Trafalgar; Benito Pérez Galdos

Narrativa española del siglo XIX. Novela realista. Personajes. Biografía

  • Enviado por: Adela
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 8 páginas

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  • Personajes

  • Biografía Novelada

  • Entrevista a un escritor

  • Critica a Trafalgar

  • Reelaboración de un Capítulo

Personajes

Gabriel Araceli: Nació en Cádiz en el barrio de la Viña. Tiene 14 años. Era un joven que había tenido una infancia muy trágica ya que su padre murió cuando el era pequeño y a partir de ahí venía su tío materno a acompañarles en la casa. El tío insultaba a su madre y le castigaba. Al fallecimiento de la madre el niño se quedo con el hermano de la madre y al no aguantar más, decidió marcharse de su casa. Le acogió una familia que vivía en Véjer de la Frontera. Es un muchacho maduro, responsable y servil, ya que les debe casi la vida a sus amos que le ayudan. Tuvo que madurar rápido .Era una persona fácilmente manejable, debido a su edad y por estar rodeado de hombres amantes de la guerra, pero el hecho principal que marcó su vida fue la muerte de sus padres. Es un muchacho muy valiente ya que no le da miedo la guerra, pero fue el principal afectado.

Tío de Gabriel: Era un marinero adicto a la bebida que le hacía la vida imposible a Gabriel. Llegaba ebrio a la casa de su hermana y le brindaba toda clase de improperios a ambos. Consigue amargarle la infancia y es el promotor de la marcha de Gabriel de tan joven.

Madre de Gabriel: Enviudó cuando Gabriel era pequeño y afrontó la fiebre amarilla que le afectó a su hijo sola. Iba a alojarse a su casa su hermano. Su hijo decía que era muy guapa, o que por lo menos la recordaba así. Trabajaba como costurera para los marineros.

D. Alonso y Doña. Francisca Gutiérrez de Cisniega: Ayudaron a Gabriel a salir adelante y le cobijaron en su casa por muchos años. Él era capitán de navío ya retirado del servicio. Ella tenía una gran papada, una saya de organdí, pelo rizado blanco y un lunar peludo a un lado de la barba. Era una mujer hermosa en la vejez. Alonso quería ir para el escuadrón por culpa de Marcial pero su mujer no le dejaba. Paquita, como le llamaba su marido, estaba todo el día discutiendo y quejándose. Le recriminaba que le inculcase esa afición por la guerra al hijo adoptivo de ambos. Doña Francisca es una señora excelente, ejemplar, de noble origen, devota, y temerosa de Dios, como todas las hembras de aquel tiempo, caritativas y discretas, pero con el más arisco y endemoniado genio que jamás Gabriel ha conocido.

Marcial: También le llamaban medio-hombre. Usaba un vocabulario formado por los más peregrinos terminachos, pues es costumbre en la gente del mar de todos los países desfigurar la lengua patria hasta convertirla en caricatura. Convertía los nombres en verbos, y éstos en nombres sin consultar con la academia. Aplicaba el vocabulario de la navegación a todos los aspectos de la vida. Había frases, hijas de su propia inventiva filológica, de él solo conocidos y todo su valor apreciados. Era un hombre viejo, más bien alto que bajo, con una pierna de palo, el brazo izquierdo cortado a cercén más abajo del codo. Un ojo menos, la cara llena de cicatrices, tez morena y curtida; voz ronca, hueca y perezosa. Marcial fue objeto del odio más vivo por parte de Doña Francisca, pero cariñosa y fraternalmente amado por Don Alonso con quién había servido.

Rosita: hija de los amos de Gabriel. Hay solo una pequeña diferencia de edad entre ambos porque ella tiene quince; a pesar de su corta edad ya tenía concertado el matrimonio con un joven llamado Malespina. Ella era liadísima. Tenía una singular expresión, a ningún otro parecido. Discurrido que era tan bella persona no podía haber venido de la fábrica que venimos todos (Paris o Inglaterra). Gabriel y Rosita agarraron confianza y jugaban, pero él estaba sometido a toda clase de improperios lanzados por ella. Y cuando jugaban as clases sociales nunca se confundían. Desde muy niña acostumbrada a cantar con la maestría de los ruiseñores. Todos envidiaban sus dotes y hacían coro para oírla. Era un gorjeo melancólico aun modulado por su voz infantil.

Churruca: Marinero, que no solo participó en la batalla de Trafalgar, combatió heroicamente en anteriores batallas como el asedio de Gibraltar en 1782. También publicó diversas cosas como: Cartas esféricas de las Antillas etc. Fue el primer descubridor del meridiano en el puerto de San Andrés. Con respecto a la batalla de Trafalgar, combatió valientemente hasta que Lord Nelson, rodeó con sus navíos su barco, llamado San Juan de Nepomuceno, y murió, no sin antes combatir valientemente hasta su muerte.

José Mª María Malespina: Es el hijo de Don Rafael Malespina (descrito a continuación). Este señor era seco y muy estirado y tenía una grande y puntiaguda nariz.

Rafael Malespina: Prometido de Rosita, padre de José María Malespina.

Dona Flora: Persona mayor, vividora. Le gusta mucho arreglarse poniéndose maquillaje y con vestidos de mucho lujos. En mi opinión para ocultar su verdadera identidad, la identidad de que es una persona muy mayor, que creo, se niega a aceptar y por eso se viste como lo hacia en tiempos pasados. Es vividora y adora las batallas navales.

Biografía Novelada

Madrid, invierno de 1875

Conocí a ese hombre tan peculiar un día en mi casa. Era amigo de mi padre. Llegaron juntos después de una reunión que le mantenía ocupado algunas tardes. Era un personaje bastante característico ya que sus vestimentas nos lo decía todo. Era un aspecto apagado, mediocre. Como venía con papá de las reuniones era de esperar que la comida fuese monotemática. Mientras charlaban antes de comer, tomando algo de bebida, hacía esbozos en un papel que le brindé ya que mi padre le pidió ayuda para mi tarea. Su apellido no lo recuerdo, pero su nombre si, Benito, ya que en mi escuela, el profesor de Matemáticas se hacía llamar igual.

Tenía un acento extraño y cuando se marchó, le pregunté a mi padre porque hablaba así. Me dijo que había nacido en Las Palmas de Gan Canaria. Estuvieron hablando sobre sus aficiones, ya que él había venido a Madrid para estudiar leyes. Hablado y hablando, confesó que lo que mas le había gustado de Madrid era su ambiente literario. Es más, había dicho que le enamoró. Estaba intentando convencer a mi padre para irnos de vacaciones a Santander. Francamente a mi me quedaba eso muy lejos, ya que mi cultura geográfica se cercioraba a la provincia de Madrid. Cuando lo conocí, era pequeña, unos ocho años. Pero ahora que escribo esto tengo veinte. Este hombre sencillo, retraído y sin presencia física, se vio colocado durante bastantes años en el centro de las pasiones contradictorias, de las polémicas y de la tensión política de la época.

Ahora que entiendo algo más de política puedo decir que es un hombre bastante liberal. Incluso tan extremista que se volvió republicano y adoptar cierta simpatía por el socialismo. Luego estaba la cuestión religiosa, mas honda, ya que la política misma giraba en definitiva en torno a ella. No es un hombre practicante, ni católico. Pero lo mismo si es cristiano, pero con unos fuertes corrientes de ideas protestantes.

A pesar de las fachas que llevaba, era un hombre con un alto nivel social en su familia, relacionada con la burocracia, a la iglesia, al ejército antes que a actividades económicas. A pesar de su infancia y su adolescencia mas bien atribuida a lo religioso, es un hombre que estaba lejos de ser un fanático. Su principal rasgo es que destacaba por la tolerancia y por la compresión aunque conservara la convicción de sus ideas. Lleva en Madrid cerca de diez años, pero reparte su tiempo con la capital Cántabra.

Madrid, verano del 2005

El calor se hace cada día más insoportable, pero no podemos aludir unos papeles que hallé sin querer en un viejo baúl de mi abuela. Me dispuse a descifrarlos ya que el tiempo hace estragos incluso en el papel y estaba en mal estado. Una vez leído os voy a resumir lo que ponía. Me asombré tanto que me costó reaccionar. Necesitaría toda una enciclopedia de veinticinco tomos para expresar la emoción que siento en estos instantes en saber el origen de mis raíces. Mi tatarabuelo fue Francisco Giner de los Ríos., íntimo amigo de Galdós. No podemos pasar por alto la herencia literaria que nos dejó el íntimo de mi antepasado.

Galdós fue pues un político a tras mano, porque la labor de escritor le llevó a ello. No cabía para él ser escritor y eludir el compromiso ideológico. Los primeros pasos de Galdós en las letras fueron indecisos. Vacilaba entre el teatro y la narración. En el año 1867 comenzó la que sería su primera novela. Poco a poco fue creciendo pero sin prisas. La verdad es que el hombre se lo trabajó. En las hojas le confiesan como lector infatigable. Junto a ese testimonio había algún recorte de unos años antes, ya que había publicado algún artículo en la prensa local.

El ambiente madrileño de la época le recordaba que la mayor fuente de creación en el Realismo era Francia. Por esto le obliga a viajar por todo el país vecino leyendo a Balzac, sobre todo. Sin duda alguna lo más destaca en toda su obra son los Episodios Nacionales, y también lo que mas me gusta de todos. Menos mal que continuó escribiéndolos e incluso abandonó de cierta forma el género periodístico. Sin duda alguna, Galdós es el gran novelista del siglo XIX. Desde nuestra Edad de Oro no encontramos un hombre tan valioso y con una imaginación tan fecunda.

El paso de los años no ha envejecido su obra. La de Pereda la de Alarcón, por ejemplo, se resiente. Tú puedes leer todos los éxitos literarios (y los no tan éxitos) y sientan exactamente igual que cuando los escribió. Apasionan lo mismo que en su tiempo.

A partir de la publicación de “La Fontana de Oro” empiezan los reconocimientos y los honores.

Lo que realmente le gustaba era la literatura, por eso no podemos destacar una vida de amores ni de una vida social de cierto porte como algunos autores de la época. Ni se casó tan siquiera. La creación de su obra le absorbía.

Continuamos hablando de la política del amigo de mi antepasado. Como los autores de su época en general, concebía la novela como un manejo directo de las realidades sociales, económico, biológico y espiritual. Y hacerlo le obligaba a tomar una posición ideológica. Visto esto, estamos ya en condiciones de comprender que la participación militante de Galdós en política le vino de rechazo por su postura intelectual y literaria pues su papel, aunque definido, era otro en un plano más teórico y libre de partidismos concretos. Pero los partidos necesitaban `nombres' que sonaran. Por eso le eligieron como diputado por el partido liberal primero por Puerto Rico; y luego republicano por Madrid, dos veces.

Para terminar, diría que Galdós fue de los pocos literatos que todo el rigor, la exigencia y la dedicación los guardaba para la tarea artística. Trabajaba incansablemente, con método y con regularidad. Era poco exigente al comer y sobrio en sus costumbres.

Así lo describió mi bisabuela y con buena gana lo hizo. Hombre de ideas claras pero tolerante y comprensivo. Indudablemente, amigo de sus amigos aunque tuvieran diferentes creencias ideológicas. Eso fue lo que le hizo destacar.

Entrevista a Horacio Quiroga

'Trafalgar; Benito Pérez Galdos'

De semblante tranquilo, con su barba retocada y vestido de negro riguroso para poder resaltar su impoluta camisa blanca. La raya del pantalón perfecta. Tranquilo, no por o cual serio. En cuanto nos reconoció, nos brindó una sonrisa. No cabía la emoción en nuestros corazones al saber que esa gran figura del realismo uruguayo nos iba a recibir. Horacio Quiroga nació en Salto, uno de los departamentos del Uruguay un 31 de diciembre de 1878. Se sentó en uno de los taburetes del café montevideano Sorocabana, pidió café .Miro a mi compañera y dijo que estaba encantado de poder ayudarnos. La entrevista duró cerca de dos horas. Aquí están algunas de las respuestas:

  • ¿Qué o Quién te motivó para escribir poemas?

Yo escribo porque me sale de adentro. En los lugares en los que me ha tocado vivir, no hay mucha gente para compartir, entonces uno se sienta y escribe y después aparece alguien que dice que le gusta, que es muy bueno, y uno se queda sorprendido.

  • Tuviste una vida muy aventurera, ¿Por eso escribiste esos cuentos? ¿Te sientes identificado con ellos?

Escribo de todo, pero lo que mas me gusta son los cuentos. Cuentos cortos, con pocos personajes pero muy cargados de emoción, que a pesar de que muchas veces son simples, no por eso carecen de tragedia. Cuento historias que he vivido, otras que imagino, otras que me contaron, pero que pueden haber pasado mil veces en estos campos en estas selvas... Trato que el lector sienta los ruidos, los silencios, las soledades, las angustias de estas inmensidades abandonadas de la civilización. Lugares donde uno siente permanentemente lo pequeño y lo frágil que es.

  • Estuviste como reportero junto al argentino Leopoldo Lugonés, ¿Cómo lo recuerdas?

Leopoldo fue un buen amigo. Compartimos muchas cosas. Lo recuerdo con afecto.

  • ¿Qué similitudes ves entre las actitudes de los animales y de los humanos?

Algunos animales tienen actitudes humanas y más que humanas y a veces, hay personas que tienen actitudes muy animales. Hay cosas que los hombres hacen que los animales no hacen jamás, como por ejemplo abandonar a sus hijos. No somos muy diferentes y a veces, muchas, somos mucho peores.

  • ¿Qué atracción te daba la selva que no te daba tu ciudad?

La naturaleza inmensa, salvaje, te de una dimensión propia real. Allí sabés que tanto sos y que tanto valés. Allí no importa el aspecto ni la apariencia, allí importa la comida, el agua, la vida. Esas son las cosas verdaderas que en la ciudad quedan ocultas detrás de la acción de la sociedad.

  • ¿Qué enseñanzas intentan retratar tus cuentos?

Ninguna. Nunca fue mi intención enseñar nada, mas bien relatar, narrar cosas, vivencias, eso es todo. No tengo una vocación docente, aunque si de mis cosas salen aprendizajes me alegro mucho.

  • Tuviste una vida bastante tormentosa, ¿eso te ayudó a decidirte por la literatura?

Me tocó vivir una vida muy activa con muchos cambios

de lugar y ambientes, ciudades, campos, selvas, países diferentes, gente mucha gente de todo tipo, pero no creo que eso haya influido en mi decisión o mi vocación por escribir. Creo que también hubiera sido escritor si hubiera sido un paralítico confinado toda su vida al mismo escritorio.

`Galería de Búsqueda'. Edición Junio de 1873

`Trafalgar', lo nuevo de Galdós

El genio de las letras edita el primero de una serie de libros con los “Episodios Nacionales”. `Trafalgar' es el que da salida a la historia de España de una forma Literaria. Por Adela Vázquez


El denominado por algunos críticos literarios el mejor novelista del Realismo español Galdós, edita en estas fechas el primer de sus “Episodios Nacionales”. La historia de España en el siglo XIX novelada de una forma impresionante. El personaje principal Gabriel Araceli, es un niño que tras una amargada infancia decide cambiar radicalmente su vida con la partida hacia Cabo Trafalgar. El libro, una joya de tinta negra con grandes rasgos galdosianos. Podemos observar un estilo fresco con abundantes descripciones minuciosas sobre los personajes para adecuarnos a la batalla. Veremos en la obra un Galdós muy metido en el papel de niño observador del conflicto frente al famoso cabo. Lugares poco idealizados junto a un léxico cuidado y el poder de cambiar de registro a la hora de actuar como ciertos personajes en todo momento, es lo que más destacaría y está así de bien logrado por una riqueza de vocablo. El personaje nos relata de una forma muy detallada como son las preocupaciones sociales, políticas y religiosas (Obsérvese que la ama de Gabrielillo se santigua en todo momento) y el carecer de figura paterna, nos hace que veamos como la influencia del medio en la actuación del hombre le condiciona durante toda la obra a la hora de proteger a su amo. Se estudia un hombre concreto, pero, muchas veces como reflejo de una clase, de una profesión; de ahí la variedad y complejidad de los personajes. Una obra para todos los públicos con una gran aceptación en los días que lleva en venta el primer de un más que seguro éxito.Así pues, recomiendo la lectura de la historia novelada.

Reelaboración de un Capítulo (Entre Capítulo IV y V)

Confieso que me atraía tanto esa chiquilla que siempre quise poder abrazarla sin tener que reprimirme el sentimiento. Si Don Alonso, o peor aún Doña Francisca se enteraran de mis pensamientos hacia su querida hija, no dudarían ni un instante en despojarme de su casa inmediatamente.

Hasta ese momento no sabía si ese amor era correspondido, porque cuando jugábamos las clases sociales nunca se mezclaban. Ella era la señorita de buena casta y yo era su servil súbdito. El rostro de la hija de mis amos era perfecto. Una tez suave, con tacto de piel de melocotón y un color anaranjado como éstos en su mejor época. Ni una sola imperfección le abundaba en la cara. Nunca supe hasta ese momento si me quería, si me apreciaba lo mas mínimo. Tenia ganas de abrazarla, de besarla, pero las circunstancias sociales eran presas de mis reprimidos sentimientos.

Aquel día fui a buscarla a la escuela, como de costumbre, pues mis conservadores amos no se fiaban demasiado de os muchachos del barrio. Me acuerdo que estaba parado frente el cartel que decía “Escuela Primaria Femenina” y sonó la campana. Decenas de inocentes niñas salieron corriendo y gritando, enfundadas en una falda negra y una camisa de un blanco impoluto. Aquella falda era lo suficientemente larga para que no deje volar la imaginación. Salía radiante. Sus cabellos rubios, con unos bucles perfectos trotaban al compás de sus andares. Aunque salieron muchas jóvenes, era imposible no reconocerla. Queda claro objetar que era la mas hermosa de todas. Me tiró al suelo los libros e hizo ademán de que los recogiera. Estaban enganchados con una tira de cuero curtido con una hebilla vieja. Así era la personalidad de mi amita, siempre refiriéndonos fuera de nuestra morada, rebelde, desenfadada, pero yo sabia que bajo ese cuerpo de diosa no podía existir maldad, El gesto de tirarme los libros a los pies, para mi, fue el mas maravilloso gesto del día.

A la vuelta a la casa, hicimos unas cuantas paradas rápidas a recoger los encargos de Don Alonso nos había encomendado para terminar de preparar el viaje.

Pasamos por el herrero para recoger su cuchillo de la suerte como mi amo lo llamaba que lo estaban afilando; por la tienda de cueros para revisar sus atavíos que pretendía llevar a la escuadra. Ir a la escuadra es todo un evento, por lo cuela todos los generales tienen que vestir sus mejores galas.

Don Alonso era una persona reconocida en el ámbito naval y por eso debía lucir radiante.

Pasamos por la plaza de abastos, para comprar un par de panecillos y una onza de chocolate ya que no teníamos para más. Nos sentamos en la plaza para que la señorita Rosita pudiese almorzar con tranquilidad.

La había notado intranquila, nerviosa y con una sonrisa delatadora. Pensé que me tenía que comentar algo, pero me adelanté yo:

-Doña Rosita- Dije con timidez.

-Dime Gabrielillo.

-Te quería comentar algo…pe, pero no se si…

-Dime, dime- Me interrumpió.

-Que si, que si-titubeé- que si te sabe bien la comida.

-¡Ah! Si, está muy rica. Me encanta este pan.

En el último momento me rendí. Si le contaba lo que mi pequeño cuerpo sentía por ella sé que no iba a ser lo mismo cuando nos viéramos por la casa. Y no quiero imaginar su reacción ni para bien y mucho menos para mal. Si mi amor fuese correspondido, mis amos harían lo posible para que no se consumase. Me atrevería a decir que, por mucho cariño que Doña Francisca muestre hacia mi persona, por su adorada hijita me mandaría a las Américas.

En esa tarde se me paso todo por la cabeza, hasta que la razón ganó a mi corazón. Ella, dulce y hermosa mujer, nunca giraría su esbelto cuello por un patán como yo, que por no saber, no se como era mi padre.

Pero las desgracias no terminarían aquí. Al llegar a la casa, escuché como dos señoras de avanzada edad cotilleaban sobre el supuesto suturo marido de mi adorada Rosita. Hablaban de él maravillas, pero por lo visto no era el que de verdad ella amaba. Y eso, mas que no ser correspondido en el amor, me duele bastante saber que va a compartir su vida con alguien al que no ama.