Teoría del contrato social

Hobbes. Naturaleza. Política. Razón. Muerte. Locke. Rousseau. Sociedad

  • Enviado por: Rachelpeke
  • Idioma: castellano
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Resumen

La teoría del contrato social es la más representativa e influyente de las teorías políticas desarrolladas durante la Edad Moderna.

Los precedentes más lejanos de la teoría del contrato social pueden retrasarse hasta la teoría sofista del origen convencional del Nomos.

La teoría del contrato social pretende resolver explicar el hecho de que los seres humanos vivamos en sociedades políticamente organizadas. Los defensores del contrato social investigan cómo sería la vida de los seres humanos si no viviésemos en sociedades políticamente organizadas, en ausencia de un poder político y de un tejido social consolidado.

Hobbes

El primer autor que describió la vida de los seres humanos en el estado de naturaleza fue Thomas Hobbes. La descripción que Hobbes realiza del estado de naturaleza está directamente inspirada en la anarquía y las cruentas guerras civiles inglesas en tiempos de la dinastía de los Estuardo.

Según Hobbes, el estado de naturaleza es <<aquel tiempo en el que viven los hombres sin un poder común que los obligue a todos al respeto.>> Según el filósofo inglés, todos los hombres están dotados de capacidades similares. Estas capacidades son empleadas por los individuos para alcanzar aquellos fines que la necesidad les obliga a satisfacer para su conservación y dado que los seres humanos son abandonados a sus fuerzas, se convierten en enemigos unos de otros. El estado de naturaleza es, por tanto, un estado de guerra.

En el estado de guerra, los hombres viven sometidos al miedo continuo y al peligro de una muerte violenta. Los seres humanos toman conciencia de que sólo pueden aspirar a una vida solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta. De un modo más preciso podría incluso afirmarse que la existencia humana sería absolutamente inviable en tal estado.

El temor a la muerte, el deseo de las cosas necesarias para una vida confortable y la esperanza de obtenerlas mediante el trabajo hacen que todos los seres humanos consideren racionalmente deseable instituir un estado diferente del estado de naturaleza. Y la razón nos dictaría de modo unánime que todos los individuos deben renunciar al uso de su fuerza natural, ya que es incompatible con la supervivencia individual y colectiva. Pero los seres humanos individualmente jamás renunciarían a su fuerza si no tienen la certeza de que los demás también renunciarán. Concluye Hobbes que los hombres celebrarían un contrato por el que cada uno renuncia a su poder natural y lo transfiere a una instancia (Estado) que se encarga de vigilar que ningún individuo emplee su fuerza contra otros y, en caso de hacerlo, garantizar su castigo.

La función del Estado es garantizar la paz y por ello son legítimas las instituciones que persigan y combatan el crimen y castiguen al que se evada del cumplimiento de sus obligaciones derivadas del contrato. Dadas estas condiciones cesará el miedo permanente y podrán proliferar el trabajo y el comercio y, con ellos, los medios de vida.

Según Hobbes, los individuos sólo podrían recuperar su derecho natural al empleo de la fuerza en el caso de que el estado desatendiera de modo manifiesto sus obligaciones, ya sea por debilidad o falta de autoridad. Es decir, en el caso de que el estado político degenerara en una situación de anarquía.

La perspectiva política de Hobbes estuvo severamente condicionada por el obvio pesimismo antropológico. La teoría del contrato social que hicieron otros autores no compartiría este rasgo predominante en el pensamiento hobbesiano. John Locke y Jean Jaques Rousseau compartieron la hipótesis del estado de naturaleza sin los tintes pesimistas de Hobbes.

Además, Locke y Rousseau consideraron que una sociedad organizada bajo la forma del Estado puede promover tantas injusticias como podamos imaginar. El problema para el ser humano no consistiría tanto en escapar del estado de naturaleza como en hacerlo de tal modo que de ello resulte un estado en el que los individuos sigan siendo libres.

Locke planteó a la teoría del contrato social de Hobbes la gran objeción que desde entonces se ha formulado a toda forma de organización política con la forma de estado; ¿cómo pueden los súbditos de un estado -en la formulación hipotética de Hobbes- estar seguros de que el poder no adoptará una forma despótica, tiránica? No hay ninguna garantía de que el estado no se convierta en despótico salvo que se limite su acción.

Locke

En su obra Segundo ensayo sobre el Gobierno Civil, John Locke supone a los seres humanos viviendo en un estado de naturaleza libres e iguales pero no en guerra permanente unos contra otros. Locke atribuye a todos los seres humanos conciencia y conocimiento de la ley natural. La razón nos informa de que no es legítimo dañar la vida de otros hombres ni atentar contra sus posesiones. Básicamente el estado de naturaleza se caracteriza porque en él no existe individuo superior a otro. Sin embargo, la ausencia de un poder central no justifica a los individuos para que empleen su libertad y su fuerza natural sin restricciones de ningún tipo.

La razón también proporciona información sobre un conjunto de derechos inherentes a los individuos. Resulta obvio que la existencia de derechos genera deberes en los individuos. Locke en varias ocasiones se refiere al derecho de conservación, al derecho de defensa de la vida, al derecho de libertad y al derecho de la propiedad. Para lograr el derecho a conservar sus propias existencias, los seres humanos disponen de toda la creación de Dios, de todo el medio natural que tienen a su alcance. Todo esfuerzo destinado a la obtención de medios de subsistencia recibe la denominación de <<trabajo>>. Ese trabajo implica una transformación del medio. El hombre que trabaja la tierra deposita sobre los objetos sobre los que trabaja su tiempo, su ingenio y su perseverancia y de este modo se apropia de ellos, los hace suyos. Los objetos de su ocupación se convierten en una extensión de su propio ser.

De la misma manera que el trabajo sirve para justificar la existencia de la propiedad privada, también sirve para establecer un límite a ésta.

Para Locke, cabe preguntarse cuáles son los motivos que podrían llevar a los seres humanos a salir del estado de naturaleza. La sociedad civil se justifica porque con ella podremos salvaguardar con más eficacia nuestros derechos y libertades. Hace falta una ley escrita que desarrolle los términos de la ley natural. También hace falta una instancia que se encargue de dirimir las diferencias entre los individuos en caso de conflicto sobre asuntos particulares e,igualmente , de perseguir y castigar a aquellos que no respeten la ley o las sentencias.

Sin embargo, los individuos no están obligados a formar parte de la sociedad política. Teóricamente no forman parte de ella salvo que muestren su consentimiento.

Lo primero a lo que renuncian los individuos cuando entran a formar parte de la sociedad política esa su capacidad para legislar y a su capacidad para aplicar la ley. Es conveniente que estos poderes (ejecutivo y legislativo) estés separados para evitar la arbitrariedad y la injusticia.

Los individuos que llevan a cabo la práctica de delegación de poder y constituyen el estado político deben comprender que las decisiones en materia de legislación deberán ser únicas y que todos los individuos quedarán sometidos a la misma ley. Las leyes deberán de aprobarse por algún tipo de mayoría y deberán concretar la <<dirección>> de la mayoría.

Para Locke no hay que olvidar que el individuo debe seguir considerando las ventajas de pertenecer a una comunidad política. Los individuos siempre podrán elegir someterse a una legislación no mayoritaria sino unánime. Sin embargo, el poder legislativo quedaría paralizado.

Los individuos también podrían mostrarse remisos a someterse al criterio de la mayoría si sospechan que la legislación emitida va a atentar contra sus intereses.

Locke siempre pensó que el poder fundamental era el legislativo porque todas las instituciones del estado requieren para su funcionamiento de algún tipo de regulación que dependerá de algún tipo de ley.

El filósofo inglés añadió una última consideración relativa a los motivos que podrían justificar una ruptura de la sociedad política. Locke se refiere ocasionalmente a la <<rebelión>> del pueblo, aunque en sentido estricto habrían sido los poderes del estado los que se habrían rebelado previamente contra los ciudadanos al incumplir sus obligaciones políticas.

Rousseau

El último de los grandes autores que desarrolló durante la Edad Moderna la teoría del contrato social fue Jean Jaques Rousseau.

Rousseau inicia su reflexión partiendo de la situación de los seres humanos en un hipotético estado de naturaleza. Según Rousseau, no hay que considerar que en el estado de naturaleza los individuos se encuentren permanentemente en un estado de guerra de todos contra todos. Resulta impensable imaginar a los seres humanos al margen de cualquier vínculo social dado que somos espontáneamente sociables. El ser humano no es malo por naturaleza.

Las principales razones por las que el ser humano entra en conflicto son alimentadas por ciertas formas de vida social. Rousseau denuncia que el progreso social acarrea un estilo de vida que lleva al conflicto. El desarrollo genera todo tipo de desigualdades y estas pervierten ciertos sentimientos que de modo natural los seres humanos albergamos respecto a los demás.

Los filósofos ilustrados jamás cuestionaron el progreso de la humanidad. Sin embargo, para Rousseau la complejidad social inherente al progreso produce efectos perversos en los individuos. Rousseau responsabiliza a las artes y la a las ciencias de ser la última causa de dichos males entre los que destaca la propiedad privada. Rousseau establece una especie de <<primitivismo moral>>, según la cual los lazos sociales que espontáneamente establecemos son positivos y naturales, mientras que aquellos otros que surgen de las relaciones establecidas en una vida social artificial son negativos y antinaturales.

Si los seres humanos viven en sociedades complejas es por su incapacidad para superar con éxito las dificultades que les plantea la supervivencia individual o en pequeños grupos prepolíticos. Los seres humanos sólo disponen de un opción: producir una suma de fuerzas que obren concertadamente.

Rousseau afirma que los seres humanos sólo renunciarían a emplear sus fuerzas naturales de modo individual y en su propio beneficio si tuvieran la seguridad de que los demás obrarán de igual manera ya que renuncian a la libertad natural.

El gran problema político consiste en describir una forma de organización política que sea capaz de aglutinar las fuerzas de los individuos, garantizar su supervivencia y garantizar que seguirán siendo libres.

Así, los individuos delegan su fuerza al Estado, el cual queda limitado en sus actuaciones por la razón que justifica su existencia. El contrato social es el hipotético pacto que todos los seres humanos han celebrado dando origen a un Estado de acuerdo con las condiciones anteriormente dichas.

Los pensadores ilustrados dedicaron una parte importante de su obra a describir qué procedimientos habría que aplicar para garantizar que el Estado no se convierta en un monstruo. Montesquieu, por ejemplo, propuso la separación de poderes. Repartiendo las funciones clave de un estado en diversas instituciones se evita a concentración de poder y se minimizan las posibilidades de que el poder sea empleado de modo parcial o arbitrario. Sin embargo, todavía subsiste un problema para Rousseau: ¿Cómo pueden los individuos seguir siendo libres viviendo en un Estado?

Los filósofos ilustrados consideraban que <<es libre aquel hombre que se da a sí mismo la ley>> esto es, aquel que actúa conforme a una norma que se ha dado a sí mismo. Sin embargo, ¿cómo pueden los individuos, viviendo en un Estado, darse a sí mismos la ley? Ello sólo es posible si las leyes que rigen el funcionamiento del Estado son producto de la voluntad de los individuos, de su voluntad general. Los individuos podrán ser se este modo libres dentro del Estado. Esta libertas se denomina <<libertad civil>>.

De un modo más general podemos decir que si el poder político depende de los individuos que constituyen la sociedad política, serán libres, y no lo serán de modo contrario.

En la práctica, Rousseau sugiere que las instituciones del estado deben representar la voluntad general. Más aún, la soberanía residen en la voluntad general. El poder político reside en los individuos que constituyen la comunidad política y sólo de este modo se justifica y queda legitimado el poder político. Si se cumple esta condición, los individuos pueden ser denominados ciudadanos y no sólo súbditos.

Para Rousseau, la voluntad general es la voluntad resultante de la voluntad de todos los individuos, pero no se identifica con ella. Hay que distinguir entre voluntad particular (suele tomar en consideración en interés individual exclusivamente) y voluntad general (agrupa los intereses comunes y atiende al interés colectivo).

La naturaleza y el papel que Rousseau asigna a la voluntad general ha generado polémica entre sus intérpretes. Rousseau afirma que la voluntad general no se puede equivocar. Eso parece indicar que si los ciudadanos deliberan libremente, las diferencias entre unos y otros se compensan mutuamente.

Rousseau consideraba que la aplicación de la voluntad general requiere un conjunto de condiciones políticas que abarcan desde la libertad de expresión hasta la facultad de participar en loa asuntos públicos. Y mientras menos intermediarios se impongan entre los individuos y las instituciones del Estado, más robusta y fiable será la voluntad general resultante. Rousseau suele ser considerado como defensor de la <<democracia directa>> ya que desconfía de las agrupaciones que se crean en el interior de un Estado.

En definitiva, en el pensamiento político de Rousseau subyace una admiración por la organización política de los cantones suizos y una fascinación por la polis griega. Rousseau consideraba que las unidades políticas pequeñas eran preferibles dado que en ellas es más factible la implicación y participación de los ciudadanos en los problemas políticos y porque resulta más fácil garantizar que las decisiones políticas estén determinadas por la voluntad general.

Tabla comparativa de la teoría del origen de la sociedad y el estado de Hobbes, Locke y Rousseau

Autor

Teoría

Hobbes

Para Hobbes, todos los hombres están dotados por naturaleza de capacidades similares. Estas capacidades son empleadas por los individuos para alcanzar todos aquellos fines que la necesidad les obliga a satisfacer y dado que están abandonados a sus fuerzas, se convierten en enemigos unos de otros.

El temor a la muerte y el deseo de las cosas necesarias para una vida confortable hacen que todos los seres humanos consideren deseable instituir un estado diferente del estado de naturaleza.

La razón nos dictaría que todos los individuos deben renunciar al uso de la fuerza natural. Así, los hombres celebrarían un contrato por el que cada uno renuncia a su poder natural y lo transfiere a una instancia que se encarga de vigilar que ningún individuo emplee su fuerza contra otros y, en caso de hacerlo, garantizar su castigo.

Locke

Según Locke, el estado de naturaleza no es idílico ya que el hombre tiene una gran cantidad de necesidades. A esto hay que sumar que los individuos no poseen un medio efectivo para preservar sus libertades y derechos.

La sociedad civil se justifica porque con ella podremos salvaguardar nuestros derechos y libertades. Hace falta una ley escrita que desarrolle los términos de la ley natural. Además, hace falta una instancia que se encargue de dirimir las diferencias entre los individuos en caso de conflicto sobre asuntos particulares e, igualmente, de perseguir y castigar a aquellos que no respeten la ley o las sentencias.

Rousseau

Para Rousseau, si los seres humanos viven en sociedades complejas es por su incapacidad para superar con éxito las dificultades que les plantea la supervivencia individual o en pequeños grupos prepolíticos.

Rousseau afirma que los seres humanos sólo renunciarían a emplear sus fuerzas naturales de modo individual y en su propio beneficio si tuvieran la seguridad de que los demás obrarán de igual modo. El gran problema político consiste en describir una forma de organización política que sea capaz de aglutinar las fuerzas de los individuos, garantizar su supervivencia y garantizar que seguirán siendo libres.

Así, los individuos delegan su fuerza al Estado, el cual queda limitado en sus actuaciones por la razón que justifica su existencia.