Sócrates

Filosofía griega. Presocráticos. Sofistas. Saber socrático. Tema del hombre. Discípulos

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1. EL PENSAMIENTO ANTES DE SÓCRATES.

La filosofía presocrática se cultiva y desarrolla en la zona de expansión griega por el Mediterráneo, desde principios del s. VI a. C. hasta la mitad del s. V a. C., fundamentalmente en dos ámbitos: las colonias jónicas y las colonias itálicas. Así se crearon dos estilos distintos de hacer filosofía, el jónico, más apegado a la experiencia y de orientación más materialista, y el itálico, más especulativo y de carácter más espiritualista.

El mundo religioso griego no estaba organizado en una iglesia ni tenia una teología controlada por una casta sacerdotal, sino que podía admitir ciertas interpretaciones y modificaciones que evitaban la imposición de un control teocrático. Junto a la religión tradicional homérica, de carácter mitológico, coexistía la popular, que admitía más fácilmente influencias exteriores. Aquí surge la aparición de la filosofía, en un nuevo marco de la expansión comercial, que pone al mundo griego en contacto con diversas culturas y modifica definitivamente, junto con las Guerras Médicas, la estructura social ateniense creándose el modelo democrático de la “isonomía”, que da igualdad a los ciudadanos ante la ley.

Los presocráticos son los filósofos anteriores a Sócrates, y a su vez son considerados los primeros barruntos de la filosofía griega que puede considerarse como verdadera filosofía, porque después de ellos hay una filosofía plena e indudable. Los últimos presocráticos son contemporáneos a Sócrates, en la segunda mitad del s. V, pero quedan incluidos en ese grupo por el tema y el carácter de su filosofía.

En toda la primera etapa de la filosofía se trata de la naturaleza, por ello Aristóteles llama a los primeros pensadores “físicos”, porque hacen una física con método filosófico. La relación entre el mito y la filosofía es muy próxima y constituye un grave problema, pero se trata de cosas muy distintas. Los filósofos presocráticos se enfrentan con la naturaleza con una pregunta retórica, pretenden decir qué es, y esto no puede contestarse con un mito, sino con filosofía. Recurren de las respuestas que dan los mitos y la tradición a un nuevo instrumento de certeza, la razón.

Les extraña o asombra el movimiento, que para los griegos esta palabra tiene un sentido mucho más amplio que en nuestra lengua, equivale a cambio o variación. Distinguen cuatro clases de movimiento:

  • el movimiento local, el cambio de lugar;

  • el movimiento cuantitativo, el aumento y la disminución;

  • el movimiento cualitativo o alteración;

  • el movimiento sustancial, la generación y la corrupción.

  • Todos ellos perturban e inquietan al hombre griego, ya que le hacen problemático el ser de las cosas sumiéndole en la incertidumbre, y no sabe a que atenerse. Por ello, lo verdaderamente interesante es la pregunta que inicia la aparición de la filosofía: ¿qué es de verdad todo esto, qué es la naturaleza o principio de donde emerge todo?

    No se conserva ninguna obra de los filósofos presocráticos, sólo fragmentos o citas de sus obras en autores posteriores y los testimonios, a partir de lo cual es preciso reconstruir su pensamiento.

  • LOS SOFISTAS Y SÓCRATES.

  • Desde el s. V a. C. comienza una fase nueva de la filosofía en Grecia, que se caracteriza esencialmente por la vuelta del hombre sobre sí mismo. A la preocupación por el mundo sucede la preocupación por el hombre. Los problemas más acusadamente humanos no son abordados de forma prioritaria, sino que se abordan en el marco más amplio de preocupación por la explicación cosmológica.

    Hasta entonces, los autores y las escuelas se habían caracterizado por ofrecer diversos modelos explicativos de la realidad de la naturaleza.

    El movimiento sofista, en cual incluimos a Sócrates, comienza en este siglo iniciando una nueva temática que puede encuadrarse en lo que llamaríamos una “filosofía moral y política”, que recoge las preocupaciones que los propios ciudadanos atenienses manifiestan en sus conversaciones en la plaza pública. Una de las aportaciones más importantes de estos pensadores reside en iniciar una reflexión sobre las estructuras políticas y jurídicas de la sociedad helénica y sobre los comportamientos morales del ciudadano. Estas son cuestiones que anteriormente apenas habían sido tocadas y constituyen ahora el centro de atención y el objeto de crítica racional.

    Los sofistas son profesores ambulantes, que van de ciudad, enseñando a los jóvenes; y enseñan por dinero, mediante una retribución, caso nuevo en Grecia y que resultó un tanto escandaloso. Tenían gran brillantez y éxito social; eran oradores y retóricos, y fundamentalmente pedagogos. Pretendían saber y enseñar todo, y desde luego, cualquier cosa y su contrario. Tuvieron gran influencia en la vida griega, y fueron considerados personajes muy importantes; algunos, de gran inteligencia. Pero aquello por lo cual nos interesan en este ámbito, son las interferencias que tienen en la sofística con la filosofía.

    La palabra sofista se deriva de la misma voz que sofía, que significa sabiduría. Aristóteles dice: “La sofística es una sabiduría aparente, pero que no lo es, y el sofista, el que usa de la sabiduría aparente, pero que no lo es”. En estas citas se caracteriza el problema de la sofística; habla de temas filosóficos, y parece una sabiduría, pero no lo es.

    La sofística plantea una vez más el problema del ser y el no ser, pero a propósito de sí misma y del hombre. La idea de lo que el hombre debe ser, de la aristocracia, se había transformado en Grecia. En vez de ser ya el hombre bien constituido y dotado, buen guerrero, es el sabio, que sabe lo que se hace y lo que se dice, el buen ciudadano. Cuando esto se generaliza en Grecia, el resultado es una democracia.

    La vida del hombre se ventila en las asambleas y en la plaza pública, en los tribunales, y es ahí donde hay que hacerse presente, discutir las leyes que convienen a la población, desenmascarar los intereses privados o de grupo que pueda haber tras los discursos y las leyes establecidas. Pero todo esto requiere de un saber práctico del discurso, la elocuencia y la facilidad expositiva, y aquí es donde actúan los sofistas.

  • LA FIGURA DE SÓCRATES: su tiempo y su espacio.

  • Sócrates nació alrededor del año 469 o 470 a. C. y muere a los setenta años, en el 399 a. C., al comenzar el s. IV, que será el de máxima plenitud filosófica en Grecia. Llena la segunda mitad del s. V ateniense, de donde éste procede.

    Pertenece a un grupo social poco distinguido, ya que era hijo de un escultor y una comadrona, y decía que su arte era, como el de su madre, una mayéutica, un arte de hacer dar a luz a la verdad. Es una de las personalidades más interesantes e inquietadoras de toda la historia griega; apasionó a sus contemporáneos, hasta el punto de costarle la vida, y su papel en Grecia y en la filosofía no carece de misterio. Ya que tuvo una actuación digna y valiente como ciudadano y soldado; pero, sobre todo, fue el hombre del ágora, el hombre de la calle y de la plaza, que habla e inquieta a toda Atenas.

    Al principio Sócrates pareció un sofista más, pero más tarde se vio que no lo era, sino al contrario, había venido al mundo para superar la sofística y restablecer el sentido de la verdad en el pensamiento griego. Tuvo pronto un núcleo de discípulos atentos y entusiastas, lo mejor de la juventud ateniense, y aun de otras ciudades griegas, quedó pendiente de las palabras de Sócrates.

    La acción socrática era exasperante. Un oráculo había dicho que nadie era más sabio que Sócrates; pero éste, modestamente, pretende demostrar lo contrario preguntando a sus conciudadanos, por las calles y plazas, qué son las cosas que él ignora; esta es la ironía socrática. Todos los ciudadanos; el zapatero, el militar, el gobernante, la cortesana, el sofista; todos reciben las saetas de sus preguntas. ¿Qué es el valor, qué es la justicia, qué es la amistad, qué es la ciencia? Pero ellos no lo saben tampoco, ni tan siquiera tienen conciencia de su ignorancia, lo cual Sócrates si tenía, y a la postre resulta que el oráculo tiene razón. Esto es superlativamente molesto para los interrogados, y ese malestar se va condensando en odio, que termina en una acusación contra Sócrates “por introducir nuevos dioses suprimiendo a los antiguos y corromper a la juventud”, proceso absurdo, que fue tomado por Sócrates con serenidad e ironía, y una sentencia de muerte, aceptada serenamente por éste, que bebe la cicuta en aguda conversación sobre la inmortalidad con sus discípulos, rehusando a faltar a las leyes injustas con la huida que le proponen y aseguran sus amigos.

  • EL SABER SOCRÁTICO.

  • La oposición mayor de Sócrates va contra los sofistas, tiende a demostrar la inanidad de la supremacía de la ciencia y por ello frente a los retóricos discursos de los sofistas pone su diálogo cortado de preguntas y respuestas. Si nos preguntamos cual es la aportación socrática a la filosofía, encontramos un pasaje de Aristóteles en el que dice categóricamente que le debemos dos cosas: “los razonamientos inductivos y la definición universal”; y añade que ambas cosas se refieren al principio de la ciencia.

    Cuando Sócrates pregunta, pregunta qué es algo, pidiendo una definición. Definir es poner límites a una cosa, decir lo que algo es, su esencia; la definición nos conduce a la esencia del ser, y por lo tanto, al saber entendido como simple discernir o distinguir le sucede un nuevo saber como definir, que nos lleva a decir lo que las cosas son, a descubrir su esencia.

    De aquí arranca toda la fecundidad del pensamiento socrático, centrado nuevamente en el punto de vista del ser, de donde se había apartado la sofística. Sócrates trata de decir verdaderamente lo que las cosas son. Y por ese camino de la esencia definida se llega a la teoría platónica de las ideas.

    Para Sócrates, el conocimiento está en asumir la propia ignorancia, ya que al creer saber algo es difícil emprender el camino de la búsqueda del conocimiento.

    El método para llegar a la verdad se deduce de este planteamiento y lo presenta en dos momentos:

  • La ironía. Consiste en el diálogo con sus amigos; sus enseñanzas las realizaba en una conversación con una serie de preguntas dirigidas.

  • Mayéutica. A partir del reconocimiento de la ignorancia comenzaba la función de dar a luz a los conceptos verdaderos.

  • 5. EL TEMA DEL HOMBRE. La ética.

    Sócrates siente principalmente la preocupación por el hombre, lo cual era también propio de los sofistas y de toda la época, pero él considera al hombre desde un punto de vista distinto: el de la interioridad. “Conócete a ti mismo” dice Sócrates, pon tu interioridad a la luz. Y esto trae un sentido nuevo a Grecia, un sentido de reflexibilidad, de crítica, de madurez, con el que el hombre griego se enriquece aunque ello le cueste perder algo del impulso ingenuo y animoso con que se habían vivido los primeros siglos de la historia griega.

    En este sentido no se puede hablar de corrupción, pero si es cierto q Sócrates alteró decisivamente el espíritu de la juventud ateniense, del cual habla Ortega y Gasset en el “Espíritu de la letra”.

    El centro de la ética socrática es el concepto del areté, refiriéndose al concepto de virtud en un sentido distinto del usual, y que se aproxima más al que tiene la palabra al hablar de las virtudes de las plantas o de un virtuoso violín. La virtud es la disposición última y radical del hombre, aquello que para lo cual ha nacido. Esta virtud es ciencia. El hombre malo lo es por ignorancia; el que no sigue el bien es porque no lo conoce, por esto la virtud puede enseñar (ética intelectualista), y lo necesario es que cada cual conozca su areté.

    Este es el sentido del imperativo socrático: “conócete a ti mismo”. Por eso es un imperativo moral, para que el hombre tome posesión de sí mismo, para que sea dueño de sí, por el saber. De la definición socrática sale el problema de la esencia y con él toda la metafísica de Platón y Aristóteles, de la moral de Sócrates arrancan todas las escuelas éticas que llenaran Grecia y el Imperio romano, primero los cínicos y cirenaicos; luego los epicúreos y estoicos. Toda la filosofía griega desde comienzos del s. IV tiene raíz en Sócrates, lo que en él está solo apuntado o esbozado tuvo que realizarse en su fecunda tradición.

    Sócrates tuvo una aportación doctrinal modesta a la filosofía. No fue un hombre de muchas y profundas ideas metafísicas, como habrían de serlo Platón y Aristóteles. Su papel fue prepararlos y hacerlos posibles, situando a la filosofía, por segunda vez, en la vía de la verdad, en la única que puede seguir y de la que había sido desviada por la retórica sofística, por la aparente sabiduría del buen decir, incapaz de ser otra cosa que opinión.

  • SUS DISCÍPULOS.

  • Sócrates no escribió nunca nada, como ya cite en el apartado en el que me refiero al “pensamiento antes de Sócrates”. Conocemos su pensamiento por referencia de otros filósofos, especialmente de sus discípulos.

    Jenofonte escribió las “Memorables”, dedicadas a los recuerdos de su maestro; también un “Symposion o Banquete” y una “Apología de Sócrates”.

    Pero sobre todo Platón es quien ha conservado el pensamiento y la figura viva de un Sócrates que difiere bastante del de Jenofonte. El Sócrates platónico es incomparablemente más rico, profundo y atractivo que el de Jenofonte. Platón hace de Sócrates el personaje principal de sus diálogos y pone en su boca la filosofía propia. Resulta a veces difícil determinar dónde termina el auténtico pensamiento socrático y dónde empieza la filosofía original de Platón, pero la cuestión es clara en la mayoría de los casos.

    Otra fuente de información sobre Sócrates, no por indirecta menos valiosa, es Aristóteles.

    • BIBLIOGRAFÍA.

    • Marías, Julián. “Historia de la filosofía”, Alianza Universidad Textos, Madrid, 1941.

    • Ortega y Gasset, José. “Espíritu de la letra”.

    • S. Rábade - E. García - R. Jiménez - A. Millán - J. A. Del Río, “Historia de la filosofía”, Almadraba Editorial, Madrid, 2003.

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