Teorías económicas

Economistas. Adam Smith. Marx. Keynes. Malthus. Friedman. David Ricardo

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INDICE

Pág.

INTRODUCCIÓN 3

ADAM SMITH 5

Antecedentes 5

La Riqueza De Las Naciones 7

Visión Del Progreso Económico Que Tenía Smith 12

MALTHUS Y RICARDO 13

Opinión De Ricardo Sobre La Dinámica Social 17

KARL MARX 18

Antecedentes 18

Doctrina Económica De Marx 19

TeorÍa Del Movimiento Capitalista De Marx 25

JOHN MAYNARD KEYNES 26

Antecedentes 26

Doctrina Económica De Keynes 27

MILTON FRIEDMAN (MONETARISMO) 36

¿Qué es la Fed? 37

El enfoque de la Inflación 39

Principios del monetarios 41

Resumen 45

CONCLUSIONES 46

BIBLIOGRAFÍA 47

INTRODUCCIÓN

Trata esta investigación de un grupo de hombres que se les puede alegar un extraño título de celebridad. Si nos guiamos por las normas que rigen en los principales libros de historia, este grupo de hombres fueron seres sin importancia: no estuvieron al frente de ejércitos, no enviaron hombres a la muerte, no conquistaron imperios y tuvieron escasa participación en las decisiones que moldearon a la Historia. Algunos de ellos adquirieron renombre, pero a ninguno se le consideró como héroe nacional; algunos enfrentaron fuertes agresiones verbales, por lo disparatado de sus ideas, pero a ninguno llegó a considerársele como una verguenza nacional.

Sin embargo, lo que ellos hicieron tuvo en la historia influencia más decisiva que muchas acciones de los estadistas a quienes la gloria confirió su máximo brillo; produjeron trastornos que fueron con frecuencia, más profundos y poderosos que el ir y venir de ejércitos a través de los pueblos, y tuvieron mayor eficacia, para bien o para mal, que muchos decretos y leyes promulgados por reyes y legisladores. Lo que estos hombres hicieron fue moldear y regir las inteligencias humanas.

Y como todo aquel que recluta las inteligencias humanas adquiere un poder superior al de la espada y al del cetro, estos hombres, a quienes nos referiremos luego, moldearon y rigieron el mundo. Solo unos pocos llegaron entrar en el campo de la acción; como hombres estudiosos laboraron calladamente en la oscuridad y sin importarles lo que se dijera referente a ellos. A pesar de lo cual, como huella de su paso, dejaron imperios destrozados y continentes en erupción; apuntalaron y socavaron regímenes políticos: levantaron a unas clases sociales contra otras, y enfrentaron entre sí a las naciones; pero no porque se propusieron a hacer daño, sino por la potencialidad extraordinaria de sus ideas.

Lógicamente, nos estamos refiriendo a los grandes economistas.

ADAM SMITH

Desde siempre se ha escrito sobre Economía, pero es lugar común dentro de la historia de esta ciencia aceptar que como disciplina académica nació con la publicación de “La Riqueza de las Naciones”, de Adam Smith, en 1776, el año de la declaración de la independencia de los Estados Unidos. Tomando en cuenta estos dos factores, no es fácil decir cual de los dos documentos tiene mayor importancia histórica. En la declaración se hizo un nuevo llamado para crear una sociedad dedicada a “Vida, Libertad y la búsqueda de la felicidad”. La Riqueza de las Naciones explico como trabajaba este tipo de sociedad.

ANTECEDENTES

Adam Smith nació en 1723 en Escocia; su padre perteneció al cuerpo jurídico militar y desempeño el cargo de Interventor de Aduanas. Recibió su educación en las Universidades de Glasgow y de Oxford, y llegó a ser primero profesor de lógica y más tarde de filosofía moral en Glasgow. Estando en ejercicio publicó “La teoría de los sentimientos morales”, en la cual, se da un preámbulo, para entender sus posteriores ideas económicas, porque, en su obra, decía que la conducta humana es movida naturalmente por seis motivaciones: El egoísmo, la conmiseración, el deseo de ser libre, el sentido de la propiedad, el hábito del trabajo y la tendencia a trocar, permutar y cambiar una cosa por la otra. Dados estos postulados el hombre es el mejor juez de sus intereses y debe por lo tanto, dejársele en libertad de satisfacerlo a su manera, y así, no solo conseguirá su propio provecho sino que impulsará el bien común.

Después de trece años de enseñanza académica, viajo por Francia y fue durante dos años tutor del joven duque de Buccleuch, de quien recibió más adelante una pensión considerable que le permitió dedicarse por completo a sus escritos. Sin embargo, en 1778 aceptó el nombramiento de Comisario de Aduanas, puesto que ocupó hasta su muerte en 1790.

Estos hechos sobresalientes de su vida pueden explicar algo del método que adoptó en la investigación económica. Adam Smith fue el primer economista académico, y se considera, que su carrera no es muy diferente de las de muchos economistas de los últimos ciento cincuenta años.

LA RIQUEZA DE LAS NACIONES

Esta obra fue en parte un ataque a la filosofía mercantilista en la que se apoyaba la política británica en las colonias; y en parte, la articulación del mecanismo, aún mal comprendido, de una nueva sociedad.

Smith, previo a escribir su obra, tuvo ocasión de contactar con el pensador económico más destacado de Francia, el Sr. Quesnay, quien mantenía la idea de que la riqueza de una nación procedía de su capacidad para producir y no de la cantidad de oro y plata que poseyera. Smith desarrolló esta idea en el ataque que dirige en La riqueza de las Naciones a la política restrictiva y proteccionista del mercantilismo.

“La riqueza no consiste en dinero ni en oro, sino en lo que se adquiere con el dinero, el cual solamente es valioso para comprar”, escribía Smith a favor del libre cambio. Smith disentía de los fisiócratas en la importancia que estos atribuían a las clases agricultoras como fuente de toda riqueza real, pero compartía con ellos, su actitud crítica hacia las sociedades que concedían una importancia primordial al privilegio y no a la productividad.

Los principales problemas que preocupaban a Smith eran: cómo se mantiene ensamblada una sociedad y hacia dónde va la sociedad.

La respuesta a la primera interrogante esta en las Leyes del mercado y en la interacción del interés individual y la competencia. Por ejemplo, supongamos que tenemos un cierto numero de fabricantes de sombrillas. Cada fabricante tratará de cargar por sus sombrillas un precio tan elevado como pueda, pero si alguno de ellos eleva sus precios por encima de lo que exige el coste de producción, entrarán en el negocio de sombrillas otros fabricantes, quienes tratarán de abrirse paso vendiendo a un precio más bajo, lo que forzará a los demás a bajar sus precios o a quedarse sin vender sus productos. De esta manera se realizan a la vez dos cosas, primera, el fabricante se ve obligado, por las fuerzas de la competencia, a vender sus productos a un precio máximo de coste de producción (si eleva mucho el precio habrá otros que irrumpan gustosos en su negocio), y segunda, se ve obligado a ser lo más eficiente posible, para mantener sus costes bajos y permanecer en condiciones competitivas.

La "mano invisible" del mercado también dirige a las personas en su elección de ocupación y hace que tengan en cuenta las necesidades de la sociedad. El carnicero, el cervecero y el panadero entran a su profesión porque esperan ganar en ella. No hay nada en esto que sea inmoral o antisocial, porque ellos no hacen más que responder a las señales de los precios que emite el mercado; a medida que una sociedad necesita más carniceros, se eleva el precio que esta disponible a pagar por ellos (es decir, su salario), y más personas se sienten tentadas de entrar en esta profesión. Como consecuencia de ello, los salarios de los carniceros vuelven a bajar o, al menos, quedan nivelados.

De la misma manera, el mercado regula cuales son las mercancías que han de producirse. Si los consumidores quieren más zapatos de los que se producen a un precio dado, tenderán a pagar más, al tener que competir por el calzado escaso. En consecuencia, los productores se verán impulsados a producir más zapatos. La esencia de la economía de mercado es que en ella todo se convierte en mercancía con un precio y que la oferta de estas mercancías es sensible a los cambios de precio.

Hay que tener una idea clara de la importancia revolucionaria de esta doctrina. El mercado es impersonal y no conoce favoritos; se acabaron las prerrogativas especiales de la nobleza. Esta idea debe ser contrastada con los medios anteriores de organizar la sociedad, en los que cada uno tenía asignado un lugar y en él permanecía. El mercado no solamente da por supuestos el interés individual y la competencia, sino que requiere la existencia de movilidad, en virtud de la cual una persona puede perseguir su egoísmo. Así, la doctrina de Smith es a la vez democrática y dinámica.

Smith describió tanto lo que sucedía en una sociedad como lo que debería suceder. Sin embargo, como descripción de la realidad, su teoría se ajustaba con mucha más exactitud a la sociedad de finales del siglo XVIII que a la de la segunda mitad del siglo XX. Una condición previa para el funcionamiento eficaz del mercado era que ninguna de las piezas del mecanismo productivo, ya sea del lado de los trabajadores o del de los capitalistas, sea tan grande que interfiera las fuerzas de la competencia. Los enemigos del sistema eran los monopolios. Hay que recordar que Smith escribió antes de la Revolución Industrial y del advenimiento de la producción a gran escala. Hoy día la economía está dominada por gigantes económicos que tienen a su servicio millares de personas, tienen invertidos miles de millones de dólares y tiene un volumen de ventas y de producción de ámbito mundial. En 1965 había en los Estados Unidos sesenta empresas cuyas ventas sobrepasaron los miles de millones de dólares, y más de quinientas empresas con ventas superiores a los cien millones de dólares. Partes del mercado de trabajo están también controladas por poderosos sindicatos obreros.

¿Son éstos monopolios? Sí o no. Pero estas vastas aglomeraciones de poder constituyen manifiestamente una desviación de la competencia "atomizada" considerada por Adam Smith.

A Smith también le interesaba hacia dónde va la sociedad. Al responder a esta pregunta, Smith subraya los efectos beneficiosos de la acumulación de los beneficios por los empresarios. Estos beneficios, suponía Smith, serían reinvertidos y utilizados para comprar maquinaria nueva, la cual permitiría mayores posibilidades de división del trabajo y de aumento de la productividad y, por tanto, conduciría una mayor riqueza. En su famosa descripción de una fábrica de alfileres, observada Smith que al concentrarse cada hombre en una tarea. Podía producir más que si hubiera tenido que manejar por sí solo cada una de las fases del trabajo. También observaba que los hombres que lo rodeaban y que estaban haciendo grandes fortunas no la derrochaban en una vida de lujos, sino que las ahorraban, las acumulaban y las reinvertían. Se establecía así una tendencia hacia la introducción de máquinas nuevas y hacia una mayor productividad. Smith veía en esta acumulación el motor que pone en movimiento el mejoramiento de la sociedad.

Visión Del Progreso Económico Que Tenía Smith

  • Los capitalistas obtienen beneficios.

  • Los beneficios se invierten en maquinarias.

  • Más maquinaria significa mayor demanda de mano de obra.

  • Los salarios se elevan.

  • Como consecuencia de los salarios más altos, los beneficios descienden y la expansión se extingue.

  • Pero la demanda de mano de obra también disminuye a medida que decae la acumulación (inversión).

  • Al disminuir la demanda de mano de obra, los salarios bajan; en consecuencia, los beneficios vuelven a elevarse.

  • El proceso de acumulación prosigue su marcha.

  • Obsérvese que éste es un proceso continuo de desarrollo y no simplemente un ciclo económico. La acumulación trae como consecuencia mayores medios de producción y una mayor división del trabajo.

    Una mayor división del trabajo significa mayor productividad y más riqueza para la nación. El resultado es un paraíso de trabajo duro.

    MALTHUS Y RICARDO

    Al final del siglo XVIII eran muy pocos los ingleses acomodados que ponían en duda que vivían en el mejor de todos los mundos posibles. William Godwin, por ejemplo, preveía un futuro en el que "ya no habría solo un puñado de ricos y una multitud de pobres... No habrá guerras ni crímenes ni eso que se llama administración de justicia; ni habrá gobiernos. Además de esto, no se conocerá la enfermedad, ni la angustia, ni la tristeza, ni el resentimiento". El reverendo Thomas Malthus contribuyó en gran medida a desfigurar esta visón entusiasta del mundo. En una obra, publicada anónimamente en 1798, con el título de Ensayo sobre el principio de la población en lo que respecta a la mejora futura de la sociedad, afirmaba que existe en la naturaleza una tendencia a que la población deje atrás a todos los medios posibles de subsistencia. En lugar de progreso, Malthus preveía un futuro mezquino de la sociedad, en el cual el instinto de reproducción humano impulsaría inevitablemente a la humanidad hacia el borde del precipicio de su existencia.

    David Ricardo, amigo y antagonista de Malthus en su obra seca, escuálida y abstracta, Principios de Economía Política, esbozó una visión de la sociedad que resultaba tan devastadora para el mundo esperanzado de Adam Smith como la visión más espectacular de Malthus. Smith había concebido la sociedad como una familia, que crecería y aumentaría su riqueza, con tal, que se le dejase sola. Para Ricardo, la sociedad era una pugna enconada entre los terratenientes y los industriales, que eran la fuerza principal del progreso y estaban destinados a perder.

    Aunque estos dos economistas estaban en desacuerdo sobre casi todos los problemas, no lo estuvieron en lo que Malthus sostenía acerca de la población. Malthus argumentaba que la raza humana tendía a multiplicarse a un ritmo muy rápido y que, en cambio, la tierra, a diferencia de la población, no puede multiplicarse. La consecuencia de esto era que el número de habitantes dejaría inevitablemente atrás, más pronto o más tarde, a la cantidad de alimentos necesarios para mantenerlos. Las guerras, las epidemias, las pestilencias y las plagas resultarán necesarias para regular la población; "El hambre parece ser el último y más temible recurso de la naturaleza", observaba Malthus.

    ¿Han resultado ciertas las horribles predicciones de Malthus? Sí o no. Sin duda, el crecimiento de la población en los dos tercios del mundo que permanecen en una situación de subdesarrollo está dejando atrás a la oferta de alimentos en esas regiones. En el Estado hindú de Bengala, por ejemplo, murieron de hambre 1.500.000 personas en 1943. Solo los envíos de alimentos realizados por los Estados Unidos evitaron en 1966 un desastre igual o peor. Pero en los países occidentales industrializados todavía no ha llegado a suceder lo peor. La respuesta a este reto está en el proceso de industrialización, que a la vez, que ha incrementado la producción de alimentos, al elevar la productividad agrícola, ha reducido el número de personas de las familias.

    Ricardo aceptaba las ideas de Malthus acerca de la expansión de la población y las convirtió en teoría económica. En la teoría de Ricardo, a medida que la población crece, se ponen más y más tierras en cultivo para cosechar cereales. Él suponía que esto haría subir el coste de los cereales, pero no en los buenos campos que ya estaban en cultivo, sino los campos de segunda calidad recién incorporados al cultivo. La diferencia en los costes conduciría a la obtención de beneficios (llamados renta de la tierra) por parte de los terratenientes bien situados y que producían a bajo coste. En consecuencia, a medida que la población crezca y se vayan poniendo en cultivo más y más tierras, la renta de las tierras buenas se elevará constantemente. Y no solo subirán las rentas, sino también los salarios. Pues a medida que los cereales resulten más costosos de producir, habrá que pagar más a los trabajadores, con el fin de permitirles justamente "comprar su pedazo de pan duro" y mantenerse vivos.

    El resultado era una predicción singularmente lúgubre. El trabajador estaba condenado a permanecer eternamente en el margen, ya que tras cada subida del salario tendía a engendrar más hijos, con lo que el número de trabajadores se elevaba y, con la competencia, los salarios volvían a bajar al nivel de mera subsistencia.

    Además de la perspectiva sombría creada por la teoría de Malthus sobre la población y de la visión de Ricardo sobre estrangulamiento de la sociedad por los terratenientes, Malthus concibió una idea económica que dio origen a otro motivo de inquietud. Malthus vivía preocupado por la posibilidad de lo que él llamaba un atascamiento general, una inundación de mercancías sin posibles compradores.

    A Ricardo le parecía increíble y un puro disparate esta premisa. Él creía que deseo de bienes era infinito, y que la capacidad para comprar las mercancías estaba garantizada, es decir, todo bien que era producido tenía un coste en salario, renta de la tierra o beneficios, pero todo coste suponía un ingreso para alguien. Por consiguiente, cualquiera que fuese el precio de un artículo, siempre existía alguien que disponía de dinero con que comprarlo.

    La raíz de los desacuerdos entre Ricardo y Malthus estaba en el hecho de que se planteaban interrogantes distintos. Para Malthus el problema era ¿cuánto hay? Para Ricardo el problema era la cuestión mucho más explosiva de ¿qué se lleva cada cuál?

    Opinión De Ricardo Sobre La Dinámica Social

  • La población aumenta.

  • Se ponen en cultivo más tierras para alimentar a la población en aumento.

  • La tierra es de calidad desigual; a medida que crece la población, se ponen en cultivo tierras menos fértiles.

  • El terrateniente que tiene tierras más fértiles puede producir más barato que el terrateniente con tierras menos fértiles.

  • Al aumentar la población, aumenta la demanda de productos de la tierra, y el precio de estos se eleva. Los salarios también se elevan, para permitir comer al trabajador, y esto reduce los beneficios.

  • Como todos los cereales se venden en un mercado y a un solo precio, el terrateniente que tiene mejores tierras obtiene mayores beneficios de la subida resultante en los precios. La diferencia entre su beneficio y del terrateniente con tierras menos fértiles se define como renta de la tierra.

  • La implicación es que el terrateniente aumenta sus ganancias sin incrementar su aportación real a la sociedad.

    KARL MARX

    ANTECEDENTES

    Karl Marx nació en Tréveris, Alemania Occidental, en 1918. Pertenecía a una familia judía de la alta clase media; pero su padre abandonó la religión judía poco después de nacido Marx.

    En la actualidad se considera generalmente a Marx como un economista que trabajó dentro de la tradición clásica; pero tanto sus partidarios como sus críticos convienen en que fue mucho más (o mucho menos) que un economista. Fue un revolucionario que usó el estudio de la Economía política como un instrumento de la lucha política. El mismo sostuvo que era necesario descubrir las leyes de la evolución mediante el estudio de la economía política, para adquirir así un arma teórica sin la cual creía que la nación política estaba condenada a la impotencia.

    DOCTRINA ECONÓMICA DE MARX

    Hemos visto cómo las condiciones brutales y sombrías que imperaban en la Europa del siglo XIX produjeron un grupo de pensadores que intentaron persuadir a los gobernantes de Europa de que instituyesen cambios en la sociedad, al fin de hacer de ella un lugar mejor donde vivir. Con vistas a este fin, los socialistas utópicos desarrollaron grandes esquemas en los que describían el funcionamiento de la sociedad perfecta. Marx fue más allá, siguiendo un camino diferente que los socialistas utópicos, a quienes despreciaba. Marx afirmaba que el cambio era no solamente deseable, sino también inevitable, e intentó demostrar que quienes trabajaban a favor de una revolución comunista no solamente estaban del lado justo, sino también del lado de los vencedores.

    La base de la teoría de Marx la constituía su análisis de la historia, que él fundaba en el materialismo dialéctico. Engels explicaba el materialismo dialéctico de la siguiente manera: la concepción materialista de la historia arranca del principio de que la producción y el intercambio de productos constituyen la base de todo orden social; que en toda sociedad, entre cuantas han aparecido en la historia, la división de la sociedad en clases está determinada por aquello que se produce y cómo se produce y por la forma en que se intercambia la producción. Según esta concepción, escribía, "Las causas últimas de todos los cambios sociales y de todas las revoluciones políticas hay que buscarlas, no en las mentes de los hombres, sino en las mutaciones experimentadas por los métodos de producción y de intercambio; esas causas no deben buscarse en la filosofía, sino en la economía de la época a que se refieran".

    En otras palabras, la fuerza básica en la historia es para Marx la estructura económica de la sociedad. Esto no excluye el impacto de las ideas, sino que sostiene que las ideas son un reflejo de la sociedad que las alienta. E implica también que las ideas tienen que ser juzgadas de acuerdo con su relevancia para la sociedad existente.

    El interés principal de Marx consistía en demostrar que el capitalismo estaba cavando su propia fosa. Su tesis era que, a medida que el capitalismo se iba desarrollando, se hacia más interdependiente tecnológicamente. Sin embargo este hecho tecnológico estaba en contradicción con la organización competitiva y carente de planes de la sociedad capitalista. Como consecuencia de esto, las economías capitalistas sufrirían crisis y hundimientos. Además. El capitalismo estaba creando el germen de su propia destrucción, pues a medida que se desarrollaba lanzaba cada vez más agentes al proletariado, que se empobrecía progresivamente. De ahí que Marx viera en la evolución de al sociedad capitalista su condena inevitable. Su análisis se centraba en las razones de la inevitabilidad de esta condena y no, como el de los socialistas utópicos, en un plan básico para la sociedad del futuro.

    El objetivo del gran libro de Marx, EL CAPITAL, era descubrir las "leyes del movimiento" de la sociedad capitalista. La palabra movimiento es importante aquí, porque, al cargar el acento sobre la mutación y el movimiento, Marx se distinguió de la corriente principal de la ciencia económica ortodoxa que había de sucederle en el mundo anglonorteamericano, del mismo modo que se distinguió de los socialistas utópicos por la importancia que atribuía a las leyes que según él harían inevitable el cambio.

    Marx construyó su modelo económico para demostrar como el capitalismo explotaba necesariamente a su clase trabajadora y cómo esta explotación conduciría inevitablemente a su destrucción. La teoría de Marx comenzaba con la teoría del valor basada en el trabajo, tal como la había recibido de los economistas clásicos Smith y Ricardo. Según esta teoría, el valor de una mercancía se medía por la cantidad de trabajo que entraba en su creación. (Después de Marx la corriente principal de la ciencia económica ortodoxa se apartó de esta opinión para sostener que el valor de una cosa era el precio que alcanzaría en el mercado.)

    En el mundo teórico de Marx, todo se vendía por su valor; y el valor de la mano de obra es la cantidad de trabajo que se necesita parar crear la mano de obra, es decir, un salario de subsistencia. En otras palabras, las energías vendibles de un trabajador valen la cantidad de trabajo socialmente necesario para mantener vivo a ese trabajador.

    La clave de la explotación, en este sistema, está en el hecho de que existe una diferencia entre el salario que un trabajador recibe y el valor del producto que ese trabajador produce. A esta diferencia la llama Marx plusvalía. Al trabajador se le paga lo que se le debe y con su trabajo produce valor suficiente para que se le pague. Sin embargo, un trabajador no es contratado únicamente por la duración de la jornada necesaria para pagarle su salario de subsistencia. Por lo contrario, el trabajador conviene en trabajar durante toda la jornada que el capitalista le señale, que en los tiempos de Marx era de diez a once horas diarias. Esto sucede porque el capitalista monopoliza una cosa; el acceso a los medios de producción mismos. Si un trabajador no está dispuesto a trabajar esa jornada completa de trabajo, no encontrará empleo.

    Hasta aquí, Marx solamente a demostrado la existencia de la explotación. Falta por demostrar por qué este sistema es insostenible y tiene que derrumbarse. Todos los capitalistas obtienen ahora beneficios, por la diferencia entre lo que pagan a sus obreros y el valor del producto creado por esos obreros. Pero los capitalistas compiten todos entre sí. Por esa razón tratan de acumular, a fin de ensanchar las escalas de su producción a expensas de sus competidores.

    Ahora empieza la dificultad. La expansión requiere más trabajadores y para obtenerlos los capitalistas tienen que competir entre ellos. Los salarios tienden, pues, a subir, y los beneficios a bajar. Smith y Ricardo habían sostenido que los trabajadores salvarían su propia posición engendrando hijos. Para Marx, la doctrina malthusiana era un "libelo contra la raza humana", pues el proletariado no es tan miope como para eso. En lugar de eso, la disminución de los beneficios es contrarrestada temporalmente sustituyendo obreros por máquinas, lo cual incrementa la reserva de los desempleados, que con su competencia harán que los salarios bajen nuevamente. Pero como los beneficios están constituidos solamente por la diferencia entre los costes de trabajo y lo que se persigue de la venta de las mercancías, el capitalista sigue cogido en la trampa. Si "automatiza" la producción, su margen de beneficios se reduce con ello, porque tiene menos trabajadores de quienes extraer "plusvalía". Si continúa contratando trabajadores, el nivel de salarios se eleva y sus beneficios descienden. Por cualquier camino que elija, la tendencia a largo plazo le lleva hacia una tasa descendente de los beneficios y hacia una serie de crisis cada vez más graves.

    La revolución no tuvo lugar, como Marx había previsto, en las naciones capitalistas más adelantadas. Los Estados Unidos y gran parte de Europa Occidental siguen siendo capitalistas. No obstante, el capitalismo esta a la defensiva en gran parte del mundo. Europa Oriental, Rusia, China y algunas naciones menores habían abandonado por completo el capitalismo. Europa Occidental, sometida a la presión de fuertes partidos socialistas y comunistas, ha erigido Estados capitalistas orientados hacia el bienestar social. Estados Unidos es uno de los pocos países donde no existe un partido socialista grande.

    Irónicamente puede decirse que el mismo Marx dio al sistema capitalista un plazo de vida más largo con su estímulo al socialismo, al aguijonear con ello al capitalismo a efectuar las reformas que le salvaron la vida.

    Teoría del Movimiento Capitalista de Marx

  • El trabajo es fuente de todo valor

  • El trabajador recibe por su trabajo un pago inferior del producto que él crea. Esta diferencia, que es beneficio, recibe el nombre de plusvalía.

  • Marx supone que todos los capitalistas buscan aumentar sus beneficios mediante la expansión de sus empresas.

  • Como consecuencia de ello, compiten entre sí por la mano de obra y los salarios se elevan

  • Por esta razón bajan la plusvalía y los beneficios.

  • Entonces los capitalistas introducen maquinarias para desplazar trabajadores.

  • Como consecuencia de este desplazamiento los salarios bajan de nuevo.

  • Sin embargo, la sustitución de trabajadores por maquinaria ha estrechado la base sobre la que puede obtener plusvalía y beneficios.

  • Por consiguiente, la tasa de beneficio tiende a descender a largo plazo.

  • Al final esta da lugar a crisis (depresiones).

  • JOHN MAYNARD KEYNES

    ANTECEDENTES

    Nació el 5 de junio de 1883 en Cambridge, Inglaterra. Murió el 21 de abril de 1946 en Firle. Se formó en Cambridge, donde estudió bajo la influencia de Alfred Marshal. Durante cuarenta de esos sesenta y tres años, es decir, desde que salió de la universidad hasta su muerte, se mantuvo en constante actividad como economista, como pensador, como escritor, como maestro, como funcionario publico y como estadista. Con sólidos conocimientos en economía y una extensa preparación matemática, Keynes adquirió muy pronto un notable conocimiento del mundo de los negocios y de los asuntos públicos. La conexión de Keynes en sus últimos años con los asuntos del estado fue tal, que le brindó una oportunidad única, de que no gozó ningún otro economista anterior a él, de hacer que sus ideas influyesen directamente en la formación y dirección de la política. Para algunos las doctrinas de Keynes son tan peligrosas y subversivas como las de Marx, una curiosa ironía puesto que Keynes se oponía por completo al pensamiento Marxista y estaba totalmente a favor de apoyar y mejorar el sistema capitalista.

    La razón de la desconfianza hacia Keynes es que más que ningún otro economista es el padre de la idea de una “economía mixta” en la cual el gobierno juega un papel crucial. Para muchos de esta época todas las actividades del gobierno se consideraban sospechosas cuando menos y en el peor de los casos dañinos por completo. Por esto para algunos el nombre de Keynes esta desacreditado, pero a pesar de ello sigue siendo uno de los innovadores de nuestra disciplina, una mente que debe ser clasificada junto con la de Smith y Marx como una de las más influyentes que ha producido la economía.

    “Las ideas de los economistas y los filósofos políticos, tanto cuando son correctas como cuando están equivocadas, son más poderosas de lo que comúnmente se cree”.

    DOCTRINA ECONÓMICA DE KEYNES

    Todos los grandes economistas fueron producto de sus épocas: Smith, la voz del capitalismo optimista e incipiente: Marx, el vocero de las víctimas de su más sombrío periodo industrial; Keynes, el producto de una época aun posterior, la Gran depresión.

    La Gran Depresión del decenio de 1930 no solo fue una tragedia humana, para la cual ninguna de las herramientas de la Economía tradicional podía encontrar explicación y mucho menos remedio. La depresión golpeó a Estados Unidos como un tifón. La mitad de la producción desapareció. Una cuarta parte de la fuerza laboral perdió su trabajo. Mas de un millón de familias de las ciudades se encontraron con sus hipotecas vencidas y perdieron sus casas. Se perdieron nueve millones de cuentas de ahorros cuando cerraron los bancos, para no abrir nunca más.

    Contra esta terrible realidad de desempleo y perdida del ingreso de la economía, igual que el mundo de los negocios o los asesores del gobierno, no tenían nada que ofrecer. Básicamente, los economistas se encontraban tan perplejos ante el comportamiento de la economía como el resto del pueblo estadounidense. En muchos aspectos la situación nos recuerda la incertidumbre que comparte el público y la economía ante la inflación actual.

    Fue en este ambiente de consternación y casi pánico donde apareció el gran libro de Keynes: Teoría General del Empleo, El Interés y el Dinero (1943).

    La esencia de su teoría consistió en hacer del ahorro el eje de la dificultad del sistema y en afirmar que no había nada automático en el mecanismo del mercado que mantuviese a la economía en empleo total.

    Economistas como David Ricardo y otros economistas se habían burlado de la idea de Thomas Robert Malthus de que el ahorro podía conducir a atascamientos generales. Para ello era evidente que los atascamientos no podían ser causados por el ahorro, porque ahorrar significa invertir; es decir, significa que el dinero que uno no había gastado en consumo para sí mismo lo gastaba en nuevos activos físicos para su fábrica.

    El pensamiento económico tradicional había atribuido siempre (según Malthus) una gran importancia a la tendencia automática del mercado para resolver todos los problemas. No había problema económico que el mercado no fuera capaz de resolver si se le dejaba actuar por sí solo. Keynes intentó demostrar que no había nada de automático en el funcionamiento del mercado (particularmente en el mecanismo del ahorro-inversión).

    Para comprender el pensamiento de Keynes acerca de la manera como el ahorro puede causar dificultades, tenemos que comprender cómo se determina el bienestar de una nación. La prosperidad nacional depende esencialmente de la fluidez del dinero que pasan de mano en mano. Con cada compra que hacemos, transferimos una parte de nuestro dinero al bolsillo de otra persona. De un modo semejante, cada moneda de nuestro dinero, ya sea de salarios, beneficios o intereses, se deriva en definitiva del dinero que ha gastado alguna otra persona.

    Visto desde esta perspectiva, es evidente que si guardáramos el dinero constantemente, romperíamos la corriente circular del dinero. Al actuar de esa manera congelaríamos una parte del dinero que se nos entrega y devolveríamos a la sociedad menos de lo que esta nos da. Por supuesto, nuestro dinero no lo guardamos en el hogar, sino que lo colocamos en bancos o en acciones, de donde pueden ser sacados por la empresa para fines de inversión, reintroduciéndolos así en la corriente del dinero.

    Obsérvese, sin embargo, que en este mecanismo de ahorro-inversión no hay nada de automático, y las empresas no utilizan necesariamente, todos los ahorros potenciales en inversiones. Una importante diferencia histórica entre la época de Malthus y la de Keynes es que a principios del siglo XIX el ahorro y la inversión los hacia casi siempre la misma persona; como decía Ricardo, el pequeño hombre de negocios que ahorraba, lo hacia para comprar más equipo. Pero en el siglo XX el ahorro y la inversión los hacen con frecuencia personas diferentes, tales como los padres de familia y los directivos de las sociedades anónimas, respectivamente. La idea de que el mecanismo ahorro-inversión no funcionaba con tanta suavidad como creían Ricardo y la ciencia económica tradicional fue lanzada por primera vez por Keynes en su libro Teoría general del empleo, el interés y el dinero. Para Keynes la redacción de esta obra representó “una lucha para escapar” de las viejas ideas, y lo mismo representó para sus lectores en aquel tiempo. Pero, vista retrospectivamente, la lucha fue continua y la Teoría general no fue sino su conclusión triunfal. Keynes mismo se daba perfecta cuenta de la novedad de su intento, y lo creía en fuerte contraste con lo que consideraba el principal objeto de los economistas clásicos. La economía política clásica - alega Keynes - se ocupó de la distribución del producto social más que de su cuantía. En otras palabras, el clasicismo trataba de explicar los determinantes de las participantes relativas en el ingreso nacional de los diversos factores de la producción, y no las fuerzas que determinan el nivel de dicho ingreso (que también puede llamarse nivel de ocupación o de actividad económica en general). El supuesto implícito del sistema clásico es que el sistema económico tiende espontáneamente a producir una ocupación plena de los recursos de que dispone. La teoría de Keynes se basa en la negación de ese supuesto. Los clásicos ignoraron virtualmente el problema de la crisis, tampoco analizaron específicamente la posibilidad de que hubiera diferentes niveles de actividad económica con la misma cantidad de recursos.

    Keynes se ocupo de los agregados: ingreso, consumo, ahorro, inversión, más bien que de la determinación de los precios individuales, que formaba la médula de la teoría económica de ayer. El estudio de los determinantes del nivel general de la actividad económica, aunque olvidado pronto por los ortodoxos, fue la llamada más importante del clasicismo antes de que perdiese definitivamente su vigor.

    En su libro, Keynes presenta cinco ideas principales:

  • Keynes sostenía que en una economía de mercado era posible mantener una situación de equilibrio con desempleo. El Estado tiene la obligación de intervenir para estimular la demanda agregada y así propiciar el pleno empleo. Argumentaba Keynes que el desempleo masivo es el resultado de una demanda agregada insuficiente. Por lo tanto, para corregir tal situación el Estado debía intervenir y establecer ciertos “controles vitales” a fin de ejercer una influencia orientadora del gasto público. Para Keynes, a través del libre mercado no era posible alcanzar la meta del pleno empleo, pero aún en el caso de que circunstancialmente alcanzase por esa vía, tal situación no sería duradero, puesto que siendo el mercado inestable, muy pronto la economía tendría que abocarse bien a una recesión o bien a un auge inflacionista.

  • Keynes subrayó que la prosperidad depende del fluir continuo de un volumen suficiente de gasto en la economía. Como quiera que el gasto de los consumidores es realmente estable, los cambios en el La prosperidad depende de la inversión; porque si no se hace uso del ahorro, entonces se inicia la contracción de la economía.

  • Keynes subrayó que la prosperidad depende del fluir continuo de un volumen suficiente de gasto en la economía. Como quiera que el gasto de los consumidores es realmente estable, los cambios en el ciclo económico están determinados por los cambios en el volumen del gasto en inversión. Si la inversión decae, el gasto disminuye, la fluidez del dinero disminuye también y se inicia la contracción económica.

  • La inversión es una rueda motriz de la economía en la que no se puede confiar; sin que los empresarios tengan de esto culpa alguna, se encuentra amenazada constantemente, y esto equivale a la contracción económica.

  • Keynes atribuye a la importancia de las expectativas como una fuerza motriz que pone en marcha la inversión. Cuando la perspectiva es desalentadora, la inversión se detiene simplemente.

  • Una economía en estado de depresión puede muy bien no salir de ella; no hay nada inherente en esta situación que sea capaz de rescatarla.

  • Este es la idea más compleja. Los economistas anteriores a Keynes pensaban que durante una recesión existirían ahorros no utilizados, y que estos ahorros darían lugar a que bajase el precio de los mismos, es decir, el tipo de interés. El efecto de la baja del tipo de interés estimularía de nuevo la inversión, con lo cual comenzaría un movimiento ascendente. Todo el mecanismo era tan automático como aquel mediante el cual el mercado se descongestiona de una oferta excesiva de zapatos hace que el precio de estos baje, la baja del precio de los zapatos hace que la gente compre más zapatos, y de esta manera se descongestiona el mercado. Keynes hizo notar que en el fondo del ciclo económico no se produciría una crecida de los ahorros, porque a medida que el poder adquisitivo de la gente disminuía, también se mermaban sus ahorros.

  • Cuando vacila el gasto en inversión, se precisa de una intervención del gobierno con el fin de mantener en la economía el nivel del gasto.

  • Este punto se basa en la necesidad de la intervención del gobierno para mantener el empleo total. El mecanismo de compensación que Keynes proponía cuando se debilitara la inversión privada, era el gasto gubernamental. Esto produciría simultáneamente un doble efecto: introduciría mas dinero a la economía y, al hacerlo estimularía la inversión privada.

    El punto crucial del mensaje de Keynes era, pues, que el gasto del gobierno podría ser una política económica esencial para un capitalismo deprimido que tratara de recuperar su vitalidad.

    La idea central que Keynes aportó al pensamiento económico moderno fue la de que no existe ningún mecanismo automático para mantener el empleo total ni para sacar a la economía de una caída. Por esta razón resultaba necesaria una acción consciente por parte del gobierno, haciendo entrar en juego el gasto público, lo cual significa él estimulo público de la inversión o del consumo privados.

    MILTON FRIEDMAN (MONETARISMO)

    En los años recientes se ha producido gran controversia por un enfoque a la administración monetaria llamado monetarismo, en su base, es parte de una visión mayor de la naturaleza autocorregible y autopropulsora de nuestro sistema económico.

    El principal vocero del monetarismo durante los años pasados ha sido el profesor Milton Friedman, Premio Nobel de Economía, quien trabajo en la Universidad de Chicago y actualmente trabaja en el Instituto Hoover de California. La mayoría de los monetaristas, inclusive Friedman, echan la culpa de la mayor parte de la inestabilidad de la economía al gobierno federal, argumentando que la inflación que ha registrado Estados Unidos con los años se podría haber evitado si la Fed no hubiera aumentado la oferta monetaria con tanta velocidad.

    Es interesante señalar que la mayor parte de los monetaristas no son partidarios de una política activa de estabilización monetaria. Es decir, no son partidarios de ampliar la oferta monetaria durante épocas malas y de frenar el crecimiento de la oferta monetaria durante épocas buenas. En términos generales, los monetaristas suelen ser muy escépticos en cuanto a la capacidad del gobierno para “administrar” la macroeconomía.

    Friedman lleva muchos años respaldando una política de crecimiento monetario constante y lento. En concreto, sostiene que la oferta monetaria debería crecer a un ritmo igual al crecimiento promedio del producto (ingreso) real. Es decir, La Fed debería seguir una política constante que acomode el crecimiento real pero no la inflación.


    ¿Qué es la Fed?

    La Fed o Junta de la Reserva Federal, es una organización independiente que no acepta órdenes del Tesoro ni de ningún otro sector de la administración.

    La Fed determina la base monetaria, es decir, efectivo más reservas bancarias. Al igual que las operaciones de mercado abierto le permiten alterarlas.

    ¿Qué importancia tiene esto? Es importante por que un Estado que no puede recaudar suficientes impuestos para cubrir el gasto, tiene que encontrar alguna otra forma de pagar lo que compra y sólo existen dos: pedir prestado al público e imprimir dinero.

    En Estados Unidos, el Tesoro, que tiene que pagar las facturas del Estado, no emite dinero. Sólo puede financiar su exceso de gasto sobre los impuestos pidiendo préstamos. Pero en otros países el tesoro, o al menos la administración, puede controlar la impresión de dinero y decidir financiar sus déficit imprimiendo dinero de alta potencia. La impresión de dinero es una forma fácil de pagar los bienes y, al principio, indolora. No es necesario recaudar impuestos para financiar el gasto; lo único que se necesita es poner en marcha la imprenta. Los gobiernos necesitados han recurrido frecuentemente a la impresión de dinero y, como es de esperar ese recurso provoca inflación.

    La Fed se le dio independencia para tratar de minimizar la probabilidad de que el gobierno de Estados Unidos recurriera a imprimir dinero para financiar los déficit presupuestarios; pero la independencia formal del Fed no es suficiente para garantizar que los déficit no sean financiados realmente imprimiendo dinero.

    Siempre que la Fed compra un título del Estado, aumenta la cantidad de dinero de alta potencia. Supongamos ahora que el gobierno federal incurrir en un déficit y vende bonos para financiarlo. Si estos bonos son comprados por la Fed, permite, de hecho, al gobierno financiarse mediante la impresión de dinero. En este caso, el Tesoro y el Fed financiarían entre ellos el déficit creando dinero de alta potencia.

    No todo el mundo cree que el Fed debe ser independiente. Algunos economistas y políticos piensan que cada administración elegida debe poder fijar la política monetaria de la economía, así como la fiscal, y que no es democrático dejar en manos de personas nombradas el control de la política monetaria.

    EL ENFOQUE DE LA INFLACIÓN

    Para Friedman, la inflación la inducen los gobiernos al aumentar la cantidad de moneda más rápidamente que la producción. Tres son las causas de que ello ocurra, según cita Friedman en una aludida conferencia:

    Una de ellas, vigente desde hace muchos siglos, es que los gobiernos, obligados a gastar, no se atreven a elevar abiertamente las cargas impositivas. Recurren por ello a un impuesto encubierto que es la inflación (...) La inflación es un tipo de impuesto muy peculiar. Se trata del único tributo que puede ser introducido sin que nadie deba refrendarlo mediante su voto. Ningún congresista se vio en la necesidad de levantarse y decir: “Yo voto por la inflación”. Pero ello no significa que debe tratarse de un verdadero impuesto directo, cobrado en los pedazos de papel que para pagar sus programas el gobierno imprime. Es también un impuesto indirecto, porque a medida que la inflación avanza, el contribuyente se ve incluido en escalones cada vez más elevados de la progresividad fiscal, con lo que, sin necesidad que la ley sea modificada, queda sometido a mayores tipos impositivos.

    La segunda causa aludida por Friedman es el compromiso que los gobiernos suelen asumir de propiciar políticas de pleno empleo, recurriendo para ello a incrementos en el gasto público, mediante el simple expediente de incrementar la emisión de billetes:

    Los gobiernos no han provocado deliberadamente los altos niveles de inflación que hoy experimentamos. Son éstos consecuencia indeseada de otras medidas, tales como la política de pleno empleo y de bienestar social, que han obligado a aumentar en exceso el gasto público.

    En opinión de este economista, la tercera causa de la inflación la dan las erróneas políticas aplicadas por los bancos centrales, los cuales han creído que les incumbía controlar los tipos de interés, cuando su verdadera misión debería consistir en regular la cantidad de dinero en circulación. En su empeño por controlar las tasas de interés han propiciando aumentos en la oferta monetaria imprimiendo nuevos medios de pago. El resultado final ha sido que los tipos de interés alcanzaron niveles muy superiores a los que le correspondían, de haber seguido las autoridades una política monetaria más acertada.

    Después de analizar las causas de la inflación, pasa Friedman a proponer el remedio para la misma:

    Cualquier economista sabe lo que hay que hace, y yo no recurriré a circunloquio alguno: la única manera de acabar con la inflación estriba en no permitir que el gasto público crezca tan rápidamente. El gobierno debe gastar menos; debe atemperar el aumento del circulante. Ninguna otra formula permitirá alcanzar el objetivo apetecido. Sólo la aludida mecánica permitirá frenar la inflación (...) Si decidimos ponerle remedio, sufriremos inevitablemente un período de más reducido crecimiento económico, durante el cual el nivel de paro también será mayor. Todo ello resulta inevitable, pues, para acabar con la inflación, es necesario frenar el gasto total.

    PRINCIPIOS DEL MONETARISMO

  • Los aumentos o disminuciones en la oferta monetaria afectan en forma directa al gasto, no sólo en forma indirecta a través de sus efectos sobre la tasa de interés. Los monetaristas creen que éste es el caso debido a que sostienen que el público tiene una fuerte propensión a conservar en forma líquida una proposición fija de su ingreso y que por lo tanto gastará cualquier exceso de efectivo que reciba. Si usted encuentra que su cuenta de banco tiene un saldo inesperadamente alto tendrá la tendencia a comprar algo en lugar de conservar el efectivo.

  • Además, las variaciones en el crecimiento de la oferta monetaria inciden sobre las tasas de interés de dos maneras diferentes: al crecer las cantidades de dinero, las tasas de interés bajan en un principio, pero, en una segunda etapa, tal crecimiento provocará un aumento en los precios lo cual tiende a subir las tasas de interés, por cuanto también genera un aumento en la demanda de créditos.

  • Friedman y los monetaristas que sólo la política monetaria puede influir el curso del PIB. Detrás de este razonamiento existe un argumento que ya hemos escuchado: los aumentos en el gasto público sólo desplazan al gasto privado: el gobierno gasta más pero los hogares o las empresas gastan menos. Se dice que éste es el caso debido a que el gobierno tiene que financiar su actividad mediante fijación de impuestos o usando préstamos y que éstos restringen la capacidad del sector privado para gastar por su propia cuenta.

  • Como consecuencia de esto, los monetaristas desacreditan la política fiscal y alaban la política monetaria. Llevando a un extremo, el lema del monetarismo que no es sólo que “el dinero importa” sino que “sólo el dinero importa”.

    Los monetaristas son escépticos respecto a la utilidad de la política fiscal para controlar la demanda agregada y se oponen a los gastos del gobierno considerando que tienen poca efectividad, pues simplemente desplazarán la demanda privada de inversión; en otras palabras, lo único que lograrán los gastos gubernamentales será sustituir la iniciativa privada por la pública.

  • Los monetaristas insisten en un aumento automático en la oferta monetaria, no en los cambios en la oferta dictados por la política de la Reserva federal. Los monetaristas dicen que el problema con la política de la Reserva federal que "estimula” la oferta monetaria una semana y “la restringe” por consiguiente, es que sólo logra introducir confusión en la situación económica y la más frecuente es que fije el rumbo equivocado. La razón es que la información sobre la que opera la Reserva federal siempre esta atrasada en semanas. El resultado, según el punto de vista de Friedman, es que lo más frecuente por parte de las autoridades monetarias de todas las naciones es gravar los problemas de sus países al ampliar la oferta monetaria cuando debieran estar restringiéndola y viceversa. La medicina correcta aplicada al momento incorrecto no cura la enfermedad; la empeora.

  • La cura es osada. Friedman propone que la oferta monetaria debe ser aplicada mediante un porcentaje fijo invariable adaptado al crecimiento a largo plazo de la producción de la nación. De esa forma, afirma él, la oferta monetaria no sólo se acomodará a la necesidad creciente de nóminas, inventarios y préstamos mayores, sino que la misma estabilidad de su crecimiento servirá para mantener la economía en el camino del crecimiento. Si encontramos que nos dirigimos a una recesión, digamos debido a acontecimientos internacionales, el aumento estable en la oferta monetaria aumentará las reservas de los bancos, estimulándolos a ampliar sus préstamos y por consiguiente sacarnos de la recesión. Por otra parte, si experimentamos un repentino brote de inflación, la misma tasa estable e invariable de crecimiento de la capacidad de los bancos para extender préstamos actuará como una restricción automática, limitando la capacidad de los bancos para financiar las demandas aumentadas por la inflación de sus clientes y, por consiguiente, ayudando a mitigar la presión inflacionaria.

    Por otra parte, dados los desequilibrios que puede producir las fluctuaciones en la cantidad de dinero, ésta suele ser la causa tanto de inestabilidad del gasto nominal agregado como de los ciclos económicos, razón por la cual concluyen los monetaristas que si se logra controlar la oferta de dinero, se logrará al mismo tiempo una estabilización de las actividades económicas.

    RESUMEN

    El monetarismo es una teoría que siguiere que los cambios en la forma monetaria afectan en forma directa el gasto, incluso sin cambiar las tasas de interés, debido a que las personas tienen la tendencia a gastar el excedente de efectivo. La posición monetarista también mantiene que el sistema sólo responde a la política monetaria, no a la fiscal. Esto es debido a que los monetaristas creen que el gasto público desplaza a gasto privado, dejando en gran parte al PIB sin afectar en cuanto al tamaño. Y por último, el monetarismo sostiene que el sistema es inherentemente estable y culpa a la política monetaria por su desestabilización. La mejor política monetaria sería un aumento automático y estable en M, adaptado a la productividad.

    CONCLUSIONES

    Es importante la consideración de las doctrinas económicas dentro del programa educativo de la cátedra de Economía, tomando en cuenta la base que presenta para el estudio de la misma, cuyos antecedentes resaltan el esfuerzo de muchos por buscar la mejor manera de distribuir los recursos dentro de la sociedad para el beneficio de la humanidad.

    De allí la necesidad de enfocar las principales doctrinas mencionadas en esta monografía, cuyos exponentes, pese a enfrentar la resistencia al cambio en las diferentes épocas en las cuales vivieron, valerosamente dieron a conocer sus ideas revolucionarias. No obstante, a sabiendas del fracaso de algunos de sus puntos de vista, defendieron sus propuestas con la intención de aportar mejoras a los sistemas económicos mundiales.

    Su enfoque les mostraba la falta de organización en cuanto a las teorías económicas que marcaba una gran necesidad en el ámbito mundial, lo cual supieron aprovechar para finalmente formar parte directa de lo que hoy conocemos como la Historia de la Economía.

    BIBLIOGRAFÍA

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    • HEILBRONER-LESTER, Robert, Vida y Doctrina de los Grandes Economistas, Aguila Ediciones, México, 1972.

    • TORO HARDY, José, Fundamentos de Teoría Económica, Editorial Panapo, 1993, 3ra. edición

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