Tormento; Benito Peréz Galdós

Literatura. Narrativa española del siglo XIX. Novela realista. Naturalismo. Folletín. Juego metatextual

  • Enviado por: Lsa Indi Aldo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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Tormento y la novela de folletín

Tormento es una obra que encierra un discurso metatextual sobre la novela folletinesca, hecho que nos ha llamado especialmente la atención. Mediante el juego metatextual el autor introduce su visión personal sobre una realidad literaria de la época del primer romanticismo, como es el fenómeno del folletín, un subgénero de la novela, cuya creación y auge corresponden al siglo XIX. El folletín fue una literatura escapista de consumo masivo y coste barato que muchos periódicos incluían en su parte final en forma de capítulos. Este tipo de aspectos lo convertían en un género de poca ambición estética que priorizaba el suspenso al fin de cada capítulo y utilizaba argumentos y esquemas narrativos simples, así como elementos y personajes esteriotipados que protagonizaban escenas inverosímiles y sensibleras.

El abuso de sentimientos paradójicos y emociones irrefrenables conquistaban al público menos exigente y a su vez, se convertían en objeto de parodia por parte de escritores de la talla de Galdós, quienes rechazaban la obra folletinesca en pro de un discurso más real de la vida, sin falsos y anticuados ideales ni exacerbados sentimentalismos.

En Tormento, Galdós da a conocer su malquerencia hacia este tipo de literatura mediante una compleja estructura y empleando un sentido irónico, de forma directa o indirecta, del cual el lector empieza a darse cuenta mediante el personaje de Ido del Sagrario, que tal como su nombre indica, ser tonto o loco, caricaturiza a todos los escritores de folletín.

Ido, en sus delirantes momentos de inspiración, imagina una historia que en la realidad de la novela coincide con la historia vivida por los protagonistas de Tormento, eso sí, menoscabando los rasgos más fantasiosos y tópicos de la inventada por el personaje del escritor de folletín. De esta forma, se crea un intratexto que permite al lector establecer comparaciones entre los aspectos más típicamente folletinescos de la primera trama, y los rasgos más realistas o parodiados de la segunda. Por ejemplo, a el nivel moral, del cual Ido quiere dotar en gran medida a su novela “mucho sentimiento, que haga llorar a la gente y que esté bien cargada de moralidad” (capítulo I), es donde la ambivalencia entre las dos historias alcanza su máxima realización, veámoslo: Las niñas que Ido describe son bonitas, pobres (muy pobres) y honradas, en la trama de Tormento, éstas son bonitas y pobres, pero no honradas. Lo mismo sucede con el marqués, quien quiere comprar la castidad de las dos muchachas, pero que en Tormento se convierte en un sacerdote que, torturado por la tentación, mantiene relaciones con la joven Amparo. También, la maliciosa duquesa, pierde su halo de pomposidad resultando ser una ordinaria mujer de clase media cegada por la ambición, vanitas vanitatium et omnia vanitas , y por último, el banquero se sustituye por un acaudalado Indiano que busca una vida tranquila cerca de una mujer ideal.

Otros aspectos a este nivel, como la felicidad que describe Ido en su novela, son desterrados de la visión galdosiana de lo que es una novela realista. Ido no concibe la miseria dentro de su poética folletinesca, por lo cual define a las dos huérfanas como “ejemplo a las mozas del día” , dice de ellas que “viven con más apuro que el último día del mes” , aunque trabajan felices y rodeadas por tentaciones a la virtud femenina a las que no sucumben. En el contexto realista de Galdós, en cambio, la miseria les conlleva la infelicidad y deshonra, tal como se observa en un diálogo entre las dos hermanas: “¿Por qué es mala la mujer? Por la pobreza…” “¿De que son mis dedos? Se han vuelto palo de tanto coser. ¿Y que he ganado? Miseria y más miseria…Asegurarme la comida, la ropa y nada tendrás que decir de mí”. Del mismo modo, el final de la obra destruye el ideal Idosiano que correspondería a un desenlace feliz, en el cual Amparo se convertiría en la flamante esposa de un rico Indiano. Sin embargo, Galdós depara para la joven otro destino menos magnífico, relegándola al papel de amante alejada de su país.

Con la racionalización de los mismos hechos que Ido imagina, Galdós consigue dotar a su obra de un carácter más sensato y en coherencia con la realidad social de su época, por lo que el autor es el encargado de frenar la fantasía desbordante de su propio personaje, Ido, otorgando verosimilitud a la trama, dado que el escritor de folletín, aunque afirma que se inspira en la realidad, al trasladar historias reales a sus novelas, las distorsiona y ajusta a los cánones de novela romántica de tal forma, que pierden su aura realista.

Hasta el momento hemos hablado de los aspectos esenciales que difieren entre los dos esquemas narrativos, pero también cabe destacar otros puntos más concretos que a lo largo de la obra encontramos tratados por Galdós, desde una visión irónica y un tanto burlesca, que desconcertarían al lector de folletín. Algunos de estos ejemplos de ironía galdosiana los hallamos en escenas como la del capítulo VIII, en la cual Caballero, decidido a declarar su amor a Amparo, ve frustrado su intento con un repentino ataque de timidez. Otro momento en el cual el uso de la ironía y directa referencia a la tradición del folletín tiene lugar, es en el capítulo XII, cuando Amparo, turbada ante el regalo de una importante suma de dinero por parte de Agustín, no sabe como actuar, y ella misma descarta la idea de responder con una carta de agradecimiento porque dice sentirse “como si hablara por ella un personaje de una novela de José Ido”, y es que los personajes de José de Ido “Hombres embozados, alguaciles, caballeros flamencos y unas damas, chico, más quebradizas que, el vidrio y más combustibles que la yesca” (capítulo I), poco se parecen a los de Tormento.

A modo de conclusión, podemos decir que Tormento es una novela, ab initio, tiene por objeto mostrar la opinión galdosiana referente a las novelas por entregas y, como hemos venido observando el autor hace un uso magistral de múltiples recursos, tanto relativos a la estructura de la obra - intratexto - como a la propia trama y desenlace, y así mismo dirige distintos guiños al lector, tales como la ironía encerrada en los nombres de sus personajes o como en algunas de las acciones que éstos protagonizan.