. Se presenta con mayor frecuencia en niños con deficiencias cognoscitivas o sensoriales y en niños deprivados psicológicamente o institucionalizados. En ocasiones representa una forma de llamara la atención del entorno.

Conductas violentas de grupo

Mas frecuentemente encontradas en la adolescencia, las conductas violentas en grupo se pueden iniciar en la infancia. En general son conductas antisociales caracterizadas por presentarse de manera masiva, en ocasiones en coordinación con una grupo para realizarlas. Pueden significar la entrada a una condición psicopática y, en este caso, dejan de ser alteraciones del comportamiento y se convierten en patologías de personalidad. Siempre son llevadas a cabo para provocar una reacción del entorno.

Transgredir la ley de forma violenta representa para el preadolescente una forma de evitar la adquisición de un rol social adecuado y genera sensaciones de poderío y determinación a servicio de la rebeldía propios de la edad. Sin embargo cuando un sujeto las realiza de manera sistemática, en ocasiones obligado a cambiar de grupo o de forma de realizarlas, pues estas ya n le satisfacen, se presenta un signo precursor de problemas importantes de personalidad. Vale la pena resaltar que cuando hablamos de problemas o alteraciones de personalidad nos referimos a aquellas alteraciones del aparato psíquico del sujeto que ya no son alteraciones del comportamiento y que requieren un abordaje diferente. Hacemos referencia a las patologías límite o narcisistas de los niños, las cuales a diferencia de las alteraciones de la personalidad en los adultos, no requieren tener una edad específica o una personalidad” formada” para ser calificados como patológicas.

Violencia dirigida a las personas y muerte:

Esta es la forma más aguda de conducta agresiva y suele tener siempre un significado patológico. La violencia como manifestación del comportamiento de un niño siempre implica un cierto grado de psicopatología. Al hablar de violencia entendemos un patrón de relación en el cual los actos son dirigidos hacia los otros causando un daño y, generalmente, teniendo la conciencia del efecto que producirá aun cuando se trate de un comportamiento aprendido por el niño.

Los comportamientos violentos pueden originarse desde las primeras etapas del desarrollo de un niño y permanecer hasta la adolescencia. La violencia en los niños habitualmente se origina a partir de una conducta aprendida y suele haber un patrón transgeneracional, como en el caso de la violencia intrafamiliar y el maltrato infantil.

En los últimos años se ha especulado a cerca de ciertos patrones de violencia hereditaria, a través de los cuales existe una vulnerabilidad genética en los seres humanos para reaccionar de manera violenta a los estímulos. El comportamiento violento de los niños parece ser cada día mas frecuente, el acceso a información sobre armas, muerte y suicidio esta mas a la mano de poblaciones mas jóvenes. No es raro en la actualidad encontrar reportes de asesinatos, violaciones y otros actos delictivos realizados por personas cada vez de menor edad. Este tipo de violencia generalmente se enmarca en los cuadros de alteraciones de la personalidad en formación o patologías de personalidad y ya no hacen parte de alteraciones simples del comportamiento.

Conductas contra la propiedad (robo)

Para poder hablar de robo en los niños debemos considerar que ellos ya tengan la capacidad de reconocer el concepto de la propiedad y el entendimiento de las normas sociales que prohíben el robo. Es entonces hacia los 6 o 7 años de edad cuando los actos de apropiación de objetos ajenos pueden considerarse como tales. El robo tiene varias correlaciones y significados en los niños, y solo un escaso numero de ellos puede evolucionar hacia un trastorno de conducta como tal e inscribirse incluso en un trastorno de personalidad. Robar objetos es altamente frecuente en la infancia y uno podría decir que casi todos los niños han tomado algún elemento como propio sin serlo, sin embargo, solo cuando esta conducta se mantenga durante un largo periodo e involucre algunas conductas asociadas (premeditación, elaboración y perfeccionamiento del método y aumento del valor de los objetos), así como el producto de dicho acto (reventa, negocio, compra de drogas o alcohol, etc), se podrá considerar el robo en los niños como un verdadero trastorno de conducta.

Es importante aclarar que las conductas comunes de los que los padres llaman “robo” no lo son así para los niños. En la temprana infancia, los niños empiezan a conocer el mundo y a experimentar con sus objetos, sin acceder al concepto de pertenencia. Los niños sienten entonces el mundo y sus objetos como propios.

Posteriormente los niños van conociendo las limitaciones de los objetos y la asignación de sus propietarios a través de un proceso largo y complejo. Durante este período todos los niño es experimentan el apoderarse de las cosas y solo en el fallido intento de apropiarse de lo ajeno aprenden que nos permite vivir en sociedad y que determina que no todo el mundo nos pertenece.

Cuando los niños recurren al robo como patrón frecuente de conducta, debemos sospechar, en un primer término, que a través de ese comportamiento el niño intenta decirnos algo. La deprivacion afectiva de los padres puede provocar ese tipo de conductas que no se deben leer simplemente como trastornos de comportamiento. Otros robos que no responden a estas condiciones se inscriben en otro tipo de patología, las mas frecuentes son la depresión infantil o la afirmación del poder de si mismo en el marco de una patología límite.

Mentiras y mitomanía

Las mentiras en los niños son frecuentes, normales y necesarias para su desarrollo. Son comunes también en algunos asuntos., existen varias razones por las cuales un niño recurre a ciertas mentiras en mayor o menor grado, estas mentiras son generalmente intencionales, provistas de un relato de fantasía y que se pueden inscribir en ciertos momentos específicos de la vida del niño. La gran mayoría de ellas son normales y no representan peligro alguno para el desarrollo de la personalidad del niño. Gracias a la aparicion de ciertas mentiras los niños pueden elaborar escenarios irreales y jugar con la imaginación, estimulando su creatividad y generando un espacio que les permita posteriormente reconocer los límites de la realidad.

Sin embargo, existen algunas mentiras que se pueden constituir en patológicas y pueden formar parte de un síndrome de mitomanía: hacen parte de un trastorno de conducta cuando se realizan en forma reiterativa y repetida, causan gran dificultad en las interacciones sociales y familiares y son llevadas a cabo con fines secundarios específicos en forma sistemática. Lo son también cuando reemplazan de manera competa el funcionamiento normal del individuo: es decir, se inscriben en un funcionamiento permanente fuera del cual el niño no puede relacionarse, jugar ni expresarse. Tiene generalmente un significado simbólico, de deseo no resuelto o de intolerancia a la frustración .

Fugas:

Las fugas se definen como actos de perdida espontánea del domicilio en un niño o un adolescente, con un afán irreducible de ,evasión sin conocer necesariamente el objeto del acto y sin tener un plan de huida estructurado. La fuga en niños pequeños es de corta duración, en ocasiones regresan el mismo día. En la medida en que el niño crece la duración y la complejidad de la fuga también aumentan. Los niños que recurren a ella sistemáticamente en diferentes ocasiones y bajo ciertas características suelen presentar un trastorno de comportamiento. Quienes presentan una fuga aislada espontánea y única, suelen responder con este acto a un síntoma de trastorno específico psicopatológico, especialmente depresión infantil. Los niños que se fugan son generalmente provenientes de hogares desintegrados y de medios socioeconómicos difíciles. La fuga encierra un riesgo es sí misma: El fenómeno de “callejización”, ampliamente conocido en nuestro medio y a través del cual un niño pierde rápidamente su entorno protector y se convierte en un niño de la calle.

TRASTORNO OPOSICIONAL DESAFANTE

Reconocido por el DSM IV, es mas frecuente en niños, se caracteriza por un patrón de hostilidad, agresividad, negativismo, y desafío en los niños, ausencia permanente del respeto de normas y vulneración del derecho de otros. Se manifiesta generalmente desde la temprana infancia y tiene como pico alrededor de los 12 años, se caracterizan por presentar problemas de socialización con los adultos, provocación a ellos y negativismo activo, inicia de manera insidiosa e involucra pocas actividades en la vida del niño pero se hace mas evidente ente las exigencias que implica el desempeño escolar.

Para realizar el diagnostico de este trastorno se debe tener en cuenta que muchos niños con otro tipo de patología se suelen mostrar desafiantes y negativistas en diferentes momentos, en especial en la depresión infantil. No existe claridad sobre su epidemiología pero diversos reportes sugieren una prevalencia del 16% al 22% en edades escolares en EEUU. A pesar de que en los últimos años se especula de una vulnerabilidad biológica o genética, algunas investigaciones han propuesto una disminución de las concentraciones de serotonina. Las teorías etiológicas actuales apuntan a una combinación de factores que influyen en la ocurrencia de mecanismos multifactoriales en un sujeto predispuesto desde la temprana infancia.

TRASTORNOS DISOCIALES

Se caracterizan por un patrón repetido y persistente de conducta disocial disocial agresiva o desafiante. Es necesario que este comportamiento alcance niveles importantes de violación de la conducta socialmente esperada para la edad del paciente, razón por la cual debe ser mas grave que la travesura infantil corriente o la rebeldía de la adolescencia y suponer un patrón perdurable de comportamiento (6 meses o mas). Algunos rasgos del trastorno conductual pueden ser síntomas de otras afecciones psiquiátricas, en cuyo caso la condición psiquiátrica de base cobra preeminencia diagnóstica.

Entre los ejemplos sobre los cuales se fundamenta el diagnóstico se encuentran niveles excesivos de pelea y fanfarronería, crueldad hacia las demás personas y hacia los animales, destrucción grave de la propiedad, conducta incendiaria, robo, , mentira repetitiva, falta a la escuela y fuga del hogar, rabitas y desobediencia extraordinariamente frecuentes, cualquiera de estas conductas, si es marcada, es suficiente para el diagnóstico, pero no lo son las acciones disociales aisladas

Criterios diagnósticos de investigación:

Patrón de conducta repetitivo y persistente que conlleva a la violación de derechos básicos de los demás o de las normas sociales básicas apropiadas a la edad del paciente. La duración debe ser de al menos 6 meses, durante los cuales algunos de los siguientes síntomas están presentes

  • Rabietas excepcionalmente frecuentes y graves para la edad y el desarrollo del niño

  • Frecuentes discusiones con los adultos

  • Desafíos graves y frecuentes a los requerimientos y órdenes de los adultos

  • A menudo hace cosas para molestar a otras personas de forma aparentemente deliberada

  • Culpa a otros de sus faltas

  • Es quisquilloso y se molesta fácilmente con los demás

  • A menudo esta enfadado o resentido

  • De carácter rencoroso y vengativo

  • Miente con frecuencia y rompe promesas para obtener beneficios y favores o para eludir sus obligaciones

  • Inicia con frecuencia peleas físicas (sin incluir peleas con los hermanos)

  • A usado alguna vez un arma que puede causar serios daños físicos a otros (bates, ladrillo, botellas rotas, cuchillos, armas de fuego)

  • A menudo permanece fuera de casa por la noche a pesar de la prohibición paterna, desde antes de los 13 años de edad.

  • Crueldad física contra otras personas, (ata, corta o quema a sus víctimas)

  • Crueldad física con los animales

  • Destrucción deliberada de la propiedad ajena (diferente a la provocación de incendios)

  • Incendios deliberados con la intención de provocar serios daños.

  • Robos de objetos de un valor significativo sin enfrentarse a la víctima, bien en el hogar o fuera de él (tiendas, casas ajenas, etc).

  • Ausencias reiteradas del colegio, empezando antes de los 13 años

  • Abandono del hogar al menos en 2 ocasiones o en una ocasión durante mas de una noche (a no ser que este encaminado a evitar abuso físico o sexual).

  • Cualquier episodio de delito violento o que implique enfrentamiento con la víctima (como los tirones o los asaltos).

  • Forzar a otra persona a tener actividad sexual

  • Intimidaciones frecuentes a otras personas (infringiendo dolor o daños deliberados).

  • Allanamiento de la morada o de vehículos de otros

  • Estos se subclasifican en:

      • Limitado al contexto familiar

      • En niños no socializados

      • En niños socializados

      • Otros no especificados

    TRATAMIENTO

    No existe evidencia suficiente que sugiera el uso único de medicamentos en el tratamiento de los trastornos primarios del comportamiento en los niños. Cuando los niveles de agresividad o autoagresividad corresponden a un trastorno de discontrol de los impulsos o a una impulsividad exagerada, el empleo de ácido valproico puede ser eventualmente útil. La carbamazepina se ha empleado con éxito en el tratamiento de la agresividad en síndromes clínicos diferentes al trastorno de conducta.

    La psicoterapia debe formar parte integral del tratamiento independientemente de su orientación. La efectividad de los tratamientos psicoterapéuticos ha sido demostrada en diferentes estudios para disminuir los síntomas y debe incluir a su familia.

    BIBLIOGRAFIA

    • GLADP (Guia Latinoamericana de Diagnóstico Psiquiátrico) Sección de Diagnóstico y Clasificación 2004

    • Rodríguez-Sacristán, Psicopatología del niño y del Adolescente, Universidad de Sevilla 1995

    • Ajuriaguerra J. MANUAL DE PSIQUIATRÍA INFANTIL, Barcelona 2000.

    • Gómez-Restrepo y cols. Fundamentos de psiquiatría clínica: Niños, Adolescentes y Adultos. Centro editorial Javeriano, Bogota 2002.

    Correspondencia

    Av 10 de Agosto 2905 y Selva Alegre Telf: 593 022 521137

    fernandocumba@hotmail.com