Textos de Homero

Literatura griega clásica. Escritos homéricos. Ilíada. Odisea. Épica griega. Personajes

  • Enviado por: Angel Arsenio
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
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RESUMEN DE LA TRILOGÍA GRIEGA Lic. ANGEL ARSENIO RINCÓN

LA ILIADA, ODISEA Y ENEIDA

LA ILIADA:

Homero, nombre tradicionalmente asignado al famoso autor de la Iliada y la Odisea, las dos grandes epopeyas de la antigüedad griega. Nada se sabe de su persona, y de hecho algunos ponen en duda que sean de él estas dos obras. Sin embargo, los datos lingüísticos e históricos de que se dispone, permiten suponer que los poemas fueron escritos en los asentamientos griegos de la costa oeste de Asia Menor, hacia el siglo IX a.C.

Las dos epopeyas narran hechos legendarios que supuestamente ocurrieron muchos siglos antes de la época en que fueron escritas. La Iliada se sitúa en el último año de la guerra de Troya, que constituye el telón de fondo de su trama. Narra la historia de la cólera del héroe griego Aquiles. Insultado por su comandante en jefe, Agamenón, el joven guerrero Aquiles se retira de la batalla, abandonando a su suerte a sus compatriotas griegos, que sufren terribles derrotas a manos de los troyanos. Aquiles rechaza todos los intentos de reconciliación por parte de los griegos, aunque finalmente cede en cierto modo al permitir a su compañero Patroclo ponerse a la cabeza de sus tropas. Patroclo muere en el combate, y Aquiles, presa de furia y rencor, dirige su odio hacia los troyanos, a cuyo líder, Héctor (hijo del rey Príamo), derrota en combate singular. El poema concluye cuando Aquiles entrega el cadáver de Héctor a Príamo, para que éste lo entierre, reconociendo así cierta afinidad con el rey troyano, puesto que ambos deben enfrentarse a la tragedia de la muerte y el luto.

LA ODISEA:

La Odisea narra el regreso del héroe griego Odiseo (Ulises en la tradición latina) de la guerra de Troya. En las escenas iniciales se relata el desorden en que ha quedado sumida la casa de Odiseo tras su larga ausencia. Un grupo de pretendientes de su esposa Penélope está acabando con sus propiedades. A continuación, la historia se centra en el propio héroe. El relato abarca sus diez años de viajes, en el curso de los cuales se enfrenta a diversos peligros, como el cíclope devorador de hombres, Polifemo, y a amenazas tan sutiles como la que representa la diosa Calipso, que le promete la inmortalidad si renuncia a volver a casa. La segunda mitad del poema comienza con la llegada de Odiseo a su isla natal, Ítaca. Aquí, haciendo gala de una sangre fría y una paciencia infinita, pone a prueba la lealtad de sus sirvientes, trama y lleva a efecto una sangrienta venganza contra los pretendientes de Penélope, y se reúne de nuevo con su hijo, su esposa y su anciano padre.

ÉPICA:

Ambas epopeyas están escritas en un verso formal y elevado, en un lenguaje jamás empleado en la lengua normal; su métrica es el hexámetro dactílico (véase Versificación). Es imposible establecer una distinción entre estas dos obras en el aspecto estilístico. Sin embargo, resulta fácil comprender por qué, desde la antigüedad, muchos lectores las han atribuido a dos autores diferentes. La Iliada habla de las pasiones y plantea dilemas imposibles de resolver. No hay en ella auténticos villanos; Aquiles, Agamenón, Príamo y los demás personajes son víctimas de un universo trágico y cruel. En la Odisea, por el contrario, el mal es derrotado, triunfa la justicia y la familia, tristemente separada, se reúne de nuevo. La astucia, particularmente la de Odiseo, actúa como fuerza motriz a través de todo el relato.

HIMNOS HOMÉRICOS:

Junto a la Iliada y la Odisea figuran los llamados himnos homéricos, una serie de poemas relativamente breves, que celebran las hazañas de diversos dioses, compuestos en un estilo épico similar, y también atribuidos a Homero.

LA CUESTIÓN HOMÉRICA:

El texto moderno de los poemas homéricos se transmitió a través de los manuscritos medievales y renacentistas, que a su vez son copias de antiguos manuscritos, hoy perdidos. Pese a las numerosas dudas que existen sobre la identidad de Homero (algunos lo describen como un bardo ciego de Quíos) o sobre la autoría de determinadas partes del texto, como las escenas finales de la Odisea, la mayoría de sus lectores, desde la antigüedad clásica hasta no hace mucho tiempo, creyeron que Homero fue un poeta (o como mucho, dos poetas) muy parecido a los demás. Es decir, la Iliada y la Odisea, aunque basadas en materiales tradicionales, son obras independientes, originales y en gran medida ficticias.

Sin embargo, durante los últimos doscientos años, esta visión ha cambiado radicalmente, tras la aparición de la interminable cuestión homérica: ¿Quién, cómo y cuándo se compuso la Iliada y la Odisea? Aún no se ha encontrado una respuesta que satisfaga a todas las partes. En los siglos XIX y XX los estudiosos han afirmado que ciertas inconsistencias internas venían a demostrar que los poemas no eran sino recopilaciones, o añadidos, de poemas líricos breves e independientes (lais); los unitaristas, por su parte, consideraban que estas inconsistencias eran insignificantes o imaginarias y que la unidad global de los poemas demostraba que ambos eran producto de una sola mente. Recientemente, la discusión académica se ha centrado en la teoría de la composición oral-formularia, según la cual la base de los poemas tal y como hoy los conocemos es un complejo sistema de dicción poética tradicional (por ejemplo, combinaciones de sustantivo-epíteto: Aquiles, el de los pies ligeros) que sólo puede ser producto del esfuerzo común de varias generaciones de bardos heroicos.

Ninguna de estas interpretaciones es determinante, pero sería justo afirmar que prácticamente todos los comentaristas coinciden en que, por un lado, la tradición tiene un gran peso en la composición de los poemas y, por otro, que en lo fundamental ambos parecen obra de un mismo creador. Entretanto, los hallazgos arqueológicos realizados en el curso de los últimos 125 años, en particular los de Heinrich Schliemann, han demostrado que gran parte de la civilización descrita por Homero no era ficticia. Los poemas son pues, en cierto modo, documentos históricos, y la discusión de este aspecto ha estado presente en todo momento en el debate sobre su creación.

INFLUENCIA:

Homero es, de manera directa, el padre de toda la literatura griega posterior: el teatro, la historiografía e incluso la filosofía llevan la huella de los temas, cómicos y trágicos, planteados en estas epopeyas, así como de las técnicas homéricas. Para los últimos poetas épicos de la literatura occidental Homero ha sido siempre el maestro indiscutible (aun cuando, como en el caso de Dante, no conocieran sus obras directamente). Pero curiosamente, para sus más notables seguidores, la obra de Homero fue tanto modelo como objetivo. Así por ejemplo, la Eneida de Virgilio viene a refutar el sistema individualista de valores de la épica homérica; y en las escenas más homéricas de El paraíso perdido, del poeta inglés John Milton, las estrofas que describen la batalla en el cielo, son esencialmente cómicas. A propósito, conviene recordar que también se atribuye a Homero la redacción de la Batracomiomaquia, obra que narra, parodiando los recursos de la épica y aproximándose al mundo de la fábula, la lucha entre las ranas y los ratones. En lo que respecta a la novela, Don Quijote de La Mancha (1605), de Miguel de Cervantes, o Ulises (1922) del irlandés James Joyce, cuanto más homéricas son más tienden a la parodia y la burla de la épica. También el escritor argentino Leopoldo Marechal introduce, en su novela Adán Buenosayres (1948), técnicas heredadas de la épica homérica: es el caso del “Viaje a la oscura ciudad de Cacodelphia”, que imita el estilo de las katábasis o descensos infernales. El intento más reciente de aproximación a Homero es el del escritor Derek Walcott, nacido en la isla de Santa Lucía. Su obra Omeros, de 1990, es una extensa novela en verso en la que combina los recursos de la épica con fórmulas lingüísticas y situaciones cotidianas del ambiente antillano.

PERSONAJES PRINCIPALES Y DE ESTUDIO PARA LAS OBRAS

PELEO:

Peleo, en la mitología griega, rey de los mirmidones de Tesalia, hijo de Eaco, rey de Egina. Tomó parte en la caza del jabalí de Calidón y en el viaje de los Argonautas en busca del vellocino de oro, pero es especialmente famoso por su matrimonio con Tetis, una de las nereidas, quien estaba destinada a engendrar un hijo más poderoso que su padre. Aunque Zeus, padre de los dioses, amaba a Tetis, deseaba que se casara con un mortal para que no se cumpliera con él la profecía. Ayudado por los dioses, Peleo se quedó esperando a Tetis en la orilla y, a pesar de sus transformaciones en fuego, agua y varios animales salvajes, él consiguió sostenerla hasta que recuperó su forma original. Todos los dioses esperaban la boda, con excepción de Eris, diosa de la discordia y la contienda quien, furiosa por ser excluida, arrojó en la reunión una manzana de oro que decía 'para la más hermosa'. La adjudicación de la manzana a Afrodita, diosa del amor, por parte del príncipe troyano Paris condujo a la guerra de Troya. Tetis y Peleo eran los padres del héroe y guerrero griego Aquiles. Finalmente, Peleo y Tetis fueron a vivir entre las nereidas. Peleo sobrevivió tanto a su hijo como a su nieto Neoptólemo.

TETIS

Tetis (nereida), en la mitología griega, hija de las divinidades marinas Nereo y Doris, y la más famosa de las nereidas. La pretendieron Zeus, el dios supremo, y también Poseidón, dios del mar, quienes le comunicaron la profecía de que daría a luz un hijo que sería más poderoso que su padre. Fue entregada a Peleo, gobernador de los mirmidones, quien era considerado el más digno entre los mortales. De esta unión, Tetis concibió al héroe Aquiles.

AFRODITA

Afrodita, en la mitología griega, diosa del amor y la belleza, equivalente a la Venus romana. En la Iliada de Homero aparece como la hija de Zeus y Dione, una de sus consortes, pero en leyendas posteriores se la describe brotando de la espuma del mar y su nombre puede traducirse como 'nacida de la espuma'. En la leyenda homérica, Afrodita es la mujer de Hefesto, el feo y cojo dios del fuego. Entre sus amantes figura Ares, dios de la guerra, que en la mitología posterior aparece como su marido. Ella era la rival de Perséfone, reina del mundo subterráneo, por el amor del hermoso joven griego Adonis.

Tal vez la leyenda más famosa sobre Afrodita está relacionada con la guerra de Troya. Eris, la diosa de la discordia, la única diosa no invitada a la boda del rey Peleo y de la nereida Tetis, arrojó resentida a la sala del banquete una manzana de oro destinada 'a la más hermosa'. Cuando Zeus se negó a elegir entre Hera, Atenea y Afrodita, las tres diosas que aspiraban a la manzana, ellas le pidieron a Paris, príncipe de Troya, que diese su fallo. Todas intentaron sobornarlo: Hera le ofreció ser un poderoso gobernante; Atenea, que alcanzaría una gran fama militar, y Afrodita, que obtendría a la mujer más hermosa del mundo. Paris seleccionó a Afrodita como la más bella, y como recompensa eligió a Helena de Troya, la mujer del rey griego Menelao. El rapto de Helena por Paris condujo a la guerra de Troya.

Probablemente de origen oriental, en las primitivas creencias religiosas griegas se identificaba a Afrodita con la fenicia Astarté y era conocida como Afrodita Urania, reina de los cielos, y como Afrodita Pandemos, diosa del pueblo.

PARIS

Paris (mitología), también llamado Alejandro, en la mitología griega, hijo de Príamo y de Hécuba, rey y reina de Troya. Una profecía había anticipado que Paris causaría la ruina de Troya y, por esa razón, Príamo lo abandonó en el monte Ida, donde unos pastores lo encontraron y lo criaron. Estaba cuidando a su oveja, cuando se suscitó una discusión entre las diosas Hera, Atenea y Afrodita acerca de quién era la más bella. Las tres diosas le solicitaron que hiciera de juez. Cada una de ellas intentó sobornarlo: Hera le prometió que lo haría soberano de Europa y Asia, Atenea que le ayudaría a lograr la victoria de Troya contra los griegos, y Afrodita que le concedería la mujer más hermosa del mundo, Helena, la esposa de Menelao, rey de Esparta. Paris eligió a Afrodita, aunque en realidad estaba enamorado de la ninfa Enone. Su decisión hizo que Hera y Atenea se volvieran enemigas acérrimas de su país. Este hecho, unido al rapto de Helena en ausencia de Menelao, desató la guerra de Troya.

Al décimo año del sitio de Troya, Paris y Menelao entablaron un combate singular cuerpo a cuerpo. Menelao habría logrado fácilmente la victoria si no hubiera intervenido Afrodita, que envolvió a Paris en una nube y lo llevó de vuelta a Troya pero, antes de la caída de la ciudad, fue herido mortalmente por el arquero Filoctetes y acudió entonces a Enone, para que lo curara con una droga mágica que tenía. Ella se negó pero, cuando Paris murió, decidió suicidarse transida de pena.

PRIAMO

Príamo, en la mitología griega, rey de Troya. Fue padre de 50 hijos, entre los que sobresale el gran guerrero Héctor, y de 50 hijas, entre ellas la profeta Casandra. Cuando era joven, Príamo luchó con los frigios contra las amazonas, pero en la época de la guerra de Troya era demasiado viejo para guerrear. El conflicto comenzó cuando los griegos se propusieron rescatar a Helena, que había sido raptada por Paris, el hijo de Príamo. Durante los diezaños de combate, Príamo asistió ansiosamente al desarrollo de la batalla desde los muros de Troya con su mujer, la reina Hécuba. Después de la muerte de su hijo Héctor a manos del héroe griego Aquiles, Príamo se dirigió al campo griego para recuperar el cuerpo de Héctor. Aquiles perdonó la vida a Príamo y le entregó el cadáver de su hijo para que recibiese sepultura, pero durante el saqueo de Troya, Neoptólemo, hijo de Aquiles lo mató.

HELENA

Helena de Troya, en la mitología griega, la mujer más bella de Grecia, hija del dios Zeus y de Leda, mujer del rey Tindáreo de Esparta. De niña fue raptada por el héroe Teseo, quien esperó el tiempo necesario para casarse con ella, pero sus hermanos, Cástor y Pólux, la rescataron. Más tarde, su fatal belleza fue la causa directa de la guerra de Troya.

La historia de los diez años de conflicto comenzó cuando las tres diosas Hera, Atenea y Afrodita le pidieron al príncipe troyano Paris que eligiera a la más hermosa de ellas. Después de que cada una de las diosas hizo lo posible por influir en su decisión, Paris otorgó la manzana de oro a Afrodita, quien le había prometido el amor de una mujer de insuperable belleza.

Poco después, Paris zarpó hacia Grecia, donde lo recibieron cálidamente Helena y su marido, Menelao, rey de Esparta. Lamentablemente Helena, la más bella de su sexo, fue el premio destinado a Paris. Aunque vivía feliz con Menelao, cayó bajo la influencia de Afrodita y permitió que Paris la persuadiera para fugarse con él, llevándosela fuera de Troya. Menelao, entonces, convocó a los capitanes griegos para que lo ayudaran a rescatar a su mujer y, con pocas excepciones, ellos respondieron a su convocatoria. Durante nueve años de conflicto sin solución, Helena se sentó en su telar en el palacio de Troya tejiendo un tapiz con su dolorosa historia. Entonces Paris y Menelao decidieron trabar un singular combate entre los ejércitos opuestos y Helena fue citada para asistir al duelo. Cuando ella se aproximaba a la torre, donde el anciano rey Príamo y sus capitanes estaban sentados, su belleza era aún tan incomparable y su pena tan grande que nadie pudo sentir por ella más que compasión. Cuando los griegos ya daban por hecha la victoria de Menelao, Afrodita ayudó a Paris a escapar del enfurecido contendiente envolviéndolo en una nube y poniéndolo a salvo en la cámara de Helena, donde ésta lo consoló.

Después de la caída de Troya, Menelao se reunió con su mujer y ambos salieron de Troya hacia su Grecia natal. Ellos, sin embargo, habían disgustado a los dioses y, por tanto, varias tormentas los arrastraron de una a otra costa del Mediterráneo, por lo que debieron detenerse en Chipre, Fenicia y Egipto. Al llegar finalmente a Esparta, Menelao y Helena retomaron su reinado y vivieron una situación de esplendor el resto de sus días. Tuvieron una hija, Hermíone.

MENELAO

Menelao, en la mitología griega, rey de Esparta, hermano de Agamenón, rey de Micenas, y marido de Helena de Troya. Cuando el príncipe troyano Paris raptó a Helena, Menelao organizó una expedición para rescatarla. Bajo el mando de Agamenón, Menelao y los demás reyes griegos zarparon hacia Troya. Al término de la consiguiente guerra de Troya, Menelao fue uno de los griegos que se ocultó en el caballo de madera y saqueó la ciudad. Después de reconciliarse con Helena, Menelao intentó regresar a Grecia. Se vieron forzados, sin embargo, a una travesía por el Mediterráneo oriental, antes de llegar a Esparta, que duró ocho años. Allí Menelao prosperó enormemente y, junto con Helena, disfrutó de una vida larga y feliz.

AGAMENÓN

Agamenón, en la mitología griega, rey de Micenas y jefe de las fuerzas griegas en la guerra de Troya. Era hijo de Atreo y padeció la maldición lanzada sobre su casa. Cuando los griegos se reunieron en Áulide para su viaje a Troya, se vieron obligados a retroceder por los vientos adversos. Para calmar los vientos, Agamenón sacrificó a su hija Ifigenia a la diosa Ártemis. Su disputa con Aquiles sobre la princesa cautiva Briseida y las consecuencias de esa cólera forman buena parte del argumento de la Iliada de Homero. Después de un sitio de diez años, cayó Troya y Agamenón volvió victorioso a Micenas. Con él fue la princesa troyana Casandra, que le había sido concedida por el ejército griego triunfante.

Clitemnestra, mujer de Agamenón, lo recibió con expresiones de amor, pero mientras él estaba en el baño, ella le tendió una trampa. Egisto, el amante de ella, golpeó a Agamenón con una espada y, mientras estaba inconsciente por el golpe, Clitemnestra lo decapitó con un hacha. Su muerte fue vengada siete años más tarde por su hijo Orestes. La historia de la muerte de Agamenón es contada en la primera pieza de la trilogía Orestíada, del poeta griego antiguo Esquilo.

AQUILES

Aquiles, en la mitología griega, el mayor de los guerreros griegos en la guerra de Troya. Era hijo de la nereida, Tetis, y de Peleo, rey de los mirmidones de Tesalia. Cuando era un niño su madre lo sumergió en la laguna Estigia para hacerlo inmortal. Las aguas lo hicieron invulnerable menos en el talón, por donde lo sostenía su madre. Aquiles libró muchas batallas durante el sitio de diez años a la ciudad de Troya. Cuando el rey miceno Agamenón tomó para sí a la doncella cautiva Briseida, Aquiles retiró a los mirmidones de la batalla y se encerró encolerizado en su tienda. Los troyanos, envalentonados por su ausencia, atacaron a los griegos y los forzaron a una retirada precipitada. Entonces Patroclo, amigo y compañero de Aquiles, le pidió que le prestara su armadura y le dejara avanzar con los mirmidones a la batalla. Aquiles aceptó. Cuando el príncipe troyano Héctor mató a Patroclo, el desconsolado Aquiles volvió a la batalla, mató a Héctor y arrastró su cuerpo triunfante detrás de su carro. Más tarde permitió a Príamo, rey de Troya, rescatar el cuerpo de Héctor. Aquiles peleó su última batalla con Memnón, rey de los etíopes. Después de matar al rey, Aquiles condujo a los griegos hacia los muros de Troya. Allí fue mortalmente herido en el talón por Paris. La disputa entre Aquiles y Agamenón, la batalla posterior y el rescate del cuerpo de Héctor son narrados en la Iliada. Véase también Homero: la Iliada.

PATROCLO

Patroclo, en la mitología griega, amigo dilecto del héroe Aquiles, a quien acompañó a la guerra de Troya. En el décimo año del conflicto, Aquiles retiró del combate a sus tropas, los mirmidones, por una disputa con Agamenón, capitán de las fuerzas griegas. Sin Aquiles, los griegos comenzaron a perder frente a los troyanos. Finalmente, cuando estos estaban a punto de quemar las naves griegas, Patroclo persuadió a Aquiles para que le permitiera guiar a los mirmidones con el objeto de librar a los griegos del desastre. Vestido con la armadura de Aquiles, Patroclo condujo a los griegos a la victoria, forzando a los troyanos a retroceder hasta las murallas de su ciudad. Sin embargo, en su máximo momento de gloria, Patroclo murió a manos del capitán troyano, Héctor. Para vengar la muerte de su amigo, Aquiles reanudó la lucha y mató a Héctor.

HÉCTOR

Héctor, en la mitología griega, hijo mayor del rey Príamo y la reina Hécuba de Troya, y esposo de Andrómaca. En la Iliada, de Homero, que narra la guerra de Troya, Héctor es el mejor guerrero troyano. Como comandante de las fuerzas de la ciudad, su contribución a la resistencia frente al ejército griego durante nueve años es decisiva, y casi al final obliga a los griegos a huir en sus barcos. Sin embargo, durante la batalla mata a Patroclo, el amigo amado de Aquiles, el héroe de los griegos. Aquiles, que se había retirado de la lucha por una disputa con el rey Agamenón, líder de las fuerzas griegas, vuelve al campo de batalla para vengar la muerte de su amigo. Desconsolado y frenético, persigue a Héctor tres veces alrededor de las murallas de Troya, lo mata y después ata el cadáver a su carro y lo arrastra por el exterior de las murallas hasta la pira funeraria de Patroclo. Al enterarse de que los griegos se niegan a celebrar los ritos funerales de su hijo, el triste Príamo acude a Aquiles con la ayuda del dios Hermes y le pide que le entregue el cuerpo de su hijo. Aquiles accede conmovido por el dolor del viejo rey y declara una tregua para que los troyanos celebren un funeral adecuado. La Iliada concluye con una descripción del funeral celebrado en honor de Héctor. En contraste con el feroz Aquiles, Héctor simboliza el guerrero caballeroso.

CABALLO DE TROYA

Caballo de Troya, en la mitología griega, caballo de madera grande y hueco empleado por los griegos para conseguir entrar en la ciudad que asediaban, Troya, y así terminar con la guerra de Troya. Incapaces de capturar la ciudad después de diez años de asedio, los griegos recurrieron a una estratagema. Construyeron el caballo, metieron dentro guerreros armados y lo abandonaron en la playa antes de zarpar en sus barcos. Sinón, un espía griego, convenció a los troyanos para que metieran el caballo, diciéndoles que era un regalo de Poseidón. Por la noche, Sinón dejó salir a los soldados griegos armados, que mataron a los guardianes y abrieron las puertas a su ejército, capturando e incendiando la ciudad. El ardid del caballo fue una astucia del héroe Odiseo.

VIRGILIO

Virgilio (70-19 a.C.), poeta romano, autor de la Eneida, obra maestra de la literatura latina. La influencia de Virgilio en escritores europeos de épocas posteriores fue enorme.

Publio Virgilio Marón nació el 15 de octubre del año 70 a.C., en Andes, un pueblecito próximo a Mantua. Su padre era un humilde campesino. Virgilio estudió en profundidad las literaturas griega y romana, además de retórica y filosofía, en Cremona, Mediolanum (hoy Milán), Roma y Nápoles. Gracias a la protección del político romano Cayo Mecenas, Virgilio se vio libre de preocupaciones económicas y pudo entregarse plenamente al estudio y a la literatura. Pasó la mayor parte de su vida en Nápoles y Nola, y entre sus ámigos más íntimos figuran su protector y mecenas, Octavio, que más tarde se convertiría en el emperador Augusto, y muchos eminentes poetas, como Horacio y Lucio Vario Rufo. En el año 19 a.C. emprendió un viaje por Grecia y Asia, con la intención de revisar su obra maestra, la Eneida, prácticamente terminada para entonces, y dedicar el resto de su vida al estudio de la filosofía. En Atenas, se reunió con Augusto y regresó con él a Italia. Virgilio enfermó antes de embarcar y murió poco después de su llegada a Brindes (hoy Brindisi). En su lecho de muerte, Virgilio ordenó a Augusto que destruyera la Eneida; sin embargo, el poema fue revisado y publicado por Vario Rufo y Plotio Tuca.

LA ENEIDA:

Virgilio dedicó los últimos once años de su vida a componer la Eneida, una epopeya mitológica en doce libros que relata las peripecias del héroe Eneas durante siete años, desde la caída de Troya hasta su victoria militar en Italia. En esta obra, Virgilio se propone describir su Roma ideal y, en cierto modo, prefigurar los acontecimientos de la historia romana. Eneas huye de Troya con su anciano padre, Anquises, sobre sus hombros y su hijo Ascanio de la mano. Consigue reunir una flota y zarpa con los supervivientes troyanos rumbo a Tracia, Creta, Epiro y Sicilia, antes de ser abordado en las costas de África. Allí, Dido, reina de Cartago, se enamora de Eneas y se suicida tras su partida.

Tras atracar en la desembocadura del río Tíber, en Italia, Eneas da muerte a Turno, rey de los rútulos, en una lucha por conseguir la mano de Lavinia, princesa del Lacio. Según Virgilio, el pueblo romano desciende directamente de Ascanio, fundador de Alba Longa, la ciudad que más tarde se convertiría en Roma.

El estilo de la Eneida y su tratamiento están inspirados en las antiguas epopeyas griegas, la Iliada y la Odisea de Homero. Virgilio también se inspiró en parte en el poema épico Argonáutica, escrito por el poeta griego del siglo III a.C. Apolonio de Rodas, así como en los Anales del poeta romano Quinto Ennio, que fue el primero en introducir el hexámetro dactílico en la poesía épica latina (Véase Versificación). Virgilio introdujo en la Eneida la musicalidad y la precisión técnica de su métrica de un modo tan sutil que su verso se ha considerado desde entonces como un modelo de perfección literaria.

La Eneida está considerada generalmente como la primera gran epopeya literaria, puesto que la Iliada posee una gran riqueza artística pero contiene un gran número de recursos ya usados en la poesía oral anterior. La Eneida, a diferencia de la Iliada, no es una parte heredada de la conciencia nacional, sino más bien un intento deliberado de glorificar a Roma, por encargo de Augusto, cantando el supuesto origen troyano de sus gentes y, en especial, los logros e ideales de Roma bajo su nuevo emperador. Los elementos históricos y augustos son especialmente notorios entre los libros 5-8, la parte central del poema. La Eneida puede considerarse una obra universal, por su estructura ambiciosa, su belleza estilística y su preocupación por las tribulaciones del individuo.

La Eneida fue una obra muy apreciada en su época. Durante la edad media se encontró en ella un sentido filosófico, y Virgilio fue considerado casi un vidente y un mago. Dante realiza un homenaje a Virgilio en la primera parte de la Divina Comedia, convirtiéndole en guía del poeta a través del Infierno y del Purgatorio, hasta llegar a las puertas del Paraiso. Pero fue la devoción de Petrarca por el estilo virgiliano, lo que convirtió a Virgilio en una referencia constante en el humanismo en el renacimiento.

PERSONAJES:

ENEAS

Eneas, en la mitología latina, hijo de Anquises, un príncipe troyano, y de Venus, diosa del amor. Después de la toma de Troya por los griegos, Eneas fue capaz, con la ayuda de su madre, de escapar de la ciudad caída. Con su padre anciano a cuestas y mientras guiaba a su hijo pequeño de la mano, hizo su camino hasta la costa. En la confusión de la fuga, su mujer quedó atrás.

Un largo, peligroso y aventurado viaje lo llevó a Tracia, Delos, Creta y Sicilia, donde murió su padre. La diosa Juno, que siempre había odiado a Eneas y quería impedirle que fundara Roma, destino del héroe que ella conocía, intentó detenerlo con una violenta tempestad. Él y su tripulación fueron arrojados a la costa africana, donde los recibió Dido, la hermosa reina de Cartago. Dido se enamoró de Eneas y le suplicó que se quedara. Cuando él se negó y se hizo a la mar, ella, desesperada, se quitó la vida.

Después de varios años de navegación, Eneas alcanzó Italia y la desembocadura del Tíber; allí fue recibido hospitalariamente por Latino, rey del Lacio. Se convirtió en prometido de Lavinia, la hija de Latino, pero antes de que pudiera casarse con ella, Juno hizo que Turno, rey de los rútulos y un pretendiente rechazado de Lavinia, entablara la guerra contra Eneas y Latino. La guerra se desencadenó como un combate cuerpo a cuerpo, en el que Eneas venció y mató a Turno. Eneas gobernó así durante varios años en el Lacio y, casado con Lavinia, fundó el pueblo romano.

La gran epopeya latina, la Eneida de Virgilio, narra la historia detallada de las peligrosas travesías de Eneas y acaba con la muerte de Turno.

DIDO

Dido, en la mitología griega, fundadora legendaria y reina de Cartago, hija de Belo, rey de Tiro. Cuando el marido de Dido fue asesinado por su hermano Pigmalión, rey de Tiro, Dido huyó con sus seguidores al norte de África. Consiguió el emplazamiento de Cartago por intermedio de un gobernador nativo, Yarbas, quien, cuando la nueva ciudad comenzó a prosperar, amenazó a Dido con la guerra si no se casaba con él. Antes que someterse ella o sus seguidores a esa alternativa, Dido prefirió suicidarse.

Según Virgilio, el príncipe troyano Eneas, que fundaría Roma, naufragó en Cartago. Se quedó allí con Dido, quien se había enamorado de él, hasta que el dios Júpiter le ordenó que la abandonara y que continuara su travesía. Desesperada por la partida de Eneas, Dido se mató sobre una pira funeraria.

Fragmento de la Iliada. De Homero.

Canto III.

Iris, por otro lado, a Helena
de blancos brazos, llegó mensajera,
a una de sus cuñadas parecida,
la que Helicaon, el hijo de Anténor,
tenía por esposa, Laodica,
por su semblante la más distinguida
de las hijas que Príamo tenía.
Hallóla en su palacio, donde ella
un gran lienzo de púrpura tejía,
un doble manto en el que bordaba
numerosos trabajos de troyanos,
domadores de potros, y de aqueos
de broncíneas corazas pertrechados,
los que por causa de ella iban sufriendo
bajo las palmas de las manos de Ares.
Y plantándose cerca,
díjole Iris, la de pies ligeros:
«Ven aquí, mi querida jovencita,
para que hazañas veas portentosas,
de troyanos, de potros domadores,
y de aqueos de broncíneas cotas,
que antes iban unos contra los otros
por la llanura conduciendo a Ares,
de lágrimas cuantiosas responsable,
la malhadada guerra anhelando;

ahora ya en silencio se están quietos,
pues la guerra ha cesado,
en sus propios escudos reclinados,
y en la tierra hincadas junto a ellos
están sus largas picas.
Mas luego, sin embargo, Alejandro
y Menelao, caro a Ares,
empuñando largas picas, por ti habrán de batirse,
y de aquel que consiga la victoria
vas a ser tú llamada cara esposa.»
Así dijo la diosa
y en su pecho infundió dulce deseo
de su primer esposo,
su ciudad y sus padres;
y tocada de finos velos blancos,
al punto se salía de la estancia
deprisa, tierna lágrima virtiendo
no sola, que con ella también iban
dos servidoras, Etra
la hija de Piteo,
y Clímena, la de ojos de novilla.
Y prontamente luego
se iban acercando
a donde estaban las puertas Esceas.
Y a ambos lados de Príamo, Pántoo,
Timetes, Lampo, Clitio e Icetaon
el compañero de Ares,

Ucalegon y Anténor,
muy discretos entrambos,
sentados se encontraban
los ancianos del pueblo todos ellos,
de las puertas Esceas por encima,

por vejez de la guerra retirados,
mas bravos oradores semejantes
a las cigarras que en medio del bosque,

en un árbol posadas,
emiten una voz que es como un lirio;
tales los jefes eran, justamente,

de los troyanos, que estaban sentados
en la torre adosada a la muralla.
Y éstos, pues, cuando vieron
a Helena encaminándose a la torre,
hablábanse los unos a los otros,
con aladas palabras, quedamente:
«Cosa no es que indignación suscite
que vengan padeciendo tanto tiempo
dolores los troyanos
y los aqueos de grebas hermosas
por mujer cual es ésa
pues que tremendamente se parece,
al mirarla de frente,
a diosas inmortales;
pero aun así y siendo tal cual digo,
en las naves se vuelva y no se quede
para mal nuestro y de nuestros hijos
en el tiempo futuro.»
Así decían ellos, justamente;
mas Príamo en voz alta llamó a Helena:
«Ven aquí, amada hija
y de mí por delante toma asiento,
para que a tu primer marido veas
y a sus parientes y a sus amigos;
(no eres tú para mí en nada culpable,
pues para mí culpables son los dioses,
que esta guerra de aqueos lacrimosa
contra mí han impulsado);

dime, asimismo, el nombre
de este varón enorme, de este aqueo,
quién es este guerrero noble y alto.
En verdad otros hay aún más altos
que le aventajan en una cabeza,
pero varón tan bello yo hasta ahora
jamás he contemplado con mis ojos,
ni tan majestuoso,
pues a un rey se parece.»
Y a él Helena, divina entre mujeres,
con palabras, así le respondía:
«Me inspiras reverencia, suegro amado,
y, al mismo tiempo, espanto.
¡Ojalá la cruel muerte
me hubiera sido grata
cuando hasta aquí seguía yo a tu hijo,
habiendo abandonado
mi habitación nupcial y a mis parientes
y a mi hija querida tiernamente
y al amable grupo
de las amigas de mi misma edad!
Pero eso exactamente
no fue lo que ocurrió,
por lo cual yo ahora
me consumo llorando.
Pero eso he de decirte
por lo que me preguntas y que inquieres:
Ese es el Atrida
Agamenón de dilatado imperio,
rey noble al mismo tiempo
que esforzado lancero;
en otro tiempo él era mi cuñado
(de mí, ¡cara de perra!),
si es que otro tiempo hubo en que lo era.»

Recopilación de datos para el taller de Literatura Clásica y reconocimiento de la Trilogía griega. LIc. ANGEL ARSENIO RINCÓN

Convención, septiembre 18 de 2007