Sociología Humana

Sociología. Sociedad Humana. Individuos agrupados. Asociaciones. Grupos sociales. Organización. Ciencias humanas. Antropología. Economía. Historia

  • Enviado por: Hector
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 40 páginas
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Sozoología Humana.

El hombre siempre será imprevisible y mordaz, cada vez que se lo proponga. Hoy en un bulevar, una calle o avenida, se puede contemplar la marejada humana en el rebusque del subsistir cotidiano; siempre encontraremos en ese inmenso espejo imaginario y en un sin fin de expresiones, de mundos, estilos de vida; personalidades capaces de caricaturizarnos a cada uno de nosotros. Allí, además de una sonrisa burlona, ese circo callejero nos arranca un sentimiento de lástima o de piedad, por el hombre. Vemos una inmensa colonia de hormigas, ratas urbanas domesticadas, perros callejeros, habitantes de las alcantarillas, ladillas sociales... una jauría de hombres y mujeres con hambruna de vida, de espacio, de sensaciones, de amor, de compañía. Hombres masa, hombres mediocres, lumpen; y toda una clase de personajes arrancados de la novela más miserable e inmisericorde, que se escribe a diario con la tragedia del hombre común. Todos representamos un roll, un papel o un personaje en el teatro del absurdo; todos mezclados, o interrelacionados en la coctelera social. Un carnaval y un circo, siempre serán muy similares a un evento social.

El maestro, pocas veces hablaba de las personas o de la sociedad. “El zoológico humano”, “El hermano rata” y una infinidad de personajes y animales que se volvían uno, a medida que aprendíamos a ver y descifrar figuras como fenotipos, fueron conformando su mundo mágico, esa gran suciedad del pudridero, de donde rescataba sus personajes.

Míralos... observa su aspecto exterior; toda su vestimenta nos dice demasiado de ellos: sus cortes de pelo, sus peinados, sus movimientos, gestos o actitudes, formas de andar, de saludar, de mirar, de sonreír o reír. La calidad y aspecto de los trajes y los accesorios, tonos de corbatas, camisas, calzado. Los rostros... sin intercambiar palabras podríamos descifrar demasiado de ellos, ya que reflejan los estados de las almas; no es un juego, ni es una manera de burlarnos de ellos, es la sociología y psicología viva... es la arqueología en vida del hombre contemporáneo, ya que muchos parecen o parecemos, momias recién resucitadas. Lo que más me llama la atención, día a día, es como me convenzo de que todos, no somos más que ejemplares de un inmenso y absurdo “zoológico humano”. Unos más y otros menos evolucionados, dentro de la misma especie, a pesar del amplio espectro.

No todos somos bestias, ni brutos, ni alimañas. Algunos hemos desarrollado una mayor o menor capacidad de aprendizaje. Fíjate en el comportamiento en un evento social: en un funeral, un matrimonio, en un casino, bar o discoteca. El hombre es un camaleón perfecto, un saltamontes profesional, cuando rebusca oportunidades o se guía por el instinto del abdomen; o se comporta como un grillo, cuando parece tener su sistema auditivo en las patas, y sus decisiones son un mar de errores. Puede hacer hervir o congelar su sangre, con una facilidad e ironía asombrosa, como la palabra de los murtes. El hombre es y será un teatrero, un saltimbanqui, un mendigo profesional. Vive adaptando obras teatrales y papeles. Ajustándose a medios ambientes, saltando en segundos a diferentes condiciones estaciónales del alma. El hombre es y será una caja de Pandora; a veces me sorprende el salto o cambio casi instantáneo: de un comportamiento salvaje, al de un amoroso esposo o a un padre amante.

El hombre es y será: el rey de las máscaras; ¡jamás conoceremos sus mil rostros!; es y será, el rey camaleón para unos; para otros, será el rey de la selva, el amo de la jungla de cemento y concreto. Cuando se comporta como un león, aunque no lo veamos adormilado a toda hora, sí puede estar a merced de los favores integrales de sus hembras, como un gigoló. El hombre león vive orgulloso de su melena, y vive convencido que su sola presencia atemoriza y ruge para que le coman carreta por temor, creyendo que así, lo arregla todo; observo que en el fondo de su alma, habita un gran cobarde. Vive persuadido por sus propios engaños; es iluso, narcisista y parece vivir del mito de la imagen que se les creó. Muchos parecen vivir estacionados en una eterna primavera.

Hay mujeres leonas, luchadoras; aman y gozan teniendo a un león a su disposición. Gracias a ellas sobreviven las manadas y la especie. Ellas son las que enseñan a sus cachorros a cómo sobrevivir. Respetan al macho, aunque el león poco se entera de los pasos de sus hembras, y casi ignoran a sus cachorros. Muchas leonas castradoras terminan por convertir en inútiles, a sus manadas o machos.

Los hombres tigre y pantera, son más luchadores, más agresivos y perseverantes. Aveces son o actúan, como gatos tímidos, pero siempre son de poco fiar. Por lo general son buenos cazadores de oportunidades, ganadores, grandes ejecutivos de negocios y ventas; exquisitos en sus estilos de vida; casi siempre, ¡conquistan y logran lo que desean!.

Ojee a aquel... como un cerdo con las manos sucias, se unta todo el hocico y habla con la boca llena. Engulle lo que sea. Es un carnívoro sin clase para nada y vive para comer... pero, fíjate en su compañera: ¡Dios los crea y ellos se juntan! Unidos desbaratan cualquier cama; imagíneselos follando, luego roncando... esos no comen, ¡devoran! Creo que han perdido la dignidad y el amor propio. Los “don cerdo” se les podría denominar...son burros con plata, cerdos que se alimentan con perlas,¡son los murtes de la mesa!

¡Mire qué maravilla! Parece que toda la selva estuviese desfilando; es el carnaval del reino animal. Hoy, el infierno y el paraíso parecen estar de fiesta... esa mujer... no la que se parece a la chica de Ipanema, sino aquella ballena que desocuparía la calle, si fuera una alberca. Ese tanque parece un panzer alemán o un embutido de salsamentaría. Se ve bruta, cero lectura, poca pasión, bonachona, generosa, risueña. Amante de la buena cocina y de las golosinas. Es de la familia de los cetáceos y las llamaremos: “los ballena”. Los miembros de este grupo, son de una forma de ser tierna y exquisita. Inspiran más cariño que respeto, ya que a nadie hacen daño; todos los días para ellos, son de fiesta; sólo generan grasa y viven para invernar, aunque devoran con más clase y estilo que los cerdos...nos parecen moscas portosierras, porque es difícil imaginar su forma de reproducción.

El hombre o la hembra cachalote es más juvenil, más dinámico, gordito por contextura, pero natural, ciento por ciento. Buen bailarín, exquisito, refinado, buena vida. Es un gocetas, es sólo risa, cariñoso y tierno. El cachalote es auténtico. Este tipo de gorditos y gorditas, sí gozan de una autoestima normal o alta. Muy diferentes a la morsa, que son lerdos. Vejestorios contemplativos. Son ese tipo de personas que parecen vivir para comer y aguardar la muerte. Todo en su cuerpo luce grotesco. Son los clásicos bojotes de carne, sin clase, ni gracia. Viven como animales estabulados e inflados a partir de hormonas, a este grupo podría pertenecer la gran reina de los murtes.

En cambio, aquella mujer parece una osita, cariñosa, tierna, velludita como un muñeco de felpa. Si se enfurece, es capaz de destrozarte con las garras. Hay que saberla llevar ¡siempre por las buenas! Cuando está rodeada de su camada, conforma uno de los cuadros más tiernos de la naturaleza. Ama la miel; quizás por eso, es tan dulce, pero... ¡hay quien se meta con uno de sus ositos! ...¡mata y come del muerto!. Es curioso, pero detrás de una osa, uno siempre se imagina a un oso. Las personas oso solo inspiran ternura y aman con gran ternura. La filantropía corre por sus venas.

El oso es y será la figura paterna estereotipada para el hombre. Es buena vida, se rebusca o caza por su propia cuenta. Le encanta la naturaleza, los bosques y pescar con sus garras. Inverna y vive, sin complicarse cada estación. El hombre oso hace respetar su territorio, aunque es un poco tímido y curioso. No es tan fiero, ni peligroso como el hombre lo quiso hacer ver. Cada día estamos aprendiendo a convivir más con ellos. Hay osos de osos: Blancos, negros, grises, marrones... pero siempre se asociará al oso, con un fenotipo de buena gente, bonachón, mimoso. Las personas de este espécimen o grupo, siempre inspirarán una inmensa ternura. Son un copo de algodón con sentimientos nobles.

Aquel hombre oscuro, gris y ermitaño, es un típico “hombre tortuga”; lento, lerdo, sucio, pesado; luce como el carguero de una inmensa concha - caparazón sobre sus espaldas-. Nada le toca, ni le inmuta. Hasta el tiempo pasa de largo sobre ellos. Aveces hasta la muerte termina por ignorarlos, cuando se cansa de aguardar. Estas personas lucen obtusas, pues parecen brutas, pero no olvidan; luego de atravesar un océano, de recorrer medio mundo, regresan a desovar a la playa donde nacieron. En este grupo podemos incluir a las personas rencorosas, a las que jamás olvidan, ni perdonan; las que viven atrapadas con una nuez en el alma y en los sentimientos. Los tortuga, viven un tipo de autismo a su manera; son personas castradas por la sociedad y muchas veces por sus familias. Por culpa del caparazón que desarrollan, toleran todo tipo de humillaciones o acciones despectivas; por lo general terminan perdiendo hasta el amor propio. Su espíritu parece vivir en éxtasis o aguardando un maná del cielo. Viven en algunos casos en habitats muy malos; aunque viven por lo general, más que los sanguíneos.

Es irónico cuando se espera poco de la vida. Un o una tortuga, muy pocas veces llega a ser una persona exitosa en negocios. Suelen ser felices detrás de un mostrador. Su hobby y mejor halago, es una buena y abundante comida; de los tortuga debemos aprender a tener paciencia zen. El saber nadar los pone por encima de muchos necios. ¡Cuántas y cuántas tortugas han sobrevivido, mientras cientos y miles mueren ahogados en los inviernos! Jamás hay que despreciarlos, porque su sabiduría milenaria es la que les ha permitido sobrevivir, sobre especies que se creían muy superiores. Son constantes. De paso lento, pero llegan o alcanzan sus metas, gracias a esa perseverancia. Para ellos lo importante no es ganar, sino llegar y ondear su bandera sobre su propio Everest.

Aquella enigmática vampiresa, capaz de sacar las uñas en el momento menos imaginado, pertenece a las gatas. Una persona “gata” es sanguínea, atlética, aparentemente sensual y dispuesta a gozarse a un macho, o a una hembra. Puede dedicarse con facilidad a cualquier tipo de prostitución. Es el fenotipo de las “lobitas”, o “lolitas sociales”. Una mujer felina es fuego, pasión y pecado. Siempre imposta la voz, intentando aparentar inocencia o juventud. Un gato o una gata, siempre vive en permanente defensiva. En el momento menos pensado, suelen atacar o sacan las uñas. Todo en ellos es instintivo, aunque en general, podríamos tildarlos de brutos o ignorantes. Todo lo olvidan. No hay procesos de aprendizaje exitosos con ellos. Se pueden domesticar, pero lo salvaje hierve en sus venas. Son demasiado ingratos y agresivos con sus amantes, como quien dice, un momento de goce “te conocí, te comí y te olvide” o sea, sálvese quién pueda, cuando nos enredemos con una de estas personas. Un gato representa a los amantes fugaces, a los “tinieblos” que parecen habitar en el triángulo de las Bermudas. Estas personas, siempre serán muy ágiles, dinámicas, recursivas, ambiciosas y atrevidas. Dominan como un arte, el sentido del equilibrio. Jamás caen de bruces o grotescamente; una persona felina siempre caerá de pié; es como si dominaran el arte de no tropezar. A sus enemigos, víctimas o presas, les hacen vivir un calvario, mientras los mata o destruye. Un hombre ratón siempre llevará todas las de perder. Dicen que este rito es más por curiosidad que por sadismo. El ratón es astuto, pero repulsivo, por ser de la familia de las ratas.

Una mujer gata siempre será una buena madre, protectora con sus crías, a pesar de ser una libertina por naturaleza. No toleran el encierro y pocas permanecen en casa durante la noche. Se erizan y excitan, con solo escuchar un maullido; es como si viviera con una almohada debajo del brazo. Son personas delicadas, aseadas y aman la buena vida; como las esposas o amantes, que necesitan vivir o viven las sensaciones y caricias, en aventuras fugaces. Para este tipo de personas, el nombre de su compañero o compañera ocasional es totalmente indiferente. Viven el hoy y el ahora sin anclas. Siempre serán melosos y más ardientes en celo, sobre un tejado en verano. A estas personas les fascina la etiqueta. El aseo es obsesivo. Son señoriales en su estilo de vida y respetuosos. Comen y duermen durante el día, para vivir con una lujuria desenfrenada la magia de la noche. Algunas veces son serviles, como los enanos en las antiguas cortes. Este tipo de personas suelen fermentar amarguras desproporcionadas, con relación al tamaño de sus pequeños corazones; con una persona felina no se debe jugar, ya que siempre se sale rasguñado.

¿Ves aquel “exitoso” hombre de negocios? Ese es todo un chacal carroñero, capaz de engullirse lo que sea, con tal de calmar su ávida e insaciable hambre. Son posesivos y egoístas. El concepto amistad no existe para ellos, aunque aparentan ser los amigos del alma. Para estas personas, todos en el mundo no somos más que un trampolín o escaleras humanas, para alcanzar sus objetivos. El chacal es despiadado como todo “yupi tercermundista” al servicio de una multinacional; esos “Bilgeycitos criollos”, son el estereotipo del concepto ideológico del capitalismo salvaje. El chacal acecha, así luzca como un perro atrofiado o lastimado, siendo muy selectivo con las presas o víctimas; más si son débiles o incautas. Es un oportunista, un manipulador, un experto en máscaras. A diferencia de los camaleones, es fácil descubrirlo por más que se mimetice, ya que todo en ellos es falso e inauténtico. Impostan la voz, que es todo un falsete. Nunca viven como lo sienten y menos en su estilo de vestir. Son voluntariosos hasta rayar con lo grosero y mezquino. Estos miserables no son capaces de darle desinteresadamente, ni un mendrugo a la madre. Muchas veces son fruto de hogares destruidos o vienen de muy bajo, trepando en la escala social. El resentimiento social les corroe el alma y mueren huérfanos de afecto.

El hombre chacal siempre será medio buitre y un despiadado sin los más mínimos sentimientos; tampoco conoce el arrepentimiento, ya que para ellos todo su actuar será impecable o será lo correcto en su mundo de negocios; por eso, jamás será un ganador querido, ni apreciado, ni admirado. Los chacales son capaces de prestar o de vender a la propia mujer, para lograr un buen negocio. Por su forma de pensar, caen con facilidad en el mundo de las drogas, o en negocios ilícitos, ya que el espejismo del enriquecimiento fácil, los lleva a permanecer en lo falso o irreal de esa irreal autopista hacia un éxito. El chacal es y será un asesino por instinto, un despiadado mal nacido, un tiburón blanco.

Una mujer chacal carece de clase y por eso se rebaja a niveles ínfimos inimaginables, ya que cree que el servilismo es garantía de éxito. Son personas que pueden llegar a verse exitosas, pero después de haber atropellado o llevarse por delante a muchos. Las personas chacal siempre tendrán un precio y serán fáciles de corromper. Tienen que aprender a vivir cual “lobos esteparios”, ya que terminan exilados o confinados en estepas inhóspitas, así mueran rodeadas de inmensas fortunas. Serán los “club-man” que necesitan comprar espacios sociales, para vivir la sensación de tener “pedigrí”. Como anfitriones, siempre están intentando comprar amistades o favores a futuro. Como amantes, solo piensan en satisfacer una necesidad personal o envuelven a su víctima, para que les abra un espacio en su mundo. El chacal siempre tendrá a alguien en su mira asesina...

Pero aquel... ese insignificante ramplón que contrasta con el mal gusto, parece ser un engendro demoníaco, o un error de Dios. Esos asquerosos don nadie son los cucarachas. Ese tipo de personas suelen meterse en todas partes, sin inoportunos, atrevidos, hostigan. Viven lagarteando desde los lugares más exquisitos, hasta los más nauseabundos. Son de unos contrastes inimaginables, como subir o descender en un ascensor bala a circunstancias absurdas y extremas. El hombre cucaracha puede ser un drogo, un chulo, un mendigo profesional, un tinterillo, una alimaña. Con su presencia puede echar a perder la cena más exquisita. Se encuentran en los cócteles, en los sitios más sofisticados, en cloacas o cárceles. Todos desean pisotearlos para liberarse de ellos, pero gracias a su cinismo, han aprendido a sobrevivir a la radiación nuclear. Los asquerosos no distinguen un manjar, de un excremento. Son embaucadores, y llegan a convencer a sus víctimas de entrar en infernales submundos de su mano; gracias a que inspiran piedad y lástima. Siempre lucen cual víctimas, faltos de oportunidades, o de ser exitosos caídos en desgracia. Alucinan en mundos imaginarios, donde son reyezuelos.

Las personas cucaracha viven pidiendo favores o dinero prestado que jamás devuelven. Ríen a carcajadas para llamar la atención. Suelen vestir ropa de marca o intentan lucir cual dandis o lores, pero eso no les oculta su espíritu de “chulo-parásitos”. Además, aunque espiritualmente sean insectos, el ego los hace orgullosos y aparentar siempre ser exitosos. Un cucaracha siempre le alterará el sosiego a cualquiera... no basta ignorar a estas personas, hay que alejarlas o espantarlas para siempre. No hay que recurrir a un mata-cucarachas, ya que estos insectos son muy huidizos. Cuando una persona cucaracha pasa por una vida, hay que exorcizar sus huellas; pues dejan con el tiempo, las sensaciones más amargas y asquerosas sobre la piel del alma...

La persona cucaracha, algunas veces tienen facciones de ratón o de rata; en algo o bastante, se parecen a aquel. Fíjate en la mirada y en sus movimientos; observan más que un retrovisor. Esos son los hombres buitre, carroñeros por naturaleza, limpian a la vida de la inmundicia, hablando metafóricamente. Nada les indigesta ni les cae mal. No necesitan de sales, ni de aguas aromáticas. Tienen un hígado más fuerte que el de los “hombres cerdo”.

El hombre buitre vuela como un pequeño cóndor, un águila, un aguilucho. Es rapaz, pero así navegue por los aires como el suspiro de una saeta, siempre termina atemorizando a otros carroñeros, para darse un banquete con los cadáveres y las basuras. Las personas chulo se comen cualquier cosa. “Todo hueco para ellos es una trinchera”. Todo lo que tenga vestigio de sangre o se mueva, es un bocado para ellos. El hombre chulo ama los prostíbulos. Son capaces de hacerle el amor a un cadáver... o a la misma madre. Son peligrosos, cuando toman conciencia que sólo la carroña les sonríe y sacia; pueden transformarse en peligrosos psicópatas o asesinos en serie. Son los candidatos para las sillas eléctricas, cámaras de gas o cualquier tipo de actividad delictiva. Son violentos y suelen maltratar a sus parejas, por culpa de sus inseguridades o ignorancia; suelen hacerse tatuajes o vincularse a gimnasios deportivos. Entre los "lobuitres" y los "gallinazos", hay un poquito de diferencia. El gallinazo es un poco más selectivo, pero también sufre de hambruna desaforada. Esta especia es bastante vaginal y las hembras, suelen fijar primero la mirada en el pene o aparato sexual. Jamás serán amantes selectivos. Siempre obrarán más por instinto para saciar aberraciones y los sentimientos carecen de importancia. Sus relaciones son peligrosas y traumáticas. El maltrato puede llegar a extremos mortales, inclusive el chantaje o al secuestro social, cuando conservan atemorizadas a sus víctimas. Las personas “buitre” jamás serán amantes sinceros, ni permitirán relaciones edificantes...el murte se identifica, aunque no pertenece a este grupo.

En esa familia, como en otras especies, se podría decir que hay chulos de chulos, dependiendo del estrato social, de su cultura, de sus valores, o concepciones vivénciales... Los más peligrosos son los cruzados con las ratas de alcantarilla; los más difíciles de detectar son los cruzados con cóndor o águila real...

Aquella ejecutiva que circula y serpentea desbocada, como si siempre fuera retardada o sin tiempo a todas partes, tildémosla de los “águila”. Se desplazan como un pez - culebra, pero viven eléctricas, hiperactivas, capaces de electrocutar a quien intente entrar en su mundo. Estas personas son introvertidas, tímidas, calladas en todo sentido; todo en su vida es un misterio y secreto. Su corazón es una cajita de sorpresas, un nido de víboras, o un fermentadero de hiel y amargura. Son muy escapadizos. Sus respuestas siempre son como su piel. Es muy difícil compartir momentos con este tipo de personas. Siempre hacen creer que están de prisa, llenas de compromisos; o simplemente se dispersan, escapan o se escabullen. Algunos dicen que las hembras bien preparadas son sabrosas, pero inspiran miedo, respeto y hasta repugnancia.

Una mujer “anguila” es sanguínea, intelectual, inteligente, apasionada, nerviosa y vive encendida como un bombillo de 24 horas. Es o son personas de contrastes. Cuando se encuevan es por timidez o un miedo inmenso a vivir de acuerdo a sus reales deseos. Para muchos, este tipo de personas son repulsivas, salvo para quienes aman a las personas tipo serpiente. “Todo flaco o flaca, posee un raro encanto”. Son personas de contextura delgada, insípida y fálica. Suelen ser la panacea para la anorexia, los gimnasios, las multivitaminas, los antidepresivos, los libros, la música; aunque suelen ser ardientes, apasionadas y accedan con facilidad a juegos sadomasoquistas, hay que condimentarlas para que tengan más sabor y puedan disfrutar con más libertad la vida. Suelen amar los tatuajes y la pornografía. Es un fenotipo bastante curioso, por los estilos extremos que encontramos en este tipo de personas; aveces muy intelectuales, inteligentes o deportivas. Son personas fáciles de querer o de adoptar. Cuando se enamoran, ¡sálvese quien pueda!. Son obsesivas, posesivas e insaciables. Quieren vivirlo todo en una sola noche o en un solo día. Recuerde: una persona anguila siempre será más serpiente que pez. Hay anguilas víbora y esas son las peligrosas. Sus corrientazos por lo general no son mortales; simplemente nos aturden, mientras nos joden. Su comportamiento suele ser bipolar o maniaco-depresivo.

Aquel, mi querido e ilustre amigo, es el clásico “avestruz”, un poco taimado o falso, mentiroso, nada de fiar por la mirada, observe como esconde y esquiva la mirada. Este tipo de persona ha estigmatizado al pobre avestruz, por el solo hecho de esconder la cabeza y creer que está oculto o a salvo, para los acechos del peligro. Estas personas sufren por la sudación nerviosa. Son perdedoras, porque se derrotan desde antes de competir o de luchar por un espacio. Jamás reconocen un error. Son bastante servilistas. No son de iniciativa, ni tampoco buenos creadores. Cumplen bien con los oficios; pero son pésimos guerreros o deportistas. Ante cualquier tipo de amenaza o peligro, se clavan de cabeza en la tierra, que es un decir, o sea, se aíslan totalmente entre cuatro paredes y dejan al azar su destino. La cobardía es todo un karma para ellos. Muy pocas veces toman decisiones y cuando lo hacen, se comprometen o responsabilizan lo menos posible. Merecen consideración, pero fastidian hasta repugnar por sus actitudes. El “avestruz” suele ser un buen ratón de biblioteca o un magnífico investigador.

“El avestruz” siempre será una persona cobarde y nada de fiar. Jamás les deleguemos funciones de liderazgo. En la sombra, siempre encuentran su paraíso. Suelen ser maníaco - depresivos o es el clásico cobarde, que culpa a otros, aún de sus propios errores. Su espíritu es pobre, paupérrimo, lo que significa que apenas vive. No le importa sobresalir o pasar de incógnito por la vida. Jamás se complican la vida; pero su permisividad y pasividad son muy negativas y destructivas. Aparentan ser señoriales o gozar de clase, como “las flamíngas”, que son más delicadas que muchas otras aves zancudas; son elegantes hasta en su estilo de volar.

Aquella “jirafa anoréxica”, sin senos, ni líneas, no inspira siquiera un mal pensamiento;

se cree el último vaso de agua del desierto, vive con un gran autoconvencimiento de superioridad; suele vernos a todos, por encima de nuestras cabezas. A veces las llaman “la flaca oblea”, porque hay que doblarlas para comérselas. Creen que basta estirarse un poquito, para lograr lo que desean. Algunas son estilizadas, bellas, dominan el mundo del modelaje, de las pasarelas, de la moda. Por su estilo, muchas son elitistas, arribistas, ya que creen que el mundo de las altas posiciones sociales les pertenece. Es curioso, pero inspiran respeto y admiración, aunque lucen como si se hubiesen despojado de todo tipo de sensualidad. A ellas las asocio con el basketball, natación y deportes de velocidad. Es difícil imaginarlas en la cama como amantes; no son por lo general agradables, ni sensualmente extraordinarias. Son flemáticas y tienen bastantes genes de perro lebrel afgano. Sin embargo, tienden a ser personas cultas y suelen leer varios libros al tiempo. Más que personas exitosas innatas, aman las especializaciones, los postgrados y todo tipo de estudio. El vivir ocupados es una válvula de escape. A veces son desabridas, insípidas, pero elegantes, buena vida, amantes de la etiqueta, ya que aman la vida social de alto perfil. La ropa de marca les cae divinamente. Para estas personas, todo debe ser exquisito. Las personas de perfil bajo de este grupo, sufren demasiado, porque nada les luce; parecen ser el gancho de los vestidos viejos. Cuando fuman, suelen hacerlo con pasión; quizás por ser demasiado nerviosas y depresivas. Poéticamente podemos decir, que aman la muerte o los destinos trágicos; al infortunio lo tallan con sus propias manos. Una mujer jirafa, siempre se robará las portadas de las revistas.

En cambio aquella, ¡mira que ternura tan delicada! Es la clásica madre “canguro”; lleva y protege entre sus entrañas, a una cría indefensa y torpe; así ese crío ronde los 30 ó 40 años. Para una mujer canguro o un padre canguro, sus hijos jamás crecen, ni están preparados, según ellos, para enfrentar la vida. Estos progenitores son felices pagándoles estudios y especializaciones durante toda la vida, para que se puedan enfrentar a una vida que desconocen; muy pocas veces han tenido la oportunidad de vivir realidades o aventuras propias. Una persona canguro, jamás se atreve a soltar a sus bebés, para que aprendan a vivir. Viven saltando matones para sobrevivir, ya que asumen todas las responsabilidades. Saltan de aquí para allá y así sucesivamente, al estilo canguro. Nadie las cuestiona, ni les hace caer en cuenta del daño castrador que causan, por temor a su reacción o patadas. Las personas canguro, son peores que un futbolista histérico, cuando se enojan o se ven amenazadas. Estas personas, convierten en un perfecto inútil a cualquier hijo, así sea adoptivo, o cuando “cazan una pareja”. Creen que van a vivir toda la vida y jamás ven crecer a sus hijos. Una persona canguro, se deja explotar conciente o inconcientemente. Son amantes que lo dan todo, ya que creen comprar el amor y a sus parejas, con regalos, sumisión o servilismo. Son víctimas apetecidas por los chulos, tigres y muchos otros tipos de depredadores.

Aquel insignificante limpiavidrios, llamémoslo “zancudito”. Es un “chupasangre”. Todos se ven aparentemente inofensivos. Viven azotando las calles y podrían ser hijos de las alcantarillas, de una fabela o barrio marginal. Es famélico. En este tipo de personas, se pueden contar los huesos como si fuesen un ábaco o estudiar anatomía en ellos. Pueden ser viciosos y desarrollan aptitudes, casi innatas para la delincuencia. Las zancuditas por lo general terminan prostituyéndose y convertidas en carroña social. Parecen insectos partenogenéticos, o como si se desarrollaran sin ser fecundadas, por su aspecto famélico o anoréxico; sin embargo en las zancuditas, encontramos intelectuales, artistas o grandes ejecutivas. Las ”personalidades zancuditas”, suelen ser serviles y serviciales; toleran todo tipo de humillación y explotación. Aceptan y soportan casi de una manera artística su destino marginal. Algunos poseen un poco de dignidad e intentan vestir y aparentar una buena situación económica; se superan o se exigen demasiado, para abrir mejores espacios a sus vidas. Son y serán personas, que muy pocas veces trascienden en sus trabajos, cuando asumen actitudes negativas o se sitúan en el polo extremo del perfil del grupo. Son laboriosos, honestos y se contentan con pequeñas bonificaciones o robos internos. Suelen ser tímidos, más por humildad, que cualquier otro motivo. Su educación es muy básica. Llevan apellidos populares. Jamás visten o compran productos de marca, compran en baratillos y son asiduos televidentes de novelas. Odian la música culta, aunque son bastante espontáneos y extrovertidos, inclusive plantean soluciones inimaginables al nivel económico o sociopolítico, cuando se embriagan. Con unas cervezas, aflora el superhombre que habita en sus corazones...

Observa la agresividad de aquel conductor furibundo. Esos son los “puercoespín”. Ellos siempre serán huraños, malgeniados y vivirán permanentemente amargados, como quien dice, de malas pulgas. El puercoespín, no nos permite compartir, ni entrar en sus mundos; sería como abrazarnos a un cactus. Al puercoespín hay que dejarlo que se envenene solito. Viven buscando con quien cazar una pelea, para desahogar todos sus fracasos y amarguras. Como pareja son muy humillativos; y pueden llevar a la pareja, hasta el borde de la locura. Siempre serán introvertidos y su resentimiento, puede provenir de diferentes aspectos, incluyendo el maltrato o la violencia infantil. Viven envenenados con su propio veneno, pero como para las víboras, este sólo es saliva para ellos. Con la mirada y el tono de voz se desenmascaran, porque tienen alambradas puestas al alrededor de sus corazones. El resentimiento los hace muy susceptibles y creen que todos hablan de ellos; son perdedores y sus continuos fracasos, fermentan hiel en sus corazones y llenan sus almas con odios y rencores. Su comportamiento esquizofrénico los hace intolerables. Si se les para atención, se hacen más violentos y por eso es mejor ignorarlos, aunque el puerco espín suele vivir con la mirada baja o esquiva, como los murtes; por eso, es mejor ignorarlos con disimulo, sin hacerlos sentir despreciados. Recuerde: son resentidos sociales y viven como una bomba, armados para explotar. Estos histéricos, con facilidad pueden generar crímenes colectivos. El puercoespín será malgeniado toda la vida. Como se dijo, muchas de estas personas fueron violentadas en su niñez y cargan con el dolor durante toda la vida; por eso, este resentido y amargado espécimen, vive buscando una oportunidad para vengarse toda la vida de la sociedad, a quien considera culpable de su tragedia. Hace miserable la vida, de quien caen en sus manos; aunque en ese proceso de apareamiento o enamoramiento, pueden ser dulces y cariñosos; son artistas en el engaño, para ellos la palabra carece de valor y el jurar en vano lo aprenden, escuchando mentir a sus padres; estas personalidades se forman en muchas ocasiones, al visitar desde pequeños o adolescentes a sus padres en centros correccionales. Como las arañas, no asustan a sus víctimas, para que caigan con inocencia en sus redes. De estos desadaptados es mejor alejarnos y dejarlos que se envenenen con sus propias espinas. De esta familia son los “erizos marinos”, más pequeños pero igual de ponzoñosos y peligrosos o las “agua malas” o “medusas”. Recuerde: a estas personas es mejor ignorarlas, cuando hay millones de personas maravillosas, accesibles aguardando por usted...

Aquella... ¡aquella, imbécil! ¡Qué bombón, qué piel, qué cabello, qué aroma... ¡es toda una hembra! ... Esas son las “gacelas”. Todo en estas personas, es sensualidad. Son ágiles, dinámicas, ejecutivas, exquisitas. Se roban las miradas por donde pasan o a donde llegan. Parece que llevaran siempre una chequera o tarjetas de crédito sin límite, dispuestas a comprar compulsivamente. Son muy independientes o dependen de una o un amante adinerado para sostener, un estilo de vida de alto perfil. A la mujer gacela le fascinan las blusas ligeras, abiertas, que les permita transpirar a sus senos... sus piernas, ¡ah, sus piernas! Son una autopista hacia el pecado. Es imposible evitar recorrerlas con la mirada. Son mujeres para el veraneo o las temporadas de verano. Les luce el rojo, el blanco, o el negro. Son personas ardientes, son fuego. Son soles, infiernos o paraísos. Suelen estereotipar a los amantes, pero en estos casos, su nivel cultural es bastante bajo. Lucen cual barbies o muñecas artificiales y delicadas; piensan como si tuvieran copitos de algodón en los cerebros. Es difícil imaginar a este tipo de personas encerradas en un hogar, criando chinos caguetas y llorones. Estas personas creen estar sobre el mundo, el bien y el mal. La gacela cuando tiene clase es una clienta marquista; su actividad preferida es salir de compras a exhibirse.

Las gacela, cuando son triunfadoras, son muy estudiosas, cultas, muy profesionales en su trabajo y odian, que se les tenga en cuenta sólo por su belleza. La persona gacela, conquista lo que desea y es muy conciente de su poder. Hechiza o idiotiza con una rapidez, que no es fácil comprender; en pocas horas, pueden llevar a la cama a sus víctimas. Son muy arribistas, elitistas, la moda y la elegancia son algunas de sus armas preferidas. Se preocupan mucho por sus figuras, pero lucen indefensas. Los clubes y gimnasios, forman parte de su hábitat. Aman los baños de espuma, los masajes corporales, los aceites, el naturismo. Estas personas son muy emprendedoras; sus lociones o perfumes deben ser finos y exquisitos los aromas, ya que la sensualidad se transpira en todo momento; por donde pasan, dejan un voluptuoso aroma a primavera, a deseo, a sexo. Son amantes de la velocidad y los autos deportivos. A las hembras, los hombres las lucen como accesorios de lujo. Se les encuentra en resorts, yates, trasatlánticos, todos sus viajes son de placer, en hoteles de alto perfil, siempre comen a manteles en restaurantes muy exclusivos. Frecuentan a menudo galerías de arte o eventos benéficos, donde se puedan mostrar. Suelen ser buenos hijos, cuando son fruto de hogares con clase, nobles de cuna y educados con valores. Algunos pedantes o faltos de “pedigree”, son insoportables, fanfarrones, ramplones; otros, parecen príncipes y princesas, y son de una sencillez asombrosa.

Los gacela, aman o suelen ser aficionados a un arte y a los espectáculos cultos. La bella y buena vida son como un manjar, que degustan todos los días. Son muy selectivos en el ámbito de pareja. Ignoran totalmente a una persona “gozque”, sin pedigrí. Son maestros en el arte del protocolo y la etiqueta. Difícilmente se ocultan estas personas. Siempre será fácil encontrarlas en un torneo de golf, tenis, polo o navegando a vela. Sus vidas parecen estar dirigidas por la misma sociedad a la que pertenecen. Curiosamente algunos son o se sienten miserables, por tenerlo todo; pueden caer en la drogadicción y el alcoholismo. Pocas veces se suicidan con armas de fuego; por lo general, lo hacen con barbitúricos, porque siempre hay que lucir bien, inclusive dentro de un féretro. Son el centro de atención de las revistas de farándula y páginas sociales. Tienen bastante de mariposa por lo delicadas y hermosas; aunque el macho se ve amanerado; de esta especie, parecen haber mutado las lesbianas y los homosexuales.

¡Fíjate en aquella fiera desbocada, que viene atropellando y comiendo del muerto!

Con esa cara de revólver, tiene más presencia una boleta de captura. Se ve vulgar. Podría ser una mujerzuela. A esas malvadas y perversas, las clasificamos en los “hiena”. Todos los que pertenecen a este grupo son y serán carroñeros; acaban con quien pase por sus vidas, así gocen de una paciencia de santo. Parecen traga monedas, por su insaciabilidad económica; siempre mezclada con avaricia y excesivo egoísmo, por pensar solo en su propio bienestar. Cuando pagan un sueldo, lo hacen con dolor, como si les estuviesen robando. Suelen ser resentidas sociales y muy amargadas, así no lo manifiesten. Poco originales, muy fingidas, poco cultas y casi nadie de esta especie, goza de estudios superiores o si estudian, lo hacen solo para alcanzar un éxito económico. No tienen conciencia de lo que es el concepto amistad y menos del valor o concepto de familia. Nada les luce. Si le tienden la mano a alguien, es para que les sirva. El oro en estas personas, luce cual oropel. Se roban las ideas y siempre están pensando en sí mismas. Son vulgares cuando se embriagan, necesitan tomar cursos de glamour y etiqueta. Caen con facilidad o han salido de una vida fácil, tolerada por la sociedad, o sea de la “prostitución decente”. Una persona hiena, jamás cambia. Siempre será insaciable su hambruna. Pueden arruinar cualquier relación hermosa, sin el más mínimo remordimiento. Pueden traficar con blancas, manejar negocios ilícitos, ya que su sol es el dinero. A veces confundimos a los hiena con los chacales, lobos esteparios, zorros, perros salvajes...en el chacal encontramos al terrorista, en el lobo estepario a ese escritor o intelectual ermitaño; en el zorro, a las personas astutas y con ojo de águila para los negocios; en los perros salvajes, a esos hambreados que se comen hasta las migas de los negocios; es el empresario exitoso, pero muerto de hambre, que vive quejándose y explotando a sus empleados u obreros. El perro salvaje, es un levantado por lo general; jamás comparte sin interés un bocado; es tacaño por excelencia y siempre desea poner a trabajar a sus hijos a su servicio, sin remuneración.

Lo agradable de este ejercicio de asociar personas con animales, es que no se recurre a nombres o apellidos puntuales, pero visualizamos fenotipos conocidos. Podemos cruzarlos, así pertenezcan a familias o especies diferentes; manipularlos genéticamente o simplemente tener tijeras, unas láminas con figuras del reino animal, recortar partes de cada uno e ir armando como un rompecabezas, un nuevo tipo o estereotipo humano. Es curioso ver, cómo poco a poco reencarnan o emergen imágenes de familiares, amigos, compañeros profesionales, personajes públicos o simples conocidos, que se van calzando cual máscaras, las imágenes del animal o animales, con los que se les suele asemejar. Este ejercicio es muy constructivo, para desarrollar mecanismos de defensa. Para defendernos del más despiadado y depredador animal: el hombre. Este es un delicioso rompecabezas existencial y de un exquisito surrealismo. Hay hombres de hombres, aveces varios, dentro de una sola persona. Cada uno de nosotros fue hecho a imagen y semejanza de Dios, decía el bobo de mi pueblo; no creo que Dios haya engendrado en algunas ocasiones monstruosos engendros tan perfectos.

Aquellos... son insignificantes; ni fu ni fa. Esos podrían ser cualquier parásito o simples comejenes. Se pegan especialmente a la hora de comer, a los paseos o salidas en plan de diversión; pero a la hora de cancelar una cuenta, se hacen invisibles o se emboban buscando moscas en el cielo raso. Nada les permite o les hace sobresalir del montón. Siempre se confunden entre los mogotes en los espectáculos populares. Perpetuamente andan con un periódico bajo el brazo; así se tornan un poco más dignos. Nada le aportan a la sociedad, pero tampoco hacen o causan mayor daño. Son buenos empleados. Algunos muy escrupulosos, hacen alarde de su honradez, para justificar sus bajos ingresos o fracasos. Por lo general viven felices y creen que vivir, es mendigando coimas o dádivas con sus conocidos; desde el cotidiano tinto, a la invitación casi permanente a cafeterías. Hacen favores y son felices, colaborándole a otros. Son solidarios. Aman las labores simples. Se conforman con muy poco y jamás aspiran a las posiciones de otros. A nivel de aspecto físico, todo en ellos parece pasado de moda o luce deteriorado; son felices estrenando ropa usada. Se resignan con su destino, y absurdamente, viven dándole a Dios gracias por gozar de salud.

A estas personas dejémoslas clasificadas como simples parásitos, porque ya veremos o encontraremos a peores y más peligrosos por el mundo..., o si no, visitemos una sede política, una oficina gubernamental, una empresa estatal, donde pululan cual pulgas y murciélagos, estas ladillas sociales. En este grupo encontramos aveces a los piojos de libros, a los piojos de los pájaros y algunas cucarachas menores.

Los “ladilla”, atormentan e irrespetan hasta la intimidad más sagrada. Fisgonean y sacian su apetito voyerista, a expensas de una víctima incauta. Desconocen lo que significa honor y dignidad. Los hombres ladilla, viven del chisme, del cuerpo, de la imagen, de la vida de otros, como cualquier tipo de parásito. Venden como negocio u oportunidad la intimidad de cualquiera. Son los amarillistas, los “paparazzi”; se ocultan cual chulos o ratas tras una revista o periódico sensacionalista, que atenta contra la salud mental de lectores despistados o incautos; más cuando son jóvenes o niños. Son chismosos, perversos, mal intencionados, morbosos. Son la gonorrea social y del periodismo. Este tipo de personas son cancerígenas, gangrenosas, ya que siempre querrán vivir a costillas de los demás; a estos los denominamos los “mariaeugenios”, y sólo con la amputación, las sociedades pueden liberarse de estos engendros demoníacos.

Un “ladilla” de alto perfil, bien camuflado y mimetizado, es fácil de desenmascarar en un restaurante. Jamás lleva la vocería. Suele reírse de cualquier estupidez. Nunca paga una cuenta; siempre le celebra todo a su anfitrión o mecenas. Un ladilla, casi nunca aporta una idea; es y será, un vividor “chupasangre” profesional. Cínico y descarado. Parece no tener personalidad, pero esta especie, es precisamente de esa actitud servilista, casi esclavista. Los “ladillas”, pierden la actitud de enfurecerse frente a la vida, para evitar ser guerreros o independientes; muchos jamás se atreven a cortar el cordón umbilical.

Una mujer ladilla es muy pobre de espíritu. Se prostituye por un pan. Es pegajosa e insegura. Absorbente. Vive de su cuerpo o de la belleza que cree gozar; sobra decir, que son bastante incultas y poco profesionales. Cuando lo son, son muy grises y nada confiables para proyectos de responsabilidad. Una persona ladilla, se conforma como los perros, con lo que le tiran. Pocos exigentes como amantes con la calidad de sus parejas; cuando no lo son, se van hacia el polo opuesto: son capaces de arrancarle los ojos y el alma a sus amantes; emboban y arruinan a personas inteligentes y exitosas, que parecen perder la personalidad frente a ellas.

Hay y habrá mujeres de mujeres, mi querido y apreciado amigo e ilustre desconocido; porque el corazón de una mujer, siempre será como una inmensa selva, un infernal desierto, o un océano con profundos secretos. Las “químicas” son más peligrosas que las “boas constrictor”, una víbora, un escorpión o leona; una mujer química, coge a cualquier hombre por bueno o despierto que sea, y lo convierte en materia fecal... es un decir... ¡pero es cierto!

De un momento a otro, aparece la más hermosa y tierna “madona joven, clásica y representante de una nueva generación”; bella como mujer, espléndida como dama, fabuloso como madre, luce sensual y amorosa. Es la clásica “cigüeña”: solo amor, dulzura, sensual, protectora y delicada. Este tipo de mujer es feliz engendrando hijos, para quererlos y consentirlos. Todo su mundo y vida, gira alrededor de ellos. Hoy son casi una especie en extinción, porque las costumbres, los espacios, la misma cultura frente a la maternidad, han cambiado. Hay mujeres que les niegan las defensas y un desarrollo sano a sus hijos, al quitarles el derecho al seno y a la leche materna. Hoy, un embarazo es un conflicto frente al trabajo, un problema para la pareja, por la situación económica. Los estratos altos, son muy cuidadosos planificando, para garantizarles un futuro a sus hijos. Los estratos bajos se reproducen, sin amor ni deseo, en muchos casos; la sociedad tiene y tendrá que pagar un precio muy alto, por su egoísmo, por su ignorancia y mantener en la marginalidad absoluta, a estas larvas sociales, a estos insectos melíferos, que contradicen la lógica de la naturaleza. Hoy, los ejecutivos cigüeña, asumen funciones de sus hembras. Jamás abandonan el nido; se castran sus sueños y personalidades. Es como si la naturaleza o el sexo débil, se vengara de los machos. Son hogareños y se tornan domésticos 100%. Son un nuevo fenotipo social, engendrado por la liberación femenina o por muchos machos celosos, inseguros o muy “amorosos”, simplemente.

La mujer cigüeña, a veces es abandonada, después de engendrar su cuota social de hijos; estos son el fruto de la conveniencia y apariencia, frente a la sociedad; son muy principitos, muy “light”, muy artificiales; son hijos para mostrar o exhibir, cual mascotas bien amaestradas. Estas personas, fácilmente se quedan cortas frente al éxito o desarrollo de sus parejas. Ellas siempre serán buenas, dulces, delicadas y se conformarán con cualquier cosa, con tal de contar con el pan coger o medios de subsistencia. Una mujer cigüeña, por ser tan dulce y permisiva, es maltratada, ultrajada o humillada con frecuencia. La sensualidad que inspira, siempre será tierna y amorosa; y las puede llevar a vivir aventuras, sin malicia y sin la intención de hacer daño. Estas personas siempre serán un monumento al amor, a la sensibilidad. Todo en ellas es hermoso y enamorador: sus pieles, sus rostros, sus labios, sus senos, sus brazos. Son y serán personas de calidad, en todo el sentido de la palabra. Algunas serán muy “porcelanas”; cuando pertenecen a niveles sociales altos y gozan de una alta autoestima. Cuando van con sus hijos, siempre conforman un hermoso cuadro, como el que acabamos de ver... aún más, todavía respiro el aroma a bebé, que dejaron pintado sobre los cabellos de la brisa...

Los “cigüeña” siempre construirán con afecto y esmero a sus hijos. Sus vidas girarán alrededor de ellos. Intentarán que sus hogares estén a salvo y protegidos contra cualquier peligro. Jamás un “cigüeña” será mal padre, ni una cigüeña, abandonará sus críos o nido. Son y serán fieles. Cualquier aventura, será circunstancial, muy puntual, bajo factores muy humanos y comprensibles, pero siempre regresan a su hogar. Sólo conciben un único y verdadero hogar.

En cambio, aquel filipichín, que parece un “frac.” o “smoking” con piernas y brazos, es el clásico “pingüino”. Siempre erguido, elegante; parece y luce como un “lord”, fino en modales y en la forma de expresarse. Jamás pronuncia una sola vulgaridad, ni se va a las manos. Su espíritu es frío, casi gélido. Su hábitat hogareño es muy clásico y conservador. Son felices viviendo en casas museos. Viven de abolengos y recuerdos, sintiéndose orgullosos de sus “árboles ginecológicos”. A veces los imaginamos haciendo el amor, casi sin desvestirse y con la luz apagada. Es un magnifico anfitrión, por ser tan sociable.

Las mujeres parecen estilo “Luís XVI” o “tacitas de porcelana”, muy delicadas, frágiles, fingidas, amaneradas. Son personas muy clásicas y conservadoras, en todos los sentidos. Es fácil encontrarlas alineadas como una pata con sus patitos, un domingo hacia una ceremonia religiosa. Viven para aparentar y conservar un estilo de vida, heredado por lo general por generaciones.

Suelen ser muy excéntricos e isabelinos. Les chilla cualquier modernismo y rechazan todo lo que esté por fuera de sus esquemas... El pingüino como presidente corporativo, es muy peligroso por lo conservador. Son una especie en extinción. Algunos porteros de hotel o de restaurante de alto perfil, asumen papeles muy similares. Viven y gozan, jugando papeles de diplomacia social. Son y serán higiénicos, demasiado acartonados y rígidos. Son el hazme reír, cuando se comportan como “lorcitos o ladies criollas”; más cuando caen en desgracia. Parecen degustar cuando comen o como si se les fueran a caer los cubiertos de las manos. Curiosamente toman té y viven sin efectivo en los bolsillos... El sueño de sus vidas: un viaje en primera clase y vivir en Inglaterra. Cuando viven una aventura, jamás sacan a la luz del sol, el nombre de su pareja, ni se sienten orgullosos frente a la sociedad, de sus hijos bastardos. Esas dobles vidas, son un exquisito dolor de cabeza, ya que les genera un altísimo sentido de culpa. En este sentido, son taimados, poco originales, muy inseguros. A este grupo pertenecen, los pura sangre o los animales de sangre azul, y muchos de sangre fría; así sean descendientes de vulgares bucaneros. Como dije: son amantes fantasmales, tinieblos ciento por ciento. Les prometen todo a sus amantes, pero difícilmente abandonan a sus parejas. En este grupo no luce, porque no son muy originales, la infidelidad. Se privan del trato dulce y exquisito, que le da sabor y chispa a la vida, el adulterio o el amancebamiento. El amor es y será semilla de vida. Su energía intrínseca. Estas personas adoran los eventos sociales. Los desfiles de moda de beneficencia, las partidas de polo, competencias que se desarrollan en clubes sociales. Hacen cualquier cosa para estar presentes en bailes de gala o por aparecer en las reseñas sociales de los medios. Viven en los paraísos artificiales que crean y anclados a los pergaminos del pasado.

¡Qué belleza de “panda”!. Ese gordito querido y querendón, es el clásico bonachón.

Especie, como todo lo bueno, en vías de extinción. Dime: ¿qué problema puede habitar en una persona, con esa sonrisa y con un corazón, inmenso? Hoy se nos ha olvidado reír y reír de verdad, desde lo más profundo de nosotros. Ellos no sonríen, sino ríen a carcajadas y a pierna suelta. Poco estrés. Disfrutan cada instante. El hoy y el ahora, para ellos serán siempre un día de fiesta. Un hombre panda, siempre será una semilla de amor. Sobresalen por ser buenos amigos, hermanables, magníficos hijos, esposos, padres, amantes, jefes o empresarios, bonachones. Son una costalada de amor y de buenos sentimientos; viven con los bolsillos desfondados, por culpa de la generosidad. Estas personas son el estereotipo de los buenos hombres, serviciales, extrovertidos, jocosos, hogareños o rumberos de gran simpatía. Son hombres cumplidores, en sus compromisos laborales. Son buena vida; nada les inmuta; y casi siempre son amantes de la buena y abundante comida. Los ositos, son enamoraditos y gozones a morir; un poquito bebedores y bailan hasta la música de un funeral; a ellos no les toca la guerra, así estén en medio de ella; les fascina consentir y ser consentidos. Jamás hacen alarde de sus garras, ni inspiran miedo. Es difícil imaginarse a un panda, atacando a otro ser humano. Quizás la nobleza en ellos es más un defecto, que un peligro para su supervivencia. La mujer panda jamás será una elefante, ni una hipopótamo; menos una cerda o una tortuga gigante. Una panda es gordita, por herencia genética. Son un solo chiste y un mar de alegría. No sufren el más mínimo complejo por su apariencia. Sufren cuando se les confunde con una persona gorda, por falta de amor propio o dejadez. Aveces se ríen de sí mismas y vivir es una delicia para ellas. Un infarto, les tiene sin cuidado. Una persona panda, siempre será una “madre” y una persona muy consentidora...

Entonces... ¿la naturaleza es sabia?

¡Claro! Es obra de Dios. Dios nos hizo a todos muy semejantes a él, dicen los sapos.

En serio, maestro,... ¿Es sabia la naturaleza?

La naturaleza es obra divina. Hay seres superiores, divinidades que nos han hablado desde siempre a través de ella. La sabiduría de las plantas, es un obsequio divino para el hombre. Hay que sentir y escuchar a la vida, a la tierra, al viento, al río, a las flores, a las hojas. Todo posee una energía o un tipo de vida. Todo posee un lenguaje propio. El hombre blanco, la civilización, el hombre culto se ha enceguecido íntegramente. Nada ve. Es el ser más insensible. Es un devastador por naturaleza, sin sentimientos. No siente, ni respeta los bosques, ni las selvas, menos a los animales, la sangre o la savia que recorre las venas de la tierra. El hombre es un depredador guaquero.

Tenemos que volver a aprender a observar, a analizar, a descifrar. El fenotipo responde a un estilo de genoma social, que define características y comportamientos. Es un tipo de predestinación biológica. Es muy relativo, que todos podamos ser artífices de nuestros destinos; a partir de unas aptitudes, características o cualidades, la sociedad moldea a cada hombre; cada uno es único, porque no hay absolutos. El medio ambiente y las circunstancias, influyen en el moldeo y desarrollo de cada uno; ahí sí influye, la fortaleza del espíritu; ahí es donde es peligroso, escuchar las voces de los fantasmas... Un fenotipo equivale a un ADN social. Los espejos no mienten. Hay que aprender a ver y a descifrar a las personas; más que un arte o don, es una habilidad que todos podemos desarrollar; es observar, analizar todo el aspecto exterior, gestos, movimientos, comportamientos; luego, visualizamos su alma, su espíritu, escuchamos los latidos y las voces de su corazón; la mirada y el tono de la voz, no mienten. Toda esa información debe ser procesada por nuestro disco duro: Las conclusiones son casi absolutas y ciertas. Sólo los necios falsean sus resultados. Se dice que el amor es ciego, cuando se rehúsa a aceptar estos resultados. Una persona enamorada pierde la razón, la lógica; solo ve lo que desea ver. Sufre de algo así como una “esquizofrenia-delirium-tremen”... Es tonto intentar que entren en razón... Hay que dejarlas que salten al infierno y orar para que se quemen, lo menos posible.

Descifremos aquel lerdo, pesado ejemplar: parece encerrar toda la fuerza bruta en su cabeza. Inspira respeto, porque podría despedazar a cualquiera. Es el clásico, peso pesado; a estos “Pulgarcitos” es mejor no intentar arrancarles ni un pelo, ya que podríamos ser despedazados por un tigre monstruoso; sin embargo, son nobles, dóciles, manipulables cuando se domestican o acondicionan. Estos forman parte de las personas “elefante”. Algunas son muy cerebrales, inteligentes, parecen no esforzarse demasiado, pero son capaces de lograrlo todo. Su cerebro, tiene que ser inmenso. Pueden ser errores de Dios o de la naturaleza; son motivo de burla, por parte de los que tienen cerebro pequeño. El hombre ignorante no busca, ni ve, ni reconoce su inteligencia; sino la oportunidad para enriquecerse a costa de este tipo de personas, de sus fortunas, en muchos casos, equivalentes a su marfil innato. Son muy patriarcales o matriarcales. Protectores, ya que bajo su sombra, crece seguro cualquier infante. Son leales, demasiado inocentes o ingenuos. Un hombre elefante caído en desgracia, va contra toda lógica natural; aún más, cuando padecen problemas de aprendizaje, ya que su memoria es fantástica. Son muy persistentes y concientes de su fuerza. Saben que sobre sus lomos pueden soportar y arrastrar cargas pesadas; siempre son los espectáculos de fuerza, los que les llama la atención realizar en los circos; por eso, contrastan con los micos, con un gacela, un lince o un chita desbocado por una llanura africana. Recuerde: nunca abuse de un hombre elefante, si no quiere correr el peligro de morir aplastado. Una cosa es ser demasiado paciente y otra creerlos idiotas. Son y serán los protectores de ideales y figuras paternales para los niños. Siempre serán muy cuerdos, ecuánimes y sabios en sus decisiones.

Muy diferentes a aquel cocinero, porque es del tipo de las personas “hipopótamo”, amantes del sosiego, de la placidez, de la buena vida. Aman el confort. El servicio a la cama. El trago al borde de la piscina. Comen para vivir y viven para comer. Se engañan a sí mismos, para no privarse de ninguna golosina. Son capaces de sumergirse para escapar y disfrutar de los paraísos artificiales, lejos de los peligros de la selva. Parece que solo hicieran bulto y no ser más, que una inmensa mole de grasa y carne. Aunque lo niegan, suelen tener baja autoestima, como nada les luce, así la moda no les sea indiferente. Para gozarse la vida, asimilan cualquier chiste o burla, porque ellos también han aprendido a reír de sí mismos. Desarrollan con facilidad aptitudes para la cocina, todo lo que tenga que ver con alimentos o labores de mostrador. Sus trabajos ideales, son aquellos de poco movimiento o desplazamientos. A veces padecen pequeños problemas de aprendizaje, pero en general son buenas personas. Eso: buenas personas. Pueden tener un corazón inmenso, pero sus cerebros están rellenos con bastante aserrín. En este grupo también encontramos bastantes “personas abuelo o los Noel orangutanes”. Cuando un gordo por naturaleza pertenece a este grupo, es un gocetas de la vida. Todo para él es motivo de risa y serán muy sensibles.

Ellos contrastan con esos ladronzuelos callejeros, como aquel joven de tenis y pobremente vestido, listo a robar un bolso, una cadena o un reloj y escapar como una “piraña” o una “rata”, zigzagueando por entre los autos y buses, como una culebrilla pirotécnica. Las ratas son ágiles, muy sanguíneos, demasiado nerviosos. El robar es todo un arte en ellos. En manada son peligrosos, muy cobardes cuando se les atrapa, porque es una cobardía teatral. Viven como las chispas de las bujías, pican como un auto fórmula. Siempre responden al estímulo de la sangre. No comen, ¡tragan! o simplemente devoran oportunidades. Viven realizados en acciones detectivescas de peligro, aman los deportes aventura, son buenos guerreros y atletas. No tienen piedad con sus víctimas, ya que la hambruna los vuelve dementes. Subsisten con poco alimento. El “piraña” como buen olfateador de sangre, tiene una gran tendencia genética hacia lo criminal. Un hombre “piraña” domina en su territorio y los “rata” aprenden a rebuscar entre cloacas, alcantarillas o alacenas. No tienen preferencias ni distinciones sociales. Una rata pierde el amor por sí misma y el respeto hacia los demás. No es que no tenga perjuicios, simplemente no es conciente de ellos. Son repulsivos, pero intentan vivir con la frente en alto; invaden cualquier laberinto o territorio privado; desconocen el respeto a las personas. Este grupo estereotipa a políticos corruptos y hombrecitos con doble personalidad.¿Recuerda cuando hablábamos de las murtes ladillas? Estos también son oportunistas, chantajistas, son los clásicos ventajosos o ventajosas, que solo piensan en el beneficio propio, así tengan que robar a sus amistades. Para estas personas, la amistad es sólo cuestión de conveniencia. No les preocupa en lo más mínimo, si sus acciones maltratan a alguien para saciar su hambruna. Ante la primera oportunidad, caen en manada sobre sus víctimas y por lo general no dejan nada. Arrasan. Son personas malditas y maldecidas. Desde siempre, la sociedad ha intentado exterminarlos... pero sus engendros se reproducen entre sus madrigueras por camadas.

A este grupo pertenecen o se confunden con frecuencia, los “lagartos”. Casi siempre victorean a las ratas; ya que donde estas habitan, nada bueno se ventila. Pero el lagarto es un oportunista más inofensivo, menos ambicioso. Es un tipo muy particular de parásito. Es inoportuno, pero se puede aprender a convivir con ellos. Suelen ser serviles; saben manejar una baja autoestima. Pueden ser abogados, políticos o profesionales de bajo perfil. Son artistas en el arte de sobrevivir. A un lagarto, no es fácil atraparlo con las manos en la masa. Son artistas en el arte del escape. La lagartija es la hembrita, que pertenece a esta familia inquieta, es nerviosa y nada de fiar; crea y aprovecha las oportunidades, siempre para su beneficio. Se vale de cualquier boquete o rendija, para cubrir sus fechorías. Son muy inquietas, apasionadas, aman y se desaparecen. Negociantes por instinto. Viven prendidas como bombillas y eléctricas como las anguilas. Poco se parecen a sus familiares “iguana”, aunque sus huevos son más apetecidos y abundantes. Equivalen a las matronas de esta familia. El camaleón será más astuto, tal vez por lucir más maduro. Es una familia muy curiosa. Fácilmente se hacen triunfadores saltando de la nada y mimetizándose gracias a sus camuflajes.

Hay hombres “tiburón”, como los que trabajan allá, no vuelan porque no tienen alas. Son chacales. El mito de ser despiadados y asesinos, les escuda para alcanzar sus logros. Nos intimidan con la sola presencia, y nos hacen creer que de un solo tarascazo se engullen a cualquiera o lo pueden partir en dos. Son tímidos y algunos inofensivos, pero en general, creemos que todos son asesinos en potencia. Este tipo de “escuadrones sociales de la muerte”, son artistas en deslizarse sin despertar sospechas y cuando atacan, parecen invisibles. Cuando se fijan una meta, ¡ay de que detecten sangre! Se enceguecen y enloquecen; por eso, es fácil atraerlos con cebos como buenas piernas, dádivas, etc. Todos poseen una aleta que los delata, vale decir, atrayendo miradas por comportamientos que los delatan. Su olfato les permite fijar sus objetivos en negocios de altos rendimientos.

Una mujer tiburón siempre usará su cuerpo como carnada. Las más sanguinarias, son capaces de usar a sus propias hijas. Estas personas ambiciosas y despiadadas, creen que todo es comprable o que puede ser tomado de un zarpazo. Dominan a la perfección su territorio. Toman lo que desean y desaparecen, sin deja huella o culpando al primer imbécil que se les cruce en el camino. Son sicarios empresariales, ya que no les importa acabar con quien sea. Pocos se acercan a ellos, salvo quienes están blindados con medidas de seguridad y gozan del espectáculo. El mundo de los negocios son un círculo cerrado y sus acciones fraudulentas les generan, orgasmos de elefanta. Todos sus amigos son circunstanciales o por conveniencia. Son poco de fiar, así creamos que los tenemos bajo control. En los negocios ambicionan, el ponqué y las migajas. Solo las “rémoras” se acercan a ellos y estas parásitas, se conforman con las coimas o viviendo en la oscuridad. Viven a la sombra de quienes consideran sus padrinos; suelen ser sus empleados, amantes o esposas, quienes les hacen creer que son grandes triunfadores, y les tratan como semidioses, porque aman la adulación. Aman las luces del éxito fácil. Solo las personas rémoras, son capaces de vivir a expensas de los tiburón. A la rémora, no le importa ser esclavo, súbdito o hazmerreír, ya que siempre serán parásitos con muy baja autoestima. El “rémora” se sacia con las sobras. No le importa de dónde, ni cómo venga la plata. El “rémora” siempre será un prostituto. Un testaferro. Un prestamista usurero.

Su espacio los disfrutan los “delfines”, jóvenes aguiluchos, intrépidos, audaces, soñadores, capaces de rasgar el cielo como pilotos de prueba. No conocen el miedo. Solo piensan en alcanzar el éxito. Son como aquellos jóvenes que van de prisa hacia sus sitios de trabajo, sonríen. Viven seguros de sí mismos. Están aprendiendo a vestir a y comportarse como personas exitosas. Aveces se ven ridículos en una junta directiva, en un bar o Púb., hablando de negocios, pero en realidad día a día, el poder está más en sus manos. Son los iluminados del océano. Son ágiles, deportistas, viven en afán cada momento y en permanente erección o en celo. Lucen como si hasta ahora, la vida brillara para ellos. Inspiran amor y ternura. Son ambiciosos pero poseen códigos más éticos y menos despiadados que los tiburones.

Jamás sabemos si van o si regresan del otro lado del mundo; para ellos este planeta, no es más que un pequeño acuario. Son soñadores, visionarios; esta nueva generación es más humana y ecológica. Gozan con las miradas y los aplausos. Disfrutan del más mínimo reconocimiento. Diría que viven para ser admirados. Se creen los dueños del poder. Una tertulia con ellos, es todo un kindergarten.

El delfín hereda el mar y nos hace olvidar de los peligros que encierra. Gracias a ellos, creemos en ninfas, en hermosas sirenas, o en hombres nautilos que les acarician la piel y el sexo a las hembras ardidas, cuando se refrescan en los spas del mar. Gracias a los delfines, creemos en las Atlántidas, en los mundos submarinos y nos sumergimos a descubrirlos. Muchos buzos han muerto alucinados por su belleza; o se pierden cuando se adentran más y más, sobre estos corceles náuticos, así como los que alucinan, cuando se embriagan de cielo, de selva o de desierto. Por lo general, el delfín siempre será honesto, de fiar y poco corrompible. Un arquitecto social y de sueños. Son románticos, pero poco poetas. Estos jóvenes emprendedores, son y serán los dueños del poder en un futuro próximo. El cambio generacional, les genera grandes conflictos. En estratos populares suelen ser rebeldes, caen fácilmente en drogas, muy rockeros, metaleros. La sociedad los margina y los ve como perdedores. Los de estratos medios y altos, ven en el estudio el medio y la oportunidad del éxito.

Aquel artista callejero, es un “saltamontes”; aprendió y domina un arte primario que raya entre el ridículo y lo circense. Es un pequeño triunfador dentro del bajo mundo. Los saltamontes son expertos en saltar a los imponderables o a los mojones peligrosos de la vida, y eso los convierte en reyes del rebusque. Escupen fuego. Hacen malabares. Hoy pueden hacer de faquires y mañana, interpretar o imitar a artistas famosos. Este tipo de hombre-insecto se contenta con poco, y con muy poco sobreviven. Piden monedas dominando el arte de pobretearse, y generando lástima en los dadivosos o corazones sensibles. Son las ladillas de la misericordia. Solo aspiran a monedas para cubrir el hoy y el ahora, inmediato de sus necesidades. Gozan de los aplausos y las miradas, que de cuando en vez le roban a la sociedad que los ignora y les esquiva. En algunas circunstancias son un estorbo o como un mosco en la sopa... Algunos más dignos hacen de mimos, estatuas humanas, trabajan con una pista musical y los más cultos nos comparten un par de poemas...

En cambio, sus compañeras por lo general son “mosquitas”. Lucen cual cadavéricas artistas caídas en desgracia. Ellos, sus parejas, son capaces de acompañarlas a cualquier parte. Son un pequeño circo ambulante, sin carpa. Viven entre la escoria. En su cuadro familiar, le permiten a su hijo asomarse con discreción, para que ese angelito sucio y mocoso, inspire más lástima, y mueva las cajas registradoras de los corazones. Pueden devorarse cualquier excremento; parece que tuvieran blindado el hígado y el estómago a prueba de alimañas. A nadie respetan, ni les importa molestar con su presencia. Son artistas en el arte de acosar, hasta que la víctima se libere gracias a un óbolo poco voluntario.

Estos monstruosos engendros demoníacos, también generan repugnancia y desprecio. Los llamaremos los “cucarrón”, porque no sólo son capaces, sino que viven felices entre el estiércol entre la escoria humana. Un “cucarrón” puede aparecer en la carátula de una revista, en la televisión, cuando se cubren eventos políticos; aunque hay cucarrones de cucarrones, como en todas las especies. Siempre serán el lumpen de los estratos más bajos sociales. Para ellos el estiércol siempre será un banquete o un paraíso. El cucarrón es un chacal sin clase, son cínicos y pululan en ciertas épocas. Vamos al puesto de revistas y le enseño un par de ellos...

Fíjate en aquel “avispa”, en el rebuscador. Son engatusadores, pero con un código de ética bastante particular. Son dinámicos, lucen energetizados y siempre en actitudes muy “moscas”. Se convierten en embaucadores con facilidad. Son tercos y muy emotivos. Parecen magos, fruto de la necesidad y de la hambruna. Venden y ofrecen lo que no tienen. Son emprendedores. Atrevidos. Parecen mercaderes rescatados de un cuento oriental. Jamás se dejan morir de hambre, pero inspiran muy poca confianza. Los avispa son muy diferentes a los “abeja”, quienes también nos pueden picar si les invadimos sus territorios, pero aportan y generan frutos para sí mismos y para los demás.

“Los abeja” tienden a agruparse en cooperativas o en trabajos comunitarios. Son laboriosos y su labor, pasa desapercibida muchas veces. Son admirados por su tenacidad y persistencia organizada. Sus modelos de trabajo o de comportamiento son estereotipos a imitar por muchas comunidades; aunque no faltan los zánganos y legiones de obreras, que no conocen otra función que el trabajar durante toda su existencia. En toda sociedad habrá un apicultor, que se lucre de su trabajo. Son la metáfora tercer mundista, ya que ninguno de sus aguijones, puede impedir el saqueo del fruto de su labor. Aman ídolos; su reina, puede ser un patrón o patrona, un o una líder, un artista o alguno de su comunidad, que haya logrado un éxito. Las abejas son dóciles y son muy felices, aportando ideas a su trabajo con generosidad. Sueñan, pero no se independizan. Buscan grupos de apoyo, comunidades religiosas, todo tipo de asociación.

Frente a los avispa, contrastan los “toches” que cantan por muy poco y ponen sus virtudes, al servicio de quien les brinde una jaula de oro. Otros, los más soberbios, prefieren morir de rabia, de sed y hambre, porque no toleran el encierro, ni se resignan a contemplar el paisaje y la vida tras los barrotes, como animales condenados a cadena perpetua. Hay dos clases de toches y tantas clases de hombres, como tipos de intereses en la vida. Un toche fácilmente es un artista venido a menos. Los servidores de mágicos o mafiosos, los mozos de espada, los “esparring”, los asistentes de artistas o personajes, algunos subalternos cuando sacrifican sus personalidades o niñas light, que viven a costa de sus cuerpos e imágenes y los guardaespaldas, suelen registrarse en este grupo.

Muy diferentes son los que encontramos en aquel salón de belleza. Obsérvalos trabajar desde lejos. Ellos son los “mariposas” estilistas, delicados, dedicados a la belleza como las geishas o muchas “prostitutas decentes”. No creo que sean engendros, ni errores de la naturaleza. Son terceros, cuartos, quintos o sextos sexos. Hay tantos sexos en el reino animal, como formas de pensar y actuar. El comportamiento sexual, hoy más que nunca, es fruto de todos los factores que inciden en el proceso de formación psico-sociocultural.

Un hombre “mariposa” se encandila con la luz y los de su especie, son capaces de suicidarse, sin darse cuenta de la demencia que padecen. El partirse una uña, es una de sus peores tragedias. Son leales y amigos apasionados e incondicionales.

Algunas mariposas, a pensar de las tragedias que viven o han vivido, son un grito contra la naturaleza, híbridos o transgénicos genéticos, que atraen las miradas con su comportamiento exótico: sus conductas amaneradas, en muchos casos, son todo un carnaval. Muchos mariposas conocen el éxito en el mundo de la moda y la belleza, después de haber sido larvas o de haber tenido que arrastrarse cual gusanos.

La mariposa será una eterna amante de las bellas artes, ya que necesita de las miradas y aplausos, ser y hacer que su cuerpo, sea todo un centro de atracción. Su mundo son los cosméticos, los teatros, salones de belleza, pasarelas. Su universo ideal, es un permanente reinado de belleza. Son intrigantes, celosas, desconfiadas, apasionadas como el fuego o lava, depresivos o eufóricos a morir. Saltan y hacen más escándalo, que un taco de luz excitado; hasta los machos son femeninos en esta especie, dependiendo de la actitud activa o pasiva que asumen. Se identifican con el arco iris, quizás por la variedad de alternativas dentro de sus géneros. Muchos son huérfanos de afecto y quizás por eso, son demasiado afectuosos y protectores con sus parejas.

Algunos son bastante “luciérnaga”, ya que brillan como trajes de lentejuelas en las noches, pero solo son: bellas de noche... Las caídas en desgracia, terminan haciéndole autostop al amor, cual vulgares prostitutas de bajo perfil; o “vendiendo nalga en las esquinas” para poder comprar un poco de droga.

Muchos “babosa” pueden ser melosos, arrodillados y sin justificación alguna, permiten el abuso, los robos y los atropellos. Los “babosa”, tampoco piensan por sí mismos, desconocen la palabra dignidad y jamás serán virtuosos. Siempre se les recuerda con desprecio. Siempre adulando o lamiendo para agradar, como buenas babosas. Parecen que carecieran de personalidad, pero desarrollan por instinto una manera absurda para sobrevivir o permanecer en sus cargos o instituciones. Un babosa, siempre será un lastre y a la larga, un cáncer para el progreso o desarrollo. Son pobreteados, ignorados, pero sobreviven a las tempestades y al paso del tiempo. Simplemente cumplen con sus funciones. Si les cae un poquito de sal en la vida, hasta ahí llegan. Un “babosa” se sienta a trabajar, es lento, constante, pero ¡no se mueve! ¡Duran horas, semanas, meses, años o toda una vida en los mismos puestos, en las mismas actitudes, sin atreverse a romper la rutina!; si no hubiera sido por la sistematización y las oficinas abiertas, hubieran seguido sepultados en vida dentro de oficinas oscuras y lúgubres como Pessoas.

Pero existen “libélulas” y “colibríes” que parecen navegar con histeria por el aire. Parecen gozar del don del desaparecer de la vista o aparecer en momentos inesperados, por arte de magia. Liban aquí y allá, con persistencia. Son libres y libertos de la naturaleza. ¡Todo el espacio les pertenece! Muy difícilmente se dejan atrapar. El colibrí, se goza los sexos de todas las flores; se embriagan de amor y sensaciones exóticas o fuertes; deambulan de flor en flor, danzando y abaniqué ando el viento. Se alucinan con cálices jóvenes, tiernos, llenos de color y vida. La flor como tal, poco les importa; sólo los sexos que les brinda el elixir de la vida, les alucina; así como todo lo que se mueva, sea de sangre caliente y tenga dos piernas. Los colibrís son más selectivos que las libélulas, en cuanto a los mundos en que se mueven. Un ejecutivo colibrí, suele ser muy exitoso, un gentleman y con gustos bastante exquisitos.

Esa mujer en cambio, al igual que muchos travestís o transformistas, conforma el grupo de las “luciérnagas”. Acondicionan sus vidas y el éxito, sobre las formas del cuerpo, movimientos amanerados e intentan atraer las miradas siempre, sobre el culo. Visten y viven en función de atraer y atrapar incautos. Toda su inteligencia es hacia lo sensual y sexual. Profesionalizan el amor, se prostituyen, se cuantifican. Brillan de noche, gracias al neón y a sus escandalosos vestidos ceñidos, como una segunda piel... Las de clases altas, no pierden la esperanza de atrapar un príncipe azul quedado o envejecido, en definir su estado civil y no les importa si son bohemios, con tendencia al alcohol, ya que muchas solo buscan o se contentan con un apellido que les aporte un poco de brillo social. Toleran muchos defectos, ya que necesitan solucionar sus problemas de estabilidad económica; y prefieren o se deciden, por una vida licenciosa, desorganizada o perdida en relaciones sin futuro. Las personas “luciérnaga”, siempre serán falsos dandys e inauténticos hasta para reír. Siempre creerán que el mundo debe girar alrededor de ellos. Muchas llegan a lucir amaneradas, por su afán de llamar la atención; al llegar a un sitio, quisieran gritar: ¡Hola, aquí estoy! El o la luciérnaga fastidian o pierden el aprecio, por ser demasiado inoportunos. A la luz del día, podrían confundirse con cualquier espantapájaros o bruja recién levantada. Lucen cual desechos humanos, sin las máscaras del absurdo. En los luciérnagas, no se encuentra nada dentro de sus cabezas; únicamente sus cerebros les sirve para ordenar unos tragos o pronunciar el nombre de algunos sitios de diversión nocturna, por lo general de mala muerte, si se mueven en medios de perfil medio o bajo o los más “inn” o exclusivos, si son o pertenecen a estratos altos. Los luciérnaga son peligrosos, traicioneros y tienden a agredir con armas corto punzantes. Suelen ser jíbaros, pues reducen a los incautos que caen en sus redes, con burundanga o escopolamina; a la vez, son fáciles víctimas de los chulos o de las hienas. En este grupo, también podemos incluir algunas secretarias, que ingresan por recomendaciones y sin aptitudes profesionales, a desempeñar ciertos cargos que conservan e inclusive ascienden, gracias a sus favores sexuales. Estas luciérnagas siempre están mostrando más de la cuenta. Viven contando historias tristes, para inspirar compasión y con facilidad se sientan sobre el escritorio del jefe, para asegurar sus intenciones. Son rumberas, infieles, gocetas. Curiosamente muchos se entregan con un fanatismo absurdo a grupos religiosos, como si temieran que al morir, les fueran a pasar una cuenta de cobro. Las personas de su mismo sexo tienen peligro frente a ellas, porque las involucran con facilidad en sus estilos de vida. Al igual que los drogadictos, no son muy concientes del infierno en que viven. Caen en estados muy depresivos, cuando toman conciencia de una soledad inminente, e intentan por todos los medios, engañar a sus espejos y al tiempo. Son clientas ideales para los cirujanos plásticos y agencias matrimoniales.

Una mujer luciérnaga pocas veces será independiente, ejecutiva o empresaria de éxito. En ellas todo luce con sabor a pecado. Toda su sensualidad es vulgar y ordinaria. Frente a ellas, contrasta aquella señorita pasada de años, a la que podemos denominar “erizo marino”, ya que viven con todos los sistemas de defensa disparados. Jamás dejan acercarse a alguien, para compartir sus vidas o disfrutar e la magia de un amor o aventura circunstancial. Cuando lo hacen, como ciertas hembras en celo, viven con pasión e intensidad el ahora, pero al otro día, lo olvidan todo; se tornan agresivas y hasta groseras. Cuando despiertan y deciden cambiar sus vidas, por lo general se les ha hecho tarde. Una persona erizo, ni vive ni deja vivir. Pueden ser muy inteligentes, alcanzar grandes éxitos profesionales y económicos, pero sus vidas personales, ¡siempre serán un desastre!. Viven de las consecuencias de la neurastenia y de infiernos inimaginables. Muchas de estas personas, han sido violentadas en su infancia, en su juventud; vienen de grandes decepciones amorosas o de perder al gran amor de su vida. Tienden a automedicarse o caen con facilidad en el alcoholismo, la anorexia o la drogadicción. Todas sus inseguridades se reflejan en su sexualidad. Muchas se suicidan sin desearlo, al mezclar antidepresivos con un poco de licor.

Un hombre erizo puede convertirse en psicópata. Viven una doble personalidad. El alcohol los hace muy agresivos. Son machistas e intransigentes. Son muy inseguros de sí mismos. Dentro de una persona erizo, dormita un homosexual o una lesbiana. Son muy pulcros y ordenados. En muchos casos visten muy conservadoramente o como pasados de moda, colindando con lo ridículo. Un erizo siempre será agresivo y violento por culpa de sus celos. Entre los o las erizo fiesteros, encontramos a los solterones o solteronas más amargadas y resentidas. A este grupo, también se le confunde con facilidad, con los “escorpión”: siempre serán ponzoñosos y eternos enemigos al acecho, desde las sombras. Evitan y evitarán el sol. Un escorpión es igual de peligroso a un arma de fuego cargada. Por lo general, son enemigos cotidianos en nuestros medios de trabajo, ya que tiran a matar al menor descuido. Una persona escorpión es falsa por naturaleza; como un “peliteñido” color puta. ¿Recuerdan a las larvitas “maria-eugenias? Los “amantes” fueron creados por la naturaleza contra ellos; aparentemente son débiles, pero son capaces de acabar con ellos, de cambiarles la vida. Una amante es y será, el afrodisíaco más poderoso y efectivo en la vida.

Un escorpión siempre será un resentido social. No perdona, ni olvida. Es el eterno rencoroso. A este grupo pueden pertenecer algunos sádicos, sicarios o asesinos por venganza. Un escorpión siempre será un despiadado mercenario. Un terrorista. Una sedienta víbora. Una trampa humana mortal. Los escorpiones jamás cambian, ni pueden enmendar su espíritu asesino. Suelen ocultarse en lugares familiares e inimaginados, para atacar con su ponzoña. Los escorpiones son solitarios. Aman su soledad. Solo buscan por instinto a la mujer como hembra; se aparean por necesidad sexual, pero no le permiten a la pareja, involucrarse con sus vidas ni conocer sus negocios. Aman las aberraciones y juegos sadomasoquistas, la pornografía, el cine rojo, las ayudas sexuales; los intercambios de pareja, que irónicamente parece ir contra los rasgos de sus personalidades. Debido a las limitaciones y defectos sexuales, algunos se dedican a un fisiculturismo exagerado, para aparentar un machismo u hombría. Jamás hay que reírse de un escorpión y mucho menos, intentar desenmascararlos.

Observa aquel rebaño. Juiciosas, formaditas como frutos de una buena vida, esas son las clásicas “ovejas”. Son borregos o corderos del montón. No se distinguen, todos lucen igual. Solo por el rostro se diferencian, ya que lucen como uniformados. Se asemejan unas a otras, cual gotas de agua. Hasta el comportamiento es homogéneo entre ellos o ellas. Viven bien abrigados y protegidos. Viven rico o a gusto en su medio. Si sienten hambre, simplemente “pastan” o balan. Socialmente son masa. Conforman o representan comunidades. Tipifican una clase media. Son muy conformes y dependientes. Dan y reponen lo que la sociedad les arrebata, y así sucesivamente, hasta que se les pasa la vida. Escasamente balan. Jamás gritan, ni chillan. ¡Balan! Quizás por eso, nadie se inmuta al escucharlas. Tampoco son inoportunas. Desnudas se ven ridículas. Siempre aparentan ser más fuertes y disfrutar de una mejor vida, cuando visten sus uniformes o hábitos. Viven invernando o como si tuvieran frío a toda hora. Son felices tomando onces y en obras sociales. No hacen daño. No son agresivas. Son muy felices sirviéndole a la comunidad, a la familia, a todo el mundo. Gozan de una gran sensibilidad social. No son materialistas, ni metalizadas. Ante la más mínima insinuación, se despojan del abrigo para que otro se proteja o ceden el plato con su alimento.

A su familia pertenecen las cabras y los cabrones. Quizás son los rebeldes de la familia o han aprendido a sobrevivir en situaciones muy difíciles. He visto a “carneros” conquistar montañas u observar el paisaje sin inmutarse, desde la punta de una peña o a milímetros de un precipicio; no le temen al vértigo, ni a los peligros. Los carneros como amantes, son intrépidos, agresivos, pero esto, no les libera de los cuernos. Un carnero como muchos hombres, viven felices y orgullosos. Aceptan y lucen sus cuernos. Admiten la naturaleza y las circunstancias ¡son otras culturas o formas de pensar! Quizás un hombre sin cuernos, sea como un jardín sin flores. El chivo en cambio, siempre será un gocetas, un perdido, un desalmado, un prostituto o un amante medio gigoló; siempre será un eterno enamorado y aventurero, un jugador, un libertino.

En cambio los “ciervos” siempre serán más dóciles, más delicados y ornamentales. Les lucen los cuernos, pues sin ellos, el mito de los bosques perdería su razón de ser. Hay mujeres “bambi”, que quisiéramos conservar por siempre entre los brazos. Estas personas son muy esquivas y ariscas. Hay que conformarse con observarlas desde lejos. Son nobles y blanco fácil para los despiadados o los interesados. Cuando corre un ciervo, ondea como una bandera de libertad. Sólo quienes son felices asesinando a la vida, pueden disecar sus cabezas y exhibirlas cual trofeos. El ciervo representa a un hombre dócil, bueno, ingenioso. Una cierva será sumisa, hogareña, cariñosa.

El ejercicio consiste en observar las personas que vemos por la calle, en los eventos o en una reunión; analizar, diagnosticar y descifrar su personalidad. Por ejemplo, observemos aquella pareja, ¿a qué animal o grupo, se parecen?

Observo como los escanea con una mirada detectivesca y exclama:

Para mí son “flamingos”. Si volaran, serían lenguas de fuego, rasgando el cielo. Lucen cierta elegancia, aparentan ser delicados, casi señoritas; son muy altos, atléticos;, escasamente bajan la cabeza para comer. Su altura les hace ver y creer que son superiores. Jamás permiten que el agua les dé por arriba de las rodillas. Jamás veremos a un flamingo, sucio de barro. ¡Hasta por el color se distinguen en el paisaje! Son muy esqueléticos. Tienen flema y tienden a ser inteligentes. Parecen y lucen cual top models, basquetbolistas, nadadores y deportistas de velocidad; son los preferidos o ídolos en sus categorías. La buena ropa les luce. Miran por encima del hombro como las jirafas, pero son menos elitistas.

¡Exacto! Los fenotipos y asociaciones pueden cambiar por razones culturales y otros factores puntuales o regionales, pero lo importante en la asociación cuando se generaliza, es razonar sobre los rasgos predominantes o mayoritarios; siempre habrá excepciones y la excepción, siempre confirmará a la regla. Por ejemplo, aquel conductor neurasténico, es el clásico “toro de lidia”. Parece que le fuera a embestir a todo. Pita, se desespera solito, se comporta como si quisiera pasar por encima de todos. Vive envenenado, embarcándose solito en problemas. Busca siempre la pelea y esta dispuesto a casarla con cualquiera. Es bocón y puede ser por culpa de una cultura pobre, de venir de un estrato bajo o por una baja autoestima. Puede venir de un hogar desbaratado. Algunos se conforman, cuando descubren cuernos en sus cabezas por culpa de sus errores. Son neurasténicos y muy sanguíneos, ¡más que la cabeza de un fósforo!. Son un peligro social. Pueden destruir a patadas un sueño o destruir un hogar en segundos. Sin embargo, se tornan en hazmerreír con facilidad, si se les torea con decencia y lejos de su querencia. A un toro de lidia no hay que darle papaya, ni la más mínima oportunidad, ya que se enceguece con sus víctimas. A otros toros de lidia, la sociedad los prepara para jugar y disfrutar con ellos. A algunos, los tildan de deportistas, pero participan en actividades de altísimo riesgo. El toro embiste y muy pocas veces, se acobarda; siempre va hacia adelante, hasta que encuentra la muerte.

En cambio, aquel lord inglés, es todo un “cisne”. Observa la clase con que navega en medio de la marejada humana. Nada le inmuta. Está en lo que está. Él es él y punto. Su sombrero de ala, su bastón, su chaleco, zapatos muy bien brillados, un reloj de bolsillo, su paraguas, son toda su armadura. Esas personas son muy respetuosas y educadas. Muy estrictas en sus compromisos. Son más cumplidos que un té a las cinco. Ignoran a los “patos” y la torpeza de los “gansos”, aunque son de la familia, los consideran especies menores. Todos nadan y navegan, pero ninguno lo hace con su elegante estilo o porte. Una mujer cisne domina con la mirada y los ademanes. Castran la fantasía y espontaneidad de sus críos, porque tienen que comportarse tal cual ellos y sus anteriores generaciones. Creen tener la sangre azul. Todos creen ser engendros divinos. Jamás me imagino servido por un cisne, o servido como un pavo en una mesa, o despernancado como una gallina, o empalizado en un asadero. Tampoco se exhibe como un pavo real, cuando busca los favores de sus pavitas, que lucen casi ridículas ante su majestuosidad. Aparentan ser generosos y estar siempre, muy bien económicamente. Son muy dignos cuando aguantan hambre e irónicamente les luce la hambruna. Piden con la mirada, jamás con palabras.

Los cines y los pavos reales, alucinan como las joyas o los juguetes, que la sociedad crea para comprar favores sexuales, bien de hembras o “hembritos”. Hoy, las mujeres cisne de éxito compran y devoran “hembritos” a su gusto. Un pavo real es y será más femenino. Aman el diseño, la moda, son estilistas de alto perfil. Los pavos reales, se mueren cual damas reales. Insultan, sin irse a las manos como los plebeyos de las especies menores. Los que si son insoportables, son los que vienen de abajo hacia arriba, los nuevos ricos. Jamás olvidan y viven sacándose la espinita, de haber sido una especie menor. En ellos las cosas poco lucen. Se ven grotescos. Carecen del gusto innato. Todo es fingido y poco original en ellos. Hasta el oro luce cual oropel o como algo grotesco, sobre ellos. Viven intentando romper barreras, como el agua y el aceite. Creen adquirir clase, afiliándose a clubes y cancelando las cuentas de los parásitos sociales, que no son más que aduladores profesionales que les rodean, pero que a la vez, les son indispensables para satisfacer el ego. Los escaladores o el “hombre-araña”; creen que con dinero, pueden camuflarse dentro de este grupo.

Una cosa es analizar a las personas individualmente, y otra muy diferente, como parejas. Hay parejas de parejas y a veces algunas tan disparejas, que nos generan risa. Hay parejas absurdas, ridículas, risibles. Es bueno romper esquemas, pero no ir contra la lógica de la naturaleza. La naturaleza es sabia y la ignorancia muy atrevida.

¿Cómo aquella?

Sin comentarios. No hay que señalar para no herir a nadie. Hay que vivir y dejar vivir. Todos vivimos un sueño o una pesadilla, pero tarde o temprano despertamos o tenemos que aterrizar. Un ave por buena voladora que sea, no puede vivir permanentemente en las nubes. Las personas no creemos en las advertencias de la naturaleza o en las profecías de las brujas, pero que algunas aciertan... somos felices quemándonos, por culpa de nuestra incredulidad; no es que el proceso de aprendizaje en la vida sea doloroso; todo el sufrimiento en la vida, es por culpa de hacernos los ciegos o los de oídos sordos. Se nos hacen necias o envidiosas las observaciones de quienes nos rodean. Somos felices creyendo que las personas cambian e insistimos en relaciones conflictivas o peligrosas. Tenemos que aprender a decir “¡No!”, y nos evitaremos grandes frustraciones. Decir: si o no, es todo un arte que exige mucha discriminación.

En la sociedad, encontramos todo tipo de bichos raros, engendros absurdos, o verdaderas joyas. Sin embargo, hay un diamante en bruto, en el corazón de todos. No es que el hombre nazca malo; es el medio, la cuna donde se engendran y desarrollan los engendros. Las oportunidades justas, pueden generar una nueva sociedad; y por ende, un nuevo hombre. Sólo el amor y con amor se sanarán las heridas del viejo hombre.

Hoy, muchos de esos ejecutivos de alto perfil son “cornudos profesionales”, inspiran respeto y nada pierden, por culpa de sus cuernos. Son permisivos y tolerantes con sus parejas, ya que las lucen cual accesorios o son un medio para alcanzar sus objetivos sociales. He visto y conocido a muchos, servirlas en bandeja de plata. El sexo entre ellos, está permitido de una manera libre y racional. Es una forma de lograr un equilibrio emocional y de disfrutar de las sensaciones “in” o “Light”, de una sociedad decadente o que ha mutado su capacidad de sentir. Para algunos, es una forma de mantenerse bien espiritualmente; desaparece lo pecaminoso, reina la fantasía, la imaginación, el ensueño. Allí el sexo es un accidente que puede comenzar por un inofensivo juego de prendas, y las concepciones de bien y mal, son muy relativas y diferentes, en cada uno de los estratos sociales; a menor estrato, más sentimientos de culpa y a mayor posición, más goces, más éxtasis; allí el libertinismo luce hermoso.

Los “alce” son y serán, personas liberales y liberadas. Calculadoras y por lo general, están lejos del bien y del mal. Sus preocupaciones prioritarias están en el mundo de los negocios o de la bolsa. El alce es conciente de su poder, pero no hace alarde de él. Es todo un jugador profesional, un tahúr, pues ama el juego y las emociones fuertes de las grandes decisiones. Vive enamorado de la buena vida. Disfruta las noches con pasión, los cruceros, el champaña, los smokings, los conciertos, el teatro, la vida social, los casinos. A veces es medio solitario, más bien narcisista. Se aparean para procrear o aparentar ante la sociedad. El alce representa al play boy en uso de buen retiro; es la persona madura, pero eternamente interesante. Suele ser el abuelo bonachón y sobre protector. Son los patriarcas o las comadronas con clase. Son los filósofos maduros de la vida. Son pragmáticos y demasiados realistas.

Los “venado” o los “alpaca” viven un estilo de vida, absurdo para unos y muy natural, para quienes aman una libertad absoluta. Creen que quien ama a la mujer después de tres años de matrimonio, debe padecer de una aberración sexual. Viven un estilo de vida que muchos envidian, otros sienten lástima por el vacío que a veces se apodera de estas personas. Jamás gozan de lo informal o de lo mundano popular. Por lo general no ascienden, sino permanecen en un mundo o elitista, donde nacen, crecen y mueren. Parecen vivir protegidos por una nana o por alguien que les sirve permanentemente. A diferencia del alce que vive con un brandy o un coñac, en la mano, estos gustan de licores más ligeros o de tomar en reuniones más informales. Es fácil imaginarlos con un perro lebrel a sus pies, una chimenea, una pipa, bigotes de navegante y un mayordomo en posición firmes, en su vejes. Otros caídos en desgracia, tienen a la mujer y a sus hijos a su servicio, como perros falderos. Todos lucen cual eunucos, sin sueños a su lado en el ocaso de sus vidas.

Muchos en edad madura, se vuelven o comportan como “búhos”, o “lechuzas”. Las mujeres tragan libros, como una forma más elegante, para de huir de la monotonía y de una relación caída en desgracia. Es el encuevarnos en bibliotecas imaginarias a engullir libros, hacer poesía o ver televisión, la actitud más recurrente. Son bebedores sociales, para narcotizar sus ansiedades o evadir la realidad. Hay “hombrecitos búhos”, insignificantes intelectuales, que leen para dejar de ser don nadie. Pierden la capacidad de disfrutar de la piel de los libros, de los cuerpos de las imágenes, de los sexos de las palabras. Detrás de cada lector, hay un estilo de vida, un fenotipo social: dime qué lees y te diré quién eres dentro del zoológico humano; hay lectores morsa y aguiluchos; hay lectores con ojo de águila y otros que rumean textos con cerebro de vaca.

¿Ves a esa “ratita” en el puesto de revistas? Sé que se masturbará mentalmente con las fotos sensuales de las revistas de porno o con las fotos de mujeres en la prensa amarillista. Sus cerebros no dan más, que para alimentarse virtualmente con mujeres exhibidas cual sandías; así Parezcan monumentos vivos al SIDA o a las venéreas. Su coeficiente intelectual lo miden contra crucigramas, diseñados y puesto al alcance de una seudo cultura al alcance de este tipo de roedores, para que vuelvan a comprar por impulso. Observa su comportamiento... es todo un espectáculo cantinflesco. Por eso, cada producto goza de un mercado, de un perfil. Cada tipo de lectura es el espejo del alma de sus lectores. El rata es un rebuscador casi profesional y todo lo obtiene al precio que sea. Pisotea a quien sea. No conoce el concepto de lealtad. Para el rata no existe familia. Se mueve en cualquier ámbito social, desde el más alto hasta en las mismas alcantarillas. El rata es inmoral y amoral para la sociedad. Es un cáncer social, una vergüenza. El rata puede violar a sus propios hijos o hijas. Es un perdedor y un resentido absoluto. Son asesinos en potencia, delincuentes por instinto. Todo en ellos es tan inauténtico, que son reconocidos o apreciados por sus alias, o suelen cambiar de apellido, para pertenecer a una mejor familia. Hoy, los ratas se han apoderado del miedo ciudadano. Siempre asechan o emboscan camuflados entre las sombras y huyen a sus guaridas, sin dar jamás la cara. El rata siempre será “el duro”, “el patrón” en los bajos imperios de la cobardía, el guerrillero, el terrorista, el murte del barrio.

Por eso, el hombre toro sobresale siempre, como un guerrero valiente y lucha hasta el último suspiro. Jamás se comportará como un buey, salvo que le castren los sueños. Tampoco será un hombre “vaca”, que son felices que les acaricien las tetas, así nadie les regale un verdadero beso con pasión, con lengua y todo. Los vaca, serán afeminados por naturaleza. Aunque ya gozan del respeto y aceptación social. Una mujer vaca, vive sin mayor ilusión la vida; siempre se sentirá utilizada en todo sentido. Cuando comparte un momento íntimo, se siente sucia y cargan con un gran sentimiento de culpabilidad. Viven rumiando la vida, el tiempo, los sueños. Para ellos la vida es un mar de letargos. Conviven con la naturaleza, pero no la sienten con pasión. El buey aprende a arrastrar con dignidad los pasos, aunque se siente poco orgulloso de sus logros en la vida; muchos trabajan hasta el último día de su vida. Aveces se confunde con un búfalo viejo, un hipopótamo o una morsa o león marino, pero siempre arranca con persistencia y fuerza las piedras que encuentra enterradas en su camino.

En cambio, aquellos parecen tigres, panteras, chitas, hienas. Todos van en busca de lo suyo, de sus bocados, de sus víctimas. Todos son carnívoros, asesinos en potencia. Ninguna víctima les inspira piedad. Tienen que ser triunfadores a cualquier precio. Son astutos y solapados. Hasta las hembras piensan en cazar para sus familias, sin importarles el precio, ni el daño que le puedan causar a los demás. Jamás rugen por hambre, frente a sus potenciales víctimas. Evitan ser olfateados y frente a un mecenas o protector, son capaces de atacarlos por la espalda. La ambición los enceguece. Diría que aman y son los maestros naturales, en el don de la cacería. Corren más que casi todas sus víctimas potenciales, pero siempre eligen a las más débiles e indefensas. Los tildamos de salvajes, pero son despiadados por el instinto perverso que los habita. Estos son los felinos.

Al hombre “tigre” así le vean vanidoso, prepotente y sabio, tiene que aprender a ignorar las ofensas envilecidas de los hombres “fara” o “zarigüeya”; que con solo chismes o comentarios sucios, pretenden igualarlos. Del hombre “tigre”, del puma, del lince, del ocelote, del pantera, siempre tenemos que aprender a marchar hacia ese destino irrevocable e innegociable; a fijar la mirada en la cima de nuestro Everest y conquistarlo, a ser perseverantes y triunfadores. Estos suelen ser hombres de negocios, profesionales independientes, asesores financieros, abogados de éxito, grandes negociantes o comerciantes. Son y serán reconocidos como los reyes de la selva, puesto o título que se disputan con los leones. Son despiadados con sus rivales o enemigos, pero demasiado cariñosos en sus hogares con sus camadas. Siempre defenderán a muerte a sus hijos y su hogar. Gozan y disfrutan toda la vida con los “burros” o con los “asnos”, a quienes consideran siempre una especie menor; nacidos para cargar y servir cual esclavos. Todos son tildados de ignorantes, casi de irracionales. A muchos, la sociedad les niega la educación y el aprendizaje. Irónicamente, su única y envidiable virtud frente a las especies privilegiadas, es su miembro viril y la capacidad amatoria de sus hembras. Vergas de ese tamaño son capaces de calentar a las hembras más frías o arrancarles multiorgasmos desde lo más profundo de sus entrañas. El burro, aún no es un liberto. Los hay mestizos, porque siempre habrá yeguas o caballos en busca de sensaciones.

Los hombres burro podrán gozar de las mejores bibliotecas, de libros con estampas en oro, pero jamás abrirán uno, y si lo hacen, nada comprenderán. Un burro, como muchos nuevos ricos, puede cargar costaladas de dinero sobre su lomo y siempre le llamarán burro. Hay mujeres “mula”, vaginales ciento por ciento. Hasta sus cerebros parecen vaginales. Hay “machos man”, que se jactan y viven de la explotación de su dotación viril. Más que como padrotes, son buscados como amantes o consoladores humanos, para hembritas insaciables o hipomanías sexuales. Revolotean cual moscas en las playas tropicales, ya que las vacaciones son sol y sexo, para estas personas. Tiran con la impudicia de los perros callejeros o de las mujerzuelas más baratas. Para muchos, el sexo es un modo de subsistir con sentido. La prostitución decente, se plantea como un “yo te doy, tú me das”, allí los “chulitos” lucen cual “pichones de cuervo”. A su mundo pertenecen las “call girls”, o los “call boys” o sea, los prepago profesionales. Cuando pierden clase se confunden con los ¡chulos!, pero el hombre burro, a pesar de ser considerado bruto al extremo, siempre poseerá de cierto encanto para las hembras; más si han moldeado sus cuerpos en un gimnasio.

Me fascina observar jóvenes “primates amazónicos” que parecen “yuppies de Wall Street”. Saltan de puesto en puesto, con una seguridad asombrosa. Todos bien motilados, vestidos impecables y a la moda, transpiran éxito y loción. Sonríen como conquistadores y personas exitosas. Se expresan como ambiciosos y vencedores. Viven en un extraño mundo, que parece desconectado de nuestra realidad; se parecen a los pequeños “saltamontes”, capaces de saltar cualquier obstáculo. Ignoran los golpes y alcanzan el éxito, gracias a su perseverancia y jugadas magistrales. Son nobles, honestos, de fiar. Egresados de las mejores universidades, con postgrados en el exterior. Quizás algún día se conviertan en personas “rinoceronte”, espantando con su sola presencia, a pesar de gozar de un solo cuerno. Un rinoceronte domina todo su territorio y atemoriza hasta su sombra. Entre los jóvenes encontramos a los “salmón”, donde sólo sobreviven los más fuertes. En este caso, los mejores preparados, los más ambiciosos, todos serán M.B.A., excelentes promedios, vestirán trajes de marca; siempre asisten a sitios de moda, donde se puedan mostrar; aman los autos deportivos y se acompañan de mujeres que lucen como artículos de moda. Sólo escuchan y bailan rock, ritmos de moda, música francesa o jazz. Aman los deportes al aire libre y los gimnasios, las dietas y la comida sana. Las hembritas son hermosas cual “cebras” y no se contentan con ser simplemente decorativas. A ellos hay que prevenirlos y enseñarles a ser “camaleones”, a desconfiar, a desenmascarar, a ver más allá de las intenciones aparentes, a olfatear lo oculto en los negocios, a conocer el otro rostro de ese mundo, a no confiar incondicionalmente en los amigos, a no ser demasiado generosos, ni permisivos. La experiencia es sabia, pero la malicia jamás debe bajar la guardia. En todo hay una segunda o tercera intención. Hay que dudar, escudriñar, indagar, verificar. Hay que aprender a hacer alharaca como las “guacamayas”, o los “micos”, para despertar a los habitantes de las selvas de concreto y y acero de su somnolencia, cuando el peligro acecha.

Hay hombres mico, a los que les fascina pasar por payasos. Borrachitos son jocosos y más alegres que un circo. Una cosa es un mico payaso y otra, un abusivo bellaco, descortés y cínico mico, irrespetuoso, que no se inmuta rascándose los genitales frente a extraños. Las guacamayas son hermosas, cual banderas vivas ondeando por el cielo, o como lenguas de fuego anunciando la primavera. Son más dignas y señoriales que las “loras”, cotorras profesionales que sólo repiten una misma cantaleta; o esos periquitos de los palotes, que viven cagándola a toda hora o sobre quien sea. Su pico es mordaz y capaz de despellejar hasta al animal de piel más fuerte.

Parecen señoras domesticadas y de estrato bajo, narrando a un mismo tiempo un evento deportivo. Parecen una sesión de bolsa de valores. De las personas “lora”, tenemos que cuidarnos de su lengua suspicaz, capaz de sembrar la duda, de corroer el alma, el sosiego, o los sentimientos. Las personas lora serán chismosas por naturaleza. Hablan para pensar. Sus lenguas difamatorias siembran solo intriga y la discordia. Casi todas son vulgares y de estratos muy bajos. Con odio, son capaces de envenenar el corazón de los enamorados. Una mujer lora es más peligrosa que un vaso de cianuro. En gran parte son amargadas y frustradas sexual y afectivamente. Suelen ser personas solas, abandonadas. Fastidia su actitud obsesiva hacia mascotas. Todo su mundo se reduce a faenas cotidianas, a vivir su vida de telenovelas o hablando de las vecinas.

Jamás ven ni se atreven a observar la vida desde arriba, como las “águilas reales” o las “ratoneras” que necesitan de las pequeñas ratitas para sobrevivir. Los hombres águila apuntan las garras donde fijan la mirada. Bajan del cielo como la muerte. Son los soberanos que creen ver y dominarlo todo desde su cielo, donde son amos soberanos.

El éxito siempre conducirá a una escalera imaginaria. En cada escalón encontraremos a un tipo de especie o de familia animal. Todos se sentirán muy bien cuando miran hacia atrás, e inconformes, cuando levantan la cabeza. Por eso, hay personas que prefieren bajar la cabeza y arrastrar las miradas.

Otros se aferran a la más mínima oportunidad cual “esponjas” y aprenden a sobrevivir casi sin dar un paso más en la vida. Son muy diferentes a las ladillas, que buscan nuestros sexos para subsistir cual cínicas parásitas o parásitos. Una ladilla es pegajosa y difícil de desprenderse de este tipo de personas. Son aduladores, tramposos, vividores. A veces se confunden con las “carpantas” no sólo por el cinismo, sino que viven al acecho, tomando y ocultándose después del raponazo. Una persona carpanta cree que nadie les ve ni que echa de menos lo hurtado. Se creen vivos, pero son ladronzuelos de bajo perfil. Los carpantas con facilidad se convierten en delincuentes profesionales o sociales por gusto. Jamás reconocen ser rateros, sino cleptómanos. Estas personas son taimadas, mentirosas, muy inseguras de sí mismas, bastante incultas y vulgares; jamás dan la mirada y pueden saludar dando la punta de los dedos. Son egoístas, rencorosas, descuidadas en su aseo, inescrupulosas y nada de fiar. Terminan muy solas y despreciadas.

Las personas “topo” o “lombriz”, por naturaleza buscan la tierra para ocultarse. Muy diferente a la cobardía de los avestruz. Para estas personas, en la oscuridad está su vida. Son felices encuevándose; o las lombrices, comiendo la tierra que aran con las uñas y los dientes; con un sacrificio inmenso, trabajan la tierra para sobrevivir. Merecen compasión, ya que muchos son víctimas de la marginalidad y de una explotación, que los reduce al nivel infrahumano. Algunos confunden a los topos con ratas, pero estos son más dignos. Muchos le arrancan con las manos la riqueza al corazón de la tierra, pero jamás se lucran o benefician de su sacrificio. El barro se devora sus huellas, sus pieles se confunde con la tierra.

Las personas topo o las lombrices, no son tan lerdos ni amorfos, como las personas “caracol”, que se enconchan ante el más mínimo peligro. Viven demasiado lento y jamás enfrentan la vida con fiereza. La mayoría ignora hacia donde van y cualquier dirección les es indiferente. A veces la obesidad es una constante en este grupo. Son personas con niveles intelectuales muy bajos, que solo vegetan. Hablan sandeces y pueden pasarse una vida cuidando un lote vacío. No tienen sueños y a nada aspiran. Un uniforme cualquiera los realiza y les hace sentir que son alguien. Se conforman con labores muy menores. Este tipo de personas, castran a los hijos desde pequeños, por educarlos con pensamientos y actitudes perdedoras. Creen que el destino es un karma divino y que deben aceptar esta maldición divina. Son amantes demasiado pasivos y sin creatividad.

Me fascinan los “ardilla” y los “castores”; siempre buenos trabajadores, persistentes y laboriosos como nadie. Jamás una estación los sorprende sin reservas. Demasiado diligentes, graciosos e inteligentes. Se gozan el ahora. En todo ven oportunidades de éxito. Siempre prestos y listos como jóvenes scout. Estos constructores me los recuerdan que se pueden realizar obras de ingeniería con las manos y mínimos recursos; todos son dignos de admiración. Jamás se les puede comparar con un hombre “manatí”, ni con los “hormigas” o “pulgas,” que encuentran hasta la muerte por intentar chupar un mínimo de sangre. El hombre pulga, jamás aporta, es un recostado, pero es un destructor de sueños ya que ni hace ni deja hacer, solo piensa en su beneficio. El hormiga, realiza el trabajo colectivo con otra concepción muy diferente de la vida; siempre será un buen peón de brega, un obrero sumiso y demasiado conformista; cuando se destaca un líder entre este grupo, solo busca prebendas personales.

Un ardilla es muy diferente al “zorrillo”, quien para defenderse, le basta levantar la cola y exhalar un pedo químico, inclusive a unos buenos metros, como cualquier estudiante anarquista. Creen que con necedades se puede cambiar el mundo, y en muy pocas ocasiones asumen actitudes proactivas. Desafortunadamente la humanidad necesita de golpes demasiado trascendentales y de heridas casi vitales, para que abran los ojos y enmienden la mayoría de sus pasos, los grupos amorfos y que desafortunadamente son y serán mayoría. El fracaso siempre será proporcional, al estrato social. Las oraciones no pueden ser oídas por la sordera de Dios; quizás dejó de existir o está enfermo; tal vez no fue más que un concepto; un dios bueno y otro malo, en una misma persona, es difícil de imaginar y concebir; pero en los niveles inferiores se localizan los fanáticos religiosos por legiones; son los imbéciles ideales útiles inclusive para pelear las guerras de otros.

¿Cómo puede un Dios bondadoso y bueno, condenarnos a confundirnos con los fenotipos de especies o tipos de animal inmundos, nauseabundos, si nuestro destino no está en sus manos, ni la del mundo?

Sólo los necios teólogos, los más fanáticos, hacen más alharaca que una gallina, cuando menstrua un huevo, así sea equivalente al de una “codorniz,” o a los que coloca en un silencio absoluto, la tortuga; no me imagino la sensación de una avestruz colocando un huevo. Los gallina, siempre gemirán más que una burguesita pariendo un hijo. Hoy hay que estar pilas, vivir con los ojos abiertos, cuidándonos del asecho de los zorros. Sin embargo, la gallina será muy maternal con sus pollitos y sus hijos jamás crecen a la deriva, como muchos de los crios humanos; aunque las gallinas, son muy cobardes; solo son los valientes, los machos de pelea. Las gallinas son más señoras y hogareñas, que las loras. Una gallina vestirá siempre de manera muy conservadora y será muy comadrona en todo; son excelentes cocineras y muy dedicadas al hogar, muy pocas llegan a ser profesionales, y cuando lo logran, trabajan desde consultorios hogareños o crean fami-empresas. Las gallinas como personas, creen que lucir gordas es sinónimo de salud.

Hoy por hoy, hay que estar prestos a los sonidos y movimientos del viento. Hay que cacarear a tiempo para que la parca no nos degolle ni desolle; ni hay que engordar demasiado para no llamar demasiado la atención y terminar en una olla alimentando la hambruna de otros.

Hay hombres que se mueven como peces en el agua. Ningún rincón de la ciudad les inspira miedo. Aprenden a ver, a oír, a olfatear, a degustar, a sentir con pasión cada momento en su hábitat. A ellos los llamo los “liebre”, o los “conejos”, porque sí saben para qué son sus sentidos. Aún más, gozan de un sexto sentido que es la malicia visionaria; nosotros en cambio hemos desarrollado el “sexo sentido”. Cuando un conejo se siente preso, asfixiado, escapa ante la más mínima oportunidad, como los “canarios” que son rebeldes por naturaleza, ya que no toleran ni una jaula de oro. Una mujer canario no es infiel, ni libertina; simplemente no toleran los compromisos. Viven extrañando el aroma del aire libre, los mejores tiempos, los mejores momentos de sus vidas. Jamás pierden la esperanza de alcanzar la libertad en todo sentido. Para este tipo de personas, siempre habrá un mañana, un sol, una nueva oportunidad; así como habrá un mar, un océano para los “merlín”, para los “pez espada” o “vela”. Siempre habrá un dragón imaginario en los bosques o vampiros al asecho, entre las sombras.

Las fieras nos acechan, más que los jinetes apocalípticos; pero somos felices desafiando los peligros de la noche; a esos asesinos invisibles, de esa otra ciudad que se levanta y despierta, mientras que la diurna, agotada, se adormila después de huir durante todo el día, de las pesadillas de sus fantasmas. La vida en sí no es ni podrá ser un karma, somos nosotros los que la hemos hecho invivible. Siempre encontraremos en la especie humana, bichos raros como el “ornitorrinco”. Personas con olor a pobreza, con el fracaso pegado a sus vestidos impregnados de sudor, de cansancio, de hastío, de hambre. Hay miserables con olor a poetas fracasados, a mala poesía, a olvido, a trasboco o con aliento a puta amanecida; con un hálito capaz de espantar a un cerdo. Nada interesante es montar en un bus, cuando es hora de regresar a estabularnos. El espectáculo es miserable. Me recuerda los circos pobres, intentando sobrevivir en los pueblos de provincia. Hombres y mujeres en decadencia, haciendo el hazmerreír; intentando arrancar los últimos aplausos en sus vidas. El almizcle de la pobreza, es demasiado pegajoso y fastidioso; quizás por eso también me recuerda a los malos textos. Odio las ratas, las arañas, las culebras, los insectos. Me molestan las cucarachas, me repugnan sus versos.

Hay personas hermosas y leves cual “peces ornamentales”. Hacen yoga o se dedican a las artes. Todas las mujeres hermosas y con dudas sobre su coeficiente intelectual, se refugia en las artes o en carreras profesionales, donde su belleza saca la cara por ellas. Es curiosa la inseguridad de las mujeres “barbie”, que lucen y se comportan como aves de porcelana. Es bueno buscar cariño, amor, sin caer en el proteccionismo castrador de las mujeres canguro, ni en los amores sustitutos de las otoñales, que intentan arrancarle hasta la última sensación a la agonía de sus orgasmos. Tenemos que aprender a protegernos de las personas “pulpo”, ya que sólo piensan en atraparnos, sin pensar por un momento, si nos destruyen o arruinan nuestros sueños. Una persona “calamar” parece menos peligrosa, pero jamás hay que subestimar sus tentáculos. La hambruna de su sexo, la hace más peligrosa, que alistarnos para la guerra, o asistir bajos de batería a una fiesta de solteros, donde se exhibe y se compra carne, como en una vitrina de carnicería.

El mar siempre está lleno de sorpresas, como las “anémonas”, paráfrasis de que lo bello, aunque a veces llegan a causar la muerte. Uno de los animalitos más venenosos del planeta, es una insignificante “ranita tropical”. Nunca hay que subestimar a ningún enemigo. Jamás hay que bajar la guardia. La naturaleza es sabia y por eso, ningún animal suelta a su presa, hasta no estar seguro que ha muerto. No hay espectáculo más triste o deprimente, que ver caer a un animal en las garras o en los tentáculos de una bestia o depredador. Tenemos que aprender a movernos y a confiar en nuestros brazos, como si fueran las tenazas de las “langostas”. Una langosta, jamás podrá comportarse como una larva o un insecto, aunque muchos de ellos, a pesar de sus tamaños casi risibles, nos pueden generar dolores y daños inmensos impensados. Los insectos nos enseñan a no subestimar a nadie. Unidos son una plaga, una amenaza, un poder destructor fuera de control. A veces sentimos lástima y pena por ellos; muchas veces se aprovechan de nuestros sentimientos y se convierten en parásitos; los pobreteamos, sin saber que muchos crean reinos y paraísos dentro de sus submundos. Muchos son príncipes o reinan, en los espacios que abren. El insecto, siempre cree que vive mal por culpa del destino o la explotación de especies superiores; su peor enemigo, es su propia baja autoestima; empezando por los ejemplos negativos que reciben en sus hogares. En la mayoría de los casos, el insecto nace bueno y los padres lo corrompen, lo dañan, lo castran. Allí, en estas colonias, puedes encontrar amalgamados a los profesionales y niveles sociales, más heterogéneos. Hay mendigos y rebuscadores profesionales, que podrían vivir mejor que muchos de nosotros. Es el absurdo del existencialismo. Ellos viven y actúan, en el más absurdo teatro del surrealismo. Para nosotros sus vidas son un espejismo de un mundo de Ripley; sus estilos de vida, son o se asemejan a la peor pesadilla. La marginalidad sin embargo, posee un delicioso encanto, un informalismo absoluto, donde reina la indiferencia y nadie ríe de nadie. Todos respetan las tragedias ajenas y hay solidaridad. Hay dignidad hasta para ocultar el hambre. Nadie pide. Todos aprenden a descifrar las miradas; el dar una limosna o una ayuda, les libra de pesos en el alma.

Analicemos a aquel, el que cruza la calle, al que sube y baja andamios. El que cruza la calle y es feliz toreando al tráfico como una culebrilla; el que anda de un lado a otro, como primate; a esos, podemos denominarlos los “simios”. Se dice que hay micos de micos. Unos “orangutanes”, torpes e inmensos, que contrastan con los micos “tití” o un “pielroja amazónico”. Un “gorila” siempre inspirará mucho miedo. Hay micos que saltan de puesto en puesto, digo, de rama en rama. Van y regresan con un cotidiano pan coger. Su éxito es muy relativo, pues subsisten con una banana o cualquier cosa. Si pudieran volar, serían los acróbatas del aire; son alegres y equivalen, a los niños de la selva en recreo. Hay micos que merecen una oportunidad, aunque son muy cantinflescos, inestables e irresponsables por lo general. Siempre aparentan estar mejor de lo que están en la realidad; es casi vergonzante la forma en que viven; son buenos en el fondo, gentiles, oportunos, leales. Jamás faltan al entierro del familiar de un amigo, pues son solidarios. Están contentos dedicados a actividades menores. Son muy escasos los casos de atacar por rabia, pero cuando lo han hecho, la rabia los enlaguna, como el alcohol a los borrachos, y por lo general, terminan estos episodios en tragedias. Nos viven acosando y son los clásicos pedigüeños o ladrones sociales.

Los “armadillos”, son inofensivos como los “hormiga”. Los “hombres armadillo,” siempre se enconcharán para disfrazar al miedo y la envidia. Se comerán las vísceras de sí mismos, así como les corroerá la hiel de sus rencores y se ahogarán, en el amargo de su rabia. Los armadillos, lucen como los carros de guerra de los países tercermundistas: siempre aparentando ser invencibles. Su carne es deliciosa, exquisita; y su caparazón cuando se chatarriza, sirve como instrumento musical, cartera campesina y con otros usos artesanales. En ocasiones me recuerdan a ciertas mujeres hermosas, que montan toda una película como mecanismo de defensa, pero les gana la hambruna de sus carnes. Sus pieles las protegen del frío y otros factores del medio ambiente; pero las vende, al hacerlas más apetecibles o deseosas. Para las personas armadillo, es difícil aceptar la realidad de la naturaleza; algunos llegan a pensar, que no pertenecen a este mundo; no se ajustan a ningún espacio. Ansían la muerte, pero pocas veces llegan a materializar su suicidio. Una armadillo detesta el cortejo del macho, que es muy tímido; hasta podríamos creer que son torpes o que padecen de alguna limitación; los trabajos son sus válvulas de escape, esta es la eterna disculpa perfecta, para evadir compromisos. Algunos “outsiders”, perdedores o fuera de lugar, optan por estas actitudes. Con facilidad son depresivos. Ellos mismos se derrumban frente a la vida; en estos grupos encontramos a los grupos de fanáticos y a los miembros de las barras bravas, por lo general.

Las “hormigas” en cambio, a pesar de ser en muchos casos sus víctimas, o de los “osos hormigueros”, jamás podemos pasar por alto su laboriosidad. La hambruna de la tierra está en deuda con ellas. Creemos que son depredadoras e ignoramos su papel en el equilibrio ecológico. De ellas podemos aprender a laborar con persistencia y el atrevernos a emprender proyectos, que aparentemente están en desproporción a nuestras fuerzas o recursos físicos. ¡Cuantas perecen por cruzarse en los caminos, pero persisten como si la muerte, fuese indiferente para ellas! Obran con la disciplina oriental o prusiana; parece como si todas estuviesen programadas con un mismo micro-ship. Estereotipan a los obreros, a los mineros, a los kamikazes, a los miembros de instituciones militares, a los colegiales, a muchos jornaleros o labriegos, a hombres que parecen desapegarse de sus personalidades y de la misma vida, cuando salen de sus casas.

Una persona hormiga como tal, aparenta ser muy débil e insignificante. Ante cualquier imprevisto que les altera la vida, se comportan y actúan como un carro loco o chocan. Pierden la noción de sus nortes. Los hormiga, son felices cumpliendo órdenes. Son temerosos, a todo lo que implique liderazgo y toma de decisiones.

Hay hombres buenos, nobles, como aquel que lleva al niño al parque. Algunos son briosos, hermosos, no caminan, sino que dan pasos elegantes. Viven muy filipichines o bien puestos. A ellos los llamaremos, los “caballo”. Un caballo entero, solo o montado en un rodeo, es todo un espectáculo de brío y de vida; rasgan con sus crines y espuelas, los cabellos del viento; son como olas de fuego erizadas o los trazos abstractos, con una paleta de color. Un caballo en un potrero, le roba las miradas al paisaje. Son una escultura viva de la naturaleza. Cuando se funden en uno solo, con un chalán o jinete, son la integración más hermosa, entre el hombre una bestia; sus corazones llegan a latir a un mismo paso. Otros, los caídos en desgracia, por las absurdas circunstancias del destino, los de razas o condiciones menores, los castrados, tirarán de carretas cual esclavos eunucos; serán convertidos en “hombres-taxis”, en muchas regiones, hasta que la tuberculosis les explote los pulmones. Sobre todo caballo, así sea el ejemplar más hermoso, siempre habrá un hombre con espuelas y fusta. Siempre un freno, humillará su voluntad; siempre una cerca, le alejará de algunas yeguas; de lo contrario, las montaría a todas, como esos padrotes que desnudan con la mirada por las calles. Un caballo vive arrecho, aunque sus polvos sean rápidos, como los de un gallo o un mal amante.

Los caballos siempre serán, una pintura viva de la primavera, de la nobleza, de esa pasión y brío que hay que tener, para sentir y vivir la vida. Los caballos creen y confían en sus amos; son capaces de enfrentarse desnudos, a una cornamenta en el rejoneo; a la pólvora y a la metralla en la guerra; a robar los aplausos y las miradas en los rodeos o concursos ecuestres. Los caballos son capaces de bordear precipicios, o de devorarse como una gacela, o un chita, una pradera. Una persona caballo, siempre será un alma de Dios, así les tildemos a algunos de pedantes, de narcisistas, exhibicionistas. Son muy atléticos, más maduros que los yuppies, pero igual de insoportables, cuando se les sube el ego a la cabeza. Un hombre caballo, siempre será un luchador, un ganador que se fija metas y compite con quien sea. Las mujeres caballo, no se amedrentan si tienen que competir. Las yeguas pura sangre, serán ejecutivas maduras cien por ciento; madres muy nobles y demasiado cuidadosas. Las personas caballo, conforman hogares muy bonitos, estables, diría que son los de mostrar; aunque nunca falta un caballo, conviviendo con un harencito, modalidad censurada ayer, pero es el estilo de vida contemporánea: vivir y dejar vivir o vivir el hoy y el ahora con pasión, como si no existiera un mañana. Hay hombres caballo que relinchan mucho, demasiado tilín tilín y nada de paletas. Los “Cola de caballo”, montan a sus hembras, pero en el fondo, no logran liberarse del fantasma homosexual que les habita; muchos son fisiculturistas o aman los gimnasios, pero viven la tragedia de creer, que sus miembros viriles son muy limitados. De todo hay en la viña del Señor, decía un obispo, con voz de castrato.

Un caballo jamás acechará a sus víctimas, como un “cocodrilo”, un “vampiro”, ni huirá de la luz como un “murciélago” o “búho”. Hay hembras que aman, los polvos de gallo de sus caballos; aman el formar parte del harem de un gallo, así las pise fugazmente y las ignore después; algo es algo, creen muchas de ellas. Algo es algo, aceptan muchos cornudos.

Muchos gallos, llegan a ignorar a los hombres de sus gallinas. Recurren a apelativos como: mi vida, mi corazón, amor mío, etc., etc., ya que jamás van a quedar mal frente a sus amantes de turno: Las personas caballo, suelen vivir para comer y disfrutar de una buena vida; disfrutan a pierna suelta del sexo con su amoroso corralito de hembras o hembritos. Ellas son toda docilidad, escasamente tuercen los ojitos para disfrutar de las estrellitas de fugaces orgasmos. Su sumisión las lleva, hasta aceptar el sexo oral cuando se les impone o juegos eróticos, que llegan a límites insospechados como tríos o intercambio de parejas.

Cuidémonos de los hombres ave de corral, ya que todos hacen una alharaca cuando ponen un huevo, como se decía anteriormente; y luego nos pasan una cuenta de cobro inflada, por muchísimo más del valor real. Los hombres ave de corral, siempre serán flojos y de poco fiar. El hombre ave de corral, es feliz viviendo de los honorarios y como las gallinas, cual meretrices decentes o parásitas sociales, del trabajo de su pareja. El hombre ave de corral, jamás merece una segunda oportunidad. A algunos gallos les aconsejo, que antes de cantar: sean prudentes y callen más bien... en algunos casos, por no decir que en la mayoría de los casos, es más sano comerse las palabras y que por lo general, muy poco tienen de verso o poesía... Algunos por merodear por otros gallineros, descuidan que hay otros gallos en su gallinero; cuando se enteran, jamás vuelven a cantar con la misma pasión, como cantaban primero.

A los hombres “serpientes” o los “víboras,” hay que temerles. Es mejor desconfiar de todos. Es muy fácil confundir a los venenosos y con ellos, no vale la pena correr riesgos. El que es, es, y no deja de ser, bajo ninguna circunstancia o buen consejo.

Jamás debemos meter las narices, ni las manos, menos introducirnos en ciertos sitios o encuevarnos, sin tomar medidas de prevención. Un serpiente puede acecharnos, donde menos lo imaginemos. Se arrastran porque ese es su destino; quizás por eso, viven amargados, resentidos y con los colmillos prestos a atacar. Jamás dan la cara. Siempre atacan a nuestras espaldas, son muy callados e introvertidos. Son de niveles culturales muy bajos. Beben licores populares. Visten muy mal y son descuidados en sus estilos de vida. Dicen que su sangre es gélida y bandolera. Las personas “anabel”, son mezcla de anaconda y cascabel. Una persona “boa”, siempre parecerá lerda, pero al atacarnos nos asfixiara poco a poco, hasta triturarnos y hacer de nosotros una masa. Siempre representará a ese empresario maduro y paciente, que madura un gran negocio, pero cuando lo realiza, puede vivir de él durante el resto de su vida. El boa, jamás se parecerá a la pitón del desierto. Hay serpientes como la cascabel, que nos enseñan a recurrir a distractores, para poder sorprender a competidores o extraños.

Las ciudades, las calles, las oficinas, las empresas viven llenas de víboras. Todas venenosas y asquerosas, ponzoñosas como muchas “arañas”. No sé si el hombre araña, sea inofensivo en la mordedura; pero una mujer araña, es mejor no torearla. Manténgase lejos y fuera de su alcance. Si no puede deshacerse de esas personas araña, por precaución es mejor estar alerta, para que no perjudique a una persona desprevenida. Con las arañas, como con las de especie humana, es mejor no confiarse jamás.¿Recuerda a las “mariaeugenias? Así tejan laboriosamente obras de arte y aparenten ser lo más hacendosas del mundo, pueden tener un veneno letal. Jamás las subestimes. No olvidemos que una ranita casi insignificante, es uno de los animales más venenosos del mundo; así también son, algunos los escorpiones. La persona sabandija, viven de los robos continuados, tendiendo redes y aguardando a que caigan sus víctimas. Son devoradoras de hombres y mujeres. Son insaciables y pueden asesinar, con tal de alcanzar sus objetivos. A veces se mimetizan y son muy difíciles de detectar, ya que prefieren las sombras. Una persona araña, siempre será repudiada y repulsiva, como los murtes.

Hay personas “foca”, frías hasta ser gélidas. Capaces de sobrevivir en ambientes tétricos, en hogares que parecen neveras. A las hembras, sus sexos invernan a menos cero grados y sus pieles parecen escarcha o capas de hielo. Aman la soledad, así aparenten ser joviales y amigueras. Una mujer foca, puede convivir con el hombre, pero vive en mundos muy distantes. Son inofensivas y víctimas de los depredadores; donde tenga presencia el hombre y la naturaleza salvaje, siempre latirá el corazón de la muerte. Será el sobrevivir, que es todo un arte desarrollado por ellas, el que prevalezca sobre la ferocidad y olfato de los osos.

Así como hay o existe la ley de los cielos, del mar, de la selva, del desierto, podríamos hablar de la ley del acero, del concreto, del ladrillo, de la demencia y de la histeria urbana. De los desechables, de los hijos de las alcantarillas, de las ratas, raticas y ratones, de los hámsteres, que son como pequeños azota calles que inspiran piedad y cariño.

Hemos visto desfilar por estas calles y avenidas, robin hoods, jóvenes incubando sueños, adultos persistiendo en dejarles un mañana, con más opciones y posibilidades a sus hijos. A esos voceros de paz, a esos jardineros de sueños, los podemos tildar de “palomas mensajeras”, ya que son cual banderas blancas por el cielo, volando y corriendo el riesgo, del acecho del halcón, de las águilas y otros rapaces. Creemos que los palomos mensajeros, viven de la utopía y concibiendo mundos surrealistas. Es amor y humanismo, su cuento, son los “hippies” o los amantes de la ecología. Todos aprenden a ver gente en la gente; a desenmascararnos o desnudarnos, de ese viejo hombre que nos habita. El halcón, puede ser cualquier tipo de sicario; es un asesino por naturaleza, obsesivo, rapaz. Viven con sed de sangre. Nada hermoso concibe con sus manos; una garra equivale, a la guadaña de la parca. Un carnicero hambriento, jamás se extasiará siquiera, con un ave del paraíso. Todo lo que represente vida, será una opción más de cacería. Se demencian como muchos hombres, en la guerra, con sus sonidos o con el olor de la sangre. Nos enceguecen, nos bestializan día a día; siempre se ignoran sus objetivos, por nobles que parezcan, hasta que el instinto se apodera de su razón de hombre rapaz.

Ni siquiera el “jabalí”, el “danta”, el “cerdo salvaje”, o el “chigüiro,” están fuera de peligro, porque los confunden con los cerdos y en la selva, serán bocados de cardenal.

¿Tienen sabor a postre?

Como están las cosas, a monaguillo o una feligrés ingenua, que encuentra consuelo en sus caricias, en sus desinteresadas palabras... luego, ya que conoces el cuento de caperucita...

Reímos. Es como si estuviéramos descubriendo, redescubriendo o creando un juego, una teoría. Desde hace rato no vemos humanos, sino unos extraños fenómenos con cabezas de animal. Ahora, ya no hay que hacer mayor esfuerzo. La sensación del ejercicio es indescriptible...

¡Ah!, entonces… ¿aquel es un cerdo?

¡Exacto! ... Parece alimentarse con lavazas y hacerlo en una cochera. A veces este animal tan sucio y asqueroso, tan hermoso y tierno, como cuando fue lechón, se pierde como aquellos, a los que arrastra la droga o el alcohol, al fondo del demoníaco paraíso. Un cerdo o cerda, son capaces de ensuciar a cualquiera, por buenas que sean, con sus marraneadas. El aliento de estas bestias es fétido, malicioso e indiscreto su hocico. Sin embargo, su carne es deliciosa y ahí está el peligro. Ese sabor afrodisíaco, nos puede llevar larvas capaces de devorarse nuestros cerebros. Un cerdo siempre será una persona sucia en todo sentido. Nunca será leal, ni honesto y cree engañar y embaucar a todo el mundo, pues solo piensa en su propio bienestar, pero termina engulléndose hasta su propio vómito, cuando se le desparasita o intenta limpiar un poco sus vísceras. Atropellan tanto a sus semejantes, que muchos de ellos se los comen a dentelladas hasta el rabo. Son más peligrosos que el banco mundial o un agiotista de barrio marginal. Un cerdo jamás tendrá clase, así se enchape la jeta en oro y se bañe en exquisitas lociones. Un cerdo, todo lo echa a perder. Es un omnívoro total por instinto y por naturaleza.

Una mujer cerdo o un cerdo, siempre envidiarán el vuelo de un alcatraz, de una gaviota o de una tijereta. Aves embriagadas de mar, de palmeras, de paisaje marino, de veleros y barcos, de cuerpos semidesnudos al sol, y suelen ser cómplices de algunos amantes o nudistas...

Los cerdos siempre vivirán husmeando entre las basuras y lavazas. Jamás adquirirán el sentido y el valor de la exquisitez, ni del amor propio. Tienen una autoestima, a la altura de la de un desechable o de un drogo perdido. El cerdo siempre se asociará al lumpen; siempre será torpe, ignorante, un total zopenco. La historia les ha regalado oportunidades políticas y han demostrado, ser un total fracaso por culpa de su torpeza y ramplonería. Los cerdos no ameritan oportunidades.

La inteligencia, el pensar, el razonar, nos sirve para evitar “asnadas,” en nuestras decisiones. Un burro, si puede enmendar algunas de sus burradas. Lo que tenemos que aprender es a no comportarnos, con la brutalidad de las bestias. El comportarnos cual borricos o canes callejeros, nos puede crear una mala fama para siempre.

¡Ah!, no se olvide este consejo: jamás alimente a los burros, ni a los cerdos con manjares. Nunca un burro podrá hablar de orejas y el gruñir, siempre delatará a los cerdos. Aunque los burros son ideales como mulitas de carga e indispensables en ciertas circunstancias.

¡Pobrecitos!

¡Cuál pobrecitos! Tal vez Dios, para enmendar su error, al ponerles esas orejotas, les colocó un aparato capaz de tacar a tres bandas. ¡Ay cosita linda!, lo llaman en mi tierra, porque siempre es lo primero que exclaman las doncellas, cuando ven su sexo o esa “adorable monda”, “pipí de loco”, le dicen en la ciudad; por eso, creo que muchos se hacen los burros, a ver si su diosito se apiada de ellos.

El mundo animal es fascinante. En cada especie, en cada raza, siempre encontraremos un equivalente humano.

¿Cómo la relación hombre - perro?

¡Sí, así es! No es que la persona termine pareciéndose a su mascota. Es que desde el primer instante en que la elige, la busca responde a su imagen y semejanza. Es como la búsqueda inconciente del doble yo; lo que pasa es que muchos perros terminan condicionados por las costumbres y enseñanzas de sus dueños.

Observa a aquellos perros sueltos en el parque; fíjate que en un 80% se acierta en cuanto se parece al amo. Hay perritos falderos, delicados, amaricados, señoriítos y sus dueños son señoriítos delicados, pulcros; aveces son por problemas de identificación social y tratan de posicionarse, gracias a la imagen del perro.

Hay hombres “buldog” achatados, peligrosos “rodswiller”, centinelas, guerreros prestos a defender la propiedad y al amo, como el pastor alemán. Más agresivos como los dóverman. Bonachones, serviciales, salvadores o salvavidas, como un san bernardo. Nobles y juguetones como un labrador. Amantes de la libertad y del aire libre, como los setter o cazadores. Aristocráticos y muy elegantes, como un lebrel afgano. Arribistas en el rebusque y en el arte de la supervivencia, como los perros callejeros, los gozque, que aprenden a sobrevivir como los vagabundos, los azotacalles o los niños de las calles.

Hay personas ridículas como un “salchicha”; buenos para nada, como un hush puppies y nobles y juguetones, como los dálmatas, pero capaces de rescatar y buscar a los niños en medio de un incendio. Algunos se las saben todas, gracias al desarrollo natural de sus instintos y son los hijos del campo, los ovejeros, los pastores y otros lerdos y amorfos, que terminan cual geishas, de depravados o homosexuales. Por lo general son perras y terminan con las facciones atrofiadas como animales castrados. La naturaleza le pasa cuenta de cobro hasta a sus propios errores.

La nobleza de estas mascotas es absoluta, siempre dispuestas a cumplir con las órdenes del amo. Un perro puede lanzarse al agua, al fuego, retar cualquier clase de peligro, cuando responde a una orden; o por instinto, para salvar a un humano. Un perro llega a sacrificar su propia vida, por su amo. Hay hombres rastreadores que viven persiguiendo y acosando, peor que caza recompensas, esos son los sabuesos de caza. Algunos al servicio del bien, como los perros policía; otros al servicio del mal, como los sicarios. Algunos para mostrar, otros ridículos que son buenos para nada, insignificantes. Hay mastines que atemorizan como hombres de seguridad, otros creen ver enemigos en todas partes y muerden hasta las rejas. Los esquimales o samoyedos, contrastan con la ridiculez de una lulú, carlín o grifón de Bruselas. El danés tiene clase y siempre inspira respeto; refleja poder y es bastante líder.

Esta compatibilidad se repite, cuando buscamos pareja. No es por simple casualidad, ni instinto. Las parejas se buscan y rebuscan, hasta que se da con la persona indicada. Para todos, existe una media naranja. Así sucede, cuando se busca y elige una mascota; ella habla por muchos silencios de sus dueños. Por eso, es preciso cuidarnos y saber escoger las mascotas, porque la especie humana está y estará siempre llena de bichos raros.

Hay animales muy nobles, cariñosos y buenos compañeros para niños y jóvenes, como los “cocker”, pero indefensos para enfrentar las calles o la vida, en caso de pérdida. Cada gozque, también responde a un fenotipo muy especial de dueño. Un perro sin raza, siempre será un ganador frustrado, un perdedor profesional, un nuevo rico resentido. Sus dueños carecerán del buen gusto del pedigrí. Tienden a conformar parte de las legiones de religiones castradoras, que reclutan entre sus filas, a quienes se niegan a aceptar sus destinos, a hijos perdidos o pecadoras sociales arrepentidas. Todos aspiran a compartir lo poco o se conforman con casi nada. Un perro vagabundo, siempre será un luchador, un rebuscador, un soñador, un talego de ilusiones con un inmenso corazón acaramelado. Sabe que nadie le tirará jamás una chuleta, sino bagazos y huesos, casi limpios. La hambruna le enseña a ser omnívoro, a tener olfato para todo lo que se mueva. Todo lo que tenga sangre es un bocado para él; curiosamente los perros vagabundos suelen ser maníaco-depresivos, bipolares por destino o actitud, frente a las circunstancias de la vida.

Muy parecidos son sus primos, los “zorros”, aunque hay zorros de zorros y zorras de zorras, con grandes diferencias entre ellos, así como personalidades diferentes en una camada, así digan que los gemelos son iguales, es un gran error. El zorro es astuto, ladino. Sabe sestear, aguardar para asaltar el corral ajeno. Es y será un ladrón con clase, un clásico ladrón de cuello blanco. Es un “amañador” profesional de licitaciones. Son los “ovejas negras,” de familias con clase o grupos financieros tradicionales. A pesar de ser muy vivos, se encandilan con facilidad con los negocios. El zorro, maneja escalas de valores o conceptos morales muy particulares, pero más negativos que positivos.

La “zorra” es libertina y goza de la peor fama como las “lobas”, aunque poseen un poco más de clase y estatus que estas. Una “zorra” es interesada y sabe por qué va. Una lobita es una gocetas de la vida, equivalente a una “lolita”. Son niñas que aprenden a ser mujeres fatales y a ser puticas decentes. Jamás cobran en efectivo, pero sólo se contentan, sus corazones dependen y responden, en proporción a la generosidad de sus envejecidos amantes mayores. Son los bocaditos de cardenal para los cincuentones o viejos verdes. Este grupo es conocido como el de los “gigoloes prepago”.

Gracias a la biodiversidad zosociológica del hombre contemporáneo, se pueden mezclar tipos de especies, crear o clonar personas con la misma imaginación, con que la naturaleza engendra sus propios monstruos. La sociedad juega con el genoma social de cada uno, es ella quien decide cuando crea personas o monstruos. Dentro de todos hay un cóctel de elementos, que nos hace medio aves, medio fieras, con características de canes, de algún tipo de insecto o de pez. Esa biodiversidad, es la que nos hace únicos y originales. Hemos evolucionado, es verdad, pero aún somos, demasiado salvajes e ignorantes. Ya no sobreviven especies, ni razas puras. Somos fruto de la imperfección, del cruce irracional de las pasiones, de la confusión de los sentimientos y de los instintos. Jamás por más que sea clonado, se producirá un hombre robotizado en serie. Sería como unificar o alterar los microchips de la memoria, de todas las células. Somos y seremos únicos, no por obra de la mano divina, sino por la demencia de su razón e instinto. No es la naturaleza, sino el mismo hombre, el que engendra sus propios monstruos.

Observando a los animales, aprendí algo que me atemoriza: es que en la vejez, todos tendemos a parecernos. Jamás abandonaremos y olvidaremos, cuando la adversidad o los años golpeen a nuestros mayores. Ojala nunca se nos borren los recuerdos de la memoria, que sea el corazón y no el instinto, quien tome las decisiones. La tristeza mata, así como las heridas mortales, de las palabras necias. La sabiduría sabia y casi milenaria de los filósofos de la vida, es necesaria para nuestra supervivencia.

Ahora te invito a tomar una hoja de papel y a escribir sobre un desnudo tuyo, una

radiografía lo más sincera posible y arma un ser, con las partes o pedazos de los animales, con los que te sientas identificado. Este ejercicio es un delicioso rompecabezas, un rompe egos. No es fácil identificar una posición bien clara, dentro del absurdo zoológico humano. Nuestras calles son un circo demencial, un absurdo carnaval. Nuestras ciudades, nuestras comunidades, son un absurdo manicomio.

Sentémonos a descifrar, con solo la observación, a las quince próximas personas que pasen frente a nosotros. Más que un ejercicio existencial delicioso, es un depravado bocado para el espíritu. Este ejercicio te ayudará a alcanzar el éxito y la felicidad. Antes de darle la mano, a la próxima persona que saludes, fíjate en la mirada y en sus ojos; luego escanéala, de los pies a la cabeza y viceversa. Sienta, escucha y decodifica toda la información de su rostro, de su cuerpo, de su voz, de toda su fisonomía, del lenguaje de sus sentidos y sentimientos. Una persona puede intentar engañarnos con un buen disfraz, pero no a todos los detectores de verdades, que somos capaces de desarrollar.

¿Pero, este es un don nuestro?

Aullé y me alejé imitando a un gorila, a un mono, a un caballo alado, como un Pegaso pero con plumas, como un ave del paraíso, o un ángel... miraba como un águila, pero en el fondo, este hombre es un panda bebé o juguetón cerdito, capaz de sobrevivir como un buen perro vagabundo, en medio de la especie humana.

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