Sociología de la educación

Ciencias sociales. Poulantzas. Poder. Estado. Clases dominantes. Desarrollo. Economía. Socialización. Teoría del orden

  • Enviado por: Analia Rodontaro
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 5 páginas
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SOCIOLOGIA DE LA EDUCACION

PRIMER PARCIAL

1)- Análisis del texto 1.1. “Codo a codo, más que dos”

Antes de comenzar con el análisis del texto 1.1., es necesario esclarecer algunos términos que serán explicados desde una visión crítica. Esto se hace imprescindible ya que al mencionar al Grupo de los 8, debemos saber qué es y qué papel desempeña en el Estado. El análisis parte de las definiciones de Poulantzas de “Poder” y de “Estado”. Él define “Poder” como la capacidad de una clase social para desarrollar sus intereses objetivos específicos. Por diversos mecanismos se logra que una clase social tome como propios los intereses objetivos de la otra clase, es decir de la clase antagónica; esto es lo que Poulantzas expresa como “intereses representados” (representados en la clase social dominante, cuyo objetivo es seguir siendo clase dominante). Desde la perspectiva crítica, el “Poder” es una capacidad y no puede ser cuantificable o, mejor dicho, no es mensurable, no es una cantidad. Pero además de ser una capacidad, es una relación, porque se establece una relación al enfrentarse la capacidad de una clase contra la capacidad de otra. En palabras de Poulantzas, el poder no puede distribuirse; en todo caso, se dice que varió la relación de poder de una clase con respecto a otra. Desde ésta óptica (crítica) se habla de términos de relación de poder y no de distribución de poder, ya que no es una cantidad que pueda repartirse. En cuanto al “Estado”, Poulantzas lo define como “una condensación material de una relación de fuerzas entre clases y fracciones de clases”; esto tiene que ver con esa lucha que se materializa dentro del Estado por la disputa del Poder, o bien, por la defensa de los intereses objetivos específicos de las clases. Distintos sectores de clases dominantes se constituyen como un bloque hegemonizado por el sector que tiene mayor poder económico, esto es el bloque en el poder. Poulantzas hace referencia a tres grandes campos de poder, el campo político, el campo económico y el campo ideológico o cultural. Entre estos tres campos se establecen relaciones y el sector que tiene la mayor capacidad en el campo económico de alguna manera puede controlar el campo político y el ideológico. El campo económico es la gran fuente de dominación. La hegemonía consiste en llevar ese control al campo ideológico. Además de esto, encontramos centros de poder, o mejor dicho, centros de poder de clases, que son todas aquellas instituciones que de alguna manera están representadas por clases sociales, por ejemplo, son centros de poder la Unión de Industriales, la Sociedad Rural, cada partido político, los distintos sindicatos, etc. Cabe aclarar que las instituciones no tienen poder, son centros de poder.

Ahora, llevando estos conceptos al texto, podemos analizar éste en términos de Poulantzas: “Respecto a las clases dominantes (...), el Estado tiene un papel principal de organización. Representa y organiza la clase o clases dominantes, representa y organiza (...) el interés político a largo plazo del bloque en el poder, compuesto de varias fracciones de clase burguesas”. En este texto, el Grupo de los 8 es un centro de poder que materializa los intereses objetivos específicos de las clases dominantes (sectores industriales, banqueros, rurales, etc.). Cada uno de estos sectores tiene representantes en ese bloque en el poder (la Unión Industrial, la Cámara de la Construcción, la Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas), es decir, representantes de las distintas fracciones de clase burguesas. Cada uno de estos sectores son centros de poder de clases. Para Poulantzas, el Estado es un gran centro de poder que está presente en los tres campos de poder. Dentro del bloque en el poder, hay una fracción que es hegemónica, que sostiene la unidad del bloque. “El Estado puede cumplir este papel de organización y de unificación de la burguesía y del bloque en el poder (...) bajo la hegemonía de una de sus fracciones (...), en la medida en que posee una autonomía relativa respecto a tal o cual fracción (...)”. El sector que hegemoniza tiene la responsabilidad de velar por los intereses de todo el bloque en el poder y esto se puede dar con una autonomía relativa para organizar el interés común. Si sólo tomáramos el bloque en el poder, podemos decir que la fracción hegemónica sería aquella que tiene una capacidad organizativa más amplia y fuerte que las otras fracciones. En este caso, el Estado representa el interés político de la burguesía bajo la hegemonía de una de estas fracciones, es decir, la que es dueña del capital financiero.

Además, en el texto podemos observar que dentro del Grupo de los 8 hay contradicciones, son contradicciones que se dan dentro del bloque en el poder. No son contradicciones ideológicas, sino que son contradicciones derivadas de asuntos de “pesos”, son cuestiones materiales. Por ejemplo, el Grupo de los 8 tiene como objetivo (analizando el texto) constituir un “Frente productivo”, con el fin de reclamar políticas activas que permitan reactivar la producción y combatir el desempleo”. Es decir, formar un nuevo agrupamiento para enfrentar la crisis productiva, que se apliquen medidas de aliento a la producción. Pero esto lleva a varias contradicciones en el seno del bloque: por un lado, dentro del Grupo de los 8, los sectores pertenecientes al sector productivo se enfrentan a los del sector financiero. Los primeros acusan a los segundos por una acumulación de ingresos a costa de ellos. Esto conllevó a más contradicciones dentro de la Asociación de Bancos. Por otro lado, también se suscitaron contradicciones entre el sector productivo y la Federación del Comercio de Buenos Aires: esta federación “quiere que los intereses de los grandes grupos económicos sean compatibles con los derechos de los consumidores”. Esto se puede comparar con términos de Poulantzas: “Las divisiones internas del Estado, el funcionamiento concreto de su autonomía y el establecimiento de su política a través de fisuras que lo marcan, no se reducen a las contradicciones entre las clases y fracciones del bloque en el poder: dependen igualmente, e incluso sobre todo, del papel del Estado con respecto a las clases dominadas. Los aparatos del Estado consagran y reproducen la hegemonía estableciendo un juego de compromisos provisionales entre el bloque en el poder y algunas clases dominadas. (...) El Estado condensa no sólo la relación de fuerzas entre fracciones del bloque en el poder, sino igualmente la relación de fuerzas entre éste y las clases dominadas”. Más claramente explica Poulantzas esta contradicción cuando expresa que “las contradicciones entre bloque en el poder y clases dominadas intervienen directamente en las contradicciones en el seno del bloque en el poder”. Traduciendo esto, diríamos que las contradicciones que existen entre el sector productivo y el sector financiero se deben a contradicciones entre estos sectores y las clases dominadas (los consumidores). Poulantzas nos agrega “las diversas fracciones del bloque en el poder, de acuerdo con sus propias contradicciones con las masas populares, tratan de asegurarse el apoyo de éstas, mediante políticas diversas, contra otras fracciones del bloque, es decir, utilizarlas en sus relaciones de fuerzas con las otras fracciones del bloque, a fin de imponer soluciones más ventajosas para ellas (...)”. En el texto se expresa claramente que la Federación del Comercio de Buenos Aires defiende los derechos de los consumidores en pos de defender sus intereses objetivos.

También podemos observar otra contradicción que se da en otro nivel, en otro campo, en el campo político: El Grupo de los 8, como centro de poder que es, produjo, a raíz de sus intereses concretos, contradicciones dentro del Estado. “Las contradicciones (...) revisten en el seno del Estado la forma de contradicciones internas entre los aparatos y ramas del Estado, y en el seno de cada uno de ellos (...)” dice Poulantzas. De esta explicación podemos partir para señalar la contradicción que se estableció entre Eduardo Duhalde y Roque Fernández. Éstos dos, como representantes de dos aparatos del Estado (un gobierno provincial, y un ministerio) se vieron enfrentados en sus opiniones. Estos aparatos, como ministerio y aparato provincial, representan los intereses divergentes de ciertos componentes del bloque en el poder (sector industrial, sector bancario, sector comercial, etc. ). Y en este caso, el Estado no parece organizar el bloque en el poder, sino que juega con estas contradicciones para cumplir con su papel de organizador.

Análisis del texto 1.2. “El fondo llama dos veces”.

Pareciera que el subdesarrollo es el paso previo del desarrollo, una etapa por la que todos los países avanzados pasaron en su momento; pero no es así, el subdesarrollo es la consecuencia del desarrollo de otras potencias: somos subdesarrollados porque otros son desarrollados. En este texto se puede apreciar que el subdesarrollo de Argentina es el resultado de su participación en el proceso de desarrollo capitalista mundial.

El texto 1.2. nos demuestra claramente que Argentina es un Estado capitalista periférico (país subdesarrollado o periférico) y esto estriba en las advertencias que podemos percibir por parte de Teresa Ter Minassian, quien tiene el papel de representante del Fondo Monetario Internacional. El FMI es una institución internacional que presta dinero a países con dificultades en sus balanzas de pagos, proporcionándoles recursos. Los préstamos del FMI pueden estar sujetos a condiciones fijadas por los funcionarios del FMI (Ter Minassian, en este caso). Suelen implicar reformas de las políticas económicas internas con la finalidad de mejorar la posición económica del país. Desde los conceptos de Evers, Argentina es un Estado capitalista periférico por la “discrepancia que existe entre un contexto reproductivo anexado al mercado mundial y una unidad estatal referida al marco nacional”, y esto hace que se trastorne todas las relaciones entre la economía y la política, entre la “sociedad” y su “estado”. En otras palabras, esto significa que la economía argentina no se remite al interior de sus fronteras, sino que las decisiones económicas se toman fuera de éstas. Esto hace que la “sociedad” se amplíe más allá de sus fronteras, con lo cual no coincidirá con el Estado.

Argentina se halla en un sistema reproductivo (económico) incompleto, y esto la lleva a depender de los centros económicos externos y que la sociedad de Argentina se amplíe afuera de su “Estado”; esto influirá dentro del país en lo social, político y desde luego económico. ¿Y dónde podemos observar estas decisiones económicas en el texto? Las podemos notar cuando Teresa Ter Minassian, como representante del FMI, advierte a la economía interna o local que el “FMI transmitió a otros sectores economistas y referentes de la comunidad financiera argentina” el diagnóstico poco favorable para nuestro país. El FMI , en este caso, es representante de los intereses de los mercados externos. Más claramente podemos apreciar estas decisiones económicas externas cuando Roque Fernández dice que “La Argentina está sospechada en los mercados”. Se refiere a los mercados internacionales. Para Evers, sería que “El contexto reproductivo del cual recibe sus determinantes económicos la esfera política de un país periférico abarca pues, además de las estructuras económicas en el espacio económico nacional, todas aquellas conexiones con el mercado mundial (...)”. El FMI estaría dentro de este contexto reproductivo integrado al mercado mundial y se lo consideraría como un centro de poder del capitalismo de países centrales. “Si el contexto económico trasciende el espacio nacional (nuestro caso), esto significa (...) que tampoco la composición local de clase puede considerarse un universo completo y autónomo: forman parte de las clases dominantes aquellas burguesías externas que como financistas, industriales y comerciantes controlan los centros de producción y de decisión económica en las metrópolis de los que depende la vida económica de la periferia”. Con esta definición de Evers, podemos hacer un paralelismo con definiciones de Poulantzas, ya que diríamos que el bloque en el poder de un Estado periférico está constituido para Evers por la burguesía de los países centrales más la burguesía propia de estos países. Y esa “sospecha” que se generó en los mercados sobre Argentina tiene que ver con “los intereses generales que constituyen una amalgama de intereses locales y extranjeros” de los que habla Evers. “Esta expresión interna de intereses de clase arraigados exteriormente se encuentra en los sectores económicos hegemónicos, que orientan el acontecer económico de su respectivo país “huésped” y cuyos requerimientos se imponen como guía para el resto de las estructuras económicas. A través de ellos, las exigencias de acumulación de la parte externa del contexto reproductivo se transmiten a la interna (...)”. Esto se puede observar en el interés que tiene el FMI para conocer la verdadera solidez de la economía argentina. Las burguesías externas tienen sus representantes internos en las personificaciones respectivas del capital invertido en los sectores hegemónicos, dice Evers. En este caso Cavallo, quien es uno de los referentes económicos más influyentes de la Argentina en los centros financieros internacionales, representaría aquellas clases sociales externas dominantes que constituyen también el bloque en el poder. También cumple esta función representante Roque Fernández. Pero hay que aclarar que el mercado mundial y las operaciones económicas de las burguesías externas están fuera del alcance político del estado periférico. Es decir, que la política de este estado no puede interferir en las decisiones económicas externas. De todos modos, en este texto, se refleja que las medidas políticas que se tomen en Argentina, están influenciadas por las decisiones económicas externas. Evers, dice esto en otras palabras: “ en la medida en que es estado se ve obligado en su accionar a asumir y expresar los requerimientos de la parte externa de su contexto socioeconómico determinante, se constituye en el promotor político de estos intereses frente a la parte interna de ese universo socioeconómico”. La política argentina depende de este modo de instituciones externas como lo es el FMI, y con esto podemos decir que la política de argentina debe acatar las doctrinas económicas dominantes para lograr un apoyo económico y financiero por parte de estas instituciones.

2)- Análisis del texto 2. “Fines de la Educación”.

Este texto está encuadrado en el campo teórico del orden. Esto se puede ver claramente cuando expresa que “es la sociedad toda quien está comprometida en el logro del deber ser (...).Todas las instituciones de la sociedad se transforman en agentes proveedores de educación en cuanto es el hombre el protagonista esencial que les da vida (...). La familia, la escuela, los grupos sociales, son agentes involucrados en el avance socio-cultural (¿socialización?). No es lo mismo decir que estos aparatos o agentes se involucran con el fin de una “socialización” (perspectiva del orden), que decir que estos aparatos están al servicio de la hegemonía y que a la vez hacen fluirla en nuestras vidas, es decir, hacen que se mantengan vívidas en nuestras conciencias (y hasta en nuestras inconciencias) favoreciendo una suerte de feed-back (retro-alimentación) de la hegemonía (perspectiva del conflicto). La hegemonía tiene como función transformar (o mejor dicho “formar”, desde el nacimiento) a los ciudadanos en funcionarios, como funcionarios que se encargan de reproducir el discurso hegemónico. Desde una óptica crítica se puede decir que estos agentes son “instrumento(s) que contribuye(n) a la legitimación de las relaciones de dominación” (J. Tamarit).

Aquí podemos referirnos a la definición de hegemonía que nos proporciona Williams: “La hegemonía constituye todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida (...), es un sentido de la realidad”. Y si a los que adhieren al discurso del orden de este texto, les conforma el fin de la escuela que aparece implícita en esas líneas, es porque la hegemonía les pesa, o mejor dicho, les atraviesa su mente. Pero esta hegemonía necesita de aparatos que contribuyen a producir, reproducir y reconstruir esta hegemonía. El sistema educativo, el sistema religioso y otras instituciones son aparatos de hegemonía, ya que adhieren al proyecto dominante y permiten difundirlo.

Desde una perspectiva crítica surge la necesidad de cuestionarse constantemente la realidad que se nos presenta, y en la siguiente frase pareciera que no se cuestiona nada en lo más mínimo: “Surge así la necesidad de elegir entre las superabundantes posibilidades”. Esta frase se pronuncia desde un discurso del orden por dos razones (o palabras): “elegir” (sería importante cuestionarnos si en verdad podemos “elegir”) y “superabundantes posibilidades” (habría que preguntarse a cerca de las condiciones de tiempo y lugar (Mao) en que fueron pronunciadas estas palabras).

El concepto de ciencia que tiene un sujeto que habla desde el discurso del orden tiene que ver con el “positivismo”, como un proceso y producto. Es por esto que encontramos en el texto que “las relaciones humanas se enriquecen cuando se efectúa una búsqueda en común de la verdad” o que “para comprender el mundo donde se halla inmerso el hombre debe poseer las claves del conocimiento científico”. Se nos presenta aquí la clásica dicotomía conocimiento vulgar vs. conocimiento científico y nos es necesario, desde un punto de vista crítico tener en cuenta que el conocimiento cotidiano o vulgar está presente en todo conocimiento.

Cuando el texto anuncia “que es la sociedad toda quien está comprometida en el logro del deber ser”, está aludiendo a lo que Therborn explica cuando dice que el discurso del orden no hace más que confirmar científicamente lo que las personas piensan, sienten y deben ser en el mundo.

También tenemos que tener en cuenta el concepto que acompaña al de hegemonía: el sentido común que a su vez está ligado al concepto de núcleo del buen sentido. Como lo define Gramsci, sentido común es la concepción más difundida de la vida y de la moral, que no constituye una entidad rígida e inmóvil (...) sino que se transforma continuamente (...) con nociones científicas y con opiniones filosóficas incorporadas a la costumbre”. Pero este sentido común tiene particularidades depende de las clases sociales. Cada clase social tiene su sentido común, que está acorde a las experiencias de vida de cada clase. Cuando en el texto leemos “surge la necesidad de elegir entre las superabundantes posibilidades”, no podemos dejar de ocultar nuestro sentido común, o mejor dicho, nuestro núcleo del buen sentido: aquel que nos hace tomar distancia de aquellos que están en la esfera dominante. El núcleo del buen sentido emerge en los momentos de crisis, por ejemplo, en momentos en que no se dan superabundantes posibilidades o, ni siquiera, posibilidades. Nuestra experiencia cotidiana nos brinda el núcleo del buen sentido y así es posible preguntarnos ¿de qué superabundantes posibilidades nos hablan? o más crudamente ¿de qué posibilidad de elegir nos hablan? Estos interrogantes son algunos de los necesarios para cuestionarnos la realidad desde una óptica crítica. Más crítica sería este punto de vista si, haciendo alusión al contexto teórico del que nos habla Freire, nos interrogamos acerca de por qué no tenemos esas superabundantes posibilidades. El contexto teórico nos provee de las causas que originaron una situación determinada, además de la conciencia de esa situación que nos proporciona el contexto concreto.

Surge también una pregunta que se responde sola: ¿Se puede “elegir una opinión”? ¿Qué significa “elegir una opinión”? El texto expresa que “la posibilidad y la necesidad consecuente de elegir la opinión que se va a tener sobre algo es la vivencia en que se basa lo que llamamos “racionalismo”: aquí cabe el análisis sobre qué significa “elegir una opinión”; es como que las opiniones están “tabuladas” o “clasificadas” para que sólo quede una cosa por hacer: elegir una. ¿Cómo se entiende esto desde una óptica crítica? Sólo se entiende si comprendemos que esta afirmación está formulada desde una óptica del orden o liberal. Una perspectiva crítica no puede admitir que se elijan las opiniones como si se estuviera tabulando una encuesta. Para la teoría crítica las opiniones se construyen cuestionando la realidad. El concepto del buen sentido está expresado por las clases dominantes, que nos dicen que tenemos la posibilidad de elegir entre muchas posibilidades. Del otro lado, del lado de las clases dominadas, elaboramos el núcleo del buen sentido, es decir, que establecemos una diferencia con respecto a la clase dominante. La teoría del orden nos dice que esta posibilidad de elegir la opinión es la vivencia en que se basa el racionalismo. Otra vez nos demuestran que el conocimiento científico prevalece sobre el cotidiano para esta perspectiva.