Soledades; Antonio Machado

Poesía española contemporánea. Generación del 98. A un olmo seco. Estilo Tema: fugacidad de la vida

  • Enviado por: Karpediem
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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“A un olmo seco”

El poema que aquí tenemos presente “A un olmo seco” pertenece a una de las obras más conocidas, después de Soledades de A. Machado: Campos de Castilla (cursiva) (1912).

En esta obra de Machado trata temas muy variados como son la preocupación por la patria, la fugacidad del tiempo, la muerte (sobre todo después de la muerte de Leonor) o temas tan objetivo como los paisajes de Castilla, los cuales descubre maravillosamente, como vemos en “Orillas del Duero” o “Campos de Soria”.

El poema en sí lo podemos dividir en dos partes principales una que va desde el verso 1-14 y otra que se extiende desde el verso 15-30.

En la primera parte nos hace una minuciosa descripción de este símbolo tan peculiar que es el olmo. Este olmo nos aparece desde un principio como un árbol viejo, triste, podrido que ya casi no puede ya dar mas de sí, aunque, como nos dice en el verso 3-4, con esa contraposición de fenómenos atmosféricos (sol y lluvia), la primavera (abril y mayo) ha dotado de pequeñas esperanzas que se tiñen de verde.

En la siguiente estrofa mediante una exclamación retórica nos resalta esa importancia de su olmo viejo en la colina, que esta cerca del Río Duero, lo entendemos de esa preciosa metáfora (...que lame el Duero!...).

Este tronco del olmo esta herido, carcomido se recubre de una enfermedad (musgo amarillento) que lo debilita.

A continuación, en la 3ª estrofa, Machado nos hace vigente su falta de esperanza de que este olmo vuelva a vivir, nunca volverá a ser tan alegre como lo eran esos ruiseñores y álamos cantores, clara personificación que nos recuerda esa felicidad de esta naturaleza de antaño, la cual nunca volverá a ver el podrido árbol.

Este árbol, ya no puede más, esas hormigas y arañas, evidentes metáforas de la putrefacción, la comen hasta lo más profundo, evitándole así la vida.

Seguidamente, a partir del verso l5 y hasta el verso 24, cambia totalmente el tono del poema. Aquí nos encontramos un sin fin de imágenes de penetración visual que nos van descubriendo las posibles muertes de este olmo.

Machado pide a este olmo que antes de ser derribado o talado, antes de que se convierta en -“melena de campana” magnifica metáfora, antes de que el simple viento frío de las sierras blancas , metáfora de la nieve que se encuentra en estas montañas, antes de que el río lo lleve hasta la muerte, que ese el mar; le pide Machado a este olmo, que senos presenta como vocativo (verso 26) para llamar nuestra atención, que aún le deje disfrutar de su gracia vital.

Y por último, en los 3 versos finales Machado no deja oír su último grito de desesperación que dan otra vez un tono de esperanza, con ese paralelismo existente entre la luz y la vida, al poema. Además esa ilusión de volvemos a ver, como al principio, representada por la primavera milagrosa, que puede dar unos tonos verdes aún esperanzas de vida .

Vemos a lo largo del poema la importancia del tiempo. Esto lo podemos ver claramente con los cambios de tiempos verbales existentes; en un principio nos topamos verbos, en su gran mayoría en pasado (hendido, podrido, han salido) o presente continuo (van trepando)

Más adelante, en cambio, encontramos la mayoría de los verbos en un presente que nos indica un futuro próximo, no muy lejano, casi palpable.

Cabe destacar la obsesión que inquieta a Machado porque este tiempo pase rápido, pues nos repite casi continuamente en la 2ª parte del poema al principio del verso la palabra ANTES que....

En cuanto a los sustantivos podemos notar claramente el estilo nominal que caracteriza a Machado, abundando ante todo los nombres.

Los adjetivos que describen el Olmo, por su parte, son extremadamente tristes y sin esperanzas (centenario, carcomido, polvoriento....).

Pero creo imprescindible mencionar la gama de colores que encontramos a lo largo del poema, donde el verde esperanzado y el blanco de las montañas, se contraponen a esos grises y amarillos que describen al olmo podrido y descompuesto. Esta utilización de amplias gramas de colores es muy característica de Machado.

Además realiza un perfecto juego con los pronombres que designan al árbol. En un principio, hasta el verso l4, el olmo es tratado en 3ª persona, como si estuviera más lejano y sólo quisiera realizar una descripción del mismo. Pero a partir del verso 15 el olmo es tratado de tu, Machado realiza un continuado diálogo con él que lo acerca y demuestra su importancia por el autor.

En el poema encontramos una gran cuestión filosófica que ha preocupado al hombre desde el principio de los tiempos, la inestable fugacidad de la vida (fugit) y la repentina aparición de la muerte delante de nuestras narices. Probablemente este olmo no puede recordar la importante figura que representó Leonor para Machado, que murió pocos meses después de escribir este poema.

Es evidente la similitud existente entre el verso 24 y aquellas estrofas de J. Manrique a la muerte de su padre en las que se nos recordaba que “nuestras vidas son los ríos que van a parar al mar, que es el morir”.

Cabe destacar como Machado utiliza la figura del árbol, punto de partida para expresar su angustia para no tener en ningún momento que mencionar la tristeza que lo hunde por ver que llega la hora de su amada Leonor.

Veamos como en este poema se funden maravillosamente tres temas que encontramos siempre presentes en esta obra de A. Machado: los recuerdo de los paisajes de Castilla ,su amada y perdida Leonor y el tiempo fugaz.