Tiempo de silencio; Luis Martín Santos

Literatura española contemporánea del siglo XX. Narrativa y novela moderna. Argumento. Personajes. Ambiente: Madrid de posguerra

  • Enviado por: Ayla
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
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Índice

  • Ficha técnica .........

  • Pág. 2

  • Relación entre el título y el contenido ...

  • Pág. 2

  • Síntesis argumental ..

  • Pág. 2y3

  • Caracterización de los personajes .............

  • Pág. 3,4y5

  • Técnicas narrativas ..

  • Pág. 5y6

  • Valoración personal ..

  • Pág. 7

  • Ficha técnica:

    • Título: Tiempo de Silencio

    • Autor: Luis Martín Santos

    • Editorial: Seix Barral, S.A.

    • Lugar de edición: Hurope, S. L. ( Barcelona)

    • Año de edición: 1.999

    • Colección: Josep Bagà Associats

  • Relación entre el título y el contenido:

  • El título tiene una gran fuerza, ya que es evidente que una sociedad humana no puede dejar de hablar o, al menos, de hacer diariamente alguna clase de ruido.

    El tiempo de silencio hace referencia a la época de la dictadura franquista. Generación silenciosa, porque sus palabras no podían publicarse y debían permanecer inéditas. Un tiempo de mordazas, de censuras, de privación de la libertad de expresión que los convertía en seres “mudos” por temor a las represalias.

    Luis Martín Santos utilizó esta expresión como rótulo de una novela en la cual su personaje central, Pedro, habla de su propio tiempo de silencio, que no está determinado por la censura, sino por otros motivos.

  • Síntesis argumental:

  • Pedro es un joven médico que investiga, o pretende investigar, en el Madrid de finales de los cuarenta. Sus investigaciones se centran sobre el cáncer, y se realizan sobre una determinada cepa de ratones, que no se reproducen en el animalario del laboratorio, sino que son proporcionados por el Muecas, quien ha logrado que críen en su miserable chabola. El secreto no es otro que el calor de los pechos de sus hijas, entre los que colocan a los animales durante la noche.

    Es así como Pedro se pone en contacto con los estratos más miserables de la ciudad, y se ve envuelto en las consecuencias de un aborto en el que Florita, una de las hijas del Muecas, embarazada de Cartucho, un canalla que no quiere aceptar la responsabilidad de su paternidad, acaba muriendo entre las manos de Pedro, quien pretendía cortar la hemorragia que la desangraba.

    Sin declarar la muerte de Florita, ya que se ha producido en extrañas circunstancias (fue su propio padre, el Muecas, el que intentó provocarle el aborto en la chabola en la que vivían), el médico huye y se refugia en un burdel que frecuentaba.

    Sin embargo, aunque la muchacha es enterrada clandestinamente, encuentran su cuerpo y le practican una autopsia, tras lo que la policía empieza a interrogar a varias personas y acaban encarcelando al presunto culpable: Pedro.

    Éste pasa algunas noches en la cárcel, mientras que su novia y su amigo Matías, que pertenece a la clase alta, intercede ante la policía por él. Pero es al final Roberta, la madre de Florita, la que declara que es inocente, ya que la muchacha estaba muerta cuando él llegó, y así logra que no sea procesado y que lo pongan en libertad.

    Sin embargo esto es un gran escándalo y provoca su expulsión del centro investigador, por lo que se queda sin trabajo.

    Decidido, no obstante, a seguir con su vida, decide casarse con su novia, Dorita, nieta de la dueña de la pensión donde él vive, pero ésta es asesinada por Cartucho, como venganza por la muerte de Florita, en una verbena a la que ha ido la pareja, junto con la madre de Dorita, a divertirse y a celebrar su liberación y compromiso, aprovechando un descuido de Pedro, que ha ido a comprar churros.

    Tras esto, el protagonista se desmorona y ve cómo todos sus sueños e ilusiones desaparecen. Intenta no pensar en ello y mostrarse indiferente, imaginando otras mujeres y refugiándose en la medicina, en sus nuevos pacientes y su nuevo trabajo, pero sin éxito.

    La novela concluye con Pedro en un tren, dirigiéndose a algún pueblo, dispuesto a aceptar su destino.

  • Caracterización de los personajes:

    • Pedro:

    Es el protagonista de esta novela. Se nos presenta en plena actuación, mediante sus pensamientos:

    “Sonaba el teléfono y he oído el timbre. He cogido el aparato. [...]”

    De él ignoramos su pasado. Sólo conocemos el presente y sus proyectos de investigación. Es un joven médico que trabaja en un laboratorio con las cepas de una determinada clase de ratones cancerígenos (del Illinois nativo), muy difíciles de conseguir y de gran valor para descubrir un remedio contra esta enfermedad.

    “[...] Esa cepa cancerosa comprada con divisas otorgadas por el Instituto de la Moneda. Traída desde el Illinois nativo. [...]”

    “[...] No todo ratón es cancerígeno. No todo ratón es de la cepa del Illinois nativo, hábilmente seleccionada entre dieciséis mil cepas, en laboratorios traslúcidos de paredes brillantes de vidrio, con aire acondicionado ex profeso para la mejor vida ratonil. Hábilmente seleccionada a través de las familias de ratones autopsiados, hasta descubrir el pequeño tumor inguinal y en él implantada la misteriosa muerte espontánea destructora no sólo de ratones. [...]

    Se nos presenta como una persona confusa (siente envidia ante los ricos y ante los miserables oscila entre la compasión y la repugnancia). Su comportamiento está lleno de contradicciones que no logra superar.

    “[...] Éste no osaba fijar la vista en ninguno de los detalles del interior de la chabola, aunque la curiosidad le impulsaba a hacerlo, temiendo ofender a los disfrutadores de tan míseras riquezas, pero al mismo tiempo comprendía que el honor del propietario exige que el visitante diga algo en su elogio, por inverosímil y absurdo que pueda ser. [...]”

    [...] Sufre porque se obliga a sí mismo a despreciar lo que en este momento - miserablemente - envidia. ¿Pero desprecia este otro modo de vivir porque realmente es despreciable o porque no es capaz de acercarse lo suficiente para participar? [...]”

    Es una persona incapaz de dirigir su propio destino. Da la impresión de que es un personaje llevado a lo largo de la novela por unos y por otros.

    “[...] Venimos a comer con vosotras. Os convidamos. Convida Pedro... [...]”

    • El Muecas:

    Es un personaje secundario. Aparece en la narración por referencia de otros personajes (diálogo entre Pedro y Amador).

    Su verdadero nombre es Pablo González, pero sus compañeros de escuela unitaria le empezaron a llamar Muecas a causa de sus incontenibles tics.

    Representa la escala social más baja. Es un hombre casado y con hijas que vive en un barrio de chabolas. Para ganarse la vida se encarga de la cría de las cepas de ratones que utiliza Pedro en su investigación.

    “[...] -¡Dásela!- ordenó el padre más consciente de los lazos de tipo económico aseguradores de la subsistencia de la honrada familia que le unían con un miembro de la plantilla del Instituto, al que por otra parte debía no especificados favores y con el que había mantenido en guerra relaciones de camaradería que más tarde habían procurado los dos dejar sumidas en un profundo silencio, pero que no habían olvidado. [...]”

    Es un hombre egoísta, que maltrata a su mujer para desahogar sus propias frustraciones. Además no duda en perjudicar, si es necesario, a sus propias hijas si con ello consigue algún beneficio.

    “[...] ella misma pegada, golpeada, una noche, otra noche, pegada con la mano, con el puño, con una vara, con un alambre largo, pegada por él cuando su mueca se contraía más de prisa por efecto del alcohol, [...]”

    “[...]- Padre lo ingenió todo. Pero yo y mi hermana las que tuvimos que cargar con la pejiguera de las ratoncitas. [...]”

    • Amador:

    Es un personaje secundario que aparece en la narración por referencia del protagonista.

    A pesar de no tener demasiada importancia durante todo el relato, es el responsable de las desgracias de Pedro, ya que fue él el que, por miedo, le acusó de la muerte de Florita.

    “[...]- Fue el médico - dijo Amador. [...]”

    Es un personaje orgulloso y cobarde que, sin embargo, acaba confesando a Pedro su culpa, aunque sin disculparse siquiera por ello.

    “[...]- Se lo dije yo, Don Pedro, yo se lo dije. Me sacó una navaja así de grande. Se me heló la sangre. ¿Yo qué podía? Se lo dije todo... [...]”

    • Matías:

    Es un personaje secundario, que aparece en la narración en plena actuación.

    Se trata de un amigo de Pedro, perteneciente a la clase alta de la sociedad, que es el que pone en contacto al médico con este estrato social, invitándolo a fiestas y reuniones.

    “[...]- Si, iremos juntos - dijo Matías -. Pero tus reuniones me aburren. [...]”

    Matías, debido a su elevada posición, se cree responsable de dirigir la vida de Pedro, a lo que éste no ofrece resistencia, esperando subir de categoría.

    Intenta, aunque sin éxito, liberar a Pedro cuando está preso, intercediendo por él ante los responsables de su encarcelamiento. Es un personaje inútil, ante todo.

  • Técnicas narrativas:

  • El autor nos muestra con ojo irónico el panorama completo de los estratos sociales de la ciudad de Madrid de los años cuarenta (la novela transcurre en el otoño de 1949), con un decidido y revolucionario empeño por alcanzar una renovación estilística a partir del realismo de la novela española de la época en la que apareció (1962):

    • La clase alta: tiene su centro en la casa de Matías, gente adinerada y elegante, pero ante todo inútil.

    • La clase media: representada en la pensión, sobre todo la patrona. Es una clase con ganas de ascender en su categoría social, por encima de toda moral.

    • La clase baja: representada por el mundo de las chabolas, donde se citan todas las miserias.

    Además de la ironía, a lo largo de la obra hay un desajuste entre la realidad y la expresión. Todo ello hace que esté en la línea del esperpento.

    La novela tiene un enorme contraste entre los opuestos estratos sociales. Pero el planteamiento crítico no es sólo social, sino que abarca cuestiones de carácter individual.

    Se observan influencias de autores como Kafka, Faulkner y, sobre todo, de James Joyce. La historia revela también la influencia de obras como Camino de Perfección o La Busca, de Baroja.

    Luis Martín Santos introduce una serie de innovaciones:

    La voz del narrador cambia constantemente. Utiliza el monólogo interior directo (combinado con un narrador omnisciente) para expresar la interioridad de personajes conflictivos que reflejan los problemas de un ser en concreto, es decir, caracterizan a los personajes. Pero también cumplen una función narrativa. Hay secuencias construidas totalmente con monólogos interiores, éstas son 10 (cuatro de Pedro, tres de la patrona de la pensión, dos de Cartucho y una que recoge alternativamente los monólogos de cuatro personajes). Como el discurrir de la conciencia no sigue ninguna organización gramatical, el lenguaje se presenta tal como se sucede en los pensamientos. Pero el autor también utiliza con frecuencia la segunda persona, en un desdoblamiento del narrador, que se convierte a la vez en receptor, creando la sensación de un diálogo ficticio entre el narrador y el lector. Los monólogos del protagonista se alternan con los de otros personajes, ofreciendo distintos puntos de vista sobre un mismo hecho, con lo que se logra dar perspectivismo a la narración.

    “[...] He dejado el teléfono. He dicho “Amador”. Ha venido con sus gruesos labios y ha cogido el teléfono. Yo miraba por el binocular y la narración no parecía poder ser entendida. He mirado otra vez: “Claro, cancerosa”. [...]”

    “[...]Tienes libertad para elegir el dibujo que tú quieres hacer porque tu libertad sigue existiendo también ahora. [...]”

    “[...] ¿Qué se habrá creído? Que yo me iba a amolar y a cargar con el crío. Ella, “que es tuyo”, “que es tuyo”. Y yo ya sabía que había estao con otros. [...]”

    Hay un tratamiento poliédrico del tiempo: en el relato se mezclan el tiempo subjetivo y el objetivo, se alternan historias y se producen retrocesos y avances (flash-back).

    En el lenguaje de Tiempo de Silencio destaca el uso de extranjerismos y de un léxico culto junto a otro de carácter popular, y, sobre todo, de términos científicos.

    “[...] Porque no deja de ser importante para un adolescente que ha reunido tres pesetas poder comprobar directamente cómo están constituidas sus compañeras de raza que han logrado también entrar en los elíseos campos aunque sin dispendio alguno. [...]”

    “[...] Porque por de pronto se me metieron en la cocina con un colchón que había traído del pueblo y allí a dormir, todos arrejuntados. [...]”

    “[...] Muecas allí estará con su nueva cepa conseguida tras alta reflexión, tras cálculos de coeficientes, del crossing-over y determinación de mapas génicos. [...]”

    Se trata, en cualquier caso, de un lenguaje barroco, rebuscado y pedante. Utiliza extranjerismos, palabras técnicas... en los personajes de la clase alta y expresiones populares en aquellos con una baja categoría.

    “[...] ¡Oh descubrimiento, escrutación, terebrofilia del futuro! [...]”

    “[...] Acabaré en el trullo. Pero a mí ni ése ni nadie. [...]”

    El autor crea palabras tanto por los métodos habituales como por adicción de diferentes vocablos en una especie de palabra frase. Destaca el gusto por la frase larga.

    “[...] Y tras la cegadora visión de Júpiter-tonante, Moisés-destrozante-de-becerros-áureos, Padre-ofrecedor-de-generosos-auxilios-que-han-sido-malignamente-rechazados, Virtud- sorprendida- y-atónita- por- la-magnitud- casi- infinita- de- la- maldad- humana, Pedro muy justa y naturalmente, fue privado de la augusta presencia y conducido al proceloso averno en el que la caída, aunque rápida e ininterrumpible, se produjo a través de los meandros y complejidades que canta la fábula. [...]”

    Utiliza gran cantidad de recursos estilísticos, como son: metáforas, comparaciones, hipérboles, perífrasis...

    “[...] Fuera de todas estas clasificaciones, pajarita preciosa pero también hábil pajarera, la señora de la casa volaba de rama en rama entonando canciones más complejas que al mismo tiempo que servían - como las de otras aves - para su propia glorificación y adorno, tenían también fines más útiles de apareamiento y tercería de grupos, [...]”

    “[...] Más largas que lo ordinario, más cóncavo-convexas que lo ordinario, más rojo escarlata que lo ordinario, le inquietaban como si le recordasen a algo.[...]”

    Sobre la estructura externa, en lugar de componerse de capítulos, se nos presenta como secuencias, separadas por un espacio en blanco y sin numerar. Los saltos de una escena a otra producen un gran contraste.

  • Valoración personal:

  • Aunque el argumento es interesante, no me ha gustado la estructura del libro, porque creo que hay una introducción demasiado larga y un desarrollo y desenlace muy cortos.

    Me parece una novela complicada de leer, ya que los numerosos alternes entre las distintas historias hacen que te desvíes del hilo principal, sobre todo durante la primera mitad, cuando aún no conoces bien a los personajes. Lo mismo ocurre con los monólogos interiores, en los que aparecen los pensamientos de una forma caótica, difíciles de comprender.

    En mi opinión, si la misma historia hubiera estado escrita de un modo diferente, siguiendo la línea de las décadas anteriores, sin introducir tantas innovaciones literarias, hubiera sido más amena y, personalmente, me hubiera gustado más.

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