Sor Juana Inés de la Cruz

Literatura hispanoamericana del siglo XVII. Poesía y lírica barroca religiosa de América. Vida y obras. Contexto histórico y literario. El sueño. Estructura. Métrica

  • Enviado por: Adriana Reina
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 12 páginas
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INTRODUCCIÓN

¿Porqué escogí el tema de Sor Juana Inés de la Cruz?, la respuesta es muy fácil:

Una vida tan interesante, llena de tantos matices y virtudes, de tantos acertijos y porqués, de tanta cultura y altruismo, y sobre todo de tanta controversia; merece captar la atención de todo aquel que se adentre un poco más a la vida de tan admirable mujer.

El impresionante mundo que rodea a Sor Juana, al que ella misma dio forma; ahora es un legado de todo aquel que se interese por la cultura, en especial la literatura. Todos sus versos escritos, tan profundos y llenos de carácter propio, que los hacía distintivos de cualquier autor, son su obra más preciada y más atendida por la literatura actual, y de todos los tiempos.

Fue una mujer que revolucionó su época puesto que fue la única mujer que tubo acceso a la cultura, ya que todo estaba vedado para el sexo femenino. Fue un foro de expresión, fue un símbolo de intimidación para los hombres de su época, por su gran inteligencia y fue reconocida por el mundo entero, sin conocer fronteras ni barreras de ninguna índole, a pesar del esfuerzo de algunos por desacreditar su obra.

A lo largo de éste trabajo, pretendo mostrar, algunos fragmentos de lo que fue la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, así como también un pequeño análisis de solo algunos versos de “EL SUEÑO”.

El conocer la vida de Sor Juana Inés de la Cruz, ha hecho que la perspectiva del concepto que se tenía de la cultura, así como de la mujer, se enalteciera y dignificara a la vista de cualquiera que se adentrara un poco mas a lo que es sus versos, y su forma de vivir la vida; para algunos incomprensible y para otros absurda; pero llegando a la conclusión de que fue una de las mujeres más destacadas de la literatura.

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SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

Nace a las 11:00 de la noche del viernes 12 de noviembre de 1648* en San Miguel Nepantla, jurisdicción de la Alcaldía Mayor de Ozumba, Provincia de Chalco, en la Nueva España (*Otros autores datan la fecha de nacimiento en 1651). Hija de la criolla Isabel Ramírez de Santillana, quien nació en la Villa de Yecapixtla, al sur de Nepantla. El padre de Juana, el español capitán Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca, vasco, nativo de la Villa de Vergara, Guipúzcoa. El llegó a Yecapixtla, ya casado, donde conoce a doña Isabel, con quien tuvo tres hijas, la primera de ellas, Josefa.

El abuelo materno de Juana, don Pedro Ramírez, tenía alquilado (por el Convento de Sto. Domingo de México) un sitio de ganado menor (en el paraje de Papatoloyan), y cerca de allí Pedro M. Asbaje adquirió una hacienda, donde mandó construir una casa de piedra volcánica en lodo, en el paraje de Tlatelpa. En el cuarto conocido como "La Celda", nació su segunda hija, Juana Inés de Asbaje y Ramírez.

Días después la llevan a bautizar a la iglesia dominica de San Vicente Ferrer Chimalhuacán, la más cercana a Nepantla (este templo se ubica en el actual municipio de Ozumba, Estado de México, a 12km de Nepantla, por la carretera Cuautla-Amecameca).

Desde pequeña, ya daba muestras de su gran inteligencia y capacidad de memorización. A los tres años y habiendo nacido su otra hermana, María, su padre abandonó a la familia, por lo que las tres niñas y su madre partieron a la Hacienda de Panoayan (cerca de Amecameca), propiedad de don Pedro Ramírez desde 1534.

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Como en esa época sólo asistían hombres a los pocos colegios que había en la región, existían maestras llamadas "amigas", quienes daban clases particulares de lectura, escritura y matemáticas básicas. Doña Isabel envió a su hija mayor, acompañada de Juana, con una de ellas, a Amecameca. A pesar de su edad, Juana absorbió las lecciones dadas a su hermana y pidió a la maestra que también se las diera a ella, pretendiendo que doña Isabel así lo mandaba. En un par de años, Juana ya sabía leer, escribir, contar y bordar.

A su vez, las constantes lecturas con su abuelo, la enriquecen de mayor conocimiento. Don Pedro Ramírez contaba con numerosos volúmenes de temas diversos. Por otra parte, Juana se crió con los hijos de los sirvientes y esclavos de la hacienda, de origen indígena y mulato respectivamente, captando sus lenguas nativas.

Entre los seis y siete años de edad, Juana inocentemente pide a su madre que la vistiera de hombre para poder asistir a la Real y Pontificia Universidad de México, solicitud negada. A los ocho años ganó un libro como premio por escribir y declamar su primer poema: "Loa al Santísimo Sacramento", con motivo de esa fiesta en Amecameca.


Al ver doña Isabel (una mujer iletrada) los dones e inquietudes de su hija, ya de once años, y por el ambiente no tan propicio para su formación, decide enviarla a la Ciudad de México, capital y máximo centro cultural del Virreinato, donde vivían sus tíos maternos: María Ramírez de Mata y Juan de Mata.


Además, había otros factores que afectaron a Juana: la muerte de su abuelo y los amores que tenía doña Isabel con el capitán Diego Ruiz Lozano, originario de Cholula, con quien tuvo tres hijos. Esto provocó un rechazo evidente y preocupante de la niña hacia su madre.

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El acomodado don Juan de Mata tenía una biblioteca con obras de Calderón y Góngora, historias de las Indias, libros en latín, etc., los cuales lee Juana. Además, el bachiller Martín de Olivas le daba clases particulares de latín. Por si fuera poco, le eran prestados y obsequiados más libros: de gramática, teología, física, astronomía, matemática, retórica, mitología, música y literatura española, griega, latina, italiana, francesa, hebrea y portuguesa. Aprendió a leer el vascuence, el portugués y el náhuatl.


Era tanta su devoción por el estudio, que rechazaba comer queso, pensando que la volvería tonta. También se cortaba el cabello, con medida de cuatro a seis dedos, para que cuando volviese a crecer, si no sabía tal o cual cosa que se había propuesto a aprender, se lo volvía a cortar como castigo: "Sucedía así que él crecía aprisa y yo aprendía despacio, y con efecto le cortaba...que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos, cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno". Tenía un espíritu inquieto, a tal grado que descubre a escondidas la verdad acerca de sus padres, lo cual la deprime mucho.

Por su enorme facilidad para escribir versos, mucha gente le encargaba poesías para diversas ocasiones. Así, casi el único poema que debe haber escrito por gusto propio es "Primero Sueño", en cuyos 993 versos expone las situaciones que más le intrigaron.

Su fama como poetisa y su belleza llegaron hasta los recién llegados virreyes en 1664: don Antonio Sebastián de Toledo, Marqués de Mancera y doña Leonor Carreto de Toledo, a quien Juana llama "Laura" en sus poemas. Los parientes de Juana Inés aprovecharon sus influencias para colocarla en la corte del virrey, para que por un lado gozara de sustento y protección y por otro pudiera desarrollar sus dones. Tiempo después acepta el honor de ser la dama más querida de la virreina.

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Los miembros de la Corte no están de acuerdo de que una mujer invada sus dominios. Incluso los canónigos aseguran que Juana está inspirada por el demonio. Entonces el virrey invita a cuarenta sabios de la Universidad para examinar a la muchacha y así se aclararan sus dudas (si no fuera por los virreyes, Juana sería inmediatamente capturada por la Inquisición). Juana Inés, de 17 años, contesta a todas sus preguntas con éxito.

Su vida en la Corte, sin embargo, no es fácil. Por una parte, no se siente libre por estar alternando con los cortesanos y por otra, tiene que acceder a peticiones de poesías para evitarse enemistades y odios. En pocas palabras, era admirada y al mismo tiempo perseguida, por su inteligencia y belleza.

Al ver esta situación y el hecho de que los virreyes serían prontamente sustituídos, Don Antonio Núñez de Miranda, jesuita y confesor suyo, la convenció de entrar a la vida religiosa. Además, Juana sabía que las únicas opciones para la mujer de su época eran el matrimonio o el convento. Esta última era la que le permitiría concentrarse en sus estudios y no vivir en la sumisión. Por si fuera poco, su origen ilegítimo no era bien aceptado para el casamiento.


Ingresó, pues, al convento de San José, de las Carmelitas Descalzas, el 14 de agosto de 1667, a los 19 años de edad. Sin embargo, enfermó por el rigor de la orden y salió el 18 de noviembre del mismo año. Quince meses después, el 24 de febrero de 1669, entra al convento de San Jerónimo, tomando el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz. La virreina le consigue una dote con Pedro Velázquez de la Cadena, pariente lejano de la joven.


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Su nueva vida conventual era disciplinada, pero no muy rígida, por lo que Sor Juana tenía oportunidad de conversar con intelectuales (entre ellos don Carlos de Sigüenza y Góngora) y a veces con los virreyes. Aprende a cocinar, creando sus propias recetas. Entra como corista, e incluso escribe un tratado teórico sobre música, llamado "El Caracol". Es contadora del convento por nueve años y encargada del archivo. Compone villancicos y continúa con la poesía por encargo de las monjas. Desde el Viejo Mundo le envían instrumentos musicales y científicos para sus experimentos. Casi no duerme por hacer estudios astronómicos.

En 1673, los virreyes de Mancera se van, pero con la llegada de los nuevos gobernantes en 1680 (el Conde de Paredes y María Luisa, Marqueses de la Laguna), se crea una nueva amistad. A la virreina la llama "Lysi" en sus poemas y Sor Juana misma se autonombra "Julia". Por su parte, la virreina, "Laura", muere antes de partir a España, en Tepeaca, lo cual entristeció mucho a Sor Juana.

Con la llegada de los virreyes, se convoca a un concurso de poesía, el cual gana Sor Juana, con su obra "El Neptuno Alegórico". Cuando cambian a los Marqueses de la Laguna, María Luisa le promete a la poetisa que publicaría sus obras en España (con el nombre de "Inundación Castálida"), donde tiempo después la llamarían "La Décima Musa", "Fénix de América" y "Glorioso Desempeño de su Sexo". No obstante, la ayuda de la virreina desaparece con la muerte de su esposo.

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Llega en 1689 el nuevo arzobispo: Francisco de Aguiar y Seijas, antifeminista y exageradamente moralista, quien prohibe obras de teatro, peleas de gallos y corridas de toros. Pero los verdaderos problemas comienzan con el obispo de Puebla: Manuel Fernández de Santa Cruz, aparente amigo de Sor Juana. A la cual cierto día le pide hacer por escrito sus comentarios acerca de un sermón del jesuita portugués Padre Antonio Vieyra, escrito cuarenta años atrás. Sor Juana valientemente demostró los errores de Vieyra acerca de "las finanzas del Amor de Cristo" y defendió las posturas de Sto. Tomás, San Agustín y San Crisóstomo. El obispo Fernández, sin consultarle a Sor Juana, publica el escrito como "Carta Atenagórica", provocando escándalo entre toda la comunidad religiosa.


En julio de 1641 en la Cd. de México comienzan a desatarse fenómenos naturales que crean pánico en la supersticiosa gente por ser malos augurios: granizadas que provocan inundaciones y enfermedades, un eclipse solar y la plaga del gorgojo, que destruyó cosechas. Esto a su vez causó hambre y descontento entre la población, que respondió a la autoridad con violencia.


Mientras tanto, Sor Juana es sorprendida por la respuesa del obispo Fernández, bajo el nombre de "Sor Filotea de la Cruz". En la carta, critica duramente a la monja: "Lástima que un tan grande entendimiento, de tal manera se abata a las rastreras noticias de la tierra". Califica de pecaminosas sus aptitudes y conocimientos. Seis meses después de haberlo meditado bien, responde al obispo defendiendo los derechos de la mujer a tener acceso al saber. De cualquier forma, Sor Juana duda de sí misma y se deprime. La situación empeora cuando el obispo Aguiar la presiona a arrepentirse. Ella, a sus 44 años, ora, ayuna y se flagela sin medida. Regala al obispo sus libros, sus instrumentos y demás valiosos documentos para ayudar con su venta a los pobres.

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Acaba por hacer una confesión general y luego, ante el Tribunal Divino, pide perdón y firma con su propia sangre: "He sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por Amor de Dios y de Su Madre, yo la peor del mundo, Juana Inés de la Cruz". En otra protesta dice: "La más indigna e ingrata criatura de cuantas crió vuestra Omnipotencia, y la más desconocida de cuantas creó vuestro Amor".


Tras el azote de una epidemia de tifoidea que llegó hasta el convento, Sor Juana se empeñó en cuidar a las enfermas, cayendo víctima de la peste. El 17 de abril de 1695, a las 4:00 am, muere. Fue sepultada en la fosa común de las monjas.

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El Sueño.

Comentario del fragmento 730-780

En El Sueño Sor Juana Inés de la Cruz trata un tema filosófico. Se plantea la tarea de determinar si es el hombre capaz de entender la realidad y el conjunto de la creación valiéndose de su inteligencia. Todo esto se expresará mediante una aventura personal, la experiencia del sueño. Esto ocurre así, puesto que junto a esa búsqueda intelectual surge la necesidad de transcender del mundo real, de mirar las cosas desde otro punto de vista, por lo que Sor Juana pone en marcha el mecanismo literario del sueño tan frecuente en la literatura clásica. El cuerpo permanece dormido y el alma se libera de esa cárcel al modo platónico y se lanza a la búsqueda de conocimientos.

En el fragmento que nos ocupa (vv.730-780) se llega a la conclusión de que el intelecto es incapaz de entender el universo puesto que ni siquiera puede descifrar el misterio que hay detrás de lo más sencillo de la tierra. Es algo demasiado superior a él que ni siquiera pudieron dominar poderosos seres mitológicos como Atlante o Alcides.

Las palabras clave en este fragmento serán pensamiento, entendimiento o conocimiento. Todo se articulará en torno a estos conceptos pues se divagará sobre sus posibilidades. En esta línea filosófica, el concepto de razón será de gran importancia en el texto de acuerdo con las pretensiones de Sor Juana de realizar una exposición científica y lógica, por ello, todo se someterá a su dominio.

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Ese tema se desarrolla en el fragmento de acuerdo a una estructura. Podemos establecer dos partes:

  • Esta primera parte comprendería los versos 730-756. En ella se expone la imposibilidad del entendimiento humano para comprender las pequeñas realidades de la vida, los misterios de los pequeños detalles naturales como son las flores.

  • Los versos 756-780 forman la segunda parte. Ahora la autora plantea el hecho de que si el entendimiento humano no puede descifrar un solo objeto de la naturaleza y teme enfrentarse a su conocimiento no debería pretender la comprensión de los hechos del universo, pues es éste de una existencia inmensa.

  • La métrica que la autora utiliza para su exposición da bastante libertad. Se trata de una silva, una construcción poética que combina sin un orden fijo versos heptasílabos y endecasílabos. Además, la silva no exige un número determinado de versos en cada estrofa sino que permite un número indefinido. La silva, que consigue un ritmo rápido, se utilizó mucho en la poesía científica y filosófica por la libertad que ofrece, además, Góngora la trabajó en sus Soledades. Sor Juana Inés decide que es la silva adecuada para el fin científico que le mueve al escribir esta composición. La rima presenta libertad, abundan los pareados asonantes, pero no hay un sistema fijo.

    El estilo del que hace gala Sor Juana en estos versos es fiel a la estética gongorina por lo que las figuras poéticas son comunes a éste. De esa influencia del estilo gongorino se deduce, en primer lugar, el constante hipérbaton que oscurece y dificulta la comprensión de la composición, pero que la dota de un carácter culto. Por otra parte, también la elipsis acercan el texto al estilo gongorino.

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    El encabalgamiento es muy recurrente en estos versos pues da fluidez y agilidad a la exposición y la acerca a cierto prosaísmo menguado por la existencia de la rima: “...y asombrado el discurso se espeluzna/ del difícil certamen que rehúsa/ acometer valiente...”(vv.765-767). Las pausas internas son también numerosas pues resaltan lo expuesto, lo intensifican: “...candor al alba, púrpura al aurora/ no le usurpó y, mezclado, /purpúreo es ampo, rosicler nevado...”(vv.746-748).

    El nivel léxico está muy enriquecido. Es importante la presencia de epítetos, sobre todo en la primera parte donde son abundantes los colores puesto que hacen referencia a la flor: “ámbares”, “dorados”, “blanco”, “púrpura”, los que caracterizan la belleza de la creación: “frágil”, “fresca” y los de sugerente resonancia: “ebúrnea”, “escarolada”, “cairelada”. Estos epítetos consiguen crear bellas imágenes visuales: “pompa escarolada de dorados perfiles cairelada”. Las imágenes también se construyen con metáforas complejas: “tan espantosa máquina inmensa”, en este caso crea una hipérbole, con sinestesias: “dulce herida”, o con alusiones mitológicas (vv.774-775). Aparece léxico perteneciente a conceptos filosóficos al intentar acercan la naturaleza caracterizada por los epítetos anteriores a la mente humana: “pensamiento”, “conocimiento”, “entendimiento”, “comprehenderlo” o “investigar”. Encontramos personificaciones: “ámbares por qué exhala”, “... y asombrado el discurso se espeluzna...” .

    En el plano verbal, observamos que para la exposición filosófica es normal que la autora recurra a los verbos en presente y que éstos estén en tercera persona y tengan como sujeto, en gran parte de los casos, al pensamiento.

    La interrogación retórica de los versos 770-780 da fuerza al discurso y sirve para mostrar la sorpresa de la autora al descubrir que el entendimiento humano pretende comprender algo tan inmenso como el universo que le es totalmente ajeno.

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    Con el afán de hacer una localización final situaremos estos versos en su conjunto. Pertenecen a la parte central de El Sueño. En la primera aparece la llegada de la noche y la etapa en que todo se duerme, también el protagonista. La segunda parte es la etapa del sueño, el alma se ha lanzado a un conocimiento universal y aspira a la comprensión del universo. Sin embargo, fracasa cuando se imagina el alma contemplando todo el conjunto de la creación desde lo alto, debe intentar conocerlo de una forma deductiva y progresiva. Se termina por reconocer la escasa capacidad humana para comprender la creación y los versos analizados dan cuenta de eso, se sitúan en este lugar. No se debe renunciar a este conocimiento a pesar de ser imposible para el alma humana. En la parte final, la del despertar, triunfa el día y se va la noche, la autora despierta de su experiencia.

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    CONCLUSIÓN

    De este trabajo puedo decir, que fue hecho con placer, esmero y mucho agrado, pues me considero una fan, por decirlo de algún modo, de Sor Juana Inés de la Cruz.

    Me agrada recalcar, varios aspectos de su vida; infancia, adolescencia, juventud, etc. Sus obras, tan ciertas, y tan llenas de sentimientos encontrados, me hacen muchas veces identificarme con algún aspecto de lo que se menciona en ellas (sé que no soy la única), y ese lenguaje que utiliza, tan suyo y tan agradable, para el entendimiento de cualquiera, me hace admirarla aún sin su presencia.

    Ella, Sor Juana, un ser humano excepcional, con problemas y virtudes como cualquiera de nosotros; pero en una época de tan difícil estancia, sobre todo para el sexo femenino, la hizo destacar con mayor mérito, aún con problemas y obstáculos impuestos a razón de su controversia, hacia el hombre y mundo; haciendo de ésta mujer no sólo una musa de la literatura, sino una leyenda de lo que sería la mujer independiente y culta, además de exitosa en aquella época y sin saberlo de las futuras épocas también.

    Admiración y misterio es lo que describe mejor para mí a Sor Juana Inés de la Cruz; sin saber realmente lo que pasaba por su mente, y el porqué de muchas de las decisiones, enfrentamientos y rechazos, en su vida.

    Una persona culta en toda la extensión de la palabra, un ser humano con los sentimientos a flor de piel, y una mujer con las agallas de lucha, envidiadas por cualquier hombre; ella es Sor Juana Inés de la Cruz.

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    SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

    BIBLIOGRAFÍA

    PERSONAJES DE LA HISTORIA (TOMO I), UTEHA, 1980

    http:// www.sorjuana.com