Summerhill; Alexander Sutherland Neill

Pedagogía. Modelo educativo progresista. Educación niños. Factores ambientales. Obediencia y entorno de libertad. Autorregulación

  • Enviado por: Patisari
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
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INTRODUCCIÓN

Mi elección por Summerhill como lectura fue por la recomendación de una amiga que estudió Magisterio de Educación Infantil, además, es un libro que lo mencionan muchos de los profesores en sus clases, por lo que supuse que sería interesante leerlo.

La primera edición del libro en ingles, Summerhill, a Radical Aproch to Chile Reading, fue en 1960 y en español en 1963 por el Fondo de Cultura Económico. El libro que he leído, es la vigésimo tercera reimpresión en España en el año 2001, por lo que no sería de extrañar que hubiera una nueva edición en las librerías. Esto demuestra que el libro sigue siendo de actualidad y un punto de referencia sobre este tema.

Durante cincuenta años, A. S. Neill, autor del libro, dirigió en las cercanías de Londres, la famosa escuela de Summerhill, que ha tratado de dar un paso hacia la verdadera educación progresista: la autorregulación de los niños. A tal propósito, el sistema seguido por el autor es un punto de vista radical y las exposiciones que hace son el resultado de sus experiencias. Por principio sostiene que la libertad funciona, y cree que el niño corriente no es un inválido nato, ni un cobarde, ni un autómata inconsciente, pues posee la virtud de amar la vida e interesarse por ella.

El prólogo está escrito por Erich Fromm, que hace un resumen de las ideas de A. S. Neill y expone las suyas. Él afirma que “el principio fundamental de la autorregulación es la sustitución de la autoridad por la libertad, con el fin de enseñar al niño sin emplear la fuerza, apelando a su curiosidad y a sus necesidades espontáneas, haciendo que se interese por el mundo que le rodea”. Respecto a A. S. Neill, Erich Fromm opina “con el tiempo, sus ideas serán generalmente admitidas en una sociedad nueva en la que el hombre mismo y su desarrollo sean el fin supremo de todo esfuerzo social”.

El libro está constituido por un prólogo escrito por Erich Fromm, una introducción del autor y ocho capítulos organizados por temas. Cada capítulo trata un tema distinto, la escuela de Summerhill, la educación de los niños, el sexo, religión y moral, problemas de los niños, problemas de los padres y preguntas y respuestas.

DESARROLLO

En el capítulo I, La escuela de Summerhill, nos cuenta la historia de la escuela, qué ideales tiene, los métodos de trabajo, además incluye un Informe de los Inspectores del Gobierno Inglés, donde el colegio está muy bien valorado.

Summerhill es una escuela moderna, fundada en 1921. Situada en la aldea de Leiston, en Suffolk, Inglaterra.

A la escuela llegan niños de diversos países, desde los cinco años de edad hasta aproximadamente los dieciséis. En total suele haber veinticinco niños y veinte niñas, divididos en tres grupos según la edad.

En Summerhill cada niño tiene libertad, puede hacer lo que quiera mientras no invada la libertad de los demás. Las leyes o normas del colegio, las aprueban en asambleas generales donde todo el mundo, niños y adultos, tienen el mismo derecho a votar, y todos los votos tienen el mismo valor.

Los niños no tienen la obligación de asistir a las clases, por lo que muchos al llegar pueden pasarse semanas sin ir; pero la experiencia les ha demostrado que con el tiempo, y sin obligarles, los niños acaban asistiendo clase por el propio interés. Lo que A. S. Neill quiere conseguir son niños felices, no amedrentados por las negaciones y castigos de los adultos, y que en un futuro, sea cual sea su puesto de trabajo, sea feliz ejerciéndolo.

El autor afirma “la autonomía significa el derecho del niño a vivir libremente, sin ninguna autoridad exterior en las cosas psíquicas o somáticas”. Para A. S. Neill, el niño debe pasar por ciertas etapas de desarrollo, si en algún caso una de estas etapas no se ha superado satisfactoriamente, en un futuro puede causar trastornos al niño. Un niño es egoísta por naturaleza, y hay que dejar que lo sea, al igual que hay que dejar que jueguen, que destrocen cosas… Hay que dejarles libertad, que sean ellos quienes descubran cosas nuevas. Esto es lo mejor, ya que son ellos los que están interesados en aprender, y no un adulto el que quiere que ellos aprendan.

El miedo es el peor enemigo de la libertad. Todo miedo impuesto en un niño por un castigo o comentario hecho por los padres, se queda dentro de ellos y se muestra de formas muy diversas. “Al niño no hay que asustarlo nunca, nunca hay que hacer que se sienta culpable. No pueden eliminarse todas las reacciones del miedo, pero puede eliminarse el miedo insano que se le pone a un niño: miedo al castigo, a un Dios colérico, a un padre colérico.”

Una de las cosas que más me han llamado la atención en el libro es el capítulo III, El Sexo. En él habla abiertamente sobre muchos temas, la pornografía, la homosexualidad, la masturbación,... El autor piensa que muchos de los problemas o conflictos que pueda tener un niño, e incluso un adulto, es por culpa de la censura de estos temas durante la niñez.

Sobre el capítulo Religión y Moral, destacaría una frase “No hay ninguna necesidad de enseñar a los niños cómo han de portarse. Un niño aprenderá lo que es bueno y lo que es malo a su debido tiempo, siempre que no se le presione”.

En cuanto a los problemas que pueda tener un niño, el autor piensa que no hay que castigarle o decirles que han hecho algo mal, sino que hay que buscar la razón de porqué lo han hecho y ayudarle a solucionar ese conflicto interior.

Hay fases, como la del robo, por la que un niño debe pasar, por lo que no hay que castigarlo por ello. Cuando los pequeños hurtos se convierten en una cosa seria, es porque hay un conflicto interno por alguna causa, como pueden ser los celos de un hermano u odio hacia alguna persona. Lo que hay que hacer, es que el niño pierda esos miedos, solucionando su conflicto interior para que pueda ser feliz y libre.

Si un niño no es libre y feliz, los primeros culpables son los padres. Si los padres son autoritarios, los niños nunca podrán ser libres. Niños que iban a la escuela de Summerhill, tenían miedo de volver a casa porque los padres eran autoritarios y no podían ser ellos mismos en sus propios hogares. Esto creaba un doble conflicto, ya que los padres sentían celos de la escuela al pensar que sus hijos amaban más la escuela que a ellos. Por otro lado, también se crea un conflicto cuando los padres son libres y enseñan a su hijo a ser autorregulador y lo envían a una escuela que no tenga estas ideas. Estos casos crean en el niño un conflicto, ya que le están enseñando dos maneras de actuar o de ser, y puede que después el niño no sepa como ha de actuar, como comportarse o qué está bien y qué está mal.

Para finalizar, el autor responde a varias preguntas relacionadas con Summerhill, la educación de los niños, el sexo, la religión, la psicología y la instrucción. Estas son las que más me han llamado la atención:

Usted llama antivida a la humanidad. ¿Qué quiere decir?”

“Provida es igual a diversión, juegos, amor, trabajo interesante, aficiones, música, danza, consideración para los demás y fe en los hombres. Antivida es igual a deber, obediencia, ganancia y poder. A lo largo de la historia ha vencido la antivida, y seguirá venciendo mientras se adiestra a la juventud para que se acomode a las concepciones actuales de los adultos.”

“¿Por qué habla usted tanto de la necesidad de que los niños sean felices? ¿Es feliz alguien?”

“Si la palabra felicidad significa algo, significa un sentimiento íntimo de bienestar, una sensación de equilibrio, un sentimiento de estar satisfecho de la vida. Estas cosas sólo pueden existir cuando uno se siente libre. Los niños libres tienen caras francas, sin miedo; los niños disciplinados parecen acobardarse, desgraciados, temerosos. Puede definirse la felicidad como el estado en que se tiene el mínimo de represión. La familia feliz vive en un hogar donde habita el amor; la familia infeliz, en un hogar tenso. Pongo la felicidad ante todo porque pongo el desarrollo ante todo. Vale más ser libre y sentirse contento e ignorar qué es una fracción decimal, que aprobar los exámenes escolares y tener la cara llena de acné. No he visto nunca acné en la cara de un adolescente feliz y libre.”

CRÍTICA PERSONAL

Los ideales de A. S. Neill y el funcionamiento de su escuela me parecen muy buenos, tanto los métodos como los resultados obtenidos. Pienso que si todas las personas tuviéramos esos ideales y actuáramos en consecuencia, el mundo sería un sitio mejor donde no habría tantos conflictos y la gente viviría en paz y feliz en cualquier parte del mundo. Pero no es así y es muy difícil que llegue a serlo.

Para empezar, la escuela y sus ideales están muy bien, pero ponerlo en práctica en todos los colegios es algo utópico. Para que esto se pudiera llevar a cabo, harían falta unos grandes presupuestos para convertir a todos los colegios al estilo de Summerhill, y si se privatizaran, habría muchísima gente que no tendría el poder económico suficiente para poder enviar a sus hijos a la escuela. Por otro lado está el aspecto de que no todo el mundo, o mejor dicho, la mayoría del mundo, no comparten en absoluto las ideas de A. S. Neill. Vivimos en un mundo movido por el poder y el dinero, todos quieren tener más y ser mejores que los demás, con este sentimiento egoísta nunca se podría llegar a ser libre. Además la cultura que hemos recibido de nuestros antepasados es muy cerrada a estos cambios, y aunque poco a poco se están dejando de lado ciertos aspectos, como puede ser el machismo, costaría mucho que llegáramos a creernos todos iguales y con los mismos derechos.

De las cosas que más me ha llamado la atención, es el método para implantar y quitar leyes en la escuela, el que un adulto se considere con los mismos derechos que un niño pequeño. Pienso que es una buena forma de que los niños aprendan desde pequeños que todos somos iguales y que cuando las cosas se deciden entre todos es mucho más fácil cumplirlas que cuando son impuestas por un ser superior.

En cuanto a las clases, no acabo de comprender el método de enseñanza. Un niño asiste a clase cuando quiere, y cuando no quiere o no le apetece nova. Creo que, por ejemplo, dos niños de la misma edad que no tengan el mismo nivel escolar, pueda ser perjudicial para ellos. En un mundo perfecto como el de Summerhill, esto no supondría un problema, pero en el mundo en el que vivimos, en el que todo se mide por los conocimientos que cada uno tiene, en el que te hacen exámenes para todo, el niño que fuese retrasado en las clases por no haber asistido tendría grandes problemas para progresar en la vida. Además, creo que para que cada niño asista a clase cuando quiere y llevar muchos niveles de aprendizaje al mismo tiempo, o una de dos, o harían falta una inmensidad de maestros que atendieran a cada niño con su nivel, o unos profesores lo suficientemente cualificados como para saber llevar una clase con varios niños con diferentes niveles de aprendizaje.

El autor dice que no hay que confundir libertad con libertinaje, pero tampoco define muy bien dónde termina la libertad y dónde empieza el libertinaje. Estoy de acuerdo con él en que no hay que abusar de los niños, ni negarles en todo momento, ni castigarles y gritarles sin motivo, pero hay ciertos momentos o situaciones en que sí que hay que corregirles o decirles que lo que hacen está mal, porque pienso que hay cosas que no las podrían aprendes por ellos mismo. Como por ejemplo los modales o buen comportamiento. Pienso que no hay que imponérselos a un niño a la fuerza, pero enseñarle que hay que saludar, dar gracias o a comer con cubiertos, no creo que suponga un grave problema para el niño. A veces hay que ser cortés aunque no se tengan ganas de serlo, y eso no supone ningún perjuicio para nadie, vale que en ese momento el niño no sea libre porque no estará actuando acorde con sus sentimientos, pero yo no le veo un gran problema.

Por supuesto, estoy rotundamente en contra de los castigos físicos, de pegarle a un niño aunque sólo sea una bofetada. Por un lado, creo que es la forma en la que el niño de verdad va a tener miedo y temor del que le pega, y por otro lado, aprenderá que los problemas se solucionan a golpes en vez de hablando.

En cuanto a contar mentiras a los niños, pienso que siempre hay que decirles la verdad, siempre y cuando ellos te la pidan, no hay que ir a contarles a los niños absolutamente todo, porque hay cosas que no les interesan o no las entienden y no te preguntan sobre ellas. Por ejemplo, como explica A. S. Neill, cuando un niño pregunta de dónde vienen los niños o cualquier otra cosa, por muy complicada que sea la respuesta, siempre se puede encontrar una manera de decir la verdad y que el niño te entienda; pero pienso que por mentir en alguna ocasión a un niño, no reacciona de la manera que el autor dice en el libro. Por propia experiencia y por lo que he visto con los niños con los que he trabajado y convivido, nunca he conocido a ninguno que pregunte que de dónde vienen los bebés. He conocido a niños con madres embarazadas y estos sabían que en la tripa de su madre estaba su futuro hermanito, pero no he conocido a ningún niño que preguntara que de dónde vienen, por eso no entiendo el porqué hay tanta problemática con este tema, aunque soy de la opinión que si el niño lo pregunta, hay que decirle la verdad.

En cuanto a las mentiras del hombre del saco o de que la masturbación es mala y perjudicial para la salud, ya que la nombra tanto el autor, pienso que no hay que engañar a los niños, porque los miedos son muy perjudiciales para ellos y muy difíciles de suprimir. Pero, en cambio, el que crean que los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez existen, tampoco creo que sea malo para ellos. Yo creía en los Reyes Magos y cuando me enteré que era mentira no supuso ningún trauma para mí, ni para ninguno de los niños que conozco. Pienso que todo depende con la forma en que se traten los temas. Si cuando descubren la verdad de todos estos cuentos se le explica al niño el porqué le has estado engañando, pues para que tuviera más ilusión por ejemplo, el niño no lo toma como que le has estado mintiendo o engañando, sino que lo hacías para que fuera más feliz o se divirtiera más.

Cuando un niño es pequeño, por mucho que intentes inculcarle una religión, se la aprenderá, pero no la entenderá. En este aspecto estoy de acuerdo con el autor. Es difícil que unos padres creyentes, sean de la religión que sean, no inicien a los niños desde pequeños en esa religión, más que nada porque en todas se empiezan a formar a los creyentes desde niños. Pienso que esto no leería ser así. A un niño habría que enseñarle los valores positivos, como por ejemplo la paz, el amor, la amistad, y una vez que sea mayor y entienda de verdad lo que predica cada religión, sea él quien decida si quiere pertenecer a alguna religión o no, independientemente de la religión de sus padres o de los que están a su alrededor.

Para que un niño se desarrolle bien y sin ningún conflicto interno, los padres y las escuelas deberían tener una estrecha relación y seguir el mismo camino educativo. Quiero decir, que si a un niño le dicen en la escuela que algo está mal y en casa se lo permiten hacer, el niño va a tener un conflicto interior al que no va a saber encontrar solución. Lo mismo ocurriría si el caso fuera al revés.

En resumen, la escuela de Summerhill es una escuela modelo de las que deberíamos aprender, aunque no se pueda llevar a cabo, sí que deberían extenderse muchas de las ideas y maneras de actuar que tienen allí, sobre todo que lo más importante es el niño, y que las escuelas son para ellos. Ellos pasan la mayor parte de su infancia en las escuelas y deberían sentirse a gusto en ellas, si esto se consiguiera, no habría conflictos en los colegios y todos los niños estarían encantados de ir a estudiar. Pero por comodidad o por falta de entusiasmo, dejamos las cosas como están y no nos esforzamos en cambiarlas, y así, es muy difícil que mejoren. Por suerte, hay gente como A. S. Neill que no se conforma con lo que hay y sí que buscan soluciones, como ha demostrado, con muy buenos resultados.

NEILL, A. S. (2001). Summerhill, un punto de vista radical sobre la educación de los niños. Fondo de Cultura Económica. Madrid.