Soledades, Galerías y otros poemas; Antonio Machado

Literatura española del siglo XX. Poesía. Infancia. Vitalidad. Muerte

  • Enviado por: Wanjiru
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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En este trabajo se realiza un estudio sobre algunos de los poemas de Antonio Machado, un importantísimo poeta sevillano (1875-1939). A finales de 1902 apareció publicado su libro Soledades, esta obra se reeditó en 1907 con el título de Soledades, Galerías y otros poemas. Por ser considerada una obra de suma importancia en la literatura española es por lo que el estudio se centra en los poemas que en ella aparecen.

Tanto en los poemas III, V y VIII el tema principal es la añoranza de la vitalidad y la alegría infantil en contraste con la monótona y apagada vida de los adultos. Machado utiliza en sus poemas las distintas estaciones o partes del día para dar una sensación u otra, o reflejar en ella una parte de la vida. Por ejemplo en el V, utiliza la tarde para crear un ambiente frío y aburrido en el que resalten los colegiales.

En el texto VIII el autor asemeja la inocencia de la infancia, que hace que todo lo que dice lo haga sin que signifique nada así como lo hace también la fuente.

Sin embargo la fuente actúa como un observador inalterable que sin inmutarse recuerda hechos que quizás sean preferibles olvidar ya que pueden traer pena y nostalgia.

En el poema XLVIII se alude a las moscas como un símbolo constante, como algo que está presente en todas las etapas de una vida y que, por tanto, pueden evocar recuerdos de cada época. A la vez, aparecen vivaces, activas y alegres igual que si fueran niños.

Los sentimientos infantiles a los que se hace alusión en los poemas XCII y XCIII son la ilusión y a la esperanza que se pueden despertar en un niño por el deseo de conseguir algo. En el XCIII se trata concretamente de las ganas de llegar a una etapa más adulta que bien podría ser la adolescencia o la juventud.

El poeta utiliza frecuentemente objetos o las horas del día que a él inspiran más, que son claramente inanimados, y les da un carácter humano, hasta el punto que llega a hablarles o, incluso, a dialogar con ellos. Estos suelen ser la tarde, a la que Machado elige como un símbolo triste, aburrido, en el que hay tiempo y se da el ambiente propicio para recordar hechos pasados, y la fuente que también hace que acudan a la memoria recuerdos tristes y dolorosos que son preferibles olvidar, pero que la monotonía transmitida por ella hace imposible.

En el poema VI la fuente dialoga con el yo poético para hacerle recordar el dolor y la amargura que en una tarde lejana pasó junto a ella. El yo poético, que parecía haber olvidado la penuria de esa tarde, se aleja comparando su pena con la monotonía de la fuente. En este poema, el tiempo parece que no pase o que se repita, haciendo, que la tarde de la que hablan, parezca muy presente.

En el texto VII la tarde le recuerda al yo poético otra de antaño en la que tenía lo que le hacía feliz y que ahora, al faltarle, le hace sentirse vacío y triste. La fuente es la representación de los recuerdos de la época en la que se sentía completo.

Los sentimientos y el aspecto del paisaje que intervienen en el poema XI están estrechamente relacionados. El yo poético, al principio de los versos, está melancólico y puede que, por eso en principio, el paisaje sea de una tarde, ya que es el espacio del día que más le recuerda a Machado este sentimiento. Después hay una evocación de un paisaje mucho más positivo que creo que tiene mucha relación con una época en la vida ya pasada que recuerda como buena. Poco a poco, la tarde va cayendo, lo que implica que, tanto el paisaje como el sentimiento, se vuelven más negativos aún. Los caminos sugieren la vida que poco a poco se apaga a la par que ellos se vuelven serpenteantes o se oscurecen.

En el poema XII a lo que llama amada es a la muerte. Los recuerdos toman una especial importancia en el texto XVIII ya que serán lo único que se lleve a la otra vida y de los que sacará su único consuelo.

En el texto XXI el presentimiento de una muerte próxima crea inquietud. El yo ve que se acerca la hora de su muerte una vez que el reloj marque las doce, como si esta fuera una hora crítica.

En el poema LXXVIII el yo poético duda acerca de sí la muerte en sí arrastra al olvido todos los recuerdos y todas las sensaciones vividas de la persona que muere.

En el poema I el paso del tiempo influye de forma decisiva en la vida del hombre del que se habla en el texto. Se puede observar como el avance inalterable del tiempo puede causar estragos en el transcurso de la vida de una persona sin que luego pueda remediarse. Puede que la loba simbolice la juventud, ya que dice que esta ha pasado, que está muerta. La frase todos callamos puede que exprese que todos moriremos inevitablemente.

En el texto XXXV el autor medita al borde del sendero sobre el poco tiempo que le queda de vida y de la cercana venida de Ella, que es claramente la muerte.

En el poema XLIX se diferencian claramente dos partes. En la primera se extiende desde el verso 1 hasta el 8. En ella el autor hace notar la falta de amor, lo que le provoca soledad y melancolía. La segunda parte va desde el verso 9 hasta el 18. El autor no consigue recordar como es la joven que suele describir en un verso hasta que una tarde lo consigue al aspirar el olor de un rosal. Dice que, al recordarla, se sume a solas en su tristeza.

La evocación de la juventud pasada y malgastada hacen que el autor desee haber aprovechado esa fase de su vida para en el presente poder conservar buenos recuerdos de ella en el poema LXXIV. En el LXXXVI los recuerdo pasado son muy positivos en comparación con el estado presente, se ve a sí mismo como algo arruinado y sin valor.

El poeta refleja claramente en estos versos la angustia que le produce el paso inalterable del tiempo, ya que este hace que se vayan perdiendo cosas ganadas y etapas vividas o que no se han sabido aprovechar debidamente.

Antonio Machado cuenta sueños en sus poemas o hechos que le parece soñar. En el poema LXIII es atraído por algo y, sin él quererlo es llevado a una especie de infierno, sin embargo en el LXIV lo que le atrae o llama es algo que le inspira confianza, que conoce y aprecia, por lo tanto lo sigue seguro y confiado. Estos poemas se parecen entre sí, además de por el contenido, por su forma o estructura. En ambos es conminado a seguir lo que es descrito y lo que ello le inspira, sucedido de una negativa o una aceptación.

En los poemas XXII y LXX el sueño se puede interpretar como una fase de conciencia en la que se ven los diferentes caminos que se pueden tomar. Los caminos pueden aparecer como un símbolo de las distintas formas de vida.

Uno de los temas que trata Machado en sus poemas son el amor, y la angustia que provoca el no tenerlo. En el poema LIX los sentimientos de ansia por tener algo que ocupe el corazón del poeta se expresan dentro de los sueños. En el texto LX también se alude a la actividad del corazón que parece dormido aún cuando no lo está, por lo tanto la comparación con el poema anterior sugiere que todo lo explicado en el primero era un sueño pero que ahora es una realidad.

En el poema LXXVII la causa de la angustia mencionada en el texto es la angustia y la soledad. En la última parte del poema Machado manifiesta que también le preocupa la búsqueda de Dios, posiblemente como algo que le dé sentido a su vida, que le llene de esperanza, y que encontrará difícilmente ya que lo busca entre la niebla. En este poema utiliza varias comparaciones. “Borracho melancólico” puede venir a significar que está embriagado al tener siempre el mismo estado de melancolía, “guitarrista lunático, poeta” bien puede significar que asemeja su poesía con música y “pobre hombre en sueños” puede que se refiera a que siempre va pensando en lo sucedido, pero en la realidad ya que los sueños, en la poesía machadiana, son un símbolo del estado de conciencia.

Los habitantes de las tierras castellanas son divididos en dos grupos en el poema II. Uno está lleno de gente prepotente, que creen ser sabios y se ven a sí mismos superiores. El poeta los desprecia y cree que lo único que hacen es estropear el ambiente. En el otro grupo se encuentra la gente sencilla y humilde, que trabajan lo que tienen y disfrutan solo cuando pueden conformándose. Machado muestra una mayor simpatía hacia esta clase de personas.

En la descripción de Soria, en el poema IX, el vate refleja claramente el afecto que siente por la tierra soriana ya que describe el paisaje de una forma casi emotiva. En él domina la alegría y la belleza de las montañas, árboles y del entorno en general. Se podría decir que el poeta se siente intensamente feliz cuando observa el paisaje que está describiendo.

En el poema XXXI se puede hablar de subjetividad ya que no creo que toda persona que observe lo descrito lo definiera de la misma manera, ni tampoco el mismo poeta si lo hubiese observado en otra época o encontrándose con otro estado de ánimo.

En el poema L se describe el paisaje de una zona cercana a un río a principios de primavera y es por eso por lo que todo parece tomar un nuevo color, todo brota de nuevo y se ve brillante. Esta visión le hace pensar al yo poético que ha perdido o dejado pasar una parte muy importante de su vida simbolizada por la primavera, la juventud, y espera poder llegar a retomar ese tiempo algún día. Este texto se parece mucho al LXXXV ya que los dos versan sobre el mismo tema: la añoranza de una juventud pasada, y desaprovechada, recordada por todo lo que nace y se renueva en primavera. Los dos poemas tienen una estructura similar: ambos empiezan con la descripción de un paisaje a principios de primavera, en el que todo renace nuevo y con más fuerza, después hay una breve reflexión sobre lo que este paisaje evoca, la juventud, y una queja por que haya pasado ya.