Telégrafo

Sistemas de comunicación. Transmisión de señales. Telégrafo eléctrico. Telegrafía. Tecnología

  • Enviado por: Antonio Montesinos
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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El telégrafo es un sistema de comunicación basado en un equipo eléctrico capaz de emitir y recibir señales según un código de impulsos eléctricos. En un principio, la palabra 'telegrafía' se aplicaba a cualquier tipo de comunicación de larga distancia en el que se transmitiesen mensajes mediante signos o sonidos.

ANTECEDENTES.

La transmisión de señales visuales de una estación a otra era algo conocido ya en la antigüedad; las señales de humo de las pieles rojas nos sirven para recordar que medios muy primitivos son suficientes para la transmisión de mensajes sencillos. Esquilo, en Agamenón, describe el envío de señales por medio de antorchas. Polibio también describe la comunicación por medio de señales de fuego, y diecisiete siglos después de su muerte, las luces que advirtieron a Inglaterra de la llegada de la Armada invencible española en 1588 sirven como ejemplo de un método usado en muchos países para dar la primera señal de alarma. Los especiales problemas que planteaba la comunicación entre barcos, o entre barcos y la costa, llevaron a Jacobo II de Inglaterra a diseñar un alfabeto naval hecho con banderas en tiempo de las grandes guerras navales con Francia en las últimas décadas del siglo XVIII.

Las posibilidades de tales sistemas visuales fueron incrementadas en gran medida con el invento del telescopio, pero la telegrafía, en el moderno sentido del término, es en gran medida un producto de la Revolución francesa, cuando las fuerzas francesas estaban combatiendo en muchos frentes y una comunicación rápida entre los distintos cuerpos de ejército era asunto de la mayor importancia. Entre los más ardientes defensores de la Revolución se encontraba Claude Chappe, quien en 1.790, se concentró en el estudio de la telegrafía a larga distancia. Aunque investigó las posibilidades del telégrafo eléctrico, su conclusión final fue recomendar que se levantasen una serie de estaciones equipadas con brazos que hacían de semáforos y telescopios, y habitualmente a no más de 16 kilómetros de distancia la una de la otra, entre las que se podían transmitir mensajes por medio de un código predeterminado. Antes de final del siglo París se hallaba unido de esta forma con Brest y
Estrasburgo, y para la fecha en que este sistema fue definitivamente abandonado a mediados del siglo XIX, su red comprendía unos 5.000 kilómetros. Los informes procedentes de Francia llevaron al Almirantazgo inglés a adoptar un sistema similar de estaciones entre Londres y Deal, y posteriormente entre Londres y Portsmouth. Aproximadamente por esas mismas fechas se instalaba en Estados Unidos un sistema de semáforos que unía una isla frente a la costa de Massachusetts con Boston, para proporcionar información sobre los barcos que navegaban por aquellas aguas.

Trabajando en condiciones ideales, tales sistemas visuales podían transmitir mensajes con sorprendente rapidez: se decía que un mensaje corto podía ir de Londres a Deal en un minuto. Había, no obstante una serie de obvias desventajas inherentes al sistema. Este era extremadamente pródigo en mano de obra; en su momento culminante, el sistema francés incluía mas de 500 estaciones distintas. Y lo que es peor, era sumamente vulnerable a las condiciones atmosféricas, ya que una visibilidad limitada en un sector del recorrido podía dañar seriamente, si no impedir por completo, el intercambio de señales. El sistema de semáforos se justificaba en unos momentos en que una comunicación rápida era de vital importancia, pero tenía claramente valor limitado para ser aplicado a usos civiles.

LA INVENCIÓN DEL TELÉGRAFO ELÉCTRICO.

El futuro estaba reservado al telégrafo eléctrico, pero el estímulo necesario para su desarrollo no hizo aparición hasta la década de 1.830, con la expansión de la red de ferrocarriles en Gran Bretaña. El desarrollo del telégrafo está particularmente asociado a los nombres de Willian Cooke, oficial del ejército británico que al regresar de la India asistió a una demostración práctica de la telegrafía en la Universidad de Heidelberg y Charles Wheatstone, profesor del King's College de Londres, esto es, un filósofo natural, pero que no desdeñaba en absoluto las aplicaciones prácticas de su disciplina, la física. Pero mucho antes de su época ya se habían diseñado y probado una gran variedad de ingeniosos aparatos de telegrafía eléctrica.

La aparición de la pila voltaica, que suministraba una fuente de energía eficaz, aproximó notablemente a la telegrafía eléctrica a su realización práctica. La pila eléctrica proporcionaba un medio adecuado para transmitir una fuerte señal a voluntad pero, los medios para recibirla todavía eran tan primitivos -el inventor español Francisco Salvá llegó incluso a sugerir que se utilizasen las sacudidas que podía experimentar el operador- que los mensajes sólo se podían transmitir muy lentamente. Este obstáculo fue superado cuando se estableció la relación entre el magnetismo y la electricidad. El descubrimiento de que una corriente eléctrica pasando a través de una bobina podía provocar un movimiento en un imán situado en su proximidad fue un acontecimiento de gran importancia para la telegrafía y atrajo rápidamente la atención de los científicos que investigaban en su desarrollo.

Cooke llevó a cabo diversos experimentos con un telégrafo electromagnético y recibió el encargo de instalar uno en la línea de ferrocarril Liverpool - Manchester. Al tropezar con algunas dificultades técnicas, consultó con Wheatstone, entonces profesor de filosofía natural en el King's College de Londres, quien había estado experimentando por su cuenta con un modelo similar de telégrafo eléctrico. Reconociendo la similitud de sus intereses, los dos hombres formaron una sociedad y obtuvieron su primera patente en junio de 1.837, haciendo ese mismo año una demostración de un telégrafo de cinco agujas a los directores del ferrocarril de Londres y Birmingham. Esta demostración no produciría resultados inmediatos, ya que los directores no estaban totalmente convencidos del valor que para ellos podría tener el invento. Los directores del Gran Ferrocarril del Oeste fueron más perspicaces, y en 1.838 Paddington y West Drayton quedaban unidas por telégrafo: cuatro años más tarde era ampliado hasta Slough. Esta línea telegráfica y sus posibilidades atrajeron hacia sí una enorme publicidad en 1.845 cuando un sospechoso de asesinato fue visto en Slough al subir a un tren con destino a Londres: la noticia fue telegrafiada a Paddington, donde sería arrestado a su llegada y ahorcado después. Los receptores de esta instalación eran del tipo de dos agujas, lo que hacía necesario que el mensaje fuese transmitido en código.

El código utilizado universalmente se lo debemos al inventor americano Samuel F. B. Morse, quien llevaba haciendo investigaciones por su cuenta desde 1.832. Sus primeros instrumentos eran relativamente primitivos, pero tras una primera demostración en público en septiembre de 1.837 fueron rediseñados con ayuda del fabricante de hierro Alfred Vail, y en 1.838 obtuvo una patente de un sistema que incorporaba la idea de su famoso código.

El telégrafo estaba pensado para transmitir mensajes, generalmente en código, que tenían que ser escritos a mano en el extremo receptor. En 1.845 se inventó un método para la impresión del mensaje que sería difundido por Estados Unidos como el “telégrafo impresor de House”. Wheatstone patentó un telégrafo impresor en 1.860.

LA EXPANSIÓN DE LA TELEGRAFÍA.

Durante los últimos años de la década de 1.840 asistimos a una expansión de los servicios de telégrafos, consecuencia en Inglaterra del éxito de la instalación entre Paddington y Slough, y en Estados Unidos de la buena suerte de Morse al terminar la primera línea, que unía Washington con Baltimore, un día antes de la convención del Partido Demócrata reunida en esta última cuidad para nombrar a un candidato presidencial. También en el resto de Europa fueron ampliamente reconocidas la importancia y utilidad del telégrafo eléctrico. Tantas eran las solicitudes que recibían Cooke y Wheatstone que en 1846 formaron la Electric Telegraph Company, la cual en seis años instaló unos 6.500 kilómetros de red telegráfica en Inglaterra. En Estados Unidos, cuatro años después del éxito inicial de morse en 1.844, Florida era el único estado al este del Mississipi al que todavía no había llegado el telégrafo. La intensa competencia entre compañías rivales terminó en Estados Unidos con la formación de la Western Union Company en 1.856; en Gran Bretaña una ley de 1.868 permitía al Director de Correos adquirir, explotar y mantener telégrafos eléctricos.

Los sistemas telegráficos también se habían ido desarrollando en otros países de Europa, y no es de sorprender que, cuando Londres quedó unido con Dover en 1.846, Wheatstone sugiriese un cable submarino a través del Canal de la Mancha que uniese a Londres con la red europea: tras un intento infructuoso en 1.847 y otro en 1.850, este proyecto fue finalmente llevado a la práctica en 1.851. Uno de las consecuencias de este hecho fue que los precios de apertura y cierre en las Bolsas de París fuesen conocidos antes del cierre de las operaciones en el London Stock Exchange. Seis años más tarde se intentaba un plan mucho más ambicioso, la unión de Inglaterra con Estados Unidos. En el primer intento, en el verano de 1.857, el cable se rompió y se perdió después de haber sido tendidos 500 kilómetros. Tras un segundo fracaso, los dos continentes quedaron unidos con todo éxito en agosto de 1.858: pero el cable se rompió y tras unas pocas semanas se hizo prácticamente inservible. Un cable de nuevo diseño se perdió en medio del Atlántico a una profundidad de 3.600 metros, aunque sería recuperado a continuación. Hasta 1.866 no se lograría un éxito completo en el establecimiento de una unión permanente y eficaz entre ambos continentes. William Thomson fue el máximo responsable de que se pudiesen superar todas las dificultades científico tecnológicas.

El impacto popular de semejante acontecimiento fue muy grande. Al fin y al cabo se había conseguido reducir una larga travesía marítima a unos breves instantes, en lo que a comunicaciones se refiere. En ninguna otra época de la historia de la humanidad, incluida la presente, a pesar de toda la tecnología moderna, se produjo una ruptura cualitativa de orden parecido.

EL IMPACTO TECNOLÓGICO DE LA TELEGRAFÍA.

En 1.862 el sistema telegráfico mundial cubría aproximadamente 240.000 kilómetros, de los cuales, 24.000 estaban en Gran Bretaña, 128.000 en el resto de Europa y 77.000 en América. Las oficinas de telégrafos hacían posible la transmisión rapidísima de mensajes a lo largo de todo este sistema.

Como los mensajes telegráficos tenían que atravesar a menudo fronteras entre naciones, hubo que establecer convenios de cooperación internacional. Así en las décadas de 1.850 y 1.860 se firmaron diversos acuerdos y tratados bilaterales (en 1.865 se fundó la Unión Telegráfica Internacional).

Entre 1.854 y 1.867 la red telegráfica británica dobló su tamaño. El precio de un mensaje se redujo a la mitad y el volumen de comunicaciones se cuadriplicó. Obviamente aumentó también la oferta de trabajo en la producción o utilización de conductores eléctricos, aislantes, baterías e instrumental telegráfico, lo que a su vez creó una fuerte demanda de instrucción en telegrafía e, indirectamente en electricidad. Se necesitaban escuelas, lo que repercutió favorablemente en los “físicos”.

En 1.868 existían en el Reino Unido 4.119 oficinas telegráficas y cerca de 40.000 kilómetros de líneas. En 1.870 la profesión de “ingeniero telegrafista” había llegado al punto de que se crease una Society of Telegraph Engineers.

En 1.872, cuando el alcalde de Adelaida intercambió un mensaje con el alcalde de Londres, casi todas las principales ciudades del mundo estaban unidas entre sí.

El desarrollo de la telegrafía fue mejorado a lo largo de los años. Así, por ejemplo, en 1874, Thomas Edison desarrolló la telegrafía cuádruple, que permitía transmitir dos mensajes simultáneamente en ambos sentidos. En 1915 se implantó la telegrafía múltiple que permitía el envío simultáneo de ocho o más mensajes. Ésta y la aparición de las máquinas de teletipo, a mediados de la década de 1.920, hicieron que se fuera abandonando progresivamente el sistema telegráfico manual de claves y que se sustituyera por métodos alámbricos e inalámbricos de transmisión por ondas.

Algunos de los desarrollos tecnológicos actuales, producto de la telegrafía son: el teletipo, el télex y el fax.

BIBLIOGRAFÍA.

Álvarez Béjar, Román y otros: Enciclopedia Microsoft Encarta 2000. Microsoft Corporation, 1.993 -1.999.

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Quintanilla Ciscac, Miguel Ángel y Sánchez Ron, José Manuel: Ciencia, Tecnología y Sociedad (2). Santillana S. A., 1.997.

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