Teoría de la acción comunicativa

Teorías sociales contemporáneas. Proceso comunicativo. Medio informativo. Importancia de la información. Racionalidad. Discurso. Habla argumentativa

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TEORIA DE LA ACCIÓN COMUNICATIVA

“Cómo entender la acción comunicativa mediante su transformación social”

Debemos partir diciendo que toda Teoría Social se plantea el problema de la Racionalidad y esto tanto en el plano Meta teórico, metodológico y empírico.

Es por ello, que para hablar de la Teoría de la Acción Comunicativa debemos comenzar analizando el concepto de Racionalidad mediante una evolutiva comprensión moderna del mundo, para luego observar cómo Habermas trata de conectar la Teoría de la Racionalidad y la de la Sociedad. Esto visto en el plano Metateórico, al ver cuan racionales son los conceptos de acción que tiene hoy la sociología, como en el plano Metodológico en cuanto a la comprensión objetiva de la sociología. Este bosquejo argumentativo tiene la finalidad de que si se quiere abordar hoy de forma adecuada la problemática de la Racionalización Social, necesitamos de la Teoría de la Acción Comunicativa, mostrando así, la respuesta a la discriminación de ella hecha por Weber en la discusión sociológica especializada.

Se dará a continuación, por ende, un análisis preliminar del concepto de Racionalidad. Primero, la Racionalidad está siempre relacionada con el saber, ya que ella tiene que ver con la forma en que los sujetos capaces de lenguaje y acción hacen uso del conocimiento. Es así, que estos, a los que llamaremos “sujetos gramaticales” necesitan de la Racionalidad para poder ser. Entonces, más o menos racionales pueden serlo las personas que disponen de saber y las manifestaciones simbólicas. Las acciones lingüísticas o no lingüísticas. Comunicativas o no, que encarnan un saber. Por ejemplo, son racionales las mujeres, pero no los autos; como es irracional aquello que puede prevenirse como las disculpas y no lo es el mal tiempo.

Ahora bien, la estrecha relación entre Racionalidad y Saber presenta la incógnita de si la racionalidad de una emisión debe fundamentarse. Para ello, tenemos dos ejemplos representativos: la Acción Comunicativa, que representa una afirmación u opinión y la Acción teleológica, que representa la acción ejecutada. Ambas manifestaciones son susceptibles de crítica, que la primera sea verdadera o que la segunda vaya a tener éxito. Cómo respuesta ambas tratarán de que sus enunciados sean verdaderos y para ello buscan justificarlos. Ahora bien, así como la verdad se refiere a la existencia de estados de cosas en el mundo, la eficacia se refiere a intervenciones en el mundo con ayuda de las cuales pueden producirse los estados de cosas deseados. Con su afirmación, la Acción Comunicativa se refiere a algo que como cuestión de hecho tiene lugar en el mundo objetivo. Con su actividad teleológica, la segunda acción se refiere a algo que ha de tener lugar en el mundo objetivo. Con ello, ambas plantean con sus manifestaciones simbólicas pretensiones de validez que pueden ser criticadas o defendidas, esto es, que pueden fundamentarse, pero existiendo consideraciones que tienen por objeto someter la racionalidad de estas manifestaciones a la fundamentación que le beneficie. Una manifestación cumple las suposiciones de Racionalidad solamente si encarna un saber susceptible de fallo guardando así una relación con el mundo objetivo, mediante hechos y resultando accesible a un Enjuiciamiento Objetivo que es válido sólo si tiene el mismo significado tanto para el destinatario como para el sujeto agente. Este Enjuiciamiento Objetivo es la suma de la verdad y la eficacia, por ende, mientras más verídicas o eficaces las pretensiones de validez, más Racional es la emisión; las personas racionales son las que en situaciones difíciles hablan con verdad y eficacia. Sin embargo, el sometimiento de la Racionalidad de la emisión a su fundamento tiene debilidades, ya que extrae muchas cualidades de la Racionalidad de manera estricta, lo que es malo porque la racionalidad que es inseparable a la práctica comunicativa abarca un espectro más amplio. Remite a diversas formas de argumentación como a otras tantas formas de proseguir la acción comunicativa con medios reflexivos. Y es que el sujeto al justificar lo que dijo, lo valida. Y por ello, luego Habermas se referirá a la Teoría Argumentativa.

Con todo esto, vemos que lo que en un principio era subjetivo por las partes, después pasa a la convicción objetiva racional, se vuelve una Racionalidad Comunicativa. Es así, que para la racionalidad de la manifestación es esencial que el hablante plantee en relación con su enunciado una pretensión de validez susceptible de crítica que pueda ser aceptada o rechazada por el oyente y así poder realizar el fin deseado en las circunstancias dadas.

Entonces, una afirmación es racional sólo si cumple con las condiciones para intervenir eficazmente en el mundo, pero debemos tener cuidado de que ello pueda fallar y para esto debemos observar la utilización del saber proposicional, en cuanto a la manipulación instrumental, llamada “realista” y al entendimiento comunicativo, llamado “fenomenológico”.Es así que, la primera posición parte del supuesto ontológico del mundo como suma de todo aquello que es el caso, para explicar sobre ella las condiciones del comportamiento racional, viendo así que la susceptibilidad de fundamentación depende de cuanto el sujeto ha de ser capaz de dar razones cuando lo exija el caso. La segunda posición da al planteamiento un giro trascendental y se pregunta reflexivamente por la circunstancia de que aquellos que se comportan racionalmente tengan que presuponer un mundo objetivo; con esta vemos que el concepto abstracto de mundo es condición necesaria para que los sujetos que actúan comunicativamente puedan entenderse entre sí sobre lo que sucede en el mundo o lo que hay que producir en este, asegurando así también el contexto común de sus vidas, del mundo de la vida que intersubjetivamente comparten, osea, las condiciones de validez de las expresiones simbólicas remiten a un saber de fondo, compartido intersubjetivamente por la comunidad de comunicación. Habermas hace referencia de Piaget, quien conecta ambas posiciones mediante un modelo que representa la cooperación social, según la cual varios sujetos coordinan sus intervenciones en el mundo por medio de la acción comunicativa. Pero cuidado que quien en sus actitudes y valoraciones se comporta en términos privatistas, no podrá explicar sus reacciones ni hacerlas admirables llamando a estándares de valor y, por ende, no se comportará racionalmente.

En recapitulación, el actuar humano configura una práctica comunicativa que se va renovando, acorde a las pretensiones de validez susceptibles de crítica. Es por ello, que la racionalidad inseparable a esta práctica se manifiesta por su capacidad de fundamentar sus manifestaciones o emisiones en las circunstancias apropiadas. La Racionalidad Comunicativa hace referencia a una conexión sistemática, hasta hoy todavía no aclarada, de pretensiones universales de validez y tiene que ser adecuadamente desarrollada por medio de una Teoría de la Argumentación, osea, un razonamiento para demostrar una proposición. Es por ello, que contiene razones que están conectadas de forma sistemática con la pretensión de validez de la manifestación problematizada. La fuerza de una argumentación se mide por la pertinencia de las razones, poniéndose de manifiesto en si la argumentación convence a los participantes en un discurso, osea, si los motiva a aceptar las pretensiones de validez. Con ello se describe que cualquiera que participe en una argumentación demuestra su racionalidad o su carencia de ella por la forma en que actúa y responde a las razones que se le ofrecen en pro o en contra de lo que está en litigio; si es racional, reconocerá la fuerza de la manifestación o tratará de replicarla racionalmente; quien no lo es, ignorará las razones en contra o las responderá con ideas indiscutibles. Quienes se comportan racionalmente se disponen a la crítica y, en caso necesario, a participar formalmente en argumentaciones. En justicia de esta susceptibilidad de crítica, las manifestaciones racionales son también susceptibles de corrección, pudiendo así, corregir los ensayos fallidos si se consigue identificar los errores cometidos.

Ahora bien, el concepto de fundamentación va profundamente unido al de aprendizaje puesto que también en este juega un papel importante la Argumentación., siendo así que racional es quien en el ámbito cognitivo-instrumental expresa sus opiniones fundadas y actúa con eficiencia siempre que esa racionalidad vaya conectada con el aprendizaje de las equivocaciones, refutación de hipótesis y del fracaso de las intervenciones en el mundo. Es aquí donde se construye el Discurso Teórico, es decir, la manera en que se convierten en tema las pretensiones de verdad que se han vuelto problemáticas, siendo así que en este aspecto se habla de racional a quien en un conflicto normativo actúa con lucidez, sin dejarse llevar por sus pasiones o a sus intereses inmediatos, sino esforzándose por juzgar imparcialmente la cuestión desde un punto de vista moral y a resolver consensualmente. Ahora bien, el medio en que pude examinarse hipotéticamente si una norma de acción puede justificarse imparcialmente, es el discurso práctico, es decir, la forma de argumentación en que se cambian en tema las pretensiones de integridad procedimental.

Sin embargo, si se habla en el plano ético, no se puede argumentar y es por ello, que se transforma aquí a un ángulo de Argumentación Moral, referido a que en la vida diaria hay un sentido “intuitivo” del bien común. Habermas en esta cuestión básica de teoría ética, se inclina a una posición cognotivista, según la cual las cuestiones prácticas pueden en inicio decidirse argumentativamente y viendo que esto podrá ser defendido con alguna perspectiva de éxito si no se asimila precipitadamente los discursos prácticos, que se caracterizan por su referencia a las necesidades interpretadas de los afectados en cada caso, a los discursos teóricos, referidos a las experiencias interpretadas de un observador.

Es más, para las manifestaciones de valor aprendidas en su cultura, también existe un medio reflexivo. Visto de este punto, es llamado racional quien interpreta sus necesidades a la luz de los estándares de valor aprendidos en su cultura, tomando una actitud reflexiva frente a ellos, que a diferencia de las normas de acción, no se presentan con pretensión de universalidad. Esto ocurre porque, si bien, pueden llegar a describir el interés común y ser intersubjetivos, los valores culturales no alcanzan a tener una aceptación culturalmente general, entonces, sus argumentaciones no cumplen las condiciones del discurso y, a lo más, en un supuesto tienen la forma de crítica estética (belleza y fundamentación del arte). Esto significa que como no pueden ser vistos universalmente, se adecuan sus estándares de valor de manera que sean considerados auténticos y así su argumentación se podrá ver bajo una percepción estética. Esto se fundamenta en lo siguiente: hago un enunciado y dirijo con ello a alguien en su Percepción estética, exactamente lo mismo que se puede hacer un enunciado para poner en conocimiento a alguien del correspondiente hecho, o como se hace una pregunta para recordar a alguien alguna cosa. Los juicios estéticos tratan de guiar, de introducir y es por ello, que son considerados menos obligatorios que los empleados en discursos prácticos y teóricos.

Es así que, en este ámbito una persona racional tiene también un comportamiento de estar dispuesto y es capaz de liberarse de sus ilusiones que no son más que un autoengaño. Viendo con esto, que las manifestaciones expresivas sólo pueden enjuiciarse por su veracidad, en el contexto de una comunicación endehesada al entendimiento. Es por ello, que quien es capaz de saber criticado por su irracionalidad se vuelve racional con los cambios morales y estéticos necesarios y de ser reflexivo frente a su propia subjetividad. Ahora hablamos de una crítica Terapéutica, que es cuando ambos agentes de dejan criticar, puesto que con ello encuentran razones en común. En esta crítica encontramos que se llama Racional a una persona que se muestra dispuesta al entendimiento y que ante las perturbaciones de la comunicación reacciona reflexionando sobre las reglas lingüísticas, volviendo su comportamiento a un modo más comprensible. Por un lado, se trata de ver si las expresiones simbólicas son correctas y, por otro lado, se trata de explicar el significado de las emisiones. Osea, se comporta irracionalmente quien hace uso dogmático (proposición que se toma como principio indiscutible) de sus propios medios simbólicos de expresión. Por ello, el discurso explicativo significa que las expresiones simbólicas se ven como una pretensión de validez discutida, cuando se vuelven entendidas.

Sintetizando, Habermas dice que la Racionalidad puede entenderse como una disposición de los sujetos capaces de lenguaje y de acción. Se manifiesta en formas de comportamiento para las que existen en cada caso buenas razones. Esto significa que las emisiones racionales son accesibles a un enjuiciamiento objetivo, siendo esto válido para todas aquellas manifestaciones simbólicas que a lo menos implícitamente, vayan vinculadas a pretensiones de validez susceptibles de crítica, siendo así que todo examen explicito de pretensiones de validez controvertidas requiere una forma más exigente de comunicación, que satisfaga los presupuestos propios de la Argumentación

Ahora bien, en el Habla Argumentativa pueden distinguirse tres aspectos:

  • Considerada como proceso (Argumentos que se dan en una situación ideal), donde los participantes presuponen que la estructura de comunicación no acepta otras imposiciones que no sean las del mejor argumento, siendo este de tipo reflexivo, de la acción orientada al entendimiento.

  • Como procedimiento, tratándose de que la situación se regula de forma especial, pues se habla de una situación hipotética. Se tematiza una pretensión de validez, se adopta una situación hipotética y esta se examina con razones acerca de la pretensión defendida por el oponente.

  • Finalmente, como productor de Argumentos que convenzan si aceptar o rechazar la pretensión de validez hipotética y que con ella puede transformarse en saber.

Ahora bien, cabe señalar que Habermas hace señal de Toulmin para hablar de la estructura general de Argumentos. Siendo así que primero existe una emisión problemática, por ello se presenta una pretensión de validez (que se reduce) y una razón por la que se debe optar por esa pretensión (a través de una ley común que es apoyada por evidencias) y estas dos presentan que la Argumentación signifique un empeño por fundamentar para hacerlo racional. Habermas dice que bajo el aspecto de PROCESO, por lo mejor que podría caracterizarse la intuición fundamental que vinculamos a las argumentaciones sería por la intención de convencer a un auditorio universal y de alcanzar para la emisión de que se trate un asentimiento general. Bajo el aspecto de procedimiento, entonces, por la intención de cerrar la disputa en torno a las pretensiones de validez hipotéticas con un acuerdo racionalmente motivado; y bajo el aspecto de producto, por la intención de desempeñar o fundamentar una pretensión de validez por medio de Argumentos. Eso sí, no deja de ser interesante que cuando tratamos de analizar los correspondientes conceptos básicos de Teoría de la Argumentación, no es posible mantener la separación de estos tres planos analíticos.

Es más, las Argumentaciones se distinguen según el tipo de pretensión (aspiración de conseguir algo) que el proponente trata de defender. Y las pretensiones varían según los contextos de acción. Es así, que la diversidad de los contextos en que pueden presentarse Argumentaciones puede ser sometida a un análisis funcional y reducida a unos cuantos “campos sociales”. Toulmin distingue, en aquel momento, entre el esquema general que recoge aquellas estructuras de los argumentos que son inmutables respecto al campo, y las reglas especiales de argumentación dependientes del campo, que son esenciales para los juegos de lenguaje o esferas de la vida que representa la medicina, por ejemplo. Habermas manifiesta que no se pude calcular la fuerza de los argumentos ni entender la categoría de las pretensiones de validez a cuyo desempeño han de contribuir, si no entendemos el sentido de la asociación a cuyo servicio está en cada tema la Argumentación. E incluso asevera el Argumento es válido sólo si es aceptable en su objetivo más racional; siendo con esto que los argumentos médicos (por ejemplo) son mejor entendidos en la medida que comprendamos la medicina. Eso sí, Toulmin diferencia esos campos de Argumentación según criterios institucionales y con ello, dice que estos campos de Argumentación han de estudiarse inductivamente, pudiendo ser accesibles a un análisis que proceda por vía de generalizaciones empíricas. Señala así, 5 campos de argumentación representativos, los cuales son: el derecho, la moral, la ciencia, la dirección de empresas y la crítica de arte. Estos 5 campos pueden entenderse como diferenciaciones colectivas de un cuadro conceptual general válido para todas las argumentaciones en común. Sin embargo, en otros contextos, Toulmin se vuelve contra la manifestación anterior, ya que pone en tela de juicio la posibilidad de que no se pueda hacer directamente con un marco fundamental e inmutable de la Racionalidad. Cabe señalar, que este concepto sólo puede ser accesible por la vía de un análisis empírico de orientación histórica del cambio de las empresas racionales.

Con lo anterior podemos observar que la lógica de la lectura habría de tratar ante todo aquellas concepciones sustanciales que en el curso de la historia fueron las que empezaron definiendo y constituyendo la racionalidad propia de empresas tales como la ciencia, derecho, técnica, etc. El objetivo de Toulmin es una crítica de la razón colectiva que evite, al igual que la demarcación apriorística de las Argumentaciones que las definiciones abstractas de la ciencia, el derecho o el arte. Sin embargo, Toulmin se resiste a pagar esta evitación de criterios apriorísticos de Racionalidad al precio de relativismo. Más bien, ve que la anterior idea no puede estudiarse a partir de la estructura de los argumentos utilizados, sino que sólo se puede aclarar recurriendo a las condiciones de fundamentación compleja de pretensión de validez.

Pero es en esta división de campos de Argumentación donde se hace más manifiesto que Toulmin no distingue con claridad entre la diferenciación, internamente motivada, de diversas formas de Argumentación y la diferenciación institucional de distintas empresas racionales. De acuerdo a ello, Habermas expresa que el error radica en que Toulmin no distingue claramente entre pretensiones convencionales dependientes de los contextos de acción y pretensiones universales de validez.

Aún así, según las concepciones sicoanalíticas, la fuerza del diálogo sicoanalítico radica también en la fuerza de la convicción de los argumentos que se emplean en él. Para dar recuento de estas circunstancias Habermas se refiere a la crítica en lugar de la discusión siempre que se empleen argumentos sin que los participantes tengan que suponer cumplidas las condiciones de una situación de habla libre de imposiciones internas y externas.

Algo distinto es lo que acaece en la discusión de estándares de valor, paradigma de la cual es la crítica estética. Además, se observa que a los Argumentos les conviene el papel de conducir a los participantes a una percepción estética que se convierta ella misma en garantía del estándar de valor en discusión. Aquí se hace énfasis en que los valores culturales no son válidos universalmente y que no se extienden tanto los límites como las pretensiones de verdad y justicia. Cabe destacar aquí, que sólo la verdad de las proposiciones, la rectitud de las normas morales y la correcta formación de las expresiones simbólicas son pretensiones universales de validez que pueden evaluarse en los discursos. Habermas señala, finalmente, que se referirá a los discursos cuando el sentido mismo de la pretensión de validez que se ha tornado problemática fuerce conceptualmente a los participantes a suponer que en principio podría alcanzarse un acuerdo racionalmente motivado en que la argumentación fuera adecuadamente abierta y durara el tiempo suficiente.

Ahora que se ha dado análisis preliminar del concepto de Racionalidad, es que