Tormento; Benito Pérez Galdós

Literatura española siglo contemporánea. Siglo XIX y XX. Realismo español. Novela realista. Argumento. Lenguaje. Técnicas narrativas

  • Enviado por: Enblanko
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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Tormento de Benito Pérez Galdós

Lenguaje y técnicas narrativas

Tormento es una novela de características netamente realistas que no deja de sorprender por la cantidad de connotaciones literarias o poéticas que de sus palabras se desprenden. Un lenguaje que a cada aproximación al carácter de un personaje pone al descubierto la realidad del pensar, lo más recóndito del alma de las personas. Al contrario de lo que pretende hacernos creer el entrañable Ido del Sagrario al iniciarse el texto durante su encuentro con Felipe: “¿Ves, ves? La realidad nos persigue. Yo escribo maravillas; la realidad me las plagia (Pág.14) Galdós dará a entender que la realidad es quien va por delante en todo momento, tejiendo la vida, mientras que la ficción la persigue siempre a menor altura.

Muchas y diversas son las formas que tiene el autor para hacer de sus protagonistas seres humanos de carne y hueso que ejemplifican sin tapujos las dos realidades existentes en el texto de Galdós: La realidad de sus personajes uno a uno, movidos por distintos intereses y motivaciones, y la realidad de la encorsetada capital de España durante la segunda mitad del siglo XIX, la Madrid de los círculos nobles, sociedad opulenta e hipócrita dominada por las falsas apariencias.

El narrador da diferentes visiones de tales realidades participando de todas ellas y modificándolas según le conviene, pues también sabe que al otro lado existe un interlocutor, tal y como se desprende de estas palabras: “eran detalles que tú y yo, lector amigo (Pág. 272)Galdós es totalmente consciente de su condición omnisciente y lo utiliza en su favor. En algunos momentos augura problemas: “pero este descanso era sólo burla horrorosa de su destino que les preparaba un rudo golpe (Pág. 213)”, suprime conversaciones a su juicio irrelevantes: “Algo más de lo transcrito hablaron, frases sin sustancia para los demás, para ellos interesantísimas (Pág. 157)o enfatiza aquello que le parece importante destacar: “Aquel día, no obstante, introdujo en su epístola novedades tan ajenas al comercio, que no es posible dejar de llamar la atención sobre ellas (Pág. 161) De igual forma recurre también al monólogo

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interior, como en el caso del discurso que Agustín pretende transmitir a Amparo en el capítulo 9 o los desquiciados pensamientos que pueblan la mente de Rosalía respecto a la edad de su hija o a su hipotética condición de viuda, en cuyo caso podría casarse con Agustín, durante el capítulo 6.

El autor juega con las palabras llenándolas de vida y consiguiendo, en efecto, llevar al lector hacia el rumbo que él quiere, oscilando entre la objetividad y la subjetividad sin decidirse por ninguna. Tan pronto nos presenta la escena a través de las palabras de alguno de sus personajes: “Decía de ella doña Nicanora en son de menosprecio (Pág. 83)o añade adjetivos totalmente subjetivos, como al referirse a Marcelina Polo mediante calificativos “madereros” en el capítulo 31, hablar de mezquinos dineros en la página 145 o de precoces bobadas en la página 149, como la presenta tal y como es, de igual modo que lo haría el naturalismo, dejando que las personalidades se desenvuelvan solas dentro del contexto y la situación.

Asimismo recurre Galdós a las descripciones para aumentar la carga emotiva que atrapa al lector, sirva de ejemplo este fragmento extraído del capítulo 20, página 156:

“Ojos de una expresión acariciante, un poco tristes y luminosos como el crepúsculo de la tarde; tez finísima y blanca; cabello castaño, abundante y rizado; con suaves ondas naturales; cuerpo esbelto y bien dotado de carnes; boca deliciosa e incomparables dientes, como pedacitos iguales de bien pulido mármol blanco; cierta emanación de bondad y modestia, y otros y otros encantos hacían de ella la más acabada estampa de mujer que se pudiera imaginar.”

Sólo caben alabanzas para ella, pues el texto ha de reflejar el sentimiento que embarga a Agustín al contemplar esa suerte de ángel que tiene antes sus ojos. Este lenguaje pretendidamente metafórico o poético aparece en multitud de ocasiones: “Tenía un solar, es decir, una hija única y hermosa, y sobre ella pensó edificar, con la ayuda de Agustín, el gallardo edificio de la perpetuidad de su raza (Pág. 166)y de igual forma las comparaciones también son abundantes, dos ejemplos bastaran para corroborarlo:

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“Y de aquella discreta boca salieron estas palabras, como sale un disparo por la boca del cañón (Pág. 146)

“Era la última ilusión que, surgiendo de la vida, iba a tener su término y florescencia en los negros reinos de la muerte, como los cohetes que salen echando chispas de la tierra y estallan en el cielo (Pág. 268)

También se vale Galdós de modificar el nombre de los personajes a su antojo, describiéndolos según las circunstancias. De esta forma, Amparo aparece como “la Emperadora” (jugando con su apellido), como “Tormento” (nombre que adopta cuando está con Pedro Polo) y como “la medrosa”, refiriéndose a su carácter débil e indeciso. Agustín aparece como el Caballero (también por su apellido, como parodiando un estereotipo literario) y, en una ocasión, como “el huraño”. Prudencia es aludida como “la tarasca” o “Calamidad”, en palabras de Rosalía, y el marido de ésta también es nombrado “Thiers” debido a su parecido físico con ese hombre.

Durante el capítulo 28, Pedro Polo es retratado como a un monstruo, llamándole “la bestia” o el “dragón”, mostrando así la brutalidad que caracteriza al personaje.

Por último cabria destacar la profunda teatralidad de que está dotado el texto, valiéndose de la ligera distorsión de la personalidad de sus protagonistas así como de la propia estructura y temática de la novela, que coincide sin disimulo con los preceptos teatrales de planteamiento, nudo y desenlace. El ejemplo de esta afirmación se encuentra tanto en el inicio y final de la novela, donde emplea los diálogos con guión para desarrollar las conversaciones, como en el capítulo 18, en el cual las diferentes voces que emplea el clérigo Nones para tratar con el salvaje Polo se ven acotadas según el tono que usa el primero.

Así, Benito Pérez Galdós moldea el lenguaje y esgrime en Tormento multitud de técnicas narrativas para condicionar los sentimientos del lector respecto a sus personajes y para enfatizar y dramatizar los de estos.