Taoísmo

Religiones. Filosofía. Tao. Camino. Poder místico. Doctrina: fuentes. Sexualidad. Tao Te Ching. Unidad primigenia. Diversidad. Silencio. Harmonía

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En el presente trabajo voy a tratar, primero que nada, un tema que me pareció importante al leer acerca del taoísmo: La sexualidad, la cual es muy importante para la vida los chinos. Luego analizaré el libro Tao Tê Ching de Lao Tse de dos puntos de vista diferentes y también agregando mis propias ideas o “hipótesis” acerca del tema.

¿QUÉ ES EL TAOÍSMO?

El Taoísmo es un sistema religioso y filosófico chino muy antiguo que comenzó en el siglo IV a.C. Las creencias filosóficas y místicas esenciales taoístas se encuentran en el Tao Tê-King o Tao Tê Ching ( Daodejing, Libro de la Vía y de la Virtud), un texto que fue escrito en el siglo III a.C. atribuido a la figura histórica de Lao-tsé, y en el Zhuangzi, un libro de parábolas y alegorías que también fue escrito en el siglo III a.C., pero atribuido al filósofo Zuang-zi.

El Tao (Camino), que no puede describirse con palabras ni concebirse con el pensamiento. Para estar de acuerdo con el Tao, uno tiene que "hacer nada" (wu-wei), es decir, nada forzado, artificial o no natural. A través de la obediencia espontánea a los impulsos de la esencia natural propia de cada uno y al despojarse a sí mismo de doctrinas y conocimientos, se alcanza la unidad con el Tao y de ello deriva un poder místico (). Este poder permite trascender todas las distinciones mundanas, incluso la distinción entre la vida y la muerte.

Para entender mejor esto, utilizaré las propias palabras de Lao Tse para definir taoísmo:

Conserva el Vacío Absoluto
Y la perfecta Paz permanecerá
Todas las cosas tienen un mismo origen
Y desde allí las contemplamos retornar
Todas las cosas emanan florecientes
Y cada una de ellas regresa a su origen
Regresar a su Principio es reposar.
Reposar es encontrar el nuevo Destino
Al regreso al Destino se le llama Eternidad.
Al que conoce lo Eterno se le llama Iluminado
El que desconoce lo Eterno su miseria es desventura
Quien conoce la Eternidad todo lo posee
Quien es justo con los demás es soberano
Quien es soberano es semejante a lo Supremo
Lo Supremo es el Camino del Tao
Alcanzando el Tao tendrá vida eterna
Y aunque su cuerpo muera él nunca perecerá.
(Lao Tse: Tao Tê King)

HISTORIA

Incompatible con el desarrollo de una teoría política explícita, el taoísmo ejerció su mayor influencia en la estética, en la higiene y en la religión chinas. Junto al taoísmo filosófico y místico, el taoísmo también se desarrolló en el ámbito popular como un culto en el que la inmortalidad se buscaba a través de la magia y el uso de diferentes elíxires. La experimentación en alquimia abrió el camino para el desarrollo, entre los siglos III y VI, de diversos cultos basados en la higiene que pretendían prolongar la vida. Esto evolucionó a un sistema general de higiene, todavía en práctica, que hace hincapié en la respiración regular y en la concentración para evitar la enfermedad y contribuir a la longevidad.

En el siglo II d.C., aparecieron organizaciones religiosas taoístas populares relacionadas con la curación por la fe. Más tarde, bajo la influencia del budismo, los grupos religiosos taoístas adoptaron el monacato institucional y un interés por la vida futura del espíritu bastante mayor que por la inmortalidad del cuerpo. La organización básica de estos grupos fue la parroquia local, que mantenía a un monje taoísta mediante diversas aportaciones. El taoísmo fue reconocido como la religión oficial de China durante breves periodos de su historia. Más tarde se desarrollaron varias sectas taoístas, y en 1019 se le otorgó un extenso territorio en la provincia de Jiangxi (Kiangsi) al líder de una de ellas. Los sucesores de este patriarca mantuvieron el control sobre esta región y la supremacía nominal sobre el clero taoísta local hasta 1927, en que fueron expulsados por los comunistas chinos.

FUENTES DE LA DOCTRINA TAOÍSTA

Las remotas fuentes de la doctrina taoísta se hallan sin duda en los primeros desarrollos de la más antigua cultura china, que toma su denominación del río amarillo ("Hoang Ho") y de la gran llanura fertilizada por este río. Antes de su expansión hacia el norte y el oeste, esta cultura de campesinos se manifestó con una asombrosa originalidad, y de ella salió la idea del Tao, al parecer concebida primero como principio del orden universal impersonal, que en sus sucesivas elaboraciones metafísicas, sociales, políticas y morales, debía dar vida a todo el pensamiento chino, sea al de Confucio como al de Lao Tzu.

De estas dos "escuelas" habría nacido el "Yi Ching" (libro de los cambios) obra metafísica y cosmológica. Del "Yi Ching" provienen las doctrinas confucianas, taoístas y la del "Tao Tê". Aunque señalando influjos recíprocos, Hsu-Ti- Shan indica como antecedentes directos de la doctrina específicamente taoísta la doctrina de los "brujos", y el Yi Ching, la "escuela de los números", luego la doctrina de las artes mágicas, de los adivinos, de los astrónomos (y astrólogos), la del "Tao Te" y las escuelas de Mo Tzu. Siguen la medicina, la higiene sexual, la escuela del calendario y la del Yin Yang, la doctrina de los cinco elementos y la de la inmortalidad. Todas estas doctrinas habrían contribuido en la formación del Taoísmo.

Ahora pasaré a analizar los temas que elegí para tratar en este trabajo.

SEXUALIDAD

Me voy a basar en el libro EL TAO DEL AMOR Y DEL SEXO, escrito por Jolan Chang (Octava edición: Octubre, 1990).

“ A quienes son románticos

les excitarán ciertas palabras y voces

y que les toquen el yu heng

a quienes son lujuriosos...”

(Wu Hsien)

“Es Los chinos siempre han sostenido una posición taoísta en las relaciones sexuales entre machos y hembras, basados en el principio universal del Yin y Yang. Ellos consideran la sexualidad tan natural e indispensable para la salud, como lo es la alimentación, en contraposición a las tradiciones cristianas, que para ellos constituye una de las manifestaciones más desagradables, la que genera el sentimiento de culpa que acompaña a las cuestiones sexuales en nuestra cultura.

Hasta hace unos pocos decenios, no se había desarrollado un estudio serio sobre la sexualidad humana en occidente, planteando una dualidad donde el sexo se lo considera sagrado en el matrimonio y profano fuera de él, a diferencia de lo que plantea el Tao no existen dualidades entre sexo profano o sagrado. Básicamente lo que plantean los chinos, está fundado en hábitos sexuales sanos y dañinos. Los taoístas dedicaron mucho tiempo al estudio en todos sus aspectos e implicancias en la salud y la longevidad, así ante una sociedad libre de represión sexual, pudieron ver a fondo el comportamiento sexual humano y documentar con mucha claridad sus observaciones. Consecuentemente, y a lo largo de tres milenios, pudieron abordar el estudio de los comportamientos humanos, libres de prejuicios, y con la mente bien abierta. La diferencia fundamental en la sexualidad entre el hombre y la mujer, está marcada en el orgasmo masculino y el femenino, cuando un hombre eyacula, libera su semen fuera de su cuerpo, en cambio la mujer, si bien también eyacula (internamente), pues genera toda clase de secreciones sexuales, no libera su esencia, por el contrario, se nutre de ellas. El Tao, considera esa esencia sexual, una fuente de energía vital, de resistencia e inmunidad, tanto en el hombre como en la mujer. Pero a diferencia de la concepción occidental, en el caso de hombre que existe la creencia que el acto del coito debe indefectiblemente terminar en la eyaculación, el hombre oriental, toma esa energía manteniendo un control de su eyaculación, como único fin para la conservación de su vitalidad.
El hábito de la eyaculación va despojando gradualmente de esa fuente de vitalidad e inmunidad, dejando al hombre vulnerable a enfermedades y acortando su vida, en cambio la mujer, cada vez que tiene un orgasmo genera aumento de esa energía vital, propias de las segregaciones del orgasmo, sumados a los liberados por el hombre, entonces, se fortalece cada vez más. En lugar de liberar esa energía provocada por el orgasmo, el hombre puede obtener un beneficio revitalizador, partiendo del control, en lugar de encontrarse dependiente de la debilidad que este provoca, y agotando esa fuente de vitalidad, tan importante para la vida plena, tanto en lo referente a salubridad, cuanto a armonía y claridad mental. La superioridad de la mujer, o la hembra, en todo el reino animal, es evidente, partiendo de la base que su función más importante, es la procreación y conservación de su especie, entonces, el matriarcado es el reconocimiento social de superioridad. Tan es así que en la China prehistórica el ideograma para dar el apellido se compone de los símbolos "mujer" y "nacimiento" dando lugar al linaje familiar que seguía por la línea materna. Aunque hasta hace unos años, el hombre socialmente ocupó casi todos los espacios, donde desarrolló su poder, inexorablemente en la cama sigue encontrándose a merced de la mujer, de ahí que surge una profunda contradicción de la fortaleza o superioridad social, ante la verdadera inferioridad sexual frente a la mujer, trayendo como consecuencia conflictos de seria importancia en muchas parejas occidentales. La típica creencia del hombre fuerte, en muchos aspectos está generada por esa irreconocible inferioridad que es incapaz de admitir, ante la fortaleza sexual femenina, donde por lo general, es debida a la ignorancia en los conocimientos de las características de cada uno de los sexos. El Tao del Yin y del Yang, plantea una visión mucho más amplia en las relaciones entre hombres y mujeres, dignas de ser practicadas por hombres con una visión más amplia, donde equilibra esa diferencia y desigualdad en la potencia sexual femenina y la masculina. El Tao posibilita que el miembro sexual masculino se convierta en un instrumento para todo el tiempo, poniendo en igualdad al competente instrumento sexual femenino, logrando así, no solo un elemento de conservación de la energía y vitalidad, sino también un componente para lograr que el hombre llegue a su plenitud, ocupando el lugar de dador en el proceso amoroso en la relación con la mujer, partiendo de la base que hasta los tiempos de la mujer y los procesos orgásmicos de esta, son mucho más lentos que los del hombre. Así entonces, el típico proceso de depresión poscoital que experimenta el hombre, bajo el control, no existe, cuando retiene su semen. La sexualidad taoísta es un intercambio entre el Yin y el Yang, así el hombre sacrifica un mínimo de placer a cambio de un montón de beneficios, mientras que su par femenino disfruta de un completo placer sin restricciones ni condicionantes a ese desvanecimiento del hombre cuando este eyacula.
Mientras que la transferencia e intercambio de energías entre ambos sexos, sigue su camino normal, compartiendo los torrentes hormonales, del mismo modo que si la conclusión del acto sexual fuese con la eyaculación del hombre. "Como sucede con el Tao en si, los elementos fundamentales en el Tao del Yin y del Yang son equilibrio, armonía y la unión de los contrarios.
Para que un hombre cultive sus poderes masculinos, debe nutrir su esencia Yang, absorbiendo esencia Yin. Cuando el hombre y la mujer se entregan libremente a la sexualidad, intercambiando sus fluidos corporales y respirando cada uno el aliento del otro, es como si el fuego y el agua se combinaran en tan perfectas proporciones, que ninguno de los dos derrotase al otro. El hombre y la mujer deben fluir y refluir en el coito, como las olas y las corrientes del mar, primero hacia un lado y luego hacia el otro, pero siempre en armonía como la Gran Marea.
De esta forma pueden seguir toda la noche, alimentando y preservando constantemente su preciosa esencia vital, curando todos los males y favoreciendo una larga vida. Sin esta armonía básica del Yin y el Yang, ni las medicinas extraídas de los cinco minerales, ni los más potentes afrodisíacos les servirán de nada. Para el momento mismo de hacer el amor, el taoísmo propone técnicas para un mejor y rápido alcance del orgasmo en la mujer y para que el hombre pueda conseguir retardar la eyaculación esperando satisfacer el placer de la pareja. Para ello, le enseña al hombre a usar los músculos de la zona pélvica para mejorar su erección y a apretar con los dedos centrales de la mano el punto situado entre el escroto y el ano. La mujer aquí no es protagonista del acto y les enseñan a disfrutar del acto sexual, fortaleciendo el músculo pubococcígeo. Una de las modalidades consiste en utilizar un cascabel de plata con un cordel, introducirlo en la vagina y la mujer tiene que aprender a moverlo, a subiéndolo y a bajándolo. De esta forma, aprende a tensar y distender sus músculos pélvicos y conocerse en profundidad, para estar mejor orientada para un posterior amoldamiento del miembro masculino en su cuerpo.

Es ya de esta época la costumbre de esparcir flores perfumadas por la cama para entrar en un mejor clima erótico. Así como también, la de incluir alimentos en afrodisíacos, como frutas chiquitas, miel, chocolate y otros.

CONCLUSIÓN

Es importante el enfoque que se le da a la sexualidad por la cultura china. Yo, en lo personal, estoy de acuerdo con el taoísmo acerca de que no solo tenemos que buscar nuestro placer sexual, (las personas que hacen eso, simplemente se masturban dentro de la vagina...) sino que el de nuestra pareja. Justo en este punto: placer sexual de la mujer, es donde yo discrepo un poco con el libro (no olvidemos que mi opinión nada tiene que ver con el taoísmo). Lo que yo creo es que la pareja en el instante en que se unen, sexualmente hablando, deben buscar la armonía sexual para que puedan llegar al orgasmo al mismo tiempo, es decir, una buena relación sexual es cuando un hombre y una mujer pueden lograr una armonía sexual tan grande que se olvidan de todo sin importarles nada, hasta llegar al placer sexual, orgasmo, al mismo tiempo y disfrutarlo juntos. El taoísmo dice que los hombres debemos cuidar nuestra esencia principal (semen) y hacer que solo la mujer disfrute del orgasmo, el taoísmo nos enseña como disfrutar una relación sexual sin llegar al orgasmo, y también nos enseña a controlar la eyaculación mediante diferentes técnicas para poder llegar a la meta que es que la mujer pueda gozar de una buena relación sexual. Esta proposición queda libre a quién pueda leer y estudia un poco acerca del Tao, yo personalmente no estoy de acuerdo, pero no olviden en cuidar su esencia, el semen.

“EL TAO Tê CHING DE LAO TSE”

INTRODUCCIÓN

Este trabajo lo construiré a partir de una lectura conjunta de la interpretación que del Tao Te Ching hace Carmelo Elorduy y la que Agustín García Calvo hace del libro perdido de Heráclito. Se trata de hacer una interpretación desde presupuestos más cercanos a García Calvo, así desde sus fuentes más evidentes: Heidegger y sobre todo Nietzsche. Partiendo de Heidegger, no se comprende la alteridad sino traduciéndola, interpretándola, apropiándose de ella desde nuestras propias categorías (no se trata de reducir lo extraño a planteamientos estrechos, sino de desarrollar las propias concepciones hasta donde potencialmente podían, dentro de la esencia del propio lenguaje, concebido ontológicamente: Ésta es la perspectiva). Así mismo trataremos de ver cómo concuerdan los planteamientos de Lao Tse y Heráclito defendiendo la intuición previa de su paralelismo (no de su concordancia en las conclusiones pero sí en lo cercano de los caminos) y de su paradigmática concordancia con los planteamientos a los que está obligando la evidente crisis de la modernidad, entendiendo así como un Nietzsche que intuyó la muerte del sentido encontrase en Heráclito un planteamiento primerizo, previo al desarrollo de la metafísica en que la tradición occidental debería quedar embarrada hasta ahora.

El planteamiento general sería el siguiente. Lao Tse, como sabemos, parte de la unidad al fondo de la diversidad, como sustento de esta. Elorduy lo traduce como “Logos” buscando paralelismos con la filosofía griega, paralelismo quizás un tanto forzado (pues desde luego no es el logos lógico - lingüístico o racional, en el estrecho sentido con el que lo concibió la tradición metafísica), sin embargo la identidad con el Logos establecida por Elorduy no nos vendrá nada mal para relacionarlo y diferenciarlo del logos - fuego heracliteano, como A. G. Calvo dice, su “Razón Común”. El taoísta negará credibilidad a los sentidos discriminantes, y a nuestro propio lenguaje que sólo es capaz de analizar y por tanto de discernir y separar la unidad básica a la que debemos llegar para ser fieles a la realidad y salvarnos ...es la renuncia a la palabra de donde emergen las diferencias irreductibles (si se dice bueno se dice a la vez malo...) “ ...el que habla no sabe, y el que sabe calla...” Desde esta renuncia el acceso al Tao vendrá vía intuitiva, por la experiencia mística que “en teoría” nos saca del lenguaje (ya hablaremos durante el trabajo de la cuestión del silencio lingüístico) y como en el salto de Kierkegaard el sin sentido se vuelve sentido y la soberbia se torna humildad.

En lo anterior quedaría resumida la tesis del trabajo, que inserta el pensamiento de Lao Tse al lado de todos aquellos que destacan la vertiente destinada frente a la voluntaria y libre del hombre, que tratan de devolverlo a su copertenencia a la ley cósmica en harmonía con la naturaleza, así la fusión del sujeto y el objeto como criaturas ambas de un principio anterior y superior. Estas ideas son muy típicas de las sociedades agrícolas que se sienten a merced de los cambios de la naturaleza, por tanto (o a la vez, no quiero reducir principios trascendentales a mecanismos de defensa psicológico, sino mostrar su sincronía y coincidencia, no decido por ahora si fue antes el huevo o la gallina, la infraestructura económica o la superestructura ideológica), se activa un sentimiento de criatureidad así como un sentimiento de pecado, de mancha nunca mejor simbolizado que en el mito del árbol de la vida y el árbol de la ciencia, el hombre que se siente en su consciencia y libertad despegado de la naturaleza por propia decisión rebelde (el pecado de comer del árbol prohibido), ve a la vez su incapacidad para alcanzar una libertad absoluta que le haga como Dios, el inevitable fracaso del hombre dada su finitud lleva a la desesperación de la que sólo se sale, como dijo Kierkegaard, crucificándose a sí mismo : la cruz se hace luz y la luz cruz, es la vía de la redención, la que ajusta el propio ritmo al del destino, o en el caso de Lao Tse al de la naturaleza, que sigue fiel la virtud del Tao (el Te) dado su inconsciencia e ingenuidad, que es la bondad originaria.

A la vez de todas estas ideas que por ahora sólo presento sin explicarlas con detalle y en su alcance y coherencia, me gustaría retomar a Heidegger en una de sus intuiciones primeras y básicas que es la de la localidad del conocimiento, ese apego a la tierra fundante (que el concepto de tierra se llame tierra no creo que sea mera arbitrariedad, sino que esconde cierta concepción del hombre paralela (hasta cierto punto) al vegetal enraizado, es el hombre con sus limitaciones, aun con los estigmas de aquello a lo que sus antepasados de especie estaban condenados: a la dependencia del medio, así en el hombre insertado en la historia, la dependencia del paisaje que configura sus modos de pensar y se apegan al lado sentimental de su cerebro), es el apego a la tierra fundante que es condición de posibilidad del nacimiento de un mundo, que sólo es actualización de aquella primera intuición poética. Quiero remarcar con esta noción lo mismo que parecía faltarle a Scheler en la ontología moderna, y es esa materia que nos conforma al igual que lo hace la formalidad o logos, ese priori sentimental en el que insistía, sólo que desde nuestra perspectiva no será para instaurar un platónico mundo de valores sino unas categorías culturales profundamente arraigadas y que constituyen una parte esencial de nuestra psique emocional, sobre la que se monta y que dirige todo el aparato lógico - técnico del que disponemos.

ANÁLISIS DEL TAO TE CHING

El primer capítulo del Tao es titulado por Elorduy “El Tao en su trascendencia y en sus seres”. Se parte de la unidad innombrable del cosmos, de la realidad. Esta es la premisa de que parte en su libro Lao Tse, sin embargo nosotros la pensaremos como consecuencia del segundo capítulo, tal como he previsto en la introducción partiendo de la caída y la del absurdo del mundo en sí mismo, se da el salto hacia el sentido sólo inculcable heterónomamente.

1. La escisión de la unidad primigenia

El segundo capítulo se resume en “Los contrarios se suceden”. Elorduy dice “lo bello es feo”, no se si ésta traducción es la exacta y aunque lo fuera, a la luz del resto del libro, prefiero interpretar “lo bello engendra lo feo” (más parecido a como traduce Preciado, traductor de otra edición del Tao Te Ching). De aquí leo que el “análisis”, la “partición”, el “nombramiento” de la realidad (el intento de dominación a través del logos - lenguaje) engendra el dolor y el lado oscuro (la maldad, la negatividad, pues el lenguaje cobija en su entraña la dualización no mediable desde el lenguaje mismo según Lao Tse), es una llamada de atención respecto a la acción diferenciadora y artificial del hombre, que al tratar de imponer a la naturaleza una jerarquía para comprenderla y dominarla, se le filtra su finitud, la revelación de su impotencia al intento de ser como Dios. Este es el final del mito prometeico, su inevitable frustración: la naturaleza siempre se acaba imponiendo, así leído desde el Heráclito de Agustín García Calvo, la mayoría de los hombres que no tienen en cuenta que están en el logos, que todo e incluso ellos mismos obedecen a la ley de la razón común, creen conocer la realidad y creen tener ideas propias y originales sobre ella, creen tener la razón en las contiendas con otros que actuando del mismo estúpido modo creen ser dueños de ella y así entran como cosas entre cosas en el proceso lógico de la naturaleza, que es el de la guerra, el de la mutua definición desde la oposición (el juego de alteridad e identidad, la identidad sólo es definible desde la demarcación del límite con el otro, el bárbaro), esta es la ley principal del logos, la de la contradicción; el hombre que sabe sin embargo que obedece a razón, se dará cuenta de que todo lo que puede saber es nada, pues quien lo sabe es razón (pensemos esto, como hace A. G. Calvo desde las claves interpretativas de la hermeneútica surgida a partir del camino al Habla de Heidegger, así el lenguaje nos Habla, Habla con sigo mismo a través de nosotros), de este modo se entra también en la ley de razón, pero ahora conscientemente, sin engañarnos por mitos que nos prometen la dominación y comprensión del cosmos, de este modo es de nuevo, como en Lao Tse, crucificar al “hombre” (al hombre creador - dominador que se cree con la razón) para llegar al Tao o a la Razón Común. Cabría tener en cuenta hasta que punto son equiparables Tao y Razón común pues el Tao, como hemos visto, se trata de instalar en un lugar ante- predicativo al logos heracliteano por sus partes lingüísticas. Trataré sobre la marcha del trabajo de arrojar más luz sobre este problema.

La cuestión general tratada en el segundo capítulo se repite en el dedicado a los 10.000 seres, en el apartado del mundo hecho de números se encuentra clara esta cuestión : primero fue el 1, es decir la unidad del Tao indisoluble, el hombre en el paraíso animal, en la inconsciencia, a partir de aquí comienza la alienación de la identidad originaria de todo con todo en el Tao, así primero el 2 “cielo y tierra”, el 3 que es la suma de estos más la oquedad entre ellos, y así hasta llegar a los 10.000 seres que completan el universo. (pág. 48).

2.La cuestión del tiempo

El capítulo seis de su estudio sobre lo que Elorduy llama la gnosis taoísta lo titula (incorrectamente como trataré de demostrar) AIÓN, y se centra en otra de las cuestiones básicas de esta unidad primordial que es la que busca el hombre arrojado a su propia consciencia, tratando de superar la pluralidad y trata de superar el tiempo (recordemos el horror del tiempo insistentemente relatado por Mircea Eliade en el Mito del Eterno Retorno). Este es el tema del Cháng de Lao Tse, que Elorduy traduce como equivalente al Aión griego, término que designa al tiempo como totalidad (eternidad), contrapunto del Cronos como “momento”. Ambos términos se instalan en una metafísica no pensada aún, pero ya potencialmente en las propias estructuras inconscientes de la cultura helena que parte de un absurdo no pensado, (Heráclito dice en su libro que el tiempo todo es un niño jugando al tres en raya, desde la interpretación y la deconstrucción del concepto de tiempo en su doble vertiente Aión y cronos que hace A. G. Calvo con motivo de este aforismo de Heráclito, criticaremos a Elorduy en su reducción a categorías metafísicas del pensamiento de Lao Tse y seguiremos tejiendo nuestra propia interpretación). Dice Lao Tse “Conocer la perpetuidad (Cháng) es iluminación ; no conocerla es obrar insensatamente su mal. Conocer su perpetuidad es cabida Jung (amplitud), y la cabida es comunidad Kung y comunidad es grandeza (principado) Wang y la grandeza es cielo, y el cielo es Tao, y el Tao dura. Aun sumergido en el agua no muere”(Cap. 16), Elorduy comenta esto diciendo que “Lao Tse identifica la eternidad Cháng con la capacidad o espacio Jung”(Pág. 33), así interpretamos, frente a la helenización de los términos de Lao Tse por Elorduy, su concepción del tiempo primigenio como espacio- tiempo en unidad vivencial previa a la abstracción metafísica tanto del Aión como del Cronos que piensa el tiempo como accidente del espacio (tematizado por Aristóteles, pero haciendo caso a la doctrina de Heidegger, si esta tematización fue posible es por que en la esencia misma del lenguaje de fondo que soporta el idioma clásico griego, como la idéntica intuición que descansa sobre todo occidente, en maduración y decadencia permanente hasta hoy, se daba esta posibilidad). Esta accidentalización es condición de posibilidad de la elaboración de un lenguaje científico- técnico- metafísico dominador que está montado igualmente sobre la alienación del sujeto y el objeto (olvidando su copertenencia). No se puede forzar el paralelismo que trata de hacer Elorduy entre el tiempo del Tao y el Aión, nosotros interpretamos el tiempo del Tao como un tiempo de la no- diferenciación, preconsciente, prelingüístico, el tiempo del paraíso perdido, de la inmanencia vivencial, un tipo de tiempo que no es accesible desde un lenguaje cargado de categorías abstractas, discriminante, por ello sólo accesible desde el silencio.

3. El silencio

Este tema del silencio está advertido ya en la diferenciación entre el Tao que puede ser dicho y el que no puede ser nombrado, siendo el verdadero Tao padre de todas las cosas el innombrable pues como anuncia Elorduy “Dios no tiene nombre alguno, pues quien tiene un nombre es criatura de otro”(Pág. 21) ; en el lenguaje más primitivo lo nombrado y la palabra que lo nombra tienen una unión primordial, casi no se distinguen (esta función primitiva de todo el lenguaje queda reservado a parcelas especiales con el desarrollo de éste, como el la del lenguaje mágico), todo aquel que nombra algo lo está concreando, sin embargo nosotros no podemos crear al Tao pues estamos en él, seguimos su ley, somos sus criaturas. Dice Elorduy : “tiene todos los nombres porque sólo él es el padre y por eso no tiene ningún nombre, porque es padre de todos”(Pág. 21), es anónimo y pantomimo pues todo es él y el nombre de todo es nombre suyo, pero no lo agota sino que es todo y más, incluso más que el lenguaje. Nuestra vía de acceso tiene que ser la total fusión con él sólo posible a través del silencio, de la minimalización de nuestras percepciones, evadiendo cualquier impulso analítico o dominador para quedarnos a un nivel vivencial prelógico, que elimine la alienación sujeto- objeto que nuestro lenguaje nos impone y nos haga sentirnos “uno” con el todo que se vuelve a la vez: ”esencialmente diferente”, no captamos más que diferencias pues es el lenguaje quien organiza en géneros y especies y por ello es raíz de igualaciones abstractas, se hace posible solo matematizando y disolviendo las diferencias cualitativas en diferentes cantidades, pero a la vez, de esta diferencia total nace la “indiferenciación radical” de todas las cosas en la unidad vivenciada, pues es el lenguaje el que al jerarquizar lo dado establece al igual que las correspondencias, y las reducciones de los particulares a la “idea”, los diferentes grados de perfección, de racionalidad, de este modo la negatividad accidental, el mal a superar, es un pensamiento tendente a la reducción de la realidad en categorías racionales, a dominar y transformar la realidad en aras de la “idea”. Nos cabe sin embargo la duda de que si el silencio del taoísta es en verdad un silencio total o no será más bien como todo lo humano simbólico y por tanto lingüístico, creo que la respuesta es más bien sencilla pues en tanto en cuanto el taoísta no olvida definitivamente el lenguaje y regresa a un estadio animal, sino que estos ejercicios místicos son meros ejercicios de los que se vuelve para seguir viviendo como hombres, es decir, simbólicamente, el silencio se incorpora al mundo del sentido, que es el mundo del lenguaje. El lenguaje tiene incluso la capacidad de mostrar, de señalar hacia afuera de sí mismo otorgándose el sentido heterónomamente, pero siempre mediado por sí mismo.

4. Vía oppositionis

El modo que tiene el lenguaje para señalar fuera de sí es el doble juego de ocultar y enseñar que se realiza en el símbolo (entendido como religioso o poético). Así se define el Tao como “cuadrado inmenso sin ángulos”(Cap. 41) como “forma sin forma”(Cap. 14), “figura sin figura”(Cap. 21) y dice Elorduy “para abarcarlo hay que afirmar y negar de él lo mismo”(Pág. 23), es la vía oppositionis que rompe el lenguaje o lo muestra en su límite. Esto sin duda nos recuerda a los famosos opuestos de Heráclito, de este modo podemos rememorar el fragmento básico en el que dice “El Dios, Día/Noche, Invierno/Verano, Guerra/Paz, Hartura/Hambre : todos los contrarios juntos, ése es el pensamiento”(Frag. 48), sin embargo la diferencia es total, mientras que Lao Tse señala hacia afuera del lenguaje, reventando éste para que de la imposibilidad de concebir las contradicciones brote lo que está más allá de lo expresable, Heráclito por el contrario señala en éste y en otros muchos fragmentos hacia la contradicción misma, no para dar el salto y salir de ella sino para instalarse en ella, ella misma como el Dios, como la ley universal, esta cuestión es el verdadero móvil de mi planteamiento, pero antes traigo alguna otra cuestión que pueda traer más luz o al menos mostrar la inevitable complejidad de tratar de elevar puentes entre estos dos pensadores, Heráclito y Lao Tse, sólo unidos por la distancia que les separa de nosotros. Nunca mejor momento para traer a colación la doctrina del “Te”, “El Tao, pues, los engendra ; el Te los cría, los hace crecer, los nutre, los perfecciona, los madura, los sustenta, los cubre. Los engendra y no se adueña de ellos, los hace y no se apoya en ellos, los hace crecer y no los domina. Es la virtud encarnada”(Cap. 38), es el “demiurgo actuando con el cielo y la tierra”(Pág. 29) como dice Elorduy, esta es una virtud tanto para los hombres como para las cosas, es la misma para lo biológico que para lo moral lo mismo que la lógica del logos heracliteano, y no es por casualidad por lo que hacemos esta comparación, y es que aunque no es del todo identificable la razón común de Heráclito con el Te de Lao Tse (al igual que no lo es, como hemos señalado, con el Tao) sí que es interesante mostrar la necesidad de nombrar un órgano ejecutivo mandado por el Tao pero al margen de éste para salvaguardar su trascendencia, mientras que el logos heracliteano es él mismo legislador y ejecutor de su ley. No me atrevo a decir más de este punto, ya que mis conocimientos son ya bastante insuficientes para arriesgar las hipótesis que hasta ahora hemos dejado caer (siempre apoyándome en otros autores y depositando mi confianza más en su conocimiento del tema que en mi capacidad intuitiva) y más si tomamos en cuenta otros elementos más complejos que hasta ahora no hemos tenido en cuenta como es la doble vertiente del Tao: El Ying y el Yang.

5. Guerra y harmonía

A este último, me centraré únicamente en el capítulo que Elorduy dedica a comparar los autores que estoy trabajando ahora. Lo que en Heráclito era ley de la contradicción y principio de la guerra como padre de todas las cosas que se identificaba con el propio logos (así en su inmanencia y trascendencia concordando, no identificándose como es la relación de habla y lengua en Saussure), en Lao Tse es ley de la harmonía que rige el cosmos desde su remarcada trascendencia con la mediación de su órgano ejecutivo o demiurgo, el Te. “Heráclito y Démocles atribuyen a la discordia y a la guerra el origen de los seres. Lao Tse por el contrario, con los pitagóricos, lo atribuye a la paz y unión armónica de los dos principios antagónicos del cosmos”(Pág. 43), Carmelo Elorduy establece primeramente esta absoluta diferenciación entre los dos autores, así frente al dios belicoso de Heráclito, Lao Tse propone una ley universal de la harmonía definida por el propio Elorduy como “...el resultado de la adecuada combinación de los contrarios”(Pág. 44), sin embargo acaba concluyendo que la diferencia más que de fondo, en la configuración bipolar de la realidad, vendría dada en la sensibilidad con que se describe, pues ni la harmonía de Lao implica una quietud, ni la confrontación de Heráclito es equivalente al caos, pues es indicado por la ley que es la de la contradicción : “La armonía oculta, dice el mismo Heráclito, es superior a la patente. Dios oculta en ella las diferencias y diversidades mezclándolas entre sí”(Pág. 49). Sin embargo la conclusión a la que llega Elorduy después es contraria a nuestra tesis y por ello trataremos de criticarla “Lo que el Tao es para Lao Tse, es el fuego para Heráclito. Todo se convierte en fuego y el fuego se convierte en todas las cosas. “(Pág. 50), Lao Tse dice paralelamente (paralelamente según Elorduy) en el capítulo 16 “Hay que llegar al vacío extremo para lograr una quietud sólida”, así del Tao como unidad y Vacuidad ha engendrado todas las cosas y de estas se debe volver a la perfecta vacuidad originaria. En el Tao se puede hablar hasta cierto punto de creación, cuando se piensa en el Tao sin nombre que es “madre” de todas las cosas, sin embargo en la doctrina de Heráclito no hay creación por ninguna parte, no se parte del logos y luego aparecen las cosas sino que la ley y los que la obedecen son simultáneos y correlativos, impensable una al margen de los otros. La metáfora del fuego sin ser forzada (por una mentalidad que busca la preconfiguración del dios cristiano por todas partes) y leída con el resto del libro, ilustra muy bien esta relación, que, como compara Agustín García Calvo, puede ser iluminada desde la correlatividad “sistema de la lengua”, abstracto, intemporal....”el habla de los usuarios”, temporal, concreto..., de este modo el fuego hace a las cosas y las cosas vuelven al fuego como la lengua permite el habla y el habla regresa a la lengua para buscar nuevas posibilidades, pero no se trata de regresar definitivamente al fuego- logos, sino de ser consciente que nos constituye y no proyectar lo imposible (superar los contrarios, conocer la realidad en sí...), es como ya he dicho alguna vez, la máxima nietzscheana de darnos cuenta de que soñamos, pero no para despertarnos y morir nuestra vida en un silencio total o en la espera de éste, sino que fiel a la vida humana predicará al amor a este destino al que estamos arrojados, así darnos cuenta de que soñamos y “seguir soñando” (creo que es el mismo amor a la vida que predicaba Unamuno con su cristianismo limpio de platonismo, la religión que promete “la resurrección de los muertos”, la devolución de lo más apreciable, nuestra propia vida como verdadera y única vivencia humana del reino de Dios). Quizás llevar hasta estos extremos al propio Heráclito sea tan forzado como llamar a su logos “Dios” (como hace Elorduy), pero lo que no creo que sea forzar los términos, es mostrar las diferentes relaciones entre el Tao y sus criaturas, y los logos y las cosas que rige pero nunca se dice que cree (como en el resto de la filosofía griega, en Heráclito está ausente la idea de creación).

CONCLUSIÓN

No va a ser necesaria esta conclusión en la que pretendía verter por primera vez la tesis del planteamiento paralelo y a la vez de las distintas conclusiones a las que llegan Heráclito y Lao Tse, pues a lo largo del trabajo y sobre todo en las partes finales ya lo he hecho. De todos modos quiero remarcar una última idea, dejando ahora de lado el tema de Heráclito, para traer a colación estas palabras iluminadas e iluminadoras que Lao en su capítulo 71 nos proporciona: “Ser sabio y no conocerlo es la perfección”, esto se completa con frases referentes a la política “La ilustración es la ruina para el pueblo, su grandeza la humildad” y “El buen soberano sin voluntad propia, la voluntad del pueblo es la suya, su regla: dejar que la cosas sigan su curso natural”(del Cap. 57). Aunque una vez más pueda parecer que fuerzo los términos, la intuición que Lao Tse trata de expresar en estas sentencias no me deja de recordar a la del primer Wittgenstein que ante la paradoja de las clases de clases y los metalenguajes (que es la paradoja misma de la conciencia reflexiva, esencia de todo el pensamiento occidental desde sus raíces helenas y razón de su hundimiento según Nietzsche: Dios muere por puritanismo, por reflexionar sobre sí desde su imperativo de verdad). Wittgenstein definió por ello el lenguaje como un todo estructurado, haciéndole perder su dinamicidad (pues era su ruina) y definiendo estrictamente los campos de que se podía hablar, y de lo que no se puede hablar mejor es callar, así : el ojo no se puede mirar a sí mismo, la metafísica sería una enfermedad que trata de encontrar la ley del propio sujeto que la busca. Lao Tse por su parte en su repudia por la artificialidad de lo humano nos invita a volver al orden natural, parece oler al igual que Wittgenstein, al igual que el mito bíblico del pecado original que el camino del hombre dejado a su propio albedrío, siguiendo su tentación de saberlo todo, sólo puede llevar a su propio fin, al nihilismo, pues las palabras del hombre no acaban sino por enfriar el misterio más profundo que sólo en el pleno silencio, en el rapto por la naturaleza que es la encarnación perfecta de la ley común (a ella y a mí) puedo descubrir mi última esencia que es razón de mi salvación, y que es darme cuenta de que no estoy en mi mano.

BIBILIOGRAFÍA

Los libros básicos utilizados para este trabajo y de los que son fuente de todas las citas son:

  • LAO TSE, LA GNOSIS TAOISTA del TAO TÊ CHING de Carmelo Elorduy. Edita la facultad de teología del colegio máximo S. I. de Oña, año 1961. Censor : Dr. Felipe López.

  • RAZÓN COMÚN: “Edición crítica, ordenación, traducción y comentario de los restos del libro de Heráclito”, de Agustín García Calvo. Editorial Lucina, Madrid 1985.

  • TAO DEL AMOR Y DEL SEXO escrito por Jolan Chang (Octava edición: Octubre, 1990).

  • SITIOS WEB:

  • Http://www.geocities.com/Colosseum/Arena/8066/taol.html

  • http://www.members.nbci.com/m_joseph/TaiChiChuan/mapa.html

  • http://widang.tsx.org

  • http://usuarios.tripod.es/taiji/Tao/index.html

  • http://www.geocities.com/Athens/Ithaca/1622/tao.html